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Entradas con etiqueta ‘Caparrós’

“Me parto de risa con la crisis del Barça…”

Sbado, 29 Octubre 2011

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“Me parto de risa con la crisis del Barcelona, me parece una coña. Son profesionales, son los mejores y cuando no están contentos, tienen ganas de que llegue el partido más próximo para quitarse el mal sabor de boca“. Lo dijo Joaquín Caparrós en la COPE la víspera. Y no le falta razón, porque el runrún de las ‘crisis’  se reduce a una cuestión mediática: cuando la prensa murmulla dudas o se atreve a mentar la fatídica palabra en los dos grandes, estos se revuelven y callan bocas a base de repasos. Al Barça se le había apuntado con mira telescópica: haber ganado por la ley del mínimo esfuerzo suscitó dudas de autocomplacencia. Tales sospechas le perseguían desde Gijón (0-1) donde Guardiola reclamó fútbol control en vez de un ataque total. Y aunque sí es cierto que en Granada el Barça abusó de apatía mareando el balón de un lado a otro sin intención ninguna, también por la inestimable ayuda de un rival abúlico, al campeón no se le puede exigir sesiones diarias de Circo de Sol.

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“Hagamos un mundo protegido de la hipocresía”

Viernes, 4 Marzo 2011

 

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“En un mundo hipócrita, no ser hipócrita es un gran problema”. La parábola de Mourinho debería servir de enseñanza moral para él mismo, no como excusa para justificar sus groserías. Sí, lleva razón en que nunca entrenaría al Málaga, puesto que se ha trabajado un currículum para ambicionar otros proyectos; pero un personaje público de su envergadura mediática tiene que saber discernir entre lo políticamente correcto y la ofensa. Porque algún aficionado malagueño (o malacitano por el club) se habrá sentido molesto cuando han dejado a su equipo a la altura del betún. Y, precisamente, el entrenador de una entidad que presume de solemnidad ha de ceñirse a un protocolo; o sea que no vale todo en ese afán por devorar títulos. Mourinho ha demostrado que es un ganador nato y ése es el matiz que le ha traído al Bernabeu. Su venida fue desde el primer momento un órdago casi definitivo para Florentino Pérez, quien no quiere ver ni en pintura al ‘monstruo’ que le devoró en su primer mandato…sólo que el nuevo lo encarna el Barcelona. En consecuencia, el club se entretiene apagando los arrebatos incendiarios del gurú de la versión cáustica del madridismo, esa corriente peligrosa que consiste en un pataleo público constante sin dejar resquicio para la autocrítica. Quizá sea duro que un club como el Madrid tenga que resetear su propuesta deportiva; quizá sea más cómodo esperar que la ominosa coyuntura pase y el Barça deje de ser el Barça, o quizá los directivos se planteen una tormenta de ideas y diluciden algo más acorde al ideario de la institución. Siempre habrá una solución.

Y la escapatoria a tanta agitación podría ser la final de Copa. Visto como pinta el panorama, Mestalla es el subterfugio perfecto para explicar la temporada, amén de la Champions. El éxito blindaría a Mourinho y todas las connotaciones que su persona implica, pero creo que ésa no debe ser la actitud. Él se siente víctima del establishment de nuestro fútbol; nuestra prensa no está acostumbrada a que un protagonista de tan alto nivel ponga patas arriba las rotativas cada vez que le viene algo a la mente y su gremio tampoco. Jugadores y entrenadores de Primera División se han quedado pasmados con el abrumador halo que identifica al entrenador: unos, como Preciado, le creen un sobrado y otros aplauden su idiosincrasia. Es el caso de Caparrós, quien a principios de Liga comentó que su homólogo del Madrid “ha puesto de moda una idea que se veía rancia: ganar por encima de todo”. Acertadísima reflexión de un viejo zorro, pero que deja al Madrid subyugado al ‘efecto Mou’. El riesgo merecerá la pena si Casillas levanta copas; el contraste puede ser brutalmente pernicioso en el Bernabeu, empezando por la animadversión gratuita que se ha granjeado el entrenador para sí y para el club.

