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¡Penalti!, la prensa ya tiene carnaza

Sbado, 26 Octubre 2013

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Cincuenta y cinco minutos mataron al Madrid. El tiempo que tardó el Barça en romper el experimento de hormigón armado de Ancelotti. Si la idea inicial de los blancos era cercar a Iniesta y Xavi con una manada de rotweilers, bastó un puñado de minutos para confirmar la fallida hoja de ruta: ni un solo disparo entre los tres palos de Valdés y un Barcelona que, sin fuerza ni brillo, mareaba el balón en tierra de nadie y en busca de la genialidad de Messi que nunca llegó. No fue su noche sino la de su discípulo más aventajado: Neymar calla bocas partido a partido, reivindicando que no es un Robinho de la vida porque su talento se inspira más en grandísimos antecesores como Ronaldinho. Todavía juega eclipsado por Messi, pero mientras agrande su figura menuda en estos clásicos, la grada no tendrá dudas de que el club volvió a encontrar oro y mirra en Brasil.

Quizá motivado por los quiebros superlativos de Neymar, otro actor secundario salió rabioso al césped para reclamar el apodo que poco a poco se ha ido esfumando entre la prensa. Alexis Sánchez llegó a Barcelona hace dos años como el ‘niño maravilla’ y durante este tiempo ha jugado siendo tan sólo Alexis. La vaselina imposible a Diego López le mete de nuevo en el candelero. El ‘Tata’ se puede frotar las manos: dispone de suficiente artillería pesada en la delantera. No así en una retaguardia que sobrevive por las paradas del portero más en forma de la Liga, y puede que Europa.

También Ancelotti tiene armas de destrucción masiva. Su problema es que aún no cuenta con los códigos de lanzamiento de sus tomahawks. El plan revolucionario consistía en bloquear al enemigo en campo merengue para abrir la jaula de sus velociraptores. Pero ni Cristiano, ni Bale ni el escurridizo Di María encontraron pista libre ni una sola vez. Y aunque Carletto se esfuerce en aplicar la filosofía aristotélica a su táctica, la virtud del Madrid en los clásicos no es un punto medio entre la posesión y el contragolpe, sino la herencia buena dejada por Mourinho: el fútbol de los tres o cuatro pases, del pim, pam, pum. Y eso que al Barça le entró el miedo cuando el Madrid volvió a ser el Madrid; es decir, un delantero visible (nada de ‘falsos nueves’) y un constructor, en este caso el clarividente y práctico Illarramendi. Ésa fue la confusión original del Madrid: Sergio Ramos y Khedira son buques destructores, mientras que a Modric le falta un máster acelerado de pases calibrados made in Xabi Alonso. El equipo sólo necesitó un ratito para confirmar que su sala de máquinas cambiará con el donostiarra. Al menos, después de diez jornadas Ancelotti se ha percatado que el galimatías de su pizarra empieza y acaba en la medular.

Y, claro, queda el penalti a Cristiano. Un empujón claro y cagada de Undiano Mallenco. Fue determinante porque el Madrid se había venido arriba; como también lo fue el petardo de primera parte que se marcaron los merengues. Dani Alves vaticinó con precisión los próximos capítulos de la salsa rosa periodística: se hablará del penalti tanto como el que Muñiz Fernández se inventó en Elche. Alves habló de “carnaza” y en Madrid va a sonar a todo trapo la palabra ‘atraco’ y la ley de compensación. Los blancos tenían la oportunidad de sacudirse la caspa que aún le quedaba del derbi madrileño y, lejos de quitársela, se embarraron todavía más. El Barça es un equipo terrenal con un Messi a veces sin superpoderes, pero nunca jamás traiciona su génesis de balón. Sin embargo, ese estilo impone a cualquiera, incluso a un Madrid cuya oportunidad de aproximarse al “fútbol espectacular” pregonado por su entrenador era inmejorable: mal haría el club en tramar una estrategia de propaganda en torno al penalti. La conclusión es que cuenta con una plantilla estratosférica en la que se puede permitir los lujos de dejar a Isco en el banquillo los noventa minutos y poner a parir a un Benzema que en su trastero aún guarda alguna traje Versace para grandes ocasiones.

