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El estado contra Neymar

Mircoles, 7 Septiembre 2016

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“La estrella de rock ya no se puede lanzar al público”.  Romario da Souza Faria, futbolista de vocación y senador de profesión, sólo habla de fútbol para sobreexcitar al pueblo. Alejado del discurso de sota, caballo y rey, la gente sabía que tarde o temprano usaría su afilada lengua para referirse a Neymar. Asunto nacional en Brasil, su cabreo de proporciones bíblicas en Maracaná (final olímpica) todavía guarda facturas pendientes. Leyendas como Roberto Rivelino le tildan de blasfemo a la canarinha; Felipao Scolari declina pronunciarse porque “podría causar problemas” y Globoesporte, el gigante mediático que fabrica corrientes de opinión, le defiende a capa y espada porque tiene contratos de exclusividad firmados con Neymar. Ídolo de masas y proscrito a la vez, su renuncia a la capitanía terminó de irritar a una nación temerosa de otro ‘maracanazo’. Él no compartió la pesadilla de Alemania pero, aun así,  también fue colocado en el paredón; peleó a tumba abierta los primeros partidos de los Juegos y la torcida se burló jaleando el nombre de la estrella femenina Marta. El barcelonista tragó bilis y calló, por recomendación de uno de sus agentes, Wagner Ribeiro, el mismo que le regaló el consejo de su vida cuando fichó por el Barcelona: “Pégate a Messi y aprende de él…de momento”.

Neymar acató la decisión de Dunga sin patalear como un niño de preescolar. Los JJ.OO. son un sueño de una noche de verano, literal, y él quería jugarlos en detrimento de la Copa América. La partida de póker había comenzado: o todo o nada, la gloria o la culpa del all-in sería suya y de nadie más. Cientos de Kalashnikovs cargadas para fusilar al astro con ínfulas de Pelé: demasiados muñecos de trapo para hacer vudú a un atleta al que su país critica que no rinda en el césped más de lo que lo hace en anuncios de televisión. Sin embargo, Neymar sacó la escuadra y el cartabón en la final contra Alemania, marcó por el ángulo imposible y luego repitió con el penalti que terminó una travesía demasiado dolorosa, la que empezó el día después de que Ronaldo le robara la cartera a Oliver Kahn. De enemigo público número uno a héroe del año, Maracaná le ovacionó hasta que Neymar descubrió a los aduladores. Los que decían que era un encantador de serpientes, los que escaneaban sus partidos para comprobar cuántas veces vagueaba y no corría por el campo. El campeón tiene memoria y así se lo hizo saber a un espectador de primera fila en la ya célebre imagen. O a todos aquellos que se sintieron aludidos con ese arrebato demoledor “¡Ahora van a tener que tragar!”.

En un puñado de días su supuesta infidelidad a la selección ha dado un giro de 180 grados. Ante Ecuador se remangó la camiseta e intentó robar balones como si no hubiera mañana; anoche peleó desde el suelo, corrió, amagó regates, tiró lambrettas y revolucionó a un equipo que necesita más talento que músculo. Casemiro y Neymar, piedra y pincel, los grandes protagonistas ante Colombia. La gente de la calle vuelve a congraciarse con su rey, porque el presente es él y el futuro….también es suyo. Los que dudaban del heredero de Messi se han quedado sin balas, aguardando a la próximo resacón en Las Vegas de Neymar, a que se hunda en el egoísmo del típico genio brasileño. No pasará de momento: el consejo de Ribeiro no se olvida.

 

Y no fueron diez goles de milagro

Mircoles, 9 Julio 2014

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“En esta Alemania jamás habría renunciado a jugar”. Fue la reflexión socarrona de Bernd Schuster pocos minutos después de la masacre del Mineirao. El legendario centrocampista teutón no quiso jugar con su país un amistoso contra Albania en 1983 porque coincidió con el nacimiento de su hijo y la rebeldía le costó la expulsión eterna. “En este equipo, hasta yo con mi edad me divertiría”, lo dice un sabio que, a estas alturas de su vida, ya lo ha visto todo en el mundillo del fútbol. O casi todo. Paco González acertó con el titular de la noche: “Esta goleada es la madre de todos los partidos de la historia”. Pasarán los siglos y el repaso más soberano que se haya visto en un Mundial todavía escocerá. Devolver una bofetada de tales proporciones bíblicas requeriría una Copa del Mundo en Berlín y otra goleada a la inversa, pero a tenor de la cabezonería del seleccionador Luis Felipe Scolari (ni un amago de dimisión), queda Brasil de hormigón para rato. De repente, el fútbol repartió papales distintos y el mítico Brasil del setenta fue imitado palmo a palmo por una Alemania jugona de tiqui-taca. Vamos, un Bayern de Guardiola en toda regla.

