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A la morgue sin pegas

Lunes, 9 Febrero 2015

La camiseta del Madrid se puede manchar de sudor y barro, pero nunca de vergüenza”. Palabra de Don Santiago Bernabéu. A Raúl González se lo recordó un periodista español en la zona mixta de Anfield instantes después de que su equipo deshonrara el escudo. La noche de los cuchillos largos de Liverpool fue una de las motivaciones para que Florentino Pérez volviese a escena en medio de la decadencia presidencial. La Champions contempló el ridículo histórico de un Madrid que saltó al césped intimidado por el atronador You’ll never walk alone. La competición fetiche de la historia merengue pedía a gritos un cambio, porque aquel 4-0 no fue la enésima maldición de los octavos (la siguiente temporada sucedería la del Olympique de Lyon) sino la defunción definitiva de un equipo que, lejos de pelearle al Liverpool, se fue directo a la morgue sin poner pegas.

“El 4-0 del Atleti da más vergüenza que el 5-0 de Mourinho en el Camp Nou”. Lo dicen los pesos pesados del vestuario blanco. Al fin y al cabo, aquel Madrid salió con un plan que, aunque mal ejecutado, Mourinho practicó durante la semana previa. Se trataba de la curiosa teoría del ‘triángulo de presión alta’ o, dicho coloquialmente, el ‘trivote’ que tanto gustaba al portugués y que reventó con dos goles rápidos del Barça. El derbi del sábado murió para el Madrid en el cambiador, cuando ningún futbolista titular intuía que el Atleti saldría como un rottweiler a morder la yugular desde el primer segundo. Un equipo que se estiraba y replegaba como un acordeón contra una banda convencida de que la estadística reciente no podía ser tan fatalista. La línea entre la gana y la desgana la trazó Godín, quien se negó a salir del campo con la nariz fracturada: “sólo me voy del campo si me matan”, dijo el ‘mariscal’ uruguayo a sus médicos mientras le colocaban el aparatoso vendaje. Con tal pasión, y con el resquemor causado por esa extraña corriente de opinión que define al Atleti como equipo macarra, peleón (en el sentido despectivo) y, en definitiva, violento, los rojiblancos partieron por la mitad la pizarra de Ancelotti jugando un fútbol más reserva que crianza. Ellos no tienen ‘BBC’ ni tridentes de exposición como el de Messi, Neymar y Suárez, pero atacan y defienden como una falange espartana. Un pequeño resquicio entre los escudos y el resultado puede ser nefasto.  Simeone convertido en el rey Leónidas sin miedo a morir contra un imperio persa descabezado, que se mueve torpemente como un cíclope, y que choca brutalmente contra los espartanos en el angosto desfiladero de las Termópilas. Así se siente el Real Madrid en la nueva era de los derbis.

Martí Perarnau cuenta en su libro Herr Pep que Guardiola conoció y compartió cenas en Nueva York con el mítico Gary Kasparov durante su año sabático. Y en una de esas veladas, Kasparov confiesa al actual entrenador del Bayern que le sería imposible ganar al jovencísimo campeón mundial Magnus Carlsen. La reflexión impresiona tanto a Guardiola que le pregunta por qué, a lo que el genio ruso replica sin argumento “porque es imposible”. Ancelotti tampoco encuentra explicación a su fobia patológica. El Atlético ha pasado de ser el hermano pequeño del Madrid que se llevaba todas las collejas a un tipo hecho y derecho, que no sólo ha madurado sino que supera a su hermano mayor en físico (en cualquier línea del campo) e intelecto (la batalla del centro del campo fue crucial). Y eso que el Madrid andaba lisiado con tantas lesiones, aunque poco habría importado: el ‘Cholo’ le ha puesto a su vecino la camisa de fuerza y está a punto de ingresarlo en el manicomio. La coartada merengue sigue siendo aquel minuto 93 de Lisboa, pero los últimos acontecimientos invitan a pensar que la cabecita de Ramos sólo se cree como un milagro de Fátima.

¡Fernando Torres, Atletico’s number nine!

Jueves, 25 Diciembre 2014

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El ‘profe’ Ortega acabó confesando su nombre tras hacerse el remolón durante unos instantes. “Vale, les puedo decir que el futbolista mejor dotado físicamente que he entrenado ha sido Fernando Torres”, dijo en El partido de las 12. No se trataba de una entrevista mamporrera para sacarle morbo a la actualidad sino una plática (como le gusta decir al preparador físico del Atlético) sobre sus métodos de trabajo con Simeone. “Torres no corre, se desliza sobre el césped casi como si levitase”; no es la primera vez (ni la última) que al ‘Niño’ le caen metáforas sobre su elegante carrera de guepardo que recuerda a la de Nicolas Anelka en sus años prometedores del Arsenal. El ‘profe’ lo explicaba con una sonrisa picarona, como si intuyese ya en octubre que volvería a pulir esa figura del Discóbolo de Mirón que tanto admira. Si era un mensaje encriptado, ninguno de los periodistas presentes en el estudio se percató; pero si era un vaticinio, habrá que dar más la vara a Ortega. El caso es que Fernando Torres regresa con su hinchada, la que nunca le desmitificó, ni siquiera cuando decidió apearse de una experiencia ruinosa la noche que el Barcelona desangró al Atleti en el Calderón (0-6). Entonces, el delantero fuenlabreño decidió poner su talento al servicio de un proyecto seductor, no en España sino en el Spanish Liverpool que Rafa Benítez había puesto tan de moda.

