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Cesc volverá a ser Patrick Vieira

Viernes, 6 Junio 2014

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“Patrick Vieira estará encantado con la vuelta de Cesc a la Premier”, dijo ayer Gary Lineker, mito con botas y comentarista estrella de la BBC. Lo dijo riéndose con cierta sorna, porque sabía que el barcelonista apunta con fuerza al Chelsea y no a un Arsenal que se ha retirado de la subasta. Y también porque Vieira eligió al español como su sucesor natural  cuando el volante francés daba sus últimos coletazos en Londres. “Está vendido por 33 millones”, deslizó sin querer (o no) Piqué a Del Bosque sin darse cuenta que el micrófono de la sala de prensa estaba encendido. La amistad entre el central y Cesc delata que éste ya sabe que no será bienvenido en Can Barça a la vuelta del mundial; conoce a sus pretendientes, todos ellos atónitos por el hecho de que el Barça quiera soltar a un centrocampista con unas últimas credenciales casi de estrella: 22 asistencias y 13 goles. Mejor que las de Iniesta y Xavi. Es por eso que Manchester United, Arsenal y ahora la suculenta oferta de Mourinho le han obligado a tomar una decisión. El propio Piqué también ha lanzado a la directiva un misil tomahawk por tierra, mar y aire, dejando claro que el club no se ha portado bien con su amigo. Lejos queda ya aquel consejo de padre a hijo, cuando Arsene Wenger recomendó a su discípulo Fábregas “divertirse en Barcelona tal como lo había hecho en el viejo Highbury”.

El deseo cariñoso de Wenger chocó de frente con las intenciones iniciales de Guardiola. El Barça ganó al Madrid en la guerra por Cesc por petición expresa del técnico a Sandro Rosell y, en vez de otorgarle galones de comandante en jefe al estilo Vieira, le metió en la cabeza que su Barça jugaba con ‘falso’ nueve, y ahí entraba en juego el ex gunner. Cesc empezó marcando goles en su primera año culé y arrancó los aplausos del Camp Nou, ‘el hijo pródigo ha vuelto’, rezaba una pancarta en la grada. Fábregas solía merodear el área contraria, pero siempre con el beneplácito de Messi, estrella única e indiscutible. Razón capital para que el de Arenys de Mar mirara de reojo al centro del campo con cierta nostalgia, imaginándose las pillerías que Xavi, Iniesta y él podían pergeñar juntos. En una entrevista a Sky Sport en 2011, Cesc confesó que “le encantaría jugar de Patrick Vieira en el Camp Nou”, en clara alusión a los planes tácticos de Guardiola. La frase no cuajó y el ‘falso’ nueve siguió jugando al escondite entre las defensas rivales. Su rol era demasiado peculiar para un estilo demasiado exclusivo: ningún equipo del planeta imitaba al Barça, sólo la España vertebrada por el propio Barcelona.

La relación entre Cesc y Guardiola contaminó a la opinión pública y, por ende, la de la calle. Sus viajes furtivos a Londres para verse con su nuevo amor, la libanesa Daniella Seeman, hartaron al entrenador, quien creía que esta clase de vida desestabilizaba el establishment que él mismo había creado en el vestuario. En los mentideros azulgranas se decía que Cesc aprovechaba dos días libres para hacer viajes exprés y eso minaba su rendimiento. Fue la causa por la que Guardiola pidió a la directiva deshacerse de él, además de Piqué, Dani Alves y Villa, para poder renovar con todos las garantías en 2012. Pep no era Wenger porque nunca escuchó a Fábregas ni le dio nunca la batuta para demostrar qué había aprendido en el Arsenal. Y Cesc comprendió pronto que él no iba a ser para La Masía el modelo en el que los niños de la escuela gunner se habían fijado como aspiración. Su nueva demarcación requería un esfuerzo hercúleo, moviéndose como una mosca cojonera durante los noventa minutos. No en vano, en una entrevista reciente al diario AS, se quejó de la “rabia que la deba la fama de vago que tenía”.  Desorientado por los cuatro costados, Cesc jamás ha llegado a acomodarse en ningún palmo del césped.

