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Archivo de la categoría ‘Toni Kroos’

Löw, el entrenador menos alemán

Domingo, 3 Julio 2016

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Es el Real Madrid de Eurocopas y Mundiales. Cambia sus generaciones, pero siempre está ahí sin personajes mediáticos que alboroten a la prensa. Alemania no tiene un Vengador que salve al mundo, como Cristiano a Portugal, o Bale a Gales, pero sus panzer avanzan rondas sin freno. Si no hubiese sido por la mejor España jamás vista, la última década de los germanos habría sido escandalosamente inolvidable. Hay que otear un horizonte muy lejano para divisar su último fracaso: la Eurocopa de Portugal (2004) donde el seleccionador Rudi Völler construyó la última Alemania de pelotazos y cabezas cuadradas. A partir de entonces, la federación eligió al carismático Jürgen Klinsmann para introducir una ingeniera alemana más sofisticada. Constructores como Michael Ballack sacudirían el bloque de hormigón que tuvo su momento álgido con aquella mítica frase de Gary Lineker, “El fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre ganan los alemanes”. Preguntado por la célebre cita, Joachim Löw sugirió una vez en una rueda de prensa honrar a Lineker. Y así ha sido.

Löw ama el fútbol tanto como el buen vino. Dicen que la vinoteca de su casa merecería turismo enológico por su ultramodernismo; tanto como sus métodos de entrenamiento. El seleccionador de la Mannschäft no puede vivir sin un ipad que le acompaña en la mesilla de noche. Es la libreta de Van Gaal. Mediante un software a la vanguardia alemana, nunca mejor dicho, chequea cualquier dato imaginable de cualquier futbolista, sea del equipo nacional o un juvenil de las seis ligas regionales del país. No en vano, uno de los objetivos capitales de Löw cuando era asistente de Klinsmann fue implantar una metodología única en las academias de fútbol. Una especie de Masía o escuela del Ajax en todos los landerDe repente, el fútbol siderúrgico cambió por la precisión geométrica; prohibido regalar balones sin sentido. Prueba irrefutable de esta evolución es que Alemania cada vez es menos peligrosa en el juego aéreo y más en ese fútbol escurridizo de Kroos, Özil y Müller.

Löw entendió que el atajo más rápido para tumbar a Italia era reaccionar ante la pasividad de Del Bosque. A Conte sólo le ganaría desde el banquillo porque la selección azzurra depende del cerebro  de su entrenador. La solución al sudoku planteado fue tejer una telaraña que enmarañase el partido. Si Italia salía con tres centrales, los germanos no le andarían a la zaga. Pocos países tienen una columna vertebral tan erguida como la alemana, ni siquiera la destartalada Francia. Desde ahí maniobró el jaque un Löw que tampoco se atreve a traicionar del todo las costumbres teutones. La grada de Munich se cansó de Guardiola porque no asimilaban que la pelota tuviese que entrar hasta la cocina. Joggi (así apodan al seleccionador alemán) experimentó con falsos nueves al principio de la Eurocopa, y pronto se dio cuenta que necesitaba un boya (Mario Gómez) en el punto de penalti. Muy alemana la idea. Khedira era el titular innegociable del entrenador durante muchos años; hoy también, pero no tanto. Esta Alemania está funcionando porque Toni Kroos ha recuperado la esencia de sus primeros meses en el Bernabéu. Está siendo el mejor del torneo y su vestuario lo sabe, incluida la azotea privilegiada de Thomas Müller, el Raúl González de este equipo.

