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Dos regates mejor que tres

Mircoles, 5 Octubre 2016

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“A veces dos regates salen mejor que tres, y una bicicleta resuelve la jugada mejor que dos”. Carlo Ancelotti insistió a Isco en que perdiese el miedo escénico del Bernabéu, que se imaginara flirteando con el balón delante de varios anfiteatros como lo hacía en los arrabales de Benalmádena, su municipio natal. El malagueño entendió que su público no aplaudía a los tímidos; al contrario les incordiaba con su murmullo ruidoso. Fue entonces cuando tomó la decisión de separar el grano de la paja, de ser simple y llanamente útil, pero con arte. Poco duró su convencimiento porque, en una entrevista para El Partidazo de COPE, el madridista ha confesado una autocrítica demasiado cruda: “Zidane no está siendo injusto conmigo. Si viene Ancelotti y no soy titular indiscutible; luego vienen Benítez y Zidane y tampoco, el responsable soy yo”. Cristalino y sin aristas, como si estuviese tumbado en el diván de un psicólogo, Isco necesita entrenarse como si no hubiera mañana para superar el temido casting: James, Marco Asensio y, en tercer lugar y a distancia sideral, él. Todos se esfuerzan entre bambalinas por si un día falla la innegociable BBC, y si Modric está KO, aparece un hueco en el que nadie de la calle pondría a Isco. Hagan la encuesta.

A Morata le preguntaron este verano qué compañero le había sorprendido en los entrenamientos y no lo dudó: “Isco conduce el balón como si lo llevara pegado en la bota con pegamento”. En un partido de fútbol-sala, su talento ganaría; en una cabina de teléfono, encontraría un resquicio para  sacar el balón,; en un rondo de Cruyff, nunca estaría en el medio, pero en este Madrid de pim, pam, pum, en el que el contraataque se explica en un puñado de pases, Isco no cuenta. Su sitio aparece en un plan B o C, cuando la BBC se oxida y Zidane necesita descerrajar defensas con un pase imposible o esos disparos curvos de Isco que, de vez en cuando, acaban en la escuadra. Es la opción más lejana para un plantilla que tiene suficiente artillería pesada como para asaltar el Fort Nox. James merece segundas oportunidades porque el pueblo ha hablado y aún no ha bajado el pulgar; Asensio de repente entusiasmó en verano y todavía es un proyecto en construcción; Isco quema cartuchos demasiado rápido sin sacar conejos de la chistera, mientras la grada silva (deseando a Silva) por hartazgo. Recuerda al primer Fernando Redondo, anterior a su eclosión con Fabio Capello y la Séptima, que agarraba el balón y le costaba horrores soltarlo sin sentido, en horizontal para cabreo de la grada.

Un ex futbolista de renombre del Madrid, ahora técnico de la cantera de Valdebebas, cree ciegamente que Isco habría encajado de maravilla en la ‘Quinta del Buitre’ en el papel de Martín Vázquez. Sabe dar esas pinceladas circenses que arranca aplausos en el Bernabéu y, francamente, los blancos tampoco están dando muchos motivos para la excitación del pueblo. En su primera temporada (2013/2014) Isco pasó de recluta a general en un escuadrón nulo de ideas sin él. Ése es su estilo innato y Ancelotti lo sabía para su fútbol control.. Sin embargo, “ese grupo de atletas” (Guardiola dixit) se sigue enchufando con mil voltios y velocistas que tengan pista libre. En cambio, el media punta requiere el ralentí que tanto gustaban a Xavi e Iniesta; cocinar a fuego lento hasta encontrar el gusto adecuado. Isco sería titular en cualquier parte del mundo. El Madrid no tiene nada que ver.

 

La industria de Hollywood

Mircoles, 9 Diciembre 2015

“La grandeza del Real Madrid es que si no ganas, fracasas”. El ex presidente Lorenzo Sanz murmuró la frase con un habano en la boca en pleno éxtasis de la Octava de París. Aquel Madrid del cerdo volando de Toshack y el interino Del Bosque había recibido palos por tierra, mar y aire, incluido el unísono grito del Bernabéu ‘¡Lorenzo, vete ya! durante un vergonzoso 1-5 contra el Zaragoza. Pero la Champions es la competición fetiche en la que los blancos manejan como nadie el “tempo del torneo”, como dice Santi Segurola. Y la mejor medicina para aliviar la crisis (sí, todavía no ha terminado el ciclo) era darse un gustazo ante una presa facilona. Quizá el Malmoe no compita ni en la Segunda División española, a lo mejor ni siquiera aparece en otra fase de grupos, pero el mérito de estirar la goleada hasta ocho sólo está al alcance de pocos. O más bien de uno solo: Rafa Benítez. La goleada va mullendo el colchón de confort que necesita el entrenador. Rivales asequibles que esconden resultados peligrosos, porque, en cualquier momento, un resbalón imprevisto bordearía el abismo. Porque este Madrid siempre está a un paso entre el Elíseo y el infierno; del júbilo y el cataclismo. El maniqueísmo merengue siempre hasta el extremo, nunca en tierra de nadie. Debe ser su grandeza.