El espíritu Neymar, con David Luiz enseñando a todo el Mineirao su camiseta, se esfumó en un chasquillo de dedos. Lo que tardó Joachim Löw en descuartizar a la canarinha de pies a cabeza. El entrenador alemán siempre ha confiado en Khedira y aún se sorprende de la condición de paquete con la que la prensa española trata a su panzer preferido. Con la camiseta nacional, Khedira hace de Makelele y Özil al mismo tiempo (siendo más decisivo incluso que el ‘besugo’); o sea, un cóctel más gustoso que Fernandinho y Paulinho juntos, cuyo tacto por el balón sabe a suela de zapato. Pero Scolari quería morir con sus principios y, aunque se atornille al banquillo por muchos años, jamás habrá visos de jogo bonito. Sus ideales son músculo, mamporros y Neymar. Quizá tenga que atenerse a esta promoción en la que sólo el barcelonista divierte como un malabarista; no obstante, todavía quedan dispersos por ahí Ronaldinho, Robinho, Kaká y Lucas Moura, éste el gran ausente.

Con ellos tampoco habrían ganado nunca a Alemania pero sí habrían aportado algo de show. Como el que hizo, por ejemplo, Toni Kroos, fichaje inminente del Real Madrid. Guardiola no ha contado con él por su predilección hacia Thiago y eso que gana el Madrid. Es un pelotero de los que habría engatusado hasta al propio Alfredo Di Stefano: pisa el balón, medita la mejor jugada, y siempre encuentra un pase decisivo o un disparo a media distancia que busque las cosquillas del portero. Anoche encontró las de Julio César. Kroos vale para construir fútbol y volatilizarlo al contraataque, estilo preferido de Cristiano y Gareth Bale. Opinión diferente merece Schweinsteiger: su edad le ha reconvertido en un Paul Gascoigne con mentalidad germana.  Vertebra la columna de la selección y gambetea en un metro cuadrado, no le hace falta más. Como tampoco a Miroslav Klose, que ha dejado atrás a Ronaldo Nazario en goles mundialistas cazándolos por tierra, mar y aire. En cualquier generación alemana no puede faltar el delantero tanque por antonomasia; Klose aglutina varias camadas juntas y siempre ha sido necesario. Merece una despedida triunfal de Brasil.

El lloro desconsolado de David Luiz no fue inesperado. Sin Thiago Silva y Neymar, o con ellos, se barruntaba un epílogo cruel. Desde luego, Scolari jamás habría desactivado el martillo neumático de Löw. Y si éste no hubiera ordenado bajar el pistón, la goleada podría haber merodeado los diez goles. Habría bastado que Özil hubiese recuperado aquella versión que llegó a dejar boquiabierto al Bernabéu. Quien sí lo haría y un porrón de veces es el Raúl González Blanco de la Mannschaft. Él es Thomas Müller, antiestético corriendo, regateando y chutando, pero siempre delante del gol. Sin tener nada, lo tiene todo: oportunista como Raúl, infatigable en el esfuerzo, presiona por todo el césped olisqueando el balón. Su carácter arrollador lo ha transmitido a un equipo que pisotea y pisotea al rival hasta dejarle aplastado. Le da igual que sea en el nido de Brasil o en un partido de sábado por la tarde contra el Werder Bremen: su obsesión por el gol es de diván de psicólogo. Por eso, Alemania es el país más competitivo que ha existido siempre y, por eso, tenían que ser ellos los que firmaran la mayor vergüenza de la historia centenaria del fútbol. En el futuro ya no bastará que gane Brasil: o fabrican nuevos Zicos, Romarios y Ronaldos, o la torcida brasileña dejará de excitarse con el fútbol. De cualquier modo, siendo Scolari el comandante, la masacre no habrá terminado.

Brasil no busca nuevos ‘Ronaldinhos’

Domingo, 6 Julio 2014

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Ronaldinho Gaucho animó el pasado sábado a su selección con un tuit revelador: ‘¡Jugad con ALEGRÍA! Ése ha sido siempre nuestro lema’. Un mensaje de ánimo con una lectura mordaz entre líneas: la canarinha se gusta pero no gusta. Quizá si el Mundial no se celebrase en Brasil, los palos de la prensa terminarían siendo misiles tomahawk; pero para un país con una economía a la deriva sin remedio, el hexacampeonato es el único ansiolítico del pueblo. Ronaldinho es el gran ausente para cualquier país que no sea el suyo, y no porque aún pueda decidir partidos de alta alcurnia, sino por entretener al mundo con un simple pase sin mirar o una filigrana imposible; es decir, todos los detalles del extinto jogo bonito de su selección. Casualmente, el combinado del férreo Scolari jugó su mejor versión durante la primera parte contra Colombia: sin su habitual corsé, Marcelo se pareció a ese lateral izquierdo que sube la banda derecha del Bernabéu con la soltura de un regateador brasileño. Quién sabe si, con un Ronaldinho en el centro, Neymar y Hulk se hubieran desenfrenado.