 

El cortador de césped

Jueves, 30 Julio 2015

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El Madrid ha fabricado una nueva cortadora de césped. El fantasma de Makelele se ha alargado demasiado porque el casting de sucesores fracasó estrepitosamente: Pablo García, Gravesen, Emerson, los Diarra, Gago, Khedira, Toni Kroos en versión atrofiada…ninguno de ellos, ni siquiera Kroos, entendió la importancia que un día asumió aquel escudero de Zidane que vertebraba y aplacaba el ímpetu desatado de los galácticos. Fue irse Makelele por falta de ‘cariño’ y comenzar el galacticidio del primer proyecto faraónico de Florentino Pérez. El propio Zizou llegó a reconocer en una entrevista en L’Equipe la trascendencia de su compatriota: “La salida de Claude partió por la mitad al equipo. Sin él no sabíamos jugar en bloque”. Precisamente, un bloque de ladrillo cementado es la obsesión de Rafa Benítez. Y si del Bosque juró una vez que el doble pivote era “innegociable” y en su dni le hubiera gustado identificarse con Sergio Busquets, a mister Rafa (apodo eterno en Liverpool) también le va el juego de los destructores. Él es Casemiro, construido en Sao Paulo, adaptado en Valdebebas y fogueado en Oporto, donde Lopetegui llora su pérdida por temor a que se le caiga el castillo de naipes (esto es información, no opinión). Su regreso era una prioridad en primavera para el director general José Ángel Sánchez, quien sabía de antemano que el nuevo entrenador le enrolaría en su ejército sí o sí.

Si han visto los amistosos contra Inter y Milan, y han notado que el dorsal 14 no paraba de correr desde su área hasta el centro del campo como si llevara una pila Duracell, no se sorprendan: Case (así le llama el vestuario) sacrificó una semana de sus vacaciones y contrató un preparador físico para entonarse desde Brasil. Se ha tomado tan en serio la oportunidad del club, que la fase experimental del equipo deja dudas de la titularidad indiscutible de Toni Kroos. Sí, el alemán jugará en el estreno liguero junto a Modric, pero no es un secreto que el campeón del mundo preferiría repartir balones sin chaleco antibalas, liberado del marrón que hace un bulldozer como Casemiro. Al Oporto le extrañó que su centrocampista no fuese titular en la pasada Copa América, sobre todo en una selección brasileña tan metálica como la de Dunga. Con Benítez no habrá sospechas: sus rotaciones son sagradas para evitar la oxidación de esos “mismos once cabrones de siempre” (Toshack dixit). Y en esa tesitura, Casemiro entrará como un carromato.

El empate a cero ante el Milan habría sido una ofensa al espectáculo en cualquier momento de la temporada. Hoy no es más que otro tubo de ensayo para que Benítez reivindique su fútbol de hormigón, muy del gusto de los entrenadores y poco de los espectadores. Porque este Madrid no pretende invocar los contraataques tan letales como alocados que excitaban al Bernabéu; ahora toca un control más riguroso y disciplinado que el de Ancelotti, en el que una pérdida de balón no altere las matemáticas del equipo. Jugar por inercia, ése es el aprendizaje de esta pretemporada. Y en apenas dos semanas, Casemiro ha cumplido los deberes que le han hecho un “hombre” en Oporto.

A muerte con Ancelotti

Jueves, 19 Febrero 2015

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El Madrid se tomó un valium en Alemania. Lo necesitaba. La depresión había sido demasiado angustiosa: la vergüenza del derbi, los pitos del Bernabéu…demasiado histerismo para la calma que exige el típico equipo alemán. La suerte del campeón fue cruzarse con un Schalke anodino, simplón y que no empató porque Iker Casillas tiene esa flor con la que cualquier portero sueña. Los palos de media Europa están bendecidos por el capitán; en concreto, cuarenta postes en toda su carrera de Champions que, lejos de brindarle una flor, le regalan toda la selva amazónica.  Pero hasta el latigazo de Marcelo, los blancos no sabían si soltar un par de directos y enemigo a la lona, o lanzar continuos jabs para juguetear sobre el ring. Al final, ni lo uno ni lo otro. Este Madrid nebuloso todavía no se ha aclarado porque su entrenador sigue garabateando la pizarra: que si 4-3-3, 4-2-2…da la sensación que jugando ancho de caderas tiene más empaque que en esa fisonomía afilada que impone la ‘BBC’. La conclusión es peligrosa: los blancos tienen un calendario muy resultón para fingir tranquilidad pero, si se esfuerzan en leer entre líneas, son trámites que no ocultan la verdadera preocupación del equipo: el clásico del Camp Nou del 22 de marzo. Entonces, se verá si han actuado en clave sofista de la Grecia Clásica o, de verdad, consiguen recuperar el juego que aduló sus oídos con titulares tan exagerados como ‘la mejor plantilla de la historia’.

