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El comienzo tenebroso de Ferguson

Sbado, 11 Mayo 2013

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El fútbol regala momentos de inflexión que cambian para siempre la vida de ciertos personajes: le sucedió a Iker Casillas salvando la Novena en Glasgow con varias paradas milagrosas; el brasileño Ronaldo regresó al estrellato gracias a una cantada de Kahn en la final del Mundial del 2002; Vicente Del Bosque fue elegido entrenador interino en el año 2000 y consiguió contra todo pronóstico la Champions de París contra el Valencia y Louis Van Gaal salvó su cabeza por un cabezazo de Xavi Hernández en Valladolid, valga la redundancia. El ya mítico Sir Alex Ferguson también estuvo a punto de ir directo al cadalso si su jugador Mark Robins no hubiese marcado el gol más decisivo de la historia contemporánea del Manchester United. Sucedió en el estadio City Ground de Nottingham, donde los diablos rojos afrontaban con piel de cordero la tercera ronda de la Copa inglesa del 90. El técnico escocés intuía el duelo como un ultimátum a su gestión fallida; directiva y afición se habían hartado de tres temporadas sin botín alguno y no iban a tolerar la solera de otro año más a ciegas. El ambiente no podía estar más inflamado; sobre todo, a raíz de una derrota contra el City en liga por 5-1 que motivó en Old Trafford la exhibición de una pancarta de proporciones considerables que rezaba: ‘Tres años de excusas y esto todavía es basura”.

El propio Ferguson describe sus principios al frente del United como su “etapa más oscura”. Aquella agónica victoria con el cabezazo de Robins eliminó al Nottingham y puso en órbita a un Manchester que rompería el maleficio de los títulos en Wembley, en la reedición de la final de desempate contra el Crystal Palace. Años más tarde, el legendario Gary Pallister, íntimo amigo del entrenador, desveló en público una conversación que mantuvo con su mister en la víspera de Nottingham y en la que le insinuó que una derrota más y “el periodo de Alex Ferguson habría sido uno de los más lamentables en los anales de la historia”. La sombra del idolatrado Matt Busby era demasiado alargada para Ferguson, a quien la prensa sensacionalista no paraba de recordarle las gestas del mejor entrenador de la historia del Manchester. El escocés fue tragando quina hasta que un día rompió su diplomacia con los periodistas: “Muchos en los medios creen mis errores han contribuido a este descalabro”, afirmó después de un empate contra el modestísimo Luton Town que relegó al Manchester a la segunda plaza del campeonato en favor del Leeds. A pesar de la Recopa de la campaña anterior contra el Barça de Cruyff y la Copa de la Liga del 92, los directivos del United exigieron a Ferguson una liga inglesa que no conseguían desde hacía ¡veinticinco años!

Paul Ince, uno de los jugadores franquicia del Manchester a principios de los noventa, comentó una vez a un corrillo de periodistas que la hegemonía liguera del Liverpool era “un hecho del que podían presumir en Anfield” y que, por qué no confesarlo, “daba envidia sana”. Sus palabras venían propiciadas por una pancarta que, precisamente, la grada The Kopp de Anfield desplegó en un Liverpool-United de enero de 1994 y que decía: ‘Au revoir Cantona y Manchester United, Volved cuando ganéis 18’. A partir de ese instante, el pensamiento de Ferguson sólo contemplaba una obsesión: “Mi gran reto no tiene nada que ver con lo que está pasando, mi reto más grande es bajar al Liverpool de su puta posición, Y puedes imprimir eso”, espetó en una entrevista. Su colega y paisano del Liverpool, Graeme Souness, soltó una carcajada cuando le contaron el reto de Ferguson; no hizo falta ni una sola réplica. En 2011, cuando Alex se coronó rey de las Islas con la Premier número 19 del club (13 particular), preguntó con socarronería si Souness no tenía nada que decir ahora.