 

 

Alexis es la respuesta

Mircoles, 15 Febrero 2012

Mourinho tuvo razón el pasado domingo cuando explicó que “otros equipos tocan y tocan, y la gente los aplaude”. Es el estilo irrenunciable del Barcelona, que agota su paciencia estoica mareando el balón hasta que encuentra un resquicio. Anoche hubo momentos en que la posesión fue indecente: casi ochenta por ciento para los culés contra un Leverkusen cuya vocación natural es buscar arreones ofensivos. Quizá el miedo reverencial de enfrentarse a un Barça enrabietado le obligó a plantar un intento de catenaccio descarado (quedó claro que a los alemanes no se les da tan bien como a los italianos). El caso es que el Barça se encontró a sí mismo, cómodo basculando el balón de un lado a otro como si se tratase de un equipo de balonmano, y firmó ante notario que Cesc, Iniesta o Xavi, uno o varios a la vez, no pueden quedarse fuera del once. De esos tres, Fábregas es quien mejor atiende a los caprichos de Guardiola: puede jugar de dichoso ‘falso nueve’ y también en su oficio innato, el de la creación. Pero para esto último necesita un delantero centro y Alexis ha demostrado con creces que él es la respuesta.

Por una vez, a Guardiola no le ha traicionado su ojo clínico: el chileno reúne los requisitos que su entrenador no encontró en Eto’o ni Ibrahimovic. Necesitaba un ariete que se diese codazos con las defensas enemigas, inventase espacios en esa línea y no se lo pensara dos veces en el momento de disparar…Alexis es su hombre. Le gusta hacer el ‘trabajo sucio’ y ese marrón es de lo más agradecido dentro de un equipo. Por eso, Guardiola está fascinado con él y le añora cuando está lesionado. Además, sus compañeros, en especial Messi, se están percatando que siempre que el balón termina en Alexis, ronda el peligro, bien sea en un remate a bocajarro (su gol ante Osasuna)  o una jugada en carrera. A día de hoy, su PVP de 40 millones está dejando de ser disparatado. De momento, el camino del delantero está expedito sin un competidor directo; habrá que esperar a la vuelta de David Villa para averiguar si Guardiola mantiene su idea de Alexis o combina los recursos de sus dos delanteros, como suele hacer últimamente Mourinho con Benzema e Higuaín.

Cesc comentó en Alemania que van recuperando el físico y, sobre todo, efectivos. Se notó cuando Pedro entró al campo; llevaba tiempo sin estar en la onda, bien por lesión o por un bajón de juego. El caso es que no era ese ‘Pedrito’ que tanto enamoró en sus primeros tiempos y del que se decía que su mejor virtud no era el don de golear en todas las competiciones sino el de elegir siempre la decisión correcta. El canario en su máximo apogeo descarga trabajo a sus centrocampistas y deja suelto a Messi para que torpedeé las líneas enemigas. A veces jugará titular y otras no, pero Pedro on fire es más imprescindible de lo que aparenta. Y Guardiola lo sabe, por algo ha sido uno de sus grandes órdagos de La Masía.

En definitiva, la Champions se nota que sigue siendo la competición fetiche del Barça. El Leverkusen había tenido en sus narices el ejemplo pintiparado de cómo morderle en la yugular; bastaba con haber seguido al dedillo el vídeo de Osasuna. Pero esta vez el césped no estaba minado ni el talante era el de ganar para seguir remando…por si acaso. No, el Barça maneja los tiempos de la Champions como en su día lo hizo el Madrid de la etapa gloriosa 98-2002. Y si le urge marear la pelota con cientos de pases para llegar a la portería contraria, nadie se lo va a reprochar en Europa, sencillamente porque nadie sabe (o quiere) hacerlo. Ni siquiera Mourinho, porque como él mismo reconoció “otros equipos tocan y tocan, y la gente los aplaude…pero en el Bernabeu nos pitan”. Cuestión de gustos.

Cuando la táctica lo es todo

Domingo, 11 Diciembre 2011

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A las nueve de la noche se desveló el secreto que había puesto en jaque al universo…los 500 millones de telespectadores (dato portada MARCA) conocían las alineaciones y la del Madrid se pudo interpretar como una amenaza fantasma: Mourinho había decidido acabar con su némesis con valentía, ignorando el trivote y alineando a Özil y Benzema para fabricar fútbol; pero, en contraste, eligió el día menos indicado para alardear con experimentos personales, porque  Coentrao, ni vale para este Madrid y ni mucho menos para lateral derecho. El caso es que la apuesta del portugués recordó una escena de la película Enemigo Público, en la que Will Smith pretende engañar a la CIA citándoles sin saberlo con un capo mafioso y Gene Hackman, rehén de la propia CIA, se percata del plan y le susurra: “Ahora sabremos si eres muy tonto o muy listo”. Porque la osadía del entrenador blanco contra el mejor equipo sólo permitía dos lecturas: ganar honrando a la grandeza del Madrid o perecer en la batalla con el orgullo de un soldado espartano. Pues ninguna de las dos. A tenor de lo sucedido, quizá el Madrid habría sacado tajada con un talante rácano, como en el de la pasada semifinal de Champions, cuando Pepe se colocó en la medular para hacer de coche-escoba.