Míchel, ahora entrenador de Olympiakos, comentó una vez que Fábregas “sí habría tenido en el Bernabéu los galones del Arsenal”. Por eso le quiso Florentino Pérez para el Madrid pétreo de Mourinho. Caprichos del destino, el mismo Mourinho ha pedido su fichaje para el nuevo Chelsea que no contará ni con David Luiz ni seguramente con su jugador más talentoso, Eden Hazard. Es decir, que Fábregas sacará la primera plaza de las oposiciones al centro del campo. Para alivio suyo, a Mourinho no se le pasan por la cabeza ‘falsos’ nueves; quiere al catalán delante del timón. Y Cesc puede estar tranquilo: con los equipos de Mou cualquier amago de vagancia desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

Así es la Champions

Jueves, 10 Marzo 2011

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“El Barça siempre gana por los árbitros”. Modo ironía activado en las palabras de Mascherano. Ayer MARCA y AS matizaron la victoria del Barcelona; coincidieron en que fue justo vencedor (faltaría más cuando el Arsenal ni se atrevió a chutar) pero recalcaron la contribución de Massimo Bussaca. Quizá la expulsión de Van Persie sí fue rigurosa, pero si un equipo sale con dos líneas de cinco tíos obsesionados en el que el balón no pase, tarde o temprano el fútbol de billar le acaba machacando. Porque emular la proeza táctica del Inter del año pasado se antojaba quimérico y así fue: ni el Arsenal sabe defender a la italiana ni el Barça se dejaría engañar por otra argucia corrosiva para la Champions, La majestuosidad de la competición a veces queda empañada por apuestas grotescas como la que, inopinadamente, propuso Arsene Wenger. Esperaba de él algo más alentador; en su defensa entiendo que sin Walcott el contraataque se devalúa, pero el concurso de Cesc, Van Persie y la nueva esperanza británica Wilshere presagiaban un Arsenal guerrillero. No fue así o, más bien, no pudo ser.

Me gustó mucho una metáfora del maestro Xabier Azkargorta en el último programa de El día después, “no es que el Barcelona canse al rival, es que es la pelota la que acaba con la lengua fuera”. El ex entrenador vasco atinó a la perfección: con una posesión del 75 por ciento es fácil que hasta los espectadores acaben mareados de tanto seguir el balón. Y ése es el gran valor del Barcelona: por encima de los títulos, este equipo ha creado una marca imborrable ya en los anales de la historia. Sí,  el Arsenal salió cobarde y, aunque se hubiera puesto chulo, se habría llevado el bofetón. La única imputación que le achaco es su actitud chirriante, no en vano el Arsenal es el mejor pregonero del balón al pie en Las Islas, es la idea de Wenger. ¿Abjuró de su estilo?  Puede, pero es que el Barça es infinitamente superior por talento de grupo y por Messi, a quien hay que exigir un mundial definitivo, pues parece que el resto de torneos le quedan chicos.

