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Iker Casillas

Jueves, 10 Noviembre 2016

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Afiló el cuerpo el pasado verano. Sus movimientos son más escurridizos y la psicología inescrutable de la portería no le ha superado. En Oporto no hay ‘tendido siete’ como en el Bernabéu, y cada parada de esta temporada se sucede con un estruendoso aplauso del fondo norte al sur de Do Dragao. Iker Casillas “necesitaba respirar”, sí. La leyenda estaba siendo resquebrajada por cierta presión mediática y una minoría popular, incluso en su primer año en Portugal. Cada minuto con los guantes puestos era trabajo para la Inquisición; cada balón que rondaba su área, carnaza para el pelotón de fusileros de twitter. Los goles al Real Madrid llegaron a tener más morbo por culpa del capitán que por lo puñetero del propio gol.  Debajo de los palos había un rara avis descentrado que escuchaba silbidos y un puñado de barbaridades que le atrofiaban el instinto. Casillas tenía una flor en el culo; nunca una grosería tan gráfica había sido tan cierta. Le faltó un matiz: esa potra había que entrenarla, no baja del cielo porque sí. Con un rato de competición en el Porto (que no Oporto) y ya sin el estiércol que envolvió su ausencia mental en la pasada Eurocopa, Casillas ha recuperado el kwan, ese concepto místico que mueve el mundo de Cuba Gooding Jr. en la mentira del sueño americano llamada Jerry Maguire. “Amor, respeto, la comunidad y también los billetes. El paquete completo. El kwan”, según el receptor de los Arizona Cardinals.

Casillas ha reeditado sus estiradas imposibles que nos recuerdan a aquel chaval imberbe que asombró a J.B. Toshack en la vieja Ciudad Deportiva de La Castellana y, no tan lejos, al capitán que en Valdebebas detenía balones a bocajarro bajo el cálido manto de sus reflejos. El extinto yerno de España se hartó de que el primer café del país llevara su nombre…y el segundo también. Hoy es casi hijo predilecto en Oporto, una especie de salvador en busca de la gloria pérdida. Tres años sin ganar la liga agigantan el marrón para Iker. El reto de pelear contra  el Benfica estimula al ex madridista y sobreexcita a una afición demasiado exigente. No pudo ser el pasado fin de semana, a pesar de que voló en un disparo de Samaris e inquietó la tranquilidad de Lopetegui. La grada le busca, inmortaliza con teléfonos móviles y, con él delante, olvidan que hace dos veranos el presidente Pinto Da Costa desmontó medio equipo con ventas millonarias: Danilo y Sandro eran la pareja de laterales que envidiaba el mercado europeo; Casemiro es crucial en el Madrid tras haber hecho la mili en Portugal, y Jackson Martínez goleaba por inercia antes de averiarse en el Atlético y perderse para siempre en China. Pero el cabreo social no alcanzó proporciones bíblicas: Casillas es de los suyos, y pasea a gusto en la ciudad. Sin dar entrevistas, entrenando como si no hubiera mañana, ha logrado que las redes sociales ignoren a su muñeco de vudú favorito; tanto, que twitter parece una sesión de spa y masaje.

Hace un año escribí sobre el portero en la semana de su agria despedida y en su intrahistoria siempre recordaré la genial reflexión del dueño de los Red Sox al vanguardista Billy Bean (Brad Pitt) en Moneyball: “Sé que allí te están dando duro pero el primero en romper el muro siempre sangra… ¡Siempre!”. Él, Iker, fue el primero en desafiar el maniqueísmo de Mourinho: conmigo o contra mí, sin término medio. Ésa fue la génesis del ciclón que temporada a temporada fue ennegreciendo la leyenda de ‘El Santo’. Y no queriendo pecar de egoísmo, sin ganas de montar en cólera y crear una guerra de trincheras, nunca incendió una rueda de prensa para poner las cartas encima de la mesa. No es su estilo. Quizá fue un error no salir delante de las cámaras, pero así lo creyó y a lo hecho, pecho. Eso pertenece al pasado y no conviene revolverlo. Casillas se ha reseteado, empieza de cero en su segunda temporada como dragón. Su salud mental se lo aconseja. Y el Porto también. 