Ancelotti cuenta en una entrevista para Mediaset que el fútbol de hoy necesita un respiro. “En el Madrid no hay paciencia, empezando por el presidente”. Él, que ganó un Scudetto durante casi una década en el Milan, aceptó ser un funambulista sobre una vara entre dos rascacielos  cuando respondió a la llamada de Florentino Pérez. Y ése es el problema del club blanco: de ahora y de siempre. Su realidad transcurre a todo trapo, a un ritmo demasiado vertiginoso. Casi como la vida de Cristiano Ronaldo. Susana Guasch sintetizó en medio minuto el caos vivido en una pregunta a Benítez antes de ayer: “El fax de De Gea, diecisiete lesionados, la eliminación copera, el affaire Benzema, los viajes fugaces de Cristiano a Marruecos…para volverse locos”. Y, claro, Mister Rafa responde con el manual en la mano: “Todo se sobredimensiona”. La excusa de siempre. Entonces, ¿cuál es la grandeza de este Madrid: los títulos en las vitrinas o que se hable del club bien o mal hasta en la sopa?

El mítico Hugo Sánchez, que suele pasar largas estancias en California, afirmó una vez que el Madrid se mueve como la industria de Hollywood. “De repente, una superproducción aprueba cientos de millones para una película que luego fracasa en taquilla”. Gran ejemplo del Matador para describir cómo se fabrica el club entre bambalinas. La eterna urgencia de copas concibe cada proyecto como un clínex: a la mínima que se mancha, a la basura. Sería impensable una era Alex Ferguson en el Madrid. No hay tiempo para pegársela o empezar de cero con el mismo entrenador. Y no será por falta de presupuesto porque, como anunció el efímero ex presidente Fernando Martín ‘Martinsa’, “por dinero no va a ser”. Es ganar o morir. Juzguen ustedes si ésa es su grandeza.

La trituradora

Martes, 26 Mayo 2015

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 “¿Ancelotti en el minuto 92 estaba más fuera que dentro del Madrid? No, ni yo, que algo también he leído. La temporada era objetivamente buena con un proyecto que acabamos de empezar, con un entrenador nuevo y siete futbolistas que han venido esta temporada. Vamos a seguir mejorándolo, pero necesitamos un poco de tiempo y, sobre todo, de estabilidad”. Florentino Pérez en El Partido de las 12 el pasado 26 de mayo de 2014. El éxtasis de la ‘Décima’ había hipnotizado al presidente que, por un instante, imaginó de veras que Carletto iba a ser el “Ferguson del Madrid”. El trasiego de entrenadores tocaba a su fin con el ‘pacificador’ que había acabado con el manicomio del vestuario. La imagen de Ancelotti en la sala de prensa de Lisboa empapado de champán y coreado por algunos jugadores parecía cambiar esa imagen de trituradora que tanto han temido los entrenadores que han pasado por la silla eléctrica a excepción de José Mourinho. La “estabilidad” proclamada era el comienzo del fin de una picadora de carne llamada Real Madrid. Sin embargo, al club blanco le sucede como al mejor Federer de todos los tiempos (el de hace cuatro o cinco años): cualquier resultado que no sean títulos es fracasar. Y gran parte del madridismo entiende que eso es el adn de la grandeza del Madrid.

Ancelotti ha cometido errores de bulto, de entrenador novato, quizá creyendo que su experiencia y la inercia goleadora del Madrid arrastraría algún título. Al fin y al cabo, en esta ‘Liga de mierda’ (Del Nido dixit) el premio menor es acabar segundo y es complicado que la  Champions te apee antes de cuartos de final. Pero en el informe sobre el técnico ha pesado demasiado la mala dosificación física del equipo, que recordó al desplome del ‘galacticidio’; ubicaciones indefinibles, como el puñetero ‘5’ de Toni Kroos que le ha obligado a jugar como un péndulo en vez de repartir cartas como un crupier; el galimatías táctico de Sergio Ramos en la semifinal contra la Juve y, lo más criticado en la planta noble del Bernabéu, las infinitas lesiones musculares que han lastrado el ritmo competitivo. Y en el trasfondo del escáner al italiano, el pensamiento eterno de Florentino, que no cree en proyectos de entrenadores. Por eso, en su Madrid nunca habrá un Barça de Cruyff o de Guardiola. Ni siquiera de Rijkaard.

