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Explota el propano

Mircoles, 7 Enero 2015

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“Presidente, o me deja sancionarle o me voy”. En su habitual estado volcánico, Louis Van Gaal amenazó al presidente José Luis Núñez porque el caso Rivaldo le había agotado. Sucedió en diciembre de 1999, cuando la estrella brasileña del Barça acababa de ser informado que recibiría el Balón de Oro y había decidido ir de gallito con su entrenador. Bajo ninguna circunstancia, Rivaldo jugaría de extremo izquierdo en el partido liguero de Vallecas porque se había hartado de los planteamientos férreos del holandés. El cuerpo técnico y algunos compañeros como Figo o Kluivert intentaron convencer al media punta brasileño para que rectificara, pero prevaleció su tozudez. Van Gaal consideró la negativa como un acto de indisciplina y le dejó fuera de la convocatoria contra el Rayo. Al día siguiente, Núñez y su entrenador se reunieron en el Camp Nou, y Van Gaal le dijo que no iba a tolerar “caprichos de niño” por mucho Balón de Oro del que pudiera sacar pecho.El desencuentro protagonizó la trama de aquellas Navidades en la Ciudad Condal y Rivaldo evitó meter otra cerilla en el inflamable vestuario rechazando más días libres de lo habitual para las vacaciones de fin de año en su país. Después de Reyes, Núñez comunicó al jugador que estudiarían seriamente aumentarle el salario en su próxima renovación pero, a cambio, le insistió en que no fuera tan rebelde con Van Gaal por el bien del equipo.

Los decibelios de los chismorreos en Can Barça llegaron a un nivel tan ensordecedor que Van Gaal, conminado por el club, aprovechó una rueda de prensa rutinaria para activar el protocolo de mentiras. “Hablé con Rivaldo y no hay ningún problema (…) Todo el vestuario está unido para intentar ganar todos los títulos (…) ¡Felicidades! Os habéis reído mucho inventando en el tema de Rivaldo”. Meses después, el Barça fue cayendo en todas las competiciones como fichas de un dominó y Van Gaal, oteando el tsunami que se aproximaba, se despidió de los periodistas al son de “¡Felicidades, lo habéis conseguido!”. Rivaldo ganaba un pulso demasiado latoso en el tiempo y José Luis Núñez se despedía de la presidencia por el desgaste de las críticas de la grada, la prensa y esas pequeñas peleas de vestuario que fueron esquilmando su último proyecto. “Había demasiada tensión”, comentó Núñez años después en una entrevista en TV3.

“Había que rebajar la tensión”. Coartada de parvulario que ha usado Josep María Bartomeu para convocar elecciones. El soci las pidió a gritos el día que Sandro Rosell dio la espantada; necesitaban a un presidente electo, no de cartón piedra. Pero los cenáculos periodísticos del Barça ya murmuraban entonces que el flamante presidente tenía fecha de caducidad: la que dictara Leo Messi. Descontento con la gente de traje y corbata de la  planta noble del Camp Nou, el crack argentino intuye que la directiva filtra a la opinión pública basura sobre él. El ‘Tata’ Martino fue un obsequio generoso de parte de Rosell, pero la familia Messi sabía que su fichaje exprés apenas duraría una temporada por la “falta de sintonía con la cultura culé”. Es decir, que Martino era un ente ajeno y extraño para el universo Barça.

Y de Martino a Luis Enrique, la solución (según Zubizarreta) a la dejadez del vestuario y la pelea de egos, empezando por el ‘10’ argentino. “Soy un líder”, espetó Luis Enrique en una de sus primeras comparecencias públicas en julio. Lo supo Francesco Totti, gurú físico y metafísico de la Roma, cuando decidió subirse al ring con Luis Enrique en su única temporada en Italia, y lo ha terminado por entender Messi, capataz del rancho desde que Guardiola lo abandonó. En el trasfondo, irá apareciendo Joan Laporta. La carta maestra del próximo entrenador quizá decida presidentes, pero el barcelonismo olvidará la due diligence del ex presidente a tenor de este desastre de proporciones bíblicas. Al fin y al cabo, la clave del éxito en el Barça es controlar el propano. O, dicho políticamente correcto, “rebajar la tensión”. O, hablando en plata, seguir dispensando a Messi trato de faraón. Rivaldo ganó su pulso a Van Gaal, ¿qué suicida cree que el argentino no se impondrá a Luis Enrique?

Un estorbo de Mundialito

Mircoles, 17 Diciembre 2014

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Mundialito de clin, clin, caja o quizá no tanto. Hace unas semanas el programa Fiebre Maldini emitió un resumen de la final de la Intercontinental Boca – Real Madrid del año 2000. Campeón de Libertadores contra campeón de Champions y un desfile de estrellas que vendía el partido como rosquillas. Aquella exhibición de Riquelme ante el flamante Madrid de Figo evidenció que el ombligo del fútbol no era todo europeo. En apenas un puñado de minutos Martín Palermo reventó las quinielas y sepultó al favorito. Años antes, el Sao Paulo de Raí y Cafú tumbó consecutivamente a los equipos más perfectos del viejo continente: primero, el Dream Team de Cruyff y, a continuación, la maquina aniquiladora del Milan de Fabio Capello. Entonces, Sudamérica no sólo era un filón de jóvenes con ínfulas maradonianas, también el rancho de grandes jugadores de siempre, como el propio Raí, el histriónico Chilavert (campeón con Vélez Sarsfield ante el Milan) o, pónganse en pie, el mismísimo Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’.

