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Esto es Esparta

Jueves, 28 Abril 2016

El Atlético de Madrid venció 1-0 al Bayern Múnich en la ida de las semifinales de la Liga de Campeones.

Saúl Ñíguez es la respuesta de por qué Simeone es el entrenador más decisivo de los últimos tiempos. Banquillero discreto, el ‘Cholo’ le convenció con su particular terapia de que podría sustituir sin ninguna vergüenza al lesionado Tiago. Sentado en un diván, Saúl tardó poco en entender que el esfuerzo no se negocia y que, como sucedió con los espartanos de Leónidas, cualquier escudo mal colocado en la facción desarmaría a todos. Partido a partido, el todo terreno rojiblanco se ha convertido en otro prodigio de su entrenador; compañeros como Godín, Giménez, Koke o Griezmann agradecen eternamente a su entrenador que les sacara del montón y, en algún caso, de la nada. Un día después del gol ‘maradoniano’ al Bayern, a Del Bosque le plantean un debate improvisado: la selección necesita un trotón que recorra kilómetros con sentido y Saúl debe ser el elegido. La primera parte de anoche fue la enésima prueba de que la plantilla ha asimilado para sí el mensaje institucional de Arbeloa que parafraseó de J.F. Kennedy: “No te preguntes qué puede hacer el Atleti por ti, pregúntate que puedes hacer tú por el Atleti”.

Simeone nunca habla en vano y en su Arte de la Guerra demostró a Guardiola que “la guerra la gana el que utiliza mejor a sus soldados, no el que más tiene”. Precisamente, la táctica de Pep se hundió en los últimos minutos por llenar el área de Oblak de delanteros, no ‘falsos’ como a él le gusta y sí demasiado descarados para intentar cazar un balón. Reaccionó tarde el Bayern al empuje inicial del Atlético y su habitual resaca de mar que poco a poco arrastra a cualquiera a donde quieren los rojiblancos. Bastó un puñado de minutos para que la pizarra de Guardiola se llenara de tachones y los alemanes se sintieran paracaidistas aterrizados en Vietnam, sin saben dónde está el norte y el sur. El fútbol de alcantarilla tantas veces criticado a Simeone es, en realidad, el sacrificio de extenuantes entrenamientos en los que un solo jugador sin fuelle no es apto en la manada. Así se explica el ritual sagrado de que todos, titulares y suplentes, pasen por la báscula a diario. Si Mourinho es un obseso de la presión “alta, media y baja”, tal como él acuñó en el Real Madrid, al ‘Cholo’ no me molesta descubrirse como un alumno aventajado. La letra pequeña de este sistema es que corre riesgo de caducidad a partir de la hora de juego: de ahí que el Atlético retrasara líneas hasta sentirse acorralado por el Bayern, tal como le sucedió contra el Barcelona. Podría parecer suicida, pero no con  el argentino.

A la pregunta del principio, cada argumento pesa más que el anterior. En el atrevimiento de Saúl en una jugada sin peligro, en tierra nadie, Simeone es la explicación. Cada fichaje surge de una cuidadosa selección de guerreros que superan una criba, casi como los espartanos recién nacidos. Augusto jugaba en el Celta hace unos meses y parece que lleva una década en este Atleti. Es el muro de contención que encuentra el rival antes de arañar, si quiera, la defensa. Fernando Torres, sospechoso a principio de temporada, le ha devuelto la confianza a su entrenador en una misión hercúlea pero simple: enfangarse en el trabajo defensivo y sacar fuerzas para contraatacar. Lástima ese balón al palo de Neuer. Y hablando de porteros, Oblak sigue siendo el portero más caro de la Liga española, pero quién en su sano juicio se atreve a discutir su P.V.P de 16 millones. El club le ha blindado con una cláusula de cien, ¿exagerado? Con Simeone detrás, todo es premeditado. ‘Ya caerán’, decían los criticones acostumbrados a la guerra de dos mundos (Madrid y Barça).) Pero resulta que esa hormiga que intentaron pisotear sigue correteando.

“¡Mario, cabeza y atrás!”

Mircoles, 18 Marzo 2015

Mario Suárez/fichajes.net

El esfuerzo no se negocia. Tiene pinta de que será el título de un futuro Informe Robinson sobre este Atleti, cuando pasen los años y el fútbol mire en perspectiva cómo un entrenador cambió para siempre la historia de este club. Hace años, durante el apogeo del ‘pupas’, los rojiblancos habrían perdido la eliminatoria de anoche sí o sí. Un despropósito, cualquier jugada maldita o un fallo a lo ‘loco’ Abreu habrían descompuesto a una hinchada que ni siquiera con Simeone habría esperado estos paseos por el elíseo. Y como lo que no te mata, te hace más fuerte, el sufrimiento extremo de los penaltis ha inmunizado al equipo hasta el punto que hay futbolistas en el vestuario que piensas que Berlín es un destino muy viable. Como dijo Rubén Martín en la narración de Tiempo de Juego, “si se cree y se trabaja, se puede”, axioma cholista que entierra de por vida cualquier gafe pasado. El Atlético se ha esforzado por entrar en la sala VIP y el resto de Europa ya no le mira por encima del hombro: ningún club, menos el Real Madrid, quiere cruzarse con ese Rafa Nadal puñetero al que intentan pisar y sigue correteando. Quizá no vuelvan a rozar otra ‘orejuda’, pero sin duda la buscará a tumba abierta. Viene en las tablas de los mandamientos de Simeone por los siglos de los siglos o, al menos, hasta el 2020, fecha de caducidad de su próximo contrato.

