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Archivo de la categoría ‘Uncategorized’

Triunfó el fútbol inglés

Mircoles, 2 Noviembre 2016

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Wyatt Earp y Billy El Niño cara a cara en un duelo del Lejano Oeste. Dos de los pistoleros más emblemáticos a balazo limpio, disparándose hasta que cayera uno. A pecho descubierto, con defensas de cartón piedra y sin centrocampistas, Manchester City y Barcelona se liaron en un correcalles a todo trapo, sin pausa para templar el balón como le gusta a Guardiola, y sin el contraataque del pim, pam, pum del que presume Luis Enrique.  Un mundo al revés del que habría que averiguar cómo fue la charla de Pep al descanso para que los citizens salieran a reventar el partido. No tenían más excusas: morir de pie o declarar la sumisión total a Leo Messi. Por suerte para Ferrán Soriano y Txiki Beguiristain, su proyecto más ambicioso no se tambalea y las sospechas contra Guardiola se han evaporado. Ganó en Old Trafford a Mourinho y ha devuelto la ilusión a una afición que ya pensaba que cualquier tiempo pasado fue mejor; al menos, de su entrenador. Pidió tiempo para insertar su idea y anoche renunció a la mayoría de sus principios: ganó un toma y daca que nunca planteó, y aplaudió a John Stones cuando decidió patear un balón para no repetir el estrepitoso fallo de Sergi Roberto. De repente, el espíritu de Javi Clemente y su patapum p’arriba reencarnados en el equipo más obsesionado con la posesión.

Triunfó el fútbol inglés, el que enciende a su gente porque en apenas tres o cuatro toques encuentra portería contraria. Así lo entendió Guardiola cuando en el minuto cuarenta miraba cabizbajo cómo su Barça de siempre disfrutaba con una ejecución pública. Neymar encontró una autovía por la izquierda de la que disfrutó el resto de la MSN: así llegó el gol de D10S y la pólvora mojada de Luis Suárez. Lástima que no estuviera Iniesta en cuerpo y alma, y Busquets en alma. Porque fue una primera parte muy propicia para el manchego, de esos partidos en los que dos regates te dejan solo ante el portero. Sin embargo, al Barça se le ve a la legua que no carbura cuando Busi no hace de Doctor Charles Xavier: si no lee mentes ajenas y se anticipa un segundo a cada jugada, al equipo le sucede como al Madrid galáctico cuando Makelele se averiaba. Y eso que Busquets es único en su especie. Desnortados sin su eficacia en la segunda parte, Gündogan le dijo a De Bruyne que era ahora o nunca. Y chapeau para el técnico de Sampedor por confiar en el ex centrocampista del Dortmund, casi prejubilado y con una silueta ensanchada que asustó al mismísimo Jurgen Klopp.

Guardiola no cometió la segunda ‘guardiolada’ con otro ataque de entrenador y declaró a Kun Agüero innegociable. “Es muy bueno y yo intentaré hacerle mejor de lo que es”, palabra de Pep, a quien hay que creer a pies juntillas porque el diminuto delantero argentino pone en jaque a cualquier defensa. Es tan molesto que aparece por la derecha, se cambia de banda, se mete por el centro y acaba rematando desde el punto de penalti. Tiene licencia para jugar como le plazca y si en España fue medio Atleti, en Manchester no ha perdido protagonismo. Es la estrella del proyecto que ansía jugar algún día con su amigo Messi. Quién sabe.

 

Un golfista en el Bernabéu

Viernes, 14 Octubre 2016

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De repente, un golfista en el Bernabéu que se llama Toni Kroos.  Su putt es una de las pocas maravillas que le faltaba por ver al público merengue; su dirección asistida no desmerece la de Xabi Alonso. Llegó en plena efervescencia mundialista del 2014 y, sin apenas trote de pretemporada,  se comió la pizarra de Ancelotti en aquella Supercopa de Cardiff contra el Sevilla. Jupp Heynckes le definió como una “proeza genética”, no del perfil velocista de Cristiano sino de un panzer que cubre cualquier palmo del césped. “Te pone un centro orientado de cuarenta metros al pie”, dijo Bernd Schuster; a lo que otro todoterreno alemán como Uli Stielike añade que “es un discípulo adelantado de Xabi Alonso, pero más atrevido en ataque. Te monta él solo las jugadas”. Una hoja de recomendación completa a la que sólo le falta la firma de Pep Guardiola. Precisamente, el técnico del Bayern intentó retenerle hasta que Uli Hoeness y Rummenigge le disuadieron de su idea. Guardiola estaba enamorado de un Kroos que no quiso ignorar la llamada del Madrid; desgraciadamente para el Bayern, sus dueños no pensaron lo mismo.