Pero los estragos de las convulsas economías sudamericanas, sobre todo de los ‘corralitos’ argentinos, han destrozado el poco atractivo que le quedaban a estas ligas, hasta el punto de que el fútbol español sólo estuvo pendiente del Mundialito de Guardiola por el impacto marketiniano de Neymar, jugador del Santos. En el primero, la FIFA, en su afán de ser samaritana con el mapamundi entero, acogió a los campeones de todos los continentes para montar un torneo que debía esconder la ansiada final Europa-Sudamerica. Dos ediciones antes, la gracia del Mundialito consistía en averiguar si el prodigioso Barça del novato Pep lograba la cuadratura del círculo con seis títulos en un año natural. Pocas páginas más que escribir. Al Madrid le toca lidiar con San Lorenzo de Almagro, el equipo del Papa Francisco. Ése es su cartel para ignorantes como yo del fútbol argentino. Para alguien que apenas ojea el campeonato argentino cuando el país se detiene por un Boca-River, la plantilla de San Lorenzo le sonará poco. El conocido por la afición española es el portero Leo Franco, suplente ahora mismo, y el experto en ligas europeas es el central colombiano Yepes. El resto se los detallará Fernando Evangelio, experto en fútbol internacional de la Cadena COPE.

El Mundialito de Marruecos (con caos organizativo incluido) no se ha comercializado como la enésima batalla Europa- América; es sólo una consecuencia más de la ‘Décima’ para engordar palmarés y hacer otro hueco en las vitrinas del Bernabéu. “Mucho que perder y algo que ganar”, Manolo Sanchís levantó la Toyota Cup (no se asusten, también llamada Intercontinental) la noche del ‘Aguanís’ de Raúl. Entonces, el Madrid necesitaba esculpir su nombre en trofeos que había tardado décadas en desempolvar. Pero para un tipo tan folclórico y amante del fútbol añejo, este formato atrofiado hay que ganarlo sin presumir. No en vano, fue Sanchís quien dijo una vez que las Supercopas “sólo se valoraban con una Champions o Liga por delante”. Sucede lo mismo con el Mundialito. 

¡Beckham, feo, feo!

Domingo, 7 Diciembre 2014

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Luis Enrique no pudo ocultar su sonrisa irónica cuando le preguntaron por los diecisiete aficionados expulsados del Bernabéu. “¿Sólo diecisiete? Si se echa por insultar nos quedamos solos”, espetó el técnico asturiano. Lo dice el enemigo público numero uno del madridismo, que ha aguantado insultos, mofas y broncas en todos los idiomas cada vez que pisaba la capital. Él no se tapó los oídos como Luis Figo la noche que el Camp Nou le reventó los tímpanos al grito de ‘Judas’. Entonces, la sensibilidad con la homofobia y el racismo no era la misma: los ultras también se zurraban entre ellos y las aficiones más animosas nunca se cansaban de hacer vudú verbal a determinados jugadores. Por ejemplo, Mijatovic, ídolo de Mestalla que encendió a toda Valencia cuando pasó a ser proscrito. En cambio, Eto’o casi se larga antes de tiempo de un Zaragoza-Barça porque se cansó que parte de La Romareda le cantara “yo soy aquel negrito del África tropical…”. A Míchel no le gritaron ‘negro’ pero su tocamiento de genitales a Valderrama se hizo demasiado famoso en Primera División. Y, como ahora, también Liga y Federación se reunían a todas horas para fingir intolerancia. Presumían con los brazos cruzados mientras la UEFA se hinchaba a multar a diestro y siniestro por emular gritos simiescos o, simplemente, llamar stupid a alguien.

La Liga, o sea Javier Tebas, ha decidido denunciar al Madrid porque varios seguidores cantaron desde la grada “Messi subnormal”. No hace demasiado tiempo el viejo Atocha recibía al Real Madrid con todo el ‘cariño’ del mundo, cuando los equipos visitantes saltaban al campo en fila de a uno. Así se empezaban a calentar los partidos. Y el encargo no sólo partía de las aficiones más radicales. El Bayern de Munich, en concreto Effenberg y Oliver Kahn, provocó la ira de varios anfiteatros del coliseo blanco durante aquellas guerras europeas entre madridistas y bávaros. Y en los derbis sevillanos, el cruce de ‘piropos’ juraba odios y muertes. “La salsa del fútbol”, solían decir muchos directivos como coartada para suavizar cualquier investigación que propusiera el Comité Antiviolencia. Quién no recuerda aquella pancarta gigante en Anoeta que rezaba ‘Atlético, Gil y Bastión, asesinos’ en respuesta al asesinato del aficionado donostiarra, Aitor Zabaleta. En aquel partido Jesús Gil no estuvo presente pero sí su vicepresidente Lázaro Albarracín, que fue advertido de la pancarta una vez empezado el juego. Antiviolencia propuso una multa a la Real y la sanción económica fue irrisoria. Quizá esta semana, con los nervios a flor de piel, las denuncias por insultos habrían empapelado toda la fachada de un estadio. El efecto acción-reacción ya se ha producido: la LFP denunciará al Madrid por los gritos contra Messi y  el propio club ha localizado y expulsado a los que motivaron los cánticos.