El Atlético se sobrepuso a sí mismo porque entendió que no merecía la pena sentarse en un diván ni un solo instante. Agitado por el jugador número 12, salió encendido a por la yugular del Bayer Leverkusen con demasiado alboroto. Y mientras Arda frotaba su lámpara sin que saliese el genio del ‘ardaturanismo’, el partido necesitaba a un pecho frío que pusiera sentido común al fútbol. Sin Gabi en el campo, Koke se perdió entre la maraña alemana; así que un invitado siempre sospechoso dio un paso al frente. Mario Suárez necesita trabajar el doble que los demás para arrancar una sonrisa al Calderón; los pitos y el murmullo siempre penden de un hilo cuando el balón llega a sus pies. Pero, paradojas de este bendito espectáculo, Suárez nunca se borra en los partidos grandes, marrones para cualquier suplente pero bendiciones para él. Y se agradece que no viva en un universo paralelo como la mayoría de su gremio: “Me esfuerzo para que no me piten”, dice con resignación. Su trallazo al estilo Deco alivió a un Simeone que nunca se acaba de fiar de Mario titular. Y no lo hace porque frecuentemente pierde ese balón tonto que puede causar un cataclismo, Anoche también sucedió pero el Leverkusen no supo interpretar el regalo. El rol de Suárez bordea el precipicio porque un solo despiste suyo desnuda a toda la defensa. ”¡Mario, cabeza y atrás!”, fue la orden permanente del ‘Cholo’ a su pupilo. No sabemos si Mario se ha quedado en el Atleti por una negociación torpe con el Inter de Milan o el empecinamiento repentino del entrenador, el caso es que el centrocampista necesitaba cobrarse alguna recompensa.

A Torres le llegó en forma de penalti decisivo. Ya no es ese Fernando Torres, Liverpool’s number nine de Anfield, pero tampoco se le caen los anillos para afanarse en el trabajo sucio. Sabe que Griezmann es la sensación y él se empeña en lo suyo: buscar espacios atrofiando líneas defensivas. Desde luego, la responsabilidad en la tanda de penaltis era demasiado arriesgada: son una lotería maldita que pone a cada uno en su sitio. Sucedió con Kaká cuando falló su disparo ante Neuer en aquella semifinal Madrid-Bayern Munich. Y a Torres le habrían perseguido los fantasmas de la calle si el portero Leno se hubiese estirado medio metro más. No fue así y eso demuestra que el ‘Niño’ tiene talento para situaciones límite. Que se lo digan a la selección española o al Chelsea.

¡Fernando Torres, Atletico’s number nine!

Jueves, 25 Diciembre 2014

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El ‘profe’ Ortega acabó confesando su nombre tras hacerse el remolón durante unos instantes. “Vale, les puedo decir que el futbolista mejor dotado físicamente que he entrenado ha sido Fernando Torres”, dijo en El partido de las 12. No se trataba de una entrevista mamporrera para sacarle morbo a la actualidad sino una plática (como le gusta decir al preparador físico del Atlético) sobre sus métodos de trabajo con Simeone. “Torres no corre, se desliza sobre el césped casi como si levitase”; no es la primera vez (ni la última) que al ‘Niño’ le caen metáforas sobre su elegante carrera de guepardo que recuerda a la de Nicolas Anelka en sus años prometedores del Arsenal. El ‘profe’ lo explicaba con una sonrisa picarona, como si intuyese ya en octubre que volvería a pulir esa figura del Discóbolo de Mirón que tanto admira. Si era un mensaje encriptado, ninguno de los periodistas presentes en el estudio se percató; pero si era un vaticinio, habrá que dar más la vara a Ortega. El caso es que Fernando Torres regresa con su hinchada, la que nunca le desmitificó, ni siquiera cuando decidió apearse de una experiencia ruinosa la noche que el Barcelona desangró al Atleti en el Calderón (0-6). Entonces, el delantero fuenlabreño decidió poner su talento al servicio de un proyecto seductor, no en España sino en el Spanish Liverpool que Rafa Benítez había puesto tan de moda.

El cambio no admitió sitio para el arrepentimiento. El fútbol vertiginoso y directo de la Premier le dio a Torres borbotones de tinta para dibujar filigranas y goles inimaginables. Al compás de Steve Gerrard y con la batuta reposada de Xabi Alonso, el ‘niño’ se volvió ‘beatlemaniaco’. El contraataque red parecía fabricado a su medida y su galope, al contrario que en el Calderón, sí encontraba delante balones calibrados con escuadra y cartabón. Su dimensión se agigantó tanto que pasó de ser un ídolo de barro en Madrid (aunque en el Atlético nunca lo reconozcan) a uno de carne y hueso; la prueba de que el algodón no engaña se la dio Anfield con ese tributo musical del Fernando Torres Liverpool’s Number Nine. Sí, su club podía presumir de misticismo y rituales únicos, pero no de la fuerza del dinero. La prensa inglesa murmuraba que Torres necesitaba retos y no ritos en clubes más competitivos. Y el Chelsea de Abramovich abría las arcas del tío Gilito cada año para intentar asaltar la Champions. Fue en el mercado invernal de la temporada 2010/2011 cuando, tras un tira y afloja de regateos, el Chelsea puso sobre la mesa una oferta definitiva de cincuenta millones de libras. “Demasiada pasta como para dejarla escapar”, aseguró el legendario Ian Rush, tercer máximo goleador en la historia red. De Merseyside a la opulenta ciudad de entrenamiento de Cobham en el helicóptero privado de Abramovich. Así pisó Torres por primera vez su nuevo club para pasar el pertinente reconocimiento médico.

