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Auf wiedersehen, Heynckes!

Martes, 4 Junio 2013

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Telmo Zarra llegó a decir que Jupp Heynckes había “espabilado a la estancada cantera de Lezama”. Viniendo de la gran leyenda del Athletic, el poso que dejó el entrenador alemán durante su primera etapa (1992-94) fue bastante emotivo; no en vano, fue él quien apostó por un chaval muy técnico y con alma de líder como Julen Guerrero. En Tenerife todavía le añoran: con una plantilla trabajada y haciendo caso a los jefes Julio Llorente, Chano y Felipe Miñambres, estuvo a un paso de jugar la final de la Copa de la UEFA del 97 (el Schalke lo impidió). Pero sus grandes lecciones tácticas de aquella temporada en el Camp Nou (1-1) y en el Bernabeu (0-0), convencieron al presidente Lorenzo Sanz para sustituir a un Fabio Capello que añoraba su vuelta a Milan. Heynckes, un señor en toda regla, sólo tuvo palabras de agradecimiento para la gente de Tenerife y, sobre todo, se ganó la admiración de todos siendo honesto: “Quiero entrenar en un club en el que gane títulos”. Había empezado de abajo y el trabajo a destajo le había propiciado su gran oportunidad.

Pero la tragicomedia dantesca de Heynckes comienza por su final en el Real Madrid. Acostumbrado a dirigir plantillas sin puño de hierro, nunca pensó que los egos caprichosos de un vestuario le acabarían devorando. Así se lo transmitió en una charla privada a Lorenzo Sanz en la noche de un lunes, minutos después de que el Madrid perdiese contra el Zaragoza en el Bernabeu y fiara todas sus opciones de jugar la siguiente Champions a ganarla precisamente ese año. La débil autoridad del técnico alemán se esfumó en un grupo comandado por Fernando Hierro, y en el que gente como Seedorf, Suker, Mijatovic o Raúl se comportaban como estrellas de rock (fue el origen de la llamada ‘Quinta de los Ferraris’). Heynckes confesó a Sanz que estaba hundido y no tenía apoyos en el vestuario; Raúl salió en su defensa semanas después diciendo que la junta directiva no defendía al entrenador, acusación que rápidamente fue rebatida por el mismo presidente: “Yo le diría a Raúl qué ha hecho el vestuario para defender a Heynckes”. Las discrepancias entre los directivos y la plantilla sólo contemplaba una solución: el despido del entrenador. Tal cual se lo comunicó Lorenzo Sanz tres semanas antes de la final de Amsterdam. Daba igual que ganase o perdiese, Heynckes podría ser quien devolviese al Madrid a la gloria europea  y punto. Y así fue: el Madrid ganó la Séptima, su primera Copa de Europa en color y el club no tuvo ningún tacto con él.

La imagen que resume la historia maldita de Heynckes fue verle cenando con su familia a solas en el restaurante Txistu durante la celebración del título en Madrid, mientras futbolistas y directivos lo hacían juntos con su gente en el mismo sitio. Pero Heynckes, señorial siempre en su discurso, no dedicó ni una palabra fea a nadie, ¿qué sentido tenía? Sí lo hicieron algunos jugadores a los que no les importó seguir hurgando en la herida; por ejemplo, Álvaro Benito, quien dijo que “el vestuario prefería a Fabio Capello porque a Heynckes le vacilaban demasiado”. Por eso, no es de extrañar que Heynckes se haya emocionado en la rueda de prensa de hoy en Munich. La frase que mejor explica las lágrimas de Jupp la ha pronunciado el presidente del Bayern, Uli Hoeness: “Heynckes vino tres veces como un extraño y se va las tres como un amigo”. Lo mismo sucedió en Bilbao y en Tenerife, lástima que Lorenzo Sanz no pueda presumir igual. Pero a sus sesenta y ocho años, el técnico que lo ha ganado todo con el Bayern sigue rigiéndose por su naturalidad: “Mi vida es la misma de siempre: esta mañana le he preparado el desayuno a mi mujer”. Jupp sólo quería terminar su contrato que expira en unos días, aunque el Bayern le ofreció la renovación hace medio año, antes de que anunciara la contratación de Guardiola. Mejor un adiós triunfal, como el que ha tenido Sir Alex Ferguson, porque la aventura del Madrid podría haber sido excitante pero no tanto como disfrutar de una jubilación muy merecida con su mujer, quien ha tenido que soportar días y noches de interminables concentraciones. Se va un gentleman del fútbol que ha hecho “25 amigos en Munich”, los mismos que completan la plantilla. Tal ha sido el grado de confianza con sus chicos que hasta Bastian Schweinsteiger ha estado a punto de coger un avión para presenciar su despedida. Danke, Jupp!!