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Ese engendro de Europa League

Viernes, 4 Diciembre 2009

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No le acabo de pillar el gustillo a la Europa League, ese engendro nacido de la ya atrofiada Copa de la UEFA. Por más que la miro y remiro no veo la gracia de empezar un torneo con eliminatorias previas para quitar a los más malos, después montar grupos a granel para seguir echando a equipos paquetes y luego volver al formato de play-off para embutir a los repudiados de la Champions. La extinta Copa de la UEFA sí que molaba, pero no la de las última década, sino aquella histórica en la participaban los subcampeones de liga, y que más tarde pasó a jugarse con terceros, cuartos y campeones de copa.

Ya me diréis cuál es el secreto de un torneo en el que van cuartos, quintos y sextos clasificados de liga, con algunos equipos invitados de gorra por ‘fair play’ y no sé cuántas milongas más. Todavía recuerdo aquellas ‘UEFAS’ con Juventus, Inter, Bayer, Manchester y Liverpool como ogros de la competición. Aquí, en España, vivimos martes espectaculares con Madrid o Barça en liza. El Atlético de Schuster y Futre o el Valencia de Penev también eran unos clásicos. En la mismísima Copa de la UEFA se inició la saga de aquel preciosista Paris Saint-Germain con Weah y Ginola; se forjó la leyenda popular de que los equipos italianos siempre llegaban a las finales y, sobre todo, descubrimos a un mito, Zinedine Zidane, por entonces, alma mater del modestísimo Girondins de Burdeos. Incluso, la ‘Quinta del Buitre’ dejó su impronta con dos Copas y sus archiconocidas remontadas en el Bernabeu.

Todo aquello se grabó en vídeos para el baúl de los recuerdos . En estos años la UEFA, sus mandamases, se ha despreocupado por revitalizar una copa con pedigrí y ha volcado denodadamente sus esfuerzos en potenciar la Champions y sus jugosos ingresos por derechos de tele. Encima, para que el fútbol no pare, se sacaron de una reunión la Intertoto, una aberración que interesa menos que el trofeo Carranza o el Teresa Herrera.

Los futboleros ochenteros echamos de menos la UEFA de toda la vida. Ésa que decían que era más difícil de ganar que la propia Copa de Europa. Por lo menos, la casualidad ha salvado a Platini esta temporada y le ha servido un engendro que en febrero contará con Liverpool, Bayer, Atlético, Roma, Lazio, Ajax, PSV, Valencia, Villarreal y un invitado de excepción, el Athletic. Algo es algo.

 

Otra vez Manuel Llorente

Sbado, 8 Agosto 2009

Tiene bemoles el asunto: el Valencia no mejora el contrato de Mata pero tampoco le deja fichar por el Barcelona. Sin duda, Manuel Llorente se jactará de nuevo de ser el adalid de la maltrecha causa valencianista. Resulta que el ex canterazo merengue figuró en la baraja de fichajes del Madrid pero Florentino ni siquiera amagó con negociar (ya sabéis cómo se las da el Valencia cuando los blancos apuntan con el dedo a alguna de sus estrellas). Después, Beguiristain tanteó el fichaje y cuando el Madrid se retiró de la puja, expuso su oferta de veinte millones. Pero nada, ni con esas. El presidente ché parece ignorar que la caja fuerte del club tiene las baldas vacías y quiere erigirse como el gran salvador de este lúgubre Valencia. Para mayor escarnio, Llorente también ha pasado por alto que el equipo afronta un temporada con sus tres mosqueteros enrabietados por haber perdido sus opciones de haber pertenecido a cortejos casi reales: Villa ha contenido sus ganas de gritar que quería marcharse al Madrid o al Barça; Silva se quedó embelesado para nada con los cantos de sirena de Florentino y a Mata le ha salido el tiro por la culata. Creyó que siendo leal podría presionar al club para un aumento y se ha dado un tortazo inesperado a la par que morrocotudo. En fin, otro crack soliviantado para una temporada que se antoja de traca.

