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Archivo de la categoría ‘Simeone’

Buscando al soldado Ryan

Domingo, 16 Octubre 2016

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“Pasión y ambición. Es lo que se necesita en el mundo de hoy”. Grabado a fuego, el universo rojiblanco escucha a Simeone como si cualquier rueda de prensa se convirtiese en parábola del Señor. Motivado por la numerosa presencia de chavales en el Vicente Calderón, el ‘Cholo’ les dedicó su charla de vestuario.  Pasión y ambición, es el código sagrado e inviolable que construyó este Atleti hace cuatro años y medio; pasión y ambición, es el “único atajo” para el éxito en el que no hay cortadas tales como ‘Esto Messi y Cristiano lo arreglan’; pasión y ambición, es el estilo de vida espartano en el que Simeone es Leónidas y moriría por cada uno de los suyos; pasión y ambición, las palabras que convencieron a Griezmann para llegar a desfilar por la alfombra roja de Hollywood; pasión y ambición, las que han convertido a Godín de un central de Hacendado a uno de los mejores del mundo. Simeone no engaña: elige cuidadosamente sus peones, sometiéndoles al método Grönholm. Sólo sobreviven los mejores, los que están dispuestos a pelear a tumba abierta, sea en la final de San Siro o en el coqueto campo del barrio de Sant Andreu. Nadie es más que nadie, y si Correa marca, Griezmann lo celebra desde el banquillo como si no hubiera mañana. Fueron siete goles festejados con el mismo entusiasmo, sin desmerecer al Granada, sin fardar de espaldinhas. Una goleada de caballero británico, en la que el honor reduce todo lo demás a anécdota.

Decían que este Atlético se consuela con el 1-0 y va a ritmo de casi tres goles por partido: decían que Simeone, apasionado colega del mourinhismo, vivía de chuparle la sangre al enemigo y, de repente, se han encontrado un circo (en el buen sentido); decían que tarde o temprano el Atleti caería y ya han pasado tres temporadas para los amantes de esa guerra de trincheras Madrid-Barça, en la que el ¿tercero? es un invitado molesto. Y decían que al ‘Cholo’ se le acabaría la potra sin Agüero, Falcao, Diego Costa, y resulta que ahora golea con su mejor nueve de la época moderna. “La experiencia está mereciendo la pena”, lo dice Ferreira Carrasco, uno de los últimos reclutas que ha puesto patas arriba a la grada. Corre, esprinta, regate, asiste y dispara, los cinco palabras que persigue cualquier ojeador que selecciona un fichaje entre un buen puñado. Otra adquisición del entrenador, que refuerza su rol de manager absoluto. Por eso, en la Premier Simeone tendría poderes omnímodos.  El Calderón jamás imaginó rendir pleitesía a una efigie que no fuera la de Luis Aragonés. A Simeone le pidieron aguantar hasta el estreno del nuevo estadio, cuyo nombre sólo sabe Gil Marín y su guardia pretoriana; se lo pensó y decidió quedarse porque no es un perdedor. Ni un ganador barato: Champions o tragedia, sin término medio. A la arriesgada aventura se han apuntado todos; alguno como Jackson no la quiso entender porque se sentía estrella, los demás se han decidido a buscar al soldado Ryan y puede que mueran en el intento. Pero con Simeone sí o sí, Ryan está cada vez más cerca. El sacrificio así lo atestigua. 

Nadie es más que nadie

Domingo, 2 Octubre 2016

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Paulo Futre no recuerda la última vez que pronunció la fatídica palabra ‘pupas’. Sí se acuerda de un último partido muy del Atleti de los dos añitos en el infierno:Jesús Gil falleció un fin de semana de mayo de 2004 y el Vicente Calderón le rindió tributo ante el Zaragoza. En noventa minutos, el equipo y el cielo se pusieron de acuerdo en la mística de un día tan señalado, el descuento fue cosa de su habitual tragedia. Futre jamás olvidará aquel 1-2 porque juró que nunca volvería a ver al Atleti con solera que reventaba la ciudad con aquellos derbis ochenteros. Fue entonces cuando Gil Marín decidió fichar a Simeone y cambiar la historia para siempre; cuando el gran Paulo olvidó su morriña nostálgica del pasado. El Atlético de hoy gana con frecuencia al Bayern en otro día cualquiera en la oficina: para el resto del mundo es el enésimo 1-0 de la era Simeone;; para el adn rojiblanco es la credencial definitiva de que han entrado en el club vip más exclusivo de Europa. Este Atleti tiene la azotea tan bien amueblada como la de Rafa Nadal. En su comparación, es una hormiguita puñetera que corretea de un lado a otro sin dejarse pisar.

