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¿Qué tienen en común el Sevilla e IKEA?

Jueves, 19 Mayo 2016

Gameiro goal“Hay que estar preparado para ir ganando, para ir perdiendo (…) Pero el mensaje que siempre repito es aguantar de pie hasta encontrar tu oportunidad”. Unai Emery radiografió la final de Basilea en Bein Sports sin haberla jugado. Sólo él se había preparado contra el heavy metal incial de Klopp, y sólo él intuyó la cabalgada imposible de Mariano, esquivando piernas como si fueran conos de entrenamiento. Dicen que nunca se rinden porque el Sevilla quizá sea el primer club en el que su himno cambió la historia; Javier Lavandón ‘El arrebato’ cantó y el sevillismo cambió su adn. De campar por tierra de nadie a saltar de final en final; de sufrir un año en el infierno a ensanchar la vitrina de títulos. Joaquín Caparrós maceró la cantera; Juande Ramos cuadró aquel primer proyecto inolvidable y Emery ha especializado al Sevilla en torneos de pim, pam, pum. Catedrático de moda, su obsesión por el fútbol vende menos que la del ‘Loco’ Bielsa’ pero genera estrellas, trofeos y dinero. Carlos Bacca llegó como un delantero del montón de la liga belga (7 millones) y se marchó al Milan con P.V.P de estrella (30 millones): Kevin Gameiro, repudiado por el Paris Saint Germain, costó 7,5 ‘kilos’ y a Monchi ya la están taladrando el teléfono con ofertas de media Europa. Es el método Moneyball del Sevilla: jugadores a coste cero cuya rentabilidad es apoteósica. Porque el día que en Nervión firmen un cheque de un puñado de ceros y salga cualquier Lopera de turno presumiendo de un Denilson (5000 millones de las antiguas pesetas), Monchi cambiará de oficina.

Los cursos de entrenadores tienen su lírica en la charla de Rafa Benítez al Liverpool de Estambul y, desde anoche, la de Emery a un vestuario que estaba siendo aplastado. Una parte tardó el Sevilla en enterarse de que había que poner corazón y cabeza. De lo primero no hubo ningún amago, de lo segundo abusó Ever Banega, la extensión del entrenador en el campo; su híbrido de Makelele y Xavi Fernández. Toda la locura que demuestra el argentino en su vida personal la compensa con creces sobre el césped. Cortocircuita jugadas y detiene el tiempo cuando su equipo se asfixia. Con razón el Inter de Milan le ha atrapado para el Calcio: es un Gattuso con estilo. Sucede lo mismo con Coke, media punta espabilado donde los haya. Su astucia la aprendió en Vallecas y al Sevilla le viene de vicio tener una hormiga puñetera correteando por todo el campo. De repente apareció en la jugada de Vitolo y de repente él estaba colocado en el metro cuadrado adonde llegó el rebote del Liverpool en el último gol.

Suena a chiste que el Sevilla no haya ganado ni un solo partido a domicilio en toda la Liga. En el diván de un psicólogo se llama falta de competitividad. Pero el presidente Pepe Castro no engaña a nadie: “Ganamos la Europa League porque somos quienes más apostamos por ella”. En ganas desde luego, porque la historia reciente ha demostrado que los equipos repudiados en la primera fase de la Champions, sufren la mítica Copa de la UEFA como un castigo. No en vano, esta competición es un maratón de liguillas y eliminatorias que deja castrado a cualquier club con aspiraciones serias en su liga. En cambio, los hispalenses saben que el jueves es su día grande. En pocas semanas la secretaría de Monchi abrirá también en domingo: hay demasiados jugadores apetecibles para el mercado. Y el Sevilla, a pesar de esa permanente inyección financiera vía títulos o ventas, seguirá actuando como Ingvar Kamprad, el desconocido dueño de IKEA, al que su infinita fortuna no le impide comprar ropa de segunda mano y yogures caducados. En el Pizjuán han demostrado que el fútbol no sólo se compra con billeteras: políticas de ahorra al poder.

Gareth se reencontró con Bale

Lunes, 21 Marzo 2016

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Noche ciclónica en el Bernabéu. Un alto directivo de la planta noble insiste en que “el mejor Bale es el as que se guarda en la manga Zidane”; no en vano, hasta su última lesión contestó con goles a toda esa corriente mediática que le restriega su P.V.P de 91 millones. Es un galáctico que necesita cuidados intensivos, una puesta a punto casi perfecta que evite amagos de contracturas, roturas o cualquier tipo de calambre muscular. Su preparación se asemeja a la de un velocista del hectómetro; de ahí, su zancada descomunal y la tensión en esos muslos de chicle para lanzar tomahawks inteligentes. A Steve Mcmanaman le llamaban Steve  por su carácter bonachón dentro y fuera del campo; Bale ha sido Gareth demasiado tiempo. Steve acabó complaciendo al Bernabéu hasta retomar el nombre y talento de aquel ‘Macca’ que surcaba la banda de Anfield con regatos y fintas, mientras que el tímido Gareth  se ha reencontrado con el torpedo Bale que puso patas arriba White Hart Lane. 