El cambio no admitió sitio para el arrepentimiento. El fútbol vertiginoso y directo de la Premier le dio a Torres borbotones de tinta para dibujar filigranas y goles inimaginables. Al compás de Steve Gerrard y con la batuta reposada de Xabi Alonso, el ‘niño’ se volvió ‘beatlemaniaco’. El contraataque red parecía fabricado a su medida y su galope, al contrario que en el Calderón, sí encontraba delante balones calibrados con escuadra y cartabón. Su dimensión se agigantó tanto que pasó de ser un ídolo de barro en Madrid (aunque en el Atlético nunca lo reconozcan) a uno de carne y hueso; la prueba de que el algodón no engaña se la dio Anfield con ese tributo musical del Fernando Torres Liverpool’s Number Nine. Sí, su club podía presumir de misticismo y rituales únicos, pero no de la fuerza del dinero. La prensa inglesa murmuraba que Torres necesitaba retos y no ritos en clubes más competitivos. Y el Chelsea de Abramovich abría las arcas del tío Gilito cada año para intentar asaltar la Champions. Fue en el mercado invernal de la temporada 2010/2011 cuando, tras un tira y afloja de regateos, el Chelsea puso sobre la mesa una oferta definitiva de cincuenta millones de libras. “Demasiada pasta como para dejarla escapar”, aseguró el legendario Ian Rush, tercer máximo goleador en la historia red. De Merseyside a la opulenta ciudad de entrenamiento de Cobham en el helicóptero privado de Abramovich. Así pisó Torres por primera vez su nuevo club para pasar el pertinente reconocimiento médico.

El desorbitante traspaso le pasó factura o, al menos, pesó en su responsabilidad. De repente, el goleador sufrió una de esas crisis pasajeras de los ‘nueves’ que se alargó en el tiempo. La confianza de los aficionados blues  iba desapareciendo a la misma velocidad que se incrementaban las sospechas de la prensa que cubría el Chelsea. Un solo gol en tres meses sirvió de carnaza para los mordaces tabloides británicos. Y unas declaraciones a la web de la Liga Española en las que dio a entender que su equipo jugaba con tíos muy lentos corrieron como la pólvora en Stamford Bridge. Estuvieses o no malinterpretadas sus palabras, Fernando Torres necesitaba cada gol para reivindicar cada uno de los cincuenta millones invertidos en él. Pero el ‘niño’ siempre ha tenido esa flor que tanto se alaba en Iker Casillas: su segunda temporada con el Chelsea se saldó con la Champions y un gol suyo en el Camp Nou para finiquitar las semifinales. Sus actuaciones eran de banquillero porque Roberto Di Matteo contaba con la presencia intimidante del gigantón Drogba. Un año después y otra vez con Benítez, aunque de forma transitoria, el Chelsea repitió éxito en la Europa League con gol incluido de Torres en la final. Ya no era aquel delantero estilizado y grácil que corría treinta o cuarenta metros como un velocista jamaicano; había ganado corpulencia y se había adaptado forzosamente al fútbol romo y pesado de su equipo. Mourinho no fue la excepción; al revés, sus minutos en el campo escasearon en beneficio de un Samuel Eto’o trabajador y sacrificado.

Torres había vuelto a tomar otra decisión el pasado verano como en 2007: su futuro en el barracón de Mourinho pintaba demasiado grisáceo y un Milan de Mercadona llamó a su puerta. El Calcio exige tiempo para amoldarse a su estruendo físico y el delantero madrileño apenas había entrado en la fase de cortejo. Ni a él le gustaba ni el Milan tampoco ha encontrado el revulsivo exprés que buscaba. Pero la suerte no le ha dado la espalda totalmente: Simeone pidió precio por él en verano y, como adelantó Antonio Ruiz en COPE el pasado 12 de diciembre, el Atlético ha acelerado las gestiones para contratarle este verano. El italiano Cerci ni siquiera ha sido una anécdota, por lo que el todavía mito rojiblanco se batirá el cobre con la tanqueta croata Mandzukic. Dos estilos antagónicos que darán soluciones diferentes al ‘Cholo’. Porque a Koke le da lo mismo poner pases en carrera que centros inteligentes al área. En ambos casos siempre habrá respuesta. El Calderón prepara la alfombra roja para recibir a su ‘niño’ que no llegó a forjarse en un hombre con la misma camiseta. Hace siete años y medio el Atleti le suplicó a él recuperar su dañada historia. Fue una responsabilidad demasiado violenta. Hoy es diferente: Torres vuelve para encontrarse a sí mismo, mirar a los ojos al club de su vida y explicarle por qué se fue y por qué iba a regresar algún día.