Superar al Liverpool ha sido la gran liberación de Ferguson, pero no la única. Cuando un entrenador va adquiriendo demasiada relevancia pública, las comparaciones con los antecesores se hacen odiosas. Tal cual le sucedió con su admirado Matt Busby que falleció en 1994. Alex soñó que, al igual que Busby, él también podría ser reconocido Sir por la monarquía británica. Su aportación al mundo del fútbol era más evidente a medida que el Manchester extendía su dominio en Reino Unido. Pero faltaba la culminación definitiva, que sólo podía comprenderse ganando en el viejo continente. “No puedo creerlo, no me lo creo. Fútbol. Maldita sea”. Fueron las únicas palabras que pudo articular Ferguson sobre el césped, después de que el mundo hubiese observado en el Camp Nou los tres minutos más locos de la historia de la Champions. El entrenador del United escupió su enésimo chicle (dicen que ha mascado más de catorce mil) cuando Solskjaer batió a Kahn y conseguía la remontada más milagrosa jamás imaginada. Entonces supo que había llegado su hora, el momento de ser recibido en Buckingham Palace para alcanzar el carisma de Sir Matt Busby. La reina Isabel II le nombró caballero de la orden del Imperio Británico: ya era Sir Alex. Precisamente, fue en ese acto donde reveló la arenga que había soltado en el vestuario durante el descanso de la final, cuando el Bayern de Munich ganaba por 1-0: “Al final de este partido, la Copa de Europa estará solo a unos metros de vosotros pero no podréis ni tocarla si perdemos. Para muchos de vosotros ésta será la mejor oportunidad de vuestra carrera. No os atreváis a volver aquí sin haberlo dado todo”.

Haber sido nombrado Sir reportó a Ferguson un estatus diferente; se había convertido en uno de los grandes personajes públicos de la sociedad inglesa. Tanto fue así que cuando el primer ministro Tony Blair dudaba qué hacer con Gordon Brown, pidió consejo al entrenador del United, laborista acérrimo. “¿Qué harías tu si tu mejor futbolista, por muy brillante que sea, hiciera lo que le diese la gana sin escucharte?”, le preguntó Blair: “Apartarle del equipo”, respondió con contundencia el escocés. Poco le importaba trasladar su ingenio a asuntos políticos e, incluso, musicales. El archifamoso Liam Gallagher, del mítico grupo Oasis y fiel seguidor del Manchester City, resumió una victoria de su equipo en un derbi diciendo que a Ferguson “las luces le debieron cegar porque se debió pasar por el whisky”. Informado de estas declaraciones, Sir Alex contraatacó: “¿Y éste qué demonios pinta aquí?”. Otra vez, cuando Nicolas Anelka jugaba en el Arsenal,  fue preguntado si le gustaba la forma elegante de correr que tenía el delantero francés, parecida a la de un puma. La salida de Ferguson fue genial: “Yo recuerdo la primera vez que vi a Ryan Giggs, tenía trece años y flotaba por el campo como un cocker spaniel detrás de un papel de aluminio que lleva el viento”. Una vida de genialidades dentro y fuera del campo, que siempre agradecerá a la cabecita de Mark Robins.

“Salid a jugar como sabéis”

Viernes, 24 Agosto 2012

Si a Tito Vilanova le preocupaba mimar el legado de Guardiola, el barcelonismo puede vivir tranquilo; es más, debe disfrutarlo porque la propuesta artística no ha cambiado, si acaso ha sido matizada. Pero con Iniesta impartiendo cursos de fútbol para altos coeficientes intelectuales, la sombra de cualquier entrenador es intrascendente. Al nuevo entrenador azulgrana le pasa como a Del Bosque durante el apogeo blanco de los Zidane, Figo y Ronaldo: basta una perogrullada como “salid a jugar como sabéis” para estimular a un vestuario. Porque los banquillos pasan de una mano a otra, pero Busquets sigue amortiguando los ataques enemigos; Xavi ha aprendido a dejar hibernando su ordenador central en momentos innecesarios, y el manchego, como Casillas, quizá tenga que recurrir al Circo del Sol para que le den un dichoso (o maldito) Balón de Oro.