Tebas necesitaba extirpar el cáncer y ha abierto al enfermo en canal. El baremo es muy sencillo: cualquier agresión verbal será punible. Y a la espera de que los jefes del tinglado organicen el enésimo cónclave, supongo que la próxima reunión servirá para crear el código de conducta. Habrá demasiada letra pequeña, porque hay tribuneros sobreexcitados desde el pitido inicial y otros más tranquilos que, de vez en cuando, pierden la compostura soltando ‘burros’; ¿también las caerá un paquete? Habría que preguntar a la afición del Cádiz hasta dónde puede llegar su guasa porque, con su habitual gracejo, cantaron a David Beckham en 2003 un desternillante ‘feo, feo’. Estos días, en pleno clima marcial, el Madrid ha actuado rápido en aras del compromiso contra los aguafiestas del fútbol. Pero no olvidemos que fue Joan Laporta quien conquistó la presidencia del Barça prometiendo cargarse a los Boixos Nois. Dicho y hecho. Ni siquiera las amenazas de muerte amedrentaron al ex presidente. Les invito a ver en youtube las imágenes de los incidentes de las bengalas de los Boixos en el derbi catalán de Montjuic de 2008; la cara de Laporta era todo un poema y sus palabras a Dani Sánchez Llibre (en catalán) no tuvieron desperdicio mientras las bengalas caían como proyectiles desde la grada superior: “Por esto me he cargado a esta gentuza”.

Con ‘K’ de Keylor

Martes, 5 Agosto 2014

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Joaquín Caparrós nunca ha ocultado su admiración por Keylor Navas. “Tendríais que ver un entrenamiento suyo, es un auténtico espectáculo”, suele comentar a cualquier periodista que le pregunta por la flamante sensación del Mundial. “Tan pronto está volando de un palo a otro como salta desde el suelo, hace una voltereta y ataja un balón sin saber su dirección. Necesita dos camisetas por sesión porque la primera siempre queda empapada”. Para Keylor todos los entrenamientos de la semana son tan trascendentales como jugar en el Bernabéu o Camp Nou. “Ir a la ciudad deportiva del Levante es un rito diario, el de aprender a ser mejor profesional”, confesó el portero en una entrevista la pasada temporada; “uno nunca será un gran portero o ‘porterazo’, como dicen ustedes, si no acaba el día empapado de sudor y manchado del verde de la hierba”.  El sacrificio del trabajo es el ritmo de su Pura Vida, el lema que todos los costarricenses han coreado con cada gol de su selección, con cada parada de Keylor. Lo demás apenas importa para uno de los mejores profesionales que conoce el fútbol de élite. Costa Rica entera siente orgullo patrio por su portero hasta el punto que el presidente de la nación, Guillermo Solís Rivera, pidió una audiencia personal con él cuando los ‘ticos’ regresaron de su triunfal periplo mundialista.

Pero Keylor es un tipo agradecido y, siempre que puede, se deshace en elogios hacia su mentor, compatriota suyo y entrenador de porteros de la selección nacional. En el 2010, un mito del Albacete Balompié, el portero Luis Gabelo Conejo, convenció al presidente del club manchego, Rafael Candel, para que fichara a prueba a Navas. “Del aeropuerto de Barajas a mi despacho de Campollano, tal como hicimos con Conejo”, anunció Candel en la presentación del portero del ‘Alba’. Keylor puede detallar todos y cada uno de los partidos que jugó Conejo con el ‘Queso mecánico’ de Benito Floro de principios de los noventa: “He visto muchos vídeos de Conejo pero no en vivo porque tenía cuatro o cinco años”, contó Keylor en un charla desenfadada con periodistas costarricenses durante la primera semana del Mundial. Lo que sí guarda como una reliquia el todavía portero del Levante es una cinta resumen de su selección en el Mundial de Italia 90, donde superaron el grupo de Brasil, Escocia y Suecia con palomitas gloriosas del que fue guardameta de aquel despampanante ‘Alba’. “Lástima que Conejo no jugase los octavos contra Checoslovaquia”, suele contar el nuevo portero del Real Madrid.

Las televisiones del Mundial acabaron percatándose de su habitual rito: antes de cada partido se arrodilla sobre la línea de gol de la portería y reza una oración. No en vano, la Biblia es su libro de referencia y Cristo su guía espiritual Sus conversaciones divinas surten efecto porque batir de penalti a Keylor Navas es casi una hazaña homérica (en la última Liga le marcaron la mitad de los que le chutaron). En la pasada tanda de penaltis contra Grecia de los octavos de final, Fernando Santos, el seleccionador de los griegos, dio una serie de instrucciones a sus lanzadores para que calibraran bien sus fusiles; conocía la fama de ‘parapenaltis’ de Navas, sobre todo con esos dos penaltis que detuvo en un minuto a Jorge Molina en un Levante-Betis liguero. Pocas veces un país dependió tanto de un portero, por eso, hoy más que nunca es héroe nacional en Costa Rica; la presentación en el Bernabéu ha pillado de madrugada allí pero retumbará en todos los telediarios casi tanto como la proeza mundialista. Y no tiene reparos en coger el teléfono para responder a la prensa; ni siquiera en dar el número de su habitación del hotel de concentración para atender con más calma a cualquier entrevista. Por algo, es profesional desde que se pone los guantes por la mañana hasta que se duerme leyendo pasajes bíblicos.