El arte de desesperar

Mircoles, 10 Diciembre 2014

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La Vecchia Signora envejece a pasos agigantados. Sigue siendo el ‘Real Madrid’  de Italia, como le gusta decir a  su director deportivo, Giusseppe Marotta, pero en Europa se dejó la grandeza el día que se retiró Del Piero. Todavía sigue ‘San’ Andrea Pirlo (Llorente dixit), salvador de puntos y un cachito de la imagen resquebrajada año tras año. La Juve domina Italia como el imperio romano pero sus planes de expansión se han quedado obsoletos. Fernando Llorente comentó en la víspera que podían ser los tapados de la Champions, pero las triquiñuelas italianas de siempre se oxidaron hace demasiado tiempo. Anoche Tévez, Pogba, Llorente y Arturo Vidal ni siquiera inquietaron por nombre a un Atlético muy pétreo versión temporada pasada. El ex delantero del Athletic dio en el clavo: el Atleti no juega demasiado al fútbol pero no engaña, va de cara. Y así sucedió en Turín, donde al rato de partido las televisiones captaron el semblante de un Simeone confiado y sin miedo, frotándose las manos por la partida facilona que estaba observando.  

La Juve gastó su artillería en un pispás y Llorente se encontró con melones en vez de balones inteligentes. Godín y Jiménez tan sólo se preocuparon por controlar los misiles de larga distancia de Pogba. Eso fue todo el ataque ‘bianconero’. Y si se hubieran jugado la vida en un gol, tampoco habría llegado. Ya no les funcionan ni las carambolas. El Atlético se encontró en el Edén porque ha descubierto, previa larga maceración, a un central como la copa de un pino. El uruguayo Giménez ha borrado de un plumazo la nostalgia por Miranda. Tanto el brasileño como él aceptan la jerarquía de Godín y se acoplan como curritos al central más en forma del momento.

Y aunque suene a trabajo de alcantarilla, ver en la tele defender a los colchoneros es una coreografía tan bien sincronizada como lo fueron Gemma Mengual y sus sirenas. Todas las coberturas se realizan por inercia y el achique de espacios tiene el mecanismo de un reloj suizo. Cualquier entrenador del mundo presumiría de la pizarra del ‘Cholo’ en la convención anual de técnicos de UEFA. Y el Atleti ha pasado la prueba del algodón: son el auténtico dolor de muelas de esta Champions. Abrir su candado exige los servicios de cerrajeros con radial incluida. Johan Cruyff siempre dice que la mejor manera de defender es tener el balón; Simeone ha vuelto a demostrar que les vale con desesperar al rival, sea el Elche o la todopoderosa Juve, si es que todavía se le puede llamar así.  

En el mismo sitio y a la misma hora

Jueves, 25 Septiembre 2014

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En el mismo sitio y a la misma hora. Antoñito Ruiz describió con gracia el enésimo holograma del gol atlético por antonomasia. Ese balón inteligente que centra Koke y remata Miranda en forma de obús en el primer palo, o ese balón inteligente que centra Koke y llega como un imán a la frente de Godín entre varias cabezas enemigas. De córner a córner y tira porque le toca. Cada saque de esquina es una coreografía perfecta en la que todos tienen su rol: rematadores, amortiguadores y un cebo que suele ser Tiago (se coló en el primer palo de Casillas en el Bernabéu y para él fue el premio gordo). “Creo que marcamos catorce o quince goles a balón parado en el año del ‘Doblete”, la memoria de Radomir Antic no es fotográfica pero todavía retiene aquellos goles de Pantic y sus centros calibrados a las testas de Kiko, Penev y Simeone. Una cifra demasiado alta que el plan de Simeone ha hecho trizas en apenas cinco jornadas. El ‘Cholo’ ha guionizado los córners de tal forma que las subidas de Godín y Miranda son como una embestida de bisontes imposible de parar (la manada de búfalos se la adjudicó Valdano a Ronaldo).

El campeón huele raro. A veces ordenador, otras sin concierto. Quizá la ausencia de Simeone detrás de la línea de cal ha desnortado a los jugadores hasta el punto que les falta el tío cañero que les pone las pilas desde la banda. El ‘Cholo’ gesticula, hace aspavientos y salta sobre su silla en los palcos privados; el tigre enjaulado no aguanta más desde la distancia y necesita oler el napalm desde abajo.El ‘Mono’ es carismático, sí, pero no tiene la reacción visceral del ‘Cholo’, cabreado con un mal pase y más enrabietado si uno de sus gladiadores hinca la rodilla. Las sospechas del sábado pasado en el Calderón terminaron en Almería, y el capítulo quinto del tomo II del ‘Ya caerán’ (invención de Rubén Uría) tampoco es válido. Suma y sigue, entre Barça y Real Madrid. La misma película de la Liga pasada. Las crónicas periodísticas son simplonas: gol de córner y a otra cosa. Todos lo saben pero nadie ha averiguado la fórmula exacta de la Coca Cola. Imagino a los entrenadores rivales dibujando mil garabatos en sus pizarras tácticas, visionando una y otra vez los vídeos de los córners del Atleti. Un auténtico calvario que al Madrid le pilló de repente y del que aún sufre efectos psicosomáticos.