Si Del Bosque comentó en el Mundial de Sudáfrica que el doble pivote era innegociable, a Scolari habría que practicarle una lobotomía para olvidarse de su pareja de ladrillo y argamasa. Ellos son Paulinho y un irreconocible Fernandinho que, en el Manchester City, parece menos leñero de lo que es con Brasil. Ambos reparten a diestro y siniestro gozando de cualquier bula arbitral (lo contrario sería mentir), pero al fin y al cabo es un estilo ganador, de momento. No obstante el riesgo de ‘Felipao’ es demasiado alto: ganar provocaría un éxtasis duradero hasta Rusia 2018; cualquier otro resultado, incluso el de ser finalista, alimentaría las críticas furibundas en la que sólo habría un culpable: el entrenador. Y no es una simple conjetura sino la opinión generalizada de los periodistas brasileños: “Sin Neymar, ya puede pegarla Hulk, a ver si hay suerte”, dice Luis Monaco del diario Estadao de Sao Paulo; “Brasil se tiene que agarrar al balón parado contra los maestros del balón parado (Alemania)”, explica Miguel Caballero de O Globo. La fractura de Neymar ha derrumbado anímicamente a la selección hasta el extremo de que el periódico La Folha se pregunta en portada ‘Cómo se desmonta maquinaria alemana’.

Quizá suene exagerado escribir que la baja de Thiago Silva dramatiza más la pesadilla brasileña que la ausencia de Neymar. Las razones son de pizarra: el central del Paris Saint Germain avasalla tanto en su área como en la contraria, en una especial de émulo de Fernando Hierro. Si había un jugador que los alemanes debían sostener entre dos era Silva. Y Scolari lo sabe. Desde luego, su misión es evidente: llegar a la final por lo civil o lo criminal. Entonces, nadie echará de menos la poca chispa que le queda a Ronaldinho. Seguro que algunos apasionados creen que tendría más mérito que el Brasil del 70.  Eso es porque el fútbol ha perdido la poca vergüenza que le quedaba y ya todo es comparable. ¡Qué pena!

Romario, el martillo pilón de la FIFA

Martes, 10 Junio 2014

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“Romario ataca, Ronaldo responde y Bebeto calla”. No es la crónica de un partido de la canarinha, sino el grotesco panorama político que ha causado el inminente Mundial. Así lo describe Alexandre Martins, amigo de Romario y ex agente de Ronaldo. Las manifestaciones populares que claman estos días por los recortes sociales las advirtió ‘O Baixinho’ hace meses, antes de que el gobierno brasileño superase su límite de 11.000 millones de dólares para organizar el Mundial, y la FIFA anunciase a todo el mundo que Brasil estaba “muy bien” acicalado para celebrar el campeonato. Joseph Blatter, quizá intuyendo el martillo pilón de Romario, puso en el escaparate a Ronaldo y Bebeto como los personajes mediáticos del torneo. “O Ronaldo y Bebeto no saben lo que está pasando, o lo saben y están fingiendo que no lo saben. De cualquier forma, los dos son unos ignorantes”. Fue el primer directo que el político Romario (ahora de profesión) lanzó a la mandíbula de sus ex compañeros de selección. Tantas concentraciones compartidas, tantas sambas bailadas en vestuarios de medio mundo y lo que se presuponía una fiesta común de fútbol ha destrozado el buen rollo de estos magos del fútbol. Al menos, ellos lo fueron con las botas puestas.

Romario es el hombre del momento en su país. Se ha subido a la ola populista desde su escaño de diputado del Partido Socialista Brasileño, una división pequeña pero que se sensibiliza con toda la ciudadanía por un propósito plausible: apoyar los derechos de los 45 millones de brasileños que sufren alguna minusvalía. Romario tiene una hija con síndrome de down, de nueve años, que suele recibir a todos aquellos paisanos que se acercan a su despacho de congresista en Brasilia. Entiende que la causa de su hija Ivy merece un respaldo político y unas leyes que coloquen a su nación a la vanguardia de las ayudas a los discapacitados. Pero los tentáculos de la FIFA con obras faraónicas interminables en los estadios y la desesperación social por gente a la que no le llegan los reales para comprar leche y pan han terminado por irritar al ex delantero diminuto del Barça. Dice que Ronaldo ha incumplido una promesa de 32.000 entradas del Mundial para los más desfavorecidos y, claro, el ‘Fenómeno’ no tardó en responder hace pocos meses: “Es lamentable que Romario me responsabilice por cosas que no me competen”.