El desorbitante traspaso le pasó factura o, al menos, pesó en su responsabilidad. De repente, el goleador sufrió una de esas crisis pasajeras de los ‘nueves’ que se alargó en el tiempo. La confianza de los aficionados blues  iba desapareciendo a la misma velocidad que se incrementaban las sospechas de la prensa que cubría el Chelsea. Un solo gol en tres meses sirvió de carnaza para los mordaces tabloides británicos. Y unas declaraciones a la web de la Liga Española en las que dio a entender que su equipo jugaba con tíos muy lentos corrieron como la pólvora en Stamford Bridge. Estuvieses o no malinterpretadas sus palabras, Fernando Torres necesitaba cada gol para reivindicar cada uno de los cincuenta millones invertidos en él. Pero el ‘niño’ siempre ha tenido esa flor que tanto se alaba en Iker Casillas: su segunda temporada con el Chelsea se saldó con la Champions y un gol suyo en el Camp Nou para finiquitar las semifinales. Sus actuaciones eran de banquillero porque Roberto Di Matteo contaba con la presencia intimidante del gigantón Drogba. Un año después y otra vez con Benítez, aunque de forma transitoria, el Chelsea repitió éxito en la Europa League con gol incluido de Torres en la final. Ya no era aquel delantero estilizado y grácil que corría treinta o cuarenta metros como un velocista jamaicano; había ganado corpulencia y se había adaptado forzosamente al fútbol romo y pesado de su equipo. Mourinho no fue la excepción; al revés, sus minutos en el campo escasearon en beneficio de un Samuel Eto’o trabajador y sacrificado.

Torres había vuelto a tomar otra decisión el pasado verano como en 2007: su futuro en el barracón de Mourinho pintaba demasiado grisáceo y un Milan de Mercadona llamó a su puerta. El Calcio exige tiempo para amoldarse a su estruendo físico y el delantero madrileño apenas había entrado en la fase de cortejo. Ni a él le gustaba ni el Milan tampoco ha encontrado el revulsivo exprés que buscaba. Pero la suerte no le ha dado la espalda totalmente: Simeone pidió precio por él en verano y, como adelantó Antonio Ruiz en COPE el pasado 12 de diciembre, el Atlético ha acelerado las gestiones para contratarle este verano. El italiano Cerci ni siquiera ha sido una anécdota, por lo que el todavía mito rojiblanco se batirá el cobre con la tanqueta croata Mandzukic. Dos estilos antagónicos que darán soluciones diferentes al ‘Cholo’. Porque a Koke le da lo mismo poner pases en carrera que centros inteligentes al área. En ambos casos siempre habrá respuesta. El Calderón prepara la alfombra roja para recibir a su ‘niño’ que no llegó a forjarse en un hombre con la misma camiseta. Hace siete años y medio el Atleti le suplicó a él recuperar su dañada historia. Fue una responsabilidad demasiado violenta. Hoy es diferente: Torres vuelve para encontrarse a sí mismo, mirar a los ojos al club de su vida y explicarle por qué se fue y por qué iba a regresar algún día.

Fernando Torres, como Anelka

Sbado, 25 Febrero 2012

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Miércoles, 29 de marzo de 2000. La federación francesa de fútbol informa en un comunicado que Nicolas Anelka no será convocado para la Eurocopa de Bélgica y Holanda como consecuencia de su “poca actividad en el Real Madrid”. El entonces seleccionador galo, Roger Lemerre, quería dejar claro al jugador que ya tenía en mente a su selecta terna de delanteros: Henry y Trezeguet eran tan indiscutibles como Zidane, y comenzaba a irrumpir con mucha fuerza Sylvain Wiltord, cuyos goles en el Girondins clamaban por una vacante en el combinado nacional. El botín de Anelka en Madrid dejaba mucho que desear, a pesar de que el propio Lemerre intuyese el verano antes que su astronómico fichaje por 5.600 millones de pesetas le encumbraría a la élite mundial. El estiloso ariete había decidido abandonar el Arsenal porque, según él, su sueldo no reconocía el mérito de haber marcado más de veinte goles; por ello, el Bernabeu sería el escaparate perfecto para proclamarse titularísimo en el equipo campeón del mundo. Sin embargo, el carácter abúlico de Anelka asomó a los pocos meses y, aparte de actuar con un pasotismo desesperante, volvió a mostrar esa cara malhumorada que en Inglaterra le valió el apodo de le sulk (malhumorado).

Su estilo de juego no cuajó en el Madrid porque insistió al técnico J.B. Tosack que le alinease detrás un mediapunta como Guti: sólo con esa condición exhibiría ese bello galope que tanto había enamorado a Lorenzo Sanz…los goles en carrera no tardarían en llegar. Curiosamente, su primer tanto con la camiseta merengue no lo celebró porque no guardaba mucho valor: fue en El Partido contra la Droga de aquellas navidades del 99. Anelka no se había olvidado de marcar, pero sólo tenía cuatro meses para demostrar a contrarreloj que había un sitio para él en la Eurocopa. Tan bien le sentó aquel amistoso que en el Mundialito de clubes empezó a rentabilizar la millonada de su traspaso: un gol antológico a Dida, portero del Corinthians, cambió la actitud de la prensa española: aquel empate a dos contra los brasileños lo tituló MARCA con un ‘¡Anelkazo!’. Sin embargo, después del torneo el francés volvió al ostracismo y su sequía le irritó tanto que se negó a entrenar más; el club le suspendió mes y medio. Entonces llegó el comunicado de Francia.