¿Y qué le pasa a Gabi? Lideraba la guardia pretoriana de Simeone y de la noche a la mañana se ha quedado fuera de una convocatoria. La coartada de la rotación no es creíble, suena a toque de atención. La afición colchonera no entendió su ausencia en el Mundial, sobre todo después de la debacle. Disfrutó de vacaciones largas y se suponía que llegaría a la pretemporada con un físico descomunal. Pero todo lo contrario: Gabi está agotado, con los mismos síntomas que la peor versión de Xabi Alonso en el Madrid. Si el trajín de partidos de la temporada pasada le ha agarrotado los músculos, ahí está el ‘profe’ Ortega para destensarlos. Su bajonazo se ha precipitado tanto, que no ha podido seguir el vertiginoso ritmo de Simeone. Sólo por su amor propio debe volver a encontrarse a sí mismo. Porque le van los partidos frenéticos y porque su entrenador le eligió a dedo para cambiar la historia del Atleti. 

La consulta del dentista

Sbado, 23 Agosto 2014

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El Madrid pasó por la “consulta del dentista”. No es la misma de Joaquín Caparrós en Barcelona, donde el año pasado le hicieron hasta siete empastes, pero sí otra que anestesia el dolor de muelas. Porque eso es el Atleti de Simeone, una mosca cojonera que incordia hasta la desesperación. Allí donde cogía el balón un madridista, había tres rojiblancos; una trampa tras otra en un campo minado de portería a portería. Al ‘Cholo’ le han desguazado el equipo y ha ido comprando piezas de recambio con el dinero del Chelsea. Y desde que el argentino aterrizó como sustituto improvisado de aquel proyecto etéreo de Goyo Manzano, el Madrid siente la fobia de Federer cuando tiene delante a Rafa Nadal. Entendido, los merengues seguirán martilleando con la final de Lisboa, pero el Atlético dejó de vivir encerrado en el trastero, merece un ático y, además, se lo puede comprar. A estas alturas, el discurso plañidero de Simeone quizá cuele entre sus seguidores, pero no para el resto: a pesar de los abusos presupuestarios, dejó el peso welter engordando músculo y pelea en las grandes veladas de súper pesado contra Madrid y Barça.

El capitán Gabi comentó en pretemporada que la gente comprometida se ha quedado en el club. El mito de Koke comenzó cuando el Calderón vio en él un futbolista distinto en el sistema robotizado de Simeone. Fabricado en el Cerro del Espino, le echa huevos (axioma indiscutible del ‘cholismo’) y tiene buena bota. Su negativa a fichar por el Barcelona en verano confirmó su condición de ídolo de masas; un nuevo Fernando Torres que, afortunadamente y a diferencia del ‘Niño’, no ha muerto en la orilla. Torres se hartó del club de sus amores la noche que el Barça le estampó en su cara la cruda realidad: aquel 0-6 evidenció que no ganaría títulos de rojiblanco. En cambio, Koke ha arramblado con toda clase de copas responsabilizándose de la especialidad que nadie quería o sabía manejar: la creatividad. Y si viene Marco Reus (se acercan las horas decisivas), a Simeone se le acabaría la excusa de usar la brocha y no el pincel. Sin duda, sería el fichaje, como lo fueron Futre, Schuster y Christian Vieri.

Está el mito y, luego, el currante de Mandzukic. De clase media alta, exprimió su caché en la pasada Eurocopa de Polonia y Ucrania. Jupp Heynckes convenció al Bayern Munich para ficharle como delantero tanque tan típico de la Bundesliga y Guardiola le intentó comer la cabeza como falso nueve. Pero el croata no entendió el galimatías táctico de Pep y prefirió marcharse a cualquier otro equipo que centrase balones al área. El Atleti es uno de ellos y le está dando licencia para matar con una sola condición: que mire de reojo atrás y no se canse de pelear. Como un boya de waterpolo, se codea con los defensas como Diego Costa y tiene talento para hacer la guerra por su cuenta. Mientras marque goles, no habrá quejas. Paco González lo expresó a la perfección anoche, “Mandzukic ha caído de pie en el Calderón”; entiende las tesis ‘cholistas’ y las defiende a ultranza. Lejos del prototipo elegante de Davor Suker, el nuevo fichaje rojiblanco olfatea la pelota por todo el campo y maneja el abecedario del buen delantero: remate y desmarque. Falcao cabeceaba yunques, Costa golpeaba los contraataques y veremos cómo taladra Mandzukic. De momento, tiene gol, que no es poco.  

