Blogs

Archivo de la categoría ‘Tata Martino’

Explota el propano

Mircoles, 7 Enero 2015

corte-pelo-messi.jpg

“Presidente, o me deja sancionarle o me voy”. En su habitual estado volcánico, Louis Van Gaal amenazó al presidente José Luis Núñez porque el caso Rivaldo le había agotado. Sucedió en diciembre de 1999, cuando la estrella brasileña del Barça acababa de ser informado que recibiría el Balón de Oro y había decidido ir de gallito con su entrenador. Bajo ninguna circunstancia, Rivaldo jugaría de extremo izquierdo en el partido liguero de Vallecas porque se había hartado de los planteamientos férreos del holandés. El cuerpo técnico y algunos compañeros como Figo o Kluivert intentaron convencer al media punta brasileño para que rectificara, pero prevaleció su tozudez. Van Gaal consideró la negativa como un acto de indisciplina y le dejó fuera de la convocatoria contra el Rayo. Al día siguiente, Núñez y su entrenador se reunieron en el Camp Nou, y Van Gaal le dijo que no iba a tolerar “caprichos de niño” por mucho Balón de Oro del que pudiera sacar pecho.El desencuentro protagonizó la trama de aquellas Navidades en la Ciudad Condal y Rivaldo evitó meter otra cerilla en el inflamable vestuario rechazando más días libres de lo habitual para las vacaciones de fin de año en su país. Después de Reyes, Núñez comunicó al jugador que estudiarían seriamente aumentarle el salario en su próxima renovación pero, a cambio, le insistió en que no fuera tan rebelde con Van Gaal por el bien del equipo.

Los decibelios de los chismorreos en Can Barça llegaron a un nivel tan ensordecedor que Van Gaal, conminado por el club, aprovechó una rueda de prensa rutinaria para activar el protocolo de mentiras. “Hablé con Rivaldo y no hay ningún problema (…) Todo el vestuario está unido para intentar ganar todos los títulos (…) ¡Felicidades! Os habéis reído mucho inventando en el tema de Rivaldo”. Meses después, el Barça fue cayendo en todas las competiciones como fichas de un dominó y Van Gaal, oteando el tsunami que se aproximaba, se despidió de los periodistas al son de “¡Felicidades, lo habéis conseguido!”. Rivaldo ganaba un pulso demasiado latoso en el tiempo y José Luis Núñez se despedía de la presidencia por el desgaste de las críticas de la grada, la prensa y esas pequeñas peleas de vestuario que fueron esquilmando su último proyecto. “Había demasiada tensión”, comentó Núñez años después en una entrevista en TV3.

“Había que rebajar la tensión”. Coartada de parvulario que ha usado Josep María Bartomeu para convocar elecciones. El soci las pidió a gritos el día que Sandro Rosell dio la espantada; necesitaban a un presidente electo, no de cartón piedra. Pero los cenáculos periodísticos del Barça ya murmuraban entonces que el flamante presidente tenía fecha de caducidad: la que dictara Leo Messi. Descontento con la gente de traje y corbata de la  planta noble del Camp Nou, el crack argentino intuye que la directiva filtra a la opinión pública basura sobre él. El ‘Tata’ Martino fue un obsequio generoso de parte de Rosell, pero la familia Messi sabía que su fichaje exprés apenas duraría una temporada por la “falta de sintonía con la cultura culé”. Es decir, que Martino era un ente ajeno y extraño para el universo Barça.

Y de Martino a Luis Enrique, la solución (según Zubizarreta) a la dejadez del vestuario y la pelea de egos, empezando por el ‘10’ argentino. “Soy un líder”, espetó Luis Enrique en una de sus primeras comparecencias públicas en julio. Lo supo Francesco Totti, gurú físico y metafísico de la Roma, cuando decidió subirse al ring con Luis Enrique en su única temporada en Italia, y lo ha terminado por entender Messi, capataz del rancho desde que Guardiola lo abandonó. En el trasfondo, irá apareciendo Joan Laporta. La carta maestra del próximo entrenador quizá decida presidentes, pero el barcelonismo olvidará la due diligence del ex presidente a tenor de este desastre de proporciones bíblicas. Al fin y al cabo, la clave del éxito en el Barça es controlar el propano. O, dicho políticamente correcto, “rebajar la tensión”. O, hablando en plata, seguir dispensando a Messi trato de faraón. Rivaldo ganó su pulso a Van Gaal, ¿qué suicida cree que el argentino no se impondrá a Luis Enrique?