La espesura del campeón parecía programada desde el vestuario. Viendo el primer cuarto de hora, a nadie le habría sorprendido que Ancelotti hubiese ordenado salir a ver qué pasaba, y que resolviese el azar. Y caprichos del fútbol, lo hizo quien más lo necesitaba: un Cristiano Ronaldo vapuleado por sus deslices de papel cuché y sometido a una pesadilla propia de diván de psicólogo. Su impresionante salto de gimnasta no le traicionó, pero los aspavientos y esa costumbre reciente de jurar en arameo cuando el chupón es otro le distraen demasiado. En cambio, si busca desmarques y mueve el balón como un Globetrotter, el ataque del equipo incorpora de una tacada infantería, ejército del aire y hasta el naval. Cristiano es medio Madrid pero, analizando su estado emocional, puede que siga siendo las tres patas del banco, a pesar de aquellas exageraciones mediáticas de principio de temporada. Sin embargo, como siempre una imagen vale más que mil palabras: Marcelo sacó un derechazo que recordó a los zurdazos de Roberto Carlos y se fue a celebrarlo en piña con Ancelotti metido casi en una melé. Preparado o no, el vestuario quiso lanzar un mensaje contundente: el equipo pelea a muerte por su entrenador y no tolera rumores ni chismorreos baratos sobre el futuro del banquillo. La charla de Carletto en el entrenamiento de la previa pretendía ‘resetear’ el devastado ánimo. Si servirá o no como inspiración, lo comprobaremos en Berlín. O no. Porque el Madrid tiene que mejorar demasiado.

Dos buenas noticias para el madridismo: la primera es el ansiado regreso de Pepe. El portugués hace bueno a cualquiera de su alrededor, por de pronto Varane, y su influencia es de gran capitán, casi con la magnitud de Fernando Hierro. Paco González contó anoche en El Partido de las 12 que el club le ofrecerá un año más de renovación por su excelente hoja de servicios. Florentino Pérez le considera madridista de pura cepa y le ofrecerá un digno retiro en el Bernabéu. Y, segundo, Toni Kroos volvió a dirigir el tráfico con ese joystick que tiene en los pies. Los ojeadores de otros clubes deben disfrutar elaborando sus vídeos: pases cortos con sentido, pases largos y calibrados por un francotirador, coberturas inteligentes y robos cruciales al estilo de Makelele en la era galáctica. Pequeños detalles que permiten sobrevivir a un Madrid al que le sigue rondando la misma pregunta de este 2015: ¿Cuándo volverá?

Síntomas de ‘Galacticidio’

Domingo, 14 Septiembre 2014

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Galacticidio. Es la palabra que está desenterrando el madridismo. Una nueva constelación de estrellas que recuerda prematuramente al descomunal batacazo que se pegó el proyecto más faraónico de Florentino Pérez. Hace apenas un mes que Cardiff albergó a la plantilla más compensada de la historia merengue, con un equipo ‘B’ que habría podido incordiar en la mismísima Champions League, y de repente, dos malas ventas (no por dinero sí por importancia) han desguazado a un Madrid tarugo que ni siquiera usa su mejor coartada del contraataque para solucionar líos. Ancelotti insiste en que el sistema no falla….se podría matizar que no sólo falla eso, también las piernas y las ganas de competir. El periodista José Miguélez dio en la diana con un tuit durante el partido: ‘El Atleti compite mejor de lo que juega y el Madrid juega mejor de lo que compite’. No le sobra ni una palabra. Simeone ha conseguido que cada derbi sea para los blancos una visita molesta a la consulta del dentista; y su colega italiano aún no se ha percatado que al Atleti no se le gana sólo con la pegada de un super pesado. Necesita el mono de faena o, más gráfico, los huevos que siempre aplaude el Bernabéu.

