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Entradas con etiqueta ‘Benítez’

Doctor House

Lunes, 4 Enero 2016

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“Hicimos una gran primera parte”. De repente, Rafa Benítez actuó como el Doctor House y detectó la enfermedad que el resto de los mortales ni siquiera intuía: cree a ciegas que su equipo juega bien. Cero autocrítica y un pequeño dardo a la prensa suplicándole “elogios” y no campañas. El Barça había bajado la guardia en Cornellá y los blancos se encontraron con la enésima oportunidad para no tirar la Liga por el retrete. Este Madrid juega como el último Roger Federer del que vamos a disfrutar: se exprime en un set, se relaja en el siguiente e intenta matar el suspense en el tercero con más talento que actitud. Suele ganar, pero a veces resbala. Mestalla debía ser el estadio de la conjura ante un Valencia de trapo que en versión portuguesa o inglesa se enciende en su antimadridismo. Les pone y juegan a mil revoluciones. Y en actitud nunca perderán, y menos ante equipo con nula disciplina espartana. Da la sensación de que el Madrid es un tigre enjaulado que en cautividad se vuelve manso; ya no es ese gigante anestesiado que en cualquier momento lanzaba un puñetazo demoledor, ni siquiera se inspira en los minutos de vendaval que volteaba resultados imposibles.

Dijo Benítez que la expulsión de Kovacic trastocó la táctica: suponemos que sólo él vio hasta entonces una partida de ajedrez. O quizá tuviese en la cabeza un auténtico galimatías, como Bobby Fischer. Desde el televisor se veían en alta definición nueve futbolistas clavados con una chincheta sobre el tapete, mientras que Benzema y Bale buscaban cierta gracia para desarmar la defensa de cartón piedra del Valencia. Parecía una comedia de Benny Hill, en la que Abdennour perseguía como pollo sin cabeza (Toshack dixit) a los delanteros merengues, y cada vez que pisaba el balón, a Mestalla se le sobrecogía el corazón.  Incluso al Valencia más caótico de los últimos tiempos no se le puede dar electroshock, es un superviviente nato.  Pero el Madrid más árido se ha acostumbrado a la siesta y tan pronto suelta una buena dosis de metralla como permite que le lancen un gancho a la costillas. No tiene el fuelle suficiente para aguantar noventa minutos, y eso delata una plantilla poco trabajada. Ya no es una cuestión de énfasis, sino de mentalidad. De unas cuantas clases de coaching, ahora que está tan de moda.

Benito Floro fichó por el Real Madrid en el año 92 y exigió un psicólogo porque oteaba desde el horizonte unas lagunas descaradas en la herencia que le dejaron Radomir Antic y Leo Beenhakker. La novedad eclipsó a los jugadores hasta que llegó la fatídica noche de Riazor, en la que el ‘Super Dépor’ remontó un 0-2 para desastre merengue, Unas fechas después, cayeron en Sevilla y los jugadores utilizaron una habitación del hotel de concentración como consulta improvisada. Sin Floro ni el psicólogo. Al final, Ramón Mendoza prescindió de sus servicios. Este Madrid necesita otra habitación de hotel, una reunión en la que los jugadores analicen los síntomas del enfermo por su propia higiene mental. Quizá jugando a los médicos, coinciden que los males son los mismos que habla la calle. No esperar a que el Doctor House intuya el milagro. No obstante, Benítez no ha engañado a nadie, sólo a sí mismo y una vez: el día que decidió emborronar la pizarra y plegarse a la mercadotecnia, a la alineación más ‘hollywoodiense’. Cero a cuatro del Barça y sin preguntar. Eso es ganar con estilo.

La guillotina

Jueves, 24 Diciembre 2015

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El casting ha empezado y en la trastienda de la planta noble del Bernabéu el presidente ha desenrollado la alfombra roja. En su permanente crisis, el Real Madrid es como un niño que toquetea todas las teclas en su primera clase de piano: quizá dé con alguna melodía medianamente audible dentro del estridente batiburrillo. O quizá el estropicio alcance proporciones bíblicas. Florentino Pérez no ha echado a Rafa Benítez porque se desprendería de su muñeco de pim, pam, pum. Los silbidos todavía revientan los tímpanos del entrenador cada vez que el speaker se come el marrón de anunciar su nombre. Sin embargo, un cabreo más acelerará la muerte anunciada. La directiva se prepara para otro entierro multitudinario en el que la tradición norteamericana exige un convite en casa del difunto. Todos contentos y a la espera de otro jacobino guillotinado. Benítez entiende su juego como el PC Fútbol que condensaba un millón de estadísticas para construir equipos. Por eso, el juego del perro y el gato con James obedece a su silueta ensanchada y, por eso, ha purgado la inspiración de Isco por su escaso bagaje en asistencias. Un mundo lleno de números,  a veces lógicos y otras inconexos, que sólo entendía la mente maravillosa de John Nash. Así acabará en unas semanas Mister Rafa, sumido en un papeleo de informes sin que a nadie le interesa el esfuerzo prestado.

