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Laporta: ¿Elefant Blau o vendetta?

Jueves, 13 Junio 2013

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Salió Joan Laporta a la palestra. Sin ventajismos, porque las elecciones todavía quedan muy lejos, pero con un aire de vendetta contra Rosell y su Due Diligence, ese misil inteligente que la actual directiva le lanzó por un supuesto uso fraudulento del club. Fiestas, juergas y otros gastos orgiásticos fueron las acusaciones de la actual directiva contra Laporta en los tiempos de vino y rosas de Guardiola. Y justo en estos momentos, en los que el futuro del Barça no está garantizado con una continuidad larga de Tito, el ex presidente se ha posicionado ante la opinión pública. Si su Elefant Blau fue el martillo pilón de la época ominosa de Gaspart, una nueva oposición pretender incordiar a Rosell hasta el 2016 electoral. Porque a Laporta no sólo le mueve la sed de revanchismo, también su impresión folclórica, quizá chapada a la antigua, de que un grupo de directivos con ínfulas de yuppies de Manhattan han convertido al Barcelona en una multinacional en la que la facturación ha hundido hasta el fondo el seny de aquel Barça que arrambló con todos los títulos.

De UNICEF a Qatar Foundation, y de esto a Qatar Airways. Laporta no quiere entender que sin patrocinadores (los verdaderos dueños del club) el fichaje de  Neymar habría sido imposible de equilibrar en la balanza de pagos; tampoco el sueldo estratosférico de Messi, bien pagado como debe corresponde al mejor futbolista del mundo y al que ahora Hacienda le está examinando hasta el último billete de 5 euros invertido. La idea quimérica de quien fue uña y carne con Rosell es obsequiar al gran público con otra generación de leyenda: diferentes ‘Messis’ e ‘Iniestas’ con los mismos valors. Y en este aspecto, Laporta ha apuntado bien su dedo acusatorio: La Masía va a dejar de ser patrimonio azulgrana para ser patrimonio de la humanidad. Deulofeu es el alumno más aventajado de esta promoción y el club, lejos de blindarle, pretende escuchar ofertas, alguna muy jugosa desde la Bundesliga; Muniesa está a punto de fichar por la Real Sociedad; Sergi Roberto y ese central Bartra que imita los movimientos de su maestro Piqué, están en el mercado. Extraña que detrás de todo este incesante runrún de mercadeo no haya levantado la voz Johan Cruyff. gurú azulgrana de profesión hasta que entraron los yuppies.

En el área de fichajes deluxe, Laporta piensa que Neymar es la consecuencia del resquemor de su antiguo amigo. Ronaldinho y Etoo siempre quedarán como reliquias; Rosell necesita dejar su huella personal e intransferible para que la línea continuista no sea demasiado descarada. De momento, ha convertido a la cresta más popular de Sudamérica en un reclamo inigualable porque, al menos, ya hay una excusa diferente para comprar una entrada en el Camp Nou. El público quiere ver algo nuevo y, desde luego, Neymar, aparte de la legión de patrocinadores que trae a Barcelona,  aparenta tener en sus botas. un talento diferente a lo que hemos visto en la Liga los últimos años. De lo contrario, el fútbol brasileño sería un engañabobos.

Pero hay un punto en el que Laporta ataca con vehemencia y sin inteligencia: el caso de Abidal. Cree que el Barça ha ensuciado su salida cuando la ética pedía renovarle. Pero Rosell resumió este jueves el talante de la entidad con una frase sensata: “Cuando Abidal tuvo una enfermedad el club no tuvo ninguna duda en renovarle; cuando ya ha estado bien, y me consta que está perfecto, le tratamos como un jugador de fútbol”. Después de que Abidal fuese operado con éxito en abril de 2012, el equipo médico dirigido por el Doctor Juan García Valdecasas pidió consejo a una de los cirujanos más autorizados y reputadas en el mundo sobre trasplantes de hígados, el cual reside y trabaja en Madrid. La respuesta fue negativa, dada las posibles graves consecuencias que podía sufrir Abidal si volvía al fútbol de élite. Siguiendo o no la sugerencia de este médico, es lógico que el Barça no quiera jugar con la salud del futbolista. Laporta debería entenderlo.