Pero los males del Madrid han recuperado el viejo fantasma de Makelele, porque con él ( y por él) comenzó a agitarse la caja de Pandora. El francés, noble escudero de Zidane, reclamó méritos en la planta noble sin suerte alguna: su tratamiento no era ‘galáctico’, más bien de la llamada ‘clase media’ que sostenía al equipo entre bambalinas. La salida de Makelele provocó una colisión en el vestuario porque no había sustituto que supiese enfangarse con su trabajo sucio. Sin embargo, la directiva ni siquiera meditó reponer su ausencia; al contrario, tardó dos años en suplir a Claude con dos tipos sencillamente genios y figuras: Pablo García y Gravesen. La ‘clase media’ se resquebrajó con Makelele y acabó volatilizada con las salidas de Morientes, Mcmanaman y Fernando Hierro. Por primera vez, la afición sospechó de las decisiones del presidente, que había antepuesto intereses comerciales a deportivas en el Real Madrid multinacional, que no club. El once de platino que dirigió Carlos Queiroz fue oxidándose a medida que lo fue exhibiendo por todos lados, fuese en estadios de Champions o campos de Segunda B en las primeras rondas coperas. Era la alineación galáctica más Solari, el banquillero de lujo, y a veces Guti. Normal que Zidane confesara a su compatriota Ludovic Giuly que estaban “agotados” durante el descanso que dio paso al descalabro merengue en los cuartos de final de Mónaco en 2004.

Nadie dudaba que James Rodríguez pertenecía a la jet set del fútbol hasta que se marchó Di María. Al menos, sus credenciales en el Mundial con golazo incluido a Uruguay ilusionaron a la poblada grada que le recibió la tarde de su presentación. Pero un puñado de partidos ha bastado para confirmar que James no es Di María ni se le asoma. James se parece más al jugador que jugó sin pena ni gloria en el Mónaco de la temporada pasada. La gente busca en el colombiano de moda una sombra del ‘Fideo’: un quiebro eléctrico, un amago irreverente o un zurdazo endiablado. Quizás sea cuestión de adaptación y acabe callando bocas, pero su exagerado P.V.P de 80 millones le va a pesar demasiado. Y no es el único que se mueve por el césped con grilletes.

Toni Kroos, por hablar de los nuevos, todavía está buscando el sitio que sí encontró en la Supercopa de Europa y Cristiano siente que por enésima vez él debe sujetar al Madrid como Superman aguanta sobre su espalda un meteorito gigante. Sí, los titulares impresionarán cuando se enchufen a cien mil voltios, pero una mirada de soslayo al banquillo pinta un panorama poco halagüeño. El cambio desesperado de Arbeloa por Varane delató que Ancelotti no tiene más herramientas. Y debería cuidar la de Isco, no vaya a ser que caiga en el limbo con tanto tiempo en el banquillo. Los síntomas del galacticidio vuelven al Bernabéu, aunque esta vez el presidente está a tiempo de cambiarlo. Queda el mercado de invierno…y una mejor preparación física y táctica de arriba abajo. 

De Rocky a Ivan Drago

Jueves, 28 Agosto 2014

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“Khedira va a terminar jugando y renovando”. Son las palabras de Thorsten Merch, compañero del diario Bild Zeitung, instantes después de que La Sexta Deportes anunciará el bombazo de Xabi Alonso. Una reflexión perspicaz que soluciona (a medias) los achaques de columna que venía sufriendo el Madrid. El donostiarra, experto sumiller en catar bueno vinos, intuía que esta añada venía peleona, con un fulgurante y joven Toni Kroos delante y en un boceto tan predilecto para Ancelotti como el 4-3-3. De repente, el “regalo de Navidad” con el que el Madrid obsequió al entrenador se ha ido por el desagüe; Xabi había renovado dos temporadas más perfilando su plan de jubilación Madrid. Y seguir jugando en el Bernabéu dependía de no gripar su motor diesel, lo sabía él y así lo entendió Carletto. Casualidades de la vida, los dos arquitectos de la selección española se sienten trastos viejos en sus respectivos equipos: Xavi Hernández ha aceptado resignado su nuevo rol en el banquillo (ninguna oferta acabó prosperando), mientras que Xabi se dio cuenta en la Supercopa de España que Kroos, Modric y él, lejos de complementarse, se embarullan en un cajón desastre.

