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Archivo de la categoría ‘Xabi Alonso’

Un Madrid de rock and roll

Sbado, 18 Octubre 2014

Isco

“El Madrid es rock and roll y el Bayern es más como el jazz”. Con su exquisito tacto, Xabi Alonso es la primera voz autorizada que describe de un plumazo el estilo merengue. Cuestión de gustos, claro; sin embargo, hay una palabra innegociable para su ex equipo: ‘rodillo’. En esta enésima ‘liga de mierda’ (Del Nido dixit) el Madrid gana por aplastamiento a la mayoría, noquea al rival y lo remata moribundo sobre la lona. En la época de Mourinho la artillería pesada salía al contraataque; con Ancelotti lo mismo saca el cuchillo a la carrera que golea con todo el equipo metido en campo contrario. El mayor respeto que puede expresar el Madrid por estos campos es acribillar sin piedad, sin amagos de vacilar o chulear. Y la sensación es que, tarde o temprano, brindará a su público una docena de una sola tacada. Ancelotti presumió en verano de disponer de la mejor plantilla de su carrera; son palabras mayores de quien ha entrenado a astros como Zidane o Ibrahimovic. La más completa de la historia del club ya es más debatible. No obstante, hace dos meses (antes de la ‘minicrisis’ de Anoeta y el derbi) este Madrid tenía la pinta de un Iron Man al cincuenta por ciento de su energía. Pero después de un puñado de correctivos severos, el señor Toni Stark (o sea, Carletto) ha probado el traje a su máxima potencia. De momento, los rivales apenas han sido esbirros de poca monta, porque en el primer combate de superhéroes falló (Atlético) y el próximo sábado llega su mayor villano.

De Cristiano Ronaldo está todo escrito, salvó quién es su acompañante ideal, su Robin de batallas. El año pasado llegó a formar tormentas perfectas con Bale y durante esta temporada se están reivindicando otros aspirantes. Su preferido, Benzema, no jugó en el Ciudad de Valencia, pero sí James Rodríguez, que se está olvidando del lastre de su P.V.P (80 millones) y saca a pasear la zurda con mucho descaro. Los chismorreos de los cenáculos madridistas apuntan que Florentino Pérez quedó prendado de James por su golazo a Uruguay en el Mundial; incluso, le criticamos en sus inicios que no mejoraba su versión discreta del Mónaco. Quizás por eso, James se ha desinhibido como lo hace con la selección cafetera; el guante de su pierna recuerda a los mejores tiempos de Davor Suker. Sin ocupar la misma posición, le faltan los latigazos del croata. A Guardiola le gustaría un tipo como James por su continua movilidad, ya que tan pronto calibra un centro desde la banda derecha como se desliza entre las líneas del media punta. Y ahora el morbo: James no es Di María, vale. Pero Di María nunca llegó a su plenitud en su primera liga. Sin quererlo, su némesis va a seguir siendo el argentino hasta que levante títulos. Las comparaciones son odiosas pero son las mueven las críticas o los ejercicios de onanismo.

Ancelotti se mojó en El partido de las 12  y analizó a James como un sustituto de Di María de “diez kilos más de peso y motor diesel para todo el partido”. Para chispazos eléctricos ya están Cristiano y Bale, el colombiano prefiere levantar la cabeza y mirar a sus compañeros antes de emprender la galopada. Diferentes, pero igual de útiles para ese rock and roll del que habla Xabi Alonso. Por supuesto que Isco también sabe tocar la guitarra eléctrica, pero le sucede como a Benzema: necesita pensar menos en el limbo y centrarse más en el día a día. El francés lo ha superado, el malagueño está en camino. Un talento tan descomunal como el suyo necesita un educador como Ancelotti que le premie en pequeñas dosis. Sólo de ese modo, Isco se entrenará rabioso y a pecho descubierto, capaz de dejarse la vida por cada titularidad. Da gusto ver sus quiebros, amagos de balón y, sobre todo, el toque final de chef que pone de vez en cuando al borde del área. Él había asumido el rol de desatascador para los minutos decisivos y ha acabado entendiéndose a sí mismo: por fin se ha dado cuenta que también puede aparecer en primera plana. Al fin y al cabo, gente como Isco o Benzema espabilan con una buena colleja. La que sabe dar el técnico italiano, pero no delante de los focos sino en el vestuario, a puerta cerrada.

De Rocky a Ivan Drago

Jueves, 28 Agosto 2014

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“Khedira va a terminar jugando y renovando”. Son las palabras de Thorsten Merch, compañero del diario Bild Zeitung, instantes después de que La Sexta Deportes anunciará el bombazo de Xabi Alonso. Una reflexión perspicaz que soluciona (a medias) los achaques de columna que venía sufriendo el Madrid. El donostiarra, experto sumiller en catar bueno vinos, intuía que esta añada venía peleona, con un fulgurante y joven Toni Kroos delante y en un boceto tan predilecto para Ancelotti como el 4-3-3. De repente, el “regalo de Navidad” con el que el Madrid obsequió al entrenador se ha ido por el desagüe; Xabi había renovado dos temporadas más perfilando su plan de jubilación Madrid. Y seguir jugando en el Bernabéu dependía de no gripar su motor diesel, lo sabía él y así lo entendió Carletto. Casualidades de la vida, los dos arquitectos de la selección española se sienten trastos viejos en sus respectivos equipos: Xavi Hernández ha aceptado resignado su nuevo rol en el banquillo (ninguna oferta acabó prosperando), mientras que Xabi se dio cuenta en la Supercopa de España que Kroos, Modric y él, lejos de complementarse, se embarullan en un cajón desastre.