Mourinho dejó entrever que es un ‘incomprendido’ en su cruzada contra la hipocresía de este negocio. Sin embargo, sus alardes de sinceridad no calan del todo: él dice que son verdades y muchos piensan que es la cortina de humo con la que desvanece la verdadera cuestión: ¿por qué no juega bien el Madrid? El periodista Ladislao Moñino reprochó a Mourinho sus infinitas excusas y éste, al no verse claro ganador de la refriega, le pidió perdón hasta tres veces. Por supuesto, eso honra al portugués. El 7-0 al Málaga atemperó la rueda de prensa posterior: quiso justificar el cataclismo del experimento de Pellegrini (¿qué pensará Preciado?) y no se retractó de sus ‘cariños’ al equipo andaluz. Lo dijo sin titubeos: para qué iba a pedir perdón al Málaga. Insisto, claro que lo puede pensar, pero no debe decirlo. La grandeza del Madrid aún está por encima de todo. Por el momento y como dijo anoche Valdano, Mou “se salió un poco del guión”. Puede que él sea distinto en este mundillo hipócrita; a Tom Wolfe, el padre del nuevo periodismo, también le consideraron un extraño cuando abogó por “hacer un mundo protegido de la hipocresía”. En cualquier caso, el fútbol que hoy entendemos no tendría el amarillismo que tanto vende como alimentamos los periodistas deportivos. Sólo entonces, podremos hablar de fútbol.

Un rato de Athletic

Sbado, 12 Febrero 2011

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El asunto del Real Madrid está muy candente y, por ello, había que insistirle. Él, Fernando Llorente, todavía flipa consigo mismo; ni de lejos esperaba la recompensa mundialista y, sobre todo, ser el adalid de un proyecto entusiasta, de los que hacía lustros que no se agradecían en el bocho. Porque chirría que Lezama haya sido criticada durante muchos años por falta de alumnos aventajados: hablando de memoria, recuerdo que San Mamés vibró con el mediático Julen Guerrero (no sé cómo se habría reescrito la historia si hubiese aceptado aquella mil millonaria oferta del Madrid) a principios de los noventa. Entonces, el Athletic estuvo peleando por puestos de UEFA unas cuantas ligas, hasta que en el 98 su insistencia le premió con la Champions.  En este siglo salió otra remesa complaciente, que no extraordinaria,  con Del Horno, Gurpegui y Aranzubia, y también rondó Europa. Tanto es así, que Mourinho se llevó al lateral izquierdo al Chelsea, donde tristemente se diluyó.  Y ha sido esta última generación la que ha vuelto a revalorizar una de las escuelas con más solera del fútbol europeo.

Lezama vuelve a respirar fútbol en estado puro, con juveniles que amagan talentos exagerados y una buena corte de tutores regidos por Joaquín Caparrós, primero, y el excelso Irureta, en segundo orden. Ambos, junto a Llorente, aceptaron la invitación de COPE para descubrirnos el éxito del nuevo Athletic. Extraña, aunque siempre es bienvenido,  que un club tan idiosincrásico sea apetecible para media Europa; precisamente, ése no es el objetivo planteado en Lezama. Salvando las distancias con La Masía, Caparrós ha diseñado un equipo nutrido desde la cantera y con ganas de intentar algo serio. No obstante, tal como nos alertó Irureta, que no se nos ocurra mencionar ‘Champions’, por si luego se tuerce el cometido: el horizonte llega hasta la Europa League, de momento (esto último lo apostillo yo). 

Fernando ha eclosionado en un momento delicado: tocan elecciones y él es el reclamo electoral. Hasta la fecha, el presidente Macua no tiene rival oficial, aunque en los mentideros del bocho corrió como la pólvora un nombre, José Ignacio Goirigolzarri, ex consejero del BBVA, que supuestamente habría planteado un futuro sin Caparrós pero con Unai Emery (me dicen compis de Valencia que el actual entrenador no encaja en el próximo boceto del equipo). Son sólo habladurías y aunque se postulara alguien, Macua ha encontrado en el equipo su baza más creíble. En consecuencia, vender a Llorente significaría flagelar su mandato; el club tiene delantero para un buen puñado de temporadas y las insinuaciones del Madrid no trascienden del mercadeo de nombres de todos los años. Además, Caparrós ha atajado el asunto, está “hasta el gorro”, mientras que Macua insiste en que no hay lugar para la negociación: la cláusula es de 36 más IVA, o sea 63 ‘kilazos’. Y dudo que salvo un Abramovich de turno algún pretendiente vaya en serio hasta el final. Ni siquiera Florentino.

