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El Sevilla ya no es lo que era

Jueves, 10 Abril 2008

Fue bonito mientras duró. El Sevilla ha cerrado  un ciclo triunfal lleno de títulos pero que, como suelo ocurrir en el fútbol, ha acabado con un triste epílogo. El conjunto hispalense ha emulado al gran SuperDepor de la década de los noventa. Por trofeos, el club andaluz supera al gallego, pero por carisma, los Bebeto, Mauro Silva, Fran y compañía siempre serán recordados.

Nadie duda que el juego del Sevilla ha impresionado en Europa, dos copas de la UEFA lo atestiguan. Dentro de las penurias del fútbol español, los sevillistas han sido lo poco salvable durante estas últimas temporadas. Del Nido, con la ayuda de su inseparable Monchi, el director deportivo de moda,  levantó un equipo de la nada, un grupo de futbolistas con diferentes talentos y que el huidizo Juande Ramos supo aunar en el campo. Y lo cierto es que, con el Sevilla, el fútbol ha vuelto a ser entendido como debiera ser siempre: un deporte de equipo.

Si bien el Sevilla se merece el mayor de los respetos por sus logros deportivos, la imagen institucional no le ha acompañado. Del Nido se ha encargado de repetir hasta la saciedad que su club debía ser tratado como Real Madrid o Barcelona. Mal gesto para un equipo, que lejos de haberse ganado la simpatía de la afición española, ha caído en la presunción y la vanidad. El presidente ha sobredimensionado su club y se ha pavoneado ante todo el mundo como si el Sevilla fuera la mayor grandeza que jamás ha existido en el fútbol.  Del Nido  se creía que este año culminaría su proyecto, el cual emprendió hace varios años con una apuesta firme de la cantera – Reyes, Sergio Ramos, Capel, etc- y con un envite de jugadores desconocidos que a la postre se han reivindicado como figuras del mercado internacional – Baptista, Alves, Kanoute, Luis Fabiano, Poulsen, etc-. Pero la realidad es a veces dura: el Sevilla  se ha estrellado en la Champions cuando tenía todas las papeletas para ser el equipo revelación; en la Copa, fueron eliminados por el Barça sin dificultad alguna, y en la Liga, aguantan sin pena ni gloria en puestos de UEFA.

Por supuesto que no me olvido del inicio trágico que sufrió la plantilla con la muerte de Antonio Puerta, y con la espantada de Juande Ramos al Tottenham. Seguramente, la plantilla aún no se ha podido recuperar de ambos mazazos, que además sucedieron en muy poco tiempo. Total, que el sueño andaluz se ha tornado en pesadilla.

Lo peor de todo es que Del Nido y Monchi tendrán que hacer encaje de bolillos el próximo curso para rehacer un bloque competitivo: Dani Alves está más fuera que dentro desde el pasado verano, y la grata aparición de Luis Fabiano mas el oficio de Kanoute y Poulsen, han supuesto que los grandes clubes del continente estén prestos y dispuestos para soltar una millonada por cada uno de estos futbolistas.

Quién sabe, igual Monchi sigue siendo tan perspicaz con los fichajes la próxima temporada y descubre nuevos talentos. En ese caso, y sólo en ése, me volveré a apuntar a la propuesta futbolística del Sevilla. Aunque Del Nido continúe sin saber vender la imagen del club.

Gracias, Getafe, gracias, de corazón

Viernes, 4 Abril 2008

Escribí hace diez días sobre el milagro que Ángel Torres había obrado con su Getafe. Pero, después de la gesta de anoche, este modestísimo club madrileño merece el mayor de los reconocimientos; los elogios a Laudrup y sus pupilos han de ser innumerables. Más allá del empate contra el Bayer Munich en el Allianz Arena, el Geta nos ha hecho recobrar la emoción y la ilusión de gozar con un equipo, venido de abajo, que con su derroche y compromiso, encandila a la afición española. Y al fútbol le urgen este tipo de hazañas.

El Getafe es el antagonismo del fútbol ‘cómodón’ al que, desafortunadamente,  nos estamos acostumbrando. La humildad de los azulones nos evita pensar que este deporte sólo evoluciona a golpe de talonario. El balompié se ha convertido en un negocio, en el que priman los intereses económicos sobre los deportivos, y así continuará por los siglos de los siglos, pero mientras haya equipos como el Geta, que perseveren en su apuesta futbolística, el fútbol salvaguardará su verdadero folclore: el espíritu de equipo. Y eso, precisamente, es lo que los españoles ofrecieron anoche en  Alemania y para toda Europa.

El legendario Franz Beckenbauer, máximo mandatario del Bayer, ignoró conocer al Getafe en un alarde de soberbia y prepotencia. Seguro que ahora no olvidará el nombre de este club el resto de sus días, gane o pierda el equipo madrileño. Porque pasar o no la eliminatoria ya es lo de menos. Lo que trascenderá es la huella que Laudrup ha marcado en los jugadores, y que a su vez éstos han demostrado allende nuestras fronteras.

El partido de anoche comenzó tal y como se preveía: los bávaros avasallaron al Getafe desde el inicio, quizás porque los madrileños salieron con un talante reservado, o más bien contemplativo. Se les puede excusar ya que no están acostumbrados a lidiar con estos miuras. Sin embargo, después de la media hora de encuentro, y con los visitantes perdiendo 1-0, Laudrup mandó a sus huestes que no se amilanasen y jugaran su fútbol, ése que nos está enamorando, el del toque, el del apoyo al compañero y el que no rifa el balón. En resumen, el que hace partícipes a todas las demarcaciones.

Los azulones se sacudieron el ímpetu alemán y  no cejaron de asediar la portería del Kahn más inseguro que recuerdo, ¡Ay, pobre Kahn, que mayor te has hecho!  Total, que una ocasión fallida por Casquero, un cabezazo al poste de Del Moral tras clamoroso fallo del portero teutón, y al final, ¡bingo!, último ataque del Getafe, Contra recoge el balón dentro del área y con una frialdad pasmosa regatea a dos defensores y pica el esférico al guardameta. De este modo, el equipo español, el de todos nosotros, obtenía su merecida recompensa.”

Ayer volví a vibrar con la Copa de la UEFA. El buen fútbol no sólo está reservado para los equipos de Liga de Campeones. De vez en cuando, aparecen equipos que nos emocionan, y si Sevilla y Español disputaron una final de UEFA trepidante la temporada pasada, el Geta nos está sirviendo un torneo taquicárdico. Gracias, Getafe, gracias, de corazón.