La teoría del acróbata

Viernes, 11 Abril 2014

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Charly Rexach sabía que ganar al Real Madrid era sencillamente “imposible” sin Rivaldo. Los cruces de las semifinales de Champions del 2002 depararon un fatídico Barça-Madrid y el cuerpo técnico azulgrana meditó seriamente infiltrar al brasileño. Rivo se había torcido el tobillo en el clásico liguero y las probabilidades de recuperarse para la gran batalla europea eran mínimas. Todo el club temía que, ausente Rivaldo, el Barça no encontrara esos momentos decisivos que sólo resuelven las estrellas. El Madrid tenía a Zidane y Raúl, y los culés debían meter todas sus fichas al criticado Kluivert, al que se le acusaba de fallar más que una escopeta de feria, y a Saviola, entonces un chaval con ínfulas ‘maradonianas’. Rexach jugó al despiste y no anunció la baja de su mejor futbolista hasta minutos antes, cuando la UEFA exigió publicar las alineaciones. Por desgracia para el barcelonismo, aquella noche el Camp Nou no presenció una chilena imposible fuera del área ni un trallazo endiablado made in Rivaldo; no, fue la noche de Zizou y la vaselina de Mcmanaman. Tiempo después, el entrenador Rexach confesó su error de manera rebuscada: “la apuesta era la del acróbata aficionado sobre un cable en un precipicio, pegársela o pegársela”. Si Rivaldo hubiese jugado lesionado, quizá se hubiese roto para siempre (casualidades de la vida, tres meses después fue decisivo en la final del Mundial de Japón); reservarlo, tal como hizo Charly, significaba perder tres cuartas partes de la competición fetiche del Madrid.

El club merengue intentó congelar la noticia de la lesión de Cristiano Ronaldo hasta que la prensa escarbó. Antes de ayer el Madrid conocía la rotura de bíceps femoral del portugués, pero prefirió manejar los tiempos de espera. Su presencia en el banquillo de Dortmund mosqueó a cualquier que no estuviera dentro del vestuario: de puertas adentro, Cristiano se calzó las botas para fidelizarse moralmente con sus compañeros en la guerra; de cara al público, su suplencia era la metáfora del mesías salvador en caso de catástrofe. A Ancelotti jamás se le pasó por la cabeza sacarle como desatascador: la prima de riesgo se habría disparado hasta una cifra inimaginable. Y para mantener la trama, el técnico madridista explicó delante de las cámaras que  podía haber jugado porque estaba en el banquillo. CR7 es ahora un Terminator averiado en el clímax de la temporada; ya el año pasado jugó medio tocado en el conato de remontada contra el Borussia en el Bernabéu.

El diagnóstico médico ha caído como una bomba de neutrones en el madridismo. El equipo no pasó la prueba del algodón en Dortmund y el liderazgo de Bale quedó en sospecha. Todavía no puede asumir las funciones del comandante en jefe. El Madrid llevaba a Alemania la halagüeña estadística de no haber perdido sin Cristiano, naturalmente se trató del espejismo de nuestra Liga. La final de Copa contra el Barça ofrecerá la pista concluyente sobre si el club de los cientos de millones sigue dependiendo de un solo futbolista, actual Balón de Oro, pero un futbolista al fin y al cabo. Suena tremendista, pero el Madrid necesita verse sin CR7, conocer los límites de su cilindrada. Sólo así el club sabrá si debe acometer las lesiones de su jugador nodriza como una cuestión de estado.

Ganar la Copa sin el ‘7’ implica dos tareas homéricas: reivindicar que el Madrid es un equipo en el sentido estricto de la palabra (o sea, como el Atlético) y darle el estoque definitivo a un Barcelona herido y rabioso, con un Messi al que últimamente sólo le pone el Madrid, en goles y kilómetros recorridos por el césped. Caer por tercera vez consecutiva destaparía la caja de los truenos, el primero directo a la frente de Ancelotti. Sin embargo, no todo serían tan caótico: Cristiano tendría la coartada perfecta para pedir tantas subidas salariales como se le antojasen. ¿Acaso él es medio Madrid o el Madrid entero? Una semana para salir de dudas. Hasta entonces, Carletto tiene tiempo para plantearse la metáfora del acróbata de Rexach.