Del supuesto dinero del grupo inversor, nada de nada por el momento. Se sabe que los jugadores cobran a fin de mes y que en los próximos días se va a llevar a cabo la vital ampliación de capital. Tal maniobra servirá para paliar la agonizante situación temporalmente pero si Llorente y sus directivos no actúan con dos dedos de frente, a largo plazo el Valencia se las verá de nuevo asfixiado por sus acreedores. Y por lo que hemos visto, haber rechazado millones a espuertas por jugadores reemplazables no es la solución más coherente. Aunque con el entuerto que dejó Soler, será complicadísimo atinar para que el barco se hunda definitivamente. Por cierto, precioso el detalle de Unai Emery y la plantilla en comprar acciones para la ampliación. Su compromiso es intachable. Veremos si el de la directiva es el mismo con técnico y jugadores si amenaza tormenta.

De jabato a don nadie

Mircoles, 15 Julio 2009

¡Qué pena lo de David Villa!, pobrecito. El chico quería venir a Madrid pero su ‘padre’ no le dejó, después decidió cambiarse a Barcelona pero  su ‘papi’ también se enfadó. Y es que la protección cuasi paternal que le confiere Manuel Llorente está hartando al propio delantero y a Joan Laporta por igual. “Villa vale más de 50 millones de euros”, dice el presi ché. Bien, razón no le falta en tasar a su estrella por el precio que le plazca, lo que sucede es que al Valencia le apremian los acreedores y no está en posición de hacerse el gallito. Al final, Florentino tendrá razón y habrá que exigir a los fichajes que se declaren en rebeldía, con causa, claro.

Una servilleta le valió a Zidane para agrandar la leyenda del Madrid; un ‘botazo’ de Ferguson a la cara de Beckham culminó con el fichaje más mercadotécnico de la historia; un precontrato con cláusulas millonarias convirtió a Figo en el chaquetero por antonomasia y el repudio de ‘FP’ a Ronaldinho acabó con éste en el Barça más un Balón de Oro, dos FIFA World Player, Champions y Ligas.  En fin, Villa no puede esperar más y debe hacerle un guiño a Laporta ya, toda vez que su aura se desvaneció en la galaxia blanca por culpa de Benzema.

Pocos futbolistas juegan a disgusto en un club y a este paso el caso de Villa va a ser el más sonado. Da la sensación que retener al delantero es la jugada maestra de Llorente. Cierto es que su reputación subiría como la espuma. La opinión pública recordaría al máximo mandatario valencianista como el luchador infatigable que nunca se plegó a los designios imperiales de Florentino ni al flirteo convincente de Laporta. Eso sí que es un presidente. Porque, además, la gente se acordará que, de momento, ni Silva ni Mata se han marchado ni la situación tiene pinta de conato de espantada.

Olé por Manuel Llorente, el negociador implacable. Su entidad se hunde a la deriva inexorablemente y él sigue en sus trece: unos ‘milloncejos’ no son suficientes para comprar la dignidad del Valencia. El patrimonio son los ‘jugones’ y así lo llevará hasta las últimas consecuencias. Esperemos que éstas no se desencadenen en la próxima junta de accionistas o cuando el acreedor de turno llame a las oficinas con un ultimátum. Entonces, de gestor jabato pasará a ser un don nadie con ínfulas de grandeza. 

Villa no puede quedarse en Valencia

Domingo, 21 Junio 2009

“Dicen que eres intransferible y a los diez días te venden”. Con más razón que un santo Pepe Reina se refirió a David Villa y el largo compás de espera que está martirizando su futuro. Sin que nadie le haya garantizado nada, el asturiano no ha querido abstraerse del culebrón, lógico por otra parte, y está pendiente un día sí y otro también de las novedades que le comunica su representante vía móvil. Encima, ahora Manuel Llorente ha echado más leña al fuego. Con la venia, el presidente del Valencia ha afirmado, ni corto ni perezoso, que Villa es intransferible. Claro, a continuación ha matizado su atrevimiento espetando que sólo atenderían a una oferta “escandalosamente escandalosa”. Vamos, que si Florentino pone encima de la mesa cincuenta millones, asunto zanjado.