Quizá Ancelotti y su buen rollo con el vestuario (no todos, por cierto) merecían una segunda oportunidad, pero el miedo de Florentino a que la grada se hartase del césped y sacase los pañuelos al palco también habrá rondado por su cabeza. Ancelotti gustó hasta que perdió en Mestalla y el proyecto empezó a resquebrajarse. El repaso liguero-copero del Atleti y la decisiva derrota en el Camp Nou provocaron en la masa social ese murmullo del que el presidente suele estar atento a través de sus encuestas internas. Sí, el Madrid había conseguido 22 victorias consecutivas, pero sólo había tumbado al Barça en el Bernabéu. Hace pocas semanas hubo algún directivo que se atrevió a comentar en privado que Fabio Capello habría puesto firmes a unos jugadores extenuados por el kilometraje y la gestión de sus egos. De repente, Cristiano cabreado con el mundo; Isco decepcionado con su suplencia y Casillas pasmado por la furibunda reacción de un sector del Bernabéu. Las pistas que delatan al presidente con los sucesivos despidos del banquillo son claras: el Madrid no necesita un entrenador, sino un gestor de caprichos con guante de seda y que sepa sacar el martillo de vez en cuando. Por eso, Florentino otorgó poderes plenipotenciarios a Mourinho.

De la blandura de Pellegrini al desafiante Mourinho, cambiado éste por el bonachón de Ancelotti para acabar en el táctico y currante Rafa Benítez. Estilos antagónicos que encajan como un molde en este Real Madrid mientras caigan las copas. Alguna, por lo menos. Precisamente, Benítez fue la pedrada de José Ángel Sánchez, brazo ejecutivo y ejecutor de la directiva, en la rentrée de Florentino en 2009. Pesó más la opinión de Jorge Valdano. Y el presidente supo que se había equivocado. Seis temporadas después, ha hecho caso a su máximo hombre de confianza: Benítez entrenará al Madrid….un rato, al menos.

Allegro ma non troppo

Mircoles, 6 Mayo 2015

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Allegro ma non troppo (‘Alegre pero no demasiado’). Topicazo para  explicar la sensación contradictoria de un Madrid despistado que encañonó a la Juve a quemarropa  y no supo apretar el gatillo. El resultado es una derrota potable que a partir de hoy invocará güijas de palmeros, el espíritu de Juanito y un manoseado DVD de las grandes noches europeas. Las ochenteras, claro, porque la historia reciente ha hecho trizas ese misticismo que tanto gusta al madridismo. Pero la remontada no sólo se consigue sobreexcitando al Bernabéu y pidiéndole la tormenta perfecta, también mandan las pizarras y la de Ancelotti ha vuelto a quedar pintarrajeada con garabatos. El técnico merengue perdió la partida de ajedrez en un puñado de movimientos, los que tardó Sergio Ramos en inmolarse y dejar a la Juventus una autopista americana hasta la defensa blanca. Dice Paco González que la apuesta impopular de Ramos en el centro del campo no gusta en la planta noble del Bernabéu. Al menos, resulta inexplicable teniendo en nómina a Illarramendi (sí, 40 millones), el saliente Khedira y Lucas Silva, un fichaje enigmático que pinta a cesión en toda regla. El sevillano decepcionó por su ubicación amorfa y Andrea Pirlo porque es un mito viviente y, como tal, ya es más reliquia que futbolista apto para ir a la guerra.

Tévez también supera la treintena, pero entiende el juego desde la experiencia de quien se las sabe todas. El ‘Apache’ escarmentó en Manchester porque el vertiginoso fútbol de allí no se detuvo ante él. En cambio, el Calcio es intenso pero pausado, muy propicio para perros viejos como él. De repente,  pide el balón en el centro del campo y mete un cambio de ritmo que deja al resto de piedra. Su pillería en el penalti de Carvajal salvó media eliminatoria para la Juve y le encasilla como el primer enemigo público en el Bernabéu. Lo mismo pensaban en Turín del Cristiano Ronaldo que no asusta pero al menos ve puerta. A estas alturas, el portugués ya no tiene fuerza para aguantar las columnas como Sansón, aunque tampoco debería hacer falta: el Madrid es más equipo que los italianos y con Benzema dispondrá de toda la artillería pesada. O muere matando o sale disparado a Berlín. Ya no hay tiempo para sestear y fiarse de esa peligrosa inercia de que tarde o temprano el Madrid siempre marca. Quizá la vuelta del delantero francés aclare las ideas ofensivas ante una defensa tan cuadriculada; Benzema suele desaparecer del área para construir jugadas desde la banda como si fuera un meccano. Y ahí la Juve tendrá que pensarse un poco más el catenaccio.