Le ocurre como a Will Smith en su papel de Hancock: derrocha poderes sobrehumanos sin nadie que se los corrija. Ancelotti consiguió por momentos controlar su hipervelocidad encorsetándole en la banda derecha, con esprines que no sobrepasaban la línea de fondo. Pero esa camisa de fuerza le inhibió de momentos antológicos como su carrera de medio campo en Mestalla, delante de la cara del impotente Bartra. Bale no tiene la cintura de avispa de Arjen Robben, que le permite amagar por fuera y adentrarse por el balcón del área. Pero tampoco lo necesita porque el defensa nunca sabe si se embala en la autopista o conecta el proyectil.

El Bernabéu suspira por esa conexión Bale-Benzema-Cristiano, tan comercial como poco práctica. Hasta el momento, demasiados cuentos chinos para una delantera de la que apenas se recuerdan jugadas de videoteca. Por supuesto, el Sevilla rompió con el pesimismo de una grada que no entiende cómo un vestuario tan bestial sufre en Granada, casi pierde en Málaga y no da una a derechas en los últimos derbis. El primer gol del Madrid demostró que Bale no arrastra una pata de palo en la derecha, y que el tópico de que Benzema sólo sabe fabricarse la jugada desde fuera del área es pura farsa. Quizá no tenga el salto gimnasta de Falcao ni el aguijón de Lewandowski (o sí), pero si su cabeza se lo permite y deja de pensar en el limbo, es el delantero nacido para jugar en el Real Madrid. Cristiano siempre insiste en que Karim es su “mejor socio” y cuando raja ante la prensa de que sufre en el campo cuando no están los mejores, su verdad no es políticamente correcta. Pero tiene más razón que un santo. Porque no es lo mismo poner un balón al espacio a Bale para que reviente un contraataque, que cedérsela a James y rezar para que salga cara y no cruz; porque no es lo mismo que Benzema escurra la jugada en un par de toques limpios, que ralentizar el ataque con el pegamento que suele llevar Isco en la bota. El 4-0 no fue el mejor partido de la temporada por chutar catorce veces a portería, sino porque al fin se vio ese vendaval que arrolla con todo a su paso. Y Zidane, que entiende que teledirigir su mito desde el banquillo es casi imposible, va ejerciendo de entrenador práctico, y si tiene que blindar al equipo en el Camp Nou con Casemiro, se olvidará del fútbol de Billy Elliot tan acostumbrado en su época.

Kalashnikov encasquillado

Jueves, 27 Marzo 2014

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“Pedimos perdón a la afición”. Buscando en hemeroteca, la última disculpa pública salió de boca de Iker Casillas aquella noche fatídica de la manita en el Camp Nou, el primer clásico de la era Mourinho. Entonces, el capitán salió a la palestra y, resignado, sólo pudo articular un ‘perdón’. La vergüenza del 5-0 había chocado como un tren de mercancías contra el estado de felicidad que habían generado los primeros momentos del entrenador elegido a dedo por Florentino Pérez. Casillas tuvo que dar la cara ante los periodistas para consolar a todo el madridismo, que vio cómo el Barça le giraba la cara de un tortazo. Anoche Marcelo se apresuró a pedir perdón sobre el propio césped en la entrevista de Canal Plus; consciente de las desastrosas consecuencias que ya estaba originando el batacazo de Sevilla, el brasileño quiso adelantarse a la jugada e hincar la rodilla en nombre del equipo. Porque el Sánchez Pizjuán volvió a ser un campo maldito donde el Madrid perdió media Liga por arte de magia. La que inventaron Rakitic con la batuta de un director de orquesta y el despiadado Carlos Bacca, sustituto natural de Falcao en Colombia y que cuajaría bien en el contraataque merengue. Bacca se reivindicó como una revelación de nuestro fútbol, la estrella que necesitan equipos de clase media para excitar a su público y, sobre todo, darle cierto caché mediático a nuestra mejor liga del mundo (lo decimos nosotros). No tardará en fichar por un grande, tal como lo hicieron Bam Bam Zamorano, Suker o la ‘bestia’ Baptista.

