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El Barça de Foreman…el Barça de Ali

Martes, 9 Junio 2015

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George Foreman fue invitado por el ex presidente del Barcelona, José Luis Núñez, al palco del Camp Nou en un derbi catalán de noviembre de 1992. El club había garantizado al ‘Gran George’ un espectáculo parecido a sus combates en el MGM de Las Vegas: nada más y nada menos que presenciar en formato televisión al Dream Team de Cruyff en su momento más sublime. El Barça goleó al Espanyol por 5-0 en su enésima versión del Circo del Sol, protagonizada desde el lanzador Ronald Koeman hasta el trapecista Hristo Stoitchkov y con actuaciones estelares de un malabarista llamado Pep Guardiola y la infinita creatividad del funambulista Michael Laudrup. Justo antes de abandonar el estadio, a Foreman le preguntaron si ese soccer que había aplaudido desde su butaca se asemejaba más al del ‘Bombardero de Tejas’ (es decir, el suyo) o a la técnica acuñada por Cassius Clay de flota como una mariposa y pica como una abeja.  La respuesta del legendario boxeador no fue tan contundente como sus directos: “cualquiera vale porque sólo jugaba un equipo”.

Gerard Piqué escupió en Berlín una palabra prohibida en el vademécum de La Masía: el regusto por el CONTRAATAQUE. El Barça descubrió en la final su génesis del triplete: la estética del billar en el primer gol a la Juve y la contra escurridiza para la anestesia total. Odiando las comparaciones, Guardiola murió en la noche del Chelsea sin traicionar sus principios: toque, retoque y sobar el balón hasta desgastar su cuero. Casi siempre le valió, casi. Había un plan incomparable, el problema fue que carecía de plan B. Al Barça de este Messi (la figura de Luis Enrique ni se asoma) nunca se le catalogará en la colección ‘davinciana’. Ahí Cruyff y Pep acaparan la estantería. El flamante tricampeón es una reminiscencia del gran Pep, pero dotado de una cuchilla tan afilada como el Madrid de Mourinho. Tiqui-taca y pim, pam, pum agitados en una coctelera. El resultado es un elixir made in Barça. Y como sucede con el secreto de la Coca Cola, el fútbol necesitará tiempo para reencontrar un equipo que haya arrasado como Atila. Lo acabó haciendo en una Liga regalada por el Real Madrid y en la Champions aniquilando a los campeones de las grandes Ligas.

Xavi Hernández confesó en una entrevista en El País Semanal de diciembre que “el pasado había que olvidarlo”. Fue su respuesta a las sospechas ensordecedoras sobre Luis Enrique. Su caducidad se iba a precipitar tanto como la del Tata Martino porque ni los resultados eran explosivos, ni la sintonía con el vestuario tenía el buen rollo de Ancelotti, Mister Carletto en los círculos privados de los futbolistas merengues. La bronca de Navidades entre Leo Messi y su técnico descompuso a la plantilla, incluidos todos los familiares que escucharon el reguero de insultos que ambos se cruzaron. Los ecos de la bronca y el Madrid de las 22 victorias intuían un futuro inmediato apocalíptico: un segundo año en blanco (con todo el retintín del mundo) habría devuelto al club a la época de los horrores de Gaspart. Fue entonces cuando Luis Enrique supo abrirse a su psicólogo de cabecera y escuchar al mismo vestuario que había intentado dirigir con mano de hierro o, más bien, de chatarra. Es decir, que Messi necesitaba cariño o, al menos, la paz de los hippies: centrarse en su mundo de la pelota sin nadie que le taladrase con órdenes incómodas. Y si al mejor jugador del mundo le apetece hace diabluras, todo lo demás puede esperar. Absolutamente todo. 