Simeone intenta ser ajeno a los reclamos publicitarios del club, que suelen recurrir a la vena lacrimógena. No entienden de días de difuntos ni cree que el karma le haga ganar partidos. Sólo la disciplina espartana de un vestuario en el que nadie es más que nadie aguanta a este equipo. Los jugadores confiesan acabar fundidos mental y físicamente, una especie de masoquismo placentero del que todos quieren participar. Reman en galeras al son de el esfuerzo no se negocia y lo asumes (Fernando Torres) o el divismo te mata (Jackson Martínez) . Es tan adictivo que estrellas como Diego Costa ansían volver a toda costa, valga la redundancia. Y la consigna de trabajar hasta morir ya no incluye la coletilla que tanto repite Roberto Palomar en MARCA: “Para el cholismo, perder es ganar”. Quizás San Siro lo cambió todo, porque el derrotado reconoció la derrota sin excusas y reveló que sin Champions no había paraíso. El Atlético ha decidido compartir el vademécum del madridismo en cuyo prólogo se puede leer que todo lo que no sea ganar supone fracasar. Dulce y maldito, arriesgado y grandioso. Dos intentos no aceptarán un tercero, no habrá consuelo posible ni por lealtad de la afición ni el lloro de plañideras que soñaron con un Atleti campeón.

El rey Leónidas no ha traicionado a su pueblo. El club se ha volcado en él porque sin el ‘Cholo’ se olían el fatalismo. Todavía no ha nacido un digno sucesor; alguien que abra un cajón desastre y aplique una terapia de choque brutal. “No hay lugar para la debilidad. Sólo los recios…sólo los fuertes”, el resto no merece adoctrinarse en el ‘cholismo’. Pero Simeone advirtió a sus jefes de que los cracks cuestan millonadas porque regalan títulos. El de ahora es Griezmann, delantero muy apetecible en Europa League cuando jugaba en Anoeta y que de repente va a desfilar trajeado por la alfombra roja del Balón de Oro. O Godín, central de Mercadona en Villarreal y que hoy puede rechazar ofertas estratosféricas como una del Manchester City. O Ferreira Carrasco, velocista anónimo en el Mónaco y que desmonta cerrojos tirando contraataques como si no hubiera mañana. A Kiko Narváez le preguntaron quién era el mejor entrenador que había tenido, y respondió sin titubeos ni esa guasa gaditana que le caracteriza: “Simeone desde que compartían vestuario. Ya se le veía alma de técnico, ordenando más que el entrenador de turno, (que fueron muchos). Te taladraba el oído hasta decir basta”. No hay mejor alegato que explique por qué el Atléti está hecho de Champions, Camiseta sudada, no hay más secretos.

La maldición de Aquiles

Viernes, 27 Mayo 2016

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Milán espera al nuevo César entre la mística del #Nuncadejesdecreer y el flagrante debate de ganar o fracasar. Como una partida de ajedrez, Simeone ha entrenado al equipo en secreto para detener el contraataque del Madrid; intenta buscar la kryptonita contra ese arma de destrucción masiva de la que no presumen los blancos. Quizá por miedo a traicionar la historia del club o a evocar la era Mourinho, ningún mito merengue ha alardeado de un estilo que el portugués puso en sospecha. No debe sonar caballeroso que el Real Madrid disfrute del pim, pam, pum, cuando los últimos tiempos, exactamente desde Ronaldo Nazario, han delatado que el Madrid es mortífero devolviendo golpes y no con ese fútbol hegemónico con el que tanto se le llenaba la boca a Xavi Hernández. “Una final de ida y vuelta, con poca posesión y demasiados robos”, dice Pedja Mijatovic, acostumbrado a otros tiempos en los que sólo Luis Aragonés confesaba delante de una cámara que su Atleti jugaba a contraatacar con Futre, “lo demás, tonterías”. Curioso cuando el ‘Sabio de Hortaleza’ ha pasado a la posteridad por el tiki-taca de la Eurocopa 2008.

Simeone arma y desarma contraataques, y está blindando un cerrojo para que el Madrid se encuentre enfrente el Fort Knox. El experimento se convirtió en costumbre y los blancos casi siempre se han inmolado en ese laboratorio; ‘casi’ porque no fallaron el día D. El mundo colchonero puede seguir girando sin porque el primer mandamiento ‘cholista’ se ha vuelto a cumplir: terceros y clasificados para la siguiente Champions. Más allá todo es festival. Por eso, como escribía Roberto Palomar en Marca, “en el cholismo perder es ganar”, sin depresiones, sin acabar tumbado en el diván de un psicólogo. Es el atajo más rápido para sacudirse la presión. Porque si hay un club que debe cumplir no es el Atleti. Allí hay que estar mal de la chaveta para susurrar la palabra fracaso; y más, sabiendo que este Atlético no hace demasiado tiempo perdió contra el Albacete en Copa para bochorno del Calderón y de Goyo Manzano, inmediato antecesor del universo Simeone. Es el Madrid quien juega la final sin red, asomado al abismo al que se arriesga un funambulista. “Ganar o morir, y así cada año”, espetó Bernd Schuster pocos días después de ser despedido por el ex presidente Ramón Calderón. Y tiene razón el alemán: al Madrid le sucede como a Aquiles, que su gloria y su maldición caminaron juntas en Troya, separadas por una delgada línea roja.