Atleti, vender y retener

Lunes, 21 Julio 2014

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“Somos un club comprador, no vendedor”. Enrique Cerezo nunca ha desaprovechado cualquier ocasión delante de las cámaras para sacar pecho de su gestión. Harto de por vida de que a su Atlético lo tomaran como el club graciosete de España, siempre se empeña en compararlo con las dos grandes potencias que controlan la Liga. El ‘cholismo’ ha roto el pesado duopolio deportivo pero la misma directiva, que desde hace tiempo se sacudió el apodo de ‘gilifato’ con fichajes acertados a coste razonable, ha asumido que en este mercado y con sus capacidades salariales el Atleti campeón está siendo el mejor escaparate de la Quinta Avenida del fútbol. Desde el momento que la Federación Española y la Confederación Brasileña casi provocan un conflicto diplomático por Diego Costa, Miguel Ángel Gil entendió que su delantero sería top en ventas. Y como a Mourinho le encantan los futbolistas top, agradeció a su querido colega Simeone (literal) que le diera el pienso adecuado para alimentar a esa mole ricachona llamada Chelsea y que él describió como “pequeño poni”. Costa ha emigrado y Filipe Luis se ha encontrado de bruces con la oportunidad de su vida: mejorar su cuenta bancaria. Porque en lo deportivo será complicado que en Stamford Bridge arramble con tantas copas como en el Atleti. El eterno problema es que gane la Liga o se quede a un minuto de levantar la Champions, siempre habrá un puñado de clubes que dupliquen o tripliquen la guita que pueden ofrecer los rojiblancos. Y eso, en este negocio, no es de equipo grande.

La afición necesita un santo y seña que no encontró en Fernando Torres (“Me voy para ganar títulos”), Kun Agüero (los petrodólares le atrajeron demasiado después del desplante de Florentino) ni en Falcao (jugar en el Real Madrid aunque le esté costando el marrón de vivir en Mónaco). Por eso, el capitán Gabi defendió desde la concentración de San Rafael a los comprometidos, los que se han estudiado la historia de aquel equipo que se codeaba con el Madrid en los auténticos derbis, luego cayó en la odisea del ‘pupas’ y ha logrado levantarse, primero con Quique Sánchez Flores (sería injusto omitirle) y sobre todo a la vera guerrera del ‘Cholo’. Ellos, empezando por Koke, podían haber firmado los contratos de sus vidas pero decidieron no dejar en la estacada a un vestuario que se reía maliciosamente con aquella verdad absoluta (me incluyo yo) del ‘Ya caerán’. Rubén Uría, compañero de profesión, que no de camiseta, lo recordó socarronamente durante 38 episodios, y lo ha dejado en el tintero para la próxima temporada. Ésa en la que Koke, nuevo ídolo del Calderón, podría haber vestido la camiseta del Barça; Godín la del Bayern de Guardiola en el proyecto más ambicioso que recuerda la Bundesliga, y Miranda haber concluido el desembarco de Normandía en el Chelsea: el central brasileño se dejó persuadir por Simeone cuando dijo durante el Mundial a la ESPN que tenía ofertas y su cláusula era “negociable”. Sin embargo, se han quedado en Madrid y suya es la responsabilidad de seguir peleando en las grandes veladas y no en combates de teloneros. Quizá sea el único atajo para hacer realidad la cínica declaración de intenciones del presidente Cerezo.

Gil Marín está negociando por Fernando Torres, le tiene en la recámara como su ‘galáctico’ particular y a pesar de que sea Koke el reclamo para vender camisetas. No en vano, Mourinho no confía en él, aunque Abramovich no le soltará por pocos ceros en el cheque. Antes del Mundial, el plan A era Lukaku y Negredo, mientras que el plan B contempló a Roberto Soldado si Negredo no salía de Manchester (esto es información, no opinión). Pero de repente a Simeone no le convenció la tanqueta belga; el City pedía los mismos millones o más de lo que le costó Negredo, y Soldado fue repudiado por la grada colchonera. Del plan A de equipo grande se pasó a un ‘C’ improvisado pero no peor: Mandzukic. El croata se cansó del galimatías táctico de Guardiola y se decantó por un equipo de ideas sencillas: centros al área y balones el delantero centro. Falta un compañero de gol y, a expensas de Torres, el italiano Alessio Cerci del Torino es una moneda al aire: igual gusta o no.

Como el portero Jan Oblak, un esfuerzo muy caro (16 históricos ‘kilos’) por evitar la nostalgia que deja Courtois. No obstante, y aunque Oblak acabase imbatido en los siguientes 38 episodios, siempre habrá otro club fardando de un fajo de billetes más grueso. Aún falta tiempo para que una estrella confiese que siempre soñó con jugar en el Atleti.

El portero que pronto será rey

Mircoles, 4 Junio 2014

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Peter Cech tiene rango de eminencia por los túneles de Stamford Bridge. Su jerarquía en el vestuario del Chelsea sólo es comparable a la de John Terry o Frank Lampard. Lo saben el dueño Abramovich, su técnico Mourinho y, por supuesto, la estruendosa grada que rinde pleitesía a su portero con huevera. Tal es la autoridad del checo, que ni siquiera Mourinho ha podido meter con calzador a su polémico entrenador de porteros, Silvino Louro: Cech fichó por el Chelsea hace una década procedente del Stade Rennais francés y, al formar parte de la guardia pretoriana del portugués, entendió que podría imponer ciertas normas compatibles con la autoridad de Mourinho. La principal fue traer a Londres a su antiguo preparador de porteros del Rennais, Cristophe Lollichon. Ocho años después, el subordinado de Cech sigue siendo intocable y Silvino Louro ha pasado a ser primer asistente de Mourinho junto a Rui Faria. Pero tal como le acaba de suceder a su amigo Frank Lampard, su retirada del Chelsea se aproxima a causa de una lesión de hombro casi crónica y, razón más imponente, la llegada de un ferrari llamado Thibaut Courtois.