A Martí Perarnau, filólogo del ‘guardiolismo’, no le sorprendió la primicia de La Sexta. Tan cercano a Pep, había escuchado cantos de sirena hacía tiempo. No en vano, Xabi es la versión 2.0 de aquel Guardiola del Dream Team y, aunque se haya erigido junto a Arbeloa en la guardia pretoriana de Mourinho, comulga con la tesis de la posesión exagerada. Guardiola es el Spielberg del que esperaba una llamada para involucrarse en una superproducción, porque su modo de ver este negocio no coincide con el de Florentino Pérez, siempre ansioso por presentar nuevos cromos a la grada. El caché de Kroos se había disparado exponencialmente con el Mundial, mientras que la sanción de Lisboa y el calamitoso papel de España en Brasil habían quitado a Xabi de los créditos principales. En una temporada con tantos títulos por medio, Ancelotti necesitaba fondo de armario para intercambiar rápido la ropa de invierno con la de verano: sustituir peones entre Champions y Liga, y partir de diciembre Copa y Liga, para que nadie del vestuario esbozase aquello que Zidane susurró al oído de su compatriota Ludovic Giuly en aquel Monaco-Real Madrid de comienzos del galacticidio: “Estamos agotados”.

El Madrid de Queiroz fue un desfile made in Hollywwod de galácticos desde la portería (Casillas) hasta la delantera (Ronaldo), pero el proyecto faraónico del presidente comenzó a resquebrajarse desde un banquillo precario, con Solari y Guti como únicas alternativas, y el apocalíptico adiós de Makelele (su salida desató las siete plagas de Egipto). Las comparaciones de aquel Madrid con la actual constelación de estrellas tenían un matiz diferente: el club le había construido a Ancelotti la plantilla más compensada quizás de toda la historia merengue, con un equipo B capaz de pelear en la mismísima Champions League. Sin embargo, la efervescencia de la Supercopa de Cardiff ha desaparecido en un puñado de días: lo que han tardado Di María y Xabi en desguazar el equipo. Al argentino le han pesado los billetes y a Xabi el orgullo propio. Su estatus quo no le permitía ejercer de comparsa sólo para relevar a gente fatigada. No, él se siente comandante en jefe y Guardiola le ha convencido de que mantendrá los galones en el intento de asalto a Europa.

Xabi es el fichaje perfecto para reemplazar a un Schweinsteiger que acabó el Mundial más tiesto que la mojama. Además, su condición de ancla del equipo es la solución al afán de experimentar que le suele dar a Guardiola; es decir, que si no hubiera elegido a Xabi, el marrón de sostener a peso al equipo le habría tocado al polifacético Philipp Lahm, puesto que Javi Martínez jugará sí o sí de central el próximo año, cuando se recupere de la triada. Xabi ha elegido bien y el Madrid vuelve a perder empaque: la mole compacta que aparentaba este verano empieza a descubrirse puntos débiles. Ya no es ese Rocky Balboa IV rocoso e imposible de noquear, ahora se asemeja más al ruso Ivan Drago, letal en su pegada pero frágil de costillas. Y ya sabemos cómo acabó el combate de la URSS.