De Las Gaunas al Camp Nou

Domingo, 19 Julio 2015

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14 de agosto de 2014. El Espanyol acaba de empatar un amistoso en Olot (Girona) y a la salida del vestuario, entre el escaso puñado de periodistas que se había acercado a cubrir el bolo, Kiko Casilla tiene un gesto de complicidad con Tomás Guasch: “¿El Real Madrid? Veremos qué pasa, pero por qué no”, dice con sonrisa picarona el portero ‘perico’. Es el preludio de lo que tarde o temprano le iba a suceder a un portero de La Fábrica de Valdebebas. Sus casi dos metros gustaron tanto a Fabio Capello en 2006, que advirtió a los técnicos de la cantera que le cuidaran porque tenían en sus manos al “futuro Bodo Illgner”. Sobrio, valiente en las alturas y poco ‘palomitero’, Manolo Sanchís cree que es un portero de los que se requiere el mercado actual: talludo, que domina el área chica y bastante potable en el juego de pies. Credenciales que cubren de sobra la ausencia, ¿momentánea?, de David De Gea, también del mismo corte pero con la experiencia de haber celebrado su bautismo de fuego en un estadio tan exigente como Old Trafford. Casilla ha sostenido durante varios años al Espanyol, un equipo fusilado por tierra, mar y aire, y que con otro portero quizá hubiera sufrido en la zona caliente de la clasificación. El cambio de Cornellá al Bernabéu servirá de tubo de ensayo para averiguar si Casilla tiene porvenir y no es otra promesa embalada en la caja de otras aspiraciones fallidas como Adán, Jordi Codina, Cobeño, etc.

Julen Lopetegui aclaró una vez la razón de su ostracismo en el Barça de Johan Cruyff: “Me dijeron que a Cruyff le gustaba por mis reflejos. Pero yo sabía que la sombra de Zubizarreta era demasiado alargada”. Lopetegui, santo y seña del inolvidable CD Logroñés del ‘Tato’ Abadía y Toni Polster, también llamó la atención de los ojeadores en la vieja ciudad deportiva de La Castellana. Y como a Kiko Casilla, sabía que el club riojano era inexorablemente una estación intermedia. Nunca habría esperado la llamada personal de Cruyff; fue entonces cuando la oportunidad de su vida acabó en un tormento psicológico. De Las Gaunas al Camp Nou: el cambio fue demasiado brutal. “En el Logroñés me chutaban desde cualquier sitio. Estaba caliente todo el partido. En el Barça tienes que prepararte para detener los dos balones que te llegan”. No es fácil cambiar una costumbre tan peligrosa. Fernando Hierro comentó durante la Octava Copa de Europa que el portero del Real Madrid debía estar preparado para las dos o tres ocasiones que le llegaban. Sus palabras fueron rápidamente rebatidas por una estadística demoledora: a finales de los noventa, y  ya con Iker Casillas como titular indiscutible, el Madrid era uno de los equipos más acribillados tanto en Liga como en Champions. Casillas había empezado un máster acelerado de manera fulgurante: precoz para una responsabilidad “muy jodida”, como le dijo J.B. Toshack cuando le hizo debutar.