La buena noticia para el Madrid es que el margen de mejora es oceánico, sobre todo en defensa. Se trata de no repetir errores de bulto que se aprende en la escuela de alevines. Por ejemplo, la bronca de Ancelotti a Varane y Marcelo en el descanso debió ser morrocotuda: al francés por no ser expeditivo (patapum parriba) y al brasileño porque se quedó perdido en tierra de nadie, ni sacó el puñal por la izquierda ni el escudo en defensa. Suena a cachondeo, pero Coentrao no habría desentonado en este partido de cuerpo a cuerpo. En los cenáculos madridistas se insinuó que si el Madrid hubiese perdido en el Calderón por 2-1, el botín habría sido aceptable; el resultado ahora es más sospechoso. Esta vecchia signora de pura cepa italiana sabe sobrevivir con la pistola en la sien. Y, además, con una sonrisa de joker porque vuelve Paul Pogba. Y con Morata hecho un hombre. 

Cristiano se sacude la kryptonita

Domingo, 3 Mayo 2015

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Le habían martilleado el oído con el nombre de Messi a todas horas: que si el argentino le iba a dar caza en el pichichi, que si la carrera por el próximo Balón de Oro tenía color albiceleste, que si el grito simiesco había sido el preludio de una racha espantosa. El paseo militar del Barça (y Messi) en Córdoba dejaban al Madrid al borde del abismo: ganar o suicidarse. Sin término medio. Y el Cristiano Ronaldo más atormentado de los últimos tiempos no parecía el héroe indicado para espolear al Madrid; al contrario, el superman portugués llevaba todo el año sin levantar el vuelo, asfixiado por la kryptonita que le obligaba a arrastrarse. Con la ‘BBC’ descuajeringada, el equipo le pedía a gritos un puñetazo, una advertencia a todos los enemigos de que Cristiano, exultante o tristón, siempre es el ‘bicho’. Fue entonces cuando pisó el Pizjuán y se cobró la cabellera del Sevilla más puñetero que se recuerda. Su descaro con el balón fue el presagio de la tormenta que se avecinaba: la tarde era en ese momento de Messi y la estrella lusa sabía que otra mala actuación pondría al Madrid en defcon 2, sobre todo con la inminencia del partido perro de Turín.

El detalle que diferenció al Cristiano de siempre con el desesperado y notas de los últimos meses fue su gesto hierático. Esta vez la ocasión fallida, el disparo torcido, venía acompañada del típico gesto de Rafa Nadal que no se lamenta por fallar una bola sino que espera mejorarla en el siguiente punto. El madridista dejó en el vestuario los aspavientos de su versión protestona y reivindicó su modelo CR7, el terminator programada para aniquilar defensas. Sus cabezazos de killer reabren un debate sano, futbolero de pura cepa: ¿quién rinde más: el Cristiano escorado en la izquierda sin reprís o el delantero centro que revienta el balón por tierra, mar y aire? Ancelotti lo tenía claro hasta ayer: el Madrid no necesita comprar un ‘9’ porque tiene al capo de los todos a sueldo. Ya sólo falta que Gareth Bale deje su posición invertida para jugar en la izquierda y la artillería pesada estará calibrada para un ataque total. Sin embargo, el galés sirvió a Cristiano el tercer gol desde su posición amorfa y Carletto tiene la coartada perfecta para mantenerle enjaulado.

Sergio Ramos también se ha reconvertido de la noche a la mañana. Se ha comido el marrón de Modric con disciplina espartana; su presencia en el centro del campo rellena de cemento armado una zona que sin el croata se resquebrajaba como el cartón piedra. La deducción del técnico es más simplona que dos más dos: con tanta lesión dejar a Pepe o Varane en el banquillo era un privilegio que no se podía permitir. Y lejos de arriesgar el esquema con tres centrales, lo que supone extenuantes jornadas de entrenamiento, el método Ramos ha aliviado los quebraderos de cabeza del cuerpo técnico. Todavía no se le ve cómodo sondeando dónde colocar el balón (él no es Xabi Alonso), pero tenerle enfrente, a cuarenta metros de Casillas, es un muro demasiado alto para cualquier media punta que no tenga la habilidad innata de José Antonio Reyes. Desde luego, la Juventus no tiene un malabarista de su talento, lo suyo son más picapedreros acostumbrados al intercambio de metralla. Y en cruce de mamporros (así se intuye la semifinal), Ramos está preparado de central o centrocampista. Si tiene dudas, que le pregunte a Fernando Hierro, todoterreno goleador a principios de los noventa y retrasado con los años en un serio aspirante a Beckenbauer.

