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La cirugía no ha terminado

Lunes, 25 Enero 2016

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El Barça atufa a campeón, mientras el Real Madrid todavía está tumbado en la camilla  en plena operación de lifting. La cirugía mejorará su imagen, pero el bisturí tardará en conseguir ese equipo apoteósico que aspira a la versión galáctica sin ‘galacticidio’, claro.  El empate en el Villamarín fue un accidente que sucedió por sorpresa, luego está la autopista de Danilo, ese portugués que el pasado abril iba a emular al mejor Roberto Carlos en banda contraria y anoche twitter le comparó con aquel pufo también luso llamado Carlos Alberto Secretario. Carvajal se ha ganado el puesto por meritocracia y Gareth Bale por absentismo laboral: dos años y medio después podemos decir que el Madrid echa de menos al fichaje de los 91 millones (o 100 según el diario AS). El debate comienza a cocerse a fuego lento: Bale entrará de lleno en el Ibex 35 del fútbol, Cristiano está a punto de salir. Sólo un puñado de goles decisivos le mantendrían en la poltrona de Zeus. Al final, lo mejor es escuchar a los madridistas en las barras de los bares: hace tiempo todo era imposible sin Cristiano, hoy es traumático que Modric o Benzema se constipen.

Zidane insistió a la prensa con la segunda parte, pero el instinto depredador de cualquier gigante anestesiado le impulsa a acorralar a la presa; lo contrario sería hablar de un pelele. El Madrid tenía que atrincherar al Betis sí o sí, por lo civil o lo criminal, y para no seguir desgastando el proyecto faraónico del presidente. Atacó por tierra, mar y aire pero se topó con Adán, santo y seña del Betis, que alterna actuaciones tipo Benji con otros de Alan (el eterno segundón de la serie). Que el balón no quisiera entrar no es coartada para seguir agrandando la efímera carrera del técnico; ni siquiera vale la perspectiva tan deslumbrante que éste pintó en rueda de prensa. Quizás detrás de sus palabras haya una sonrisa de joker. El calendario se ha envenenado porque la gente de la calle no presta atención a los equipos de media tabla hasta que llega un patinazo; hablando en plata, los primeros exámenes finales llegarán en la velada del derbi. Entonces, averiguaremos si Zidane ha construido un mecano con prisas y de cartón piedra, o de verdad hay cimientos macizos para que la grada se sobreexcite. El frenazo de Sevilla hará correr como la pólvora el runrún del Bernabéu. De eso no se salva ni una leyenda.

Sin Liga, el Madrid tiene que invocar el espíritu de las Champions recientes. Jugarse toda la temporada a una carta va en el adn merengue. La ‘Séptima’ salvó una Liga estrepitosa; la ‘Octava’ eclipsó el quinto puesto de aquel año; la ‘Novena’ abrió la puerta al título del Valencia y la ‘Décima’ de Ancelotti provocó despistes antológicos. No obstante, si tuvieran que jugarse un all in por un equipo, apuesten por el Real Madrid. No les defraudará. Como tampoco lo hará James Rodríguez si nosotros, como periodistas o ‘terroristas de la pluma’, no damos la vara con esa vida llena de salsa rosa. A él le “jode” que hablemos demasiado, al socio que paga 500 euros por su carné le cabrea aguantar cómo el mejor jugador de la temporada pasada se ha vuelto de repente en un rebelde sin causa. Su segunda parte ante el Betis le permite licencia para soñar. Ése es el método, si la noche no le confunde como a Dinio, ni se marca más Fast and Furious por la M-40.          

El Betis está moribundo, no muerto

Viernes, 14 Marzo 2014

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El nombre de Pepe Mel fue recordado hace pocas semanas en el Benito Villamarín. Su talante populista y conversión eterna al beticismo le hicieron mártir para una de las aficiones con más solera de España. Delante de las narices del efímero Juan Carlos Garrido, incluso en los inicios de Gabriel Calderón, sólo faltaba una efigie gigantesca de Mel desplegada en la grada. No en vano, el entrenador de los mil y un perdones fue el chivo expiatorio de la ineptitud institucional. “Con el míster se podría haber remontado”, confesaron los más veteranos del vestuario, al tiempo que Garrido se quejaba en rueda de prensa de los pocos fichajes navideños que le había concedido la sospechosa directiva. Su historia había empezado por el epílogo en vez de prólogo y apenas transcurrieron unos partidos antes de ser mandado al cadalso. Tampoco el argentino Calderón parecía la panacea al caos del club: demasiada ilusión para una plantilla de cartón piedra.