Kiko Casilla ya ha pisado cualquier estadio que engulla psicológicamente a un portero, aunque como  rival; es decir, sin tener que justificar la hoja de quejas. En el Espanyol se ha fogueado y ha madurado tanto para que Del Bosque le tenga en cuenta. Ahora llega el momento de la verdad: cualquier parada puede pasar desapercibida, pero una cantada sobredimensiona la crónica más aséptica. La comparación con el mito saliente se hace inevitable: no es sólo la presión del Bernabéu, también el holograma de Casillas que se le aparecerá en cada fondo. Kiko es un portero serio, muy alemán para aplacar los nervios y poco amigo de excentricidades teatrales de Paco Buyo. Puede que sea lo que necesite el Madrid en estos momentos. Un personaje ajeno a toda la guerra de trincheras que ha tambaleado al vestuario blanco en los últimos tiempos. “Casilla tiene que parar, ni más ni menos. Es su trabajo”, dice César, otro ex que tardó en digerir el paso de Valladolid a Madrid. También Rafa Nadal sólo se dedica a pasar bolas por encima de la red, como tantas veces ha insistido Toni Nadal en su sobrino. Aunque al final es más que eso. Simple, pero crudo.


El niño probeta

Lunes, 15 Junio 2015

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La travesía por el desierto está siendo dura. Las heridas del Mundial todavía no han suturado porque, sencillamente, no ha empezado la Eurocopa. Entre el lifting  poco convincente de España y la ternura del grupo de clasificación, la gente ha dado la espalda a ‘La Roja’; así lo certifican las audiencias de televisión. Ha tenido que hablar Piqué y responder la afición de León para encender (e incendiar) con napalm la convocatoria nacional. Quizá fuera la única forma de prestarle atención: Costa Rica y Bielorrusia apenas han ocupado un breve en los periódicos, salvo el morbo de Keylor Navas en la portería. Desaparecido el tiqui-taca, la selección es un niño probeta con un futuro sospechoso: nadie se atreve a asegurar que crecerá fuerte y sano.  A la generación de Luis Aragonés le ha sucedido otra promoción de locos bajitos que antes de triunfar tiene que meter la pata. Así sucedió en el Mundial de Alemania., pero entonces el ‘Sabio de Hortaleza’ había encontrado en Xavi la solución al eterno sudoku de España y peleó con esa idea. Del Bosque tampoco se olvida del balón, la verdadera génesis de tanta borrachera de éxito: Iniesta, ausente por lesión, todavía amaga con instantáneas de Oliver Atom que superan la ficción; Isco es el quinto elemento que está por llegar. De su imán en la bota de derecha depende la circulación sanguínea del ‘enfermo’.

Bielorrusia eligió el estadio del Bate Borisov para pergeñar una encerrona. Su particular Ipurúa amenazaba con cortocircuitar el juego de España y convulsionar aún más el incierto establishment de la selección. Pero, de repente, los nuestros salieron de la trinchera y buscaron la yugular del metalizado bloque bielorruso. Morata es un delantero centro que descompone defensas con red de arrastre; su pureza en el área facilita el fútbol en tres dimensiones del resto, entre ellos, un Jordi Alba que desgasta la banda como el correcaminos y ahora sólo tiene que alzar la cabeza para poner el balón en la olla. De la fábrica de laterales en serie que ha generado el Valencia, Alba es el que mejor imita la explosividad del ex madridista Roberto Carlos.; de su estado físico en Francia dependerá la viveza de la selección.  Y cómo no David Silva, considerado un duende en Manchester y que con la camiseta roja tan pronto saca el diablillo como se queda alelado en el limbo. El canario es creatividad pura, un Michael Laudrup en chico que nunca sabes cómo te va a sorprender; su espontaneidad atrajo al Real Madrid, que preguntó por él hace seis años. Y para romper muros de hormigón como el de anoche, mejor sortearlos que pegarlos de frente.

Y cómo no el efecto Casillas. Concentrado en la importancia de no complicar la clasificación, sacó un  mano a mano decisivo e inspiró confianza. Detuvo las tres ocasiones de los bielorrusos recordando aquella frase de Fernando Hierro cuando espetó que el Madrid necesitaba un portero que parase los dos balones que le llegaban al área. Casillas siempre superó esa expectativa, falseando además la reflexión de Hierro. Porque la estadística no miente y al Madrid del gran Iker le solían acribillar a disparos. Quizá sea tarde, pero un Casillas mentalizado, ajeno al ruido ensordecedor del entorno, puede competir contra De Gea sin ninguna sospecha. 

