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Recibe Iniesta y et voilà!

Martes, 14 Junio 2016

 Iniesta República Checa

Yo odio el tiquitaca, no sirve para nada”. La confesión de Pep Guardiola a Martí Perarnau en su biografía Herr Pep nunca pasó inadvertida para Del Bosque. “Hacemos lo que podemos con lo que tenemos, y eso es jugar con balón. Llámenlo como quieran”, dijo el seleccionador en un foro universitario la pasada temporada. A punto de firmar su epílogo con La Roja, a Del Bosque no le molesta que le acusen de plagio, bien de Luis Aragonés bien de Guardiola. Podrán desfilar por delante varias generaciones, que el estilo del salmantino jamás cambiaría: marear el balón hasta colarlo en la cocina. Desesperante para el rival y a ratos para el espectador, que agradece un francotirador por equipo. Y España no los tiene. El gol sólo podía llegar de una manera: fusilar a Cech a quemarropa o después de una esas carambolas de billar que con tanta maestría dominan Iniesta y Silva, de largo los más espabilados en la victoria. El barcelonista volvió a inmortalizarse en otra foto de Oliver y Benji rodeado de un ejército de piernas; su Circo del Sol no actúa tan rápido como en otros tiempos, pero recibe el balón y et voilà!, saca un conejo de la chistera. O el centro perfecto a su amigo ‘Geri’. El Balón de Oro perdió una oportunidad inolvidable para rendir pleitesía a uno de los más grandes, quizá al nivel del mejor Zinedine Zidane. Y no es una exageración.

Cada vez que España juega una Eurocopa, rememoramos la charla de Luis Aragonés en el hotel de Viena horas antes de la final contra Alemania de 2008. El agradecimiento nunca será suficiente por haber cambiado para siempre y de una tacada las décadas del peor ‘pupas’, como el Atleti. Cada vez que juega España, el patapum p’arriba del guiñol de Javier Clemente queda más enterrado. Afortunadamente, aquel fenómeno todavía inexplicable pertenece a la época paleolítica. El prodigio que Aragonés creo en torno a la figura de Xavi Hernández es patrimonio de la humanidad y sólo necesita de otros filántropos que lo cuiden: el primero, Iniesta, que ya no tiene a Xavi y Xabi a su espalda, pero sí a Busquets, la viga maestra del proyecto de Del Bosque. Esta selección aún no ha provocado la efervescencia de sus anteriores, ni siquiera el sano debate en las barras de los bares de quién gusta más. Hasta ayer todo era De Gea o Casillas, y el repentino estiércol del caso Torbe. Hoy la gente ha cambiado el discurso, recordando que por algo David Silva es, de lejos, el mejor media punta de la Premier League, y que a nadie le extrañe. Su zurda es la más talentosa del vestuario y de su cabeza dependerá que ponga asistencias sin mirar (versión Michael Laudrup). Y si Morata, generoso en el esfuerzo, puede cazar una de esas pelotas inteligentes, al de enfrente no le valdrá blindar un Fort Knox como Chequia. Hará falta una flota de autobuses para desesperar a estos pequeños diablillos.

El niño probeta

Lunes, 15 Junio 2015

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La travesía por el desierto está siendo dura. Las heridas del Mundial todavía no han suturado porque, sencillamente, no ha empezado la Eurocopa. Entre el lifting  poco convincente de España y la ternura del grupo de clasificación, la gente ha dado la espalda a ‘La Roja’; así lo certifican las audiencias de televisión. Ha tenido que hablar Piqué y responder la afición de León para encender (e incendiar) con napalm la convocatoria nacional. Quizá fuera la única forma de prestarle atención: Costa Rica y Bielorrusia apenas han ocupado un breve en los periódicos, salvo el morbo de Keylor Navas en la portería. Desaparecido el tiqui-taca, la selección es un niño probeta con un futuro sospechoso: nadie se atreve a asegurar que crecerá fuerte y sano.  A la generación de Luis Aragonés le ha sucedido otra promoción de locos bajitos que antes de triunfar tiene que meter la pata. Así sucedió en el Mundial de Alemania., pero entonces el ‘Sabio de Hortaleza’ había encontrado en Xavi la solución al eterno sudoku de España y peleó con esa idea. Del Bosque tampoco se olvida del balón, la verdadera génesis de tanta borrachera de éxito: Iniesta, ausente por lesión, todavía amaga con instantáneas de Oliver Atom que superan la ficción; Isco es el quinto elemento que está por llegar. De su imán en la bota de derecha depende la circulación sanguínea del ‘enfermo’.