En el Madrid o ganas o fracasas. Lo dijeron muchos entrenadores, entre ellos Fabio Capello, cuya candidatura a puesto interino ha cogido cuerpo. La urgencia de rascar en la costra del Barcelona es tan agobiante, que el presidente es capaz de marginar su manoseada excelencia por un fútbol ladrillo y pestilente que saque resultados. Cualquier solución para no alargar demasiado el fantasma de Ancelotti. La antípoda de Capello golpearía con puño de hierro un vestuario que se había acostumbrado al colegueo de Carletto. De repente, Clint Eastwood entraría como el sargento de hierro en el barracón. Y sin tonterías, obvio. El italiano siempre ha exigido cobrar un euro más que la estrella del equipo: se lo hizo saber a Lorenzo Sanz (1996) y, por supuesto,  a Ramón Calderón (2006). Sin duda, tiempos muy remotos en los que las marcas de calzoncillos y el twitter no contemplaban al futbolista como hombre anuncio.

El presidente no quiere quemar tan rápido a Zidane, de quien augura ínfulas ‘guardiolistas’. Es la razón por la que se le ha dado el Castilla, un fogueo ¿necesario? antes de vestir su traje de Mango (del que es imagen) en el Bernabéu. Entonces, ¿quién aceptará intentar solucionar un apaño y cobrar un finiquito exprés? Desde luego que Mourinho no. Su sola presencia causaría una guerra civil interna contra sus proscritos (Ramos, Cristiano y Pepe). Por descarte, Víctor Fernández se podría colar por la rendija. Sin ruido, si líos, intentando cumplir expediente y vuelta a Valdebebas (o no). Una ex leyenda del club esgrimió esta posibilidad en los días previos del fatídico Madrid 0-Barça 4. Víctor sonó dos veces para el banquillo blanco en plena efervescencia celeste. cuando de la nada inventó un Celta muy juguetón, como el de esta Liga. En la calle suena a apuesta suicida, pero a la directiva le contentaría un currículum tan pulcro hasta junio.  Será entonces cuando entre en liza el enésimo proyecto con Zizou.  Un tiro al aire para saber si suena la flauta, salvo que le permitan margen de error. O dicho con chabacanería, cagarla sin miedo a perder la cabeza.

El pasado siempre fue mejor

Lunes, 14 Diciembre 2015

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Cristiano Ronaldo utilizó la ESPN de consultorio matrimonial: “Ancelotti era como un gran oso. Un tipo genial, muy sensible”. Obús directo a la planta noble del Bernabéu. La entrevista se grabó antes del panorama apocalíptico que asola al Real Madrid este lunes; no obstante, cualquier otro resultado en Villarreal no habría manipulado sentimientos. La plantilla no cree en Rafa Benítez, ni éste en el proyecto faraónico que impone a la BBC. Si el entrenador no se traicionara a sí mismo, su equipo prescindiría de ese tridente tan ‘marketiniano’, de alfombra roja de Hollywood. Hasta que llegó al Bernabéu, su predilección por el fútbol siderúrgico era innegociable; ahora paga el tributo por vestir traje de Armani. La temeraria alineación del clásico contentó al palco y a la gente, pero desquició las tácticas informatizadas del entrenador. En El Madrigal optó por Casemiro, su bíceps en el campo, y la pizarra acabó emborronada de rayajos. La solución es jeroglífica, un sudoku que nadie en el club se va a molestar en completar. Al menos, con Benítez.