Un portavoz para el Real Madrid

Jueves, 12 Marzo 2015

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‘Nunca se abandona al compañero caído’. Es uno de los códigos vitales de los Marines estadounidenses. Y el campechano Kléper Laverán Lima Ferreira (para ustedes, Pepe)  lo entiende y comparte con orgullo de capitán en la sombra. Veinticuatro horas después del ruidoso abucheo al Real Madrid en su estadio, el central portugués dio la cara en El Partido de las 12 de Cope. El madridista nunca había vivido pitadas tan sonoras desde que Pedja Mijatovic apostó por él en 2007 previo pago de una indecente cantidad de 30 millones; indecente porque la prensa se llevó las manos a la cabeza cuando el Oporto anunció el precio de un central absolutamente desconocido en España. Lejos de aplicarse un comodón silencio stampa durante esta tempestad, se puso delante de un micrófono y, a pecho descubierto, defendió a muerte a su vestuario, sobre todo, a los grandes señalados en una noche que amagó con cuchillos largos.

Iker Casillas abandonó el estadio con un cabreo de proporciones bíblicas (no es opinión, es información). Decepcionado consigo mismo por su falta de “frescura” debajo de la portería, los telediarios han repetido hasta la saciedad sus fallos de anoche y las tertulias han recalentado un debate que no perderá su caspa hasta el día que el portero anuncie su adiós definitivo. “Iker es el mejor portero del mundo actualmente. Que le piten es extraño”, espetó Pepe con un tono tan sólido como sus entradas al balón. Antes salía sacar la trilladora, pero eran otros tiempos, cuando las televisiones dedicaban una cámara personalizada para todos sus movimientos. A estas alturas, en la jornada 26, sólo ha visto dos tarjetas amarillas. Ver para creer. Él confiesa que aprendió mucho de errores pasados y el vestuario le aplaudió por ello; por de pronto, Casillas, quien considera a Pepe un “crack”.

El portugués también demostró camaradería por Carlo Ancelotti. En sus horas más delicadas en el club, el italiano sabe que tiene el respaldo público de la plantilla, anoche en boca de Pepe: “No tenemos dudas de que tiene que seguir”. De un plumazo, borró cualquier sospecha perpetrada para vender periódicos. Y para enterrar de una vez por todas la fábula de la mano blanda, el defensa reveló los métodos de entrenamiento en Valdebebas: “Ahora entrenamos con más intensidad que antes (Mourinho)…el entrenador nos exige mucho. Por ejemplo, las cuestas”.  No fue la típica respuesta de cartón piedra que suelen dar los futbolistas para sacudirse el marrón de encima. Pepe explicó cómo entrenan con Ancelotti y su faceta de consigliere: “Me ha ayudado muchísimo. Me dijo que con mi calidad tenía que anticiparme porque soy rápido y fuerte”. No en vano, a sus 32 años pocos centrales del mundo son tan eficaces al corte como él. Sergio Ramos sabe que cuenta con el guardaespaldas perfecto.

Y por supuesto, José Mourinho. Sin síntomas de acritud, Pepe soltó un proyectil sin reventar al personaje: “Ahora sentimos que la gente no nos odia como antes”. El silencio en el estudio se volvió sepulcral porque todos intuían respuestas diplomáticas, sin rajadas ni tomahawks. Todo lo contrario. Su defensa acérrima de Casillas durante el último año de Mou y la desconfianza en los servicios médicos del Madrid, que no supieron diagnosticar su lesión en el pie, le sentenciaron para siempre en el universo Mourinho. Pepe no necesita fingir para airear viejos trapos sucios. Se ha ganado en el campo el derecho a hablar con autoridad delante de su vestuario o cualquier periodista que le pregunte por aquellos ‘porqués’. Como le dijo Paco González al final de la entrevista, “valdrías como portavoz lo mismo que de central. Que te pongan por Butragueño”. La prensa, encantada.