Un Iron Man en construcción

Mircoles, 13 Agosto 2014

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Carlo Ancelotti confesó en una entrevista para Fiebre Maldini que la mejor plantilla que entrenó en su vida fue el Milan que sucumbió al milagro de Rafa Benítez y su Liverpool en la final de Estambul. “Kaká, Seedorf, Maldini, Shevchenko, Cafú…nunca tuve a gente tan buena”, comentó el técnico italiano al referirse a aquella Champions. Año y medio después de la entrevista, habría que compararle ese Milan con el Real Madrid que le ha construido el club. Del Madrid galáctico al de hoy, con cromos distintos pero no menos icónicos, porque si el Bernabéu rendía pleitesía a Zidane, Cristiano merece estatuas esculpidas en cada vomitorio del estadio; si Ronaldo volvía a correr como esa “manada de búfalos” que describió Valdano, Gareth Bale prefiere los acelerones de un fórmula uno; donde Beckham ponía camisetas, primero, y después balones al pie, Toni Kroos prefiere el arte de la escuadra y el cartabón sobre el césped, y cuando Figo lucía la chapa de galáctico I de Florentino, James Rodríguez ha exprimido un Mundial para convertirse en el chico de oro de los 80 millones de euros. El periodismo se alimenta de comparaciones odiosas pero inevitables, y las menciones entre la flor y nata de hace una década y la de esta temporada van a chorrear tinta. Y con un pequeño matiz: el Madrid estelar de Carlos Queiroz sólo tenía dos camisas de recambio: Solari y Guti, mientras con el banquillo de anoche se podía armar un equipo Champions. Con tanta opulencia, el entrenador se permitió el lujo de no convocar a un campeón mundialista como Khedira, cuya misión destructora apenas sabe ejercerla él.

El Madrid ha extendido la alfombra roja a los pies de Ancelotti para que vaya gestionando el orden del desfile. La Supercopa de anoche es una muestra insignificante de la mole que ha construido Florentino Pérez tirando de su mejor recurso: dinero. Eso y el ojo clínico de fichar al repudiado Kroos que, inexplicablemente, no tenía hueco garantizado en el galimatías táctico de Guardiola. Al alemán le bastó un puñado de minutos para reivindicar la nueva hoja de ruta de Carletto: fútbol control y, por si acaso, el contraataque como arma de destrucción masiva. Kroos juega como Xabi Alonso en su mejor versión: templa la pelota, la aguanta con pases cortos y tira diagonales cuando los velociraptores arrancan en carrera. Ésa es la opción con Cristiano y Bale, la otra es coquetear con Benzema, tan discutido por su apatía delante de la portería como aplaudido por su sentido de la creatividad. La prueba del algodón no engaña: el delantero del presidente insiste en que él no es delantero centro rematador, le gusta provocar las jugadas liando a defensas y quien se ponga por medio. Su movimiento sin balón en el segundo gol de CR7 es una acción para enseñar en el curso avanzado de entrenadores.

A James Rodríguez todavía le queda un rato para calibrar su zurda. Tiene pinta de ser el jugador tapado que irá agigantándose durante el transcurso de la temporada. Cubrir la banda de Cristiano tiene sus inconvenientes, por eso, no será extraño que su entrenador le alterne en ambos lados. Como debería hacer Bale, mucho mejor en su flanco natural por la facilidad con la que centra al milímetro. En definitiva, un sinfín de recursos que suponen que este flamante Madrid parezca de momento un Iron Man cargado al cincuenta por ciento. Imagíneselo en su pleno apogeo. Sin embargo, hasta que termine su acople, todavía tenderá a partirse en dos. El Sevilla sólo inquietó la vez que el taciturno Iker volvió a ser el convincente Casillas, pero quizá otro equipo con más empaque y veneno en la delantera habría traído de cabeza a la zaga blanca. Kroos es un pulmón en defensa, pero su talento ayuda más arriba que abajo. De ahí que el club no deba tensar tanto la cuerda con Khedira; vamos, para evitar otro caso Makelele. Con Di María y él, hacía demasiado tiempo en Chamartín que no se intuía no un equipazo, sino una plantilla faraónica, en la que hay muchas estrellas de rock pero el mismo jefe de siempre con licencia para perforar porterías.