Xavi Hernández y su Rumble in the jungle

Jueves, 21 Mayo 2015

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Louis Van Gaal siempre esboza una sonrisa en cada entrevista en la que cae la pregunta de rigor. ¿Es verdad que Xavi Hernández le salvó una vez del despido? “Rotundamente sí. Lo he dicho una y mil veces. Aquel gol suyo en Valladolid lo cambió todo”. Diciembre de 1998. El Barça había sufrido cuatro derrotas consecutivas y el presidente José Luis Núñez había puesto la guillotina sobre el holandés. La noche pucelana suponía el juicio final de un Van Gaal que no había logrado introducir sus métodos como a él siempre le gusta: por succión. El club le había dado un proyecto nuevo que, al menos, amagase con ser la sombra del extinto Dream Team de Cruyff. Y una de las cláusulas tácitas (no figuraba en su contrato) suponía impulsar una Masía marchita cuyo producto de la ‘Quinta de Lo Pelat’ (Iván de la Peña) había resultado defectuoso. Xavi Hernández fue el elegido aquel verano para “dotar de alma al club”, tal como reconoció Guardiola en una de sus últimas declaraciones como futbolista azulgrana. La prensa barcelonista, en sus ansias por vender futuras estrellas, consideró al bajito de Terrasa como el discípulo adelantado de Pep. Éste lo había sido de Cruyff, y de la escuela creada, la nueva promoción estaría liderada por Xavi. Sin embargo, tardó años en macerar, a pesar de que el Milan casi le convence con 19 años para que dejase el club de su vida por una más lujosa (250 millones de pesetas por temporada y chalet en residencia exclusiva) y con la tutela de mitos como Paolo Maldini.

La historia de Xavi y sus maneras de Von Karajan datan su año 0 en la Eurocopa de Viena. O, mejor dicho, con aquel diálogo entre Luis Aragonés y su confidente Jesús Paredes, en el que el ‘Sabio de Hortaleza’ honró su apodo diciendo que la selección española jugaría a lo que quisiera Xavi. Entre las eternas discusiones de barra de bar, Iniesta aparece como el jugador más decisivo de la historia de España y Xavi el más importante de sin discusión. Años después y sin nada que demostrar, a esa diminuta CPU no le molestó que Luis Enrique le convenciese seguir como segundo plato. Su azotea sigue siendo tan privilegiada como la de Rafa Nadal, y su reto durante estos dos últimos años ha sido acabar con las malas lenguas o, hablando en plata, jubilar a sus jubiladores. En Balaídos instruyó un máster acelerado de balón durante el puñado de minutos que tomó la batuta. Rafinha tiene mucho potencial, y demasiado que aprender; Xavi ha sido hasta hoy su vademécum del perfecto centrocampista. Lo saben en la Academia catarí Aspire, que perdió un maestro como Raúl González, pero que lo va a sustituir por otro Einstein del fútbol. Porque a cualquier entrenador que se le pregunte, dirá sin pestañear que madridista y azulgrana (amigos personales, por cierto) son los más espabilados que ha dado el fútbol contemporáneo. Raúl tuvo que pelear contra aquel murmullo molesto de la calle que insinuaba que ‘nunca hacía nada’; Xavi no ha sufrido esa losa tan injusta. Venerado por el Camp Nou, es una cuestión de orgullo propio, como el Muhammad Alí pasado en años que volvió al ring para retar al púgil que más pegaba entonces. Alí preguntó a quién había que noquear para volver a ser considerado el mejor de todos los tiempos, Cuando le dijeron que George Foreman era el boxeador del momento, entonces espetó: “¡Traédmelo, que le daré una paliza!”.

Xavi también ha disfrutado de su particular Rumble in the jungle. Los pases imposibles y su visión en cuatro dimensiones envejecen con la edad, pero nunca desaparecen. Y Sergio Busquets lo sabe, por eso a veces miraba de reojo al banquillo esperando la entrada del mesías al que poder entregar el paquete, que éste ya se encargaba de entregárselo en bandeja a Messi. Frans Hoek, ex preparador de porteros de la selección holandesa en el pasado Mundial de Brasil, habla un perfecto español de sus tiempos en Can Barça con Van Gaal: “Si hubiéramos estado más rápido, Louis habría intentado persuadir a Xavi para que viniese a Old Trafford”. Y quizá esa tentadora oferta le habría hecho replantearse su amor incondicional por el Barça.  Steve Gerrard, otra leyenda que ha remado contra su jubilación, siempre lo ha tenido claro: “Hay buenos centrocampistas, otros más completos, están los top y luego Xavi Hernández”. José Mourinho se reunión con Raúl días antes de su adiós para conocer sus intenciones de primera mano y, si acaso, buscarle un resquicio para evitar su salida. No lo consiguió. Con Xavi todo ha sido más fácil: las toneladas de orgullo tragado, sin un mal gesto ni una rajada pública, le han dado un rato más de balón.