Dos ídolos del pueblo peleándose delante de las televisiones, mientras Bebeto, también metido en política, se queda al margen. El ex deportivista no quiere líos que le puedan perjudicar en su carrera como asambleísta del Partido Democrático Laborista. Ha acudido a todos los actos previos del Mundial, se ha recorrido las obras de las doce sedes y nunca ha dejado de esbozar su eterna sonrisa. “¿Romario? Lo que importa es que los brasileños disfruten del Mundial”. Palabras vacías de un Bebeto que va cogiendo el tranquillo de la oratoria política. Es obvio que a tenor de las sacudidas diarias entre manifestantes y la policía, el país se ha visto forzado a elegir entre sus mitos futbolísticos: se queda con Romario sin pensarlo. Porque Ronaldo y Bebeto, aún si tener designado un sueldo oficial, huelen a FIFA de pies a cabeza; ponen la cara del Mundial ante el mundo y tratan de esconderse de fronteras para adentro. Allí reina ‘O Baixinho’ con sus lanzamisiles preparados por tierra, mar y aire, esté quien esté delante. “Ya consiguieron lo que vinieron a buscar: dinero”. Palabra de Romario da Souza Faria, quién sabe si próximo alcalde de Río de Janeiro y, en un futuro no muy lejano, O presidente.

El hambre de un tigre enjaulado

Mircoles, 28 Mayo 2014

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Mundial de Alemania 2006. Brasil debuta con una victoria pírrica ante Croacia por un gol a cero y su seleccionador, Carlos Alberto Parreira, lanza la primera advertencia a su vestuario: “No vamos a ganar el Mundial con las cinco estrellas de la camiseta”. Parreira quiso suturar la herida antes de que el batallón de periodistas brasileños enviados al Olímpico Berlín provocara la primera hemorragia. La constelación de estrellas invitaba a presenciar un espectáculo propio del Circo del Sol; Ronaldinho, Ronaldo, Kaká (entonces pletórico), Roberto Carlos y Robinho intuían una versión mejorada del Brasil campeón del 2002 contra la robotizada Alemania que no podía defraudar a toda una nación. Sin embargo, el seleccionador de la canarinha no compartía el entusiasmo popular: algo chirriaba y no era precisamente la mala puntería. “Insisto, ésta no es la manera de competir fuerte”, fue la segunda advertencia de Parreira en la rueda de prensa posterior a la segunda victoria amarga del torneo, contra la cenicienta Australia. Tuvo que ser el suplente Fred quien matara el partido con un segundo gol agónico, porque los australianos metieron el miedo en el cuerpo de Brasil hasta en tres córners. “Japón ha sido el mejor contrincante, pero no basta para jugar la final”. La prensa brasileña se sorprendió por la tercera advertencia del entrenador: Ronaldo, por fin, había perforado la portería y ésa era la coartada que necesitaba la torcida para creer en su equipo.

La goleada a Ghana en octavos provocó un estado de éxtasis engañoso. Aquel Brasil se parecía mucho al Real Madrid, con galácticos a granel que goleaban casi con desgana, por inercia. Y a Parreira no le hizo ninguna gracia. Sobre todo, cuando supieron que Francia se les cruzaba en cuartos de final.  Ellos habían liquidado a España tirando de oficio, Ghana sólo era un caramelo sin más aspiraciones que haber pasado la primera ronda. “A los franceses sólo se les puede ganar jugando en bloque, con la mirada del tigre”, aseguró Parreira en plan motivador. Rápidamente, los telediarios brasileños abrieron sus previas con escenas de Rocky, la frase del seleccionador había dado demasiado juego para cuentos épicos. ¿Quién estaba en lo cierto: el pesimista Parreira o la ruidosa afición brasileña que festejaba todos los goles aún sin su habitual ritmo de samba? La Francia de Zidane disiparía las dudas. Y vaya si lo hizo.

El Mundial de Alemania se recordará por ‘la victoria de la nada” (frase con la que Santi Segurola tituló en El País la conquista de Italia) y la gran última actuación de ‘Cinexin’ Zidane. Un puñado de controles davincianos, regates imposibles y pases estratosféricos tumbaron a una calcomanía muy barata de Brasil. El gol de Henry originado por el pasotismo de Roberto Carlos retrata la autocomplacencia que apabulló a la canarinha. Salir sin sudar la camiseta fue el viejo tópico que temió Parreira desde el principio en un vestuario que, sencillamente, no tenía que demostrar nada al mundo. Sólo presumir, sólo fardar. “Estuvimos desconectados, como si jugáramos un amistoso”, reflexionó el que fuera entrenador de la campeona del 94.

Vicente Del Bosque seguramente no pensará en los miedos de Parreira, pero su primera advertencia recuerda a la de su colega brasileño. “Los ojos de los jugadores no son los mismos que cuando empezaron”, alertó el seleccionador español contra la relajación. Dos Eurocopas, Sudáfrica y, lo más trascendental en el tiempo, el legado de la belleza estética, pueden anestesiar el apetito de otra selección que aspira a un récord inimaginable incluso a dos semanas de empezar el Mundial. Las habladurías de barra de bar dicen que los del Madrid ya han cumplido su misión; los colchoneros llegan baldados y hechos trizas, y los barcelonistas pendientes de sentirse importantes en el nuevo proyecto de Luis Enrique. Falta jugar, claro, pero esta vez no existe la sensación del hambre del tigre enjaulado de antaño.