El Madrid ignoró a Di Stéfano

Lunes, 5 Mayo 2014

parejo.jpg

“Dani Parejo es el mejor talento que ha dado La Fábrica”. Palabra de Alfredo Di Stéfano, quien dejó de ir a Valdebebas tras la marcha del canterano al Queens Park Rangers. Algo tenía Parejo que enamoró a ‘La Saeta’, quizá su actuación de anoche evidencia que el Madrid debió hacer caso a su presidente honorífico. Y Parejo, genio apático por naturaleza, volvió al Bernabéu para reivindicar que su antiguo club también fabrica jugones. Él lo es al tran tran, un ritmo que mató la hipervelocidad de los blancos. Ningún quinielista se habría jugado si quiera un doble en este partido: el Valencia venía moribundo, casi metido en el tanatorio, y con unos jugadores agotados; el Madrid, en cambio, recibió el chute moral de la derrota del Atlético. Sin embargo, los ché suelen gustarse en el Bernabéu porque salen excitados, unas veces por su odio sarraceno a todo lo que huela blanco y otras por escándalos arbitrales. No obstante, no era la visita más indicada para darle otro costalazo a la Liga.

Los caprichos de las matemáticas descubrieron un inopinado seguidor merengue: los colchoneros. El 1-2 estremeció al Atleti hasta el punto de imaginarse toda una temporada a la carta del Camp Nou. Por suerte para ellos, Cristiano alivió sus temores y enterró bajo tierra las gigantescas posibilidades que había cobrado un Barcelona que, de repente, había pasado de zombi a máximo favorito. Y con el empate a dos, al Madrid aún le quedaba una bala en la recamara, una ocasión imposible de esas que a veces levantan al Bernabéu. La tuvo el ‘bicho’ en un cabezazo manso y la aplaudió casi todo el fútbol español, encantado con alargar el morbo hasta la última jornada. La “liga de mierda” (Del Nido dixit) se ha sacudido su cariñoso apelativo gracias al discurso plomizo de Simeone y a las cagadas impensables de Madrid y Barça. Y con o sin maletines por medio, Javier Tebas, presidente de la LFP, debe agradecer a equipos “sin motivación” dejarse la piel en trámites que sólo les toca su profesionalidad.

Es el caso del Levante, creado en pequeñito  a imagen y semejanza del Atlético, y con el amor propio de un club de Champions. Caparrós supo asfixiar a un extenuado líder que no estaba para más batallas esta semana. Y si Koke no está fino, su Atleti se gripa; de ahí la trascendencia de un centrocampista que tendrá que sentarse a sopesar la pila de ofertas que le están llegando de media Europa. Pero Koke es santo y seña del club, como lo fue Fernando Torres… hasta que acabó hartándose.

Game over. Fue la expresión más recurrida en twitter para describir el cataclismo del Barça. Busquets habló y tiró la Liga por el retrete; Xavi también la metió en el sumidero y, por si se había obturado en la cañería, el ‘Tata Martino’ terminó de empujarla hasta el vertedero. Incluso, el entrenador argentino tuvo la gentileza de adelantar a la prensa su fecha de caducidad. Quizá se quiera borrar ya del marrón de la próxima temporada, ése que se comerá Zubizarreta, según anunció la directiva frotándose las manos. La jugarreta es fácil: si la política de fichajes fracasa, Bartomeu y todos sus directivos medio interinos (¡elecciones ya!) tendrán su cabeza de turco. Y mientras Messi sigue andando por el césped, la prensa culé apunta a tres despojos fáciles de liquidar: Song, Alexis y Cesc Fábregas. Este último metido en una extraña bronca de la grada. Cesc es un incomprendido porque cree que su afición no agradece haberse mutado constantemente: de centrocampista organizador con Wenger a falso nueve de Guardiola, terminando en media punta forzado. Él pensó que el club de su vida le fichaba para aprovechar su máster acelerado del Arsenal, lástima que se confundiera.

 

 

Boskov analiza la Liga

Lunes, 28 Abril 2014

atl_tico_madrid_3_1_.jpg

“El fútbol es bello porque es sencillo”. El ‘Cholo’ Simeone honró una de las míticas frases de Vujadin Boskov. Su fútbol afín a Mourinho resuelve partidos y aplaza domingo a domingo aquel manido cliché de agosto del ‘Ya caerán’. Como dice Rubén Uría, han pasado 35 capítulos y el Atleti ha esquivado su enésima bala. Lo que al principio parecía una ruleta rusa donde los colchoneros podían pegarse un tiro en cualquier momento, ahora es un bloque de cemento armado que nadie, ni en España ni en Europa, ha sido capaz de hacer trizas. Es ese fútbol sencillo que alimenta la pasión rojiblanca, entretiene a quienes prefieren al tercero en discordia y cabrea al amante del fútbol alegre y marchoso. Hoy por hoy, madridistas y culés a ratos. Pero qué más se le puede exigir a una plantilla que cada verano tiene que soltar estrellas para cuadrar su balanza de pagos. Seguirá la fuga de estrellas, por de pronto la de Diego Costa al Chelsea, pero mientras esté el ‘Cholo’, cualquier futbolista peleará en el barro hasta ahogar al contrario y maniatarle hasta pedirle la rendición. En Mestalla Simeone se encontró con la pizarra perfecta desde el principio…”el balón, cuanto menos se tenga, mejor”. El axioma mourinhista fue resuelto a raja tabla: el Valencia propuso y los rojiblancos rehuyeron el juego. Salieron a buscar una contra letal que hiciera saltar por los aires el ímpetu de Paco Alcacer y toda su tropa. Y tuvo que ser el de casi siempre, Raúl García, capitán general en funciones y brazo ejecutor de Simeone, quien sacara oro de un centro imposible.