Pero no sólo Llorente le ha dado pedigrí al Athletic. También ha sonado Javi Martínez, cómo no para el Madrid. Veintidós añitos y una madurez meteórica son dos credenciales muy suculentas para una hipotética salida. No obstante, todavía le queda progresión y, por ende, muchas tardes en el casi centenario San Mamés y en el nuevo, todavía por construir. Y lo mejor es que detrás de ellos puja con fuerza el jovencísimo Muniain, cuyo virtuosismo de mitad de campo para arriba le ha dado un puesto titular cuando aún debería estar buscando sensaciones en la Primera División.  Los tres copan el escaparate mediático pero, como el Madrid ‘galáctico’, tiene una clase media: Gurpegui está haciendo un trabajo descomunal en la medular, Iraola siempre funciona en el lateral y a Mikel San José le ha venido de maravilla su instrucción defensiva en el fútbol inglés con el Liverpool promesas.

Por fin Lezama ha reactivado la fábrica en cadena. Y, sinceramente, la gracia sería que no se desprendiese de sus alhajas más queridas; al Athletic le hacía falta una generación así por historia, folclore y, más que nada, por entusiasmar a una afición devota a la vez que escéptica. Suena vulgar que el equipo  tan pronto opte a Europa como tontee con el descenso. O sea que, con o sin Caparrós, necesita tiempo para perseverarse, se lo merece. También merece el fútbol navarro un reconocimiento por su vital contribución al Athletic.

El inestimable ojo clínico de los ojeadores de Lezama contribuyó a que  Iraizoz, San José, Javi Martinez, Orbaiz, Gurpegui, Muniain, Iñigo Pérez y, el último, Ekiza, vistan de rojiblanco y no de ‘rojillo’. Todos son navarros, pero algunos no fueron rastreados por Osasuna y otros no calaron en la cantera de Tajonar. Ahí comienza la responsabilidad de Jabo Irureta, director de Lezama desde 2009. A Llorente no le descubrió él, no es su trabajo, pero su absoluta implicación es una garantía para la escuela, que está aprovechando al máximo el proyecto de captación de Macua. La intención es absorber jugadores: quedáos con Aymeric Laporte, un juvenil francés  con contrato profesional y muy buena pinta. Además, los ‘mini-Lezamas’ (escuelas de fútbol ubicadas por Vizcaya) fomentan el reclutamiento de chavales que despuntan en los pueblos. Está claro, “el Athletic vive por y para su cantera. Depende de ella para su existencia”, lo dice el míster, un tío de Utrera que aprendió rápido una filosofía distinta. Así que, por encima de Llorente, ya sabéis cuál es el cometido de Macua. Los susurros cada vez se escuchan más alto en Sevilla.

Casillas no es un tramposo

Lunes, 16 Marzo 2009

Confieso que aún doy vueltas a la teatralidad de Casillas. En San Mamés vimos al Iker más ‘humano’ y no me gustó, pese a que le entiendo. Por un momento, el portero madridista recurrió a la picardía futbolística para dar ventaja a su equipo. Es lícito que un jugador se aproveche de ciertos lances de un partido para beneficiarse, pero siempre hemos denunciado a aquéllos que simulan descaradamente e Iker lo hizo. Sorprende en el mostoleño porque siempre ha mantenido la vitola de deportista ejemplar, respetuoso con los rivales y con las reglas.

Hay jugadores, como los sevillistas Capel y Navas, que han hecho del teatro una artimaña muy útil. Lo que pasa es que las trampas valen una o dos veces. Después, quien las comete está muy calado. Evidentemente, Casillas no se ajusta para nada a este perfil pero, que el guardameta se echara las manos al rostro cuando Yeste le empujó en el pecho, es recriminable. Iker es un chico muy querido por la afición española debido a su carácter afable y sensato. Sus paradas son alabadas un domingo sí y otro también, pero si tíos modélicos fallan en las formas, debemos advertirlo.