Anelka entendió el mensaje como un ultimátum: su ansiado fichaje por el Madrid se había convertido en un infierno que podía acabar para siempre con su prometedora carrera en la selección. Por ello, a los pocos días del anuncio de la federación francesa, pidió públicamente disculpas por su actitud pueril y el escaso bagaje goleador en España. Fue entonces cuando llegó el clásico Madrid-Barça…Anelka abrió el marcador con un gol a regañadientes después de un cúmulo de rebotes y despropósitos; aunque, al fin y al cabo, había anotado su primer gol oficial en Liga. Pero, sin duda, la semifinal de Champions contra el Bayer de Munich, favorito por las dos goleadas que le había infligido al Madrid en la fase de grupos, supuso la redención a toda una temporada. Anelka marcó en la ida, también en la vuelta, y metió a su equipo en la final de París en la que jugó de titular. Sin embargo, Lorenzo Sanz tuvo que tragarse aquellas palabras en la que justificó el fichaje como una “locura, pero bendito locura” y el jugador fue vendido al Paris Saint Germain. Eso sí: los dos goles a Kahn convencieron a Lemerre para llevarle a la Eurocopa y no como cuarto delantero, porque llegó a jugar de titular en el debut contra Dinamarca.

Fernando Torres también creyó que el Chelsea llenaría el único déficit del Liverpool: títulos. Pero, al igual que le sucedió a Anelka en el Madrid, el equipo no entiende su fútbol. Para más inri, la llegada de Torres coincidió con un Chelsea en plena desintegración, firmando cheques con miles de ceros sin ton ni son. Uno de esos cheques fue el del español, cuyo precio de 58 millones (el traspaso más caro en la historia de Inglaterra) todavía es una lápida difícil de levantar. Y siguiendo el ejemplo de Anelka, al madrileño le quedan apenas tres meses para demostrar que delanteros con sus condiciones técnicas en la selección sólo hay uno: él. Del Bosque cree que su ausencia debe servirle de incentivo; Torres ha de asimilarlo de la misma forma. Porque cinco goles en un año se caen por su nulo peso, y si encima Villas-Boas le margina al banquillo, las posibilidades de ir a la próxima Eurocopa son directamente negativas. Quizá esté esperando el punto de inflexión; Anelka al principio lo esperó y como no llegó, lo buscó…habrá un momento en el que el talento de el ‘niño’ se harte por inanición, así que cada día aparición se torna en ultimátum. Crudo, pero real.

Aquellas cláusulas de Fernando Torres

Mircoles, 14 Diciembre 2011

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Gil Marín estuvo espabilado cuando redactó al Liverpool un contrato puñetero por la salida de Fernando Torres en el verano de 2007. El traspaso no era una millonada (32 kilos) pero el Atlético incluyó dos cláusulas intuyendo que su delantero se hincharía a marcar goles ante las defensas de barro de la Premier: la primera consistía en una generosa contribución de 250.000 euros por cada 15 goles que marcase el madrileño y la segunda estipulaba la misma cantidad por cada 25 partidos que jugase de titular o suplente. La ocurrencia del consejero delegado recordó al talante duro de Lendoiro (en sus días) o Del Nido; como un Tío Gilito cualquiera, Gil Marín no iba a desprenderse del futuro más prometedor de club por un saco de dinero…había que sacar rendimiento a su invención.  Y, desde luego, que el plan no tardó en funcionar: en diciembre de esa temporada llegaba el primer cheque por un gol de Torres al Derby County. Mister Rafa o, más bien, los dueñós Gillet y Hicks debieron penque la maldita cláusula era un incordio a la deficitaria tesorería de Anfield.

Quizá los magnates más ingenuos del fútbol británico no se percataron que si Torres fallaba en la Premier, le quedaría la Copa como consuelo y, en caso más extremo, la Carling, sin contar competiciones europeas. Pero todavía quedaba la segunda cláusula, que tampoco se demoró: justo después de sus primeras navidades fuera de España, el partido copero contra el Luton certificó otro cuarto de millón para el Atlético. Aquel año le salió redondo a Gil Marín…’El niño’ se quedó a cuatro partidos para que el club de sus amores cobrase un milloncejo redondo que, para la balanza de pagos que maneja, no era calderilla. De este modo, Torres maduraba su talento en un club puntero, al tiempo que evitaba inflamar los ánimos de una afición que desde su ‘huida’ tomó a Agüero como nueva efigie. A partir de entonces, la historia es archiconocida: Torres se superó como jugador pero no con sus expectativas y sin Benítez en el banquillo y hastiado de tanta mediocridad, no dudó en aceptar la mareante oferta de Abramovich.

Sin embargo y a tenor de la versión taciturna del futbolista, Gil Marín debe seguir dando gracias a la divina providencia: sí, Torres es más mediático, está más pulido, pero la suerte también le es más esquiva. Aquellas cláusulas poco habrían valido en su nuevo supercontrato de Londres. Puede que Lebron James comparta opinión con el directivo colchonero pues la estrella de la NBA se ha dado el capricho de invertir en los reds a través de su grupo empresarial. Pero poco que le preocuparán a Lebron las historietas de jugadores, sus intenciones (si es que sus asesores le han puesto al día) se limitan a los números y estos indican que, sin duda, el Liverpool rubricó la mejor venta jamás conseguida por una estrella apagada. El Daily Mail publica que el Chelsea ha decidido desprenderse de Torres por 24 millones, menos de la mitad de lo que costó hace menos de un año. En otro momento, el titular quizá no sería otra astracanada más del sensacionalismo británico, pues Abramovich tan pronto le pone un helicóptero al jugador para que firme el contrato como le considera su enésimo juguete roto. Pero Torres sigue buscando su ‘yo’ y Villas-Boas no le va a defenestrar con Drogba y Kalou en la próxima Copa de África. ‘El niño’ está considerado como un auténtico valor bursátil en Inglaterra, pero urge que llame a la suerte, porque su cotización sigue bajando y ni un broker pesimista atisba el fondo.  