“Un entrenador siempre tiene que marcharse”. ‘Tata’ Martino debió tener en mente la grandilocuencia de Boskov. El Villarreal estaba atrofiando la dedicatoria eterna del Barça a Tito y los fantasmas de todo el año reaparecían en el banquillo. Demasiado sufrimiento para un barcelonismo apenado y todavía en trance. Sin embargo, los infortunios del fútbol devolvieron a los culés su amor propio, no tanto por darle vidilla a la Liga como por rendir tributo a su ex entrenador. El Barça no podía perder, anoche no, y ganó al estilo del Madrid, atendiendo a la fe más que a la razón. No le pega pero a estas alturas el equipo afronta los partidos como si fueran marrones a la espera del final de temporada y la consecuente revolución de Zubizarreta. Y como dijo Martino, no era el día apropiado para hablar de fútbol; es más, el protocolo mandaba aplazar el partido por la conmoción de Tito, pero como dijo Paco González, “las lágrimas de Busquets, un tío que lo ha ganado todo, dignificaron el fútbol”.

“Quiero un equipo de ataque porque me gusta el fútbol ofensivo y también porque al público le gusta”. Alfredo Relaño publicó la declaración de intenciones de Boskov allá por agosto de 1979, en la presentación del serbio como entrenador del Real Madrid. Carlo Ancelotti prometió un fútbol “espectacular” el día de su puesta de largo y ha fallado por poco. El Bayern no era el rival propicio para exhibir el Circo del Sol en el Bernabéu; por eso, se aisló de fanatismos populares y sacó su flema italiana. Impasible ante el lastre de los últimos once años en Champions, Carletto pergeñó su semifinal ganándole a Guardiola la primera partida de ajedrez. La segunda empieza con ciertas pistas, las que dejaron los contraataques del Werder Bremen en el Allianz. Pero la goleada a Osasuna sólo sirvió de pachanga a Cristiano Ronaldo, que utilizó a los rojillos para calibrar sus misiles tomahawk. Poco más en un 4-0 que alimentó por unas horas el morbo de un posible patinazo atlético. Todos los madridistas tenían en mente un objetivo y otra máxima, ésta no de Boskov: “El Madrid siempre marca”.

El portero de los mil tentáculos

Mircoles, 2 Abril 2014

1396385125_extras_portada_0.jpg

El Tata Martino tuvo olfato con la guerra de trincheras que se le avecinaba. Su mensaje a la plantilla fue contundente: “Si no vamos con todo, nos ganan”. Cristalino. El vestuario entendió la teoría pero tardó en ponerlo en práctica, el tiempo que don Andrés Iniesta se puso la camiseta del New Team de Oliver Atom. Porque hasta que llegó la inspiración manchega, el Atlético fue la pesadilla que Martino había definido con la habitual grandilocuencia argentina, “es el equipo que maniata a las individualidades”. Tal cual. Simeone jugó al despiste con Diego Costa en la previa pero no vaciló en su pizarra táctica: sacó su bloque de cemento armado para que Messi se pegara cabezazos contra el muro. El secreto estaba en la masa; no sólo se trataba resquebrajar la zaga rojiblanca, el Barça tenía que lograr una gesta todavía más homérica: batir al portero más en forma del mundo.

Thibaut Courtois sacó sus mil tentáculos delante de la portería sacando balones de todos los colores. Elástico por abajo y volador por arriba;  el meta belga se doctoró en un santuario más. Precisamente, en el Camp Nou tenían informes cum laude sobre Courtois, pero éste anunció anoche en COPE que su futuro inmediato se limita a Atlético y Chelsea. Es decir, que renovará su contrato con el club londinense pero le pedirá a Mourinho que le mantenga un año más en el Calderón. No en vano, el pasado verano ‘Tibito’ pidió al técnico portugués que le dejase continuar en Madrid para foguearse. Ésa fue la razón deportiva; había otra personal y era su novia. Mourinho fue flexible con él consciente de que aún podría disfrutar de los últimos coletazos del pétreo Peter Cech. Pero Courtois ya se ha hecho mayor y sólo una súplica con inmensas contraprestaciones le puede retener en España. En su decisión, que hará pública en unos días, pesa la continuidad del guardameta checo la próxima temporada. Tal es la jerarquía de Cech en el Chelsea que Mourinho aceptó que su asistente Silvino Louro dejase de ser entrenador de porteros para convertirse en primer ayudante del entrenador (así reza en la web del club); el francés Cristophe Lollichon se mantiene como entrenador de porteros desde que Cech fichó por el Chelsea.