La Champions eclipsa todo, es el quinto elemento. Bien lo saben en Barcelona, donde esperan ansiosos (aunque no lo reconozcan) a la gesta de su hermanado Atlético. Es la prueba indiscutible de que Madrid y Barça son vasos comunicantes: que el doblete sea histórico o anecdótico depende de los blancos. Explíquenselo a un marciano. Dicen que ésa es su grandeza: conquistar San Siro o fracasar, sin término medio. Suena durísimo, pero es la presión tan “única y exclusiva” de la que hablaba Arbeloa en los días de su despedida. Hubo un tiempo en el que a Roger Federer le exigían ganar todos los Grand Slam, cualquier otro resultado se olvidaría rápido. Noventa minutos dirán si el Madrid necesita una catarsis drástica para salir de un desierto de dos temporadas o desde el permanente epicentro del huracán farda de dos Champions en tres años. De cero a cien en lo que dura un chasquido de dedos; es el Ferrari imposible de controlar.

El portero de los noventa

Mircoles, 4 Mayo 2016

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“En la primera Champions el balón de Iniesta entró por la escuadra. Hoy hemos disparado treinta veces y nada”. Con ese “nada” Guardiola quería decir Oblak, el gigante esloveno que costó 16 millones de euros hace dos temporadas. Un P.V.P. para llevarse las manos a la cabeza de no ser porque sólo se le puede batir de un trallazo a bocajarro o con un balón rebotado como la falta de Xabi Alonso. Las estrategias espartanas de Simeone empiezan por un muro de contención delante de la portería, y resulta que el Atleti ha construido el más sólido del mercado. Lo saben el entrenador y Gil Marín, quien ha blindado al esloveno con una cláusula de cien millones. por si algún día le tientan los petrodólares del City o el PSG. Pablo Vercellone es el preparador de porteros del ‘Cholo’ y en privado alucina con Oblak, no sólo porque “controla el espacio aéreo” sino porque también saca agilidad felina en balones rasos, de esos que, como dice Vercellone, “lamen la cepa del palo”. Todo se reduce al entrenamiento del Cerro del Espino, no existe más universo que ése para el guardameta de 23 años que repele cualquier pelota por tierra, mar y aire. En el fútbol moderno apenas quedan porteros que bloquen balones sin recurrir al despeje fácil; por eso el estilo de Oblak casi es contracultural, de vieja escuela. Precisamente, Jan tiene dos ídolos de antiguas promociones a los que se ha hartado de ver en vídeos: Bodo Illgner y Francesco Toldo.

Oblak habría sido el paradigma de portero alemán de los noventa. Su gran envergadura empequeñece la portería a los delanteros (que se lo digan a Lewandowski); los córners son su jardín, sobre todo en el área pequeña desde donde otea cualquier amago de peligro. Como dice el propio Illlgner, es un híbrido entre los explosivos reflejos de Oliver Kahn debajo de los palos y los mano a mano de Neuer. Quizá no brille en salidas con los pies ni en jugar de líbero como el gran José Antonio Molina, pero un portero tiene que parar al fin y al cabo, y salvo raras excepciones ‘guardiolistas’, suele ser el más tarugo del once titular. A diferencia de Luis Enrique con Ter Stegen, Simeone no le ha pedido a Oblak que sea portero jugador. No reza como mandamiento de ese flamante estilo de vida llamado cholismo. El Atleti ganó la Liga hace dos temporadas con un Courtois fabricado por la guardia pretoriana del entrenador. Sólo le exigían detener lo parable y lo imposible. Casi nada para un chaval imberbe que sueña con salir del Chelsea, tal vez al Real Madrid.