Xavi, Giggs…mitos que se sacrifican

Lunes, 29 Septiembre 2014

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Ryan Giggs pidió consejo a Sir Alex Ferguson sobre una oferta millonaria de Estados Unidos. El Cosmos de Nueva York quería relanzar la fama que le dio Pelé en la década de los setenta y propuso a Giggs, de entonces 36 años, finiquitar su carrera en una liga de fogueo. En el verano de 2010 Giggs ya no era titular indiscutible para Ferguson, pero seguía ejerciendo de consejero espiritual en el vestuario de Old Trafford. “Eres como un mito en este club y la decisión es tuya. Pero si te quedas, seguirás siendo referente”; ésa fue la respuesta textual del técnico escocés, según el Daily Mail.  Giggs ya era todo un veterano de guerra y su frescura no era la misma que la del pipiolo que reclutó Fergie para su bautismo de fuego contra el Everton en marzo de 1991. Aceptara o no la oferta del Cosmos, la afición le seguiría rindiendo pleitesía por sus casi veinte años de incombustible servicio. Su competidor natural, el coreano Park, tenía más velocidad y, sobre todo, rapidez de piernas en aquel inolvidable zigzag que patentó Giggs en la banda de Old Trafford; sin embargo, Ferguson apostilló su charla con el galés  (siempre según el Mail) recordándole que “cerebros como el suyo no los tenía en la plantilla”.

Nunca hemos sabido si aquella conversación motivó a Giggs para seguir renovando año a año con el club de sus amores. Lo que sí comprobó todo el mundo fue la conversión del extremo galés en centrocampista organizador: velocidad por cerebro, la nueva virtud del casi cuarentón. Xavi Hernández ha reconocido delante del micrófono que le bastó una conversación con Luis Enrique para pensárselo dos veces. Catar le había  seducido con petrodólares y Estados Unidos con una liga de genios medio retirados. Incluso, él había mandado sms a su gente anunciando su despedida, pero ofertas insuficientes o la persuasión definitiva de Luis Enrique le retuvieron en Can Barça. En una entrevista reciente con Fiebre Maldini, Xavi reconoció que su nuevo entrenador le da el mismo feeling que Guardiola al principio de su primer año. Callado sin armar follón, Xavi siente que su segunda juventud pasa por competir tanto como decida el técnico. Esta temporada no sentirá las piernas pesadas como si arrastrara grilletes ni se le nublarán las ideas porque, a priori, va a jugar con cuentagotas. De momento, el mito calienta banquillo sin rechistar y, por eso, el barcelonismo le aplaude su sacrificio a la mínima que Luis Enrique le ha colocado en el expositor.

El Barça echó de menos a Xavi en Málaga a pesar de la tozudez de Luis Enrique, del que huelga decir que morirá con sus ideas. Y ese mismo equipo bailó al Granada al son del que ha sido (y lo será por décadas) mejor centrocampista de nuestra historia. Quizá vuelva al banquillo en Paris para ejercer de revulsivo o como mera comparsa, pero el lujo de tenerle en la banda esperando rascar minutos como cualquier canterano se sale del estereotipo de estrella mimada. Bien por Xavi, al que algunos seguidores de ‘La Roja’ le tomen ya por una reliquia. Juegue o no, el cerebro del gran Barça sigue maquinando jugadas por amor propio o al servicio de su majestad: el Barça, su club. “Jugar otra vez noventa minutos. Me quedo con eso”, parece que el capitán se exige a sí mismo muy poco: error. Es el punto de partida de una leyenda reciclada que pelea a contrarreloj contra el mismísimo tiempo. Y al igual que la afición del Manchester United, la azulgrana también entiende de mitos que se sacrifican y no sacrificados con permanentes juicios públicos. Pero eso es otra historia.

Los cafres del twitter

Lunes, 23 Junio 2014

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‘El trofeo Carranza motiva más que este España-Australia’…’Pepe Reina para partidos de comparsa’…’Villa le hace a Del Bosque cagarla más’…’Casillas funciona mejor santificando el banquillo’. Son ‘tuits’ a vuela pluma sacados al azar después del festín orgiástico contra Australia, pero podrían rellenarse todos los periódicos de un día con las reflexiones anónimas (y por ende cobardes), irónicas, grotescas e hirientes sobre la selección española. Como dijo Paco González tras el 5-1 de Holanda, “enhorabuena a los que estaban esperando a España, Del Bosque y Casillas. Es su momento de gloria, que lo aprovechen para dar los palos reprimidos en estos años”. Los índices de popularidad dejaron de fabricarse con encuestas porque, hoy día, las redes sociales son la evidencia definitiva de la cantidad de bilis que se ha esparcido con la eliminación de España. Y como la memoria es muy frágil y los éxitos irrepetibles de esta generación no venden tanto como un fracaso antológico, nuestro país se ha puesto las botas esforzándose en su deporte por antonomasia, que no es precisamente fútbol, sino sacar la guadaña para rajar y descerrajar. 