La hora del estratega

Domingo, 19 Abril 2015

“Es la hora de Lucas Silva. Para eso le hemos traído”. Es la reflexión de madrugada de un vocal del Real Madrid instantes después de conocerse el fatídico diagnóstico. Modric se pierde el resto de la temporada y, con ello, el Titanic se aproxima inexorablemente al iceberg. Candidatos para el casting los hay a patadas: Lucas Silva, Illarramendi (de quien nadie en su sano juicio se atreve a susurrar ya que era el padawan más aventajado de Xabi Alonso) y Sami Khedira, a quien su entrenador pediré un alarde de profesionalidad para un último servicio a la causa. Joachim Low le pondría con los ojos cerrados, pero comparando sus méritos con la selección alemana, en el Madrid sólo hemos visto un Khedira de Mercadona. La pasarela es descorazonadora en una plantilla que ronda los 500 millones, kilo arriba kilo abajo, Por eso, el hueco oceánico que deja Modric tiene una solución más cara aún: adelantar a Toni Kroos varios pasos su posición y suplir a éste por un mamporrero. En el fútbol contemporáneo desaparecieron esos ‘Makeleles’ limpios e higiénicos en el trabajo sucio que tanto valoran los entrenadores y los puristas de la prensa.

Son los mismos cronistas que antes aplaudían el fútbol seductor del Barça, copiándolo para la marca España, y ahora han tenido que tragar por succión el juego práctico del pim, pam, pum. No pega con el seny azulgrana, aunque tarde o temprano tenía que venir un entrenador vendiendo las tesis de Maquiavelo. El resultado no sólo importa, sino que vale de coartada para ocultar el extinto tiqui-taca. El calendario es tan vertiginoso que los consejos de sabios en Barcelona no tienen tiempo de fusilar a Luis Enrique y su osada traición al ‘cruyffismo’. El Barça es líder y, con las piernas arrastrando grilletes por el cansacio de la Champions, noqueó a un Valencia sin el arte de Muhammad Ali. Este Barça ya no flota como una mariposa y pica como una abeja; prefiere tumbar al rival a puñetazo limpio, como George Foreman. Un estilo inédito en Can Barça, pero que el Bernabéu lleva presenciando por los siglos de los siglos. Y a la grada blanca le gusta.

El Valencia descerrajó la defensa azulgrana y sólo le faltó abrir en canal al casi muerto. Fue entonces cuando Claudio Bravo imitó al Casillas de sus mejores tiempos y sostuvo al equipo entero. Y Luis Enrique, que todavía es novato para dar giros inesperados a las películas, puso tras el descanso a Busquets en su sitio y el Barça cortocircuitó el énfasis del Valencia. Ahí acabó todo. El murmullo del público a la salida del estadio no despotricaba contra el entrenador: ya no hay tiempo. El ‘triplete’ inimaginable desde la crisis de Anoeta asoma detrás de la esquina y ganar por lo civil o lo crimimal es el único cometido del entrenador asturiano. Tampoco Florentino Pérez le exige a Ancelotti que traiga el Circo del Sol a Chamartín, pero sí un poco de amor propio para salir al derbi como un ciclón y gritar a Europa que esto es el Real Madrid, donde no valen las excusas. Que no juega Modric, pregunten a Carletto; y si tampoco está Bale, de nuevo al entrenador. Se le fichó para tomar este tipo de decisiones, no para arengar al vestuario con un simple ‘Salgan y jueguen como saben’. Las malas lenguas dicen que eso fue lo que repetía Del Bosque e irritaba tanto al presidente. Es la hora de los estratega. Una partida de ajedrez a vida o muerte para Ancelotti.

 

 


“Cristiano es como Allen Iverson, ¡se tira hasta las zapatillas!”

Domingo, 5 Abril 2015

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Si el Bernabéu hubiese presenciado un combate de boxeo, el árbitro lo habría detenido al comienzo del segundo asalto, ni siquiera habría permitido terminar los tres minutos. El gigante anestesiado despertó sin efectos secundarios del virus ‘FIFA’ y abusó del Granada hasta dejarle la cara como un mapa. El Madrid perdió en campos como Mestalla o San Mamés sencillamente porque nunca disparó. Pero con la artillería que compra cada año, las ocasiones deberían llegar por inercia. Los blancos aprovecharon el parón de selecciones para resetearse y empezar de cero. El primer combate vale el mismo que los siguientes, aunque haya sido contra un sparring amateur. Abel Resino comentó en la víspera que esperaba un Madrid “constipado” y aún así rotó a su equipo porque no esperaba ningún sorpresón de quiniela. Tampoco la grada soñaba con una goleada histórica para fidelizar a los niños aún más en su madridismo y presumir de que ellos vieron cómo Cristiano Ronaldo ahuyentaba todos sus demonios: los de Irina, alguno de Kevin Roldán y, más importante, esa odiosa comparación mediática con su némesis Leo Messi que tanto le molesta.  