Mourinho sabe que a sus vacas sagradas se les acaba el tiempo y espera de ellos un último acto de servicio por la camiseta blue. Y como en la escena de Un domino cualquiera, Cech es el magullado quarterback Cap Rooney que se ha dejado la vida en el campo y entiende que el entrenador Tony D’Amato debe cambiarle por el joven y talentoso Willie Beamen. Courtois no esperaba actuar de Beamen tan pronto; al contrario, después de los cuartos de final contra el Barcelona, su intención pública fue la de renovar con el Chelsea para quedarse en el Atleti en calidad de cedido otra temporada. Sin embargo, las semifinales entre ambos equipos lo cambió todo: Mourinho no abrió la boca ante la titularidad del belga en los dos partidos y ha estado esperando su momento para cobrarse la ‘traición’. La UEFA permitió a ‘Tibito’ jugar la semifinal y el portugués no se atrevió a rechistar delante de la prensa, quizá temeroso de otra sanción como aquella que sacudió el rígido fair play de la organización con el famoso “Stark, Ovrebo, Bussaca, De Bleeckere..¿por qué?”. Sin duda, Mou supo desde el instante que Simeone anunció a Courtois en la portería que todo tenía un peaje, y más si es el Chelsea quien se encarga de las transferencias bancarias del belga.

“Mou me llamó antes de partido de Liga contra el Barça”, comentó Courtois a un periódico belga esta semana. No desveló la conversación pero, a raíz de la resignación del espigado portero, dista mucho de parecerse a la de justo hace un año. Entonces, Courtois confesó a Mourinho que le gustaba su vida en Madrid y había encontrado a una chica, su actual novia; le pidió que le dejara foguearse un año más en el Atlético y volvería a Londres para quedarse. Ese año ha pasado y, lejos de querer cumplir la promesa, el arraigo de Thibaut en la capital ha aumentado exponencialmente: es uno de los grandes ídolos del Calderón, si no el que más con la inminente salida de Diego Costa precisamente el Chelsea. Mourinho necesita un portero este verano y, caprichos del destino, se ha encontrado en nómina al mejor del momento. Y como dice un periodista portugués del entorno de Mourinho, “a estas alturas Cech entenderá la llegada de Courtois. Se trata de servir a un interés común”. El ‘poni’ que es este Chelsea, tal como lo calificó su entrenador, necesita comer del mejor pienso, y la construcción del nuevo imperio faraónico de Abramovich comienza con un hombre que pronto será rey.

El Madrid ignoró a Di Stéfano

Lunes, 5 Mayo 2014

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“Dani Parejo es el mejor talento que ha dado La Fábrica”. Palabra de Alfredo Di Stéfano, quien dejó de ir a Valdebebas tras la marcha del canterano al Queens Park Rangers. Algo tenía Parejo que enamoró a ‘La Saeta’, quizá su actuación de anoche evidencia que el Madrid debió hacer caso a su presidente honorífico. Y Parejo, genio apático por naturaleza, volvió al Bernabéu para reivindicar que su antiguo club también fabrica jugones. Él lo es al tran tran, un ritmo que mató la hipervelocidad de los blancos. Ningún quinielista se habría jugado si quiera un doble en este partido: el Valencia venía moribundo, casi metido en el tanatorio, y con unos jugadores agotados; el Madrid, en cambio, recibió el chute moral de la derrota del Atlético. Sin embargo, los ché suelen gustarse en el Bernabéu porque salen excitados, unas veces por su odio sarraceno a todo lo que huela blanco y otras por escándalos arbitrales. No obstante, no era la visita más indicada para darle otro costalazo a la Liga.

Los caprichos de las matemáticas descubrieron un inopinado seguidor merengue: los colchoneros. El 1-2 estremeció al Atleti hasta el punto de imaginarse toda una temporada a la carta del Camp Nou. Por suerte para ellos, Cristiano alivió sus temores y enterró bajo tierra las gigantescas posibilidades que había cobrado un Barcelona que, de repente, había pasado de zombi a máximo favorito. Y con el empate a dos, al Madrid aún le quedaba una bala en la recamara, una ocasión imposible de esas que a veces levantan al Bernabéu. La tuvo el ‘bicho’ en un cabezazo manso y la aplaudió casi todo el fútbol español, encantado con alargar el morbo hasta la última jornada. La “liga de mierda” (Del Nido dixit) se ha sacudido su cariñoso apelativo gracias al discurso plomizo de Simeone y a las cagadas impensables de Madrid y Barça. Y con o sin maletines por medio, Javier Tebas, presidente de la LFP, debe agradecer a equipos “sin motivación” dejarse la piel en trámites que sólo les toca su profesionalidad.