Las verdades de Laporta

Jueves, 9 Octubre 2008

Hoy he leído una entrevista a Joan Laporta, realizada por mis compañeros de MARCA, en la que el presidente del Barça se ha sincerado y ha confesado sus últimas tribulaciones profesionales. Dice Laporta que el Real Madrid no ganó las dos últimas ligas, que las perdió el Barça. Y no le falta razón. En el primero de los dos campeonatos, el Madrid ganó por amor propio, coraje y mucha suerte. Fabio Capello, y sólo él, fue el artífice del milagro. Los blancos estuvieron a remolque de Barça y Sevilla toda la temporada, y mientras que los culés sufrieron un batacazo causado por el desmembramiento del vestuario, el Sevilla tuvo mal de altura, hacía décadas que no se las había visto así. Cierto es que el Madrid, después de insoportables pitadas en el Bernabéu y sonadas derrotas, se desinhibió y jugó a lo que más le gusta: las remontadas. En febrero de aquel curso 2006-2007, la opinión pública era unánime en considerar al Barcelona futuro campeón, pero la única verdad es que el Madrid nos brindó la oportunidad de saborear una recuperación épica e histórica. Bueno, tan épica no debió ser cuando Capello fue despedido indignamente. Algunos pensamos que si Eto’o y Ronaldinho se hubiesen portado como debían, otro gallo habría cantado. Aquellas declaraciones incendiarias del camerunés en las que acusó directamente a su compañero brasileño de vaguedad asestaron un golpe moral muy duro al vestuario azulgrana. Y ya sabéis que la psicología de estos chicos pende de un hilo muchas veces.

Menos vistoso pero más escandaloso fue lo sucedido la temporada pasada. Sin duda alguna, el Barça conjuntó una de las plantillas más competitivas del futbol mundial. Y menciono plantilla y no equipo, porque Laporta y Beguiristáin se encargaron de reforzar las posiciones de arriba abajo con dos jugadores internacionales, a excepción de la portería. Messi, Eto´o, Ronaldinho, Deco, Henry, Xavi, Iniesta, Bojan, Abidal, Puyol, Márquez, Zambrotta, Milito, Toure, Edmilson,etc, estaban llamados a arrasar en España y en la Champions. Pero otra vez caprichos, recelos, desavenencias y actitudes nada profesionales hundieron un grupo en el que Rijkaard y su discutible docilidad quedaron desbordados. Cada semana tocaba lío y cada mes salpicaba un escándalo. Ronaldinho ni siquiera disimuló: entrenarse a diario era un absurdo para el brasileño. El díscolo Eto’o y el incomprendido Deco desistieron de seguir luchando. La historia ya no iba con ellos.

Parecía que los vicios de la era ‘galáctica’ del Madrid de Florentino Pérez habían sido la gran advertencia para los grandes de cómo no gestionar un vestuario con tantos mil millonarios dentro. Laporta creyó haber dado con la receta idónea, la suya, con la que alzó ese todopoderoso Barça, ganador de una Copa de Europa y dos Ligas de calle, y que a la postre, será recordado como glorioso a la par que efímero. Aquel Barça y su continuación han tenido equipo de sobra para haberse llevado dos o tres Champions y un buen puñado de Ligas. Sin embargo, se acabó devorando a sí mismo aunque, por lo visto en este inicio de campaña, se está levantando de la sacudida. Así que algo de razón tiene Laporta cuando espeta que su club perdió estas ligas. También sabrá el mandatario azulgrana que sus coqueteos descarados con la política no han sido inocuos en el día a día del Barça. De todas formas, habrá gente que crea el Madrid no ha merecido estas ligas, igual que yo pienso que los merengues tiraron a la basura los dramáticos campeonatos de Tenerife de principios de los noventa.

Por cierto,  no quiero acabar sin antes analizar otra revelación de Laporta en la entrevista de MARCA. El presidente afirma que se equivocó mimando tanto a Ronaldinho, permitiéndole que aguantara más de lo necesario en el club. No le culpo, muchos creíamos que Laporta, o quien fuese en la Ciudad Condal, sería lo suficientemente persuasivo para convencer al brasileño de que podía volver a ser el mejor del mundo, que únicamente era una cuestión de actitud. De esto, Laporta sí que habrá aprendido la lección y seguro que habrá rodeado a Messi de buenos consejeros.