Uno de los nuestros

Martes, 11 Octubre 2011

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“Entre nosotros siempre nos llamábamos buenos compadres, como cuando dices a alguien verás como te cae bien, es un buen compadre, uno de los nuestros”. La voz en off de Henry Hill (Ray Liotta) cuenta en Uno de los nuestros cómo el gángster Tommy DeVito (Joe Pesci) es llamado a entrar en la ‘familia’; la escena es contundente…DeVitto entra en un coche pensando que se dirigía a la ceremonia de integración en la mafia. El coche llega al garaje de una casa y al entrar al salón, entre risas y aplausos, el gángster recibe una bienvenida bastante ‘diferente’ a la soñada.  Uno de los nuestros también fue Fernando Torres justo antes del Chequia-España. Tal afirmación, pronunciada por Del Bosque, fue la dosis de motivación que el seleccionador creyó oportuna para tumbar otro debate de estilo ‘raulista’. Pero lejos de evaporarse, la actuación del delantero del Chelsea en Praga inflamó la gran disyuntiva del ‘Torres sí’ o ‘Torres no’. Al seleccionador se le volvió a preguntar ayer y en medio de su extraordinaria diplomacia deslizó que no habrá prebendas para nadie; días antes comentó, a propósito del tema, que Torres debía responder a la confianza que la selección le estaba dando. Quizás las indirectas veladas de Del Bosque nos han olido a ultimátum, pero es evidente que si el ex atlético ha generado una corriente de opinión tan importante, es porque la opinión pública espera de él un superclase.

A Torres, como dice el analista José Antonio Martín Petón, hay que valorarlo por sus méritos diarios. Y este año sí le ha cogido el tranquillo al Chelsea…corre con sentido, inventa espacios y un socio como Juan Mata le ha venido de lujo. Además, va marcando goles que, al fin y al cabo, es lo que llega de Inglaterra. Su fichaje por el Chelsea las pasadas navidades no sólo lo agradeció él sino también Del Bosque: parecía que un Liverpool en fase decadente se le quedaba pequeño (a pesar de no levantar copas) y Londres suponía la reválida definitiva para examinar si ‘el niño’ se enquistaba como otro jugador bastante bueno, pero de ese montón, o daba el paso de crack. Y, desde luego, que de enero a verano sus estadísticas fueron calamitosas…diecisiete partidos y un solo gol. Del Bosque no se obcecó en los números, pero seguía recordando, como ayer, que para acudir a la selección es vital rendir en el club. Esta temporada lleva dos goles, pero su talento no se mide por el número de remates a portería; precisamente, el don que ha pulido es el de desmontar defensas a base de regates largos y zancadas de leopardo. Y en esa tesitura llega el nudo gordiano del debate nacional.

En una entrevista concedida a la LFP a principio de temporada, Torres espetó que le gustaría un Chelsea menos estático y más vertical. Casualidad o no, desde aquellas fechas el equipo empezó a jugar con un ritmo más eléctrico y directo, más de Fernando. Y a pesar de que Rooney o Agüero ya le han sacado una distancia sideral en la tabla de goleadores, su técnico Villas-Boas está satisfecho con él porque ha entendido su rol en el campo, que no se limita a golear. Un buen ejemplo fue el pasado Valencia-Chelsa de Champions…Torres no marcó pero él solito puso en jaque a toda la defensa e hizo internacional al portero Diego Alves con un catálogo de paradas antológicas. Claramente, es un delantero de contraataque que, como aventura el periodista Enrique Ortego, “casaría bien” en la propuesta táctica de Mourinho.

Del Bosque y los internacionales disimulan cualquier duda con Torres, pero él sabe que afronta su año más crucial en su carrera si quiere, primero, creerse una estrella y, segundo, acudir a la próxima Eurocopa. La lupa del seleccionador le observa en Premier, Champions, FA Cup y hasta la Carling…cualquier oportunidad vale para convencer al salmantino. Sin embargo, y al margen de las credenciales que se curre en el Chelsea, el debate es de concepto: Manolo Lama cree que Torres atesora un talento que no llega al de Xavi, Iniesta o Villa; Roberto Palomar insiste en que Torres vive del mítico gol a Alemania de la Euro2008 y Paco González defiende que el delantero debe ir a la selección porque es distinto a todos lo que hay. Cierto es que nada tiene que ver con Villa, Negredo, Llorente y Soldado…es la ventaja de Torres; pero debe ser él quien se amolde al juego de salón de España, y no al revés. Hasta hoy, sigue siendo uno de los nuestros, Joe Pesci también lo creyó en la película, pero ya se sabe…. Al menos, Torres es consciente de que su vida se ha convertido en un reto; por el momento, él también es un compadre…¿hasta cuándo?

‘Simplemente gracias, Mister Rafa’ (Liverpool parte II)

Viernes, 4 Febrero 2011

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Cualquier final de Champions justifica una temporada y así lo entendió Rafa Benítez para escudarse en un buen año 2007. El Liverpool había copiado el guión del 2005 dejando al Chelsea en la cuneta otra vez para regodeo de su afición. Aquella semifinal mitificó a un español, Pepe Reina, que se creció en los penaltis y metió a su equipo en la final de Atenas. El saldo era inimaginable: dos finales, una de ellas ya ganada, en tres temporadas: la divinización de Mister Rafa era casi obvia.