Es el caso del Levante, creado en pequeñito  a imagen y semejanza del Atlético, y con el amor propio de un club de Champions. Caparrós supo asfixiar a un extenuado líder que no estaba para más batallas esta semana. Y si Koke no está fino, su Atleti se gripa; de ahí la trascendencia de un centrocampista que tendrá que sentarse a sopesar la pila de ofertas que le están llegando de media Europa. Pero Koke es santo y seña del club, como lo fue Fernando Torres… hasta que acabó hartándose.

Game over. Fue la expresión más recurrida en twitter para describir el cataclismo del Barça. Busquets habló y tiró la Liga por el retrete; Xavi también la metió en el sumidero y, por si se había obturado en la cañería, el ‘Tata Martino’ terminó de empujarla hasta el vertedero. Incluso, el entrenador argentino tuvo la gentileza de adelantar a la prensa su fecha de caducidad. Quizá se quiera borrar ya del marrón de la próxima temporada, ése que se comerá Zubizarreta, según anunció la directiva frotándose las manos. La jugarreta es fácil: si la política de fichajes fracasa, Bartomeu y todos sus directivos medio interinos (¡elecciones ya!) tendrán su cabeza de turco. Y mientras Messi sigue andando por el césped, la prensa culé apunta a tres despojos fáciles de liquidar: Song, Alexis y Cesc Fábregas. Este último metido en una extraña bronca de la grada. Cesc es un incomprendido porque cree que su afición no agradece haberse mutado constantemente: de centrocampista organizador con Wenger a falso nueve de Guardiola, terminando en media punta forzado. Él pensó que el club de su vida le fichaba para aprovechar su máster acelerado del Arsenal, lástima que se confundiera.

 

 

Boskov analiza la Liga

Lunes, 28 Abril 2014

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“El fútbol es bello porque es sencillo”. El ‘Cholo’ Simeone honró una de las míticas frases de Vujadin Boskov. Su fútbol afín a Mourinho resuelve partidos y aplaza domingo a domingo aquel manido cliché de agosto del ‘Ya caerán’. Como dice Rubén Uría, han pasado 35 capítulos y el Atleti ha esquivado su enésima bala. Lo que al principio parecía una ruleta rusa donde los colchoneros podían pegarse un tiro en cualquier momento, ahora es un bloque de cemento armado que nadie, ni en España ni en Europa, ha sido capaz de hacer trizas. Es ese fútbol sencillo que alimenta la pasión rojiblanca, entretiene a quienes prefieren al tercero en discordia y cabrea al amante del fútbol alegre y marchoso. Hoy por hoy, madridistas y culés a ratos. Pero qué más se le puede exigir a una plantilla que cada verano tiene que soltar estrellas para cuadrar su balanza de pagos. Seguirá la fuga de estrellas, por de pronto la de Diego Costa al Chelsea, pero mientras esté el ‘Cholo’, cualquier futbolista peleará en el barro hasta ahogar al contrario y maniatarle hasta pedirle la rendición. En Mestalla Simeone se encontró con la pizarra perfecta desde el principio…”el balón, cuanto menos se tenga, mejor”. El axioma mourinhista fue resuelto a raja tabla: el Valencia propuso y los rojiblancos rehuyeron el juego. Salieron a buscar una contra letal que hiciera saltar por los aires el ímpetu de Paco Alcacer y toda su tropa. Y tuvo que ser el de casi siempre, Raúl García, capitán general en funciones y brazo ejecutor de Simeone, quien sacara oro de un centro imposible.

“Un entrenador siempre tiene que marcharse”. ‘Tata’ Martino debió tener en mente la grandilocuencia de Boskov. El Villarreal estaba atrofiando la dedicatoria eterna del Barça a Tito y los fantasmas de todo el año reaparecían en el banquillo. Demasiado sufrimiento para un barcelonismo apenado y todavía en trance. Sin embargo, los infortunios del fútbol devolvieron a los culés su amor propio, no tanto por darle vidilla a la Liga como por rendir tributo a su ex entrenador. El Barça no podía perder, anoche no, y ganó al estilo del Madrid, atendiendo a la fe más que a la razón. No le pega pero a estas alturas el equipo afronta los partidos como si fueran marrones a la espera del final de temporada y la consecuente revolución de Zubizarreta. Y como dijo Martino, no era el día apropiado para hablar de fútbol; es más, el protocolo mandaba aplazar el partido por la conmoción de Tito, pero como dijo Paco González, “las lágrimas de Busquets, un tío que lo ha ganado todo, dignificaron el fútbol”.