No obstante, la Champions es traicionera. Ganarla requiere determinación, la que tuvo el Oporto de Mourinho en 2004; fidelidad a un estilo, el del Inter de Mou del año pasado; dominio del tempo de la competición, como el que tuvo el Madrid del 2000 cuando eliminó al Bayer habiéndole ganado uno de cuatro partidos; osadía, la que puso el Liverpool en la legendaria remontada de Estambul 2005; oficio, la gran cualidad que tenía mismamente el Milan; suerte, la del Barça en Stamford Bridge con el gol antológico de Iniesta o todas juntas, como la de otro Barça, el de Ronaldinho, o el Madrid de Zidane. La Champions no obedece a la lógica y por ello es tan amada. Hay campeones que han sabido exprimir alguna de las citadas cualidades y perdedores que se han ido a la lona con su juego de salón: el Milan de Capello (1993), el Ajax de Van Gaal (1996) o los ‘galácticos’ de Queiroz (2004). La presente edición nos deja en cuartos invitados inesperados, por de pronto Shakhtar, Tottenham y Schalke. Los primeros tiran mucho de bloque y recuerdan al Dinamo de Kiev, sólo que sin Shevchenko; el Tottenham alardea de fútbol puro británico, además de abrillantar a la bala Bale y al gigantón Crouch, aunque anoche se defendió descaradamente a la italiana contra el Milan, y dicen que el Schalke es el más facilón, pero la segunda juventud de Raúl y el entusiasmo de seguir pasando rondas les ha  colocado en el siguiente escalón.

Precisamente, el Schalke pasó porque se desenvolvió mejor que el Valencia en el barro, porfió en trabajar en toda las partes del campo y dejó a Emery sin recursos.  Al Valencia le hacen falta figuras para aspirar a la élite: Aduriz pudo sentenciar por dos veces, aunque es verdad que la eliminatoria no ha evidenciado un Schalke superior. Pero ha competido mejor que el equipo ché y de ahí el premio. No obstante, los compis de Raúl son muy dóciles y no se espera de ellos mucho más recorrido. Además, como dijo Paco González en Tiempo de Juego, el Schalke “no parece muy alemán”…”hace años los alemanes salían a arrasar los primeros diez minutos”. Cierto, el folclore germánico ha cambiado y en su insistencia por la modernización ha perdido esa aptitud guerrera. Pero ahí están, uno en cuartos y el Bayer con todas las de ganar para tumbar al vigente campeón. Así es la Champions.

Y Cesc se lo está creyendo

Mircoles, 29 Diciembre 2010

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“Tengo muchas dudas que vayamos a ganar algo, Chelsea y Manchester siguen muy fuertes”. Así de taxativo se confesaba Cesc Fábregas a la COPE fuera de antena en una noche otoñal londinense. Entonces, hace más de dos meses, él daba una impresión poco alentadora: no hablaba con pasión de la nueva temporada; es más, su frustración por no haber acabado en el Barça era más que descarada. Intuía que le tocaría otro año de transición, otro más resignado a los experimentos fútiles de su mentor, así nos lo contó en aquella cena de octubre.

Desde luego, nadie de los que estuvimos presentes en esa cita le desmintió o discutió sus conjeturas: sí, era obvio que la Premier pintaba para un nuevo pulso Chelsea-United con los figurantes de siempre. Pero Cesc nos habló con mucha franqueza, pues no nos recibió para soltar la perorata de cualquier futbolista; en eso ya le vi especial. Fábregas  siempre ha crecido más rápido que los de su quinta, y no hablo de su prematuro traslado a Londres con sus consecuentes dificultades idiomáticas, culturales, etc. Si bien maduró a la vera de Patrick Vieira y quedó prendado del halo majestuoso de Henry, pronto le tocó a él también tutelar esa ingente cantidad de niños imberbes a los que Wenger mete por ley en el equipo de los mayores. Quizá sea eso lo que ha frenado la ambición del catalán por alcanzar éxitos más jugosos en clubes con más solera; Wenger supo en su día inocularle ese sentimiento paternalista que se le debe presuponer al ‘profe’ de la escuela gunner. Y Cesc lleva dos años siendo el modelo de la cantera o, por lo menos, intenta interpretar su rol.

Quizá una liga en los últimos tiempos hubiese cambiado el estigma del Arsenal, al que todos los folclóricos admiran pero del que nadie se fía. Cesc está harto de escuchar a aduladores que homenajean su estilo, pero que luego van diciendo que nunca gana nada. Y para mayor escarnio, las estadísticas de los últimos años manifiestan que su equipo está hecho nada más que para primeras vueltas, sin fuelle cuando entra la primavera. Eso es evidente, son los números. Pero esta Premier sabe distinta.