La hoja de ruta azulgrana no olvida a Guardiola, por supuesto, pero Vilanova ha apostado por sus preferencias tácticas, las que siempre ha creído: su pizarra no contempla apelotonamientos en el centro; le gustan los extremos porque dan mayor perspectiva al ataque. Sin embargo, no son los típicos que suben la banda y alcanzan la línea de cal para centrar al área; no, Pedro recibe en la banda y cuando el regate es imposible, se viene adentro, allí donde Messi, Iniesta y Xavi combinan y triangulan hasta el atontamiento.

No obstante, mientras Tito deja rienda suelta a la imaginación de su equipo, el Madrid se rige por la autoridad faraónica de Mourinho.. .y si el portugués ordena levantar una cámara acorazada en su propio campo, ya puede el Barça jugar con extremos modernos o soltarle la correa a Messi: el resultado es nulo. Y eso que el Madrid se delató rápidamente: Mou contempló el partido como lo que es, una eliminatoria que siempre se resuelve en la vuelta, anoche gracias a otra intervención milagrosa de Casillas y una cagada monumental de su colega Valdés. Y aunque el suplente de la selección ostenta un manejo considerable del balón (como cualquier portero instruido en La Masia bajo la doctrina Cruyff), de vez en cuando enseña el lado oscuro, precisamente por cantadas con los pies.

El Madrid se montó su propia película en la primera parte y, aún siendo antagónica con el decálogo del buen madridista , le funcionó. Quizás no tenía que haber variado el sistema, debió pensar Mourinho en el instante que Xavi marcó el 3-1 casi fatídico. Pero la metamorfosis del equipo, obligada por Mourinho, ha convertido al Madrid de los clásicos en un vampiro que vive de chuparle la sangre a su eterno rival (cita genial de Roberto Palomar en El Partido de las 12). Y mientras Cristiano sólo aparezca para saciar su instinto depredador, los blancos no caerán en la lona, como mucho, perderán a los puntos.

La fe de Di María deja al Bernabéu con ganas de remontada, pero pone en un brete a Mourinho: ¿Saldrá hermético en su propio estadio o se irá descaradamente a por la yugular del Barça? Será la comidilla de los mentideros periodísticos (y de los bares con Marca y As) hasta que llegue el próximo miércoles. ¡Ah!, Paco González lo insinuó con convicción y la verdad es que tiene razón: otro de los triunfadores de la noche fue Luka Modric, porque un centrocampista con tan buen gusto de balón debería tener hueco a la vera de Xabi Alonso. Por desgracia, Khedira se ha vuelto a poner el corsé (no sabemos si por dictamen de su entrenador) y aquella versión horneada por Joachim Low en la Eurocopa se ha desvanecido. Si Mourinho les dijese aquello de “salid a jugar como sabéis”….

Un 6-1 injusto

Domingo, 5 Octubre 2008

El 6-1 de anoche ha sido uno de los resultados más injustos de la Liga en las últimas temporadas. La lógica indica que el repaso en el Camp Nou debió traducirse en un 10-1. Habría sido un marcador más exacto. El Barça humilló al Atlético hasta dejarlo en evidencia. Y tardó bien poco. Los rojiblancos salieron a espantar moscas y en dieciocho minutos ya habían encajado cuatro goles. Por cierto, goles de todos los colores: de calidad, de picardía, de vergüenza y con polémica. El caso es que el Atlético sigue suspendiendo en jugadas a balón parado. Y para mayor escarnio, no cuenta con porteros autoritarios en el juego aéreo. Anoche, el bochorno lo protagonizó Coupet , quien demostró que no está para más trotes. No en vano, tiene 36 años aunque pareció un pipiolo en el gol de falta de Messi. Tanto el portero francés como su defensa pecaron de pardillos. A los benjamines de las escuelas de fútbol les enseñan que siempre tiene que haber un jugador delante del balón para que el adversario no saque rápido ni sorprenda como lo hizo Leo. Pero el Atleti estaba a otra historia.