A muerte con Ancelotti

Jueves, 19 Febrero 2015

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El Madrid se tomó un valium en Alemania. Lo necesitaba. La depresión había sido demasiado angustiosa: la vergüenza del derbi, los pitos del Bernabéu…demasiado histerismo para la calma que exige el típico equipo alemán. La suerte del campeón fue cruzarse con un Schalke anodino, simplón y que no empató porque Iker Casillas tiene esa flor con la que cualquier portero sueña. Los palos de media Europa están bendecidos por el capitán; en concreto, cuarenta postes en toda su carrera de Champions que, lejos de brindarle una flor, le regalan toda la selva amazónica.  Pero hasta el latigazo de Marcelo, los blancos no sabían si soltar un par de directos y enemigo a la lona, o lanzar continuos jabs para juguetear sobre el ring. Al final, ni lo uno ni lo otro. Este Madrid nebuloso todavía no se ha aclarado porque su entrenador sigue garabateando la pizarra: que si 4-3-3, 4-2-2…da la sensación que jugando ancho de caderas tiene más empaque que en esa fisonomía afilada que impone la ‘BBC’. La conclusión es peligrosa: los blancos tienen un calendario muy resultón para fingir tranquilidad pero, si se esfuerzan en leer entre líneas, son trámites que no ocultan la verdadera preocupación del equipo: el clásico del Camp Nou del 22 de marzo. Entonces, se verá si han actuado en clave sofista de la Grecia Clásica o, de verdad, consiguen recuperar el juego que aduló sus oídos con titulares tan exagerados como ‘la mejor plantilla de la historia’.

La espesura del campeón parecía programada desde el vestuario. Viendo el primer cuarto de hora, a nadie le habría sorprendido que Ancelotti hubiese ordenado salir a ver qué pasaba, y que resolviese el azar. Y caprichos del fútbol, lo hizo quien más lo necesitaba: un Cristiano Ronaldo vapuleado por sus deslices de papel cuché y sometido a una pesadilla propia de diván de psicólogo. Su impresionante salto de gimnasta no le traicionó, pero los aspavientos y esa costumbre reciente de jurar en arameo cuando el chupón es otro le distraen demasiado. En cambio, si busca desmarques y mueve el balón como un Globetrotter, el ataque del equipo incorpora de una tacada infantería, ejército del aire y hasta el naval. Cristiano es medio Madrid pero, analizando su estado emocional, puede que siga siendo las tres patas del banco, a pesar de aquellas exageraciones mediáticas de principio de temporada. Sin embargo, como siempre una imagen vale más que mil palabras: Marcelo sacó un derechazo que recordó a los zurdazos de Roberto Carlos y se fue a celebrarlo en piña con Ancelotti metido casi en una melé. Preparado o no, el vestuario quiso lanzar un mensaje contundente: el equipo pelea a muerte por su entrenador y no tolera rumores ni chismorreos baratos sobre el futuro del banquillo. La charla de Carletto en el entrenamiento de la previa pretendía ‘resetear’ el devastado ánimo. Si servirá o no como inspiración, lo comprobaremos en Berlín. O no. Porque el Madrid tiene que mejorar demasiado.

Dos buenas noticias para el madridismo: la primera es el ansiado regreso de Pepe. El portugués hace bueno a cualquiera de su alrededor, por de pronto Varane, y su influencia es de gran capitán, casi con la magnitud de Fernando Hierro. Paco González contó anoche en El Partido de las 12 que el club le ofrecerá un año más de renovación por su excelente hoja de servicios. Florentino Pérez le considera madridista de pura cepa y le ofrecerá un digno retiro en el Bernabéu. Y, segundo, Toni Kroos volvió a dirigir el tráfico con ese joystick que tiene en los pies. Los ojeadores de otros clubes deben disfrutar elaborando sus vídeos: pases cortos con sentido, pases largos y calibrados por un francotirador, coberturas inteligentes y robos cruciales al estilo de Makelele en la era galáctica. Pequeños detalles que permiten sobrevivir a un Madrid al que le sigue rondando la misma pregunta de este 2015: ¿Cuándo volverá?

