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Moribundo David Moyes

Mircoles, 26 Febrero 2014


“Se nos ha lavado el cerebro acerca de que la Premier es la mejor liga; tonterías, es la mejor marca”. No lo dice ningún periodista de masas, sino un futbolista legendario cuyo amor por la Premier y, sobre todo, el Manchester United es impagable. Roy Keane se retorció anoche en su butaca de comentarista de la televisión británica de pago ITV sintiendo pena por su eterno club. No en vano, la liga con mejor marketing del mundo está a punto de dejar a media Asia sin sus equipos favoritos: City, Arsenal y United han acabado moribundos a las primeras de cambio. Pero el cabreo de Keane alcanzó proporciones bíblicas cuando empezó a escupir comentarios que no dejaron títere con cabeza: “hay jugadores que no merecen jugar en el United” o “la entrevista post partido de Carrick ha sido tan plana como él”. Keane en estado puro, pegando delante de un micrófono más de lo que acostumbraba en el campo cuando sacaba a paseo su trilladora. No es para menos, la ilusión de este Olympiakos al más puro estilo Moneyball intuía un milagro griego en Atenas; claro que a costa de un Manchester desguazado, con estrellas oxidadas que “sólo esperan la paga de final de semana”, tal como aseveró el ex centrocampista irlandés.

Y por delante de todos, Wayne Rooney, el fornido y a veces formidable goleador que siempre parece peleado con el mundo. Quizá desde la semana pasada no tanto, porque en un alarde de ojo clínico (ironía) el United le ha renovado cinco años más a razón de 18 millones por temporada. Suena a reconocimiento vitalicio para el hijo que en 2010 quiso largarse de Old Trafford harto de sir Alex Ferguson por su nulo tratamiento de estrella. La comparación de Gary Lineker de anoche fue escandalosamente maravillosa: “Rooney es como Cuba Gooding Junior en Jerry Maguire: ama el deporte pero no tanto como el Show me the Money!”. Ni los reporteros ingleses más ingenuos imaginaban una victoria de los diablos rojos, pero tampoco habrían adivinado un bofetón tan vergonzoso. En medio de su calamitosa Premier, el bombo de la Champions no fue nada caprichoso con ellos: unos octavos contra el equipo de Míchel les daba margen para sobrevivir en la competición de los mayores y, así, conjurar la magia del Teatro de los Sueños hasta cuartos o, quizás, semifinales. Y aunque todavía falta la vuelta en Old Trafford, sin la clarividencia de Juan Mata el Manchester es un boxeador sonado de peso pesado que lanza directos al aire. Su técnica es mala y, de momento, su entrenador se esconde detrás de la esquina del cuadrilátero por miedo a asomar la cabeza.

Si anoche la ciudad de Atenas rendía pleitesía a un Míchel que ha sabido dar a sus seguidores lo que la coyuntura social les ha esquilmado, David Moyes no podrá evitar encontrarse en las puertas de Old Trafford con un muñeco de Alex Ferguson cubierto por una caja de plástico al estilo de un extintor y que reza ‘Romper en caso de emergencia’.  La idea fue de una casa de apuestas por internet y, a tenor del desastre permanente del equipo, no ha sido mala: después de la estatua de bronce del escocés, el muñeco de Fergie es la atracción más fotografiada por los aledaños del estadio. Fiel a la tradición británica, Moyes firmó un contrato largo para que le diese tiempo a macerar un proyecto grandioso, pero con el inconveniente que debía asumir la inevitable comparación con el mister de las 26 temporadas.

Otra figura carismática como Gary Neville se atrevió a profetizar el futuro a corto plazo después del último varapalo contra el Chelsea  (hat trick de Eto’o incluido): “Al City le doy más opciones que nadie para ganar esta Premier y creo que algún entrenador se irá en verano”. Neville no quiso desvelar el nombre de su candidato. Lo único cierto es que la frase que aparece en la reciente autobiografía de Ferguson sobre su sucesor pierde fuerza a pasos agigantados: Quiero ayudar a David Moyes, como Sir Matt Busby me ayudó a mí. Ha sido un comienzo difícil, pero saben algo, Manchester United es el único club en la Premier que puede remontar para quedar campeón”. Al escocés le aguantaron cuatro años antes de ganar nada, Moyes puede que no tenga ni un par de temporadas, ni siquiera con la ayuda del más famoso mascador de chicle de todos los tiempos.

Rooney y Cristiano, unidos en el plan

Viernes, 14 Septiembre 2012

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Wayne Rooney esperó a que Cristiano Ronaldo abandonase el United para pergeñar su plan. Sir Alex Ferguson, entrenador y mentor a la vez, fío el liderazgo del equipo al delantero inglés. De repente, se había convertido en el ídolo de masas único y exclusivo, por delante del carismático Rio Ferdinand, quien en 2002 protagonizó el fichaje más caro de un defensa en el fútbol mundial (45 millones de euros). Asumir tales galones no sólo incluían la pleitesía de la prensa y la atracción del merchandising, sino también asumir críticas, habitualmente furibundas en el caso de la opinión pública británica. Y así lo fueron durante la primera temporada sin Cristiano, salvo que los mísiles de The Sun, Daily Mirror o The Guardian no apuntaron a Rooney, quien marcó 34 goles en todas las competiciones, sino a una plantilla en general que se había quedado coja tras la compra ‘cienmillonaria’ de Florentino Pérez.