El baño, reconocido hasta en las altas instancias por Sandro Rosell, evidenció que Guardiola tiene fe ciega en su estilo. Un gol tan sorprendente en un templo como en el Bernabeu y contra el Madrid más perfecto que se recuerda en años habría deshecho a cualquier equipo, menos a uno que porfía en jugar al fútbol. Así de claro. El Barça no se amilana ante ningún contratiempo; es más, son sus rivales los que deben sudar hasta que la presa deja de moverse. Y anoche el Madrid bajó los brazos cuando todavía iba ganando: fue fallar Cristiano el 2-0 cantado y el equipo olvidó la presión asfixiante que hasta entonces había anulado a Xavi. Hete aquí la primera clave del resurgimiento azulgrana, porque la imagen del centro del campo a veces era descarada: Xabi Alonso y Lass contra la maraña que poco a poco iban tejiendo Busquets, Xavi, Iniesta y en menor presencia Cesc….dos contra cuatro. Lógicamente, Mou había perdido la batalla de la creatividad e inexplicablemente, ni siquiera amagó con enmendarlo. Por eso, entre tanta parafernalia mediática, los detractores del portugués tienen carnaza fresca para achacarle su torpeza táctica y su nula reacción. Todo lo contrario que Guardiola, quien también se jugaba mucho confiando en Alexis por delante de un campeonísimo como David Villa: la decisión fue acertadísima por el gol del chileno y porque él solito agitó como una coctelera a la defensa del Madrid. Le ha bastado un puñado de partidos para demostrar las credenciales de un currículum de cuarenta millones de euros. Ni Eto’o ni Ibrahimovic ni Villa tienen el desparpajo de Alexis para pegarse mamporros con tíos más altos que él; eso, precisamente, es lo que le flipa a Guardiola, quien por fin cuenta con un jugador que baja al barro para jugar al choque y, además, remata bien.

Al final, habría dado igual que el Barça hubiese empezado con cuatro atrás o con la comentada defensa de tres: cuentan los jugadores y la intención del grupo. Y, evidentemente, el Barcelona podrá humanizarse en campos como Getafe o San Sebastián, pero a estas alturas y con una colección de cabelleras tan codiciada, a este equipo le pasa como a Usain Bolt, que sólo se excita en citas inolvidables, a las que, por cierto, nunca debe ni puede faltar Iniesta. Todavía el Madrid no puede presumir de lo mismo: necesita dejarse la vida cada fin de semana (ya lo hace), reivindicar un estilo y, sobre todo, saber variarlo cuando el resultado lo exige. Por eso, Xabi Alonso pidió auxilio muy pronto e Higuaín salió demasiado tarde…errores que un entrenador de altísimo calibre no puede soslayar. La imagen de Guardiola en la banda diciéndole a Xavi que jugaran con tres defensas bien alineados demuestra que ése debe ser el cometido de un técnico…la comedia de gestos y aspavientos está bien para los resúmenes televisivos.   

Sin el complejo de David contra Goliat

Lunes, 15 Agosto 2011

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Chapó a la portada del MARCA…’Puro fútbol [y todavía queda la vuelta]’ y aparecen dos instantáneas decisivas, la del gol de Messi en la parte superior de la primera plana y el de Özil en la inferior. Pero el diario podía haber agudizado más su ingenio dedicando también la primera página a los zambombazos de Villa y Xabi Alonso. Porque Madrid y Barça jugaron un epílogo inmejorable de pretemporada: defensas poco rodadas, asistencias sorprendentes y hasta algún eslalon versallesco (Thiago en su estado natural). Sin duda, un cúmulo de detalles, que eclipsados por el talante táctico de Mourinho, dibujaron el mejor partido del año, el que deja a la altura del betún el ‘rally de los clásicos’ (MARCA dixit). Precisamente, después del nuevo Madrid de anoche, es incomprensible por qué el mismo equipo no fue capaz de plantarle cara al campeón hace unos meses sin el complejo de David contra Goliat; el secreto de la presión asfixiante habría sido un aliado incuestionable para los blancos en las semifinales de Champions.