Alexander Song, uno de los discípulos más adelantados de Cesc y peón indiscutible en el once titular, se molesta cuando oye susurros sobre una posible salida de su capitán. Su fe en el español roza la creencia religiosa. Este joven camerunés de 23 añitos es un entusiasta más de la doctrina de Wenger y la puesta en escena encomendada a Fábregas. Prueba de ello fueron sus declaraciones el pasado verano en las que espetó sin titubeos que sólo con su capitán lucharían por el título a finales de temporada. Parecía otro infantilismo más de otro ingenuo más absorto por las quimeras de su entrenador.

Pues bien, la primera vuelta ya ha concluido y el Arsenal ha cumplido con lo estimado: se ha marcado una primera vuelta sobresaliente y está a rebufo del líder, el Manchester. Hasta ahí lo previsto. Pero, insisto, esta edición es diferente, porque el Arsenal ha aprendido a codearse con los aspirantes; sabe a lo que juega y sus ‘peques’ tienen instructores experimentados. El primero es Cesc, pero luego están Van Persie, que jugó precisamente ante su compañero la final de Sudáfrica, y Theo Walcott, quien deslumbró siendo un muchachito por su extraordinaria rapidez, y eso que sólo tiene 21. Después, aparecen secundarios de lujo como Clichy (Barça y Madrid se le han insinuado), Wilshere (una fotocopia cuasi perfecta de Cesc) y Nasri, la ultimísima esperanza de la selección francesa. Todos estos actores se han unido en una causa común: acabar con los tópicos y no sólo aparentando fútbol circense, sino también con esa flema británica que respiran United y Chelsea.  

Y vaya si se lo ha tomado en serio el ‘equipito’ de Cesc. Al Chelsea le dieron antes de ayer un meneo tan antológico, que Abramovich ya ha advertido a Ancelotti a modo de ultimátum. En el campo del City rindieron tributo al fútbol y reivindicaron que los petrodólares aún no se canjean por victorias, y al United no le ganaron de milagro. En resumen, Cesc ha sabido zafarse de quienes le consideraban el  tuerto en el país de los ciegos. Cierto es que la ha tocado la china con el Barça en octavos de Champions, pero el duelo valdrá para calibrar si este Arsenal no va de farol. De momento, en Inglaterra se han dado cuenta de que vaciles, los justos. Y Cesc se lo está creyendo…a pesar de sus palabras en aquella noche londinense.

Si no es el mejor, que baje Messi y lo vea

Martes, 6 Abril 2010

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Messi cogió al Arsenal de esparring y le hizo añicos. Así de contundente, para que andarse con rodeos. Devoró su último tentempié antes del verdadero partido y, lo mejor para su equipo, acabó a hombros y sin rasguño alguno para la batalla del Bernabeu. Precisamente, los madridistas habrán cobrado más argumentos para defender la ‘messidependencia’, pero, ¿a quién le importa? Cuando nos habíamos cansado de sus ‘hat trick’ a granel, va el figura y nos ofrece un póker de goles. Y no hizo repóker porque dormitó durante toda la segunda parte hasta que se inventó la jugada del cuarto gol y lo metió en dos tiempos.

Lo espeluznante es que ni el propio Messi concibe su versión máxima. Él solito maniató al resignado Arsenal, aunque no estuvo enchufado los noventa minutos. De lo contrario, el abuso a los ‘gunners’ habría sido casi improcedente.  Encima, venía el Arsenal suplente, con sus jovenzuelas estrellas todas lesionadas, y  sin quererlo emocionó al madridismo con un gol tempranero al contragolpe. Quizá ésa pueda ser la criptonita que deban utilizar los blancos contra este equipo sobrenatural. De hecho, al Madrid se le da genial contragolpear; más que nada, porque si intenta ganar el combate a los puntos va a salir escaldado.