A Martí Perarnau, filólogo del ‘guardiolismo’, no le sorprendió la primicia de La Sexta. Tan cercano a Pep, había escuchado cantos de sirena hacía tiempo. No en vano, Xabi es la versión 2.0 de aquel Guardiola del Dream Team y, aunque se haya erigido junto a Arbeloa en la guardia pretoriana de Mourinho, comulga con la tesis de la posesión exagerada. Guardiola es el Spielberg del que esperaba una llamada para involucrarse en una superproducción, porque su modo de ver este negocio no coincide con el de Florentino Pérez, siempre ansioso por presentar nuevos cromos a la grada. El caché de Kroos se había disparado exponencialmente con el Mundial, mientras que la sanción de Lisboa y el calamitoso papel de España en Brasil habían quitado a Xabi de los créditos principales. En una temporada con tantos títulos por medio, Ancelotti necesitaba fondo de armario para intercambiar rápido la ropa de invierno con la de verano: sustituir peones entre Champions y Liga, y partir de diciembre Copa y Liga, para que nadie del vestuario esbozase aquello que Zidane susurró al oído de su compatriota Ludovic Giuly en aquel Monaco-Real Madrid de comienzos del galacticidio: “Estamos agotados”.

El Madrid de Queiroz fue un desfile made in Hollywwod de galácticos desde la portería (Casillas) hasta la delantera (Ronaldo), pero el proyecto faraónico del presidente comenzó a resquebrajarse desde un banquillo precario, con Solari y Guti como únicas alternativas, y el apocalíptico adiós de Makelele (su salida desató las siete plagas de Egipto). Las comparaciones de aquel Madrid con la actual constelación de estrellas tenían un matiz diferente: el club le había construido a Ancelotti la plantilla más compensada quizás de toda la historia merengue, con un equipo B capaz de pelear en la mismísima Champions League. Sin embargo, la efervescencia de la Supercopa de Cardiff ha desaparecido en un puñado de días: lo que han tardado Di María y Xabi en desguazar el equipo. Al argentino le han pesado los billetes y a Xabi el orgullo propio. Su estatus quo no le permitía ejercer de comparsa sólo para relevar a gente fatigada. No, él se siente comandante en jefe y Guardiola le ha convencido de que mantendrá los galones en el intento de asalto a Europa.

Xabi es el fichaje perfecto para reemplazar a un Schweinsteiger que acabó el Mundial más tiesto que la mojama. Además, su condición de ancla del equipo es la solución al afán de experimentar que le suele dar a Guardiola; es decir, que si no hubiera elegido a Xabi, el marrón de sostener a peso al equipo le habría tocado al polifacético Philipp Lahm, puesto que Javi Martínez jugará sí o sí de central el próximo año, cuando se recupere de la triada. Xabi ha elegido bien y el Madrid vuelve a perder empaque: la mole compacta que aparentaba este verano empieza a descubrirse puntos débiles. Ya no es ese Rocky Balboa IV rocoso e imposible de noquear, ahora se asemeja más al ruso Ivan Drago, letal en su pegada pero frágil de costillas. Y ya sabemos cómo acabó el combate de la URSS.

A Zidane también le “faltó apetito”

Viernes, 20 Junio 2014

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Zinedine Zidane también habló de “falta de apetito” cuando los periodistas franceses le exigieron explicaciones a la sorprendente y ridícula eliminación de Francia en el Mundial de Corea. Entonces, la selección blue había dominado el mundo con un campeonato simplemente perfecto en su casa y reivindicó su fútbol de mil y un quilates en la Eurocopa de Bélgica y Holanda. Aquella Francia imponía cualquier baile al ritmo de Zidane, de largo el mejor jugador del momento. El Mundial del Oriente Lejano debía ser la constatación de una generación mítica, inolvidable para el fútbol galo, y que había puesto patas arriba a un país entero; no en vano, la Avenida de los Campos Elíseos se había engalanado con antelación para celebrar los fastos de lo que podía ser un récord bestial: Mundial, Eurocopa y Mundial. ¿Quién en su sano juicio pensaría que Senegal, Uruguay y Dinamarca serían un mínimo obstáculo para el estilo más versallesco y efectivo que existía en el planeta? De repente, los africanos se sublevaron por físico, los uruguayos por ímpetu y Dinamarca se encargó de decapitar a un equipo francés que, en apariencia, no escondía ni una sola debilidad palmo a palmo del césped.