Al Valencia le urge dinero en metálico como el comer. Sus acreedores le han asfixiado tanto que la venta de una o dos estrellas se antoja vital. Y más, cuando no ha vuelto a aparecer otro posible comprador de las parcelas de Mestalla. Si Llorente actúa con la lógica que implica su cargo y no con la vehemencia con la que actuaría un forofo, debería vender a Villa aunque no a precio de ganga, claro. Si el estado económico del club ché fuera boyante, entonces si podría esforzarse por retener a su delantero. Pero para nada se da el caso y como dijo  ‘FP’ en Canal 9, la contratación de Villa es cuestión de horas, palabra de alguien que cumple lo que promete. De todas maneras, sólo hay una evidencia: el ‘guaje’ quiere jugar en el Madrid sí o sí y manda mensajes subliminales. El último fue ayer, después del partido contra Sudáfrica: “nadie sabe lo que he sufrido la semana pasada”. Su club le está haciendo un flaquísimo favor.

Ahora bien, una vez que venga Villa, el Madrid tendrá que lidiar en las Islas con el Liverpool. Xabi Alonso no es una estrella que reúna a su alrededor millares de focos pero su rol es imprescindible en el nuevo proyecto. El donostiarra sabe que sus habilidades serían únicas en el equipo y también se ha dejado querer. Seguro que Rafa Benítez no se pone tan gallito como Llorente. Claro, siempre y cuando el Liverpool retenga a Mascherano, por quien el Barça suspira para retocar su plantilla cuasi perfecta.

Semana decisiva

Lunes, 20 Abril 2009

El bucle no para. Cada jornada es la misma película. Gana el Barça y a continuación lo hace el Madrid. Menos mal que esta semana llegan duelos de cierta enjundia que podrían decidir la Liga de una vez por todas. Del fin de semana, el Barça hizo lo que quiso con el Getafe y  los merengues mejoraron algo su juego en Huelva. Por cierto, el egoísmo de Robben roza el escándalo. Deberían darle una pelota sólo para él y que se vaya a chutar contra una pared. El holandés se ha acostumbrado a empezar y acabar las jugadas en sus botas. El recurso de pasar el balón a un compañero únicamente lo vislumbra en casos extremos. Pero en fin, Robben es el más desequilibrante de la plantilla y su concurso es vital para este Madrid. Ya rendirá cuentas al final de temporada a quien tenga que hacerlo.

Mañana vuelve el fútbol en una edición que se antoja decisiva. El Barcelona recibe al Sevilla el miércoles sabiendo si el Madrid se le ha acercado en la tabla. Los blancos acogen mañana a un Getafe que busca el milagro. No obstante, no parece que los ‘azulones’ puedan desmontar el fútbol parsimonioso, simplón aunque fiable de los merengues.

Si el Barcelona gana al Sevilla, me atrevería a decir que ya tenemos campeón. La distancia de seis puntos con el Madrid proporciona a los azulgranas un colchón bastante mullido como para poder dejarse un puñado de puntos. Además, a día de hoy es más probable que el Barça salga menos dañado que su eterno rival de la batería de partidos que se les vienen encima. Al Madrid no se le han dado bien los partidos gordos este año. En la primera vuelta perdió en el Camp Nou y contra el Sevilla, mientras que el Atlético de Madrid empató en el Bernabeu con Juande de entrenador. Con toda franqueza, si el Madrid supera al Sevilla, Valencia y Villarreal en El Madrigal, habrá conseguido una proeza.

Y dentro de dos semanas el superclásico en la capital con el Barça de favorito. Si para entonces el Madrid no se ha aproximado al líder, dudo que la victoria sea blanca. Y todo eso, con los culés jugándose las semifinales de Champions contra el Chelsea. Pero ya se ha visto que el Barça tiene plantilla para rato. De todos modos, ahora es cuando comienza lo apasionante

Abocado al fracaso

Mircoles, 4 Marzo 2009

Valencia está de Fallas diez días antes de lo previsto. Lo que sucede es que la falla del club entró en combustión hace año y medio y todavía no se ha apagado. El Valencia es un desastre de arriba abajo porque los gerifaltes que desgobiernan el club lo han concebido como una empresa para jugar a especular. Y claro, quien especula sin tener una estrategia clara y obvia se la acaba pegando. Así ocurrió con Juan Soler y por el momento, su sucesor, Vicente Soriano, no ha aprendido de los errores. Total, que la deuda económica supera los quinientos millones de euros y los acreedores se han hartado hasta decir basta. Es lo que suele pasar con un club que no tiene dinero ni para pagar a sus jugadores.