El Sevilla no jugó mejor que el Madrid. Al contrario, se disfrazó de merengue y precisó de dos dosis letales: un gol en cada disparo. Fueron los madridistas quienes usaron un Kalashnikov encasquillado, y acabaron tan desesperados que al final sacaron revólveres para tirar a larga distancia, por si sonaba la flauta. En la liga de las sensaciones el Madrid es colista: en tres días la caverna mediática (Joan Laporta dixit) ha pasado de barruntar un torneo de dos con el Barça noqueado a echar la Liga por un sumidero y declarar el terror absoluto. Porque las victorias blancas son una cuestión de tirar una moneda al aire: la siguiente visita es Anoeta, donde se puede ganar pero también se puede palmar con creces. Ancelotti cobra por construir un fórmula uno en el que debe probar piezas; su problema es que intenta reparar averías cuando el motor ya no carbura. Quién iba a imaginar que Di María sería ahora capitán general, cuando hace unos meses desafió al Bernabéu acomodándose sus partes,. Su ausencia dejó sin reprís a un bólido que anoche habría ganado la carrera con velocidad punta. Pero como el Madrid estuvo lento, con jugadores como Bale o Benzema que, en vez de botas de fibra de carbono, parecían arrastrar grilletes con una bola de preso, el Sevilla ganó esprintando.

La ‘BBC’ ha sufrido el apagón analógico antes de concluir la temporada. Bale, a pesar de sus esmeradas estadísticas, sigue siendo un ovni en los momentos decisivos; Benzema entra y sale de su limbo con una facilidad pasmosa y Cristiano sólo revienta a los rivales cuando invoca a Hércules. Al flamante Balón de Oro hay que exigirle contraprestaciones a su recompensa, claro que como él sólo es medio equipo. O tres cuartos. La otra porción corresponde a Xabi Alonso, pero el donostiarra ha perdido el soldador que unía las dos facciones del equipo, la de la ‘BBC’ con esa defensa de hormigón la semana pasada y cartón piedra ésta. Pero Xabi no está a gusto en campo porque su socio Modric no es el mismo que tomó el relevo del lesionado Khedira. Viendo el embotamiento que sufrió la medular cuando merodeaba el área sevillista, cualquier folclórico echaría de menos a Michael Laudrup. Porque desde que el danés se jubiló, el fútbol español, ni siquiera el mundial, ha disfrutado de un clon suyo. A falta de alto voltaje, el Madrid habría necesitado anoche un Laudrup que descerrajara la defensa con un pase sin mirar. Lástima que ninguna cantera haya fabricado uno igual.

Y, por último, una oda a la ingenuidad. Escribir sobre el Madrid sin mentar la crisis pasajera de Diego López es de pardillos. Las siete plagas bíblicas que azotan al equipo no son culpa del portero de la Liga, pero cualquiera madridista siempre se acuerda de una parada imposible del ‘santo’. Quizá Casillas también hubiese encajado seis goles de siete ocasiones, nunca lo sabremos, pero cualquier mano a mano con Iker delante trae a la memoria su pie milagroso ante Robben. Manolo Lama sondeó en El partido de las 12 la posibilidad del break: si Casillas es portero para Champions y Copa, no sería inoportuno que se entrenara en Liga. Nada es descartable.

 

 

 

Me rebelo, luego existo

Viernes, 9 Septiembre 2011

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Pepe Domingo Castaño puso la guinda a la revolución Del Nido en El Partido de las 12 con una cita magistral de Albert Camus…”me rebelo, luego existo”. Breve, conciso y, sobre todo, contundente. Una reunión, la promovida por el presidente del Sevilla, que valió para montar otra venidera y animó a los invitados para que no se achanten ante el peligro. “Ya no hay marcha atrás”, sentenció Del Nido; de lo contrario, su revolución francesa quedaría transfigurada: ni reyes guillotinados ni toma de cárceles. Porque el asunto mollar del G-12 no es rascar más millones en derechos de televisión, sino quitárselos a los dos de arriba; “Gil Marín ha confesado que le da igual cobrar cinco kilos menos, mientras las diferencias no sean tan descaradas”, desveló el anfitrión. Para él fue un alivio que Atlético, Valencia y Villarreal acudieran al Pizjuán, pues quién iba a tomar en serio al resto de clubes sin el compromiso de la clase burguesa. 

La ‘liga de mierda’, porque Del Nido convino con Pérez de Rozas en que sigue siendo ‘de mierda’, no cambiará con contratos en vigor y el primer inconveniente que se otea en el horizonte son los acuerdos televisivos que varios clubes ya han firmado para temporadas futuras: por ejemplo, el Athletic ha rubricado un contrato de cien millones con Prisa TV para los tres próximos años y el de la Real Sociedad podría ascender a cincuenta para la 2013-14 y 2014-15. Aunque el presidente hispalense adelantó que su talante es conciliador y los contratos vigentes no se van a romper. La clave no es actuar puramente como un Robin Hood: no se trata de robar a los grandes y repartirlo entre el resto, sino de crear una bolsa común donde se metan todo el dinero y sean gestionadas por la LFP, con o sin Astiazarán (al parecer, su presencia no es relevante). Evidentemente, tal como explicó Del Nido, Madrid y Barça percibirían más, atendiendo a su notoriedad, pero no se repetirían disparates como que “el Madrid cobre quince veces más que el Levante”.