“Creímos que con el gallo estampado en el pecho ganaríamos medio partido”, dijo Thierry Henry después del batacazo inicial contra Senegal; “nos ha faltado una charla de vestuario de nuestro gran capitán, Didier Deschamps”, comentó Emmanuel Petit como coartada del fracaso. En efecto, Deschamps fue el líder espiritual y de puertas adentro de la campeona del 98 y 2000, pero su tiempo se había extinguido y sus compañeros quedaron huérfanos sin su presencia en Corea. “Fui de los que más eché de menos a Didi”, comentó con nostalgia el todoterreno Patrick Vieira la tarde que Dinamarca les mandó para casa sin haber olido ni un solo gol a favor durante todo el torneo. “Tengo miedo del recibimiento en el Charles de Gaulle (aeropuerto de París)”, espetó medio en broma medio en serio el histriónico portero Barthez.

En la selección española nadie se ha atrevido todavía a romper el hielo con un chascarrillo: todo son arrepentimientos y perdones. Esa actitud la ha tomado, como es su deber, el capitán Iker Casillas; otros pesos pesados sí han explicado la debacle. Las declaraciones de Xabi Alonso, casi pasajeras minutos después del estropicio definitivo y hoy superlativas para toda la nación, son el marrón inevitable que debía comerse algún jugador. Al donostiarra se le suele acusar de excesivamente reservado, pero cuando habla jamás peca de hipocresía. Si Xabi habla de “falta de hambre” y “mala preparación física y mental”, las charlas de barra de bar ya no tienen que inventar teorías fantasiosas. Ésas son las razones del desastre nacional, a pesar del supuesto mosqueo del resto del vestuario, como publica MARCA este viernes.

España se quedó a la puertas de convertirse en dinastía pero deja un tributo al fútbol mundial sólo comparable a Pelé y su famoso ‘Brasil del 70’. Y a diferencia de la Francia faraónica de Zidane, donde él inundaba de elogios las crónicas periodísticas, la selección de Del Bosque y antes de Luis ha arrasado las hemerotecas durante cuatro años con un género inédito y casi irrepetible. Y como cualquier obra maestra, cuando la siguiente película apenas arranca buenas críticas, quienes estaban agazapados preparan ahora los morteros y los adoradores se tornan en aduladores. Sí, ‘La Roja’ merece ser atizada hasta que se rompa la esterilla, porque sus internaciones han demostrado ser esta vez más tipos de clubes que de selección. Quizás la Champions colmó el apetito de los madridistas y quizás los barcelonistas aún no hayan superado la pesadilla del año. Un Mundial requiere una pretemporada especial sin distracciones, y a la vigente campeona se le ha agasajado con infinitos actos publicitarios que le han privado de ratos de charlas tácticas. Claro que el business es business en el negocio, que no deporte, del fútbol. Por si acaso, Del Bosque lo advirtió el pasado noviembre en Guinea Ecuatorial: “sólo he visto hambre en los ojos de Koke”. Ni siquiera el seleccionador debió acordarse de sus propias palabras.

Kalashnikov encasquillado

Jueves, 27 Marzo 2014

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“Pedimos perdón a la afición”. Buscando en hemeroteca, la última disculpa pública salió de boca de Iker Casillas aquella noche fatídica de la manita en el Camp Nou, el primer clásico de la era Mourinho. Entonces, el capitán salió a la palestra y, resignado, sólo pudo articular un ‘perdón’. La vergüenza del 5-0 había chocado como un tren de mercancías contra el estado de felicidad que habían generado los primeros momentos del entrenador elegido a dedo por Florentino Pérez. Casillas tuvo que dar la cara ante los periodistas para consolar a todo el madridismo, que vio cómo el Barça le giraba la cara de un tortazo. Anoche Marcelo se apresuró a pedir perdón sobre el propio césped en la entrevista de Canal Plus; consciente de las desastrosas consecuencias que ya estaba originando el batacazo de Sevilla, el brasileño quiso adelantarse a la jugada e hincar la rodilla en nombre del equipo. Porque el Sánchez Pizjuán volvió a ser un campo maldito donde el Madrid perdió media Liga por arte de magia. La que inventaron Rakitic con la batuta de un director de orquesta y el despiadado Carlos Bacca, sustituto natural de Falcao en Colombia y que cuajaría bien en el contraataque merengue. Bacca se reivindicó como una revelación de nuestro fútbol, la estrella que necesitan equipos de clase media para excitar a su público y, sobre todo, darle cierto caché mediático a nuestra mejor liga del mundo (lo decimos nosotros). No tardará en fichar por un grande, tal como lo hicieron Bam Bam Zamorano, Suker o la ‘bestia’ Baptista.