Los futbolistas rojiblancos concluirán que ha sido un accidente, pero si se analiza reposadamente, la lectura más clara es que este equipo continúa sin saber competir contra los grandes. Le sucedió contra el Sevilla y ayer ni siquiera resistieron un minuto de reloj. Si el Atlético quiere ser tomado en serio, debe cambiar de actitud. Sólo creyéndoselo, podrá guerrear con Madrid, Barça, Villarreal, etc. Como observaréis, el comentario ha comenzado con los deméritos del Atlético porque una goleada tan escandalosa suele  originarse más por los palos de ciego del derrotado que por la hazaña del ganador. Aún así, el Barça jugó de fábula y el titular no es que marcase seis, sino que erró otra media docena de ocasiones clarísimas.

Del duelo cósmico entre Messi y Agüero, nada de nada. El cara a cara se reserva para la vuelta. El ‘Khun’ ni olió el balón. Es más, con tanto seguimiento televisivo, su semblante con el 3-0 os lo podéis imaginar. Era el mismo gesto que el de Fernando Torres cuando el Barça le endosó otros seis tantos pero en el Calderón hace dos años. Entonces, el ‘niño’ dijo que hasta ahí había llegado, y se fue al Liverpool. Por el bien de nuestro fútbol, rezo para que a Agüero le quede mucha paciencia. Por otra parte, tampoco vamos a castigar a la sensación de la zaga, Ujfalusi. El checo aún está mareado por los quiebros de Etoo y Messi. Un mal partido, nefasto, y ya está.

Por último, Xavi se ha reencontrado consigo mismo. Vuelve a ser la computadora que registra, ordena, agiliza y facilita pases a sus compañeros. Claro está, que con la inestimable ayuda de su escudero Iniesta, el fútbol es sencillo y así lo hace el Barça. Pues eso,  los azulgranas por fin meten goles de las innumerables oportunidades que crean en cada partido, y el Atlético tiene que recibir tratamiento psicológico porque tras el parón de las selecciones, recibirán a otra de sus pesadillas, los vecinos del Bernabéu.  

Jolgorio azulgrana y tragicomedia atlética

Domingo, 17 Agosto 2008

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Comenzó la Champions y lo hizo sin sorpresa alguna. No había dudas de que el Barça golearía al Wisla Cracovia polaco y sí cierta certeza en que el Atlético de Madrid mantendría su condición de equipo poliédrico. No en vano, los sufridos seguidores atléticos temían el batacazo ante el Schalke en Alemania. Lo del Barça era presumible: rival dócil, tierno y manejable. No entiendo cómo la UEFA ha tolerado que estos equipos se hayan metido en liguillas de Champions, desvirtúan la competición europea por antonomasia. Pero el caso es que el Camp Nou se deleitó y regocijó con una noche de goleada aunque Guardiola no pudiera sacar muchas conclusiones dada la bondad polaca.

El Wisla será recordado por ser el convidado de piedra en la catarsis de Samuel Eto´o. El díscolo camerunés, otrora proscrito en Can Barça, y ahora reconciliado con Pep, sus compañeros y los socios, demostró que su problema no estriba en el césped, sino en su incontinencia verbal. Marcó dos goles, peleó, se sacrificó y fue aplaudido. Después del partido, técnico y jugadores agradecieron públicamente su esfuerzo. Bueno, en realidad, no sé si le alabaron o adularon, es cuestión de tiempo. Me pregunto qué sucederá cuando vengan mal dadas en la Ciudad Condal. Entonces, sabremos si Guardiola ha inculcado la prudencia necesaria al camerunés para no tener que oír susurros de crisis. Conjeturas aparte, este Barça tiene buena pinta. Aire fresco para un equipo remozado, con jugadores jóvenes (Alves, Hleb, Keita) y ansiosos de emular lo que el mayor proyecto de Laporta culminó con la Copa de Europa. Salvo que en dicha gesta el adalid del éxito fue Ronaldinho, y ahora, sólo Etoo se propone ser digno sucesor.