En los universos de twitter y facebook Del Bosque, Casillas y Xavi copan el podio. Al seleccionador le hemos destripado sin piedad, sin meditar ni un instante que cualquier entrenador en su lugar habría continuado la obra prodigiosa de Luis Aragonés. Le llamaron copión por no alterar ni un ápice el tiqui-taca que Xavi Hernández patentó en Viena; incluso, hubo columnistas que cargaron furibundamente sus plumas cuando Suiza la lió en el debut de Sudáfrica. “Parece que molesta que gane la selección”, espetó el seleccionador en uno de los infinitos homenajes que ha recibido por todo el país durante este tiempo. Nunca deslizó nombres propios porque sus sensaciones eran más del “ruido de la calle”. Y no le falta razón: las charlas de barra de bar no son tan entretenidas sin poner a parir al personal. No sería made in Spain. Flaco favor le hemos hecho a Del Bosque entre todos: la crítica constructiva más acertada que escuché fue que Del Bosque debió comenzar a renovar a ‘La Roja’ después de la última Eurocopa. Fácil de decir, imposible de ejecutar, salvo para un entrenador tipo Mourinho que hace y deshace sin escuchar al vestuario.

El inmovilismo provocado por el amiguismo (reflexionen la expresión) impidió a Del Bosque remover el grupo. No habría sido políticamente correcto tocar a las vacas sagrada, y por ahí van los tomahawks contra Xavi. Vivir de las rentas es la crítica más manida contra el barcelonista, que ha sufrido esta temporada su inexorable oxidación. Es ley de vida. Pero Xavi es alma máter de esta selección junto a Casillas y haberle sacrificado habría exagerado todavía más los debates populares de ‘La Roja’. Holanda goleó a España y Xavi se convirtió en un muñeco de pim, pam, pum por su aparente estado inerte. Horas más tardes, el twitter dejó de bullir cuando la FIFA publicó la estadística de que el centrocampista de Terrasa fue el que más corrió de los españoles. Un dato delató que Xavi quizá no fue tan paquete en el debut mundialista. ¡Qué cosas!

Pero la verdadera discusión nacional capea con la efigie de Iker. Nadie rechistó cuando Del Bosque le incluyó en la convocatoria porque los méritos pesan mucho y, además, el portero ganó Champions y Copa, los torneos que le tocaban. Él sabe que Víctor Valdés apuntaba a titular del Mundial antes de su lesión (esto es información, no opinión) y mucha gente seguirá lamentado el infortunio del guardameta culé. Casillas no supo sacar el ‘santo’ porque su último año y medio ha sido un calvario. Y sin regularidad bajo los palos, incluso los mejores se marchitan. Decisivo en los anteriores torneos, España no pudo encomendarse a sus paradas imposibles. Falló, a veces con estrépito, y punto. Es el portero de España, como lo fue el ‘paralotodo’ Arconada. Pero el señor twitter no perdona: las legiones yihadistas han repartido estopa por internet a kilotones. Hoy, todavía es más proscrito para el sector cabreado del madridismo pro Mourinho, que son los mismos cafres que intentan hacer vudú con el capitán cada vez que bloca un balón. El banquete de tiburones ha empezado y tienen carnaza para rato. Con escribir su nombre en las redes, salta al instante una guerra de trincheras en la que no hay pacifistas. O atizas a Casillas o le defiendes. El respeto por los veteranos parece que es sólo cosa del ejército. Y España sigue siendo la vigente campeona del mundo, pero parece que en este país sólo podemos susurrarlo; si lo gritas, a lo mejor te llevas un bofetón.  