El Sevilla no jugó mejor que el Madrid. Al contrario, se disfrazó de merengue y precisó de dos dosis letales: un gol en cada disparo. Fueron los madridistas quienes usaron un Kalashnikov encasquillado, y acabaron tan desesperados que al final sacaron revólveres para tirar a larga distancia, por si sonaba la flauta. En la liga de las sensaciones el Madrid es colista: en tres días la caverna mediática (Joan Laporta dixit) ha pasado de barruntar un torneo de dos con el Barça noqueado a echar la Liga por un sumidero y declarar el terror absoluto. Porque las victorias blancas son una cuestión de tirar una moneda al aire: la siguiente visita es Anoeta, donde se puede ganar pero también se puede palmar con creces. Ancelotti cobra por construir un fórmula uno en el que debe probar piezas; su problema es que intenta reparar averías cuando el motor ya no carbura. Quién iba a imaginar que Di María sería ahora capitán general, cuando hace unos meses desafió al Bernabéu acomodándose sus partes,. Su ausencia dejó sin reprís a un bólido que anoche habría ganado la carrera con velocidad punta. Pero como el Madrid estuvo lento, con jugadores como Bale o Benzema que, en vez de botas de fibra de carbono, parecían arrastrar grilletes con una bola de preso, el Sevilla ganó esprintando.

La ‘BBC’ ha sufrido el apagón analógico antes de concluir la temporada. Bale, a pesar de sus esmeradas estadísticas, sigue siendo un ovni en los momentos decisivos; Benzema entra y sale de su limbo con una facilidad pasmosa y Cristiano sólo revienta a los rivales cuando invoca a Hércules. Al flamante Balón de Oro hay que exigirle contraprestaciones a su recompensa, claro que como él sólo es medio equipo. O tres cuartos. La otra porción corresponde a Xabi Alonso, pero el donostiarra ha perdido el soldador que unía las dos facciones del equipo, la de la ‘BBC’ con esa defensa de hormigón la semana pasada y cartón piedra ésta. Pero Xabi no está a gusto en campo porque su socio Modric no es el mismo que tomó el relevo del lesionado Khedira. Viendo el embotamiento que sufrió la medular cuando merodeaba el área sevillista, cualquier folclórico echaría de menos a Michael Laudrup. Porque desde que el danés se jubiló, el fútbol español, ni siquiera el mundial, ha disfrutado de un clon suyo. A falta de alto voltaje, el Madrid habría necesitado anoche un Laudrup que descerrajara la defensa con un pase sin mirar. Lástima que ninguna cantera haya fabricado uno igual.

Y, por último, una oda a la ingenuidad. Escribir sobre el Madrid sin mentar la crisis pasajera de Diego López es de pardillos. Las siete plagas bíblicas que azotan al equipo no son culpa del portero de la Liga, pero cualquiera madridista siempre se acuerda de una parada imposible del ‘santo’. Quizá Casillas también hubiese encajado seis goles de siete ocasiones, nunca lo sabremos, pero cualquier mano a mano con Iker delante trae a la memoria su pie milagroso ante Robben. Manolo Lama sondeó en El partido de las 12 la posibilidad del break: si Casillas es portero para Champions y Copa, no sería inoportuno que se entrenara en Liga. Nada es descartable.

 

 

 

A falta de fútbol, Modric

Lunes, 13 Enero 2014

Carlo Ancelotti prometió un “juego espectacular” en el día de su presentación y el madridismo no dudó en aplaudir su eslogan tan atractivo como inédito en entrenadores anteriores. El primer punto de su programa era, por supuesto, los títulos y, el segundo, divertir al Bernabéu con un espectáculo diferente al de Mourinho. Media temporada después, al segundo capitán, Sergio Ramos, le importa ganar y punto, o eso fue lo que aseguró en Cornellá. Y media Liga después, la afición no discute que el Madrid vuelva a tener en la recámara de su Kalashnikov a Barça y Atlético, sino la dosis de orfidal que produce su fútbol. El Espanyol no iba a ser sparring fácil pero, con todos los buenos sobre el campo, nadie supo imitar la mejor versión de Özil, o sea, poner pases entre líneas. A estas alturas, las victorias sin pena ni gloria han metido al equipo en la pelea a la vez que han conjurado algún que otro fantasma. Por ejemplo, un Bayern de Munich en cuartos de Champions. El Madrid sigue en pleno rodaje, aunque todavía no está preparado para batallas entre imperios.

Y en medio de esa nebulosa que Ancelotti no consigue disipar, el fichaje de la temporada no está siendo Gareth Bale, sino Modric con sus lecciones tácticas. La coartada del galés es el tiempo, como cualquier británico fuera de Las Islas necesita adaptación; sin embargo, su cifra mareante de 91 millones (o 100 según el Tottenham) no sería desorbitada en futbolistas como Cristiano o Messi. A Bale le queda demasiado grande. Las lesiones y la poca compatibilidad con CR7 encienden el debate de si le vendría mejor un once sin el portugués, una combinación imposible porque Cristiano casi es el Madrid entero.

Por eso, las sospechas sobre Bale contrastan con las grandes actuaciones de un Modric que hace las veces de Makelele y de centrocampista ofensivo. Salvando las distancias, Modric recuerda  a ratos al gran Fernando Redondo en su visión panorámica del fútbol. Siempre escogiendo la mejor opción. Sin atisbos de un espectáculo estilo Circo del Sol, de repente Xabi Alonso y Modric han construido la columna vertebral del equipo. A expensas de Cristiano, ambos centrocampistas son ahora mismo imprescindibles para que el Madrid no se rompa en pedazos. La necesidad del músculo de Khedira quedaría demasiado lejos en estos momentos. Tanto como ese ansiado Özil que rompa líneas por el centro; de lo contrario, los goles estarán a merced del de siempre, con permiso de los testarazos de Pepe.