Minuto 15 de la vuelta de semifinales de Champions entre Madrid y Bayern en 2012. Cristiano marca el 2-0, resultado que metía a los blancos en la final de Munich. En medio del estruendo del Bernabéu, Heynckes llama a un imberbe Toni Kroos para que se acerque a la banda. “Dile a Basti (Schweinsteiger) que cojáis el balón y entre los dos os pongáis a mover al equipo”. Dicho y hecho, Kroos se montó a la espalda toda una mole como el Bayern y repartió el balón de norte a sur y de este a oeste. Poco a poco, los bávaros se sacudieron la estampida inicial del Madrid y Kroos se doctoró en master de liderazgo y motivación en uno de los estadios con más solera. Lejos de arrasar en ventas de la tienda oficial del club, Kroos ha confirmado que es tan “esencial” como reclamaba el legendario Effenberg cuando el Manchester United ofreció 40 millones por su fichaje. Si James Rodríguez fue consecuencia del éxtasis mundialista por un golazo estratosférico a Uruguay, Kroos ya estaba cerrado antes de Brasil: con o sin Xabi Alonso, el presidente Florentino y José Ángel Sánchez habían elegido a dedo a su futuro arquitecto.

“Kroos no se anda por las ramas, coge el balón y lo pasa cortito y al pie, o cambiando el juego de un lado a otro”. Es la descripción del ex portero y campeón mundial Bodo Illgner, hoy comentarista de Bein Sport para Liga española y Bundesliga. Todos los grandes futbolistas coinciden en su gran prestación: el Bernabéu le rinde pleitesía cada vez que suelta un pase cruzado de banda a banda, o un centro milimétrico de treinta metros al pecho de un compañero. Su simbiosis con Modric es cuasi perfecta porque desde hace tiempo el madridismo soñaba con una pareja versión 2.0 de la que formaron Seedorf y Fernando Redondo. Y eso ya no son palabras mayores. Dice Schuster con su habitual tono medio vacilón medio bromista que Kroos será su “alter ego cuando pierda toda la vergüenza”. Quizá lo diga en serio, con Bernd nunca se sabe. Sin embargo, Alemania sigue buscando a su nuevo Lothar Matthäus y el madridista es el primero de la lista. 

El Rey León enjaulado

Martes, 2 Agosto 2016

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“Fernando es el tipo de delantero que siempre hemos buscado: dueño del aire y sutil con el balón”. La carta de presentación con la que Antonio Conte describió a Llorente en la sala de prensa del Juventus Stadium el 01 de julio de 2013 revolucionó los noticiarios italianos de aquella noche. La Juve es el Madrid de Italia y un fichaje cocinado durante más de un año en las oficinas de la familia Agnelli se eleva a debate nacional. El ostracismo en Bilbao con el ‘Loco’ Bielsa había merecido la pena; las broncas ensordecedoras de San Mamés ya eran pasado. El ‘Rey León’ quería títulos y su talento lo reclamaban los grandes de Europa; entre ellos, Florentino Pérez. Firmó cuatro años, pero nunca se habría imaginado sentirse como en un sumidero de Bangladesh antes de que expirara ese contrato. Es el Fernando Llorente de este verano, repudiado por su propio club, el Sevilla, y resignado a sacar lo mejor de sí mismo para convencer al tozudo Sampaoli. Cualquier equipo necesita un boya de waterpolo que remate hasta un microondas y trague con el trabajo de alcantarilla o, dicho en cristiano, partirse la cara con los defensas. El riojano es el currículum perfecto, pero los goles son otra película. Ibrahimovic cuenta en su biografía Yo soy Zlatan que en su primer encuentro con su actual agente, Mino Raiola. éste le mostró una pila de papeles con las estadísticas de los mejores goleadores de Europa: Thierry Henry, Trezeguet, Inzaghi…todos dejaban al sueco del Ajax a la altura  del betún. La contestación chulesca de Ibra fue: “El fútbol no son sólo goles. Te lo demostraré”.

Llorente no redondeó una cifra de goles como Romario en el Barça (prometió treinta y los clavó). Su escultural figura e imponente altura intimidarían a los férreos zagueros italianos; como dice su hermano, Chus, “cada entrenamiento con la Juve era una prueba de supervivencia”. Debía ser el mejor cabeceando, de espaldas, desmarcándose y, de postre, una extenuante sesión de gimnasio. Creyó que el Calcio le curtiría como a un soldado espartano, pero Massiimiliano Allegri le dejó claro que sin goles no habría futuro. De repente, llegó Morata, escasearon los minutos y al león se le nubló la mirada. El David de Miguel Ángel se quedó petrificado; Turín era un sueño roto, la Premier un sueño idílico y regresar a España la terapia más rápida para recuperar la autoestima. Fue Unai Emery quien propuso su fichaje a Monchi por la urgencia de cubrir el hueco de Carlos Bacca. La puesta en escena fue un Sánchez Pizjuán medio lleno y un Llorente con ganas de colocar testarazos en las escuadras. Las plantillas de Emery reúnen mucho músculo y una tanqueta era la artillería pesada que necesitaba para completar el vestuario. Pero otra vez de cien a cero en un pestañeo; la efervescencia del principio convertida en un martirio que provocaba el murmullo de la grada sevillista. Innumerables dudas en la cabeza de Fernando: ¿cuál era la causa de un desierto tan kilométrico?, ¿eterna mala suerte?. Por descarte, no hay razones para el despiste: se casó y dejó de provocar el llanto desconsolado de adolescentes que veían en su belleza a una estrella del pop. Tampoco perdió el tiempo en desgastarse ante la prensa: ni una mala crítica, ni un dardo subliminal. Tan sólo importaba que sonara el despertador cada mañana y a entrenar a tumba abierta.