Sin embargo, el adalid de la rebelión insiste en que la flagrante falta de competitividad perjudica a las audiencias de los grandes. Del Nido lo aclara un ejemplo revelador: la primera media hora del Almería-Barça de la temporada pasada congregó a más de cinco millones de teleespectadores. Entonces, los azulgranas ya ganaban 0-3. Pues bien, a los quince minutos de la reanudación el share pegó un bajonazo hasta el ‘escaso’ millón y medio…claro que el Barça ya había marcado media docena. Sí, Madrid y Barcelona se llevan el setenta por ciento de los pinchazos de televisión, pero Del Nido recuerda que juegan en una competición y ésa es su gracia, de lo contrario “que hagan clásicos las 38 jornadas. No obstante, la iniciativa del cónclave todavía debe matizar sus propósitos: la rueda de prensa extrajo pocas conclusiones, si acaso la de la próxima convocatoria. Pero el mundo del fútbol, y más su burocracia, esperaba porcentajes concretos o, al menos, estimaciones del nuevo reparto de la tarta televisiva .Y, por cierto, quizá surjan nuevas amenazas de huelga…Astiazarán y Tebas prometieron a la AFE que los cincuenta millones adeudados a los futbolistas saldrían de las tesorerías de los clubes, pero Del Nido entrevió que tal acuerdo hay que decidirlo en la Asamblea de la Liga y “de momento no están muy por la labor”. ¿Papel mojado para Rubiales?

Primer episodio de una revolución en la que Del Nido aboga, de momento, por la mesura del republicano Danton, abogado que intentó la concordia jacobina-girondina y cuyo lema comparte el presidente…”hace falta audacia, todavía más audacia y siempre audacia” (también al presidente había que endiñarle un personaje). Y ¿por qué ‘revolución francesa’? Artimañas mediáticas para hacer ruido; “cómo si no habría llamado tanto al atención”, explica el presidente. En cambio, el intérprete de Luis XVI todavía no ha sido asignado, pero si Madrid y Barça no se molestan en prestar atención a la rebelión, es obvio a quién guillotinaría Del Nido.

Tíos honrados

Sbado, 21 Mayo 2011

El central del Levante, Nano, espetó una de las declaraciones más honestas y agradecidas de la historia de las ruedas de prensa…”Pase lo que pase en el Levante-Zaragoza, la gente nos va a mirar mal. Hace cuatro o cinco semanas tuve la desgracia de marcarme un gol en propia puerta, no quiero ni imaginar si vuelve a suceder algo así este domingo. Como gente que lleva semanas sin jugar y no tienen cogido el ritmo líe alguna, ¡menudo marrón! Les van a tachar de todo porque en España somos así”. Al Levante le han mirado mal toda la semana porque el calendario lo ha convertido en el pim, pam, pum de todas las suspicacias; al menos, de los seis equipos que se juegan el cuello. Pero Nano, sus compañeros y, sobre todo, el presidente Quico Catalán se han hartado que se dude de su profesionalidad. Quizá, por ello, tanta rumorología ha enrabietado al equipo valenciano para mayor escarnio del Zaragoza. Pero la historia de los descensos nos ha dejado retales muy curiosos y, mentando la profesionalidad de los futbolistas, hay uno que destaca no por el partido en sí sino por cómo le ocurrió a uno de sus protagonistas.

Frode Olsen jamás pensó que su honradez iba a quedar tan marcada en la historia del Sevilla. Noruego de nacimiento, el club hispalense le fichó en el mercado invernal de la temporada 99/00 para tratar de enmendar un curso de trazas muy pesimistas. Y la verdad es que el portero no lo hizo mal, dada la docilidad de la defensa que tenía delante. Entonces, sucedió aquel último domingo de abril del 2000: el Sevilla recibía al Oviedo con una oportunidad remotísima de salvarse (era colista), mientras que el Betis jugaba en Mallorca con la obligación de ganar y, dicho sea de paso, esperar el favor del vecino, porque el Oviedo también estaba metido en la quema del descenso.

Fue una tarde soleada y en Sevilla era vox populi que el Oviedo de Luis Aragonés saldría como triunfador de la jornada. Además, los caprichos del calendario otorgaban al Sevilla la potestad de decidir si hundía al Betis o le daba vida para los últimos tres partidos. Por supuesto, la herida que le inflingió el eterno rival años antes todavía no había supurado: nadie en el Pizjuán había olvidado la penosa y descarada derrota del Betis contra el Sporting en la antepenúltima jornada de la 96/97, que mandó al Sevilla a Segunda e inmortalizó los vítores de la afición verdiblanca a Tcherisev, el autor del gol fatídico…para el Sevilla.  Las roles habían cambiado, sólo que el equipo de los Marchena, Tsartas, Jesuli, etc, habían asumido que no merecía la pena intentar el milagro de la salvación; más bien, apetecía devolver el bofetón al Betis. Pero Olsen no se enteró de la trama o su profesionalidad no se le permitió. Su técnico Juan Carlos Álvarez meditó si alinearle de principio a sabiendas que su jugador no sería cómplice o sacar al suplente Manuel Jesús, al que sí le ponía cachondo el descenso bético. Finalmente y para camuflar un poco el plan, Olsen salió desde el primer minuto.