Pero volviendo al partido, sólo Iniesta se puso el disfraz de superhéroe para poner balones imposibles, como la asistencia made in Laudrup en el gol de Neymar. La jugada fue tan espectacular como el misil tomahawk de Diego Ribas. El brasileño regresó a Madrid en loor de multitud y hasta anoche no devolvió los agradecimientos. Desde luego, su gol compensa su fichaje. Tal fue la barbaridad de su gol que más de un compañero lo comparó con la volea de Zidane en la ‘Novena’. Francamente, ambos fueron bestiales y con ejecuciones complicadísimas. El de Zizou ha quedado inmortalizado y el de Diego también es apto para un museo, siempre que el Atlético remate la faena en el Calderón. Tampoco sería una sorpresa porque los rojiblancos se han quitado la piel de cordero; son tan duros de pelar como los boinas verdes. Razón: portería de Simeone.

Cada partido agiganta el talante del argentino en el banquillo, porque sólo gracias a él su Atleti ha cambiado los decadentes derroteros que había tomado su centenaria historia. En las charlas de barra de bar siempre se ha comentado que cualquier ignorante podría entrenar a las plantillas millonarias de Madrid y Barça, más que nada porque juegan solos. En el Atlético es diferente: Simeone es un motivador nato y casi infalible en el ajedrez táctico que plantea cada rival. Anoche sólo falló en la sustitución de Villa por un ingenuo y tierno Sosa (al argentino le queda grande este Atlético). En la otra acera, la resaca del empate deja un fuerte aplauso a Martino por inyectar un buen chute de intensidad a sus jugadores, pero en el horizonte otea una verdad injusta e hiriente para el barcelonismo: el Barça de Guardiola y el de ahora son como la noche y el día. Nada tienen que ver en su fútbol. Es más, si Iniesta no hubiese actuado de mago improvisado, el partido se habría parecido a las peleas cancheras de la liga argentina. Así que, gracias, Iniesta de mi vida.

Dos abuelas con la Playstation

Lunes, 24 Marzo 2014

neymar.jpg

El Madrid-Barça se resume con la metáfora de Paco González: “Es como si a dos abuelas les das una Playstation y se ponen a jugar al FIFA”. Disparate tras disparate, el clásico resquebrajó las pizarras de los entrenadores. Si hay un tipo cuyo cabreo alcanza proporciones bíblicas no debería ser Ramos, ni Cristiano (los rajadores de anoche), sino Ancelotti. Su rostro se descomponía con cada cagada defensiva y el consecuente gol azulgrana. El primero, despiste de Carvajal a su espalda; el segundo, error de niños en un patio de colegio; el tercero, gracias a la versión más oscura de Ramos y el decisivo por una zancadilla sin sentido de Xabi Alonso. El técnico italiano se desgañitaba desde la banda sin llegar a comprender cómo se puede alocar tanto ese fútbol que él tanto ama. Para un obseso del rigor táctico, tener que morderse la lengua ante una defensa verbenera es un marrón de muy mal gusto. Ayer, Carlo fue Carlo y no el Carletto que le dan ataques de entrenador: alineó a los mejores, que hicieron lo que el Barça les permitió y, desgraciadamente, no supo reaccionar a tiempo. Cuando el Madrid se quedaba sin aliento y pedía a gritos el empaque de Illarra, el míster dejó que Di María se desfondase hasta quedarse sin reprís.

Tampoco el ‘Tata’ habría quedado satisfecho si la película hubiese acabado con empate a tres: Mascherano y Dani Alves parecían Pepe Gotera y Otilio haciendo una chapuza detrás de otra. Cualquiera que viese la primera parte se daría cuenta que era un partido para que el mítico Santillana se hubiera puesto las botas con balones templados al área. El Barça era un alma cándida en defensa pero Benzema, aún con sus dos goles, no taladró hasta el fondo. De haberlo hecho, la sangría habría sido considerable. Ancelotti cazó con su gato y Martino fió su reputación al ingenio de Iniesta. Recuerdo una tarde en la redacción de Cope Deportes en la que discutimos quién era mejor: Zidane o Iniesta. La votación fue muy justa y ganó el astro francés. Pero quitando el efecto marketiniano y el impacto del que entonces fue el fichaje más caro de Florentino Pérez, el manchego no tiene nada que envidiar a ‘Zizou’. El azulgrana advirtió a su entrenador de que nunca se le puede sacrificar en el banquillo por mucho que a veces no mueva el balón como si fuera un malabarista Se doctoró cum laude en el Bernabeu sin necesitarlo y casi eclipsó a Leo Messi, cuyo hat trick dará la vuelta al mundo en contraste con la impotencia de su némesis portuguesa.