¿Síntomas de ‘galacticidio’?

Domingo, 15 Febrero 2015

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Arjen Robben suele arrancar desde la banda derecha y tiende a driblar hacia dentro, paralelo a la portería, hasta encontrar el ángulo perfecto para su rosca característica. A Leo Messi le gusta regatear piernas en el balcón del área y soltar un putt preciso al lado de la cepa del poste. Isco también ha aprendido a fotocopiar sus goles pero él prefiere pegarse la pelota con pegamento desde el vértice izquierdo del área, amagar cuantas veces requiera el defensa y conectar un disparo curvo a media altura. Y no suele fallar en su ejecución porque, como mínimo, el balón se estampa contra el palo. Ayer repitió ese latigazo liftado para sacar al Madrid de un serio apuro; la pelota cogió altura y sólo bajo para besar la red. El Bernabéu suspiró aliviado con su nuevo ídolo de masas porque el sopor que brindan los merengues promete las mismas sensaciones que jugar a la ruleta rusa. La probabilidad es que el Madrid gane casi siempre, pero ahora mismo le puede salir el partido tonto en cualquier momento. Mientras Cristiano Ronaldo actúe como el nuevo monsieur l’empané, Isco tendrá que muscular la espalda para aguantar el peso de un transatlántico de 500 millones.

Los plebiscitos del coliseo blanco dieron tanto morbo al partido, que este domingo los pseudo-informativos de deportes se han viciado a meter audímetros de las pitadas. Cualquier otra afición se habría conjurado en un estruendoso aplauso antes del pitido inicial, pero el Bernabéu (como el Camp Nou) es el tendido ‘siete’ de Las Ventas y no soporta ridículos históricos (derbi) ni carnaza periodística regada con salsa rosa (cumpleaños de Cristiano).  En el ojo del huracán Casillas, Ronaldo y Ancelotti. La letanía con el portero vuelve a debate: en cualquier otro país el respeto a los ídolos es innegociable, en España lo único innegociable es el rencor. De algunos, sin generalizar. Por si acaso y para redimirse del gol de Tiago, el capitán sacó un balón en pose argentina y otro en acto reflejo. Con Cristiano el murmullo aumentó demasiado los decibelios: sigue siendo el líder en horas bajas, aunque su exagerada ambición tiene la oportunidad de resarcirse porque casi ha tocado fondo. Y a Ancelotti le suplican a gritos la fórmula Luis Enrique, tan abominable a principio de temporada como aplaudida en estos momentos: rotaciones. Paco González no lo pudo expresar mejor en Tiempo de Juego: “Bale y Kroos beben agua como si fueran Lawrence de Arabia. Parecen muertos”. Ser agorero huele a ventajista, pero sólo hace falta echar un vistazo a las redes sociales para encontrar el término ‘galacticidio’ con una facilidad pasmosa. El Madrid sobrado de Carletto, el galáctico de Queiroz, ¿se acuerdan?

En aquella época megalomaniaca del Madrid, Zidane confesó a Ludovic Giuly, entonces jugador del Monaco, que estaban literalmente “agotados” durante el descanso que precedió a la catástrofe merengue en los cuartos de final de Champions en el estadio Luis II. La plantilla de pasarela Cibeles resultó ser los mismos “once cabrones de siempre” (copyright de JB Toshack) más Santi Solari, el banquillero de lujo. Ancelotti mira de reojo a su banquillo de circunstancias y sólo encuentra potable a Jesé. No habría sido mal día sacarle ayer para dejar al potro galés en la cuadra. El fútbol anterior a Navidad se ha ralentizado tanto como el Ferrari que no puede adelantar al Mercedes en recta ni con el DRS enchufado. Y la mejor noticia es que fue el Depor quien pisó el Bernabéu, la suerte del bombo europeo no ha querido meter por medio al Paris Saint Germain o la Juve. Ibrahimovic o Pogba no iban a ser tan condescendientes. 

