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Fernando Torres, como Anelka

Sbado, 25 Febrero 2012

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Miércoles, 29 de marzo de 2000. La federación francesa de fútbol informa en un comunicado que Nicolas Anelka no será convocado para la Eurocopa de Bélgica y Holanda como consecuencia de su “poca actividad en el Real Madrid”. El entonces seleccionador galo, Roger Lemerre, quería dejar claro al jugador que ya tenía en mente a su selecta terna de delanteros: Henry y Trezeguet eran tan indiscutibles como Zidane, y comenzaba a irrumpir con mucha fuerza Sylvain Wiltord, cuyos goles en el Girondins clamaban por una vacante en el combinado nacional. El botín de Anelka en Madrid dejaba mucho que desear, a pesar de que el propio Lemerre intuyese el verano antes que su astronómico fichaje por 5.600 millones de pesetas le encumbraría a la élite mundial. El estiloso ariete había decidido abandonar el Arsenal porque, según él, su sueldo no reconocía el mérito de haber marcado más de veinte goles; por ello, el Bernabeu sería el escaparate perfecto para proclamarse titularísimo en el equipo campeón del mundo. Sin embargo, el carácter abúlico de Anelka asomó a los pocos meses y, aparte de actuar con un pasotismo desesperante, volvió a mostrar esa cara malhumorada que en Inglaterra le valió el apodo de le sulk (malhumorado).

Su estilo de juego no cuajó en el Madrid porque insistió al técnico J.B. Tosack que le alinease detrás un mediapunta como Guti: sólo con esa condición exhibiría ese bello galope que tanto había enamorado a Lorenzo Sanz…los goles en carrera no tardarían en llegar. Curiosamente, su primer tanto con la camiseta merengue no lo celebró porque no guardaba mucho valor: fue en El Partido contra la Droga de aquellas navidades del 99. Anelka no se había olvidado de marcar, pero sólo tenía cuatro meses para demostrar a contrarreloj que había un sitio para él en la Eurocopa. Tan bien le sentó aquel amistoso que en el Mundialito de clubes empezó a rentabilizar la millonada de su traspaso: un gol antológico a Dida, portero del Corinthians, cambió la actitud de la prensa española: aquel empate a dos contra los brasileños lo tituló MARCA con un ‘¡Anelkazo!’. Sin embargo, después del torneo el francés volvió al ostracismo y su sequía le irritó tanto que se negó a entrenar más; el club le suspendió mes y medio. Entonces llegó el comunicado de Francia.

Anelka entendió el mensaje como un ultimátum: su ansiado fichaje por el Madrid se había convertido en un infierno que podía acabar para siempre con su prometedora carrera en la selección. Por ello, a los pocos días del anuncio de la federación francesa, pidió públicamente disculpas por su actitud pueril y el escaso bagaje goleador en España. Fue entonces cuando llegó el clásico Madrid-Barça…Anelka abrió el marcador con un gol a regañadientes después de un cúmulo de rebotes y despropósitos; aunque, al fin y al cabo, había anotado su primer gol oficial en Liga. Pero, sin duda, la semifinal de Champions contra el Bayer de Munich, favorito por las dos goleadas que le había infligido al Madrid en la fase de grupos, supuso la redención a toda una temporada. Anelka marcó en la ida, también en la vuelta, y metió a su equipo en la final de París en la que jugó de titular. Sin embargo, Lorenzo Sanz tuvo que tragarse aquellas palabras en la que justificó el fichaje como una “locura, pero bendito locura” y el jugador fue vendido al Paris Saint Germain. Eso sí: los dos goles a Kahn convencieron a Lemerre para llevarle a la Eurocopa y no como cuarto delantero, porque llegó a jugar de titular en el debut contra Dinamarca.

Fernando Torres también creyó que el Chelsea llenaría el único déficit del Liverpool: títulos. Pero, al igual que le sucedió a Anelka en el Madrid, el equipo no entiende su fútbol. Para más inri, la llegada de Torres coincidió con un Chelsea en plena desintegración, firmando cheques con miles de ceros sin ton ni son. Uno de esos cheques fue el del español, cuyo precio de 58 millones (el traspaso más caro en la historia de Inglaterra) todavía es una lápida difícil de levantar. Y siguiendo el ejemplo de Anelka, al madrileño le quedan apenas tres meses para demostrar que delanteros con sus condiciones técnicas en la selección sólo hay uno: él. Del Bosque cree que su ausencia debe servirle de incentivo; Torres ha de asimilarlo de la misma forma. Porque cinco goles en un año se caen por su nulo peso, y si encima Villas-Boas le margina al banquillo, las posibilidades de ir a la próxima Eurocopa son directamente negativas. Quizá esté esperando el punto de inflexión; Anelka al principio lo esperó y como no llegó, lo buscó…habrá un momento en el que el talento de el ‘niño’ se harte por inanición, así que cada día aparición se torna en ultimátum. Crudo, pero real.