Colchoneros con solera como Kiko o Abel Resino coinciden en que la presencia de Oblak intimida tanto como la del mítico David Barrufet delante de una portería de balonmano. Sus brazos son tentáculos que apenas dejan ángulos libres para colocar el balón con escuadra y cartabón. Porque marcarle un gol al esloveno exige la precisión de un golfistas de alto nivel, no vale chutar adonde salga. Anoche, después del partido, Oblak ni siquiera se sentía héroe de la eliminatoria; su exagerada humildad no le permiten levitar sobre el suelo ni un instante. Tanto es así que Gabi le vaciló porque no había conseguido atajar el penalti de Müller. Si romper el hormigón de Godín es misión imposible; talar a Oblak es un acto suicida. Por eso el Atleti no pierde nunca y por eso disfruta sufriendo con esa sensación de estar recibiendo puñetazos con anestesia permanente.

 

 

Esto es Esparta

Jueves, 28 Abril 2016

El Atlético de Madrid venció 1-0 al Bayern Múnich en la ida de las semifinales de la Liga de Campeones.

Saúl Ñíguez es la respuesta de por qué Simeone es el entrenador más decisivo de los últimos tiempos. Banquillero discreto, el ‘Cholo’ le convenció con su particular terapia de que podría sustituir sin ninguna vergüenza al lesionado Tiago. Sentado en un diván, Saúl tardó poco en entender que el esfuerzo no se negocia y que, como sucedió con los espartanos de Leónidas, cualquier escudo mal colocado en la facción desarmaría a todos. Partido a partido, el todo terreno rojiblanco se ha convertido en otro prodigio de su entrenador; compañeros como Godín, Giménez, Koke o Griezmann agradecen eternamente a su entrenador que les sacara del montón y, en algún caso, de la nada. Un día después del gol ‘maradoniano’ al Bayern, a Del Bosque le plantean un debate improvisado: la selección necesita un trotón que recorra kilómetros con sentido y Saúl debe ser el elegido. La primera parte de anoche fue la enésima prueba de que la plantilla ha asimilado para sí el mensaje institucional de Arbeloa que parafraseó de J.F. Kennedy: “No te preguntes qué puede hacer el Atleti por ti, pregúntate que puedes hacer tú por el Atleti”.

Simeone nunca habla en vano y en su Arte de la Guerra demostró a Guardiola que “la guerra la gana el que utiliza mejor a sus soldados, no el que más tiene”. Precisamente, la táctica de Pep se hundió en los últimos minutos por llenar el área de Oblak de delanteros, no ‘falsos’ como a él le gusta y sí demasiado descarados para intentar cazar un balón. Reaccionó tarde el Bayern al empuje inicial del Atlético y su habitual resaca de mar que poco a poco arrastra a cualquiera a donde quieren los rojiblancos. Bastó un puñado de minutos para que la pizarra de Guardiola se llenara de tachones y los alemanes se sintieran paracaidistas aterrizados en Vietnam, sin saben dónde está el norte y el sur. El fútbol de alcantarilla tantas veces criticado a Simeone es, en realidad, el sacrificio de extenuantes entrenamientos en los que un solo jugador sin fuelle no es apto en la manada. Así se explica el ritual sagrado de que todos, titulares y suplentes, pasen por la báscula a diario. Si Mourinho es un obseso de la presión “alta, media y baja”, tal como él acuñó en el Real Madrid, al ‘Cholo’ no me molesta descubrirse como un alumno aventajado. La letra pequeña de este sistema es que corre riesgo de caducidad a partir de la hora de juego: de ahí que el Atlético retrasara líneas hasta sentirse acorralado por el Bayern, tal como le sucedió contra el Barcelona. Podría parecer suicida, pero no con  el argentino.

A la pregunta del principio, cada argumento pesa más que el anterior. En el atrevimiento de Saúl en una jugada sin peligro, en tierra nadie, Simeone es la explicación. Cada fichaje surge de una cuidadosa selección de guerreros que superan una criba, casi como los espartanos recién nacidos. Augusto jugaba en el Celta hace unos meses y parece que lleva una década en este Atleti. Es el muro de contención que encuentra el rival antes de arañar, si quiera, la defensa. Fernando Torres, sospechoso a principio de temporada, le ha devuelto la confianza a su entrenador en una misión hercúlea pero simple: enfangarse en el trabajo defensivo y sacar fuerzas para contraatacar. Lástima ese balón al palo de Neuer. Y hablando de porteros, Oblak sigue siendo el portero más caro de la Liga española, pero quién en su sano juicio se atreve a discutir su P.V.P de 16 millones. El club le ha blindado con una cláusula de cien, ¿exagerado? Con Simeone detrás, todo es premeditado. ‘Ya caerán’, decían los criticones acostumbrados a la guerra de dos mundos (Madrid y Barça).) Pero resulta que esa hormiga que intentaron pisotear sigue correteando.