De repente, la ‘BBC’ se solidarizó consigo misma y recuperó sus emisiones, tal como nos gusta titular a la prensa. Bale marcó el primero y dio otro a Cristiano; Benzema enchufó dos y Cristiano se llevó el balón a casa para meterlo en una vitrina. No obstante, después de su primer gol el portugués susurró a Benzema que el siguiente sería para él. Todo un buen rollo que no se veía desde que los blancos apabullaron en el Mundialito de Marruecos allá por diciembre. ¿Ha resucitado un nuevo Madrid? Estas orgías goleadoras dan que pensar: las diferencias entre los grandes y el montón son demasiado abismales en esa ‘liga de mierda’ (Del Nido dixit) que ya no lo es tanto por cortesía del ‘Cholo’ Simeone y el Valencia de Peter Lim. Y, por otra parte, destrozar a un equipo de Primera División hasta amputarle las extremidades (suena violento pero es que son nueve goles) es una hazaña homérica al alcance de casi nadie; los Dream Team de Cruyff y Guardiola nunca lo lograron. Sin embargo y para asombro de quien haya visto la goleada de reojo o el resumen de televisión, el Madrid habría clavado la docena si la hubiese necesitado como la selección española en la legendaria noche de Malta. Cristiano celebró su repóker porque chutó ¡trece veces!; “es como aquel Allen Iverson de los Sixers, que se tiraba hasta las zapatillas”, comenta un ex futbolista del Real Madrid poco amigo de que el ‘bicho’ avasalle tanto.

Paco González, en su enésimo alarde de ‘nostrapacus’, barruntó a los veinte minutos que el Granada podía ser un hueso duro de roer. Sus dotes de adivino volvieron a quedar a la altura del betún pero dejaron una lectura entre preocupante e inquietante por parecer quisquilloso: la cabezonería de Ancelotti por los tres centrocampistas supone que el Madrid se fracture con una facilidad pasmosa. Y hasta el 1-0, la víctima de la mañana había merodeado el área de Casillas sin saltar vallas por medio. Pero eso es un debate imposible, al menos para el técnico italiano. Y, por supuesto, para el presidente, a quien lo que más le entusiasma es que sus nuevos galácticos diviertan al Bernabéu como los niños que se ponen de ‘chupagoles’ en el patio de colegio. 

Piquenbauer

Lunes, 23 Marzo 2015

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Él es ‘Piquenbauer’. El mismo que juega al póker disfrazado; que se distrae con su vida de papel cuché y que se atreve a juguetear con su teléfono móvil en un banquillo. Le cayeron palos por tierra, mar y aire sin entrar al trapo; entrenaba y, gracias a esa inspiración divina llamada Carles Puyol, se reencontró con su mejor versión, aquella que durante la era Guardiola le metió de golpe en el club de los más grandes: Beckenbauer, Hierro, Baresi, etc. Piqué estuvo descomunal y evitó que el Madrid destripara su defensa de arriba abajo; colocado como un mariscal de campo, su cuerpo fue un muro de contención que rebotó cualquier balón. Si su cabeza está centrada, Luis Enrique sólo tendrá que preocuparse por rotar a Mascherano y Mathieu. Del resto ya se ocupa Messi, quien sin explosividad se pone el casco de capataz para dirigir al equipo como un arquitecto. Así desquició al Madrid, repartiendo cloroformo a los madridistas desde que Luis Suárez reivindicó que su Bota de Oro no cayó del cielo. Cuando el Madrid cocía el clásico a fuego lento, el uruguayo se desmarcó de la espalda de Sergio Ramos, pinchó un centro largo de Dani Alves, ¡sorpresa!, y cruzó el balón a un Casillas que cayó a plomo. “Por eso pagamos lo que pagamos por Luis Suárez”, justificó Luis Enrique cuando le preguntaron por la actuación sublime de su goleador.

El Barça se asegura media Liga porque puede pinchar dos veces en diez partidos. Y quizá suceda, pero en estos momentos los azulgranas siempre serán más fiable que un Madrid valiente y generoso en el esfuerzo. Los blancos tardaron en soltar el primer directo, pero desde que Cristiano reventó el larguero de Bravo, atacó como una víbora que observa a su presa hasta que lanza el mordisco. Le faltó veneno, el recurso habitual que soluciona la mayoría de sus partidos, Y es muy raro que el Madrid no sepulte a un rival cuando le tiene grogui entre las cuerdas, pero los puñetazos no fueron certeros y la moraleja del fútbol nunca falla en estos casos. Suárez mandó al Madrid al diván del psicólogo y parece que Ancelotti no sabe gestionar las semanas largas. Cristiano comentó una vez en una entrevista que necesita jugar cincuenta partidos por temporada para mantener los músculos tensos; el técnico italiano no sólo desperdicia el fondo de armario sino que tiene a los jugadores fatigados, arrastrándose en las segundas partes con grilletes en los pies. Es el caso de Isco, una liebre de lujo para desfondar contrarios en los primeros minutos, pero que transcurrido un rato se convierte en historia dramática.