Pero volvamos a Messi. Justo después de su bacanal goleadora, apareció risueño en TVE y con su habitual inocencia dijo que ahora tocaba mirar al “partidito del sábado”. Quien le conozca sabrá que no lo dijo con regodeo ni chulería. Simplemente, le encanta la pelotita y probar todas esas cositas que practica en los entrenos. Ni se atora ni se ansía, juega para divertirse y lo demás sale rodado. Su noche sublime no fue definitiva, pero confirma la enésima evidencia de que el fútbol mundial se ha vuelto a detener en un solo hombre años después de la desaparición de Zinedine Zidane.

Poquito más queda decir de Messi: terminará por aborrecer cualquier piropo que se le lance, si es que no lo ha hecho ya. Arsene Wenger, cariacontecido ante lo que acaba de presenciar, no se esmeró mucho en rueda de prensa cuando catalogó al argentino de ‘jugador de playstation’. Más creativo estuvo Walcott, el lateral británico que corre a la velocidad de la luz: “el Barça juega a la Playstation 3”. En tal caso, al gran crack habrá que diseñarle la Play 4. Y si alguien duda, que baje Messi y lo vea.    

Europa sólo es una quimera

Jueves, 11 Marzo 2010

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Pues no, Florentino, el Madrid ya no lleva la palabra ‘Europa’ en su ADN. Éste era el año elegido, en el que el Madrid debía ser infalible y saciar de una vez por todas sus ansias de Champions. Al segundo proyecto faraónico, en su versión mejorada respecto al anterior, sólo le apremiaba una conquista: la final del Bernabeu del 22 de mayo. Y sí, allí acudirán el presidente blanco, Valdano y Butragueño, pero como cálidos anfitriones. La ‘orejuda’ vuelve a convertirse en un escollo insalvable para un equipo que en Liga atiza a todos menos al Barça, pero que en el sitio donde se mide la grandeza, está exento de espíritu competitivo.

No hace mucho (siete años), el Madrid manejaba como nadie los ‘tempos’ de la Champions: se gustaba cuando la ocasión lo exigía; remontaba lo que le hiciese falta y se templaba en partidos poco apetecibles para engrandecerse en citas más atractivas. Así ganó tres Champions y así le dio más pedigrí a este torneo. Aquel dominio se apagó después del voléon de Zidane y el par de paradas milagrosas de Casillas en Glasgow. Desde entonces, todo ha sido una debacle permanente; una engañifa que ha sacado los colores al Madrid a las primeras de cambio y con rivales de mucha o poca enjundia. Porque Monaco, Roma o mismamente este Olympique deberían ser esparrings de un asalto para un Madrid al que se tilda de fracasado si no levanta la copa de las copas.

La Champions desnuda las vergüenzas de los clubes más celebres de Europa, y al Madrid ya le han dejado integral porque ha demostrado unas carencias bárbaras temporada a temporada. Le han abatido con remontadas (Monaco), por goleada (Liverpool), por impotencia (Arsenal, Bayer y Juventus) y lo peor, por prepotencia (Roma y anoche). Antes del ‘galacticidio’ (el primero), el Madrid ganaba porque infundía temor y jugaba con amor propio. Las gestas ya muy lejanas en Old Trafford, Munich y Amsterdam fueron las hazañas de un equipo que no tenía a los mejores  jugadores del mundo, pero que sabía de qué iba la Champions. A esa actitud debe agarrarse el Madrid que construyan sus jefes para la próxima edición.