Entre el fútbol y la siesta

Lunes, 5 Octubre 2015

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“Cuando el mejor de tu equipo es Casemiro, malo”. Lo dice un directivo de la planta noble del Bernabeu que no entiende por qué el Madrid no desangró la yugular del Atleti cuando estaba tocado y casi hundido. El ejemplo más práctico lo enseñó Arsene Wenger dos horas antes, con un Arsenal que logró hacerle jaque mate al United en apenas veinte minutos. Pero el estilo de Rafa Benítez no es orgiástico; prefiere mantener a raya al rival con un buen bloque de hormigón. En este mundo al revés, a Simeone le incomoda construir un Atlético de elaboración y no destrucción, mientras que Mister Rafa aplica las mismas tesis en un Inter siderúrgico que en este Real Madrid de los mil y un talentos. Tanto pesimismo merengue podría no haber existido si el equipo hubiese puesto en bucle los primeros diez minutos de derbi, hasta que el despiste de Sergio Ramos tumbó el castillo de naipes. Ése fue el red bull que dio alas al Atleti menos ‘cholista’ de los últimos tiempos. Quizá por eso, no fue el derbi eléctrico al que tipos como Diego Costa o Raúl García metían los voltios necesarios para abroncar el juego. La plantilla es más sugerente, con más peones de quita y pon y un pequeño ‘kuncito’ con ansias de liarla llamado Ángel Correa; pero sobre todo es higiénica. Aparece otro Atlético de laboratorio que intenta agarrar el balón a ras de césped y no envidar todas las cartas a los juegos de aviación. Este año las faltas ya no son medio gol y la cabeza de Godín no es tan prodigiosa. Falta madurar la nueva idea, pero hasta entonces se admiten ocurrencias en el think tank.

El Madrid también tiene demasiado trajín en su laboratorio de ideas. ¿Aguantará Florentino Pérez las reminiscencias ‘capellistas’ de Benítez? La segunda parte del Calderón fue una oda a la racanería que, pecando de ventajista, nadie sacaría a la palestra sin el gol de Vietto. Casemiro aguanta los puñetazos en las vértebras y permite que Kroos y Modric no se embarren tanto. El problema en la sala de máquinas es que la distancia entre el alemán y el croata son un buen puñado de galaxias. A favor de Modric, claro. Kroos recorre kilómetros esta temporada, muchos como un “pollo sin cabeza” (Toshack dixit). De repente, no encuentra ese guante de seda que coloca balones en cualquier palmo del campo. En cambio, Modric sigue siendo ahora mismo el futbolista total del Madrid., por delante de Cristiano, y de todos. Por segundo año consecutivo, un resfriado suyo puede alterar el destino de todo un club. Y no suena exagerado porque el precedente está ahí. Tampoco hay que recurrir a hipérboles para soltar que CR7 debería acabar su vida en el Madrid como delantero centro, y no en la banda izquierda donde sus dotes físicas comienzan a oxidarse. Su remate es tan letal por tierra, mar y aire, que no tiene nada que envidiar a Hugo Sánchez. Y eso son palabras mayores.

Benítez no es amarreta, ni siquiera practica el arte simplón del patapum p’arriba del que fardaba el guiñol de Javier Clemente. Sin embargo, el club le va a presionar si abusa en su vicio por la contención. La orden del general fue retrasar líneas para matar al contraataque y, lejos de sentenciar el derbi, acabó la noche con una crítica de Benzema: “Con todos atrás es muy difícil marcar goles”. Primer aviso de una de las estrellas del presidente. No obstante, las estadísticas son la prueba de que el algodón no engaña y los otros dos empates ante Sporting y Málaga fueron consecuencia de casi cincuenta disparos aciagos. Pero como el fútbol es una noria de sensaciones, la del Madrid de Rafa es que aburre a los puristas y en las barras de los bares. Los partidos de las cuatro de la tarde son una duda entre intentar sobreexcitarse con el Madrid delante de la tele o elegir el bendito hábito de la siesta. Casi una duda cartesiana. 

Cirugía del contraataque

Martes, 4 Agosto 2015

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“Un gol necesita un pase y Koke y Oliver lo dan”. Antoine Griezmann continúa la añada que tan  buenos vinos reservas dejaron Agüero, Forlán, Falcao y Diego Costa. Él no remata microondas en el área (Valdano dixit), prefiere la cirugía del contraataque. Su primer gol al Shanghai SIPG  es la idea perfecta que tuvo el difunto Luis Aragonés durante sus años en el banquillo rojiblanco. Porque al Atleti le gusta el toma y daca, aunque esta plantilla tenga un puñado de locos bajitos que mareen el balón y ‘traicionen’ los gustos siderúrgicos de Simeone. Y aunque la pretemporada permita cualquier galimatías táctico, al ‘Cholo’ nadie le va a pintarrajear su 4-4-2. ¿Con Oliver Torres? Por el bien del arte, sí; por la amenaza a ese fútbol tan industrial, quizá también. De las pocas mejoras que necesita el Atlético, una de ellas es aflojarse el corsé que le desplaza lento pero sólido. Con tanto artista en el mismo camarote, ya es hora de vivir noches alocadas en el Calderón. Habrá atléticos que quieran bailar un twist y otros que convengan a rajatabla las tesis cholistas prefabricadas. La suerte es que hay un equipo camaleónico con ganas de incordiar. Así es el Atleti.