El Madrid carece de actitud y de fútbol. Un cuarto de hora no es la coartada perfecta para hacer de abogado del diablo, porque la primera parte contempló a un Villarreal espabilado y a otro en el limbo. El Depor había cantado bingo en el Camp Nou, y los blancos tenían la Liga en la mirilla del Kalashnikov, a medias entre un Barça dormido con cloroformo y una crisis a punto de extinguirse. El mundo al revés: el Madrid se vuelve a precipitar al abismo y el 2-2 de Barcelona acaba en un punto de oro y mirra. Lejos de las matemáticas, al vestuario merengue le preocupa la falta de ideas: no saben a lo que juegan y, peor, por qué juegan. “Últimamente no estamos a la altura de nuestro escudo ni de nuestra entidad”. Palabra de capitán Sergio Ramos. Y un aviso para navegantes. Por ejemplo, Gareth Bale, que a diferencia de Neymar en el Barça, aterrizó en Madrid con ínfulas de Balón de Oro. Es el último galáctico de Florentino Pérez y nadie le va a privar de esa obsesión. En cambio, a Neymar le dijo su representante Wagner Ribeiro que aprendiese de Messi a su vera. La prueba de que el algodón no engaña. Pero una historia es el misterio táctico del galés y otra más grave es su rebeldía delante de Benítez. Desobedeció la orden de cubrir el lateral del lesionado Marcelo y puso cara de ofendido cuando Jesé le comunicó las instrucciones del entrenador; duró medio minuto en la defensa y subió a por algún balón rifado. Cualquier Mourinho o Capello de la vida tomaría represalias.

La pitada contra el Rayo en la próxima jornada puede alcanzar proporciones bíblicas, Quizá sea cuando el presidente tome soluciones drásticas, porque por mucho menos la grada ha pedido decapitaciones. Y para seguir remando hace falta otra conjura: la ‘cofradía del clavo ardiendo de Roncero’ o, sin menos teatro, el sentido común: un Real Madrid al que le mueva el orgullo y, como señala Ramos, el peso de la historia. A la Quinta del Buitre nunca se le recriminó que no tumbara al PSV en aquella fatídica semifinal en Eindhoven. Al contrario, se le envolvió de épica. “Que mueran con las botas puestas. Y la camiseta sudada”. No lo dice uno de la calle, sino Paco Gento, historia viva de esa grandeza al que se le pide una visita a Valdebebas.

Capello style

Domingo, 29 Noviembre 2015

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El Madrid todavía no se ha levantado del diván del psicólogo. Le cuenta sus penas obsesionado con la pesadilla del clásico, estresado por el ruido exterior e inseguro de sí mismo incluso en trámites que suenan a goleada. El de Ucrania fue un mal entrenamiento, el de Eibar un marrón de tres puntos. En otra galaxia levita un Barça que pelea por un hueco en su leyenda desde que anestesió a su némesis: la cuestión nacional (la pregunta que se hace todo el mundo, como diría Manolo Lama) es saber qué Madrid despertará cuando regresen los duelos del Lejano Oeste. La cuesta hasta Navidad va rodada con equipos de otra liga; espera en enero un Valencia enrabietado cada vez que huele madridismo. Ni el aficionado más merengón agobiaría a Rafa Benítez con un rato de buen fútbol; ganar sí es suficiente para que el escarnio no se agigante. Ése fue el talante en la cajita de Ipurúa, donde las dimensiones del campo obligan a un fútbol siderúrgico antes que el delicatessen: el fútbol que le gusta al técnico, hablando en plata.

En una profesión cada vez más informatizada, Benítez se guía de las estadísticas. Sus respuestas son numéricas, de ahí que La Sexta anunciase el pasado viernes que, según el cuerpo técnico merengue, James Rodríguez es de los que menos trabajan en entrenamientos y partidos. Datos irrefutables para Mister Rafa. Sin embargo, el fútbol también se mueve por instinto o sensaciones, y el empeño en pegar con espátula a Gareth Bale de media punta centrado sólo lo entiende el entrenador. Ni siquiera una cifra podrá interpretar que el galés es práctico en una posición amorfa para él. Su galopada por la banda izquierda en la Champions recordó al olor añejo de Roberto Carlos. Precisamente, Ipurúa habría sido la pista de pruebas perfecta para dejar a Bale toda la autovía, del lateral al extremo. Bendita locura. No obstante, su gol de cabeza quizá alimente un debate interno: delantero centro. ¿Por qué no? A Cristiano Ronaldo le da mil patadas que le obliguen a colocarse en el punto de penalti como un boya de waterpolo. Todos quieren construir, como si fueran especialistas en mecano; hasta Benzema, socio único e intransferible de CR7 (la BBC sólo es una coartada de la prensa para darle la misma importancia al fichaje de los 91 millones o 100 según el Tottenham).

Ganar y punto. Es el único método para levantar a las masas. “A la caza del líder”, que fue el santo y seña de Fabio Capello en el vestuario la temporada del milagro. Entonces, reaparecerán las cofradías del clavo ardiendo y cualquier victoria pírrica, cualquier pestiño infumable valdrá su peso en oro. Así pensaba Capello y así vuelve a pensar este Madrid. La grandeza se reduce a los títulos. La bisutería de frivolite no tiene cabida en el Bernabéu.