Hoy no es plan de sacar culpables al impotente juego del equipo. Pellegrini, muy en su papel de asumir todas las responsabilidades, aceptó la furibunda descarga de críticas, pero esgrimió que el apogeo de este proyecto estaba calculado para dos o tres años vista. Éste es uno de los grandes contratiempos de alguien que no entiende qué es el Real Madrid. Aquí hay que ganar sí o sí, es lo único válido. Te puedes permitir ganar un año sin jugar un pimiento (Capello o Heynckes), pero al segundo la exigencia es completa. El Madrid de Pellegrini ni gana ni convence, falla todo. Por tanto, lo más cómodo y probable es que termine la temporada, con o sin Liga, y abandone la empresa.

El drama estalló anoche, pero se ha ido alimentado con sólidos argumentos durante toda la temporada. Está demostrado que el campeonato español no es suficiente baremo para medir la capacidad del equipo. En España hay dieciséis o diecisiete equipos que jamás toserán a Madrid y Barça, mientras que en Europa, ya lo habéis visto, hasta el Lyon más sim plón de la última década humilla a quien más obligación tenía de ganar este año.

Claro, luego ves como el Manchester golea al Milan sin hacer nada del otro mundo, cuando el Madrid fue incapaz de vencer a los italianos en dos partidos. Puede que los chicos de Sir Ferguson caigan en cuartos, pero nadie dudará de su competitividad. Ellos sí que están hechos para la  Champions. Tienen a Rooney, que en la Premier puede pasarse cinco partidos sin marcar y a la hora de la verdad casi nunca falla. Lo mismo sucede en el Chelsea e incluso en el Arsenal, en el que chavales primerizos debutan todos los años en Champions y suelen meter al equipo en cuartos como mínimo.

Al Madrid sólo lo puede curtir Cristiano, porque Raúl ya ha ofrecido lo mejor de sí mismo en las noches mágicas; Guti nunca ha entendido esto de la Champions; Higuaín (pobre Higuaín) no se quita ni con aguarrás esa pátina de delantero fallón; Kaká viene a ser el timo del siglo y el resto hacen lo poquito que pueden en Champions, que se ha visto que no suficiente.

En consecuencia, los de arriba tienen que adelantar los deberes para montar un Madrid más Real Madrid el año que viene y los de abajo sacar fuerzas (si es que las hay) para no perder el pulso con el Barcelona en la Liga. Si al final resulta que el Madrid gana en España, ¡enhorabuena, otra más! Ramón Calderón se llevó dos consecutivas y nadie ha sacado pecho por ellas. La Champions es de otro planeta y el Madrid dejó de estar en órbita hace siglos.

Ni fu ni fa

Domingo, 28 Febrero 2010

Pues eso, ni fu ni fa. Otra jornada de transición y una semana menos para el Madrid-Barça que deberá decidir la Liga (por lo menos, es lo que esperan los mandamases de este tinglado). La Liga es bipolar porque, sencillamente, el resto no existen y jamás lo hicieron. El año pasado también lo fue, pero gracias a Juande Ramos, quien consiguió que el Madrid enganchase una vuelta entera invicto. Esperemos que este campeonato sea un amago falso del dudoso porvenir que le espera al fútbol español. Si el Barça se mantiene en las alturas y el Madrid recurre a inyecciones económicas multimillonarias cada verano, los demás están aviados.

El Sevilla no puede depender toda la vida del ingenio de Monchi; el Valencia tardará en reclutar un trío tan formidable como el de Villa-Silva y Mata; el Villarreal no se ha repuesto del abandono de Pellegrini y el Atlético seguirá peleado consigo mismo, intentando redefinirse de una vez por todas. Ante este panorama,  ni la crisis más furibunda apeará a los dos grandes del título. No estaría de más que la LFP se replantease qué modelo de torneo quiere para el futuro. De lo contrario, seguirá arrumbando a dieciocho clubes preocupados por dos puestos de Champions, otros tantos de Europa League y los tres del fatídico descenso.

El caso es que nuestra liga dicotómica evidencia un importante contraste con los mejores campeonatos de Europa: en la Premier, los últimos traspiés de Chelsea y Manchester han aproximado al Arsenal a tan solo tres puntitos de los  de Ancelotti. Lástima que el Liverpool nunca tenga el fuelle suficiente para aguantar la batalla por el título.