Pero para impotentes, los cromos de los cien millones. Gareth Bale se salió de campo varias veces emulando a Forrest Gump en sus partidos de fútbol americano. El galés comprime tanta potencia que le resulta dificilísimo controlarla. Y eso al Madrid le debilita porque, con Cristiano desaparecido en combate, Bale tiene que hacer honor a su PVP. También Neymar, a quien la prensa debería dejarle este año de excedencia; al menos, siempre podrá excusarse en la coartada del penalti de Ramos. No obstante, lejos de dar la matraca en las portadas deportivas, Neymar y Bale ni siquiera merecen ser actores de reparto. Hay varios compañeros en sus equipos que cuajan mejor. Pero en el caso del brasileño y toda la operación maquiavélica de su fichaje, es entendible que Messi, o su famoso entorno, se enojen con el club: merece ser el mejor pagado por delante de Iniesta y a una distancia sideral del resto que tampoco encabezaría Neymar. Aunque ya se sabe: los brasileños aprendieron bien de los argentinos en el arte de vender jugadores con ínfulas ‘maradonianas’. O en el caso de Neymar, su incomprensible comparación con O Rei Pele. ¡Qué daño han hecho al fútbol las comisiones!

Guardiola nunca se fue

Lunes, 10 Marzo 2014

messi-reuters-644x362.jpg

“Del més que un club, el Barcelona ha pasado a ser un club más como otros”. Es una de las grandes reflexiones del fin de semana y para encontrarla hay que irse a Francia, donde Christophe Dugarry, comentarista estrella de Canal Plus Francia, analiza a su ex equipo partido a partido. Ya ni siquiera la prensa barcelonista intenta consolar al gran público porque todos coinciden en el apocalipsis de este ciclo; sin ir más lejos, Lluis Mascaró escribió con contundencia en su contraportada dominical del Sport: ‘Fin de ciclo’. El estado de desánimo recuerda al fin de Frank Rijkaard, sólo que entonces la opinión pública mandó al cadalso a varios personajes acusados de culpables, empezando por el propio entrenador y seguido del trío caprichoso Ronaldinho, Eto’o y Deco. La guerra de egos destruyó a un equipo predestinado a ganar un puñado de Champions. Hoy, el Barça vuelve a desvencijarse sin un vestuario en llamas. “Tarde o temprano debía llegar este momento”, dice Josép María Minguella, conocedor de la mayoría de secretos de alcoba en ese club. El Barça no es ninguna excepción: el Ajax de Johan Cruyff se tambaleó con la salida de su mito; el gran Milan de Sacchi (y Capello) naufragó desde la derrota contra el Ajax en la Champions del 95 y el Madrid más universal pecó de galacticidio. Es la ley del fútbol y al barcelonismo le consta.

Pero el Barça sigue siendo excepcional en su raíz de origen, no la centenaria sino la que motivó Rinus Michels, primero, y Cruyff, después. El fútbol contemporáneo se rige por las leyes del resultado y el botín de títulos acumulados basta en todos los clubes salvo el azulgrana. Gane o no Champions, Copa o, incluso, Liga, la conclusión será igualmente unánime: la necesidad de resetear una plantilla ahíta de éxitos. Y como las comparaciones son tan odiosas como inevitables, el Madrid fichó a Mourinho con el único cometido de ganar a cualquier precio, mientras que Guardiola abandonó el club de sus amores dejando una advertencia: las victorias no importan tanto como el estilo. Y aunque sea una afirmación demagógica (cualquier culé preferiría una Champions estilo Chelsea de Di Matteo a dos o tres temporadas de espectáculo baldío), prensa, afición y el propio club han inventado un universo paralelo donde el buen gusto debe primar sobre todas las cosas. En esta dimensión ha aparecido el ‘Tata’ Martino como un ente extraño que cogió el Barça por accidente y a quien no se le ha exigido descubrir la pólvora sino motivar a sus jugadores para intentar un último año bestial antes de la catarsis de jugadores.

Y aunque el “talento permanece pero la edad no perdona”, como suele decir Jose Mari Bakero, testigo directo del final de Cruyff en el banquillo, los ‘Picasso’ patentados por el Barça seguirán pintándose con la misma brocha pero diferentes pintores. Es el fruto de la impotencia y, en consecuencia, de pataletas infantiles como Xavi y sus eternas quejas contra los pastos de vacas, o la fe ciega que proclama Dani Alves después de cada derrota. La causa apunta a la falta de actitud, de salir en Zorrilla con las mismas ganas de una noche de Champions. Y en ese achaque falla hasta Leo Messi. Por eso, el próximo clásico del Bernabéu sí pinta a otro partido del siglo: el que decidirá si la apuesta de Ancelotti es la guadaña que necesitaba Florentino para destripar al eterno rival o, en cambio, si el Barça todavía alegra a su gente cuando le apetece. Suceda el 1, X o 2, el caos institucional derivado en el césped borrará cualquier vestigio de Rosell y, por ende, su antecesor Joan Laporta. Sin embargo, aún con el amanecer de un nuevo Barcelona, la misma efigie seguirá ondeando en las gradas del Camp Nou: Pep Guardiola.