Paradojas de este deporte, el casi adiós a la Liga descubre a Ancelotti una lectura demasiado evidente. Su Madrid se gustó cuando jugó en efecto acordeón, atacando y defendiendo en bloque, con Gareth Bale remangándose la impoluta camisa en marrones defensivos. El Bale centrocampista da empaque al equipo, el Bale delantero descuajeringa toda la pizarra táctica. A Carletto le susurran al oído la idea del 4-4-2, extravagante en el club porque el galés no puede ir al banquillo y Benzema no lo merece, menos anoche. Pero el italiano porfía en mantener ese 4-3-3 que se inmoló con estrépito en Mestalla, Vicente Calderón, San Mamés…casi nada. Y un dato espeluznante para Ancelotti: en dos campeonatos sólo ha conseguido una victoria y un empate en todos sus derbis contra Barça y Atlético de Madrid. La ‘Decima’ le salvó de un verano convulso y sólo la ‘Undécima’ le puede mantener en el cargo. La imagen del Camp Nou fue atrevida pero las derrotas pesan demasiado en Chamartín. No le queda otra que apelar a la historia reciente y fiarlo todo a una carta, la Champions. Su preferida. Y cuando se trata de situaciones al borde del abismo, el Madrid camina por el cable como el más experto funambulista. Ocurrió con la ‘Séptima’, la ‘Octava’, la ‘Novena’ y nunca falló. ¿Por qué debe ser diferente este año? La primera parte invita a pensar que no. 

Un portavoz para el Real Madrid

Jueves, 12 Marzo 2015

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‘Nunca se abandona al compañero caído’. Es uno de los códigos vitales de los Marines estadounidenses. Y el campechano Kléper Laverán Lima Ferreira (para ustedes, Pepe)  lo entiende y comparte con orgullo de capitán en la sombra. Veinticuatro horas después del ruidoso abucheo al Real Madrid en su estadio, el central portugués dio la cara en El Partido de las 12 de Cope. El madridista nunca había vivido pitadas tan sonoras desde que Pedja Mijatovic apostó por él en 2007 previo pago de una indecente cantidad de 30 millones; indecente porque la prensa se llevó las manos a la cabeza cuando el Oporto anunció el precio de un central absolutamente desconocido en España. Lejos de aplicarse un comodón silencio stampa durante esta tempestad, se puso delante de un micrófono y, a pecho descubierto, defendió a muerte a su vestuario, sobre todo, a los grandes señalados en una noche que amagó con cuchillos largos.

Iker Casillas abandonó el estadio con un cabreo de proporciones bíblicas (no es opinión, es información). Decepcionado consigo mismo por su falta de “frescura” debajo de la portería, los telediarios han repetido hasta la saciedad sus fallos de anoche y las tertulias han recalentado un debate que no perderá su caspa hasta el día que el portero anuncie su adiós definitivo. “Iker es el mejor portero del mundo actualmente. Que le piten es extraño”, espetó Pepe con un tono tan sólido como sus entradas al balón. Antes salía sacar la trilladora, pero eran otros tiempos, cuando las televisiones dedicaban una cámara personalizada para todos sus movimientos. A estas alturas, en la jornada 26, sólo ha visto dos tarjetas amarillas. Ver para creer. Él confiesa que aprendió mucho de errores pasados y el vestuario le aplaudió por ello; por de pronto, Casillas, quien considera a Pepe un “crack”.

El portugués también demostró camaradería por Carlo Ancelotti. En sus horas más delicadas en el club, el italiano sabe que tiene el respaldo público de la plantilla, anoche en boca de Pepe: “No tenemos dudas de que tiene que seguir”. De un plumazo, borró cualquier sospecha perpetrada para vender periódicos. Y para enterrar de una vez por todas la fábula de la mano blanda, el defensa reveló los métodos de entrenamiento en Valdebebas: “Ahora entrenamos con más intensidad que antes (Mourinho)…el entrenador nos exige mucho. Por ejemplo, las cuestas”.  No fue la típica respuesta de cartón piedra que suelen dar los futbolistas para sacudirse el marrón de encima. Pepe explicó cómo entrenan con Ancelotti y su faceta de consigliere: “Me ha ayudado muchísimo. Me dijo que con mi calidad tenía que anticiparme porque soy rápido y fuerte”. No en vano, a sus 32 años pocos centrales del mundo son tan eficaces al corte como él. Sergio Ramos sabe que cuenta con el guardaespaldas perfecto.