El Madrid pende de un hilo: Xabi Alonso

Lunes, 23 Diciembre 2013

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Algunos directivos del Real Madrid temen que Xabi Alonso firme su último gran contrato en Londres. Mourinho le sugirió una última aventura en el Chelsea y el club merengue está en vilo, tanto como para pasar unas navidades angustiosas. Alonso sostiene al equipo y lo saben desde los alevines hasta la planta noble del Bernabéu. En condiciones óptimas es insustituible, algo así como Busquets para el Barça, y por eso Illarramendi se encuentra en pleno máster acelerado del centrocampista perfecto. Xabi es fútbol puro con balón y, a la vez, inteligente sin la pelota; vital para que el Madrid no se parta la espina dorsal. Y eso es demasiado arriesgado para un vestuario exigido de títulos y que necesita como el aire la mejor versión física del donostiarra. Su lección de Mestalla sólo demuestra que los blancos maduran y son creíbles cuando él se coloca en la galleta del centro del campo. Con Xabi el algodón no engaña: el Madrid es un señor equipo. Y como él es consciente de su importancia en pecunia, la directiva también se lo ha hecho saber. Quizá suene tremendista, pero una hipotética salida de Xabi sin copia de seguridad podría causar los daños irreparables que hizo la marcha de Makelele, salvando las distancias entre ambos futbolistas.

Otra salida, la de Özil, también pintaba apocalíptica. Pero, de momento, su ausencia se subsana entre los destellos de Bale y el empuje de Di María. Este último comenzó como una moto la pretemporada, se ganó el favor de Ancelotti, y desde que el hombre de los cien millones apareció en escena, el argentino quedó difuminado sin ninguna razón convincente. Casualidades o no del fútbol, las quejas de uno de sus representantes en Argentina coincidieron con un bajonazo del jugador sobre el césped. Sin embargo, ha espabilado desde su mirada desafiante de Xátiva; las críticas de la opinión pública a veces sirven de revitalizante para jugadores que viven al margen del bien y del mal. No es el caso de Sergio Ramos, aunque anoche patinara en Valencia diciendo que las críticas “le entran por un oído y le salen por otro”.

Ramos ha recibido mil y un tantarantanes de la prensa; a bote pronto, uno de los más agresivos fue cuando Thierry Henry le bailó de todas las maneras posibles en aquel Madrid 2 – Barça 6. Pero siempre se ha repuesto con eso que tanto valora el Bernabéu: huevos. Igual de cierto es eso que sus despistes monumentales desde la pasada Copa Confederaciones. Ramos no es el defensa que terminó llorando por todo el madridismo la noche del Dortmund; ahora se le nota vulnerable, sin ideas claras sacando balón y ‘enmarronando’ a sus compañeros con alguna que otra locura. Pero si de algo presume el sevillano es de sinceridad, y si alega que mejorará, no es difícil creerle. Quien no lo haga, es que le guarda cierto rencor ‘mourinhista’.

Con todo, Sergio Ramos en mal o peor momento y Xabi Alonso en estado de gracia no impiden que el Madrid pase las de Caín por todos los campos de España. Sucedió en Granada, Elche, Villarreal, Pamplona y las dos visitas a Valencia. Un argumento peregrino que sólo usan los madridistas es que estos rivales salen a matar en esa especie de visita de Bienvenido, Mister Marshall; otro menos pasional es que Ancelotti aún no se ha decidido por el fútbol control o el contraataque letal, y esa nebulosa embota su cabeza, Porque ésa es una realidad muy comentada: suma puntos pero no deja una sensación de poderío, es decir, de golear casi a cualquiera cuando le dé la gana. Y sin esa fiabilidad, el Madrid puede estamparse más veces que Barça…y Atlético. Sorprendente, pero cierto.

Saber rajar

Mircoles, 16 Enero 2013

Justo hace ocho años el Valencia visitó el Bernabeu también en unos cuartos de final de Copa del Rey. Entonces, el Madrid de Queiroz todavía no había caído en el galacticidio, mientras que el equipo de Rafa Benítez se presentaba como un bloque granítico casi imposible de tumbar. Era el contraste entre un elenco de estrellas supeditado a los zapatazos de Beckham, los centros calibrados de Figo y los esprints cortos de Ronaldo (Zidane no jugó esa noche), y el prodigio táctico de un Valencia que funcionaba como un reloj suizo, más o menos a lo que aspira el ‘Txingurri’ Valverde estos días. Aquella noche Mista hizo de Jonas y falló ese tipo de goles que remuerde la conciencia para siempre y, por supuesto, no faltó el temor más sospecho de los ché: el cuento de las confabulaciones arbitrales del Bernabeu. Tal como sucedió ayer con Manuel Llorente, el entonces presidente Jaime Ortí se presentó delante de un micrófono en un pispás para destapar la caja de los truenos: “Es un resultado brutal, lo más injusto que he visto en mi vida. Y encima el árbitro mancha lo que ha sido un gran partido, con un penalti que no existe y dos fueras de juego dudosos”. Vicente hizo estragos el carril derecho de Míchel Salgado y pudo plantarse solo dos veces delante del meta César si el árbitro Medina Cantalejo no hubiera sido tan clemente con un despistado Raúl Bravo. Después de la goleada por 3-0, Albelda, que ya practicaba ante la prensa sus lecciones de sinceridad, no se cortó: “Ronaldo te mata si le dejas suelto, y el árbitro más de lo mismo”.