La fiabilidad que había mantenido Rooney a base de goles le sirvió como coartada para pedir su consiguiente aumento salarial. Obviamente, el líder del club que siempre ocupa el primer puesto de las listas Forbes no podía figurar con ‘apenas’ 5,3 millones de euros al año; y más, cuando Cristiano ingresaba unos 10 kilos en el Real Madrid. En consecuencia, Rooney activó la maquinaria: la excusa oficial ante el director general del club, David Gill, fue que sus compañeros no tenían la competitividad que exigía la Liga de Campeones. Tal como desveló el propio Rooney cuando anunció la bomba de su marcha, la única razón para quedarse era “rodearse de primeras figuras mundiales”. Haber revelado que todo respondía a más dinero le habría enemistado con una afición muy pasional, cuyos ídolos se mueven por el color de la camiseta y no del dinero. En ese momento, Ferguson no podía permitirse otra fuga, no para un club que, cuesta decirlo, si no gana Premier o Champions, se le considera un fracaso. Por eso, la intención de Rooney pegó un giro de 180 grados en una semana: no sólo no quería irse, sino que el United “colmaba todas sus aspiraciones”…y sin haber fichado a ninguna estrella mundial. El nuevo contrato de 13,8 millones bien valía un buen puñado de críticas y decepciones. Su jugada maestra fue pasto de los tabloides ingleses: The Sun publicó que “la pataleta de Rooney indignaba a Inglaterra”, mientras que Daily Mirror  se preguntaba si había hecho tantos méritos para un súper contrato. Suerte que el United conquistó la Premier de esa temporada y jugó la final de Wembley contra el Barcelona para que la prensa olvidara la trama de Rooney.  

Cristiano Ronaldo también ha pergeñado un plan, el de la ‘tristeza’. Pero él ha arriesgado más: la semana pasada anunció en el facebook que su bajón no respondía a la codicia y que así quedaría demostrado con el tiempo. Que aún no haya desvelado el motivo responde a cierto tacto con sus seguidores, pues si hubiera utilizado las cámaras para pedir un aumento su popularidad se habría estrellado contra el parqué de la Bolsa. Sin embargo y aunque chirríe en la susceptibilidad de la gente, Cristiano tiene argumentos de peso para pedir una mejora tal como está construido el mundo del fútbol. No es lógico que su nómina y la de Kaká sean equivalentes, el primero lidera al Madrid y el segundo se esfuerza para que Mourinho no le eche; la estrella del club más mediático debe figurar en los primeros puestos de los mejores pagados del mundo, y apenas se cuela en el top ten; sus méritos en el campo, habiendo marcado ¡149 goles en 150 partidos!, deberían responder al segundo mejor sueldo, por detrás de Messi.

Paco González adelantó hace días que el Madrid no va a tocar el contrato de Cristiano durante esta temporada. Y mientras siga Kaká con su nómina de parado galáctica, CR7 deberá esperar, quizá sin tener que hacer esfuerzos tan titánicos sobre el césped. Porque el asunto de los mimos del presidente y el reconocimiento internacional está demasiado oxidado; de lo contrario, que mire en su vestuario, allí hay un portero que lo merece todo y no suelta declaraciones enigmáticas. Simplemente para balones.

Rooney se lo pierde

Domingo, 24 Octubre 2010

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Pues no debe hacer mucha falta Wayne Rooney. Él se ha quedado a gusto en el Manchester tras una absurda desventura y el Madrid se regodea por su pegada brutal: balón que dispara, balón que enchufa. Y eso que al delantero británico le habrían pirrado las fiestas orgiásticas de Mourinho. Podría parecer que el Madrid abusa de los peques; que ha tenido contrincantes poco serios, si acaso el taciturno Milan, y  que le urge un esparring serio para saber a lo que atenerse. Pero lo que es indiscutible es su ansia por reivindicar un esbozo de proyecto demoledor.

Sí, está de muy buen ver chotear a Depor, Málaga o Racing. Además, Mourinho, sin esperarlo tampoco, ha matado esos clichés absurdos que le asemejaban a Capello o cualquier entrenador ‘amarrategui’.  Después de sólo seis goles en cinco partidos, el portugués advirtió que alguno pagaría el canibalismo de sus chicos y resulta que los banquetes pantagruélicos se están convirtiendo en costumbre. No obstante, insisto, los festines tendrán gracia si el Madrid vuelve a ser, sencillamente, el Madrid de siempre en el Camp Nou. De momento, si Cristiano e Higuaín exageran su flirteo (hoy por ti y mañana por mí), las opciones del equipo son incalculables.

Por contra, el Barcelona no farda de eficacia, ni siquiera presume de una relación idílica entre sus delanteros (al pobre Villa no le entra nada). Sus victorias no sugieren titulares grandiosos, pero sí garantizan ese estilo exclusivo. Y eso que Guardiola está experimentando en cada partido combinaciones inimaginables: contra el Valencia el osado 4-3-3, al Copenhague le plantó el clásico 4-4-2 y en La Romareda se atrevió con tres defensas. Muchas variantes y todas ellas supeditadas a un único patrón: la eterna inspiración de Messi. Le pasa como a Cristiano: les repatea que les alejen de la portería. Sus instintos son de delantero centro. Y así se han dado cuenta Guardiola y Mou.

Capítulo al margen merece Di María. Vino con un tufillo de incertidumbre, de jugador promesa para equipos de medio pelo,  y con un puñado de cositas se ha ganado el respeto de su entrenador, que ya es bastante. Encima, es el único extremo nato de la plantilla, por lo que se antoja imprescindible. Y, por qué no decirlo, su escuela parece más brasileña que argentina; asiste con vaselinas, recurre mucho al zigzag y hace de cada control de balón un auténtico malabarismo. También tiene muy buena pinta.