Mejor la locura

Martes, 10 Noviembre 2015

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“Es curioso que el portero sea el mejor en cada partido”. Fabio Capello lanzó el dardo en El Partido de las 12 con su habitual socarronería italiana. Estaba escrito que Keylor Navas aguantaría el castillo de naipes hasta que cayera la primera carta por una cantada o, simplemente, una lesión. Sucedió lo segundo y los balones imposibles (quizá el primero no tanto) acabaron en la red. Veinticuatro horas después de su primera derrota, MARCA atinó en su portada de ayer: sí, Se veía venir porque el milagro de los panes y los peces (PSG) sólo podía ocurrir una vez. Y sin entrar en modo apocalíptico como pinta la mitad del país, nunca una derrota había dejado sensaciones tan preocupantes, que no catastróficas. Las barras de bar siguen discutiendo si Cristiano está en el limbo y por qué razón alienígena James Rodríguez no pertenece a la guardia pretoriana de Rafa Benítez. Un puñado minutos confirmaron la prueba del algodón: la zurda colombiana es el arma destructora de este Madrid, algo así como el Increible Hulk para Los Vengadores. Porque CR7 de momento es Cris para los amigos, como Mcmanaman fue el bonachón Steve hasta que empezó a jugar algo en el Bernabéu.

La paradoja táctica de Rafa Benítez, el entrenador que informatiza todo el fútbol, desconcierta al vestuario. Menos Keylor, Varane y Casemiro, el resto no tiene claro su propósito. Toni Kroos arrastra la fatiga de la pasada temporada, y eso que el marrón defensivo se lo come Casemiro; Modric es la CPU del equipo, pero en Sevilla se cortocircuitó por el barullo de arriba. Y ahí es donde Bale y Cristiano han revelado el secreto de la Coca Cola: no Benzema, no party. La BBC salta por los aires. El caso de Cristiano trasciende de una mala racha. Toda la intención que debería poner sobre el tapete la malgasta flirteando con su futuro en los medios. Benítez se agarrada a la coartada de un picapleitos de causas imposibles: así es la vida. Punto. Pero la mente de la estrella portuguesa es una coctelera en la que se mezcla su futuro parisino, el alarmante bajonazo físico en un tris y sin reprís,  y el ostracismo que sufre de delantero improvisado. Al final, resultará cierto que su mejor socio es Benzema, como Guti lo fue para Ronaldo Nazario (confesado por el brasileño).

A bote pronto, cualquier Madrid desde Mourinho suena melódico al contraataque. Y aunque al sector folclórico del madridismo le gustaría presumir de fútbol hegemónico, los grandes partidos se han resuelto con un equipo mortífero en el pim, pam, pum. Bale y Cristiano no saben regatear en una cabina de teléfono como Messi (Valdano dixit) porque son velociraptores que necesitan pradera libre. Habría que preguntar al entrenador si Isco es tan prescindible porque ralentiza ese ritmo vertiginoso; de ahí la importancia capital de Di María en el año de La Décima. El ansiado equilibrio de Benítez pega más en las tesis ‘guardiolistas’: el Madrid se desenvuelve mejor en la locura. Así disfruta el Bernabéu. El próximo duelo al sol sí puede ser letal. El Barça de Neymar llegará con Messi arreglado; será el momento de averiguar si el casting de entrenadores en la casa blanca vuelve a salir a escena.

 

Una mente maravillosa

Viernes, 23 Octubre 2015

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Y todavía esparciremos estiércol sobre el ‘amarrategui’ de  Rafa Benítez. El derbi del Calderón inyectó en vena un tremendismo repentino. De la noche a la mañana, un Real Madrid acostumbrado a orgías goleadoras, cambia el chip y se vuelve cuadriculado, más pendiente de introducir hormigón a la táctica que de aligerar armatoste. Un empate insípido en Gijón y el milagro de Kameni en el Bernabéu levantaron sospechas. La máxima clásica de que el Madrid siempre marca, hecha trizas. “En el pasado Calcio fuimos los que más chutamos y sólo marcamos dos goles menos que la Juventus”. Palabra del ‘Pipa’ Higuaín, el discutido goleador que, sin embargo, Mister Rafa se llevaría “incluso a la mesita de noche del dormitorio”.  Su universo recuerda al de John Nash, la mente maravillosa que ganó el Premio Nobel de Economía y murió obsesionado con un tsunami de ecuaciones y algoritmos matemáticos. Para Benítez cualquier detalle es cuantificable: nada sucede al azar porque todo tiene valor numérico. Son los porcentajes los que deducen si Cristiano Ronaldo rentabilizó los ocho kilómetros que recorrió durante un partido, o si los robos de balón de Casemiro son eficientes; es decir, sin errar el siguiente pase. Una explicación sencilla (y simplona) de la arquitectura que el técnico idea en cada proyecto.