Sampaoli no le ha engañado. No cuenta con Llorente desde un principio porque prefiere manejar a gladiadores más escurridizos como Alexis Sánchez. Pero Monchi, genio en la compraventa de jugadores, no le quiere malvender. La Real Sociedad se interesó por él por una oferta irrisoria y  a él no le habría molestado renunciar a sus orígenes rojiblancos porque su mujer es donostiarra. Pero Llorente sueña desde hace tiempo con pisar Inglaterra y levitar en cada córner cerrado, en cada saque de banda made in Premier. Las faltas en el centro del campo son media ocasión de gol y no hay reto más excitante para un delantero acostumbrado a devolver melones con la cabeza. El sueño estuvo a punto de cumplirse la semana pasada porque el Swansea quería a otro fornido John Benjamin Toshack (héroe histórico de jugador y entrenador en el club galés). Pero el Sevilla rechazó la oferta de siete millones para cabreo monumental de Fernando. No rajará, pero ahora mismo sólo puede hacer una cosa en la jaula: ¡¡¡Riiiiing!, suena el despertador. Hora de entrenarse.

  

 

 

 

 

Rumble in the jungle

Martes, 5 Julio 2016

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Nunca se han dedicado elogios delante de las cámaras ni han compartido cenas familiares como Messi y Luis Suárez. Compañeros de vestuarios, se miran de reojo para saber quién tiene el ego más grande. Cristiano Ronaldo suspiró de alivio cuando Football Leaks flitró los documentos del fichaje de Gareth Bale: 91 millones y nos los cien redondos de los que presumía el dueño del Tottenham, Daniel Levy. El portugués seguía ostentado el P.V.P más alto del mercado; el galés aún tendría que reivindicar al Bernabéu la cifra astronómica que Florentino Pérez pagó por él. Viven en la indiferencia mutua: camaradas, pero no amigos personales. Su respeto recíproco es fundamental para que el Madrid no se resquebraje y alimente a la prensa más alterada con una colisión de trenes. Quizá el carácter británico de Gareth , ensimismado fuera de las Islas y un poco marciano comparado con el Cristiano más sincero, evite un fuego cruzado que en cualquier otra élite sería entendible. La temporada pasada Neymar no titubeó a pie de campo para confesar a Canal Plus que “Messi es un líder del que se aprende a diario”. No parecían declaraciones de corta y pega, porque ése fue el consejo de su representante, Wagner Ribeiro, cuando Sandro Rosell escenificó su llegada como un acontecimiento estratosférico. Bale no toma referencia de CR7, es un autodidacta que espabila por la brutal presión de su club. Y su agencia, Stellar Group, le maneja con paciencia estoica, midiendo cada paso para que tarde o temprano desfile por la alfombra roja de Hollywood.

Mañana Cristiano y Bale se saludarán sin efusividad antes del pitido inicial. En juego la historia de sus naciones y un Balón de Oro por medio. El afán de superación del luso recuerda al de Rafa Nadal, su ambición pública por ser el número uno es la de un futbolista exageradamente profesional. Gareth apenas chapurrea castellano y sus entrevistas todavía son cuadriculadas, sin aristas, políticamente correctas. “¿Que quién es mejor?, ¿pero qué pregunta es ésa?”, espetó con malestar Bale en una entrevista para El Partido de las 12. Su mano derecha es el agente, Jonathan Barnett, que le insiste siempre en hablar con las botas puestas, no para satisfacer a “todos esos tiburones de los tabloides”.  Esta última temporada habría sido galáctica de no ser por una inoportuna lesión en su mejor momento; aún así, el Madrid ha dependido en el último tramo de su velocista de 100 metros. Paradojas de la vida o del ocaso de cualquier futbolista, Bale exprime ahora las explosivas cualidades del mejor Cristiano: tomahawks y velocidad. En cambio, CR7 se fía de su instinto goleador, que sigue barriendo récords.  Mañana juegan Portugal y Gales, pero ese eslogan no vende ni una colilla. Cristiano vs Bale, un inesperado Rumble in the jungle. Dos pesos pesados que decidirán el combate a puñetazo limpio. No busquen más lecturas porque sus selecciones se cobijan detrás de sus espaldas. Es el reclamo publicitario que necesita la Eurocopa más descafeinada de los últimos tiempos.