Albelda presenció el partido de anoche desde la grada y no pudo reprimirse más cuando Albiol tiró mal un fuera de juego que Múñiz Fernández sí le pitó a Soldado. No le hicieron falta luces y taquigráficos, para algo se ha inventado twitter…”El mejor del Madrid ha sido Di María, ¿Qué soy llorón? Pues vale”. Es una regla tácita del fútbol que Barça y Madrid pataleen y, al instante, gocen de bula papal; en el caso merengue, sí es cierto que el catálogo de perjurios durante esta temporada, ésta, abarca varios partidos. Mourinho lo dejó entrever el sábado (“en las primeras jornadas sucedieron cosas pero no las voy a comentar”) y Di María dio la estocada definitiva en la previa de Copa. Maldita casualidad para el Madrid que, precisamente, sea el Valencia el protagonista de este culebrón Dallas cuyo JR Ewing casi siempre es el árbitro de turno. ¿Quién no recuerda el famoso episodio del Ushiro Nage de Marchena a Raúl y el posterior berrinche de Ortí con aquel antológico esta Liga ya la ha ganado el Madrid?

Quizás a Manuel Llorente le falta la experiencia de saber rajar; esta mañana toda la prensa recalca su frase más hiriente: “Cuando no son los árbitros, son los árbitros”. No parece una declaración a tomar en cuenta por los comités. Pero, desde luego, el Valencia le ha hecho un gran favor a Mourinho: poco importa que el Madrid tampoco jugase anoche a casi nada ni que Cristiano dejase a un lado su condición de jedi blanco; ni siquiera Jonas será llevado al cadalso por haber pifiado media eliminatoria con dos goles cantados. El pim, pam, pum contra los árbitros lo eclipsa todo y, lo que es peor, cada semana da carnaza fresca a la prensa mediante rajadas extraordinarias o subliminales o con portadas de escuela Superdeporte. Este circo lo montamos todo.

 

 

 

 

La decisión de Mou

Lunes, 12 Noviembre 2012

José Luis Morales nunca olvidará el consejo que le dio Butragueño el día de su debut contra el Deportivo: “Llevas el ‘7’, imagínate lo que significa eso”. Era la temporada 93-94, la penúltima de un Butragueño discutido por la edad y, sobre todo, por la pérdida de olfato goleador. Entonces, el entrenador Benito Floro había comenzado la búsqueda del sustituto perfecto, pero comparar a cualquier canterano con Butragueño todavía se consideraba sacrilegio. No obstante, Bam Bam Zamorano necesitaba una pareja de baile y la continuidad de Floro estaba puesta bajo sospecha: la solución fue confiar en Morales y acogerse a la suerte. Afortunadamente, la apuesta salió bien en aquella noche invernal; Morales marcó el 1-0 de chilena y la efervescencia de aquella victoria convenció al madridismo de que, por fin,  el club podría preparar la transición para ‘El Buitre’. Pero la euforia fue a más: dos jornadas después, el Atlético de Madrid visitó el Bernabeu y Morales marcó el gol milagroso que le dio la victoria al Madrid; la prensa había olvidado rápido a Butragueño, pues había encontrado en Morales el nuevo leit motiv de la Ciudad Deportiva de La Castellana. Sí, parecía que la cantera daba la talla cuando se la necesitaba.

El Madrid completó una temporada horrorosa; Floro fue fulminado después de que Canal Plus grabase aquella memorable bronca en los vestuarios del Camp d’ Esports de Lleida y, curiosamente, Del Bosque, director de la cantera, apenas contó con Morales cuando le tocó de entrenador interino hasta final de Liga. La ‘moralesmanía’ que había vendido la opinión pública se diluyó como un azucarillo. Varias temporadas después, y también con Del Bosque como parche en el banquillo por la destitución de John Benjamin Toshack, el Madrid tuvo que tirar de canteranos para aguantar el tipo en una Liga que pintaba coruñesa: Meca y Zárate eran dos chavales gráciles con el balón y velocidad, los más adelantados de la promoción filial de aquel 2000. Ambos marcaron goles que mantuvieron al equipo en la pelea por el campeonato, pero sus fogosas apariciones acabaron siendo estériles y se convirtieron en otros ‘Morales’ de la vida.

El último y más famoso ‘caso Morales’ lo protagonizó Javier Portillo, delantero espigado que había goleado en todas las categorías inferiores y al que Del Bosque, otra vez, decidió dar la oportunidad sin ninguna urgencia. Es más, Portillo se bautizó con un golazo estratosférico en Champions contra el Panathinaikos y luego se postuló como un recambio solvente de los mismísimos Ronaldo y Raúl. Obviamente, Portillo se tuvo que buscar otra aventura, no porque fuese malo, sino porque sus competidores eclipsaban a cualquier delantero de talla mundial.

La prensa cuestiona hoy si Álvaro Morata es una necesidad perentoria o de verdad Mourinho le ha trazado un plan de futuro dentro del club. Las estadísticas indican que hasta ayer era un simple relleno en la plantilla, pero el cabezazo que ha alejado al Madrid de la UVI acentúa la polémica de la cantera de estos días. Mou se jacta de que él le ha dado la confianza del primer equipo, no como otros colegas que permitieron la huida de Mata o Negredo. La gloria se la lleva el portugués porque él es quien decidió el cambio; no obstante, Morata salió al campo cuando el Madrid perdía la Liga casi definitivamente y sin delanteros centros. Es decir, que Mou le puso para evitar ser carnaza de sus múltiples detractores en caso de que el partido hubiera acabado en empate. En su mano está ahora poner a Morata más veces, no sólo con el agua al cuello, y no dejarle ser un simple sueño de una noche de verano.