El botón del off

Domingo, 23 Febrero 2014

real-sociedad-fcbarcelona-foto_54402471481_54115221154_600_396.jpg

El ‘Tata’ Martino dijo en el Etihad Stadium que los errores arbitrales a favor del Barça se repetían “diecisiete veces más” que las acciones en contra. Quizá por la efervescencia del jaque mate al City no fue el momento de apostillar que sus derrotas también se dimensionaban pero veinte o treinta veces más que cualquier victoria; lógico por otra parte en un equipo que apenas pierde un puñado de partidos cada temporada. Sin embargo, si el propio técnico reconoce fallos de pizarra, suceden dos consecuencias: su afición le reconoce honestidad y la prensa barcelonista muerde nuevamente la carnaza de su muñeco favorito de pim, pam, pum. Fue la primera vez que Martino intuyó mal la táctica y, peor aún, no supo rectificar a tiempo la atrofia que él mismo había creado. Jugándose media Liga, sorprendió que el argentino dejara fuera a Xavi y Cesc Fábregas cuando el Barça afronta limpia la próxima semana. Pero el matiz más chirriante fue ver a Alex Song detrás de Busquets, al estilo Makelele en el Madrid galáctico.

En uno de sus múltiples alardes de sinceridad, Samuel Eto’o dijo que Song no tenía suficiente nivel para jugar con Camerún; entonces, sonó a pataleta de niño receloso, pero el tiempo le ha dado la razón al delantero del Chelsea. Song pasará por Barça con la misma pena que Mahamadou Diarra o Emerson lo hicieron por el Bernabéu: no se sabe cuál es su rol exacto y cada vez que toca un balón, inquieta al resto de compañeros. Paradojas del fútbol, es la primera derrota liguera del Barça con Song en el césped desde que fichó hace año y medio. Una estadística estúpida dado la poca o nula trascendencia del camerunés en los onces. Emilio Pérez de Rozas, periodista de El Periódico y Sport, auguró hace tiempo que Song tendría la misma potra que Christian Karembeu en el Madrid: muchos títulos sin apenas pegar una patada a un bote. La pequeña gran diferencia es que Karembeu tuvo dos intervenciones decisivas en la séptima Copa de Europa, mientras que Song se deja llevar por la inercia orgiástica de los suyos sin molestar demasiado. Más bien, él siempre ha sido un mero portador de vino en esas bacanales romanas a las que se ha acostumbrado el Barça cada fin de semana.

Los patinazos del Barcelona solían ocurrir por sobrecarga de tiqui-taca. La probabilidad ofrecía a modo de sacrificio alguna derrota culé para demostrar que no existen equipos puramente perfectos ni siquiera en números. Eso pasaba antes. Con el ‘Tata’ Martino sucedió lo mismo en San Mamés ante el empuje fiero de los leones del Athletic, pero no contra Valencia y Real Sociedad. Sus dos últimos sopapos llegaron por desactivación total de la maquinaria pesada: el Barça juega y de repente alguien presiona el botón de off. Ni esfuerzo, ni ganas, ni interés por jugar; más bien, una dejación brutal de los pies a la cabeza. Demostraciones artísticas como la protagonizada por la Real dan ciertas esperanzas a esta Liga, que ya no es esa ‘liga de mierda’ acuñada por José María Del Nido, ni un torneo en el que Messi resuelve un aprieto cuando le necesitan. Anoche el argentino iba camino de ello hasta que sus colegas de camiseta y él mismo apagaron el interruptor.

Da la sensación que el Barcelona es una olla a presión en la que el pitorro puede volar en cualquier momento. Las críticas a la nebulosa futbolística del equipo, la investigación judicial del caso Neymar y la fragilidad institucional de la planta noble del Camp Nou hierven el agua más rápido, quizá demasiado. Pero tampoco es plan de pintar un futuro apocalíptico, ni siquiera con el Madrid por delante casi dos años después. Nuestro problema, el de la prensa en general, es que regalamos Balones de Oro con la misma facilidad que repartimos estopa diestro y siniestro. Las teorías aristotélicas del ‘punto medio’ se han quedado en la Edad Antigua.

Estiércol en las redes sociales

Mircoles, 19 Febrero 2014

demichelis-644x362.jpg

Ningún periodista inglés (ni español) habría imaginado que en la sala de prensa del Etihad Stadium se reeditará la vieja y antológica versión victimista de Mourinho. No con el caballero blanco Manuel Pellegrini, absorto siempre en cuestiones estéticas y, desde anoche, groseramente tácticas. Del “¿Por qué?” insistente de Mou a un ataque descarado y frontal contra el árbitro de anoche, Jonas Eriksson. El técnico citizen extrajo de sí su alabada sensatez y mesura para eximir a su equipo de cualquier culpa. Hasta Gary Lineker, comentarista estrella en la televisión inglesa, sigue esperando sentado en su cabina una explicación a la salida temerosa y tenebrosa del City. “Ese planteamiento se le permite al Stoke City o West Ham United, no a una plantilla de tantos millones”, fue la explicación del indignado Lineker. Quizá sea el planteamiento más pragmático de cualquiera que no sea el Bayern de Munich o este Madrid de Ancelotti, pero a un equipo moldeado mediante una chequera en blanco siempre se le puede exigir más, no desde la opinión pública sino de los aficionados que año tras año contemplan a su Manchester como la gran decepción e Europa. El 0-1 había llegado por accidente, desgraciado pero justo; el gol de listo de Dani Alves fue el suicidio definitivo de la eliminatoria.