Estrella de rock por un rato

Mircoles, 8 Junio 2016

James Rodríguez se volvió a sentir estrella de rock en Colombia. Jugar con la ‘cafetera’ es su retiro dorado, algo así como la tierra batida para Rafa Nadal. Allí cada quiebro de cintura precede a un estruendoso aplauso; cada pase milimétrico de un puñado de anuncios comerciales y cada gol de un día nacional. Con Falcao olvidado en un sumidero, el madridista es líder natural de un vestuario que nunca ha dejado de creer en aquel futbolista desconocido para el gran público al que un gol estratosférico a Uruguay y el pago de 80 millones de P.V.P pusieron en órbita en esa galaxia que ha creado Florentino Pérez. En la Copa América James juega sin los grilletes que le oprimen en el Bernabéu; toca el balón sin miedo a la bronca y corre sin la carrocería que le ha ensanchado su voluminosa silueta esta temporada. Da la sensación de que le han practicado un exorcismo antes de vestirse de cafetero: su mente está liberada de cualquier culpa, suda como en la mina y, la clave, puede fallar sin miedo al ‘qué dirán’’.

Los tótem de la historia le respaldan: desde el inigualable Valderrama hasta Faustino Asprillla, quien dijo hace unos meses que a su compatriota “no le dan cariño en el Real Madrid”. Quizá el ex delantero del Parma no haya seguido capítulo a capítulo el drama de James, desde que la grada le rendía pleitesía por pegarse una carrera imposible al estilo Raúl hasta el silbido unánime por vago y dejado, las peores acusaciones que se pueden sufrir con esa camiseta. Como en el caso de Iván Zamorano, cuando Valdano y Ángel Cappa le recuperaron para la causa después del frustrado fichaje de Eric Cantona, la Copa América de James le está viniendo bien por higiene mental. Manolo Sanchís confiesa que es un “Porsche de alta gama con una caja de cambios complicada”; definición perfecta para explicar por qué James ha pasado del todo a la nada sin una razón que entienda la calle. Bueno, a lo mejor sí.

James quiere abandonar el Real Madrid. Lleva tiempo atrincherado en su realidad y a su todopoderoso representante, Jorge Mendes, le abrasan por teléfono con tanta llamada interesada. El colombiano intentó lucir abdominales a la salida de una de esas cenas de conjura merengue para demostrar que no está gordo, y aguantó el silenzio stampa con la persecución policial por la M-40 hasta que el club le exigió explicaciones públicas. Mucho estiércol y poco fútbol; líos a diestro y siniestro, y ninguna crónica generosa sobre el césped. Hace unos meses, en la penúltima convocatoria internacional de Colombia, lanzó un tomahawk  pero fuera del campo: mandó un  recado a Zidane porque allí se siente futbolista y rey Midas de los anuncios. Anoche repitió ritual en la Copa América: partidazo ante Paraguay, gol y un nuevo guantazo a Zizou: “Aquí juego hasta cojo”. Sin embargo, en Madrid aún no ha entendido que la ópera es demasiado selecta. Si no juega y, peor, no suda, los oídos le seguirán pitando. El galimatías de su cabeza empieza y acaba en él. O en el diván de un psicólogo que le recuerde por qué Florentino Pérez escuchó su nombre en Brasil no hace demasiado tiempo. Como dice Paco González, “es increíble que el Madrid no saque más provecho de este jugadorazo y más aun que él no saque provecho de sí mismo”. Para bien o para mal, sólo hay un único culpable y Jams sabrá quién es cuando quiera quitarse la venda de los ojos.

Los puñetazos de Tyson

Mircoles, 13 Abril 2016

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Con la pegada de ‘El Terror del Garden’, el Madrid se metió en semifinales. No baila al blues del Barcelona ni presume del bloque granítico del Atlético de Madrid, pero los puñetazos de Tyson sólo se ven en el Bernabéu. A falta de jugadas de videoteca, al equipo le basta con una ráfaga de metralla, un pim, pam, pum para noquear al esparrin que suba al ring. Zumbar al Wolfsburgo era una obligación, pero cualquier otro semifinalista exige picar en la mina. Hablando en plata, que Bale y Cristiano (sí, el ‘Bicho’), no se queden pasmados arriba cuando el resto sufre con el agua al cuello. Dicen que es una remontada histórica porque los últimos intentos habían frustrado el espíritu de Juanito; en ese caso, aceptamos pulpo como animal de compañía. Fue la comunión del semidios del madridismo con la grada; del sospechoso runrún a la ovación más atronadora; del hay que  venderle por una pasta gansa a CR7 forever.  Y aunque la odiosa comparación con Messi le hierva la sangre, el portugués arrasó el debate de la calle, si es que aún lo había: sí, es el mejor futbolista de la historia del club, que no significa que sea el más importante. Porque ahí entran los folclóricos con Di Stéfano y los puristas de Raúl González.