Aquel Sevilla-Oviedo empezó como un vodevil y acabó en un despiporre padre: el equipo asturiano se quedó estupefacto cuando la zaga rival (Marchena, ‘Mami’ Quevedo, Nando y Héctor) decidió actuar como una defensa de futbolín. Aún así, el Oviedo falló como una escopeta de feria en la pachanga más descarada de los últimos tiempos…la primera parte fue una oda al cachondeo: Dely Valdés falló cuatro ocasiones clarísimas ante Olsen; Pompei otras tantas, Nadj,… nadie batía al portero noruego que no entendía por qué su propia afición le abucheaba después de cada palomita y mano a mano. Pero la guasa no acabo ahí: el desacierto del Oviedo era tan grotesco que el Pizjuán coreó al unísono ‘¡Oviedo, qué malo eres! Mi compañero de COPE, Vitorio Duque, estuvo sentado detrás de Aragonés, en la grada por sanción, y me ha confesado que el ‘Sabio de Hortaleza’ no insultó a los suyos por ‘maletas’ porque tenía una cámara de tele a tres palmos. El caso es que a la enésima Paulo Bento acertó o, mejor dicho, Olsen se resignó en otra jugada de dos contra uno; bastantes méritos había hecho el guardameta noruego para ser el mejor del partido en la primera parte. Pero llegó el descanso y Olsen, incapaz de sacarle una explicación a sus compañeros, prefirió quedarse en el banquillo por un ‘mareo repentino’. No quiso mancharse las manos y su míster lo entendió; apenas llevaba cinco meses en Sevilla como para enterarse del folclore Sevilla-Betis.

Quedaba toda la segunda parte y el Oviedo sólo ganaba por uno. Es decir, que las directrices a los jugadores del Sevilla debieron ser tan rotundas en el vestuario que en pocos minutos ya perdían por 0-3 para regocijo de su afición. Pero de repente a los de casa les dio un arrebato de orgullo y se pusieron a jugar al fútbol una hora después..llegó el 1-3, luego el 2-3 y los nervios de los visitantes intuían que la remontada estaba al caer. Entonces, un susurro empezó a correr como la pólvora en la grada y se amplificó en otro de esos cánticos de guasa sevillana: ¡Es suficiente!, ¡Sevilla, es suficiente!… ‘Oído cocina’ debieron pensar los jugadores.  Impepinablemente, el resultado tenía que ser el que fue: los enemigos se fueron de la mano a Segunda División, pero el Sevilla con la inmensa satisfacción de haberle devuelto la ‘broma’ al Betis. Sin embargo, Olsen nunca lo entendió. Él fichó por el Sevilla porque le habían hablado de los placeres de allí: entre ellos,  el ambiente de ópera que rezuma por toda la ciudad. Y es que después del fútbol, la opera era su vida y poder vivir en el lugar fetiche de obras como El Barbero de Sevilla, Carmen o Las bodas de Fígaro no tenía precio. Tampoco lo tuvo ni aquel partido, ni el Betis-Sporting de tres años antes; los maletines sobraban porque la desgracia del vecino era impagable.

‘Wembley Tor’ (gol de Wembley)

Sbado, 29 Enero 2011

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Fue el 30 de julio de 1966. Entonces, el fútbol ya agitaba a las masas y las rivalidades históricas se batían en un terreno de juego. Wembley se había acicalado para reclamar al mundo la excelencia que Las Islas también debían tener en el deporte. Inglaterra y Alemania se citaron en una de las finales más populares en los anales del fútbol (las reminiscencias de la Segunda Guerra Mundial estaban a flor de piel) y tuvo que ser allí, en aquel momento y con los ojos del mundo pendientes del fair play de las dos superpotencias, cuando el fenómeno del  ‘Wembley Tor’ (gol de Wembley) entró en la posteridad.

Geoffrey Hurst reventó el larguero con un disparo al borde del área pequeña y la pelota botó hacia fuera. Alemanes e ingleses alzaron los brazos, los primeros en señal de que no había entrado y los británicos para celebrarlo; todos nerviosos menos el propio Hurst, que se inclinó para apoyarse sobre las rodillas a la espera del fallo final del árbitro suizo Dienst, quien confió tamaña decisión al linier soviético Bakhramov. Éste le susurró al suizo que era gol y en consecuencia, la nación alemana bramó contra la que hoy todavía consideran como una de las injusticias deportivas jamás perpetradas. Tanto es así que los estadios alemanes siguen bautizando cada gol fantasma como ‘Wembley Tor’.