Y por supuesto, José Mourinho. Sin síntomas de acritud, Pepe soltó un proyectil sin reventar al personaje: “Ahora sentimos que la gente no nos odia como antes”. El silencio en el estudio se volvió sepulcral porque todos intuían respuestas diplomáticas, sin rajadas ni tomahawks. Todo lo contrario. Su defensa acérrima de Casillas durante el último año de Mou y la desconfianza en los servicios médicos del Madrid, que no supieron diagnosticar su lesión en el pie, le sentenciaron para siempre en el universo Mourinho. Pepe no necesita fingir para airear viejos trapos sucios. Se ha ganado en el campo el derecho a hablar con autoridad delante de su vestuario o cualquier periodista que le pregunte por aquellos ‘porqués’. Como le dijo Paco González al final de la entrevista, “valdrías como portavoz lo mismo que de central. Que te pongan por Butragueño”. La prensa, encantada.

Entre Del Bosque y Queiroz

Domingo, 8 Marzo 2015

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La mano blanda de Del Bosque y el galacticidio de Carlos Queiroz se cruzan como misiles en las tertulias periodísticas de estos días. Ambas teorías agitadas en una coctelera explican el declive de un Real Madrid obligado a resetearse, a empezar de cero en juego y actitud o, dicho con un eufemismo, intensidad. “Si Fabio Capello no hubiese sido tan tozudo con su estilo, habría sido el entrenador perfecto”, lo dice un directivo de la planta noble del Bernabéu que no coincidió con el entrenador italiano. El caos táctico tiene un responsable y los periodistas, expertos en el arte del tremendismo, ya estamos haciéndole vudú a Ancelotti. También Del Bosque tuvo la cabeza debajo de la guillotina en dos ocasiones, y acabó compensando sendos desastres ligueros con la ‘octava’ y la ‘novena’. En la primera Champions le salvó una actuación antológica en Old Trafford, y en la segunda, la volea de Zidane estaba predestinada. O eso creyeron en el club hasta que admitieron que las órdenes del salmantino en el vestuario se resumían en ’salgan y hagan lo que saben’. El Barça-Madrid decidirá si Ancelotti tiene que salvar la temporada con la competición fetiche de los blancos.

La otra teoría tan manoseada desde hace semanas evoca al “monstruo” que acabó devorando a Florentino Pérez. De infausto recuerdo, el equipo más ‘hollywoodiense’ de la historia del fútbol hizo enloquecer al madridismo tanto como los Backstreet Boys a las quinceañeras de todo el mundo. El problema de aquel Madrid de Queiroz es que era un Apollo Creed que boxeaba con estilo refinado pero le faltaba fuelle en las costillas. Zidane se lo contó a su compatriota y rival, Ludovic Giuly, en el descanso del dramático Mónaco – Real Madrid de Champions: “Estamos agotados”. El robot cuasi perfecto de Ancelotti se ha cortocircuitado: juega cansado, sin ritmo y con grilletes en los pies, y además, se ha olvidado de golear. De repente, esa pegada que ha justificado tantos y tantos partidos, ha desaparecido. Peter Pan se hizo mayor y se olvidó de volar en el país de Nunca Jamás; no sabemos cuál es la kriptonita que está debilitando al Madrid, si la falta de veneno en el aguijón o que, de verdad, tienen las piernas mustias. Quizás sea una crisis mental porque el equipo no tiene la azotea privilegiada que ha salvado a Rafa Nadal en un buen puñado de aprietos en los que le falló el físico.

Dicen los cenáculos de la capital que el presidente podría presentarse otra vez en Valdebebas esta semana. Otra charla al estilo de Santiago Bernabéu para que cada futbolista sienta el peso del escudo. Sin embargo, disipado el efecto de la primera reunión con Florentino, el vestuario necesita organizar un brainstorming (‘tormenta de ideas’ que dicen los gurús del marketing) y aclarar a qué quiere jugar. La solución comodona y desesperante en estos momentos es seguir envidando todas las cartas a la pegada. Pero San Mamés delató que es un error, diagnosticado públicamente por Ancelotti. La otra alternativa es borrar de la pizarra el garabato del 4-3-3 que se va difuminando a pasos agigantados y volver al fútbol folclórico. A Modric se le espera como el maná, será entonces cuando Carletto ponga a prueba su talento para reciclar a Gareth Bale. Él se siente delantero, aunque su equipo preferiría su zancada de velociraptor en la banda izquierda, donde pueda centrar sin escorzos. De ese modo, la fábula de la ‘BBC’ reanudaría sus emisiones en otro formato, no tan atractivo para la prensa deportiva, pero muy práctico para compararlo con los tres goleadores del Barça. Al fin y al cabo, “el problema está arriba” (Ancelotti dixit), literal…o no.