“Quiero un equipo de ataque porque me gusta el fútbol ofensivo y también porque al público le gusta”. Alfredo Relaño publicó la declaración de intenciones de Boskov allá por agosto de 1979, en la presentación del serbio como entrenador del Real Madrid. Carlo Ancelotti prometió un fútbol “espectacular” el día de su puesta de largo y ha fallado por poco. El Bayern no era el rival propicio para exhibir el Circo del Sol en el Bernabéu; por eso, se aisló de fanatismos populares y sacó su flema italiana. Impasible ante el lastre de los últimos once años en Champions, Carletto pergeñó su semifinal ganándole a Guardiola la primera partida de ajedrez. La segunda empieza con ciertas pistas, las que dejaron los contraataques del Werder Bremen en el Allianz. Pero la goleada a Osasuna sólo sirvió de pachanga a Cristiano Ronaldo, que utilizó a los rojillos para calibrar sus misiles tomahawk. Poco más en un 4-0 que alimentó por unas horas el morbo de un posible patinazo atlético. Todos los madridistas tenían en mente un objetivo y otra máxima, ésta no de Boskov: “El Madrid siempre marca”.

‘Partido de picapedreros’

Martes, 22 Abril 2014

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‘Partido de picapedreros’ (‘Stonecutter struggle’). El ingenioso tabloide The Sun intuye en su titular una pelea en el barro del Calderón. Dos entrenadores que se respetan y entienden el fútbol en versión vampiresca, es decir, ganar a toda costa chupándole la sangre al enemigo, y dos bloques de hormigón, el rojiblanco irrompible hasta el momento y el londinense recién hecho trizas por el colista de la Premier. Pero la Champions es otra dimensión, donde gana quien mejor compite. Así se lo recordaba el periodista portugués Nuno Luz a Mourinho: su Oporto conquistó Europa en una edición hecha a medida para el Madrid del ‘galacticidio’. Aquella promoción orquestada por Mou desde el banquillo y Deco sobre el césped aclaró que la ‘Orejona’ no se gana sólo con un puñado de cracks, hay que saber competir o tener a alguien que lo meta en vena. Es el caso del entrenador del Chelsea, curtido en mil batallas europeas y que aparenta una fachada imperturbable ante ese fenómeno de moda creado por Simeone. Éste también lleva el mismo gen, con la salvedad de que si pierde, la rabia le corroe por dentro, no busca coartadas públicas.

El ‘Cholo’ nunca pierde la ocasión de rendir pleitesía su enemigo de esta noche. “Admiro a Mourinho, es un ganador”, dijo en una entrevista al diario ABC; “Me quedo con Mourinho”, espetó el argentino cuando tuvo que elegir entre el portugués y Guardiola en un test sugerido por Los Manolos. Pero el colmo de la ¿adulación? lo provocó el míster colchonero ayer en TVE cuando soltó que Mourinho era mejor entrenador que él. Ni pizca de guasa e ironía en la declaración, Simeone se ve como un émulo de su colega del Chelsea con sus mismas virtudes (no sabemos si también los defectos). En una entrevista en su país el ‘Cholo’ explicó que ambos, Mou y él, conciben el fútbol como una facción espartana en la que un solo fallo descalabra al grupo. Los dos son amantes de la presión, quizá Mou más obsesionado en cumplirla a rajatabla y Simeone empeñado en usarla para sus pizarras tácticas. Ésas que le han dado goles a granel en estrategia. La buena noticia para el Atlético es que Diego Costa puede poner en jaque a toda una zaga, mientras que Mourinho lanza pullas a sus delanteros al tiempo que el Chelsea negocia en secreto con el propio Costa.

La prensa británica es unánime: la estrategia de Mourinho pasa por David Luiz, central titular de Brasil reconvertido a bulldozer de contención en su club. Si esta copia de actor secundario Bob de los Simpson se agiganta en el centro del campo con palos y zanahorias, el Chelsea habrá ganado una batalla. Justo la que teme perder Simeone. David Luiz representa el paradigma futbolístico de su entrenador, un John Terry versión brasileña con licencia para pegar donde otros no la tienen, el Sami Khedira que deseó llevarse del Madrid. El problema es que los prototipos de Mourinho se convierten rápidamente en ídolos de barro: David Luiz ha obtenido en el Chelsea una rentabilidad casi perfecta, propia del Zara de Amancio Ortega; en dos temporadas ha ganado Champions y Europa League dejándose por el camino mil y una cicatrices de guerra. Pero el próximo verano podrá irse si lo desea (el Barça llama a la puerta), cosas de Mou. Como también es capricho del portugués la eterna suplencia de Fernando Torres.

Vuelve el hijo pródigo al estadio del que decidió irse después de la noche de la vergüenza, la de aquel 0-6 del Barça. Torres presume de un P.V.P astronómico, 58 millones de euros, y de un currículum imperial en el que sólo falta una Premier…el problema es que es el delantero del ‘casi’, con un talento sublime que sólo Rafa Benítez supo poner en práctica. Mourinho defiende al ‘Niño’ pero le tiene de tercer delantero, detrás de Eto’o y Ba.  Incluso, sin la presencia del camerunés como sucedió en Paris, el técnico se decantó por el centrocampista Schurrle. Es un indicio evidente de que Torres tendría luz verde a una jugosa oferta veraniega. Al fin y al cabo, con unos cuantos ‘Terrys’, ‘Lampards’ e ‘Ivanovics’, Mou vería colmadas sus aspiraciones. ¿Para qué más?