A Cristiano le preguntaron en zona mixta por qué nunca descansa. “Estoy bien, no hay motivo para parar”. Lo dice el mejor profesional de su oficio; entregado al culto de su cuerpo mañana, tarde y noche; obsesionado con romper la barrera del sonido y sacudirse las habladurías de segundón. Un ex peso pesado del vestuario cuenta que durante las dos primeras temporadas de Mourinho, su fijación con ser el número uno llegaba a límites insospechados. Por ejemplo, estar cenando durante una concentración viendo al Barça en televisión, y tirar la servilleta al suelo instantes después de un gol de Messi. Y aunque su egolatría le ha causado odios por muchos campos, ese ansia de superación mantiene su voracidad de tiburón blanco, sin que ningún Jefe Brody lo arpone. Hace dos semanas encasquilló demasiados fusiles en el Camp Nou, anoche le demostró a Florentino Pérez una teoría peligrosa para un club de casi 600 millones: el Madrid es Cristiano por tierra, mar y aire. Y sin él, se asoma al Apocalipsis. Aunque lo misma dirán los merengues del Barça sin Messi. Sólo la estrella lusa podía evitar el cataclismo del club y las supuestas terribles consecuencias en la planta noble del Bernabéu.

Por cierto, partido horrible del Madrid que le vale para tumbar al Wolfsburgo que todos querían. Suena de chiste que la ida acabase en zozobra con una defensa que, lejos de tener fiabilidad alemana, se parece al cartón piedra. Demuestra que la psicología de los blancos necesita un buen rato de consulta en un diván. Cuando quiere y no se distrae, pasa por encima como una apisonadora, pero de repente viene el Málaga y le hace un brete. Lo decía el mítico Raúl en una entrevista con Jorge Valdano, “no sé por qué, pero la Champions nos evadía de todo. Y eso era muy peligroso”. Al fin y al cabo, desde que se extinguió la ‘Quinta del Buitre’ y su récord de cinco Ligas, el Madrid se ha acostumbrado a jugar a la ruleta rusa: o Champions o hecatombe. Sin término medio. Pero se divierte como nadie jugando a ser funambulista sobre el alambre.

Estrategia cero

Mircoles, 30 Diciembre 2015

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Ibrahimovic cuenta en su biografía Yo soy Zlatan que, durante su primera temporada en la Juventus, Fabio Capello le encerró en su despacho viendo vídeos de Marco Van Basten para aprender todos los movimientos tácticos que le ayudaron a triunfar en el siderúrgico Calcio. Ibra relata que siempre agradecerá aquel castigo porque en apenas media hora entendió cómo descerrajar las acorazadas defensas italianas. Rafa Benítez quiso enseñar a Toni Kroos a poner pases de cuarenta metros con un pateo determinado, y a Cristiano Ronaldo a lanzar faltas poniendo la bota de otra forma concreta. Una sensación de parvulario para cualquier futbolista de élite. Sin embargo, a ninguno de ellos les ha metido en vena conceptos tácticos; ni siquiera a Gareth Bale, que campa a sus anchas por el césped sin ninguna noción teórica. Quizá un puñado de vídeos con sus jugadas más imponentes en el Tottenham explicaría por qué debe jugar en la banda izquierda por lo civil o lo criminal: la asistencia de gol a Lucas Vázquez confirma la regla. Bale se mueve como nadie dentro del cajón desastre; sabe negociar el caos  porque, sin táctica a la vista, arranca un par de galopadas que excitan a la grada. El galés cuajaría como un molde en los férreos sistemas de Mourinho por ese talento de velociraptor al contraataque. Es una simple idea, la de Benítez sigue siendo un sudoku demasiado sesudo incluso para él. La Real Sociedad desnudó esa vergüenza que arrastra el entrenador obsesionado con almacenar discos duros de estadísticas, y bastante dejado en el esfuerzo ajedrecista que exige el fútbol de primer nivel.

Vicente Del Bosque siempre ha arrastrado fama de gran gestor y mal entrenador. En el Real Madrid se le acusaba de contar con los mejores futbolistas al son de ‘Salid y jugad como sabéis’. Sin rigor, sin ensayos de laboratorio. Pero la final de la Octava en París, con la osadía de los tres centrales (Helguera, Karanka e Iván Campo) calló muchas bocas. Benítez denuncia campañas contra el club y la prensa le denuncia a él por pésimo estratega. El partido de ayer lo jugaron once estatuas clavadas con chinchetas sobre el tapete: sin intercambio de demarcaciones, sin presión alta, ni baja. Da la sensación que el Madrid es como un equipo de la NFL: el ataque sale en una jugada y la defensa en otro. Compartimentos estancos. La prueba de que el algodón no engaña significó el aplauso de la grada a Bale por sacrificarse en un momento puntual. Incluso, Cristiano corrió hacia atrás cuando la Real se hartaba de sobar el balón de lado a lado y el Bernabéu estalló en un silbido desgarrador. La peor noticia para los jugadores en su intento de comulgar con la gente fue la indiferencia absoluta en el golazo de Bruma. Sentimiento del hartazgo más absoluto. Desde fuera se ve a la legua una plantilla poco trabajada, sin esquemas ni chuletas tácticas. El Madrid gana porque a los puntos tumba a todos en la Liga, salvo Barça y el Atleti de los últimos tiempos. Con los demás, cualquier genialidad de CR7 o la inercia goleadora del equipo sobra. Aunque eso no basta para ganar títulos.