Bielorrusia eligió el estadio del Bate Borisov para pergeñar una encerrona. Su particular Ipurúa amenazaba con cortocircuitar el juego de España y convulsionar aún más el incierto establishment de la selección. Pero, de repente, los nuestros salieron de la trinchera y buscaron la yugular del metalizado bloque bielorruso. Morata es un delantero centro que descompone defensas con red de arrastre; su pureza en el área facilita el fútbol en tres dimensiones del resto, entre ellos, un Jordi Alba que desgasta la banda como el correcaminos y ahora sólo tiene que alzar la cabeza para poner el balón en la olla. De la fábrica de laterales en serie que ha generado el Valencia, Alba es el que mejor imita la explosividad del ex madridista Roberto Carlos.; de su estado físico en Francia dependerá la viveza de la selección.  Y cómo no David Silva, considerado un duende en Manchester y que con la camiseta roja tan pronto saca el diablillo como se queda alelado en el limbo. El canario es creatividad pura, un Michael Laudrup en chico que nunca sabes cómo te va a sorprender; su espontaneidad atrajo al Real Madrid, que preguntó por él hace seis años. Y para romper muros de hormigón como el de anoche, mejor sortearlos que pegarlos de frente.

Y cómo no el efecto Casillas. Concentrado en la importancia de no complicar la clasificación, sacó un  mano a mano decisivo e inspiró confianza. Detuvo las tres ocasiones de los bielorrusos recordando aquella frase de Fernando Hierro cuando espetó que el Madrid necesitaba un portero que parase los dos balones que le llegaban al área. Casillas siempre superó esa expectativa, falseando además la reflexión de Hierro. Porque la estadística no miente y al Madrid del gran Iker le solían acribillar a disparos. Quizá sea tarde, pero un Casillas mentalizado, ajeno al ruido ensordecedor del entorno, puede competir contra De Gea sin ninguna sospecha. 

Evitando más jaleo

Lunes, 13 Octubre 2014

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Del Bosque había advertido que la única referencia de Luxemburgo para el gran público era un club modestísimo llamado Jeunesse d’Esch, que en la década de los sesenta se llevó siete goles en el Bernabéu y cinco o seis en su país. Lo dijo en modo irónico porque a los periodistas apenas les apetecía hablar del rival del turno, obvio. Casillas, el bofetón de Eslovaquia, la nulidad de Diego Costa…demasiados incendios como para rellenar páginas y minutos de tertulia con una selección del saco de Islas Feroe o San Marino. Pero el seleccionador, viejo zorro en olfatear las corrientes de opinión, confirmó cinco cambios en el once titular de anoche para distraer atenciones, sobre todo, de los opinadores que piden dimisiones a pecho descubierto. Ha sido una concentración convulsa porque poner a parir a esta continuación de España, campeona de todo, es un lujo que cualquiera se puede permitir pero pocos aceptan. Eslovaquia ha abierto la veda: todo es debatible en esta selección que está en plena construcción con andamios en todas las líneas.

Si hace pocos meses España ofrecía a las masas partidos verbeneros en los que el fútbol eran fiestas apiladas unas detrás de otras, estos días convulsos han dejado un marrón espinoso a Del Bosque. Aliviado por el gol ratonero de Diego Costa en Luxemburgo (Mourinho tardará tiempo en recriminarle otra convocatoria), al debate Casillas-De Gea le sale uno más añejo, el de Cesc. Anoche no jugó porque oficialmente el seleccionador había meditado cambios y oficiosamente no rindió en Eslovaquia. El centrocampista del Chelsea vive en una permanente paradoja táctica: con Mourinho ha vuelto a jugar donde le enseñó Wenger y, sin embargo, en la selección ha sido fundamental según los preceptos de Guardiola. Cesc espabiló y aprendió rápido esa idea extravagante del ‘falso nueve’; Del Bosque copió la invención de Pep y defenestró cualquier recuerdo folclórico de delanteros centros. Ahora, Fábregas ha vuelto a su génesis y chirría. ¿Solución? El ‘buenismo’ del entrenador le obligará a seguir convocándolo como mediapunta. Y si no, al tiempo.