Guardiola nunca se fue

Lunes, 10 Marzo 2014

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“Del més que un club, el Barcelona ha pasado a ser un club más como otros”. Es una de las grandes reflexiones del fin de semana y para encontrarla hay que irse a Francia, donde Christophe Dugarry, comentarista estrella de Canal Plus Francia, analiza a su ex equipo partido a partido. Ya ni siquiera la prensa barcelonista intenta consolar al gran público porque todos coinciden en el apocalipsis de este ciclo; sin ir más lejos, Lluis Mascaró escribió con contundencia en su contraportada dominical del Sport: ‘Fin de ciclo’. El estado de desánimo recuerda al fin de Frank Rijkaard, sólo que entonces la opinión pública mandó al cadalso a varios personajes acusados de culpables, empezando por el propio entrenador y seguido del trío caprichoso Ronaldinho, Eto’o y Deco. La guerra de egos destruyó a un equipo predestinado a ganar un puñado de Champions. Hoy, el Barça vuelve a desvencijarse sin un vestuario en llamas. “Tarde o temprano debía llegar este momento”, dice Josép María Minguella, conocedor de la mayoría de secretos de alcoba en ese club. El Barça no es ninguna excepción: el Ajax de Johan Cruyff se tambaleó con la salida de su mito; el gran Milan de Sacchi (y Capello) naufragó desde la derrota contra el Ajax en la Champions del 95 y el Madrid más universal pecó de galacticidio. Es la ley del fútbol y al barcelonismo le consta.

Pero el Barça sigue siendo excepcional en su raíz de origen, no la centenaria sino la que motivó Rinus Michels, primero, y Cruyff, después. El fútbol contemporáneo se rige por las leyes del resultado y el botín de títulos acumulados basta en todos los clubes salvo el azulgrana. Gane o no Champions, Copa o, incluso, Liga, la conclusión será igualmente unánime: la necesidad de resetear una plantilla ahíta de éxitos. Y como las comparaciones son tan odiosas como inevitables, el Madrid fichó a Mourinho con el único cometido de ganar a cualquier precio, mientras que Guardiola abandonó el club de sus amores dejando una advertencia: las victorias no importan tanto como el estilo. Y aunque sea una afirmación demagógica (cualquier culé preferiría una Champions estilo Chelsea de Di Matteo a dos o tres temporadas de espectáculo baldío), prensa, afición y el propio club han inventado un universo paralelo donde el buen gusto debe primar sobre todas las cosas. En esta dimensión ha aparecido el ‘Tata’ Martino como un ente extraño que cogió el Barça por accidente y a quien no se le ha exigido descubrir la pólvora sino motivar a sus jugadores para intentar un último año bestial antes de la catarsis de jugadores.

Y aunque el “talento permanece pero la edad no perdona”, como suele decir Jose Mari Bakero, testigo directo del final de Cruyff en el banquillo, los ‘Picasso’ patentados por el Barça seguirán pintándose con la misma brocha pero diferentes pintores. Es el fruto de la impotencia y, en consecuencia, de pataletas infantiles como Xavi y sus eternas quejas contra los pastos de vacas, o la fe ciega que proclama Dani Alves después de cada derrota. La causa apunta a la falta de actitud, de salir en Zorrilla con las mismas ganas de una noche de Champions. Y en ese achaque falla hasta Leo Messi. Por eso, el próximo clásico del Bernabéu sí pinta a otro partido del siglo: el que decidirá si la apuesta de Ancelotti es la guadaña que necesitaba Florentino para destripar al eterno rival o, en cambio, si el Barça todavía alegra a su gente cuando le apetece. Suceda el 1, X o 2, el caos institucional derivado en el césped borrará cualquier vestigio de Rosell y, por ende, su antecesor Joan Laporta. Sin embargo, aún con el amanecer de un nuevo Barcelona, la misma efigie seguirá ondeando en las gradas del Camp Nou: Pep Guardiola.

Barça, ¿’Picassos’ o cuadros a brochazos?

Lunes, 10 Febrero 2014

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“Si a Messi le tocan el orgullo, el problema no lo tienen ustedes (periodistas) que opinan desde fuera, lo tienen los rivales”. ‘Tata’ Martino nunca volverá a pedir dos días tranquilos para su figura, no cuando la prensa cambia a diario el sentido de las rotativas: de sospechoso a héroe por enésima vez. Y las que faltan. Sólo la ‘pulga’ podía revivir al muerto y evitar ciclogénesis explosivas en Barcelona; sólo él podía devolver el miedo al resto, y sólo él podía agigantar a un equipo que hora tras hora perdía cotización bursátil en el cruce fatídico contra el Manchester City. El pistoletazo inicial intuyó unas consecuencias tan desastrosas como las que sucedieron en el gasparismo en aquella época ominosa. Quizá otra derrota hubiese precipitado otro ‘Elefant Blau’ martilleando la inconsistente directiva post Rosell. Por eso, el Barça le debe a Messi otra subida de sueldo en calidad de salvador y, desde luego, futbolista más trascendente de su historia centenaria.