“Las sensaciones se extraen de las lecturas numéricas”. No pertenece a una reflexión de los clásicos para analizar en un examen de Selectividad, es Rafa Benítez en estado puro en una entrevista a a Gazzetta dello Sport. Precisamente, sin recurrir a papel y bolígrafo, esas sensaciones delataron a un Madrid atrevido y descarado en el Parque de los Príncipes. Con una enfermería más tumultuosa que el camarote de los Hermanos Marx, Benítez y un puñado de acólitos sí creyeron que el segundo batallón daría guerra. Y vaya si lo hizo. El escaparate francés cegaba por fuera, pero por dentro estaba repleto de antiguallas. No por edad, sino porque el Paris Saint Germain compite en Europa al ritmo que le impone una liga francesa sin pesos pesados. El combate del siglo de esta jornada enfrentaba a Rocky Balboa, campeón del mundo contrastado, contra el emergente Ivan Drago, gigante de punch letal que intimida con su monumental presencia. Ésa era la sensación (Rafa prefiere decir prejuicio) que imponían Ibrahimovic, Cavani, Di María y medio equipo más. La mole francesa contra el rival que todos ansían tumbar, con o sin lesiones. Sin embargo, a este PSG le falta una victoria histórica que reedite su leyenda, la de aquel prodigio engendrado por Artur Jorge con Weah y Ginola a la cabeza. Los recuerdos de la goleada (4-1) motivaron durante toda la semana a una ciudad que espera que su nuevo mesías, Al-Khelaifi, pula cientos de millones hasta levantar una ‘Orejona’. Como el Chelsea de Abramovich.

 

Las casas de apuestas no se fiaban del Madrid. No de la nueva versión geométrica de Rafa. Las bajas de Bale y Benzema habían diezmado al equipo de francotiradores; un Modric entre algodones cambiaba el Macintosh de la sala de mandos por un simple PC. Es lo que pensaba la calle cuando vio a Jesé y Lucas Vázquez en el once titular. Apenas un puñado de minutos (y de estadísticas de posesión y pases precisos) convenció al madridismo: cero contraataques, el Madrid de Benítez se erigía en dominador, tal cual prometió en su primera rueda de prensa para asombro y carcajadas sibilinas de muchos periodistas presentes. ¿Entonces cuál es el secreto de Rafa Benítez? Que quien no se meta en la mollera el concepto de equilibrio, no participa. Y el esfuerzo requiere hábitos como los que llegó a implantar el ‘Loco’ Bielsa en el Athletic. Cuentan que el argentino obligaba a cada futbolista a ver en vídeo cada partido después de haberlo jugado. Y no con dos o tres días de margen, sino apenas unas horas, incluso después de los largos y tediosos viajes de Europa League. Bielsa, como Benítez, obliga a su staff a preparar película editada y personalizada para cada jugador. Y quien no responda a las preguntas teórico-tácticas del entrenador, mal comienzo. Una vida entregada al fascinante (o aburrido) arte de los números. La de John Nash, la de Benítez.

 

 

La ropa sucia del vestuario

Mircoles, 7 Octubre 2015

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“Me criticaban por no lavar la ropa sucia dentro del vestuario, pero es que llevaba tres meses lavándola y no se secaba nunca”. Ninguna frase describe mejor los eternos incendios de vestuario del Real Madrid como la del ocurrente John Benjamin Toshack. El galés convenció al presidente Ramón Mendoza de que su autoridad de hierro se impondría sobre el vedettismo de algunas estrellas, Hugo Sánchez por delante de todos. Más sonoro fue el caso de Guti, quien se atrevió a decir a la cara de otro presidente, Ramón Calderón, que ya bastaba de “soltar mierda por esa boquita”. Calderón había celebrado una ponencia días antes en la Universidad Villanueva de Madrid  y soltó lindezas como que el propio Guti seguía siendo una “promesa” con 30 años, que Beckham quería ser “actor de Hollywood”, y puso la guinda criticando que los futbolistas no pagasen ni cenas ni coches. Años después, la ropa sigue sin lavarse, manchada por la permanente pelea de egos, en salsa rosa o clave puramente táctica, como en el último affaire Benítez-Ramos.