También repetirán convocatoria los locos bajitos, pero todos ellos por inercia. Con permiso de Don Andrés Iniesta, el balón pide a gritos las botas de Silva, genio y figura cuando el equipo se marea a sí mismo. La noche de Eslovaquia necesitó líderes que cargaran el peso en la espalda; no hubo voluntarios y sí varios acusados. El mismo Iniesta, que sin chispa no es ese ‘Iniesta de mi vida’ (Camacho dixit) o Busquets, perdido en el campo como si fuera la jungla, lejos del mejor ‘5’ que recordaba al mítico Fernando Redondo. Ahora es turno para los extraordinarios becarios: Paco Alcácer, Bernat, Rodrigo, etc. Quédense con el primero: goleador en Mestalla y en busca de pulverizar récords con ‘La Roja’. Alcácer era un delantero potable que mejoró hasta hacerse bueno; un puñado de partidos le han convertido en buenísimo. Y de ahí a la clase crack, paso a paso. Su facilidad para marcar recuerda a la de Raúl González, cuando Fernando Hierro vaticinó que era un “Ferrari que adelantaría a todos por la izquierda”. Todavía no conocemos el techo de Alcácer, pero nos deja la pista evidente de que golea por oportunista e inteligente. Y hacía demasiado tiempo que la selección no contaba con un prototipo así. Cualquier noticia que no provoque jaleo siempre será bienvenido en la selección. 

La libreta de Van Gaal

Sbado, 14 Junio 2014

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La pizarra de Van Gaal sentenció el partido. Siempre con su libreta secreta bajo el brazo, el técnico imitó la táctica de Ancelotti que pulverizó a Guardiola en Munich. La prensa advirtió que Holanda se blindaría con cinco defensas y así pareció al principio de partido. Pero no, ilusiones ópticas: David Albelda avanzó en Tiempo de Juego que Van Gaal había colocado tres defensas y cinco centrocampistas; poblando la medular ahogaría la esencia del tiqui-taca español, el genuino que siempre propusieron Xavi e Iniesta. Nada que ver esta Holanda con el finalista macarra que cosió a patadas a los españoles en 2010. Ni siquiera De Jong, que ayer también sacó la trilladora pero que se esmeró en jugar de coche-escoba. El gran público no conocía a la zaga oranje, casi toda construido por Ronald Koeman en el Feyenoord, y a tenor de lo visto, son jóvenes pero sobradamente preparados. Los papeles de Van Gaal nunca se filtrarán, pero no hace falta ser entrenador para intuir un garabato que pusiera ‘Robben y Van Persie vs Piqué y Ramos’. Ésa fue la clave de la carnicería.

El penalti de España, lejos de garantizar la posesión de ‘La Roja’, sobreexcitó a los holandeses, con Sneijder como mente del plan a perpetrar, y Robben y Van Persie de ejecutores. El propio Arjen todavía se ríe del apodo que le puso el Bernabéu: ‘Rodilla de cristal Robben’; su cintura todavía gira mejor que la de una gimnasta del Circo del Sol. Desafortunadamente, la de Piqué necesita por ahora engrasarse con tres en uno. El problema de Ramos no fue tanto físico como de despiste: el cabezazo de Van Persie le cogió la espalda y en ningún momento exhibió esa proeza genética que le ha convertido en uno de los centrales más decisivos del mundo. Partido para olvidar del madridista y punto. Los enviados especiales a la concentración española habían resaltado el estado de forma del sevillano y también de Silva. El grancanario subió el voltaje del juego y compitió con Iniesta en un concurso de pases estéticos; la pena es que toda España hubiese preferido que fusilase a Cillesen en vez de adornarse con una vaselina sólo apta para cracks mundiales.