 

Xabi Alonso, mito silencioso

Jueves, 9 Enero 2014

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Manuel Pellegrini entendió la importancia de Xabi Alonso la noche de Champions que el Milan amargó la vida al Madrid en el Bernabeu. El entonces entrenador merengue nunca reconoció en público el error que sí comentó a su cuerpo técnico: “Xabi defiende tanto que le falta tiempo para organizar al equipo”. El donostiarra fue máxima prioridad para Pellegrini después de que Florentino ejecutara las presentaciones faraónicas de Cristiano, Kaká y Benzema. Su tiempo en Liverpool había expirado, por eso, Xabi no quiso desperdiciar la oportunidad de su vida, tal como reconoció en su primera rueda de prensa. El club había puesto demasiadas expectativas en él; no en vano, desde que Zidane decidió dejarlo, la llamada ‘galleta’ del centro campo había quedado huérfana. El Madrid necesitaba una nueva batuta y la de Xabi era la más apetecible (y accesible) del continente. La suya y la de su compañero de batallas en Anfield, Steve Gerrard.

“Quedé destrozado cuando se marchó Xabi Alonso”. El propio Gerrard confesó en una entrevista a la revista ‘Four Four Two’ el profundo vacío que había dejado Xabi en Liverpool. Quizás, con permiso de Xavi Hernández, el donostiarra estaba considero el arquitecto español por antonomasia, tan sólo le faltaba un equipo ganador…y un entrenador que le entendiese. “Juego más liberado sin Lass Diarra”, toda una declaración de intenciones de un Alonso incómodo con la táctica de Pellegrini. La misma afición que ovacionó su fichaje, llegó a impacientarse por la ausencia de lecciones magistrales que habían enamorado a The Kop. Después de una insípida victoria en Xerez, Xabi comunicó a los periodistas lo que previamente había advertido a su nuevo técnico, que Lass era un escudero demasiado pegadizo. A partir de ese instante, el centrocampista recuperó su versión más british.

John Benjamin Toshack tiene el honor de haber puesto en órbita a Xabi Alonso. Le rescató del Eibar, adonde le mandó Javier Clemente, y no tardó en cederle galones de general. “Es el mejor cerebro que he conocido. Debería estudiar en Oxford”. Con su habitual gracejo, el galés nunca desperdiciaba la ocasión de vender bien sus productos. Y como siempre le ha tenido en tan alta estima, Toshack nunca comprendió por qué Mourinho tenía a su chico tan “robotizado”. Los corsés tácticos del portugués impidieron que Xabi llegara al cénit de su rendimiento. “Los equipos de Mourinho se dedican a ahogar al contrario presionando, Xabi es un tío que maneja coros, con sus sopranos, barítonos…”. Esto último no se le ocurrió a Toshack, sino a Raynald Denoueix, el entrenador con el que Xabi maduró de verdad. Aquella Real Sociedad que perdió la Liga del 2003 en Balaídos nunca pasará desapercibida: Karpin, Nihat, Kovacevic y un Xabi Alonso que marcó a Iker Casillas uno de los mejores goles del campeonato. El hijo de Periko Alonso estaba preparado para dar el salto a desafíos mayores: le esperaba el Spanish Liverpool de Mister Rafa Benítez.

“Xabi es capaz de robar un balón en cobertura defensiva y segundos después poner un pase de cuarenta metros”. Benítez había construido su eje perfecto: Xabi-Gerrard. El primero ponía orden y el segundo se encargaba más de tareas ofensivas. Como dijo Toshack, “el Liverpool parecía tener dos entrenadores en el campo: uno para defensa y otro para atacar”. Y no le faltaba razón, con la salvedad de que al donostiarra también le gustaba probar suerte fuera del área.  Mikel Arteta conoce desde niño a Alonso y sabe a la perfección su manera de pensar en el mundillo del fútbol. El centrocampista del Arsenal deslizó en COPE la semana pasada que si Xabi estaba meditando tanto su renovación, seguramente se debía a motivos físicos. A Xabi le pasa como a Xavi, si el cuerpo funciona, la mente también. Este miércoles ha aceptado una renovación de dos años para dar sus últimas pinceladas, quién sabe si destinadas a un plácido regreso a la Premier de sus amores. La fumata blanca garantiza al Madrid mantener su CPU un tiempo, el suficiente para diseñar al sustituto perfecto. ¿Illarra? Ése es el propósito. Pero Xabi sólo hay uno y el que quiera imitarle, como dice Toshack, que se vaya a estudiar a Oxford. Puede que de allí salga otro mito silencioso.