Hay casos demasiado alarmantes. De repente, Kroos aumenta su eficacia al doscientos por cien porque su área de trabajo se limita a una cabina de teléfono, que es el espacio que necesita para pasársela a un compañero. Recibe el balón y lo suelta sin ningún mérito. Si Modric se siento incómodo, la sala de máquinas se avería. No hay plan B ni C que supla la inspiración del croata. Como tampoco hay una explicación convincente que responda al bajonazo de James. Bueno, Paco González esgrimió en El partido de las 12 que el club está preocupado por ciertos vicios del colombiano que recuerdan a los de Mesut Özil. Dicen que su peso no es el idóneo y ha perdido las esculturales abdominales que le mantenían como un bulldozer. Y Benítez se ha percatado de que él no ha podido contar con la mejor versión del colombiano que sí disfrutó Ancelotti. El único consuelo del madridismo más ciego es que el margen de mejora es, sencillamente, bestial; el temor es que cualquier esparrin le puede pintar la cara. Mestalla huele a drama.

Cómo entrevistar a Maradona

Domingo, 27 Diciembre 2015

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Cuenta Luis Miguel González en su libro Las mejores anécdotas del Real Madrid  que a principio de los setenta sólo un periodista de MARCA y otro de AS cubrían a diario los entrenamientos del equipo de Miguel Muñoz. Una vez uno de ellos llegó tarde y el entrenador blanco retrasó la sesión hasta que el reportero apareció por la Ciudad Deportiva de La Castellana. La complicidad entre futbolistas y periodistas cobraba cada vez más normalidad, dado que aquella vertiente del periodismo deportivo, diferente de las crónicas y retransmisiones en directo, iba arraigándose en España. Tomás Guasch sigue sin entender por qué el mundillo del fútbol se ha cerrado tan herméticamente a la prensa: “a finales de los ochenta y en los noventa tú ibas a un entrenamiento y después concertabas una entrevista para dos o tres días después. Jugadores como Tarzán Migueli te facilitaban el trabajo”. Tampoco hacía falta llegar al extremo de disponibilidad de Hugo Sánchez, quien fue pionero en contentar a los chavales que acudían a los entrenamientos en día festivos. Guasch cuenta que el mejicano salía del vestuario con una riñonera y sacaba decenas de fotos que firmaba para los niños. La espontaneidad entre futbolista y periodista era clave para el rigor informativo de sus escritos; el reportero de turno conocía las sensaciones del jugador no de oídas, sino por testimonio directo.

Pero ese modelo de trabajo se vino abajo con la masificación de medios. Todavía en la época del Dream Team de Cruyff, incluso durante los primeros años de los ‘galácticos’ de Florentino Pérez, los periodistas accedían a una sala por donde pasaban los protagonistas perfumados directos al parking. Enrique Ortego publicó innumerables entrevistas con Butragueño o Míchel, negociando directamente con ellos en la antigua Ciudad Deportiva; obviamente, las gestiones eran muy puntuales: previas de clásicos, derbis, días de Copa de Europa, etc. Pero los encuentros cara a cara cambiaron para siempre con el nacimiento de la era digital y todo ese ejército de medios que acude en tropel a los entrenamientos; no era lo mismo que un puñado de periodistas charlase en versión barra de bar con varios futbolistas a que una legión reclamase entrevistas personales. Ante tanta demanda, los clubes necesitaban jefes de prensa que supieran organizar las peticiones a la vez que colmasen la voracidad de la información diaria. En consecuencia, el trato personalizado se transformó en una rueda de prensa en la que cada medio podía hacer una pregunta, cuanto menos molesta, mejor. El negocio del fútbol y su expectación global había aumentado a la enésima potencia…estrellas (y hombres anuncios) como Ronaldo o Beckham recibían solicitudes de cualquier rincón del planeta mediante el envío de un simple (o simplón) email. La famosa sala que comunicaba el vestuario de los jugadores con los Ferrari y Lamborghinis más exclusivos del mercado desapareció.

Detalles como la arenga que captaron las televisiones de Iker Casillas a sus compañeros en el túnel de vestuarios de Gerland a grito pelado, previo al Lyon-Madrid de la Champions de 2011, resultan casi milagrosos. A los aficionados les pierden los trapos sucios, lo que se masca entre bambalinas, y reclaman más imágenes ‘no vistas’. Por eso, la obra maestra de Informe Robinson donde las vivencias de la selección española en Sudáfrica quedaron inmortalizadas al detalle no tiene precio. Suena a vacile que el fútbol aún no haya dado el paso que deportes tan espectaculares como la NFL o la NBA tomaron como hábito hace años. En Estados Unidos es ritual que una cámara y un micrófono se cuelen en los vestuarios; al fin y al cabo, el negocio es el entretenimiento. En ese estricto sentido, las redes sociales son una plaga que ha suplantado de lleno la personalidad de ese periodismo más indiscreto: cualquier tuit de Cristiano Ronaldo le ahorra el marrón de convocar una rueda de prensa; 140 caracteres que como venga cargados de ironía (modo Gerard Piqué), apañan horas de cualquier tertulia.