Hablando de porteros, Casillas no escapa de las crónicas periodísticas. Empezó siendo el ‘santo’ y acabó en la barca de Caronte como un difunto reciente. Sus fallos estrepitosos sirvieron de carnaza para el sector cafre de twitter, en especial los llamados ‘yihadistas’. La memoria es frágil y olvida rápido que el mismo capitán de España conjuró milagros en las pasadas Eurocopas y en Sudáfrica (que se lo digan a Robben, hoy resarcido de aquel ¡uy! De Johannesburgo). Un muy buen amigo de Casillas, Xavi Hernández, también nos recordó que sus mejores momentos ya han pasado. Asumió los galones de capitán general el tiempo que le duró el poco combustible diesel que le queda; “ha sido la derrota más dura de mi carrera”, confesó el barcelonista en rueda de prensa. Y lo dice un futbolista con un palmarés que no cabe en las vitrinas de casi ningún club del mundo. En un ejercicio de sinceridad, todos asumieron el mea culpa delante de la televisiones. “Es una cagada mayúscula”, como dijo Schuster en COPE, pero remediable. El problema no es la goleada, que afectará a las matemáticas del golaverage, ni siquiera que el siguiente perro de presa sea Chile, la alarma roja la anunció Piqué: “Lo peor son las sensaciones”. De cansancio físico y embotamiento mental. Y ahí entra de lleno Del Bosque, como ayer lo hizo Van Gaal, el gran vencedor del 5-1.

El baile de San Vito

Mircoles, 19 Septiembre 2012

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La noche del Bernabeu no fue tan mítica porque dos ‘cagones’ prohibieron el espectáculo. Según Manolo Lama, el cagón del reino contra el del mundo; o sea, Mourinho contra Roberto Mancini. Al primero no le vamos a descubrir a estas alturas: cualquier atisbo peligroso lo resuelve con su cordón de seguridad. El trivote es la esencia de su táctica y ahí es donde se siente seguro. Y aunque generó ocasiones con el equipo encorsetado, Mou tuvo que abdicar en favor del fútbol, el que gusta a su público. Y ese, precisamente, es el que demuestra David Silva, fichaje frustrado por los años de los años, y que anoche no tuvo reparos en desafiar a Mancini con una bronca exigiéndole más ambición. Touré, Nasri, Tévez y Agüero aglutinan demasiado talento para un técnico plomizo muy de escuela italiana. Y, claro, con tanto trotón sobre el césped el resultado son setenta minutos soporíferos entre los dos clubes que más pasta gansa pueden fundirse en quienes se les antoje.

El Madrid necesitaba un episodio épico para comenzar el asalto de la Décima. Suena arriesgado, pero con la Liga medio tirada a la basura, a Mourinho sólo le vale sacar un as final para redimir a su vestuario de tantos años de ostracismo en Europa. Por eso, el madridismo sólo contemplaba la victoria, aunque su fe fuera desvaneciéndose con las dentelladas del City. Obviamente, después de los bofetones domésticos, el Madrid no podía conseguir una victoria insípida por dos o tres a cero, sino que debía invocar el espíritu de Champions, ese baile de San Vito de El último guerrero que le hace imparable durante un puñado de minutos. Suerte que el guión siempre se cumple cuando se avecina un cataclismo, porque el Madrid no puede entrar en código de mayday con apenas un mes de competición.

Y como cualquier devaneo del Madrid sirve de carnaza fresca para la prensa, Mourinho ha decidido atajarlo castigando a los subversivos. Anoche lo demostró con Sergio Ramos, quien a pesar de su exultante momento de forma se atrevió a contradecir a su comandante en jefe diciendo que “no era el momento de críticas”, en referencia a la furibunda rueda de prensa de Mou en Sevilla. Ramos salió del once inicial en favor de Varane, poco sorprendido por su titularidad, pues confesó que lo sabía desde el domingo. También Özil estaba avisado de antemano, en este caso por deméritos sobre el campo; así que la suplencia es el mejor método para que espabile Aunque para más inri, Modric viene empujando con fuerza, demostrando que no ha fichado para figurar, pese que a Mou le encandilen peones de guerra como Khedira o Essien, muy bien este último, por cierto, en su cometido destructor.

Hace años Florentino fichaba a los galácticos del mercado, hoy es Mourinho el que levanta o baja el pulgar con cualquier decisión del club, asumiendo los galones de manager general. Es la deducción más lógica a las declaraciones del Kun Agüero, quien harto del simplismo defensivo de Mancini, espetó que “si el Madrid se hubiera interesado en él, no jugaría en el City”. La posible compra del Kun todavía ronda por las oficinas del Bernabeu, porque Higuaín se examina constantemente de una repesca tras otra.Al menos, Benzema no está en peligro de extinción, logra redimirse de sus empanadas mentales con golazos in extremis. También Cristiano se ha quitado un peso de encima, pero de momento su generosidad en el esfuerzo suple a la letalidad de su talento. Y eso es peligroso.