 

 

El Madrid pende de un hilo: Xabi Alonso

Lunes, 23 Diciembre 2013

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Algunos directivos del Real Madrid temen que Xabi Alonso firme su último gran contrato en Londres. Mourinho le sugirió una última aventura en el Chelsea y el club merengue está en vilo, tanto como para pasar unas navidades angustiosas. Alonso sostiene al equipo y lo saben desde los alevines hasta la planta noble del Bernabéu. En condiciones óptimas es insustituible, algo así como Busquets para el Barça, y por eso Illarramendi se encuentra en pleno máster acelerado del centrocampista perfecto. Xabi es fútbol puro con balón y, a la vez, inteligente sin la pelota; vital para que el Madrid no se parta la espina dorsal. Y eso es demasiado arriesgado para un vestuario exigido de títulos y que necesita como el aire la mejor versión física del donostiarra. Su lección de Mestalla sólo demuestra que los blancos maduran y son creíbles cuando él se coloca en la galleta del centro del campo. Con Xabi el algodón no engaña: el Madrid es un señor equipo. Y como él es consciente de su importancia en pecunia, la directiva también se lo ha hecho saber. Quizá suene tremendista, pero una hipotética salida de Xabi sin copia de seguridad podría causar los daños irreparables que hizo la marcha de Makelele, salvando las distancias entre ambos futbolistas.

Otra salida, la de Özil, también pintaba apocalíptica. Pero, de momento, su ausencia se subsana entre los destellos de Bale y el empuje de Di María. Este último comenzó como una moto la pretemporada, se ganó el favor de Ancelotti, y desde que el hombre de los cien millones apareció en escena, el argentino quedó difuminado sin ninguna razón convincente. Casualidades o no del fútbol, las quejas de uno de sus representantes en Argentina coincidieron con un bajonazo del jugador sobre el césped. Sin embargo, ha espabilado desde su mirada desafiante de Xátiva; las críticas de la opinión pública a veces sirven de revitalizante para jugadores que viven al margen del bien y del mal. No es el caso de Sergio Ramos, aunque anoche patinara en Valencia diciendo que las críticas “le entran por un oído y le salen por otro”.

Ramos ha recibido mil y un tantarantanes de la prensa; a bote pronto, uno de los más agresivos fue cuando Thierry Henry le bailó de todas las maneras posibles en aquel Madrid 2 – Barça 6. Pero siempre se ha repuesto con eso que tanto valora el Bernabéu: huevos. Igual de cierto es eso que sus despistes monumentales desde la pasada Copa Confederaciones. Ramos no es el defensa que terminó llorando por todo el madridismo la noche del Dortmund; ahora se le nota vulnerable, sin ideas claras sacando balón y ‘enmarronando’ a sus compañeros con alguna que otra locura. Pero si de algo presume el sevillano es de sinceridad, y si alega que mejorará, no es difícil creerle. Quien no lo haga, es que le guarda cierto rencor ‘mourinhista’.

Con todo, Sergio Ramos en mal o peor momento y Xabi Alonso en estado de gracia no impiden que el Madrid pase las de Caín por todos los campos de España. Sucedió en Granada, Elche, Villarreal, Pamplona y las dos visitas a Valencia. Un argumento peregrino que sólo usan los madridistas es que estos rivales salen a matar en esa especie de visita de Bienvenido, Mister Marshall; otro menos pasional es que Ancelotti aún no se ha decidido por el fútbol control o el contraataque letal, y esa nebulosa embota su cabeza, Porque ésa es una realidad muy comentada: suma puntos pero no deja una sensación de poderío, es decir, de golear casi a cualquiera cuando le dé la gana. Y sin esa fiabilidad, el Madrid puede estamparse más veces que Barça…y Atlético. Sorprendente, pero cierto.

¡Penalti!, la prensa ya tiene carnaza

Sbado, 26 Octubre 2013

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Cincuenta y cinco minutos mataron al Madrid. El tiempo que tardó el Barça en romper el experimento de hormigón armado de Ancelotti. Si la idea inicial de los blancos era cercar a Iniesta y Xavi con una manada de rotweilers, bastó un puñado de minutos para confirmar la fallida hoja de ruta: ni un solo disparo entre los tres palos de Valdés y un Barcelona que, sin fuerza ni brillo, mareaba el balón en tierra de nadie y en busca de la genialidad de Messi que nunca llegó. No fue su noche sino la de su discípulo más aventajado: Neymar calla bocas partido a partido, reivindicando que no es un Robinho de la vida porque su talento se inspira más en grandísimos antecesores como Ronaldinho. Todavía juega eclipsado por Messi, pero mientras agrande su figura menuda en estos clásicos, la grada no tendrá dudas de que el club volvió a encontrar oro y mirra en Brasil.

Quizá motivado por los quiebros superlativos de Neymar, otro actor secundario salió rabioso al césped para reclamar el apodo que poco a poco se ha ido esfumando entre la prensa. Alexis Sánchez llegó a Barcelona hace dos años como el ‘niño maravilla’ y durante este tiempo ha jugado siendo tan sólo Alexis. La vaselina imposible a Diego López le mete de nuevo en el candelero. El ‘Tata’ se puede frotar las manos: dispone de suficiente artillería pesada en la delantera. No así en una retaguardia que sobrevive por las paradas del portero más en forma de la Liga, y puede que Europa.