Sin embargo, la revancha fácil del Milan evidenció definitivamente que había que sacar la chequera. La delantera de aquel 2006-07 no daba para más : el holandés Kuyt arreglaba un buen puñado de partidos, pero no era decisivo ; al gigantón Peter Crouch le venían grande las exigencias del entrenador. Un año antes se habían ido Morientes y el francés Cissé. Sopesándolo bien, Rafa reconoció que le faltaba talento para golear. La disyuntiva era clara : Eto’o o Fernando Torres.

A Benítez le tiraba mucho el camerunés, pero las credenciales del Liverpool no podían compararse con las del Barça. En España, Eto’o era venerado por el Camp Nou, a pesar de sus ‘lindezas’ verbales contra  Ronaldinho. La primavera del 2007, cuando Benítez ya había activada la búsqueda del ‘9’, fue dura en el vestuario azulgrana ; el polvorín que habían originado Eto’o y Ronaldinho debía reventar por algún lado, y ahí estaba el Liverpool a la caza. Pero Mister Rafa había creado un ‘Spanish Liverpool’ en el que la convivencia de los jugadores era, sencillamente, envidiable, y el temperamento volátil de Eto’o la podía inflamar. Ya no había dudas : Fernando Torres alcanzaría su madurez en Las Islas.

El periodista Miguel Ángel Méndez, entonces en Onda Madrid, desveló el interés del Liverpool por el ariete madrileño. El resto de la película es archiconocido : el Barcelona sonrojó la historia del Atlético de Madrid con un 0-6 en la penúltima jornada de Liga y la operación se agilizó. Torres quería jugar finales de Champions y el Liverpool le permitiría abanderar nuevos retos más suculentos. Su aclimatación no iba a costar mucho, obvio ; su salida sí: 32 millones de euros. Con Torres también vino Arbeloa, fogueado en el Depor y a la espera de una oportunidad en el Madrid. En consecuencia, Benítez había quedado satisfecho por el esfuerzo de los nuevos dueños, los norteamericanos Tom Hicks y Goerge Gillet.

La temporada del remozado ‘Spanish Liverpool’ no fue tan mala como indicaron los cero títulos. Torres encontró la horma de su zapato en Steve Gerrard y sus goles batieron récords personales : superó al queridísimo Michael Owen con más de treinta goles (en todos los torneos), optó al trofeo de mejor jugador del año (se lo llevó Cristiano) y lo más importante, estuvo a la altura en estadios como San Siro o Stamford Bridge. Aunque, memorable fue su actuación en cuartos de Champions ante el Arsenal con unas cuantas jugadas sublimes, golazo por la escuadra incluido.

Sin haberla ganado en 2008, The Kop se dio cuenta de que la Champions se había convertido en su torneo fetiche : las noches de los martes y miércoles desataron la locura de una afición que por fin reconoció las intenciones de su club : volvían a estar en primera línea, donde nunca debieron marcharse. Mister Rafa y sus ‘Beatles’ españoles habían entrado en una historia centenaria. Hasta Torres se ruboriza aún de su cántico al unísono, ‘Fernando Torres, Liverpool’s number nine’. Lástima que se haya borrado de un plumazo esta semana.

Pero el éxtasis popular escondía inquietudes : los dueños habían amagado con vender sus acciones a los pocos meses de comprarlas. Las habladurías habían trascendido tanto que el cabreo de Benítez fue monumental. Hicks y Gillet ansiaban resultados inminentes, tanto deportivos como en la balanza de pagos. Y la carencia de títulos disparó otro rumor : el del supuesto sustituto de Benítez, Jürgen Klinsmann. El alemán, que residía en Estados Unidos, tenía un perfil más mediático y marketiniano. En definitiva, un gancho muy apetecible para los dueños. Todo quedó en humo, a pesar de que la desavenencia fundamental entre los propietarios y el entrenador era la renovación de este último. Ciertamente, a Benítez lo único que le preocupaba era hacer competitivo al equipo y que los de arriba no se inmiscuyeran en su cometido.

La renovación llegó, al fin, en marzo del 2009. Benítez pasaría a cobrar salario de ‘top’ (como dice Mourinho) y el club se garantizaba un plan deportivo para un lustro más. Además, el segundo puesto en la Premier del 2009 intuía que también había fuelle para acometer un campeonato de regularidad, justo lo que se le había achacado al ‘Spanish Liverpool’. Pero el estatus quo cambió ese verano: a Xabi Alonso le sedujeron los cantos de sirena de Florentino Pérez y su salida descuajeringó la columna vertebral del Liverpool. Hubo otras fuga colateral: Arbeloa también acabó en el Madrid, como él siempre había querido. Y aunque a Benítez le estaban desmontando la plantilla, el problema es que los números rojos de la caja obligaban a un ahorro máximo. Por ello, Hicks y Gillet intentaron contentar al entrenador con Aquilani, un romano que dejaba muchas dudas. Había llegado el principio del fin.