 

 

 

El espectáculo no tiene precio…para todo lo demás está la Super Bowl

Lunes, 6 Febrero 2012

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LG, Sony, Panasonic…las grandes marcas de televisión habían tachado en rojo este fin de semana. Desde las pasadas navidades su cuota de mercado en Estados Unidos se iba a disparar más de un cincuenta por ciento en un puñado de días, los que sirvieron a los americanos para acicalar sus casas de cara a la Super Bowl más apasionante de los últimos años. Las agencias de consumo yanquis calcularon más de 5 millones de televisiones vendidas, medio millón más que en la final de fútbol americano del 2011. ¿Y la crisis galopante que ahoga la economía familiar desde California a Nueva York y de San Francisco a Miami? Cualquier sacrificio nunca está de más cuando el país se toma un respiro con su evento favorito. Porque, más que deporte o entretenimiento, la Super Bowl es negocio: los grandes anunciantes se ríen de su acuciante bajonazo y diseñan su estrategia capital en sólo treinta segundos, los que dura el spot de turno que se emite durante la final. Anoche hubo un comercial que osó pagar tres millones y medio de dólares; su nombre todavía no se ha desvelado, pero no os extrañe que fuese la marca de chocolatinas M&M cuyo spot estuvo aderezado por LMFAO, el grupo de moda en las listas musicales del país. O quizá la secuela de Volkswagen con el pequeño ‘Darth Vader’ que tanto furor causó justo hace un año. Sorprende que el sablazo se lo llevase un viejo conocido que volvía al star system de la publicidad, Pepsi, cuyo anuncio protagonizado por Elton John con zapatos de plataforma defraudó a tenor de la catarata de tweets incendiarios contra el archienemigo de Coca Cola.

Habrá quienes pasen de la Super Bowl porque el fútbol americano les resulte un soberano coñazo; pero, precisamente, los yanquis han ejercitado un don para convertir en show uno de los deportes que más paciencia requiere por sus constantes interrupciones. Cada instante importa: desde la jugada que canta Eli Manning, el quarterback triunfador de anoche, hasta el cubo de palomitas y la Budweiser que engulle el telespectador en casa…y se estima que más de 170 millones de estadounidenses lo vieron. La NBC, que emitió el partido, no escatimó en gastos: en España alucinamos con las cuidadosas coberturas que despliega Canal Plus, en Estados Unidos las cámaras slow motion o super lentas son habituales, más cuando se trata del espectáculo televisivo por antonomasia. Recrearse en el gesto torcido de Tom Brady, la estrella de los Patriots, después de un pase fallido o imitar el bailecito del puertorriqueño de los Giants, Víctor Cruz, cuando celebró su touchdown ejemplifican ese tipo de rituales que ansían los aficionados. Si, además, la victoria se resuelve en los momentos decisivos, tal como volvió a reeditar Nueva York en la cara de los Patriots, el espectáculo, como dirían los creativos de Mastercard,  ‘no tiene precio’…para todo lo demás está la Superbowl.

Y si, encima, el descanso de la final vuelve a poner patas arriba al país por una obscenidad, sobra guacamole en los nachos. Parecía que el ‘pezongate’ de Janet Jackson estaba olvidado (en la Super Bowl de 2004 Justin Timberlake tiró demasiado de la prenda de la hermana de Michael Jackson sacándole un seno a la vista de todo el mundo), incluso Madonna, elegida este año para entretener a las masas durante quince minutos en el tiempo de asueto, advirtió que todo estaba controlado y no habría ‘problemas de vestuario’. Tratándose de la reina del pop, sus palabras estaban bajo sospecha, pero no fue ella la culpable, sino la intérprete británica M.I.A, quien en un momento de éxtasis musical lanzó un corte de mangas lo suficientemente rápido para que la NBC no pudiera vetarlo. Desde el destape de Janet Jackson y dada la susceptibilidad del pueblo americano, las televisiones decidieron tomarse un minuto de receso en actuaciones de esta índole; es decir, la señal de televisión que llega a todas las casas va un minuto por detrás del espectáculo en directo. Pero anoche, la NBC se tragó la obscenidad de M.I.A; aunque casi que mejor, estas historietas dan mucho que hablar en el prime time de allí.

Indianápolis, sede anfitriona de la Super Bowl, ha hecho su agosto en hostelería: ni siquiera los moteles de carretera próximos a la ciudad tenían una habitación. Lógico, pues durante un fin de semana la ciudad que celebra la final es el lugar más seguro del mundo. FBI, CIA y más de una decena de agencias terroristas han cacheado cada rincón de la ciudad para evitar ‘contratiempos’…lo que sea para garantizar la tarde más crucial del país después del 04 de julio, día de la independencia. Y, por qué no decirlo, para no chafar el rato al presidente Obama dentro de una Casa Blanca acorazada para la ocasión.  