Soriano, Soler y la banda de malos gestores que han hecho del Valencia su rancho particular, no se han percatado de que la imagen del murciélago está hecha trizas. En menos de una década, los ché han pasado de jugar dos finales de Champions a tontear con el descenso la temporada pasada y deambular por la presente Liga. Con este panorama, es normal que la afición haya perdido la ilusión y su única expectativa sea que el club cambie de manos. Ya da igual ganar o perder, mientras no sea descender.

Para mayor escarnio, las obras del nuevo estadio se han suspendido a mitad de faena. Como ocurre con muchas cajas de ahorro en estos tiempos ominosos, el Valencia no tiene liquidez. Y hasta que el club no sea capaz de endosar a alguien las parcelas de Mestalla que están a la venta, los futbolistas cobrarán con retraso; los bancos no harán ninguna concesión y en definitiva, el Valencia sólo podrá recurrir a una solución: la ley concursal. Entonces, el Valencia quedaría muy diezmado por una intervención judicial y nadie aseguraría el pago total de las fichas de los jugadores y en consecuencia, los Villa, Silva, Mata y compañía se irían tarifando.

Ante tantos agobios, actuar con serenidad no es fácil. Quizá lo más lógico sería vender a Villa, icono deportivo y ‘marketiniano’ del club, y sofocar un poco la situación. Pero lo más grave es que los números deportivos no acompañan. Si el año pasado Koeman destrozó al equipo, esta temporada la situación no es más esperanzadora. El equipo ha sumado sólo cuatro puntos más en Liga que el año anterior a estas alturas de la competición. La clasificación para la UEFA no está asegurada aunque tal meta es una menudencia dada la coyuntura. Sin los jugosos ingresos de la Champions, el Valencia debe empezar de cero otra vez. No hay vuelta de hoja.

El hundimiento del Valencia

Mircoles, 23 Julio 2008

Las Fallas continúan en Valencia. Así es, estamos en julio y parece que Mestalla vive cada noche la ‘nit de la crema’. La única duda es saber cuándo terminará de arder el Valencia Club de Fútbol. La llegada, parece que efímera, del soberbio gestor Juan Villalonga no va a ser la panacea por la que el dueño del club, Juan Soler, se frotaba las manos para solventar la crisis económica, institucional, deportiva y social. Vamos, su crisis, la que él ha causado con sus decisiones. Más problemas no pueden tener los ché. Pintan bastos a largo plazo en la capital del Turia: los terrenos de Mestalla aún no se han vendido (bien es cierto que dos partes aún no se han subastado). La consecuencia es que empieza a escasear el dinero para llenar el agujero financiero que se ahonda progresivamente.

Juan Soler porfía en no desprenderse de su puesto. Cree que le otorga poder pero supongo que habrá visto que más que títulos y alabanzas, lo que ha cosechado el máximo accionista son amarguras, desencuentros, enfados y críticas. Eso sí, es innegable la cualidad de encajador que ostenta el dueño del Valencia: no responde públicamente a sus detractores. No es mala actitud pero me hace deducir que el señor Soler sabe que presidente virtuoso no ha sido. Sus carencias las ha intentado camuflar bajo el halo hipnotizador de Juan Villalonga, consejero delegado de innumerables empresas internacionales y que otrora fue uno de los gestores mejor considerados en el mundo de las finanzas. Y precisamente, Villalonga ha intentado arrogarse todas las responsabilidades del club, incluso por encima de Soler. Y ahí se ha originado el punto de fricción. El dueño es el dueño y donde hay patrón no manda marinero. Tal proverbio no lo ha debido aprender el ex presidente de Telefónica, que lo primero que exigió a su llegada fue una ampliación de capital para poder hacer frente la multimillonaria deuda del Valencia. La negativa del jefe fue clara y concisa. Su paquete accionarial podría peligrar con esa maniobra.

Soler aún piensa vender a Villa, Silva y Joaquín al mejor postor. Es evidente que el objetivo no son títulos ni clasificaciones para Champions o UEFA, la misión es sofocar las llamas que ahogan la moribunda economía valencianista. En contraste, Villalonga quiere y debe mantener su aura de ganador implacable y no se le pasa por la cabeza vender a los mejores futbolistas. Su cometido es claro: matar dos pájaros de un tiro. El nuevo gestor ha venido no sólo para sanear el club sino también para devolverlo a donde se merece, aquel pedestal donde un tal Rafa Benítez lo subió hace tiempo, mucho tiempo a tenor de cómo está el asunto en Mestalla.