Pero lo extraordinario del gol de Inglaterra fue la movilización de la ciencia para determinar quién debió tener razón. Estudios de Física y análisis posteriores de eminencias de Oxford concluyeron que el balón de Hurst nunca entró. Obviamente, los expertos se desenvolvieron en un marco tecnológico muy precario: las televisiones retransmitían con una sola cámara en la que, a la vez, ralentizaban la imagen para ofrecer jugadas de moviola. Aparte, se servían de un puñado de fotogramas como pruebas para refutar decisiones. Roger Hunt, el futbolista inglés más próximo al bote del balón, siempre comentó que él levantó los brazos porque vio gol; no obstante y a tenor de más estudios de Oxford, las palabras de Hunt nunca fueron una certeza, ni siquiera un testimonio a tener en cuenta. La prestigiosa universidad británica cerró el caso que un ‘no’ rotundo: el balón nunca entró en su circunferencia total.

Aquel gol fantasma dejó de ser una incógnita memorable porque hace años Hurst reconoció de una vez por todas que su gol no debió valer. Casi cuatro décadas después, la confesión no tuvo mucha repercusión, aunque la reputación de Oxford y sus teorías de la uniformidad del bote del balón quedaron inmaculadas. Recordaréis que la final del 66 volvió a primera plana en el mundial de Sudáfrica del pasado verano. Pero el disparo de Lampard sí fue captado a la perfección por una cámara cenital. La FIFA demostró que los goles fantasmas ya no regatearían a la tecnología…o al menos así lo creímos hasta el pasado miércoles.

Y eso que los Sevilla-Real Madrid guardan antecedente con otro gol dudoso: en 1975 durante un partido entre ambos equipos también en el Pizjuán, otro alemán, Paul Breitner, se sacó un misil que entró por el lateral de la red de la portería del sevillista ‘Superpaco’. El gol fue validado pero nunca entró entre los tres palos. Desde luego, estaba claro que la red cedió por el costado por el que se coló el balón, porque ni siquiera los madridistas lo celebraron. Buscando por internet no he encontrado ningún vídeo de aquel partido, tan sólo la foto del delito, y es bastante clara. Además, las crónicas y los testimonios de la época coincidieron por unanimidad en que fue ilegal.

El de Luis Fabiano con Albiol tardará en esclarecerse. Pero antes de valorarlo, habría que reverenciar la realización modélica de las cámaras de Canal Plus que, como casi siempre, rayan la perfección. Después de cuatro o cinco tomas dudosas, hubo otra que supuestamente capturó el balón detrás de la línea en su totalidad. Fermín, ‘el del banderín’ no lo vio cristalino y como dijo Valdano, “el gol nunca admite dudas y éste siempre las tendrá”. Pero el portero Palop aseveró que el “noventa y nueve por ciento de los linieres habrían pitado gol”, razón no le falta. El caso es que nadie puede asegurar científicamente que fue o no fue gol. Así que ya puede la FIFA volver a probar los dichosos microchips o fijar definitivamente, y por la cuenta que le trae, el ‘ojo de halcón’. Mientras tanto, el departamento de Física de la Universidad de Oxford tiene trabajo. Estaremos pendientes de su resolución.

“El hombre más importante de la Tierra, después del Papa”

Martes, 25 Enero 2011

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El presidente del Sevilla entiende que el fútbol se ha convertido en un circo en el que las burradas son cada vez más aclamadas. Encima, le encandilan los micrófonos, gesto que los periódicos agradecen: su popularidad – o impopularidad- se la ha granjeado con una buena ristra de provocaciones que tanto ofenden al atacado como divierten al resto. Y que conste que la última bravata del ‘Vamos a dejarte sin título’ me parece muy ocurrente a tenor de todos los alborotos que monta Mourinho en cada rueda de prensa. El anuncio, en clara referencia al entrenador y quizá también a la versión chulesca de Cristiano Ronaldo, ha motivado un estado de sobreexcitación en Sevilla que adereza la Copa con puro entretenimiento, justamente lo que le ha faltado en las últimas ediciones. Del Nido ha encontrado un faldón en las portadas nacionales para distraer la atención del personal, un poquito cansado ya del Falcon Crest de los despachos del Bernabeu y del sopor que se ha buscado el Barça ganándolo todo casi por castigo.

Y mientras Sevilla bulle con las espadas en alto,  Del Nido ha sabido enervar a su gente tirando de efemérides: ayer aseguró que pondría dos escoltas en el vestuario del árbitro, por si a Valdano se le ocurre bajar para ‘sugerirle’ algo. Sorprende que el presidente todavía recele de la ‘visitilla’ del director general a Iturralde González en aquel partido de altísimo voltaje del 2004. Entonces, el Sevilla maduraba su época triunfal y el Madrid estaba a punto de embarcarse en la barca de Caronte camino al ‘galacticidio’. Al final, los blancos se metieron en la final y Del Nido se consoló a su manera: “sólo he visto que un equipo intercontinental ha acabado pidiendo la hora” (11/02/04).