¿Quieres jugar?, ¿quieres jugar? Brasil te va a enseñar

Lunes, 1 Julio 2013

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Pep Guardiola explicó una vez a un empleado de comunicación del Barça su manera de sentir el miedo escénico del Bernabeu: “A diferencia del Camp Nou, que es más abierto, el Bernabeu son cuatro paredes que impresionan. Pero si aguantas los primeros diez minutos, que son fundamentales, entonces todo es más fácil”. Xavi, Iniesta, Busquets o cualquier otro compañero de Dani Alves que estuviese en la Confederaciones no le preguntó a éste cómo respiraba Maracana. Y quizá fuese un despiste importante a tenor de lo que España se encontró de bruces; no aquel Maracana del Maracanazo, con casi doscientas mil personas hacinadas en las gradas, pero sí una ‘torcida’ numerosa, ruidosa y, sobre todo, apasionada, justo lo que falta en el fútbol español. Anoche los diez minutos iniciales de los que hablaba Guardiola fueron fatídicos: en el césped Brasil salió como Mike Tyson en sus grandes veladas, obsesionado con buscar el KO rotundo sin dejar menearse al contrario, y en la grada el estadio engulló a la selección española, casi que la intimidó. Y no fue un problema de actitud, sino de maestría táctica del cuadriculado Scolari y poderío físico, pequeño detalle que España agotó en la prórroga contra Italia.

España encajó rápido y, lo peor, se fió de su inercia ganadora; quedaba demasiado partido cómo para que ese doble pivote de picapedreros formado por Paulinho y Luiz Gustavo aguantara la presión asfixiante sobre Busquets un rato más. Desgraciadamente, aguantaron y desactivaron a la columna maestra de ‘La Roja’. A partir de ahí se fueron sucediendo el resto de problemas. Con Busquets anulado, Xavi e Iniesta no rascarían balón y, por tanto, el equipo quedaría fracturado. Scolari tiró abajo el castillo de naipes español y Del Bosque, ayer nostálgico de su queridísimo doble pivote con Xabi Alonso, no supo volver a encajar las vértebras de la columna en su sitio. Sin duda, fue un partido para eruditos del fútbol, una lección táctica en toda regla: si Neymar necesitaba espacios sin el agobio de los defensas, alguien debía hacer el trabajo sucio, o sea, incordiar a Ramos y Piqué. Solución: Fred, delantero en la sombra que marca goles de nueve puro y se pelea con sus marcadores hasta desesperarles. El primer gol fue de ratón de área, muy al estilo de Raúl González. Vamos, el rol que falla en España, aunque no lo hayamos necesitado todo este tiempo.

Pero el crack del baño brasileño, y del torneo, es quien merece bastantes líneas. Por de pronto, Sandro Rosell habrá suspirado de alivio porque espanta los fantasmas de un posible efecto Robinho. Y vale que Neymar no se fogueará en un PSV Eindhoven (Romario y Ronaldo) o en un Paris Saint Germain (Ronaldinho), pero la Confederaciones ha confirmado que no necesita ese paso intermedio. Si es espabilado, que parece que lo es, aprenderá de Messi hasta mimetizar algunas de sus genialidades. Entonces ya será el súmmum de la excitación futbolística. Como muestra, el catálogo que anoche desplegó la cresta más popular de Sudamérica sirve de idea para que Sport y Mundo Deportivo lo regalen en un DVD con el periódico del domingo. Sí, es un escándalo de jugador, aunque en la final Neymar fuese la comedia y Arbeloa la tragedia. ¡Vaya contraste!

Es una derrota sin paliativos e indigna para la mejor selección del momento. Pero en España tenemos la maliciosa tendencia de hiperbolizar con nuestro fútbol y después vienen los sopapos a gran escala. Salvando las distancias, por supuesto, España goleó a Ucrania por 4-0 en el debut del Mundial de 2006 y eso creó una efervescencia en la gente que Francia nos borró de un plumazo. Hace dos semanas parecía que el mundo se acababa con la demostración de Harlem Globetrotters contra Uruguay; Maracaná se presumía como el destino final para que La Roja ganase el tan codiciado juego de tronos. Y no se trata de eso: la selección vive una época orgiástica de buen fútbol que no va a cambiar de la noche a la mañana. Incluso, la derrota tiene su lado didáctico porque España tiene margen de mejora: conquistar dentro de un año lo que anoche se escapó. Sin embargo, hasta entonces tendremos que seguir aguantando el grito unánime de Maracaná: “Quer jogar?, Quer Jogar? O Brasil vai te ensinar”. Pueso eso, que nos enseñen…de momento.