Antes de seguir echando estiércol en las redes sociales con la falta a Messi, una aclaración reglamentaria: Demichelis zancadillea a Messi fuera del área y acaba trabándole dentro, o sea que penalti, con discusión, pero penalti. La falta a Jesús Navas sí es más discutible pero en la Premier pasaría desapercibida. Y como el ‘Tata’ Martino va conociendo a la prensa española, necesitaba soltar un titular que amortiguase el sorprendente maremágnum provocado por su colega Pellegrini: “Las cosas que se pitan favorables al Barça se comentan demasiado. Cuando el favorecido es el Barcelona se repiten 17 veces; cuando le perjudican se pasa una”, reflexionó en Canal Plus. También Martino es consciente que para disipar tormentas mediáticas es mejor bajar al barro, porque ese idílico ‘no hablo de árbitros’ tan sólo es atribuible a Simeone, de momento, y a Vicente Del Bosque. Si la jugada del penalti fue decisiva, los protagonistas debían comentarla, por supuesto; sin embargo, pocas horas después, sucede que en España un penalti al fin y al cabo sancionable con el reglamento en la  mano seguirá siendo tema capital por muchas semanas. El populismo recurrirá a su frágil y distorsionada memoria para meter en el mismo saco aquel arbitraje fatídico de Ovrebo en el Chelsea-Barça con la jugada de anoche. Y si la intuición de los culés no falla, que no lo hará en este caso, les van a martillear con la imprudencia de Demichelis hasta el fin los días.

Y por último, ¡qué pena!, trascendió el fútbol, olvidado entre tanto chismorreo arbitral dentro de un baúl en un trastero. Martino está consiguiendo quitar a su Barça la manía de ojear cada dos por tres su cuadro de Dorian Gray en el que un equipo aparentemente aún la flor de la vida se ve así mismo retratado como un viejo con cicatrices, arrugas y en las últimas. Ahora parece que juega sin compararse, aunque sea inevitable, tocando el balón y encajando las piezas casi como un tetris, pero casi no del todo: demasiado mareo de pelota para llegar pocas veces al área. No obstante, quitando los arrebatos explosivos de Messi, el resto aguarda con paciencia pasándose el balón unos a otros. Si es una triangulación, perfecto, y si el malabarismo incluye a todos incluido Valdés, aún mejor. Y ya si el City se olvida de la táctica de la asfixia en campo contrario, verdadera kriptonita de este Barça, entonces el resultado nunca podrá ser malo.

P.D: Gane quien gane, siempre sale un vencedor moral y anoche no fue el Barça, sino su enemigo público número uno. Mourinho dijo que este era el peor Barça “en muchos, muchos años”. Así él jugaba con las cartas marcadas, porque si ganaba Pellegrini, apenas tendría mérito contra un Barça horroroso; y si perdía Pellegrini, lo habría hecho contra esos mismos once paquetes.

Barça, ¿’Picassos’ o cuadros a brochazos?

Lunes, 10 Febrero 2014

sevilla_bar_a_messi_.jpg

“Si a Messi le tocan el orgullo, el problema no lo tienen ustedes (periodistas) que opinan desde fuera, lo tienen los rivales”. ‘Tata’ Martino nunca volverá a pedir dos días tranquilos para su figura, no cuando la prensa cambia a diario el sentido de las rotativas: de sospechoso a héroe por enésima vez. Y las que faltan. Sólo la ‘pulga’ podía revivir al muerto y evitar ciclogénesis explosivas en Barcelona; sólo él podía devolver el miedo al resto, y sólo él podía agigantar a un equipo que hora tras hora perdía cotización bursátil en el cruce fatídico contra el Manchester City. El pistoletazo inicial intuyó unas consecuencias tan desastrosas como las que sucedieron en el gasparismo en aquella época ominosa. Quizá otra derrota hubiese precipitado otro ‘Elefant Blau’ martilleando la inconsistente directiva post Rosell. Por eso, el Barça le debe a Messi otra subida de sueldo en calidad de salvador y, desde luego, futbolista más trascendente de su historia centenaria.

Quien tiene una entrevista con enjundia es la madre de dos árbitros, para más señas, hermanos y, por qué no reconocerlo, igual de desafortunados (para no salir del eufemismo). Teixeira Vitienes (José Antonio) facilitó a las redacciones periodísticas otra semana de saña arbitral. Primero, Ayza y su eterna duda: ¿por qué expulsó a Cristiano en San Mamés?; segundo, González González y sus fatídico minuto: del penalti a Vela no pitado a la expulsión exagerada de Iñigo Martínez; tercero, el Teixeira pequeño y su manga ancha con las trilladoras del Almería y anoche, el mayor de los Teixeira se comió un fuera de juego de libro, de los que no se comentan en los colegios arbitrales por su obviedad. O sea que tendría morbo escuchar a la madre de los dos árbitros, simplemente para saber cómo aguanta que se acuerden de ella en la totalidad de los campos de Primera División. Últimamente, los árbitros son la crema del periodismo, malo, y las discusiones verduleras acaban con el grito más aberrante imaginable. La pelea en los medios, dependiendo de la procedencia del puente aéreo, no acabará hasta que después de la jornada 38 los contertulios sumen los favores a Madrid y Barça…y el que menos bulas papales cuente, gana derecho a quejarse la siguiente temporada. Así funciona el fútbol español.