El elegido fue Benzema

Martes, 18 Octubre 2011

Finales de julio de 1994 en Nyon (Suiza). Pretemporada del flamante Real Madrid del técnico Jorge Valdano. La comidilla de la prensa, tanto allí como en España, era averiguar si el mister argentino contaba o no con Iván Zamorano, una estrella cada vez menos rutilante en la Liga. La temporada anterior tan sólo marcó once goles, por lo que Ramón Mendoza meditó hacer negocio con su venta…Stuttgart y Olympiakos se postularon como sus mejores pretendientes. Pero ‘Bam Bam’ tenía entre ceja y ceja  el Calcio, por entonces la mejor liga del mundo, o bien quedarse en el Real Madrid e intentar convencer a su nuevo entrenador. Las noticias de Italia fueron poco alentadoras y Zamorano se tomó aquella pretemporada como un reto: su carrera había llegado a un punto de inflexión demasiado crucial y debía hacer méritos si no quería echar por tierra todo el curre que se había pegado en el Sevilla para atraer a los clubes grandes.

A Valdano le gustaba jugar como uno más en aquellas intensas pachangas; obviamente, todos querían ganarse su favor. El propio Zamorano contó que en una sesión el balón llegó al entrenador y Zamorano rebañó el balón tumbando al argentino. Desde el suelo, Valdano le preguntó…”¿Siempre entrenas así, o sólo cuando odias a tu entrenador?”. Aquel mensaje alteró al delantero, que desde el primer día de pretemporada se entrenó como si le fuera la vida en ello. En pocas semanas, Zamorano había pasado de ser repudiado como cuarto extranjero (Laudrup, Redondo y el malogrado Peter Dubovsky partían con ventaja…Prosinecki directamente se marchó al Oviedo) a consolidarse con goles como el delantero centro titular del decisivo proyecto de Mendoza. Paradójicamente, ni el chileno ni Amavisca eran de la cuerda del nuevo mister en un principio; acabaron siendo los mejores de la Liga junto a Laudrup. Incluso, años después Valdano llegó a confesar que se equivocó…”Mi gran error fue declarar ante los periodistas que yo tenía cinco delanteros y que Zamorano siempre sería el quinto. Con esa afirmación rompí todos los puentes con el jugador”.

David Gistau escribió en El Mundo de ayer, lunes, que fue testigo directo de la eclosión de Gonzalo Higuaín en un River Plate-Boca Juniors del torneo Apertura 2006. El ‘Pipita’ marcó dos goles, uno de ellos escandaloso, y eclipsado por el acontecimiento, Gistau preguntó a sus amigos porteños qué pinta tenía ese delantero. La respuesta fue escueta: ‘Pseé’’. Blanco y en botella: Higuaín era uno más del montón. Esa incertidumbre le persiguió en Madrid, más cuando Ramón Calderón pagó trece millones y medio por él. En su primer año, el de Capello, marcó goles vitales (el de la remontada al Espanyol) y en la primera liga de Schuster se afianzó. Sin embargo, su sambenito permaneció a pesar de un buen puñado de goles y derroches físicos extenuantes…”Higuaín necesita disparar varias veces para marcar un gol”, era el cliché más habitual de la afición. Muchos en el Bernabeu todavía recuerdan su garrafal fallo a puerta vacía ante el Lyon en los octavos de la Champions en los que el Madrid de Pellegrini descabalgó contra todo pronóstico. Aquella pifia no se ha olvidado, aunque Higuaín haya mejorado sus explosivas cualidades, hasta el punto de hacer dudar a Mourinho. El portugués se refirió al debate Higuaín-Benzema con un guiño irónico a la prensa…”No os voy a decir quién jugará ante el Lyon, así no se os acabará el debate”. El elegido fue Benzema, que respondió con la única credencial que le vale…el gol; así que la renuncia al argentino se debía traducir como un método de motivación poco ortodoxo o una intención táctica muy bien pergeñada. Fue esto último, a tenor de la explicación técnica de Mou tras el partido.

La disyuntiva, por cierto, bastante sana (así lo ha entendido Mourinho), va para largo. Por un lado, los últimos ‘hat-trick’ de Higuaín le han descubierto como el delantero perfecto para el Madrid del contragolpe. Es rápido y se siente a gusto con el balón en carrera, justo como le llega de sus compañeros. Pero la sensación es que aún necesita reivindicarse con una cifra redonda de goles; de lo contrario, tendrá que convivir con la sospecha del Bernabeu. Benzema se ha consolidado como un ariete más elegante y cómodo con pocos metros delante. Alfredo Relaño describe en su editorial de AS de este martes que el francés “se abre espacios para el disparo en una baldosa”. Claro que el Madrid de esta noche sí que jugó la pelota e insistió en el toque para acabar con el calamitoso talante de los franceses. El Madrid en dos versiones…la volátil para Higuaín y la más tradicional con Benzema; Mourinho sabe elegir a quién poner dependiendo del partido. Falta por saber si hoy ha meditado jugar al pase corto o el Lyon se lo ha dejado en bandeja.

P.D: unas cuantas más así de Khedira y montamos otra discusión: Lass o él. Porque pensar en Granero para jugar con Xabi Alonso es definitivamente inimaginable.