Del Bosque, el gran estratega

Viernes, 28 Junio 2013

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A Del Bosque le tomaron por loco cuando, en el Real Madrid, sacrificó el talento trequartista de Guti para rebautizarlo de delantero centro o, mejor dicho, ya entonces de ‘falso nueve’. Con Morientes a menudo entre algodones, Guti se convirtió en estilete de la noche a la mañana y muy a pesar de las críticas de la opinión pública. El ‘catorce’, lejos de molestarse, espabiló rápido y fue marcando goles, así hasta dieciocho en aquella primera Liga de Figo. El Madrid se proclamó campeón y Del Bosque, ese ‘suicida táctico’, fue coronado como estratega mayor del reino. Trece años después,  Del Bosque miraba de reojo al banquillo del estadio de Fortaleza sin encontrarle a Fernando Torres un sustituto de garantías: Cesc y Soldado habían estado tocados durante toda la semana y Villa hacía demasiado tiempo que no afrontaba situaciones críticas. Y como debía tomar una decisión, el salmantino pensó en la ‘opción Guti’, personificada anoche en Javi Martínez. Su ex compañero Ander Herrera cazó a la primera la intención de Del Bosque en el twitter: “De central a delantero centro en año y medio, éste es bueno donde lo pongas”. Loren, aquel delantero del Athletic que pasó a adueñarse de la zaga de la Real Sociedad, ha dejado de ser el único y genuino rara avis.

No fue el único experimento volátil que intentó Del Bosque. Sin ir más lejos, eligió a Busquets para lanzar uno de los siete penaltis; nada extraño de no ser porque era el segundo penalti que lanzaba…¡en toda su carrera! Como anécdota, el primero lo falló, así que máximo riesgo, aunque el barcelonista no se lo confesó al seleccionador en el césped, tal como aclaró en COPE. Pero la madre de todas las apuestas era Iker Casillas. Con él nos jugábamos el primer momento decisivo de la Confederaciones y con él sufrimos hasta el final. Sus dos paradas de la primera parte fueron detenidas por todo el país, incluida la afición culé, ansiosa porque Mourinho y todas sus consecuencias vayan cayendo como un castillo de naipes. Pero ayer el espectro de Mourinho no pintaba nada; bueno, quizá algo cuando el portero no tuvo la flor de siempre en la tanda final. No obstante, a Casillas le vienen de maravilla estos partidos sobre el alambre para recuperar la confianza perdida.

España volvió a demostrarse a sí misma que sabe ganar con el mismo oficio que Italia, Alemania o la misma Brasil. Ya no se trata de esforzarse en maravillar para ganar, sino que en circunstancias atascadas La Roja maneja tan bien los tempos como antaño lo hizo el Madrid de Del Bosque en las Champions. Sin embargo, Prandelli se reveló como un fabuloso ajedrecista intuyendo cada jugada por delante de su colega español. Fue entonces cuando llegó el cambio de Torres por Javi Martínez y la regeneración milagrosa de la prórroga. Quizá cinco minutos más y la selección española no habría necesitado penaltis: Buffon era el único de sus compañeros que se mantenía erguido sobre el tapete, el resto ya había prestado un servicio impagable a su patria azzurra. Los italianos tienen que sentirse contentos.

Y en el horizonte Brasil, aunque ésta que parece extraterrestre en el mundo del jogo bonito. Por eso, cada vez que Neymar intenta una gambeta o un caño sin éxito, no supone ningún fraude en un combinado más musculoso que ingenioso. Así lo prefiere el cuadriculado Scolari y también nuestra selección, que ha patentado y modernizado aquel fútbol marciano del Brasil del setenta. Por fin llega un sueño quimérico: Brasil-España en el sagrado (y remozado) Maracaná, pero con los papales cambiados. España es la número uno del mundo, Brasil sólo un aspirante más.  

¿Un nuevo ‘maracanazo’?

Martes, 11 Septiembre 2012

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José Antonio Camacho no tuvo reparos en decir que la selección española tenía “jugadores con más dote” que Brasil en la víspera que ambos países jugaron en clave amistosa en Balaídos en 1999. La nueva España de Camacho necesitaba un sparring de altura para comprobar que los espectáculos versión Circo del Sol ofrecidos ante Austria (9-0), San Marino (0-9) y Chipre (8-0) no habían sido simples pachangas. Vigo llevaba tiempo reclamando un partido de la selección y la Federación decidió agasajarla con el mejor amistoso posible. La canarinha aún estaba tocada por el doloroso bofetón de Zidane en la final del Mundial de Francia, y seguía buscando una identidad de cara a la cita del 2002. Candinho, entonces seleccionador provisional, había traído su mejor artillería salvo a Ronaldo, todavía recuperándose de una lesión de rodilla previa a la que haría estremecer al mundo delante de Fernando Couto en aquel Lazio-Inter. (more…)

“La gente me dio el poder como un futbolista popular”

Lunes, 5 Diciembre 2011

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Partido de consolación del Mundial de Estados Unidos 94 en el Giants Stadium de New Jersey…la defensa de Bulgaria se las tenía tiesas con un solo sueco. La primera parte agonizaba con 3-0 pero Suecia aún no había colmado su voracidad, sobre todo Kennet Andersson, un gigantón espigado de 1, 93 metros de altura que hacía diabluras con el balón en los pies. Suyo fue el cuarto y definitivo antes del descanso para desesperación de Stoitchkov y flagelación de toda la zaga balcánica; Andersson había maravillado al mundo con un catálogo de asistencias, quiebros y testarazos que le convertían en un delantero único. Durante la retransmisión de TVE, José Ángel de la Casa no ocultó su admiración por quien fue una de las revelaciones del mundial y, entonces, el comentarista Míchel, de estreno en aquella cita que le fue negada por Javier Clemente, dijo que Andersson le recordaba al brasileño Sócrates, sólo que con unas botas más grandes que la talla 37 que calzaba el ‘doctor’. Era la primera vez que yo escuchaba el nombre de uno de los prestidigitadores cariocas más populares de Brasil, uno de los pocos futbolistas que sí entendió la dimensión popular de este deporte a pesar de que la gloria renegase de su talento.