La génesis del desencuentro viene del verano, con varios futbolistas merengues rebrincados por el despido de Carlo Ancelotti. Al fin y al cabo, Fabio Capello siempre tuvo razón: “La clave del Madrid no es ser buen entrenador, sino buen gestor de vestuario”. Y él, en su papel de Clint Eastwood en El Sargento de Hierro, construyó un barracón en Valdebebas, pero supo transigir cuando los capitanes le pidieron a gritos el regreso del defenestrado Beckham. Caso special one fue Mourinho, quien no dudó en sentar a Cristiano Ronaldo tras una rajada táctica y a Casillas por no compartir su exagerado maniqueísmo. El único que puede alardear de haber regateado al mourinhismo fue Lassana Diarra, a quien su técnico pidió que renovara ante la negativa continua del francés. Rafa Benítez escudriña hasta la última estadística que ignoraría la NASA; observa el fútbol como un algoritmo en el que resultado final no es lo único crucial. “¿’Amarrategui’? La gente no sabe que casi toda la primera parte la jugamos en la mitad de campo del Atleti”, justificó en El Partido de las 12. Sus contestaciones vienen guionizadas con dígitos; cualquier otra respuesta no sería suya. Y como bien matizó, a la prensa española nos gusta discutir si el apretón de manos fue firme o flojo, si Cristiano es el mejor jugador que ha entrenado, aunque Mister Rafa haya presenciado a otros prodigios de la genética.

Benítez abandonó la vieja Ciudad Deportiva de La Castellana en el periodo cretácico. Entonces, apenas un puñado de reporteros cubrían los entrenamientos sin la trabas de los departamentos de prensa; entonces, internet sólo era un proyecto gestado en Silicon Valley; entonces, el Real Madrid era el de las 6 Copas de Europa en blanco y negro. Décadas después, el nuevo look de Gareth Bale se difunde a la velocidad de la luz de Madrid a Alaska, pasando por Nueva Zelanda. Por eso, Benítez ha entendido en pocas horas que mentar a un futbolista para un cariñoso capón didáctico puede convulsionar al madridismo. Aunque muchas veces nos encarguemos de eso los ‘juntaletras’ (perdón). El entrenador no tuvo mala voluntad, pero ya sabe que delante de un micro no se pueden contar esos chascarrillos que se murmuran entre mano y mano de una partida de mus. Sin embargo, la ecuación no ha podido acabar de manera más incorrecta. A Sergio Ramos le ha superado la capitanía, no la veteranía. Como líder del equipo debió rebotar la pregunta capciosa, no devolverla frontalmente con un obús. Más carnaza para nosotros. Montada la telenovela, sólo había una solución: el apretón de manos. ¿Fuerte o flojo? Quizá sea lo que más interese a la gente, ¿no, Rafa?

 

 

 

 

Entre el fútbol y la siesta

Lunes, 5 Octubre 2015

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“Cuando el mejor de tu equipo es Casemiro, malo”. Lo dice un directivo de la planta noble del Bernabeu que no entiende por qué el Madrid no desangró la yugular del Atleti cuando estaba tocado y casi hundido. El ejemplo más práctico lo enseñó Arsene Wenger dos horas antes, con un Arsenal que logró hacerle jaque mate al United en apenas veinte minutos. Pero el estilo de Rafa Benítez no es orgiástico; prefiere mantener a raya al rival con un buen bloque de hormigón. En este mundo al revés, a Simeone le incomoda construir un Atlético de elaboración y no destrucción, mientras que Mister Rafa aplica las mismas tesis en un Inter siderúrgico que en este Real Madrid de los mil y un talentos. Tanto pesimismo merengue podría no haber existido si el equipo hubiese puesto en bucle los primeros diez minutos de derbi, hasta que el despiste de Sergio Ramos tumbó el castillo de naipes. Ése fue el red bull que dio alas al Atleti menos ‘cholista’ de los últimos tiempos. Quizá por eso, no fue el derbi eléctrico al que tipos como Diego Costa o Raúl García metían los voltios necesarios para abroncar el juego. La plantilla es más sugerente, con más peones de quita y pon y un pequeño ‘kuncito’ con ansias de liarla llamado Ángel Correa; pero sobre todo es higiénica. Aparece otro Atlético de laboratorio que intenta agarrar el balón a ras de césped y no envidar todas las cartas a los juegos de aviación. Este año las faltas ya no son medio gol y la cabeza de Godín no es tan prodigiosa. Falta madurar la nueva idea, pero hasta entonces se admiten ocurrencias en el think tank.