Quien tiene una entrevista con enjundia es la madre de dos árbitros, para más señas, hermanos y, por qué no reconocerlo, igual de desafortunados (para no salir del eufemismo). Teixeira Vitienes (José Antonio) facilitó a las redacciones periodísticas otra semana de saña arbitral. Primero, Ayza y su eterna duda: ¿por qué expulsó a Cristiano en San Mamés?; segundo, González González y sus fatídico minuto: del penalti a Vela no pitado a la expulsión exagerada de Iñigo Martínez; tercero, el Teixeira pequeño y su manga ancha con las trilladoras del Almería y anoche, el mayor de los Teixeira se comió un fuera de juego de libro, de los que no se comentan en los colegios arbitrales por su obviedad. O sea que tendría morbo escuchar a la madre de los dos árbitros, simplemente para saber cómo aguanta que se acuerden de ella en la totalidad de los campos de Primera División. Últimamente, los árbitros son la crema del periodismo, malo, y las discusiones verduleras acaban con el grito más aberrante imaginable. La pelea en los medios, dependiendo de la procedencia del puente aéreo, no acabará hasta que después de la jornada 38 los contertulios sumen los favores a Madrid y Barça…y el que menos bulas papales cuente, gana derecho a quejarse la siguiente temporada. Así funciona el fútbol español.

Cagadas en negro al margen, la mejor y única noticia del Barça es Messi. El Camp Nou vuelve a tener una razón para no presentar más cemento en los partidos, sea hora crítica (diez de la noche) o momentos más propicios para los chavales (cuatro, seis…), y ésa es su jugador diez. Martino necesitaba una razón para no ser sacudido como un esterilla en Barcelona, porque el fútbol indolente del equipo iba tomando una distancia sideral con la última gran obra de arte exportada a Munich. Y eso se nota en gente como Xavi Hernández, a quien le molesta el escepticismo de su propia prensa: “Los tres últimos goles al Sevilla han sido al contraataque, ¿otro recurso?”, respuesta de Xavi: “¡Qué va, todos los goles han sido de jugada elaborada!”. Las ansias del ‘Tata’ por construir un Barça poliédrico de mil caras chocan de frente con la vieja guardia; el objetivo no es seguir ganando títulos, son los títulos conseguidos con estilo. El suyo, made in Guardiola y blindado a injerencias foráneas. Al final, pinten ‘Picassos’  o cuadros a brochazos, todo pasa por Messi.

Barça atrofiado

Lunes, 2 Diciembre 2013

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“Ya no es un equipazo, es un equipo al alcance de muchos”. Breve y conciso, el periodista Miguel Rico resumió la atrofia del Barçelona. Si la prensa catalana había descrito la derrota en Amsterdam como catastrófica, el patinazo de San Mamés promete un buen puñado de mamporros contra el ‘Tata’ Martino. Los resultados le mantienen, aun con Atlético y Madrid al acecho, pero las sospechas iniciales del ‘tiqui taca’ han degenerado en una nebulosa demasiado espesa, tanto como la que sufrió Ancelotti hace apenas un mes. El propio Martino anunció en la víspera que el Athletic suponía la prueba del algodón y el resultado ha acabado muy negruzco. Por supuesto, este pesimismo no existiría de haber sentenciado el Barça en una primera parte de buen juego pero sin chicha (sólo un disparo). Así lo entendió el técnico argentino y así actuó en consecuencia; el problema es que tuvo el arrojo de profanar a los mitos: primero, Xavi Hernández, y después, Iniesta. Cambios dudosos y tardíos.

Martino cometió su primera incongruencia este fin de semana. De “firmar una sola derrota en otros veinte partidos” a sugerir en San Mamés a los enviados especiales que “sólo miraban el resultado”. Huele a sacudida más vehemente que inteligente. El ‘Tata’ intenta desviar todos los proyectiles que lanza la prensa y, a su favor, es entendible que no le dé para preparar a la vez un plan táctico en el césped y otro de contención ante la opinión pública. Él no tiene la culpa que le ficharan a contrarreloj; sin embargo, le pagan para mejorar lo mejorable, valga la redundancia, y ahí está fallando. No es casualidad que los futbolistas que jugaron con España  en la última Confederaciones estén con la reserva puesta: Xavi fue el mejor de este país durante un porrón de años pero su ordenador central necesita constante refrigeración; Iniesta intenta pintar ‘Picassos’ pasados sin suerte; Busquets genera el gran problema de ser tan único que no tiene sustituto y la defensa se ha averiado con Piqué en el limbo y Mascherano olvidando las nociones básicas de un defensa.