“Nacho siempre cumple”

Viernes, 6 Febrero 2015

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“Te vamos a bautizar muy pronto”. Fue el consejo de Arsenio Iglesias a un jovencísimo García Calvo en vísperas de un crucial Real Madrid-Juventus de Champions League. El ‘Bruixo de Arteixo’ había sustituido al dúo Valdano-Cappa de manera interina en el conjunto blanco y decidió apostar por la fábrica de la antigua Ciudad Deportiva de La Castellana. Mucha pasión y nula experiencia para atar en corto a Alessandro Del Piero, la gran figura de la vecchia signora, y a su colega de diabluras, el canoso Fabrizio Ravanelli. “Nunca olvidaré el discurso de Hierro en el túnel de vestuarios: que no le diera la espalda a Del Piero, que asegurara el pase corto, que si pasaba apuros me deshiciese del balón con un patadón…”. Consejos de un veterano de guerra que el canterano asimiló mientras el Bernabéu tronaba desde las gradas. Y lo cierto que es García Calvo no desentonó ni un ápice: la Juve apenas chutó a Buyo y los blancos se marcaron el mejor partido de una temporada catastrófica. ‘Sanchís ha encontrado  digno heredero por mucho tiempo’, publicó el diario AS al día siguiente en el análisis personalizado de cada jugador. “Sabía que esas oportunidades llegaban una de mil, y si la cagaba, se acabaría mi carrera en el Madrid”. Curiosamente, el destino caprichoso mandó a García Calvo años después a la acera contraria, convirtiéndole en uno de los líderes de aquel Atlético que regresó miedoso de los ‘dos añitos en el infierno’.

A Nacho Fernández le ha llegado su hora. La afición le aplaudió hace unas semanas ante el Espanyol, cuando salió desde el banquillo para ocupar el lateral del expulsado Coentrao. Seguro con el balón y omnipresente en su banda, no sólo actúo de clásico lateral que sube la pelota hasta la medular; también entendió que su Madrid necesita carrileros con motor diesel; por eso, su atrevimiento le premió con un gol. “Es un com-pa-ñe-ro de los pies a la cabeza”, dijo Iker Casillas en una entrevista. El capitán siempre ha sentido devoción por la gente de la casa y Nacho es el último ejemplo silencioso del producto final que sale de Valdebebas. “Nacho siempre cumple”, palabra de José Mourinho. No en vano, celebró su debut en Mestalla hace casi cuatro años a la vera del portugués. Jugó de titular en la banda izquierda y recibió un golpe de Pablo Hernández. Pero lejos de amilanarse, siguió trotando magullado y sin mirar al banquillo ni siquiera de reojo por miedo a que Mou le sustituyera. Así es Nacho, tímido pero muy observador. Demasiado. Cada entrenamiento es un máster acelerado con los profesores más reputados: Pepe y Ramos le aleccionan de central, mientras Arbeloa le enseña los secretos del lateral polivalente. Consejos que va procesando como si fuera una CPU.

De momento, Nacho entrena en calidad de cuarto central. Pero tarde o temprano, y con una temporada tan pesada, los imprevistos debían llegar. Él garantiza un principio muy ‘cholista’: el esfuerzo no se negocia. Nunca se ha quejado por su eterna suplencia ni ha insinuado otra vida lejos del capital. Y Ancelotti premia esa LEALTAD en mayúsculas. Mañana hay derbi en el Calderón y Nacho se comerá el bendito o maldito marrón de frenar las embestidas del bisonte más temido, el ‘mariscal’ Godín. El doctorado de Nacho promete: las cabezas más privilegiadas de la Liga (copyright del Atleti) contra los próximos cimientos del Madrid, Varane y el canterano (con permiso de Sergio Ramos, claro).  J.A. García Calvo supo que su futuro dependía de mantener a raya a Del Piero. Y Nacho, como los quarterback de fútbol americano, se ha preparado una buena chuleta con todas y cada una de las jugadas del laboratorio Simeone. La reputación de Valdebebas está en juego. 