El fondo de armario da para presumir en la Quinta Avenida. Si Griezmann se cansa, los últimos veinte metros los puede esprintar otro velociraptor como Fernando Torres. Aunque por la pasarela desfilará antes Jackson Martínez, especialista en engatillar todo lo que se menee por el área. Y, por supuesto, Vietto, un pillo escurridizo que está al quite de cualquier despiste. Sin olvidar, claro, a Correa, la versión novata del Kun Agüero. O sea, que si el Atlético gafa la portería rival este año, sólo lo podrá explicar la ciencia infusa. Cualquiera que haya visto la goleada de esta mañana, dará fe de ello, porque de repente ha nacido un cuchillo afilado por la banda izquierda. Hizo poco ruido y muchas nueces (perdón por blasfemar la expresión) en Monaco, y ahora le da alas a su nuevo equipo. Carrasco pinta a jugador revelación, de esos que con una mano de chapa y pintura made in Simeone, calentará el mercado del próximo verano. Pero ya lo saben: el Atlético cambió su eslogan del escaparate. No son un club vendedor.  

 

El Rey Leónidas sigue reinando

Mircoles, 25 Marzo 2015

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“O me sigues, o no me sigues; el liderazgo no se puede explicar”. Un dogma de fe con el que Simeone justificó su hueco en el fútbol en una entrevista en Jot Down Magazine. Y como el esfuerzo no se negocia, cada atlético sabe que, con más o menos talento, debe entrar todos los días al vestuario con el mismo alma de espartano; la falange es crucial para que el equipo no se desplome, porque si un solo futbolista no baja a defender, si uno de ellos no mantiene rígido el escudo, el enemigo puede clavarle el puñal hasta el esternón. Aquel sábado de enero de 2012 su primer Atleti empató a cero en Málaga y Radamel Falcao acabó el partido jadeando: “Ni en el Oporto corrí tanto”, dijo el tigre colombiano en La Rosaleda. El efecto ‘pupas’, coartada facilona para ahogar las penas de la sufrida afición, tenía sus días contados: el ‘Cholo’ no era otro producto volátil de esa empresa de compraventa de entrenadores que había devorado días antes a Goyo Manzano. No, el club necesitaba un carisma como el de Luis Aragonés y sólo Simeone estaba preparado para captar feligreses. Gil Marín le eligió sin contemplaciones, así lo habría querido don Jesús.

El rey Leónidas no ha traicionado a su pueblo. El club se ha volcado en él porque sin el ‘Cholo’ se olían el fatalismo. Todavía no ha nacido un digno sucesor; alguien que abra un cajón desastre y aplique una terapia de choque brutal. “No hay lugar para la debilidad. Sólo los recios…sólo los fuertes”, el resto no merece adoctrinarse en el ‘cholismo’.  Un ejemplo reciente fue el italiano Cerci, de gran cartel en Italia pero que no supo embarrarse lo suficiente para pelear por ese sentimiento de pertenencia en la plantilla. Simeone le amenazó con ignorarle si no perdía cuatro kilos y la estrella del Torino no se creyó el órdago del entrenador. En una comida el ‘Cholo’ saca su guasa, pero con el trabajo nunca bromea. Y menos de las sugerencias del ‘profe’ Ortega. Se fue Falcao y la prensa se echó las manos a la cabeza; ¿quién más en el mundo remataría un microondas con la cabeza? Nadie, ni siquiera Diego Costa, aunque tampoco hizo falta. De suplente del Rayo Vallecano a martillo pilón del Real Madrid. El hispano-brasileño entendió el fútbol arrabalero de Simeone y jugando a tumba abierta (requisito imprescindible) se ha convertido en estrella mundial. Es la verdadera gracia del ‘Cholo’, rey Midas de las causas perdidas. ¿Acaso Godín parecía un émulo de Fernando Hierro en el Villarreal? Su compañero de batallas, Miranda, tenía más pinta de Pablo Ibáñez o Luis Amaranto Perea que de central suplicado por media Europa. Razón: miren al banquillo.