Precisamente, el Sevilla ha usado la Copa como coartada perfecta para darse de codazos con Barça y Madrid ante la opinión pública; se ha aprovechado del ninguneo de los dos grandes a este torneo para reclamar que el fútbol trasciende del puente aéreo. Y por descontado, Del Nido ha sido el pregonero perfecto para vociferar ‘Sevilla’ hasta la extenuación. Pero al presidente siempre le han hecho esclavo de sus palabras y cuando le han venido mal dadas el recochineo ha sido de órdago. Quién no recuerda las semifinales ante el Athletic de hace dos años,  en las que Del Nido se desternillaba con el ya mítico chascarrillo de “nos comeremos al león, desde la melena a la cola” (03/03/09). Aquel comentario jocoso no ha perdido ápice de gracia, por lo menos en Bilbao.

Puede que los periodistas echemos de menos una Liga para el Sevilla: imaginaos la catarata de insinuaciones y fanfarronadas que inundarían los informativos. Y conociendo a Del Nido, creo que la cábala no va mal encaminada: el Sevilla amagó con llevarse la Liga de Capello (la de la remontada) y Del Nido, ni corto ni perezoso, espetó que “era el momento para ser prepotente” (17/04/07). Lejos de escandalizarse, la afición se enfervorizó todavía más; consideró que por fin había un equipo competitivo gracias a la astuta gestión del presidente y al ojo clínico de Monchi. Era evidente, viniendo del hombre “más importante de la Tierra, después del Papa” (24/02/05).

De todos modos, a Del Nido tampoco es que le preocupe en demasía la agitación de las masas. No se cansa de repetir que sólo le importa el Sevilla (actitud que encandilaría a más de un club). “Soy políticamente incorrecto, pero no me preocupo por caer bien” (02/01/07). Dicho y hecho. En serio, se agradecen actores de este corte en nuestro circo, pero menos mal que mañana toca hablar de fútbol.     

Final incierta

Mircoles, 19 Mayo 2010

Quique Sánchez Flores no esperaba que el Comité hiciera la vista gorda con Negredo. Son cosas del fútbol y de la camaradería entre organismos federativos y clubes importantes. Del Nido ha metido el suyo en primera línea y, por tanto, goza de ciertas bulas de los que mandan. Pero, en fin, al margen de que a Negredo le hayan absuelto tras cagarse en uno de los linieres del Almería-Sevilla, el Camp Nou será el anfitrión de una de las finales más inciertas que se recuerdan. El Sevilla tiene más aplomo en citas de este calibre (la evidencia la puso Juande Ramos), aunque es el Atlético el que acaba de salir airoso de una.

Los rojiblancos han ido a por la final de Copa y ahí están. Con un camino más o menos expedito en el que sólo tuvieron que emplearse a fondo para remontar un 3-0 al Recreativo, se plantan en Barcelona con mucho que ganar y poco que perder. Nadie les reprochará nada si no alzan la Copa, la afición ya está contenta con la Europa League en una temporada que se intuía miserable.

Quizá sea la última oportunidad para saborear el dúo de pícaros Forlán-Agüero, porque mucho tendrían que cambiar las circunstancias actuales para que el Kun no sea seducido por el porrón de ofertas multimillonarias que se han presentado en el Calderón. Pero, quedémonos en la final de hoy, en la que el Kun quiere salirse, tal como lo hizo Forlán en Hamburgo. La gracia del partido la ponen ellos dos: Agüero intentará poner patas arriba a la defensa hispalense con quiebros, fintas y regates cerrados, mientras que el uruguayo tendrá armado el fusil cuando su socio le dé la asistencia perfecta. No me olvido de la versión mejorada de José Antonio Reyes. Su finura en el ataque servirá  como tercera distracción para el enemigo. Y es que viendo la munición atlética, es una pena que en la Liga no hayan apuntado mejor. En fin, es el Atleti, qué os voy a contar.

Sevilla entera se ha cruzado la diagonal de España para aterrizar en La Diagonal de Barcelona. Su clasificación agónica para la previa de Champions salva otro año prolijo. Una plaga tremebunda de lesiones ha dejado cojo al equipo desde pretemporada y la permanente sospecha sobre Manolo Jiménez, dejaron al equipo al borde del KO. Pero fue llegar Antonio Álvarez y los jugadores han recuperado la cordura con un juego sencillito y muy práctico. Hoy no jugará Luis Fabiano, el aguijón del Sevilla, pero sí estarán Kanoutè, quien ha vuelto a coger la forma, y el perdonado Negredo. Tampoco me olvido de Jesús Navas y Capel, las balas de las bandas que, presumiblemente, se van a divertir con Antonio López y Ujfalusi respectivamente.

Por cierto, tendría bemoles que los sevillistas no salieran como gladiadores esta noche, toda vez que fueron ellos y sólo ellos quienes se cargaron al todopoderoso Barcelona con doble oportunidad. Es lo menos que les exigen cuarenta mil tíos que se han tragado más de mil kilómetros en un día laboral.