También Ancelotti tiene armas de destrucción masiva. Su problema es que aún no cuenta con los códigos de lanzamiento de sus tomahawks. El plan revolucionario consistía en bloquear al enemigo en campo merengue para abrir la jaula de sus velociraptores. Pero ni Cristiano, ni Bale ni el escurridizo Di María encontraron pista libre ni una sola vez. Y aunque Carletto se esfuerce en aplicar la filosofía aristotélica a su táctica, la virtud del Madrid en los clásicos no es un punto medio entre la posesión y el contragolpe, sino la herencia buena dejada por Mourinho: el fútbol de los tres o cuatro pases, del pim, pam, pum. Y eso que al Barça le entró el miedo cuando el Madrid volvió a ser el Madrid; es decir, un delantero visible (nada de ‘falsos nueves’) y un constructor, en este caso el clarividente y práctico Illarramendi. Ésa fue la confusión original del Madrid: Sergio Ramos y Khedira son buques destructores, mientras que a Modric le falta un máster acelerado de pases calibrados made in Xabi Alonso. El equipo sólo necesitó un ratito para confirmar que su sala de máquinas cambiará con el donostiarra. Al menos, después de diez jornadas Ancelotti se ha percatado que el galimatías de su pizarra empieza y acaba en la medular.

Y, claro, queda el penalti a Cristiano. Un empujón claro y cagada de Undiano Mallenco. Fue determinante porque el Madrid se había venido arriba; como también lo fue el petardo de primera parte que se marcaron los merengues. Dani Alves vaticinó con precisión los próximos capítulos de la salsa rosa periodística: se hablará del penalti tanto como el que Muñiz Fernández se inventó en Elche. Alves habló de “carnaza” y en Madrid va a sonar a todo trapo la palabra ‘atraco’ y la ley de compensación. Los blancos tenían la oportunidad de sacudirse la caspa que aún le quedaba del derbi madrileño y, lejos de quitársela, se embarraron todavía más. El Barça es un equipo terrenal con un Messi a veces sin superpoderes, pero nunca jamás traiciona su génesis de balón. Sin embargo, ese estilo impone a cualquiera, incluso a un Madrid cuya oportunidad de aproximarse al “fútbol espectacular” pregonado por su entrenador era inmejorable: mal haría el club en tramar una estrategia de propaganda en torno al penalti. La conclusión es que cuenta con una plantilla estratosférica en la que se puede permitir los lujos de dejar a Isco en el banquillo los noventa minutos y poner a parir a un Benzema que en su trastero aún guarda alguna traje Versace para grandes ocasiones.

 

 

Illarra viene a hacer la ‘mili’

Lunes, 15 Julio 2013

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Un sabio, Juanma Lillo, dice que en el fútbol de ahora es “muy típico buscar ídolos emergentes”. Y por el precio que el Madrid ha pagado por Asier Illarramendi, el traspaso español más caro del club, éste tiene que serlo a la fuerza. Sin embargo, y a pesar de que se ha consagrado casi como un tótem en la Real Sociedad, viene al Madrid a hacer la ‘mili’, por más que su PVP le obligue a ganarse el favor del Bernabeu. Recalca Lillo que la gente no debe precipitarse porque “todavía es distinto de Xabi Alonso”: el hecho es que Illarra sueña con poner pases milimétricos de banda a banda como los hace su paisano, pero aún tiene que practicarlos. No obstante, ¡qué mejor escuela que el lugar donde no ganar ya es fracasar! Ancelotti descubrió en Milán a un tal Pirlo en su mejor versión centrocampista, así que será difícil que no haga un trabajo artesanal tan impecable con el chaval del pueblecillo de Mutriku. La obra consiste en lograr un émulo completo de Xabi Alonso: un híbrido entre la inercia atípica de Busquets para cazar balones en cualquier palmo del campo y una vara prodigiosa para dirigir conciertos sinfónicos, tal como los hace el donostiarra de 31 años. 

La prensa necesita vender caras nuevas (al fin y al cabo es lo que excita a las masas) y, mientras sigue el runrún de la no renovación de Xabi, el presidente Florentino tenía que dar un golpe, no sé si de efecto o no. Illarra cuesta casi cuarenta millones, ése es el sambenito que va a arrastrar cuando tire mal un pase o no se haga notar en la galleta del centro del campo. ¿Es injusto? Sí, pero así es como respira el Real Madrid. El lado bueno de las cosas es que un puñado de títulos y un puesto fijo en el once titular abaratan mucho su maldito precio; sucedió con Pepe y sus famosos 30 ‘kilos’ del Oporto, con el mismo Xabi al que el Liverpool tasó en otros treinta, y por supuesto con Sergio Ramos (27 millones) en su día. También ha habido patinazos, como el de Coentrao (33 mill.), pero Florentino y cualquier directivo del mundo sabe que el universo de Jorge Mendes es como entrar en una tienda Gucci, donde la perla más insignificante cuesta un ojo de la cara.