Raúl González siempre agradecerá a Valdano aquella oportunidad imposible y Koke Resurrección se atrevió a darle un portazo al Barcelona el pasado verano sugestionado por Simeone. Su disyuntiva era evidente: ganar dinero y fama en Can Barça con el riesgo de marchitarse a la sombra de Iniesta, o mirar de reojo a la banda del Calderón y encontrar a su confidente. No se ha arrepentido porque esos cuartos de final ante el Madrid los habría firmado el mismísimo Adelardo. “Va a arder Troya”, dice un peso pesado del vestuario colchonero. Desde luego, con Simeone los derbis se han disfrazado en duelos Nadal-Federer en los que Federer es el mejor de la historia, pero en los que Nadal casi siempre tumba a la historia. Ahora el gigante no puede con el liliputiense. Disculpas al Atleti, hablaba en pasado. Precisamente, el ‘Cholo’ ha necesitado pocas sesiones para convencer a sus acólitos que la grandeza volvía a ser posible. Pero su aspiración no es ser tercero de España. De eso no presume Simeone, sí lo hacía la familia Gil; tampoco de títulos como su admirado Mourinho. “Hay un refrán que dice que si el 49% de la gente te sigue, date por satisfecho. Cuarenta y nueve, eh, ni siquiera el cincuenta”, cuenta el ‘Cholo’. No ha calculado bien porque ha reinventado el refrán: dejémoslo en un 99%.

“¡Mario, cabeza y atrás!”

Mircoles, 18 Marzo 2015

Mario Suárez/fichajes.net

El esfuerzo no se negocia. Tiene pinta de que será el título de un futuro Informe Robinson sobre este Atleti, cuando pasen los años y el fútbol mire en perspectiva cómo un entrenador cambió para siempre la historia de este club. Hace años, durante el apogeo del ‘pupas’, los rojiblancos habrían perdido la eliminatoria de anoche sí o sí. Un despropósito, cualquier jugada maldita o un fallo a lo ‘loco’ Abreu habrían descompuesto a una hinchada que ni siquiera con Simeone habría esperado estos paseos por el elíseo. Y como lo que no te mata, te hace más fuerte, el sufrimiento extremo de los penaltis ha inmunizado al equipo hasta el punto que hay futbolistas en el vestuario que piensas que Berlín es un destino muy viable. Como dijo Rubén Martín en la narración de Tiempo de Juego, “si se cree y se trabaja, se puede”, axioma cholista que entierra de por vida cualquier gafe pasado. El Atlético se ha esforzado por entrar en la sala VIP y el resto de Europa ya no le mira por encima del hombro: ningún club, menos el Real Madrid, quiere cruzarse con ese Rafa Nadal puñetero al que intentan pisar y sigue correteando. Quizá no vuelvan a rozar otra ‘orejuda’, pero sin duda la buscará a tumba abierta. Viene en las tablas de los mandamientos de Simeone por los siglos de los siglos o, al menos, hasta el 2020, fecha de caducidad de su próximo contrato.

El Atlético se sobrepuso a sí mismo porque entendió que no merecía la pena sentarse en un diván ni un solo instante. Agitado por el jugador número 12, salió encendido a por la yugular del Bayer Leverkusen con demasiado alboroto. Y mientras Arda frotaba su lámpara sin que saliese el genio del ‘ardaturanismo’, el partido necesitaba a un pecho frío que pusiera sentido común al fútbol. Sin Gabi en el campo, Koke se perdió entre la maraña alemana; así que un invitado siempre sospechoso dio un paso al frente. Mario Suárez necesita trabajar el doble que los demás para arrancar una sonrisa al Calderón; los pitos y el murmullo siempre penden de un hilo cuando el balón llega a sus pies. Pero, paradojas de este bendito espectáculo, Suárez nunca se borra en los partidos grandes, marrones para cualquier suplente pero bendiciones para él. Y se agradece que no viva en un universo paralelo como la mayoría de su gremio: “Me esfuerzo para que no me piten”, dice con resignación. Su trallazo al estilo Deco alivió a un Simeone que nunca se acaba de fiar de Mario titular. Y no lo hace porque frecuentemente pierde ese balón tonto que puede causar un cataclismo, Anoche también sucedió pero el Leverkusen no supo interpretar el regalo. El rol de Suárez bordea el precipicio porque un solo despiste suyo desnuda a toda la defensa. ”¡Mario, cabeza y atrás!”, fue la orden permanente del ‘Cholo’ a su pupilo. No sabemos si Mario se ha quedado en el Atleti por una negociación torpe con el Inter de Milan o el empecinamiento repentino del entrenador, el caso es que el centrocampista necesitaba cobrarse alguna recompensa.