En el Calcio menos roñoso de los últimos años, el Milan  ha puesto un poco de picante  después de que el Inter no haya ganado tres partidos consecutivos. Aún así, los ‘rossoneri’ están a cuatro puntos de Eto’o, Milito y compañía. A la Roma, que está a siete puntos del líder, le va a ser muy difícil reengancharse.

Pero los campeonatos más abiertos nos los ofrecen Alemania y Francia. La Bundesliga se está revalorizando a pasos agigantados. Los estadios están repletos y si el año pasado el Wolfsburgo dio la sorpresa, en el presente el recuperado Bayer de Munich, el sorprendente Leverkusen y el tapado Schalke optan a la victoria final. Por último, a la liga francesa le ha venido de lujo el final de la hegemonía del Lyon; el Girondins se postula como favorito, pero una buena ristra de perseguidores le hace sombra. Montpellier, Lyon, Lille y Marsella esperan un fallo del Burdeos.  

El dudoso once de la década (parte III y última)

Domingo, 10 Enero 2010

Echamos el cierre al once ideal de The Sun. Cómo no, el morbo de cualquier equipo lo ponen los goleadores, y en este grupo, el diario inglés se ha dejado llevar por la avalancha de distinciones que ha ganado, y de forma muy merecida, Leo Messi. Al barcelonista le pasa lo mismo que a Cristiano, le queda muchísimo tiempo para disfrutar de campeonatos, títulos individuales y todo lo que se cruce por delante.

Messi es un bendito descubrimiento, pero de este último lustro. Debutó a finales de la temporada 2004/05 y un año después fue nombrado mejor promesa europea con sólo 17 añitos. En esas fechas se ganó la titularidad indiscutible con Rijkaard y confirmó lo que todos auguraban: que arrasaría en poco tiempo. De sus bestialidades, como el golazo cósmico al Getafe o su soberano repaso al Madrid en el Bernabeu (2-6), ya se ha escrito mucho. Su punto débil es su anatomía, muy proclive a lesiones. Aunque, no tuvo nada que ver el entradón de Asier Del Horno, entonces lateral del Chelsea, que le privó de jugar la final de Champions del 2006. Tampoco es que haya arrancado muchos aplausos con Argentina, más bien al contrario, porque la afición ‘albiceleste’ le señala como uno de los principales culpables del decadente combinado de Maradona.

El Barça de las seis copas ha catapultado a Messi al olimpo futbolístico. Pero ojo, que la voracidad de Messi pasa ahora por su año veintidós. Así que, será el primero, con permiso de Cristiano, en ser elegido para el once de la próxima década. Uno que encajaría a la perfección a lo largo de estos diez años es Andrey Shevchenko. Siempre diremos que es una pena que pertenezca a Ucrania, porque en una selección fiable se habría hinchado a marcar goles. Despuntó en Champions con el Dinamo de Kiev (en el 99 le hizo la puñeta al Madrid) y el Milan se puso delante de la cola de sus pretendientes. En Italia pasó siete temporadas en las que ganó de todo, pero su impronta la dejó con más de un centenar de goles. Y eso, en el Calcio, es una de las credenciales más valiosas. Por supuesto (si no, no le pondría) también se ha llevado el Balón de Oro. Ahora ya deambula como alma en pena en el club de sus orígenes, el Dinamo, después de una mala experiencia en el Chelsea. Por eso, su fútbol ha  nacido, madurado y acabado en esta década saliente.