Y es que durante los primeros treinta minutos de la Supercopa, el Bernabeu se enorgulleció de las intenciones de su entrenador, frotándose las ojos con un Xabi Alonso que manejaba a sus compis a ritmo de rock and roll; no obstante y en defensa de Mou, el planteamiento no fue una jugada de póker, pues la prensa había vaticinado en la previa un ‘ataque total’ al Barça con Özil, Benzema y Cristiano; el orden  está escrito adrede en sentido de mayor a menor porque el francés siguió dándole publicidad al endocrino que ha afilado su cuerpo, el alemán se ha apoderado de esa sensación de ¡peligro! cuando coge el balón y CR7 arrastró a la defensa azulgrana con galopadas infinitas, aunque no sacase provecho de ninguna. Se le veía que no estaba a gusto y, por eso, tal como dice el periodista Manuel Saucedo en su twitter…”el portugués no debe estar feliz, poca participación, ni le buscaban ni le encontraban. Y golito de Messi”. Otro más del argentino a Casillas en un arrebato de bestialidad que acalló a quienes le criticaban su inopia (leí varios tweets que decían con sorna ‘Tierra llamando a Messi’).

El caso es que el Madrid tiene fuelle y talento para dominar el juego contra cualquier rival que se le antoje; otra historia es que Mourinho persevere en esa valentía. Sin embargo, el empate también deja un poso inquietante para los blancos…si su  mejor fútbol no ha tumbado a un Barça experimental, difícilmente podrá doblegar al once fetiche de Guardiola, si es que logra hacerse con uno en una temporada larga y prolija por la cantidad de títulos en disputa. De esas rotaciones, sale por la puerta grande Thiago (¡que hábil fue el club renovándole este verano!). El hijo de Mazinho recordó a su padre en tareas organizativas; templaba el balón y abría el campo para que sus compañeros se desahogaran de la contunde presión del Madrid. La diferencia entre ambos es que Thiago ha nacido para mimar el balón y así lo hizo con el detalle del eslalon que dejó a tres merengues boquiabiertos. Quien tampoco sucumbió a las expectativas fue Alexis, batallador y al que le gusta jugar al choque; habría sido más excitante un cara a cara entre Pepe y él, que no con Marcelo. Sin embargo, la intentona Mascherano-Abidal no resultó: no se entienden y, sobre todo y más importante, no se sabe quién ostenta la jerarquía; sin duda, al Barça le urge la vuelta de Puyol. Por el contrario, el Madrid sí tiene claro que Pepe es su jefe: ordena, corrige a sus colegas de demarcación, aunque aún no se atreve a sacar el balón desde atrás al estilo del antiguo ‘jefe’, Fernando Hierro. Pero anoche el central no estuvo en su línea: se cayó de bruces en el gol de Messi en un fallo defensivo de patio de colegio y tampoco estuvo acertado en el penalti de Marcelo a Pedro. Dos desaciertos puntuales, sin más.

Y hoy se presenta un viejo camarada de La Masía. Cesc cumple su sueño frustrado de los últimos veranos y entra en un vestuario donde el talento creativo abunda, que no sobra. Porque el Barça de anoche careció de frescura y Guardiola ha meditado engrasar a la plantilla durante el transcurso de la temporada; no así el Madrid, que ya rueda a la velocidad de un Sputnik. Así que, aunque Cesc huela a carne de banquillo, el míster volverá a sacar la política de rotaciones que en su día empleó su antecesor, Fran Rijkaard. Sólo de ese modo, el Barça será competitivo en diciembre contra ¿el Santos de Neymar? y llegará sin agarrotamientos a la primavera definitiva.

Postdata I: Agradecimientos a Mourinho por entender que el Madrid debe coger el pincel y no un martillo neumático, y al Barça por ser competitivo tanto en versiones apoteósicas (las de casi siempre) como ‘empanadas’ (anoche).

Postdata II:  Un tirón de orejas a Karanka, porque, aún teniendo que dar la cara en público, le hace un flaco favor al 2-2 entreviendo que “hay cosas que no han cambiado” sin explicar el motivo del dardo. Teixeira Vitienes fue salomónico en sus errores: penalti para cada bando no pitado, punto.