Instagram y Facebook trabajan a destajo después de cada pitido final. De repente, una marabunta de fotos de vestuario, con la mitad del equipo posando medio desnudo, se publican en internet. Sonrisas profident (sólo cuando ganan, claro) y abdominales casi de photosop  bastan para fingir en algunos casos buen rollo. Recuerdo una imagen de Canal Plus siguiendo al sevillista José Miguel Prieto desde el césped de Mestalla hasta casi la ducha después de ser expulsado en un Valencia-Sevilla de 1994. Por aquella época, ya parecía un sacrilegio que un intrépido periodista pudiera colarse hasta la caseta con un partido en juego. En la fonoteca quedará para siempre el lance radiofónico de Poli Rincón y la entrevista exprés que intentó hacerle José María García cuando el bético se retorcía de dolor en el vestuario tras haberse lesionado. Fue el periodista Roberto Gómez quien puso el micrófono ante el lloro desconsolado de Poli; a Supergarcía se le ocurrió quitarle hierro al asunto con el famoso “ya sabemos que el bravo Hipólito Rincón acostumbra a agrandar con consideración sus percances”.

Aquellos episodios pasaran a la posteridad porque difícilmente se repetirán. Los clubes se han blindado en un búnker en el que una lesión se esconde como si fuera un parte de guerra para el alto mando. Las explicaciones públicas se han transformado en comunicados oficiales (el Madrid de Ramón Calderón se atiborraba de ellos); los entrenamientos de puertas abiertas bajaron la persiana para evitar filtraciones tácticas (así lo ordenó Fabio Capello –o Mijatovic- durante su segunda vez), y la ruleta automática de elegidos para poner la jeta delante de los medios es la única vía general para intuir cómo respira un equipo. Al menos, el Barça saca muñecos, los merengues sólo a su entrenador, aunque en las últimas semanas Cristiano, Ramos y Bale han desfilado por zonas mixtas. Los medios nos hemos acostumbrado a sacar petróleo de las ruedas de prensa; por eso, los clubes ya no se sorprenden con tomahawks directos a la actualidad rosa, no del rival de turno. Es lo que vende, lo que más se cliquea en las webs. Así funciona el negocio: o lo tomas o lo dejas. Pero no pelees por cambiarlo, no interesa. Guasch delata el contraste de ayer y hoy, ”todavía recuerdo cuando pude hablar con Maradona después de un entreno del Barça. Le pregunté si le podía entrevistar para mi periódico y me dijo que viniese en dos o tres días”. Eran otros tiempos, sí; pero también era Maradona.

Cristiano, la batidora

Jueves, 1 Octubre 2015

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Cristiano será “rico, guapo y gran jugador”. También, soberbio, chulo y arrogante. Y, para que no falte, inteligente, prudente y sincero. Todo mezclado en una batidora.  El producto final invita a pensar que el público se quedará más con el futbolista que con el personaje. Las consecuencias volcánicas que depararon la goleada del Calderón (4-0) y la ya antológica “tarima” de Kevin Roldán en su cumpleaños le inhibieron en su burbuja. Cero entrevistas, cero declaraciones y una ley de silencio que ha aborrecido las zonas mixtas del Bernabéu. Era su noche, la del récord, la de otro hueco en el museo del estadio. Y con esa ansia de pulverizar récords se presentó ante los enviados especiales. Siete meses sin dar la cara es demasiado tiempo sin lucir la imagen del Real Madrid, porque él es el icono publicitario-marketiniano del club. Anoche era su obligación (el club debió exigírselo antes) y, sinceramente, no defraudó a la prensa. Las rotativas se detuvieron a la espera de su comparecencia. Él es como él, lo puedes aceptar o no. Pero ése ya no es problema de Cristiano.

Nunca engaña delante de las cámaras. Antiguo feligrés del mourinhismo’, siempre va de cara para lo bueno y lo malo. Y para escarnio de los periodistas españoles, venía rebotado de una entrevista en la ESPN: “espero que me hagáis preguntas más inteligentes que el otro compañero”. Poco duró la recomendación. De repente, Piqué salió a la palestra con su agradecimiento al ‘rompetarimas’ colombiano. A continuación, la insistencia masiva de su silencio stampa. No se trata de hacer apología del estilo periodístico, pero sí del sentido común que habría construido una pila de cuestiones sobre la victoria, el récord y, al final, la obligada apostilla del silencio indefinido. Sin embargo, el canutazo comenzó con misiles y en esa guerra, el portugués no se achanta. Al revés, intenta devolver la pelota con un drive a la línea. “No hablo más porque las preguntas no son buenas”. No para el aficionado ni para el club, sí para perseguir titulares con letras capitales. Cristiano conoce nuestro juego de mesa: suelta un tópico para el relleno y, a continuación, lanza su tomahawk. El contraste entre el insípido “estoy feliz por el récord” y un alarmante “nadie sabe el futuro” delatan a un futbolista que, sin ser gran orador, sabe colocar su mensaje, a veces críptico. “Cuando no se habla es porque algo no va bien”. Sin más detalles.