“Gracias al fútbol conocí a personas que sufrieron muchísimo y también conocí el otro lado de la sociedad, los que lo tiene todo. Pude ver las dos caras de la sociedad en la que vivimos”. Sócrates nunca pretendió embelesar a las masas, sus reflexiones eran arrebatos de franqueza que su padre, le inculcó desde pequeño. Precisamente, Raimundo, el padre, prohibió a su hijo jugar al fútbol durante la infancia; quizás, la obsesión por la lectura griega motivó a Raimundo a educar a su familia lejos de una profesión que, a pesar de Pelé y Garrincha, no estaba reconocida socialmente en Brasil. Por eso, la prestigiosa Universidad de Sao Paulo acogió a un alumno que, sin intuirlo, se convertiría a la postre en el más célebre universitario que pasó por clase a mediados de los setenta. Sin embargo y a pesar de las reservas de su padre, éste tuvo que capitular a los deseos de Sócrates cuando le vio jugar por primera vez en un campo con las categorías inferiores del Botafogo…eso sí, el larguirucho delantero se llevó una bronca descomunal. Al final, se salió con la suya y pudo cambiar los estudios por el balón. El reto de Sócrates fue jugar en Europa, aunque su padre le quería allí para culminar la carrera de Medicina (durante sus estudios pasó parte del tiempo en Irlanda), que no terminaría hasta después de su retiro profesional.

El Botafogo fue testigo de un capricho de la naturaleza futbolística: había nacido un jugador extremadamente hábil con 1,92 de altura. Y no sólo eso, pues un hueso desencajado en el talón le otorgó el don de manejar el tacón para sellar pases que fueron bautizados made in Sócrates. Tal fue su talento de tacón que, incluso, se atrevía a lanzar penaltis de espaldas en entrenamientos y amistosos…y dicen que apenas fallaba. Del Botafogo pasó al Corinthians, el escaparate perfecto para pregonar su calidad y su activismo político con la archiconocida Democracia Corintiana, una forma de reivindicar su desacuerdo con la dictadura militar que gobernó Brasil de 1964 a 1985 para mitigar cualquier amago comunista. Sócrates promulgó que todas las decisiones concernientes al club en cuanto a contrataciones, entrenamientos y concentraciones, fueran votadas en el vestuario por mayoría simple. Pronto, la torcida brasileña se percató que no sólo admiraba a un deportista que le concedía en el césped grandes dosis de espectáculo circense, sino también a un icono social en tiempos difíciles. “Si la gente no tiene el poder de decir las cosas, entonces yo las digo por ellos. Si estuviera en el otro lado, no del lado de la gente, no habría nadie que escuchara mis opiniones”. Estrellas como Zico gozaban de la admiración del pueblo, pero el compromiso social de Sócrates todavía enamoraba más.

Es obvio que fue un futbolista poco ortodoxo en las costumbres de su gremio, pero, como a todos, las ansias de triunfar le inquietaron hasta el punto de llevarse una profunda decepción en el Mundial de España 82. Muchos aficionados creen que aquella verdeamarelha fue el mejor equipo que jamás levantó una copa del mundo; Sócrates también lo pensó y, por eso, fue él quien pidió disculpas públicas después de la eliminación ante Italia en Sarriá a pesar de su sublime actuación y contra Francia en los penaltis de cuartos de final de Méjico 86. Fue en este último partido donde Sócrates oteó el ocaso de una carrera extraordinaria pero poco recompensada. En la tanda de penaltis, se preparó para su lanzamiento, cogió poca carrerilla, acorde a su estilo, y el portero Bats interceptó su disparo. El camino de vuelta desde el punto de penalti hasta el centro del campo se le hizo larguísimo y, tal como reconoció después, se le pasaron por la cabeza desde aquellas pachangas en los juveniles del Botafogo hasta las causas sociales más acuciantes del mundo, las que reclamaba delante de un micrófono o escritas en las cintas que se colocaba en la cabeza, complementos trascendentales de su retrato futbolístico. Una vez acabado su fútbol, retomó Medicina, se licenció y la practicó; sus filiaciones políticas no pasaron inadvertidas para el ex presidente Lula, quien no pudo convencerle para alistarle en su partido,…desgraciadamente, el alcohol tampoco le miró de soslayo. Sócrates ha fallecido y nos deja una pregunta de la que no tuvo respuesta en vida: “¿Por qué causas más conmovedoras no mueven tanto como el fútbol: como los niños en la calle, los tsunamis, la miseria extrema en el corazón de África y en algunas otras esquinas, el genocidio y muchas otras?”…una gran reflexión de un tío grandilocuente que siempre hizo honor a su nombre de pila.              