La esencia del ‘Spanish Liverpool’ se desvanecía en los albores de la temporada 2009-10, a pesar de que Torres y Reina intentaron tirar de un carro en el que el líder fáctico, Steve Gerrard, estaba más pendiente de apañar su futuro que de sus propias responsabilidades ‘reds’. La liga fue un calvario y en la Champions el equipo no tuvo la chispa que le había devuelto al pedestal de los mejores. Las insinuaciones de compras accionariales eran tan descaradas, que Benítez se percató de que su renovación había sido un espejismo. Su ruptura con los directivos era irreversible, y la huida de Mourinho del Inter le valió de coartada para no enfurecer a la afición. Ahí acabó la grandiosa aventura de Benítez y de su inolvidable ‘Spanish Liverpool’. Meses después, la salida de Fernando Torres al Chelsea estaba cantada (el equipo no da para más) y en breve Reina también se despedirá de The Kop. Allí quedarán recuerdos sempiternos, allí nació y murió una leyenda. Y como los británicos son agradecidos, siempre repetirán lo que Michael Robinson dijo pasmado tras la proeza de Estambul 2005 : ‘’Simplemente gracias, Mister Rafa’’.

The Kop le echará de menos

Domingo, 6 Junio 2010

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The Kop dejará de corear al unísono aquello de Mister Rafa. Y si fuera por la mítica grada, Benítez seguiría siendo otro de los suyos. Pero una pésima temporada, agravada por un trasfondo institucional más que preocupante, ha dilapidado el poco crédito que los dueños del Liverpool habían concedido a su técnico. La afición reconoce el esfuerzo de Rafa; no en vano, él devolvió la gloria europea al Liverpool con aquel discurso mágico que motivó a sus chicos para remontar tres goles al Milan en la final de Champions del 2005.

Pero desde la apoteosis de Estambul, todo han sido problemas para Benítez. Como cualquier otro entrenador que se labra un currículum tan meteórico, Rafa advirtió a su club que milagros como el de aquella noche no se repetirían sin jugadores competitivos. Sin ir más lejos, Dudek fue quien paró el penalti decisivo a Shevchenko y la siguiente temporada fue vendido porque nunca convenció a Benítez. El checo Milan Baros, otra apuesta fuerte de la entidad, tampoco congenió con Benítez. En definitiva, Mister Rafa quiso hacer un plantel a su medida y para ello pidió desembolsos importantes. El reto de la Champions lo había cumplido sin obligación; faltaba una Premier dos décadas después.

Pues bien, en seis años el único fichaje de pedigrí ha sido Fernando Torres. No obstante, ‘el niño’ vino por su hartazgo en el Atlético y sin culminar su madurez futbolística. Pero quitando al delantero madrileño, nunca llegaron más estrellas a Anfield. Bien por falta de liquidez económica o por un proyecto a priori poco ambicioso, las sugerencias (que no exigencias) de Benítez siempre quedaron en papel mojado. Los ingenuos gerifaltes Tom Hicks y George Gillet creyeron que con Steve Gerrard y la mística de Anfield sí podían ganar títulos. Obviamente se equivocaron y, lo que es peor, no quisieron rectificar.

Quizá otra aventura sea lo mejor para el ya ex entrenador del Liverpool. El Inter está muy cerquita de ficharle y su presidente Moratti no es un rico tacaño. O sea que los caprichos del entrenador dejarían de ser utópicos. Además, el Calcio casa muy bien con las tácticas robotizadas y poco atrevidas de Benítez. Y digo lo de robotizadas porque Gerrard dijo en su día que Rafa concebía a los jugadores como piezas de una máquina. El problema es que la sombra de Mourinho es demasiado alargada y todo lo que sea no ganar supondrá un fracaso. Pero Benítez puede con ese lastre y más. Por eso, dejó al Valencia con dos ligas  para fabricar otro campeón; lo consiguió nada más llegar a Liverpool y el resto ya lo conocéis.  

El ‘Atleti de las Islas’

Viernes, 23 Abril 2010

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Si en semifinales de Europa League se enfrentan dos equipos que no juegan a nada, el coñazo puede ser mayúsculo. Así sucedió en el Atlético-Liverpool, que se intuía soporífero y que no ‘defraudó’ a las expectativas. Con partidos tan lamentables como el del Calderón es incomprensible que Rafa Benítez tenga una cotización desorbitada y que cada verano el club fije objetivos grandiosos. Porque al Atleti lo conocemos de sobra, pero es que los ingleses viven de la inspiración de Gerrard, su complicidad con Fernando Torres y ya está. Para colmo, anoche el delantero no jugó y tampoco es muy seguro que se vuelva a poner la camiseta roja. Rectifico, la de ‘La Roja’ desde luego, la del Liverpool ya es otra historia. Es irrebatible que Torres ha madurado allí a pasos agigantados, pero su propósito de besar trofeos tendrá que hacerlo en otro club. Este Liverpool ni quiere ni puede ganar nada, a tenor de talantes como el de ayer.

Y eso que al Atlético le faltaba Tiago, el único que sabe poner cordura a la caterva de mediocampistas que tiene Quique. Su equipo fue valiente y se afanó en buscar el golito. Lo encontró en un desenlace indecente, con una jugada trompicada de Forlán que expresó a la perfección lo que el público habría de aguantar todo el partido. Pero, insisto, conocemos los límites del Atlético, y los propios futbolistas saben hasta dónde se les puede exigir; la sorpresa, lamentable en este caso, fue constatar que el Liverpool es el auténtico ‘Atleti de las Islas’.

A la venerable The Kop le habría resultado más honesto que sus ídolos hubiesen ido a por el partido, aunque hubiesen salido escaldados. De verdad, el partido no mereció la actitud del Liverpool. Sí la del Atlético, que con un puñado de recursos muy mundanos (Assunçao, Raúl García, Jurado….)  y alguno llamativo (Reyes) ha puesto en jaque a los red, obligados a tirar otra vez del misticismo de Anfield. También lo tuvo en su día el Calderón, pero se desvaneció debido a la permanente incertidumbre en la que deambula el club. Futre, Schuster y compañía fueron los últimos custodios de la leyenda indomable de aquel Atlético  que se daba codazos con Madrid y Barça. Hoy, a pesar de media final de UEFA y una de Copa, aquel misticismo no es más que polvo y cenizas.