Jiménez merece más

Mircoles, 24 Marzo 2010

Bye, Jiménez. El despido del míster del Sevilla era un secreto a voces, aunque el club podía haber tenido la deferencia de haberle ofrecido la salida dentro de dos meses. Su caso es curioso, porque subió al primer equipo para parchear la espantada de Juande Ramos al Tottenham y ha sabido aferrarse al banquillo durante dos años y medio. Jiménez siempre ha gozado de la complicidad de Del Nido y Monchi, tal confianza le ha mantenido en el puesto en numerosas ocasiones. Pero el reciente cúmulo de decepciones, con la desgraciada eliminación en Champions, ha servido de excusa para fulminarle.

Jiménez llegó por accidente y con una tarea archicomplicada: mantener la competitividad impulsada por Caparrós y dispara por Juande con un fútbol preciosista. La huida de este último se produjo en un clima de consternación por la muerte de Antonio Puerta; así que Monchi fío la dirección a uno de la casa, ¿para qué sondear el mercado si el mejor director deportivo apostaba por su propio criterio? Y, a fin de cuentas, Jiménez no lo ha hecho nada mal a pesar de las permanentes e impertinentes críticas en su contra.

La afición sevillista no tardó en encañonar al entrenador cuando el equipo empezó a flaquear. Sin embargo, se había olvidado que la misma plantilla que tuvo que sobreponerse a Puerta y a Juande, acabó en quinta posición y tuvo que lidiar en Champions, en la que el inesperado Fenerbache les echó. Después llegó la Liga del año pasado sin Dani Alves pero con Capel y Jesús Navas en plan estelar; el resultado fue un meritorio tercer puesto y otra buena ristra de descubrimientos (Konko, Zokora,…).

La ‘broma’ del Fenerbache de hace dos años debió haberse quedado en eso; el fastidio es que el CSKA ha hecho que sea de muy mal gusto. La ciudad hispalense se había acicalado para dar la bienvenida a los cuartos de Champions y el fracaso apuntó claramente a un hombre. Jiménez cerró su ciclo esa misma noche, aunque nadie esperaba que se precipitase. Quizá la afición debió entender que el cuento de hadas (el superSevilla de Juande) no podría durar siempre. Jiménez no hizo sino afanarse en lo suyo: trabajo, trabajo, trabajo y compromiso a raudales. El sevillismo se lo tiene que agradecer.  

La venganza de Mourinho

Mircoles, 17 Marzo 2010

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A este ritmo la Champions va a ser coser y cantar para el Barça. Anoche cayó el Chelsea, el coco del torneo, el único que tosió a los azulgranas la temporada pasada y que le habría echado en semifinales de no ser por aquel nefasto árbitro Obrevo. Así que se apea Abramovich y sigue como un tiro Mourinho. El portugués, siempre en el ojo del huracán, amado por los suyos y odiado por los demás, ha ganado de una estacada el suficiente crédito para acabar en el Bernabeu este verano. Decían  que su Inter era un despilfarro de talento; una plantilla perfilada para dar guerra en la Champions pero que, por deméritos propios, le pasaba como al Madrid, que la pifiaba en octavos. En Stamford Bridge el talante de ‘Mou’ dio un vuelco asombroso: cuando sólo debía afanarse en lo que más le apasiona, defender un cero a cero, de repente se lanzó inopinadamente a por la eliminatoria. La osadía fue recompensada por Eto’o, siempre Eto’o, que sufre un Calcio aciago pero que la clava cuando urge (si Higuaín hiciese lo mismo…).

El llanto lo vuelve a entonar el multimillonario ruso, cuyos petrodólares están más depreciados que el peso mejicano cuando toca hablar de Champions. Año tras año se lleva sopapos de todos los colores: desde las batallas encarnizadas contra el Barça con injusticias divinas y terrenales por medio, hasta una final perdida por un resbalón de Terry, el supuesto culpable de la deriva de los ‘blues’. Fue desatarse su lascivia y el Chelsea no ha vuelto a dar una a derechas. No sabemos cuánto durará la bula papal de Ancelotti, aunque si Abramovich sigue emperrado en la Champions sí o sí, me da que el Chelsea va a tener más entrenadores que césares reinaron durante el ocaso del imperio romano.

Y si en Londres esperaban con miedo a Mourinho, la ciudad de Sevilla estaba acicalada con guirnaldas y pasacalles para dar la bienvenida histórica a los cuartos de final. Tendrán que posponerla para otra temporada porque el equipo evidenció, y es reincidente, que sufre vértigo cuando la Champions se pone seria. El CSKA es un grupo de rusos aplicados mas Honda, el japonés rubio que le pega a la pelota como si ésta le debiese dinero. Y por supuesto que a Palop no se le puede reprochar nada: una cantada entre doscientos paradones es aceptable. A quien ya no acepta de buen grado la afición hispalense es a Manolo Jiménez. Está por ver si el ojo clínico de Monchi con los fichajes vale también para los banquillos.