Illarramendi culmina la sorprendente españolización emprendida por un Florentino Pérez que no otea galácticos en el horizonte, excepto una monstruosa operación de 90 millones llamada Gareth Bale. Y su actual dueño, el presidente del Tottenham, Daniel Levy, no va a limar ni un sólo billete en sus pretensiones de venta, que, por otra parte, tampoco las tiene. El despilfarro por Bale, que no sería tal por cuestiones mercadotécnicas (ya saben, camisetas por doquier en el mercado chino), retomaría aquel eslogan de ‘Zidanes y Pavones’ que patentó el presidente merengue y, dicho sea de paso, se esfumó en apenas una temporada; la que tardó el Madrid en gastar dinero sin sentido por incongruencias como Pablo García. Diogo, Gravessen, etc. Este verano los fichajes tienen más sentido, sobre todo, porque Ancelotti y Zidane harán ver al madridismo si este equipo funciona con tanta chavalería veinteañera en la que, salvo Isco en la última Champions, el resto aún no ha lidiado los miuras que exige el Bernabeu. No obstante, la comparación odiosa es inevitable: si al Barça le funciono, por qué no al Madrid con un poco de cariño. Ancelotti sabrá.

Echando de menos a Khedira

Mircoles, 7 Noviembre 2012

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Sami Khedira habrá sido un “paquete” para la prensa las dos últimas temporadas, pero al rato de partido Mourinho y sus propios compañeros le echaban demasiado de menos. La prueba de los ‘jugones’ no salió bien, porque una historia es probar a Özil y Modric juntos contra sparrings de artificio como Celta o Zaragoza y otra bien distinta es experimentar contra un equipo alemán que, lejos de anclarse en los clichés típicos de fútbol rocoso y simplón, le gusta jugar al fútbol. Desde tal razonamiento, es lógico que el entrenador del Madrid se sienta un incomprendido ante la opinión pública cuando considera imprescindible a Khedira. Anoche, incluso los periodistas entendieron que Xabi Alonso funciona con guardaespaldas, y el alemán siempre se postula como el más adecuado. Leo Messi comentó en una entrevista con el diario Sport la semana pasada que “los buenos futbolistas pueden jugar todos juntos”; es obvio que no en el Madrid a menos que, por fin, consideremos a Khedira un muy buen futbolista, que lo es.

Porque lo que más aterra a Mourinho en plena batalla táctica es el desierto que asoma detrás de Xabi Alonso. Pocos rivales saben leer este desorden y menos aún lo exprimen. El Borussia hizo todo: descoyuntó la columna vertebral del Madrid con la misma medicina que utilizan los merengues: fútbol calibrado y vertiginoso. Mario Goetze había sido anunciado por la Bundesliga como la mayor promesa de aquella liga y ha esperado tiempo para sorprender al mundo, ni más ni menos que en el Bernabeu. El otro prodigio alemán, Marco Reus. también estuvo a la altura; maldita casualidad que ambos disiparan cualquier sospecha en la noche del reencuentro europeo del Madrid. Guti comentó en COPE que el 1-2 obligaba al Madrid a tirar de corazón, de remontada de Champions; no sería por falta de ganas, porque la inclusión de Essien alivió a los de arriba, Cristiano, Callejón, Özil y Di María, para probar al portero del Dortmund por tierra, mar y aire. Y como tantos otras veces, el Madrid (y quizás el Barça) es el único equipo capaz de suplir sus continuos galimatías tácticos con dosis de letalidad. Suerte que sonó la flauta y el meta alemán acusó lumbalgia severa en el gol de Özil.

La Champions es la competición por antonomasia no sólo por prestigio sino porque aclara las incertidumbres domésticas. Por ejemplo, Varane es un central con expectativas muy ambiciosas, pero todavía debe codearse con un buen puñado de delanteros puñeteros para garantizar máxima seguridad; y sólo la Champions permite cruzarse con jugadores tipo Lewandowski, que siendo buenos también aspiran a la categoría premium. Además, la bipolaridad de la Liga desnuda el contraste tan bestial que hay entre un buen Dortmund venido a menos en su campeonato y cualquier equipo español con la dudosa excepción del Atlético de Madrid. Es decir, Sergio Ramos y Arbeloa cubren el expediente en la Liga como laterales derecho e izquierdo respectivamente, pero en Europa cualquier rival del segundo bombo exige a cada futbolista en su mejor rol. Y anoche el Madrid echó de menos la pareja Pepe-Ramos, y debería preocuparse por una pronta recuperación de Marcelo, el único lateral de la plantilla capaz de comportarse como tal en el fútbol moderno, o sea de interior.

¿Y Cristiano? Pues estos partidos son los que deciden votos para el Balón de Oro. Y como no ha reclamado el papel de líder en el doble enfrentamiento con el Borussia, le espera Inglaterra para alzar la voz en el campo del campeón inglés. Porque allí el Madrid se las verá a cara de perro con un City al borde de un nuevo abismo, y aunque no ganar tampoco es decisivo para los blancos, la incertidumbre seguiría agrandándose: el Madrid nada tiene que ver con el de la temporada pasada.