El dudoso once de la década (parte II)

Sbado, 9 Enero 2010

Toca una de centrocampistas. The Sun, en su once ideal de la década, ha encontrado en Zidane, Ronaldinho, Figo y Cristiano Ronaldo su médula ideal. Con el francés y el brasileño la aquiescencia es indiscutible, pero a los lusos se les pueden poner ciertas objeciones.

El astro francés ha sido considerado el mejor jugador de los últimos veinte años, por tanto, su elección es más que obvia. Nadie en su sano juicio discutiría que ‘Zizou’ es el heredero de Maradona por derecho casi divino. Aquella volea estratosférica en la final de Glasgow del 2002 le ha encumbrado para siempre. Después, se contagió del ‘galacticidio’ blanco, aunque lo supo subsanar con una actuación sublime en el Mundial de Alemania. Lástima que en la final Materazzi no fuese expulsado antes de martillear el oído de Zidane a propósito de la hermana del francés. Ese cabezazo lleno de ira y furia también quedará para la posteridad.

Ronaldinho ha sido paradigma del éxito y la decadencia de una estrella. Florentino Pérez lo tuvo a tiro en el verano del 2003 pero le tentó más contratar la voraz mercadotecnia de Beckham. En consecuencia, el Barça, que anduvo listo, concluyó que al brasileño le quedaba pequeño el Paris Saint Germain. Ronaldinho se vistió azulgrana, se inventó un trallazo contra el Sevilla en su segundo partido, y contagió de ilusión a un Barça totalmente abatido tras la ominosa época de Gaspart. ‘Ronie’ recordaba a los alevines que sólo piensan en divertirse con la pelotita. Cuando inventaba algo, lo hacía con su eterna sonrisa, puesto que su inabarcable felicidad era su máxima credencial. Sus actuaciones con Brasil eran majestuosas y la cabalgada en el Bernabeu, que levantó del asiento hasta al más antibarcelonista, dio la vuelta al mundo, con el resultado de un Balón de Oro y un FIFA World Player. Lo siguiente ya es archiconocido, y como tan pronto te suben a un pedestal como te bajan, Ronaldinho no fue una excepción. A día de hoy, y a pesar de la anchura y pesadez de su cuerpo, el fútbol le sigue debiendo mucho a Ronaldo de Assis Moreira.

Ahora vienen las dos elecciones más controvertibles. De Figo siempre he dicho que culminó su mejor temporada en el Barça del 99/00, justo antes de su transfuguismo al Madrid. Si como azulgrana destacó por su explosividad en el regate corto, en el Madrid dosificó más su físico a base de centros medidos. Hay que decir que su Balón de Oro lo ganó en el 2000 por sus méritos en Barcelona. También se le puede achacar su falta de liderazgo con Portugal, ya que no es un secreto que su selección siempre le haya reclamado mayor protagonismo. Además, su fútbol se diluyó por completo antes del ecuador de la década. En contraste, Steven Gerrard sí que ha dado la talla en toda la década. Junto a John Terry, del Chelsea, es el icono futbolístico de Las Islas. Su visión de juego kilométrica, disparo arrollador y esa capacidad de reacción, muy del gusto de Anfield, le han convertido en cabeza visible del Liverpool. El capitán de los ‘reds’ fue el inspirador de la remontada más épica que se recuerda en una final de Champions, la del 3-3 contra el Milan en 2005. El único problema es que en los últimos tiempos Gerrard se ha dedicado más a sacarle las castañas del fuego a Rafa Benítez, que a orientar su talento en pos de títulos. No obstante, Gerrard debería estar en el once ideal.

Por último, puede parecer una osadía quitar a Cristiano Ronaldo, pero es que el astro portugués va a disponer de mucho tiempo para entrar en el once mágico de la siguiente década. Y más, jugando en el Real Madrid. Empezó a despuntar en el Manchester United la temporada anterior a la Eurocopa de Portugal en el 2004. Con su selección, se le llegó a tildar de individualista. Sin embargo, la omnímoda sabiduría de sir Alex Ferguson le ayudó a templar su carácter y focalizar toda su calidad en el juego de equipo. No fue hasta el 2005 cuando llenó con frecuencia las portadas de los tabloides británicos, y así continuará siendo hasta finales de la próxima década. Por eso, y porque su aureola estuvo madurando en el primer lustro de estos diez años cumplidos, a Cristiano le reservaría para el siguiente equipo ideal. En su lugar, otro compatriota, Deco.

Habrá quienes se llevan las manos a la cabeza con esta apuesta, pero es que Deco es, sencillamente, buenísimo. Repudiado en Portugal por haber nacido en Brasil, el seleccionador luso, Scolari, finalmente le convocó para la Eurocopa de Portugal, en la que el ritmo y compás de Deco valió a su equipo para disputar la final. Por otra parte, su trayectoria en clubes ha sido espectacular. Fichó en 1999 por el Oporto para arrasar en la liga los tres años siguientes. Su cénit con los ‘dragoes’ llegó de la mano de Mourinho y la Champions del 2004. La recompensa fue fichar por el Barcelona de Rijkaard y montar, junto a Ronaldinho y Eto’o, un equipo de videojuego. Con los ‘culés’ se llevó otra Champions y, cuando cayó en la autocomplacencia, fue seducido por la opulencia de Abramovich. En el Chelsea está poniendo fin a su carrera, aunque le sobra cuerda para llevarse una Premier u otra Champions.