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La terapia sueca de Ibracadabra

Jueves, 15 Noviembre 2012

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El seleccionador sueco Erik Hamrén desveló en una entrevista con la BBC que su cargo, “afortunada o desgraciadamente” dependía de los caprichos de Ibrahimovic: “Lo que menos necesita Suecia después del fiasco del Mundial es mano de hierro. Así que le he pedido a Zlatan que lidere a su país a su modo”. El drama de no haberse clasificado para Sudáfrica 2010 había dejado muy tocado a una selección que nunca volvió a ser la misma después de la disolución de aquella magnífica generación formada por el talentoso Brolin, los goles de Dhalin, la habilidad de Kennet Andersson y el excéntrico portero Ravelli. Ellos dejaron boquiabiertos al mundo entero en el Mundial de Estados Unidos del 94 y parecía imposible que el fútbol sueco sacara un émulo capaz de repetir una gesta de tal magnitud. Quizás Ibrahimovic no se ha haya hecho futbolista para contentar a su nación; sus irreverencias como jugador demasiado adinerado han chocado con la férrea disciplina con la que algunos entrenadores han intentado meterle en cintura; por ejemplo, el ex seleccionador Lars Lagerback, que dejó el cargo en 2009 con el remordimiento de no haber sacado la mejor versión de Ibra, pero con el orgullo de haberlo castigado con merecimiento: sucedió en 2006, cuando Zlatan y dos compañeros llegaron tarde al hotel en una concentración contra Liechtenstein. Entonces, Ibra dijo (y seguirá pensándolo) que “a un astro no se le trata así”.

Por eso, Hamrén tuvo claro desde el primer momento su carta de intenciones: agasajar a su estrella sin atarle en corto; sólo “a su modo” jugaría feliz sin caer en el hartazgo o “falta de motivación”, razón ésta por la que dejó temporalmente la selección en 2010. La terapia de Hamrén parece que ha funcionado, aunque no haya cosechado resultados prácticos. Suecia cayó en la ronda de grupos de la última Eurocopa, pero Ibrahimovic patentó su liderazgo y sacó su vena más existencialista: “nos han echado, pero estoy contento porque no todo es ganar”. Cierto, ni siquiera sus paisanos le exigen objetivos ambiciosos, se contentan con ver algún espectáculo de magia de Ibracadabra. Y como son esporádicos, sería muy arriesgado perderse un partido de Suecia por la que pudiera liar su delantero centro. Ni la inocencia de un niño de colegio podría admitir que se pueden marcar goles de chilena…¡desde fuera del área! Pero cuando Ibra ignora su ‘yo’ pasota y cansado del mundo, los dibujos de Oliver y Benji no son tan ficticios como nos hacían creer de pequeños. Pocos minutos después de su antológica actuación contra Inglaterra, el eterno meta Isaksson le recordó la credencial con la que Ibra se presentó en el Milan, después de huir de Guardiola: “Soy como el buen vino, mejoro con los años”.

Al ex entrenador francés Luis Fernández no le parece exagerado que un jeque pague a Ibrahimovic un sueldo de catorce millones de euros natos: “Mientras no le saquen de su lujoso mundo, no dará problemas”. En el Ajax exigió un Mercedes-Benz para ir a entrenar; su primer despilfarro en la Juventus fue un Ferrari Enzo y, como desvela en su biografía, “un jugador de élite a veces tiene que disfrutar sus éxitos”, es decir, que se cogió una borrachera de espanto el día que su compañero de la Juve, Trezeguet, le obligó a brindar con vodka (horas después apareció sobado encima del váter de su casa). El día que aterrizó en Paris para firmar por el PSG, no tardó ni un minuto en sacar su descarada chulería: “No conozco a ningún jugador de la Liga Francesa, pero todos ellos saben quién soy yo”. Si la declaración la hubiese escupido Cristiano Ronaldo, le habrían disparado por tierra, mar y aire. Pero Ibra es diferente: es así, y al que no le guste, peor para él.

Desde juvenil se creyó un futbolista con ínfulas de estrella de rock y así se lo transmitió a Arsene Wenger cuando éste quiso hacerle una prueba en el Arsenal…”Yo no hago audiciones”, aclaró el sueco cuando empezaba a despuntar en el Malmö, el equipo de sus ciudad. Y el seleccionador Hamrén, que le conoce al dedillo, se propuso instruirle en un curso de motivación, ya que en el césped Ibrahimovic no necesita aprender conceptos nuevos; tampoco enseñarlos porque, sencillamente, nadie más puede repetir sus virguerías. Así que su seleccionador le da rienda suelta y, cuando queda satisfecho, le da una simple palmadita en la espalda. Y es que Ibracadabra no necesita palmeros a su alrededor, él se considera la hostia porque, como dijo una vez, “si me hubiera dedicado al taekwondo, seguramente habría ganado varias medallas olímpicas”. No es un farol, practicó artes marciales con pocos años.