Quizá Casillas no tuvo tiempo de actuar consecuentemente. El partido se encrespó demasiado; el graderío estaba sobreexcitado  y encima, el detonante de la expulsión de Yeste fue un gesto poco caballeroso del Athletic por no tirar el balón fuera cuando Sneijder estaba tumbado en el césped. Ahí los ‘leones’ estuvieron mal, al igual que Yeste, de quien todavía no se entiende cómo pudo enajenarse de ese modo. El magnífico jugador vasco nunca debió empujar a Casillas y menos, enervarse tanto. Su expulsión está bien ordenada a pesar del cabreo monumental de Caparrós, Llorente y compañía. El Madrid entró al trapo y salió victorioso a los puntos. La agresividad excesiva del Athletic fue su peor condena.

Precisamente, el cariz que tomó el partido desde el inicio fue lo que le pudo a Iker. Él es uno de los pocos jugadores conscientes de todo lo que se juega el equipo hasta final de temporada. Y si encima tiene que conservar la frialdad en un duelo a tumba abierta, normal que la vehemencia le sobrepase. No obstante, Casillas supo que se había equivocado a tenor de sus declaraciones posteriores. Incluso me atrevería a decir que su cantada en el gol de Llorente fue fruto de su remordimiento de conciencia. Iker nunca ha sido un tramposo y ahora tampoco.    

Athletic, Athletic, eup!

Jueves, 5 Marzo 2009

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Me encanta que el Athletic se desviva por la Copa. Es su trofeo, el que ha sublimado su historia centenaria. Pero veinticuatro años sin haber llegado a una final habían hecho dudar a la ciudad de ese modelo genuino a la par que atrevido y que confiere al Athletic, que no el Bilbao, un estatus único en el mundo. Además, hacía tiempo que el ‘bocho’ no se engalanaba para una fiesta. El club había sufrido un vía crucis de dos décadas y ni los más viejos del lugar recordaban cómo prepararse para una gran cita: la de anoche.

La euforia de las semifinales había estado candente desde hacía semanas. La afición sabía que era una oportunidad única que tardaría en volver a presentarse. La folclore del fútbol apuntaba a que debía ser la hinchada la que marcase el primer gol contra el Sevilla. Pues bien, más que pura retórica, pareció que el rugir de la grada intimidó a los sevillistas desde el pitido inicial. La Catedral se tornó en el Coliseo Romano y los actores cambiaron sus papeles: en el espectáculo de anoche, los leones acabarían con los gladiadores sin paliativos. Y para mayor regodeo de la afición rojiblanca, la función acabó pronto. Cinco minutos antes del descanso estaba todo sentenciado. Fue la diferencia entre un equipo que luchó para morir en el césped y otro que murió sin haber luchado.   

La hombrada de los chicos de Caparrós ha encontrado razones irrefutables para mantener la filosofía del club: a los chavales de Lezama se les inculca una apetencia desbordada por la Copa. Nunca veréis a un Athletic jugando desganado por su trofeo; partidos como el de ayer crean una simbiosis entre jugadores y afición difícil de igualar en otros clubes. Da igual que el equipo avance a trompicones en Liga sin una misión clara, una cita lo cambia todo para los seguidores; la cantera funciona sin cesar y cada cierto tiempo produce una hornada de futbolistas exultantes. Ocurrió con Julen Guerrero a principios de los noventa y ha vuelto a suceder con la explosión del fenómeno Fernando Llorente. El nuevo delantero ‘tanque’ del Athletic brotó con inmediatez, maduró con paciencia y se ha consolidado en un pispás merced a sus portentosas actuaciones. Y al igual que pasó con Guerrero, media Europa llamará a la puerta del Palacio de Ibaigane el próximo verano para comprar la flamante joya de la corona bilbaína. Entonces, averiguaremos si Llorente guarda lealtad al club de sus amores.

Pero lo que trasciende ahora es la final del 13 de mayo. Enfrente espera un Barcelona enigmático, con la incertidumbre de descubrir cómo andará en Liga y Champions por aquella fecha. De los vizcaínos sí sabremos que apostarán todo a esa carta, es la que les queda. Porque la leyenda secular del Athletic clama de nuevo por una Copa.