El Madrid también tiene demasiado trajín en su laboratorio de ideas. ¿Aguantará Florentino Pérez las reminiscencias ‘capellistas’ de Benítez? La segunda parte del Calderón fue una oda a la racanería que, pecando de ventajista, nadie sacaría a la palestra sin el gol de Vietto. Casemiro aguanta los puñetazos en las vértebras y permite que Kroos y Modric no se embarren tanto. El problema en la sala de máquinas es que la distancia entre el alemán y el croata son un buen puñado de galaxias. A favor de Modric, claro. Kroos recorre kilómetros esta temporada, muchos como un “pollo sin cabeza” (Toshack dixit). De repente, no encuentra ese guante de seda que coloca balones en cualquier palmo del campo. En cambio, Modric sigue siendo ahora mismo el futbolista total del Madrid., por delante de Cristiano, y de todos. Por segundo año consecutivo, un resfriado suyo puede alterar el destino de todo un club. Y no suena exagerado porque el precedente está ahí. Tampoco hay que recurrir a hipérboles para soltar que CR7 debería acabar su vida en el Madrid como delantero centro, y no en la banda izquierda donde sus dotes físicas comienzan a oxidarse. Su remate es tan letal por tierra, mar y aire, que no tiene nada que envidiar a Hugo Sánchez. Y eso son palabras mayores.

Benítez no es amarreta, ni siquiera practica el arte simplón del patapum p’arriba del que fardaba el guiñol de Javier Clemente. Sin embargo, el club le va a presionar si abusa en su vicio por la contención. La orden del general fue retrasar líneas para matar al contraataque y, lejos de sentenciar el derbi, acabó la noche con una crítica de Benzema: “Con todos atrás es muy difícil marcar goles”. Primer aviso de una de las estrellas del presidente. No obstante, las estadísticas son la prueba de que el algodón no engaña y los otros dos empates ante Sporting y Málaga fueron consecuencia de casi cincuenta disparos aciagos. Pero como el fútbol es una noria de sensaciones, la del Madrid de Rafa es que aburre a los puristas y en las barras de los bares. Los partidos de las cuatro de la tarde son una duda entre intentar sobreexcitarse con el Madrid delante de la tele o elegir el bendito hábito de la siesta. Casi una duda cartesiana. 

Pegada, siempre la pegada

Domingo, 27 Septiembre 2015

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La nulidad del Real Madrid delante de Kameni recordó la famosa escena de Pulp Fiction en la que sólo una “intervención divina” salva a John Travolta y Samuel L.Jackson de un tiroteo a quemarropa. Por tierra, mar y aire, el pupilo de Tommy N’Kono desquició a Cristiano Ronaldo hasta el punto de palmear un balón decisivo que Varane pudo haber aprovechado. “Partidos así sólo suceden una vez”, se justificó Marcelo después del partido. De repente, el Bernabéu es un templo presumible de ser profanado: el Granada estuvo a punto de reventar la fiesta y el Málaga, lejos de blindar su Fort Knox, intentó morder la yugular a la zaga. Sin una idea nítida, y con Modric y Kroos estorbándose en un galimatías táctico (razón: Rafa Benítez), el Madrid es un funambulista que busca el equilibrio entre la inspiración desesperada de Isco&Benzema y los balones a la cazuela que tanto pregonaba Javier Clemente. Treinta disparos sin pólvora no son un domingo cualquiera, tampoco lo es que CR7 calibre mal su Kalashnikov. Y el pícaro Kameni, que de parar a Messi sabe un rato, acabó consolando al portugués, obsesionado con el récord de Raúl y, sobre todo, consigo mismo. De su afán de superación depende el destino de esta temporada. Suena exageradamente crudo, pero se reduce a eso.

“De 1000 partidos, el Madrid habría ganado 999”. Es la tranquilidad de un directivo de la planta noble. Que no hayan ganado en dos jornadas, sólo preocupa a los estadistas que profetizan otra liga de cien puntos. De Ancelotti a Benítez ya ha transcurrido un verano y dos contrastes: el equipo se ha tomado en serio defender con hormigón, pero el ataque ya no es esa juerga alocada que tanto gustaba a la grada. El empate de anoche deja a los blancos sin margen de error en el próximo derbi: tumbar a Simeone es la coartada perfecta que necesita Mister Rafa para aplacar a la prensa carnívora; cualquier otro resultado arrojaría demasiada carnaza. Las rotaciones están espabilando a todo el vestuario, incluido Toni Kroos, al que se le critica un presunto agotamiento y, sin embargo, ayer corrió casi doce kilómetros. Y no se trata de la distancia sino de que su entrenador le ordena que defienda por detrás de Modric y le priva de soltar pases milimetrados o putts como el que se inventó el año pasado en su gol contra el Rayo.