La baja de Messi ha descuajeringado al equipo, incluso para un Neymar que aún no puede asumir galones de general. Y eso que el brasileño es la única alegría que asoma por Can Barça, porque cuando coge el balón algo pasa. Por eso, se lo rifaron Barça, Madrid y algún club más. La buena noticia es que las derrotas tienen un colchón todavía muy mullido, la mala es que este juego de sensaciones (Valdano dixit) deja a los azulgranas como los villanos y a los dos equipos madrileños como nuevos héroes de la Liga. Un pequeño matiz que escribió Diego Torres en twitter: “Con Martino las dificultades se convirtieron en conflictos. Con Ancelotti los conflictos se convirtieron en oportunidades”. Y si el argentino no imita a su colega merengue, seguirá atrapado en la misma película bélica: Tora, Tora, Tora. O sea, el ‘Tata’ acribillado unánimemente por la prensa. 

El secreto es divertirse

Lunes, 14 Enero 2013

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George Foreman, uno de los grandes campeones mundiales de todos los tiempos, fue invitado por el ex presidente del Barcelona José Luis Núñez al palco del Camp Nou en un derbi catalán de noviembre de 1992. El espectáculo estaba garantizado dado que el ‘Gran George’ iba a ser testigo del Dream Team de Cruyff en su máximo apogeo. El Barça goleó al Espanyol por 5-0 en una versión sublime de jugadas al primer toque trenzadas desde Koeman hasta Stoitchkov pasando por el sutil tacto de Guardiola y la infinita creatividad de Laudrup. Instantes después de la exhibición,y antes de abandonar el estadio, a Foreman le preguntaron si el fútbol que acababa de presenciar se asemejaba más al del ‘Bombardero de Tejas’, es decir, el suyo, o a la técnica acuñada por Cassius Clay de flota como una mariposa y pica como una abeja.  La respuesta de Foreman no fue tan contundente como sus directos: “cualquiera vale porque sólo jugaba un equipo”.

Dos décadas después, el balón sigue siendo patrimonio incalculable de un Barcelona que ha tocado todas las versiones del juego con balón. Si en aquel partido, los azulgranas rizaron la elegancia con escrúpulo para acabar cualquier jugada al primer toque; anoche el formato de pases continuos y precisos hasta marear al rival alcanzó su máxima expresión. Ahora todos saben por qué Cesc apretó lo inhumano hasta fichar por el Barça: con ningún grupo se iba a divertir tanto. Ya no es que Xavi e Iniesta formen una simbiosis exagerada, sino que junto a Messi, el propio Cesc e incluso Busquets, forman otro equipo dentro del once titular. Cada uno en lo suyo: Busquets intermedia entre la zaga y estos genios, al tiempo que les garantiza el equilibrio defensivo; Xavi sigue funcionando como una cpu registrando pases que ayuden al resto; a Iniesta cada vez se le piden jugadas más imposibles y su virtuosismo todavía no ha tocado techo, y Messi simplemente es Messi. No obstante, aún hoy hay cierta prensa que se atreve a sugerir que este fútbol aburre por su lentitud, que los tres zancadas con las que el Madrid machaba a los rivales tenían más gracia. Quizá sí, es opinable, pero desde luego no durante esta temporada.

Sin embargo, la mejor noticia no es la inspiración de ese puñado de alquimistas (odas como la de Málaga aún quedan unas cuantas) , sino que la vulnerabilidad defensiva de este Barça se ha acabado cuando Piqué recobró la forma que había perdido el año pasado con Guardiola. En su ausencia y con las intermitencias de Puyol, Tito había probado demasiados experimentos (quién no recuerda a Song y Adriano de centrales). Hoy, con el consentimiento del gran capitán,  Mascherano ya es un fijo como central y tal será su posición por los siglos de los siglos…o hasta que una ausencia de Busquets por causa mayor demande su presencia delante de la retaguardia. Y es obvio que el subidón moral que inyecta a un vestuario ganarlo todo ha contagiado incluso a Dani Alves, igual de incisivo que siempre pero mirando por el retrovisor para no dejar un desierto por su lateral derecho. Todo funciona en este Barça 55 de 57  que sólo juega para ser recordado con poemas y epopeyas. Atrás quedaron el ruido ensordecedor de Mourinho, los invectivas del receloso Joan Laporta y las supuestas tramas arbitrales; hoy sólo importa el entretenimiento, o sea, pasar un rato divertido y punto. Lo que debería pretender cualquier equipo de fútbol.