A Torres le llegó en forma de penalti decisivo. Ya no es ese Fernando Torres, Liverpool’s number nine de Anfield, pero tampoco se le caen los anillos para afanarse en el trabajo sucio. Sabe que Griezmann es la sensación y él se empeña en lo suyo: buscar espacios atrofiando líneas defensivas. Desde luego, la responsabilidad en la tanda de penaltis era demasiado arriesgada: son una lotería maldita que pone a cada uno en su sitio. Sucedió con Kaká cuando falló su disparo ante Neuer en aquella semifinal Madrid-Bayern Munich. Y a Torres le habrían perseguido los fantasmas de la calle si el portero Leno se hubiese estirado medio metro más. No fue así y eso demuestra que el ‘Niño’ tiene talento para situaciones límite. Que se lo digan a la selección española o al Chelsea.

A la morgue sin pegas

Lunes, 9 Febrero 2015

La camiseta del Madrid se puede manchar de sudor y barro, pero nunca de vergüenza”. Palabra de Don Santiago Bernabéu. A Raúl González se lo recordó un periodista español en la zona mixta de Anfield instantes después de que su equipo deshonrara el escudo. La noche de los cuchillos largos de Liverpool fue una de las motivaciones para que Florentino Pérez volviese a escena en medio de la decadencia presidencial. La Champions contempló el ridículo histórico de un Madrid que saltó al césped intimidado por el atronador You’ll never walk alone. La competición fetiche de la historia merengue pedía a gritos un cambio, porque aquel 4-0 no fue la enésima maldición de los octavos (la siguiente temporada sucedería la del Olympique de Lyon) sino la defunción definitiva de un equipo que, lejos de pelearle al Liverpool, se fue directo a la morgue sin poner pegas.

“El 4-0 del Atleti da más vergüenza que el 5-0 de Mourinho en el Camp Nou”. Lo dicen los pesos pesados del vestuario blanco. Al fin y al cabo, aquel Madrid salió con un plan que, aunque mal ejecutado, Mourinho practicó durante la semana previa. Se trataba de la curiosa teoría del ‘triángulo de presión alta’ o, dicho coloquialmente, el ‘trivote’ que tanto gustaba al portugués y que reventó con dos goles rápidos del Barça. El derbi del sábado murió para el Madrid en el cambiador, cuando ningún futbolista titular intuía que el Atleti saldría como un rottweiler a morder la yugular desde el primer segundo. Un equipo que se estiraba y replegaba como un acordeón contra una banda convencida de que la estadística reciente no podía ser tan fatalista. La línea entre la gana y la desgana la trazó Godín, quien se negó a salir del campo con la nariz fracturada: “sólo me voy del campo si me matan”, dijo el ‘mariscal’ uruguayo a sus médicos mientras le colocaban el aparatoso vendaje. Con tal pasión, y con el resquemor causado por esa extraña corriente de opinión que define al Atleti como equipo macarra, peleón (en el sentido despectivo) y, en definitiva, violento, los rojiblancos partieron por la mitad la pizarra de Ancelotti jugando un fútbol más reserva que crianza. Ellos no tienen ‘BBC’ ni tridentes de exposición como el de Messi, Neymar y Suárez, pero atacan y defienden como una falange espartana. Un pequeño resquicio entre los escudos y el resultado puede ser nefasto.  Simeone convertido en el rey Leónidas sin miedo a morir contra un imperio persa descabezado, que se mueve torpemente como un cíclope, y que choca brutalmente contra los espartanos en el angosto desfiladero de las Termópilas. Así se siente el Real Madrid en la nueva era de los derbis.

Martí Perarnau cuenta en su libro Herr Pep que Guardiola conoció y compartió cenas en Nueva York con el mítico Gary Kasparov durante su año sabático. Y en una de esas veladas, Kasparov confiesa al actual entrenador del Bayern que le sería imposible ganar al jovencísimo campeón mundial Magnus Carlsen. La reflexión impresiona tanto a Guardiola que le pregunta por qué, a lo que el genio ruso replica sin argumento “porque es imposible”. Ancelotti tampoco encuentra explicación a su fobia patológica. El Atlético ha pasado de ser el hermano pequeño del Madrid que se llevaba todas las collejas a un tipo hecho y derecho, que no sólo ha madurado sino que supera a su hermano mayor en físico (en cualquier línea del campo) e intelecto (la batalla del centro del campo fue crucial). Y eso que el Madrid andaba lisiado con tantas lesiones, aunque poco habría importado: el ‘Cholo’ le ha puesto a su vecino la camisa de fuerza y está a punto de ingresarlo en el manicomio. La coartada merengue sigue siendo aquel minuto 93 de Lisboa, pero los últimos acontecimientos invitan a pensar que la cabecita de Ramos sólo se cree como un milagro de Fátima.