El discurso de Cristiano, siempre volátil, siempre vendible, dejó un suspense que arrastrará hasta final de temporada. Un “soy feliz” y tres futuros inciertos. Quería escupirlo para agitar las tertulias periodísticas. Se irá, se quedará; minutos y horas de cábalas, falsas exclusivas y profetas de programas de madrugada. Y en esa guerra de trincheras entre CR7 con su escudo, y los periodistas, el motivo de su presencia pública se evaporó en pocos segundos. De mítico ‘7’ a mítico ‘7’, ha cogido a Raúl, pero ése no es el estado de la cuestión.  Insisto, Cristiano será “rico, guapo y gran jugador”. También, soberbio, chulo y arrogante. Y, para que no falte, inteligente, prudente y sincero. Todo mezclado en una batidora.

 

Intervenciones divinas

Martes, 22 Septiembre 2015

“Tendríais que ver un entrenamiento suyo, es un auténtico espectáculo. Tan pronto está volando de un palo a otro como salta desde el suelo, hace una voltereta y ataja un balón sin saber su dirección. Necesita dos camisetas por sesión porque la primera siempre queda empapada”. De una tacada Joaquín Caparrós describe cómo es el día a día de Keylor Navas. De la ciudad deportiva de Buñol a Valdebebas en silencio, sin armar bulla. La Biblia es su referencia y Dios su guía espiritual. Detrás de cada parada está su imagen divina; detrás de cada estirada, una oración. Reza al levantarse y al acostarse, y como los caminos del Señor son inescrutables, Keylor se entrena a tumba abierta, como si no hubiera mañana.  “Uno nunca será un gran portero o ‘porterazo’, como dicen ustedes, si no acaba el día empapado de sudor y manchado del verde de la hierba”.  El esfuerzo no se negocia (patente de Simeone), es el ritmo de su Pura Vida, el código con el que los costarricenses se identifican por el mundo.

La portería del Real Madrid todavía busca sucesor. La sombra de Casillas es demasiado alargada porque contra los mitos no se puede luchar. Pero Keylor sabe evadirse de ese grosero runrún y concentrarse en las medidas de la portería; “ni escucho, ni leo todo lo que me rodea”, dijo anoche en El Partido de las 12 de COPE. Y para un tío con una fachada relajada, que nunca ha roto un plato (su madre Sandra da fe), la efigie del ex capitán se mira con respeto y admiración, punto. Ni comparaciones odiosas ni recuerdos nostálgicos: el Bernabéu aplaude a rabiar la agilidad de su nuevo portero, al que la prensa aún no ha puesto apodo. La pantera de Manolo Lama le queda niquelada, a partir del miércoles comenzarán a escucharlo en sus narraciones. El proyecto Keylor Navas ha empezado impoluto, sin goles, y con un punto de inflexión crucial: el pasado 31 de agosto, cierre de mercado. Olía a noche fatídica para el costarricense, las sobras del plato que acapararía De Gea. Pero un ¿despiste burocrático? o la intervención divina retuvieron a Keylor en Madrid casi a punto de subirse a un avión con destino Old Trafford. “Lloré después de aquel día”, confesó a la COPE sin ruborizarse. Al fin y al cabo, que el Bernabéu le haya jaleado en dos partidos consecutivos, Betis y Granada, sólo tiene una razón: miren al cielo.

Keylor es un tipo agradecido y, siempre que puede, se deshace en elogios hacia su mentor, compatriota y entrenador de porteros de la selección nacional. En el 2010, un mito del Albacete Balompié, Luis Gabelo Conejo, convenció al presidente del club manchego, Rafael Candel, para que fichara a prueba a Navas. “Del aeropuerto de Barajas a mi despacho de Campollano, tal como hicimos con Conejo”, anunció Candel en la presentación del portero del ‘Alba’. Keylor puede detallar todos y cada uno de los partidos que jugó Conejo con el ‘Queso mecánico’ de Benito Floro de principios de los noventa: “He visto muchos vídeos de Conejo pero no en vivo porque tenía cuatro o cinco años”, contó en una charla desenfadada con periodistas costarricenses durante la primera semana del Mundial. Lo que sí guarda como una reliquia es una cinta resumen de su selección en el Mundial de Italia 90, donde Costa Rica sobrevivió en el grupo de Brasil, Escocia y Suecia con palomitas gloriosas del que fue guardameta de aquel coqueto ‘Alba’. “Lástima que Conejo no jugase los octavos contra Checoslovaquia”, suele contar el portero del Real Madrid, quien,  a pesar de su nueva y sobredimensionada exposición pública, no tiene reparos en coger el teléfono para responder a la prensa; ni siquiera en dar el número de su habitación del hotel de concentración para atender con más calma a cualquier entrevista durante el Mundial. Por algo, es profesional desde que se pone los guantes por la mañana hasta que se duerme leyendo pasajes bíblicos.