Balón de Oro o balón trampa

Viernes, 26 Octubre 2012

Xavi rebotó la pregunta trampa con la misma habilidad con la que calibra los pases en el campo…”¿A quién votaría para el Balón de Oro? Ése marrón se lo dejo a Iker, que es quien vota”. Las entrevistas a los flamantes ganadores del premio Príncipe de Asturias guardaban el morbo para la cuestión de marras: ¿por qué Casillas votará primero a Sergio Ramos, después a Cristiano y por último a Xavi? El portero, al que la experiencia le permite no caer en renuncios, despejó con fuerza la respuesta esquiva de su amigo azulgrana: “todavía no he anunciado mi votación. Cuando lo haga, la gente estará o no de acuerdo, pero es mi opinión”. Su decisión no ayudará a ganar ligas o la ansiada Décima, pero la ausencia de un guiño a Cristiano en una de las votaciones más ajustadas de la historia del galardón ha escocido entre la guardia pretoriana de Mourinho. Los votos son personales y la elección de Ramos no es, para nada, chirriante; no en vano, el central madridista fue uno de los mejores de la Eurocopa y, junto al propio Iker, Cristiano y Xabi, entra dentro del grupo de esenciales para que el Madrid funcione bien, a pesar de que Mou le haya castigado por supuestas faltas de actitud. 

La campaña para que Cristiano gane el Balón de Oro la activó él mismo en la pasada pretemporada. Preguntado por el prolijo asunto en una entrevista para la ESPN, el portugués pidió que se hiciera justicia. A partir de aquellas declaraciones, el madridismo entendió que la liga arrebatada a Messi serviría como coartada para la entronización de su estrella. No sólo eso: un cuarto premio para Messi olería demasiado, más cuando el argentino no ha ganado títulos relevantes en 2012. Pero la obsesión de Cristiano ha sido sazonada, cómo no, por Mourinho, quien tampoco ha disimulado su fe ciega en la cruzada de CR7. “Es imposible que Messi gane cuatro Balones de Oro y Cristiano sólo uno”, espetó The Special One en Portugal pocos días después de renunciar a un candidato preferido.

Y en medio de la causa portuguesa, Xavi tiene toda la razón: a Casillas le ha caído el marrón de adherirse al núcleo duro y estanco de su propio vestuario o generar recelos entre las huestes mourinhistas. Sin embargo, los antecedentes le protegen: el año pasado votó a Cristiano en primera posición y a Mourinho como mejor entrenador. El periodista Fernando Burgos adelantó esta semana que esta vez Casillas preferirá a Del Bosque por delante de su entrenador. El seleccionador no supondrá ningún problema porque el hito de la selección española no admite ni una sospecha en la opinión pública, incluida la de Barcelona. Pero la fijación de Cristiano por ser el número uno trasciende más allá de la Décima o un puñado de ligas. Y, ciertamente, el poder omnímodo de Mourinho en el Madrid da la sensación popular de que, o te alineas con sus creencias, o eres un alienígena.

¿Un nuevo ‘maracanazo’?

Martes, 11 Septiembre 2012

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José Antonio Camacho no tuvo reparos en decir que la selección española tenía “jugadores con más dote” que Brasil en la víspera que ambos países jugaron en clave amistosa en Balaídos en 1999. La nueva España de Camacho necesitaba un sparring de altura para comprobar que los espectáculos versión Circo del Sol ofrecidos ante Austria (9-0), San Marino (0-9) y Chipre (8-0) no habían sido simples pachangas. Vigo llevaba tiempo reclamando un partido de la selección y la Federación decidió agasajarla con el mejor amistoso posible. La canarinha aún estaba tocada por el doloroso bofetón de Zidane en la final del Mundial de Francia, y seguía buscando una identidad de cara a la cita del 2002. Candinho, entonces seleccionador provisional, había traído su mejor artillería salvo a Ronaldo, todavía recuperándose de una lesión de rodilla previa a la que haría estremecer al mundo delante de Fernando Couto en aquel Lazio-Inter. (more…)