Dice Poli Rincón, bético de corazón, que Sánchez Arminio, el jefe de los árbitros, ha devuelto la fe a la religión verdiblanca. Del atraco descarado ante el Athletic al expolio de dignidad de Villarreal: las calamidades arbitrales han sido la vitamina C para un grupo desnortado y que de estar enterrado, asoma la cabeza y bracea entre arenas movedizas. El nuevo técnico es un apasionado de la psicología deportiva; sólo así se explica la recuperación anímica de un Leo Baptistao que, habiendo sido repudiado por Simeone, está reencontrando las dulces sensaciones que dejó en Vallecas. Si acaba goleando hasta final de temporada, Rubén Castro resoplará con el alivio de no asumir el marrón de la salvación él solito. Se podrá tildar al delantero canario de díscolo, caprichoso e irreverente, pero nunca de olvidarse de la causa. Sus goles han evitado que el Betis ostente el récord de peor puntación en la historia de la Liga, todavía en posesión del Sporting de Gijón (13 puntos en la temporada 1997-1998). Al Betis le urgía como el comer un delantero eficiente, un centrocampista con un promedio superior de pases acertados que errados y un portero que parase, así de simple.

El mediapunta elegido en verano para enaltecer a las masas fue Joan Verdú, pero el ex espanyolista se ha desconectado como un interruptor. El Villamarín aún ansía esos pases de seda por los que destacó en Cornellá. No sucede lo mismo en la portería. La goleada del Madrid por 0-5 evidenció que el Betis tenía en Andersen un portero de discoteca; de ahí el fichaje exprés de Antonio Adán, cuya paso fugaz por el Cagliari aumentó el runrún entre la gente. Sin embargo, y contra todo pronóstico, Adán está demostrando que aprendió del mejor en el Real Madrid, Iker Casillas, y que necesitaba un puñado de partidos para reivindicarse como un cancerbero de buena talla (y no sólo física). Adán fue el protagonista del bofetón de proporciones bíblicas que se llevó el Sevilla en su propia casa. Detuvo balones de todos los colores y, lo más importante, transmitió una seguridad que no se recordaba desde los tiempos de Toni Prats. En parte, por sus manos pasa la misión imposible del Betis, y mientras a Gabi Calderón no le entren ataques de entrenador (improbable por el escaso fondo de armario del que dispone), que nadie dé por muerto al equipo moribundo. Ni manque pierda.

Aquellos clásicos sin Iker

Mircoles, 30 Enero 2013

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César Sánchez no tardó en ponerse los guantes para el primer clásico de su vida. Había fichado en el año de la alta traición de Figo (2000) y justo antes de la primavera del 2002, el de la Décima, Del Bosque tomó una de las decisiones más controvertidas de su vida: sentar en el banquillo al canterano con mejores expectativas de la Ciudad Deportiva de La Castellana y apostar por la experiencia de César. Cierto es que Casillas no había cuajado su mejor temporada dentro del máster acelerado de responsabilidades que el encasquetó John Benjamin Toshack, pero aquel Madrid no sólo fallaba en la portería o, al menos, el revulsivo no debía estar debajo de los tres palos. Sin embargo, el actual seleccionador nacional cambió de guardameta y César se plantó en el Camp Nou con la garantía más válida de entonces: la confianza de Raúl y Hierro, los pesos pesados del vestuario de la época.

El clásico del Camp Nou no fue el mejor escaparate para que César reivindicase su nuevo patrimonio. El Madrid había controlado el partido en una exhibición portentosa de Zidane y había hecho internacional al meta Bonano mandando varias ocasiones al garete. Entonces, sucedió el peor de los fatalismos para un portero: fallo estrepitoso en la primera jugada seria. Al rato de la segunda parte, el Barcelona no pillaba a la zaga blanca en ningún renuncio, así que Xavi probó suerte desde lejos y su disparo raso se lo tragó César. Precisamente, el capitán Hierro había repetido hasta la saciedad que el Madrid necesitaba portero con sólo una credencial: parar lo poco que le tirasen. Y César no había dado la talla. Casillas desde el banquillo nunca entendió el porqué del cambio y después de la cantada de su compañero asimiló que su suplencia no era un castigo: César también jugaría los clásicos de la semifinal de Champions.

Si el gol de Xavi fue la noticia más repetida en los telediarios, la primorosa actuación de César sólo un mes después y también en el Camp Nou alivió a Del Bosque. El Madrid reventó la semifinal de Champions en Barcelona merced a una vaselina de Zidane y un contraataque ejecutado con profesionalidad por el risueño Steve Mcmanaman; pero, por encima de todos, emergió la figura de un César omnipotente para sacarle a Kulivert un puñado de goles cantados, neutralizar a Saviola en los mano a mano y anular el juego áereo de Abelardo y Cocu.  La memorable actuación de César bien valía jugar la final de Glasgow, aunque todavía quedase el partido del Bernabeu.