Criticar por criticar es malgastar papel. Si el Madrid no ganó al Sporting y Málaga fue porque le traicionó ese punch de peso pesado que tantos puntos le ha dado durante décadas. No importaba que racanease de fútbol, “el concepto era el concepto”, en Airbag y en el Bernabéu, en Liga o en Champions, con o sin delantero centro. El hombre que sabía demasiado de eso era Hugo Sánchez, quien resumió sus 38 goles a un solo toque en un titular mítico: “Pegada, siempre la pegada”.

 

El reloj de arena

Mircoles, 19 Agosto 2015

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Hubo un tiempo que los patrocinadores de Roger Federer sugirieron al ex número uno mundial que cualquier resultado que fuese no ganar torneos suponía un fracaso. En pleno apogeo de su carrera, el tenista suizo se aceptó la advertencia como un reto porque Mercedes Benz, Rolex y Gillete querían anunciar al deportista perfecto, sin fisuras. Sin embargo, la eclosión de Rafa Nadal y su mítica victoria de Wimbledon devolvieron a Federer a la más cruda realidad: se había exigido a sí mismo una presión sobrehumana. Rafa Benítez se decidió por el Real Madrid consciente de que su proyecto se construiría a contrarreloj; el marrón de relevar a Ancelotti después de un año aciago, y con el crédito de la Décima vencido el pasado 30 de junio, borraban de un plumazo la paciencia metódica que siempre ha pedido a sus directivos. “En el Real Madrid ganas o fracasas: nadie se acuerda de los subcampeones”. Manolo Sanchís sabe perfectamente lo que dice porque ése es el “adn de la grandeza” del club. El nuevo año cero del Real Madrid tiene demasiado margen de mejora pero está amenazado por un reloj de arena. El último grano caerá cuando lo decida el tendido siete del Bernabéu, que anoche no transigió con Cristiano Ronaldo. Y mister Rafa no vive en una nube: reconoció que la puesta de largo del equipo le preocupó.

Le llaman resultadista y él responde con seriedad. No esconde que ganar por 1-0 le preocupa menos que un 5-4. “Tener el balón”, es la promesa simplona y envenenada que anunció en una entrevista a El País. Y no mintió. El Madrid del trofeo Bernabéu intentó sobar el balón, marearlo de banda a banda y sin la prisa de electrocutar al Galatasaray. Esa parsimonia inquieta a la grada, acostumbrada desde la época Mourinho a combates de cuerpo a cuerpo en los que casi siempre quedaba en pie el Madrid. Este equipo se esfuerza en bailar sobre el ring al ritmo de las piernas de Apollo Creed, pero el entrenamiento de pretemporada parece que ha agotado sus movimientos. El difunto Ramón Mendoza despidió a Radomir Antic con el Madrid liderando la Liga porque su fútbol le aburría a él, primero, y a todos los abonados. Cualquier aficionado que no viese el partido de anoche y haya esperado al resumen del telediario, concluirá que el equipo genera ocasiones por tierra, mar y aire. El trasfondo no es tan próspero de momento: la pelota rueda lenta, como si se deslizase por un tapete sudamericano, y el efecto sorpresa no existe salvo que se le ocurra a Isco. Porque Cristiano todavía está buscando la inspiración divina y Bale regresó a la posición que le da mil y patadas por la cabezonería de Carletto. A Benítez no le importa jugar con telégrafo, anunciando siempre el siguiente pase a la bota del compañero; quizá por eso, Marcelo se espabiló del sopor y probó con una virguería de fútbol-sala que disfrazó el trofeo.

La gran noticia para el Madrid es que Tony Stark aún no ha terminado el traje de su Iron Man al cien por cien de su capacidad. Es un destructor que apenas ha disparado dos cañonazos para intimidar. Y los jugadores tampoco juegan a tumba abierta en pretemporada por miedo a una repentina lesión. El maratón comienza el domingo en El Molinón, las depósitos de energía están llenos, pero la figura no está tan afilada como la de un keniata para adelantar rivales con una zancada estética. Todo lo contrario, este Madrid corre con zancos  y se ladea bruscamente como un elefante africano. ¿Paciencia? Sí, claro. El show acaba de comenzar. No obstante, la arena ya ha empezado a bajar en el reloj.