La última elección de The Sun no admite discusión. Sin duda, Thierry Henry fue el delantero de moda en Europa durante un buen puñado de años. En el Monaco destapó su elegancia y fue Arséne Wenger quien le inculcó espíritu de liderato en un Arsenal que no tenía ni estrellas ni dinero para igualar a Manchester y Chelsea. Sus hazañas se traducen en estadísticas demoledoras: 174 goles en 254 partidos oficiales con los ‘gunners’. El problema es que, lejos de erigirse como un ganador nato ávido de títulos, Wenger siempre le ha encomendado la función de tutelar a las remesas de jovencísimos talentos de los que se nutre el club londinense.

Pero Henry es estética pura al trote y al galope; cuando controla el balón; lo pasa con el interior y le pega con el exterior. Highbury ha sido testigo de sus interpretaciones majestuosas en Premier y Champions. Y es que los ingleses nunca olvidarán a ese Billy Elliot de tez negra y danza seductora. Por cierto, muchos anunciaban su crepúsculo en el Barça. Pues bien, aunque ya haya perdido reprís y belleza en su juego, otra de estadísticas: en sus 59 partidos como azulgrana, ha enchufado 31 golitos. Casi nada. 

El mastodonte inglés

Jueves, 16 Abril 2009

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Solo ante el peligro. El Barcelona es el único que puede conquistar el Imperio Británico, ese mastodonte que año tras año arrasa en Europa. De nuevo veremos a un equipo inglés en la final de la Champions. Inglaterra vive su momento más placentero, sabe que es su década al igual que la de los noventa fue italiana.  Manchester, Chelsea y Arsenal, por ese orden, ya han presentado credenciales suficientes para asaltar Roma. Sin embargo, el Barça  es el favorito, se lo ha ganado por méritos propios.

Los azulgranas van sobrados allá donde juegan. Pisaron Munich con el propósito de hacer correr el reloj y al final acabaron jugando a su antojo. Da la sensación de que este equipo se divierte por naturaleza. El fútbol le sale sin querer. La única incógnita es averiguar si Guardiola no se amilana por la presión, por aquello de que sigue siendo un neófito del banquillo. Porque ya se sabe que a un partido, y más si es de Champions, puede pasar de todo.  Y si no, que se lo recuerden al Milan en la final del 2005 contra el Liverpool.

El Arsenal anda a rebufo del Barça por espectacularidad. Wenger ha vuelto a reunir una remesa de jóvenes prodigiosos que aplica lo aprendido en la escuela. Es maravilloso ver a un equipo que apenas sobrepasa la veintena de edad y que sonríe cada vez que maneja la pelota. Su referencia es Cesc, quien pone en el atril la pauta de cada partido. Pero es que Van Persie atesora la calidad propia de un talento holandés; Adebayor es un émulo de aquel majestuoso Kanu; Walcott es un correcaminos que irrumpe a cuarenta metros de la portería contraria y luego aparecen Nasri, Diaby y Carlos Vela, que asombraron cuando eran alevines y que están respondiendo prematuramente. El Arsenal es el ejemplo modélico de que con poco dinero y mucha paciencia se puede engendrar algo virtuoso.

Por su parte, el Manchester se ha despistado en los últimos meses. Su fútbol eficaz e incontestable ha desaparecido sin razón alguna y tiene que recurrir a la experiencia para solventar sus partidos. Anoche en Oporto hizo lo justito y sólo por un zurriagazo de Cristiano Ronaldo se metió en semifinales. Parece que los reproches de Ferguson a su niño mimado han causado efecto.

Por último, el Chelsea. Hiddink ha desabrochado la camisa de fuerza que puso Mourinho a un equipo con vasto potencial. Abramovich se ha cansado de despilfarrar millones de euros y si vuelve a sufrir una temporada aciaga, a nadie le extrañaría que vendiese el club. En el césped, el auténtico peligro del Chelsea es Drogba, que ha recuperado su mejor versión. No obstante, si el Barça contiene al gigantón marfileño, la eliminatoria será suya. Pero ojo con este equipo, que, tal como ocurrió con el Bayer, vendrá de víctima. Aunque si el resultado es el mismo, bienvenido sea.