Y del Atlético de Madrid, lo de siempre. Mucha ilusión y todavía más decepción. Ni Aguirre ni los prebostes colchoneros se han cerciorado aún que la panacea de los innumerables achaques de este equipo no consiste en endilgar cinco o seis jugadores nuevos a la plantilla. A corto plazo, es decir, para la temporada entrante, urge un mediapunta innovador, un compositor de ataque que surta al Khun de jugadas de entrelíneas y pases de 40 metros. Vamos, un creador que imponga y aterre con su sola presencia. Lo decepcionante es que el club lo sabe y no hace nada. El jueves, el presidente Enrique Cerezo reclamó en los micrófonos de la Cope el fichaje de un futbolista con dichos parámetros. El presidente rojiblanco no entendía por qué el equipo jugaba de otra manera que no fuera con la del dichoso mediapunta. Sin quererlo pero de manera ostensible, Cerezo lanzó el primer dardo envenenado a su entrenador. Mal comienzo para la realidad atlético, ya de por sí tumultuosa.

Conspiraciones en el Camp Nou

Mircoles, 9 Julio 2008

Arde Troya en Barcelona. Cuando parecía que Laporta había digerido la ‘dulce derrota’ de la moción de censura, ahora resulta que le han crecido los enanos en su propio corrillo. El presidente del Barça se ha equivocado, los estatutos le salvaron el pasado domingo con casi un sesenta por ciento de masa social en contra, y sus directivos están temerosos porque el cielo les puede caer encima de sus cabezas con la actual coyuntura. Tanto ha calado el miedo en la cúpula del club, que quienes presumían ser delfines del presidente, le están instigando para que cese de sus funciones. Vamos, parte de la directiva de ‘Jan’ le sugestionará mañana jueves que se levante del trono para no ahondar más en la delicada vivencia de un club, no moribundo pero sí noqueado temporalmente.

La Ciudad Condal espera circunspecta a los acontecimientos que se sucederán mañana en la sede del Camp Nou. Anoche se celebró una previa al cónclave oficial en casa de uno de los directivos, Joan Boix. La reunión comenzó a las diez de la noche y se alargó hasta las tres de la madrugada. Hasta el momento todo normal. Pero el vicepresidente económico Ferrán Soriano y un grupo de directivos abandonaron la cita una hora antes que Laporta. Podría ser una anécdota liviana pero sin duda, es un síntoma grave de la fractura de la nave nodriza del Barça. En estos tiempos de crisis, cualquier gesto de los mandamases es examinado con lupa por los periodistas, quienes intentamos leer entrelíneas o mejor dicho, interpretar todo lo que sucede. Y la realidad es que Ferrán Soriano y un puñado de colegas están intentando desmarcarse de la cabeza visible, conscientes de que a Laporta sólo le falta el certificado de defunción. El núcleo de Soriano es sabedor de que esforzarse en la continuidad de este proyecto es darse golpes contra una pared de hormigón. La era Laporta se ha consumido y como habréis leído, no sólo está encabronada la afición.

Nunca fue aconsejable mezclar política y deporte. Tal sentencia nunca la ha acabado de comprender Laporta. El presidente con ínfulas de líder nacionalista ha instrumentalizado la influencia de su cargo quién sabe si para adentrarse en el conspirativo mundo de la política. De todos modos y en el caso de que tal conjetura fuera cierta, Laporta aportaría su experiencia en la Generalitat: de conspiraciones y facciones escindidas sabe mucho. Primero fue Sandro Rosell, ‘Sandrusco’ cuando era íntimo de ‘Jan’, y ahora podría ser el íntimo Ferrán, quien clave el aguijón. Mañana comienza el verdadero desafío de Laporta, pasado sabremos si sigue siendo el presidente con o sin el estandarte de la ‘Catalunya’ libre.