Cagadas en negro al margen, la mejor y única noticia del Barça es Messi. El Camp Nou vuelve a tener una razón para no presentar más cemento en los partidos, sea hora crítica (diez de la noche) o momentos más propicios para los chavales (cuatro, seis…), y ésa es su jugador diez. Martino necesitaba una razón para no ser sacudido como un esterilla en Barcelona, porque el fútbol indolente del equipo iba tomando una distancia sideral con la última gran obra de arte exportada a Munich. Y eso se nota en gente como Xavi Hernández, a quien le molesta el escepticismo de su propia prensa: “Los tres últimos goles al Sevilla han sido al contraataque, ¿otro recurso?”, respuesta de Xavi: “¡Qué va, todos los goles han sido de jugada elaborada!”. Las ansias del ‘Tata’ por construir un Barça poliédrico de mil caras chocan de frente con la vieja guardia; el objetivo no es seguir ganando títulos, son los títulos conseguidos con estilo. El suyo, made in Guardiola y blindado a injerencias foráneas. Al final, pinten ‘Picassos’  o cuadros a brochazos, todo pasa por Messi.

El carrito de Alexis

Domingo, 5 Enero 2014

alexis-sanchez_3062206.jpg

Iván Zamorano fue su mejor relaciones públicas cuando aterrizó en Barcelona. “Destaca por tres virtudes: fuerza, compañerismo e invencible en el uno contra uno”. El Camp Nou nunca sospechó de su fuerza bruta, desde el principio Guardiola le colocó en la banda o como un boya de waterpolo, peleándose con defensas contrarias a codazos y empujones. Solidario como el que más, Messi supo que tenía un buen socio de ataque, aunque en sus dos primeras temporadas se le comparase con la última versión de Kluivert en el Barça: el delantero que fallaba más que una escopeta de feria. Precisamente, ése fue el detalle que vendió mal Zamorano, porque Alexis Sánchez solía causar murmullo en la grada cuando debía ejecutar la jugada. El chileno era una especie de ‘Pipita’ Higuaín, el ariete del casi gol. Y para echar más leña al fuego, su P.V.P de 40 millones con los que Udinese cerró su negocio de siglo salían a la palestra cada vez que marraba un gol, costumbre habitual en las dos primeras temporadas.

Alexis nunca tuvo feeling con Guardiola, sobre todo cuando el técnico le gritó en sus narices: “¡La concha de mi madre para mi Alex!, ¡90 minutos!, ¡usa la cabeza!”. En plena batalla por la Liga contra el Madrid, el chileno sufrió su enésima lesión muscular y Pep le recriminó haber jugado tres días antes un amistoso completo contra Ghana en Philadelphia. Su martirio parecía que iba a cambiar con Tito Vilanova, de quien habló maravillas en una entrevista al Sport el pasado octubre: “Me ayudó mucho en mi carrera, tanto como persona y jugador. El año que supuestamente yo estaba más perdido, él me apoyó y no quería que me fuera”. Sin embargo, siguió inmerso en una odiosa discreción y el público del Camp Nou comenzó a perder la paciencia: lejos de ser el ‘Niño Maravilla’, las malas sensaciones indicaban que el Barça había caído en la trampa del Udinese con otro delantero del montón que sólo valía para equipos de medio pelo. Sus estadísticas fueron nefastamente demoledoras: marcó su primer gol en Liga en febrero y su tope fueron ni más ni menos que once, o sea, una insignificante propina para todo un delantero del Barça. Alexis se convertía en carnaza  para la prensa.

Pero esta temporada está siendo distinta para él, en parte por su nuevo entrenador y por la catarsis interna que se ha propuesto el chileno. Una de las primeras intenciones que se propuso ‘Tata’ Martino fue recuperar al “Alexis de la Chile de Bielsa”. Le dio minutos, confianza y el jugador lo ha aprovechado en su nuevo borrón y cuenta nueva. Supuestamente eclipsado por la efervescencia de Neymar, el golazo de vaselina al Madrid y otros tantos decisivos de Alexis han sorprendido al barcelonismo. No está Messi, pero el chileno no es que haya sacado la escopeta sino que tiene una auténtica kalashnikov. Su cartel de generoso en el esfuerzo había caducado, faltaban los goles para reconciliarse con la afición. Dicho y hecho. Ahora ocupa portadas, ni qué decir tiene las de este lunes. Sencillamente, muchos nos hemos subido al carrito de Alexis.