Pato, más Pato…y, si acaso, Neymar

Lunes, 4 Julio 2011

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15 de junio de 2010. La disciplina castrense de Dunga en la selección brasileña no atraía demasiado optimismo entre la ‘torcida’. Luis Fabiano se erigía en la estrella intermitente de un combinado encorsetado en planteamientos avaros, lejos del jovial Brasil de anteriores mundiales. Aquella fecha fue la del debut en Sudáfrica….el rival, la novata Corea del Norte, debía plantear una mínima guerra para después rendirse a la goleada. Nada de eso sucedió: los favoritos salieron sin reprís, con miedo a defraudar y, lo peor, sin talento para asombrar. Kaká venía tocado y el torneo que le iba a redimir de su decepcionante primera temporada en Madrid se tornó en pesadilla; Robinho se hartó de pedalear bicicletas estáticas y la musculosa medular Felipe Melo-Gilberto Silva se dedicó a tumbar asiáticos. Un pírrico 2-1 fue la evidencia absoluta de que la canarinha había perdido su instinto, el de arrollar rivales a base de caños, paredes, triangulaciones, ‘espaldinhas’ y espuelas.

Anoche debutó la ‘otra’ selección…la de Neymar, Pato, Ganso y Robinho; la del balón rodeado de virtuosismo sin las reminiscencias del férreo Dunga. Pero, paradójicamente, el cuento ha cambiado poco. El cartel pintaba apabullante, como siempre, y acabó descafeinado….lo peor que se le puede achacar a los brasileños. Extraña que la misma Venezuela que salió escaldada ante España hace menos de un mes (0-3), se viniese arriba sin dificultades ante una de las dos favoritas, cuyo actuación no importaba tanto como ver a Neymar, a quien Florentino ha dado a conocer en un pispás. Si el presidente está obsesionado con un Messi de fabricación propia, Neymar todavía tendrá que esperar o, al menos, el Madrid deberá cuidarle con mimo y paciencia. Y eso que el chaval es buenísimo: se le ven maneras, es atrevido en el zigzag y no demasiado chupón (requisito importante en el Madrid de Cristiano). Aunque, más que su pobre concurso, trascendía verle en escena y hacerse una vaga idea de cómo juega….Miguel. A.Herguedas lo clava en su crónica de El Mundo, “Si alguien les pregunta, ya pueden decir que Neymar juega por la izquierda en Brasil, aunque también se viene al centro, para combinar con su amigo Ganso, con el que comparte todo menos peluquero. Gasta cresta y tiene un regate en el área para cortar el hipo….Y cuando le dejan metros para correr por el carril central, no es sencillo derribarle, por mucho que apenas dé 60 kilos en la báscula”. Imposible mejorar la descripción con sólo un puñado de imágenes.

Regates, pocos, pero los controles de balón que se inventó Pato merecieron un rato de partido. Hasta tres veces pinchó la pelota al estilo Zidane. Se nota que el Calcio le está curtiendo, prueba de ello es la corpulencia que ha cogido en las intensas sesiones de gimnasio obligatorias en el fútbol italiano. Sin duda, es el alumno aventajado en este equipo necesitado de talentos contrastados; el milanista lo está, Ganso va camino de y Neymar es más impredecible…puede que haya vacilado al mundo y en los próximos partidos (Paraguay y Ecuador) convenza a Florentino para que pague los 45 millones sin discusión previa. Hasta ahora, se habla más de él por rifirrafes que por ‘gambetas’, aunque anoche fue el seleccionador de Venezuela quien le incordió por un lance de los muchos que se cuecen en el césped. No obstante, el problema de haberse mediatizado en exceso es que cualquier arrebato, como la patada en la tángana del Santos-Peñarol, abre telediarios. Pero, para evaluarle con perspectiva, urgen más partidos y, sobre todo, traerle a Europa; es el único modo de calibrar un crack. Y seguir jugando en Brasil sólo alimenta especulaciones. Incluso, la Copa Ámerica no es suficiente barómetro para medir el ‘efecto Neymar’….que se lo digan a Messi. Salvo que a éste le queda poco por descubrir.  De momento, las elucubraciones no paran: Dani Alves dijo que le ficharía para el Barça, Roberto Carlos le reclamó para Europa este mismo verano, pero el mejor apologista de Neymar ha sido el presidente del Santos, Luis Álvaro de Oliveira Ribeiro,…”el presidente del Real Madrid llamó interesándose por el jugador, de no haberlo hecho no tendría ilusión por el fútbol”. ¡Caray, marchando 45 millones por Neymar!