Y con todo este lío mayúsculo, la construcción del nuevo Mestalla sigue su curso. Está previsto que el futuro estadio esté terminado para verano del 2009. Lo que es imprevisible es saber si el club dispondrá del dinero suficiente para pagar tal obra. La primera venta de los solares del actual Mestalla la ha tenido que financiar el propio Juan Soler. Mal momento para subastar terrenos con la flagrante ‘crisis del ladrillo’. De todos modos, es de esperar, por el bien del valencianismo, que no haya anomalías en la finalización del nuevo foro. Lo que pasa es que optimismo, lo que se dice optimismo, resulta impensable con el panorama económico del Valencia. Que sigan las Fallas.

La cruda realidad del Valencia

Domingo, 20 Abril 2008

Nunca antes ganar una Copa había tenido un sabor tan agridulce. Nunca antes, que sepamos, un equipo jugó una final con la táctica de los jugadores y no del entrenador, y nunca antes, una afición, tan disgustada con sus futbolistas, había animado a los suyos como si le fuera la vida en ello. Ésta es una descripción del Valencia, el nuevo campeón copero. El miércoles, alzó su séptima copa y al día siguiente, ni los propios protagonistas se acordarán de esa gesta. Toca volver a la cruda realidad, la de asegurar la permanencia en Primera División, y el primer objetivo espera en San Mamés.

No habrá celebraciones, por el momento. Suena a broma de mal gusto, sobre todo para los seguidores valencianistas que ansiaban celebrar el título en el ayuntamiento de la capital del Turia esta tarde. Pero la decisión es unánime dentro del club. La victoria contra el Getafe no alivia una temporada tan catastrófica. Tal es la gravedad de la situación en la que el Valencia está sumido, que cuando el entrenador Ronald Koeman compareció en rueda de prensa después del encuentro, la segunda pregunta que tuvo que contestar el holandés era si creía que podía ser despedido. No es una cuestión muy apropiada para un técnico que acaba de ganar un título en su primer año. La pregunta sería idónea si se la hacen en caso de que el Valencia pierda contra el Athletic.

Lo que está claro es que el público ché no perdona al ‘sargento de hierro  holandés’. La mano dura de Koeman en el vestuario ha viciado el buen ambiente del que gozaba la plantilla con Quique Sánchez Flores. La decisión de defenestrar a los capitanes (Albelda, Cañizares y Angulo) mas las tácticas incomprensibles que el holandés pretende endilgar al equipo, han terminado por desesperar a los jugadores, de los cuales la mayoría no sabe si continuarán, y a los directivos, que no se atreven a echar a Koeman porque delataría su error al haber apostado por él. O sea, que daba igual ganar o perder la Copa del Rey, el fracaso ya había sido aceptado con resignación.  Sólo falta conseguir un puñado de puntos para mantener la categoría y a otra cosa.

No obstante, lo peor de todo en el Valencia puede que aún no haya llegado. En un club donde las decisiones se toman con más vehemencia que inteligencia, no sería de extrañar que Koeman fuese el elegido para liderar el proyecto inmediato. Entonces, la criba en el vestuario estaría garantizada. Los pupilos no le apoyan y el preparador lo sabe. Por eso, el holandés exigiría una remesa de paisanos para tener amaestrado el vestuario. Son sólo conjeturas, pero puede que sean muy reales.

Por lo menos, los ché se han asegurado jugar la próxima Copa de la UEFA. Sin embargo, eso no vale para un club  que ha vuelto a recibir el trato de ‘equipo grande’ por meritos propios. Y precisamente por esa grandeza, la Copa no ha paliado el hondo pesar que se cierne en Mestalla desde que hizo acto de presencia ‘el sargento de hierro holandés’ con el beneplácito del dueño Juan Soler, del que habría que escribir otro capítulo aparte. Pero eso será en otra ocasión. Ahora, lo importante es que el Valencia termine sus deberes.