Más de una década después, y con treinta y tantos clásicos jugados, los blancos no podrán ceder el balón a Casillas. Si entonces Del Bosque tuvo claro que César ocuparía la portería del Camp Nou, todavía José Mourinho no ha aclarado un dilema peligroso: Adan es su portero desde que cometió el sacrilegio de sentar al capitán en Málaga por cuestiones de forma física. El portugués persuadió al eterno suplente para que no buscase otras aventuras porque le consideraba el sustituto adecuado de Casillas. Esta noche averiguaremos si Adan ha sido condenado por errores inoportunos (la expulsión ante la Real Sociedad o el gol de Mestalla) o Mou confía en él, tal como Del Bosque creyó en César después de su pifia del Camp Nou. No obstante, llega Diego López, portero de envergadura simplemente perfecta..para el técnico, claro. Entre las muchas exigencias que puso Fabio Capello para entrenar al Madrid en su primera etapa, una de las más cruciales fue fichar a un portero alto para dominar el juego aéreo; Cañizares y Buyo no le convencieron y, por eso, vino Bodo Illgner. Desde entonces, el Madrid no ha tenido ningún bigardo en la portería; así que Mourinho tiene que elegir entre el predilecto de Silvino Louro o el fichaje exprés que han traído a su medida.

De órdago en órdago

Lunes, 7 Enero 2013

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En el fútbol no se recuerdan casos de despidos improcedentes. Los hay cantados, como el que provocaron John Benjamin Toshack cuando confesó al MARCA que era más fácil ver un cerdo volando sobre el Bernabeu que rectificar unas declaraciones suyas o el de Schuster, dejando claro que para su equipo era “imposible ganar en el Camp Nou”; los hay inesperados, como el de Fabio Capello, que se enteró durante sus vacaciones que Ramón Calderón prescindía de él a través de una llamada a su hijo y a la vez representante; y de acuerdo tácito, como el de Jupp Heynckes con Lorenzo Sanz a pesar de conquistar la Séptima. Mourinho está planteando al presidente un órdago detrás de otro; consta en la letra pequeña de su contrato. Cualquier club que requiera sus servicios, aparte de garantizarse títulos, debe estar preparado para presiones psicológicas bestiales. Es el jefe que exprime a sus empleados hasta la saciedad obcecado en arrasar con una idea, la suya, salga bien o no.

Ayer, en apenas ocho minutos, el Bernabeu entero fue testigo de los efectos devastadores de la doctrina inalterable del entrenador. Salió Adán, un portero que no puede asumir la portería del Real Madrid cuando apenas se ha fogueado en dos años y medio. Su nerviosismo se olía a la legua, pero Mourinho ya había envidado sí o sí. Instantes después, Casillas también fue víctima de la paranoia que ha originado el portugués en la portería: todo un campeón del mundo hecho un manojo de nervios; un pase errado y tres goles en tres disparos. La consecuencia del disparate es que al Madrid le urgen victorias con dos porteros ajusticiados, uno por su propio míster y el otro por las fatales circunstancias. Casillas fue borrado del mapa antes de Málaga sin explicación previa, pero él atenuó el morbo con su eterna diplomacia: “Nunca recibo explicaciones cuando juego, ahora tampoco las voy a pedir por ir al banquillo”. En cambio, a Adán sí le nota que todavía debe adquirir la prudencia mediática que impone jugar en el Madrid…”Seguramente sí haya habido opiniones que me han faltado al respeto”, comentó el competidor de Casillas después del 4-3. Mourinho ha tenido mala suerte porque el órdago le ha salido mal: Adán no es culpable por tan exagerada responsabilidad repentina, pero Iker es de los pocos futbolistas que ha hecho méritos inconmensurables para vivir de vez en cuando de las rentas, es decir, que aún no estando acertado no se le puede sustituir sin una justificación clara, y nadie se la ha dado, como ha desvelado.

Y como el Madrid vive en un búnker y Casillas no sabe, o no se atreve a decir, por qué ha perdido la titularidad, surgen dos interpretaciones del cambio: primero, que el portero ha sido señalado como uno de los culpables de la tensión entre los conciliábulos del vestuario, o sea, entre la guardia pretoriana portuguesa de Mourinho y el reducto de españoles que levantan la voz al jefe. Y segundo, una razón técnica. El periodista José Luis Sánchez de La Sexta adelantó ayer que Casillas ha ido directo al banquillo porque no se ha dejado aconsejar por el cuerpo técnico (en este caso, competencia de Silvino Louro) sobre cuestiones a mejorar y tampoco ha asumido los galones de capitán ni le ha dedicado más tiempo al colectivo, según Mourinho. Desde luego, la expulsión de Adán suaviza el debate porque Casillas jugará el próximo fin de semana en Pamplona y resultaría grotesco birlarle la titularidad dentro de dos semanas en Mestalla. Con este panorama, a nadie le extraña que el mal fútbol del equipo no merezca ni un par de minutos de tertulia: ni los periodistas preguntan en rueda de prensa ni, por supuesto, el entrenador toca el tema. Importan los trapos sucios del vestuario, porque a dieciséis puntos del Barça vender ‘cofradías del clavo ardiendo’ no viene a cuento.