El Monte Rushmore

Domingo, 21 Diciembre 2014

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Iker Casillas advirtió en una entrevista con Cuatro en Marruecos que debían “mantener los pies en el suelo por miedo a volver estamparse como en 2004”. El capitán todavía recuerda aquella caída libre que provocó el llamado ‘galacticidio’ y, por eso, sospecha de tanta adulación. Hace una década la puesta en escena era parecida: un equipo construido, entonces mediante la filosofía de ‘zidanes y pavones’, para barrer en todas las competiciones. Y, desde luego, las intenciones no podían ser más prometedoras: líderes en la Liga sin nadie que les tosiera, y aspirantes casi exclusivos en Champions y Copa. Precisamente, la final de Montjuic contra el Zaragoza fue sólo la punta del iceberg que comenzó a resquebrajar el Titanic de Florentino Pérez. Semanas más tardes, Zidane susurró al oído de Ludovic Giuly en el descalabro de Mónaco que estaban literalmente “agotados”. Dicho y hecho. El Madrid más mediático de la historia devorado por sí mismo en apenas un puñado de partidos.

El Madrid de Ancelotti colecciona títulos a un ritmo vertiginoso porque se contempla a sí mismo como un gigante entre liliputienses. Y la realidad momentánea no le engaña: jugando al tran tran, ha levantado el Mundial de clubes con las pantunflas puestas. Es cierto que la competición no le ha exigido esfuerzos hercúleos porque el Cruz Azul hizo honor a su fatídica historia doméstica (18 años sin ganar la liga mexicana) y San Lorenzo de Almagro demostró media ración de agresividad y nada más. Con el trofeo en el zurrón, los merengues cierran un año de festín y afrontar el 2015 con un reto aún más ambicioso: meter mano de alguna manera al inolvidable Barcelona de Guardiola. A diferencia de 2004, la plantilla sí tiene esta vez suficiente fondo de armario: Isco dejó de ser banquillero de lujo para convertirse en un titular casi imprescindible con la lesión de Modric. Y Khedira ahora sí quiere renovar, a la vista de que un campeón mundial como él no quiere quedarse fuera de una foto que puede ser, sencillamente, bestial.

Casillas rebajó la efervescencia del momento, consciente de la cuesta de enero que se avecina. Arrigo Sacchi comentó el sábado en Italia que ve a un Madrid “poco fresco”. Y la vuelta de vacaciones no tiene falso llano: para empezar un regalo envenenado en Mestalla y días después las batallas coperas: primero, los derbis madrileños y, en caso de supervivencia, la madre de todos los partidos. Ahí es donde Ancelotti tendrá que impartir otro máster de gestión de equipo: repartir minutos a Jesé, Varane e Illarramendi; dar descanso a Benzema y Kroos; y convencer a Cristiano de que no podrá alinearse por capricho porque la primavera lo decide todo. Y repetir Champions es el sueño platónico dentro del vestuario (esto es información y no opinión).

Desde la temporada 2003/2004 el madridismo no había estado tan ilusionado. Aquella instantánea con Ronaldo, Zidane, Figo, Beckham y Raúl en la gira asiática quedó inmortalizada como el mayor casting de estrellas jamás reunido. Pero en todo este tiempo, el monte Rushmore ha cambiado de rostros, como no podía ser de otra manera. Cuando parecía que Cristiano no admitía personajes tan influyentes como él, ha aparecido Sergio Ramos, cuyo ascenso meteórico desde la “clase media” (¿recuerdan a Helguera, Makelele, Míchel Salgado?) al salón de los VIP se intuía fácil. En las nuevas caras también se puede esculpir la de Casillas, pero ya saben: él no es galáctico, sino de Móstoles. Lo dijo entonces y lo sigue pensando ahora.

 

Olor a napalm

Viernes, 10 Octubre 2014

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Derrota con olor a napalm. Lejos de una simple lamentación, las redes sociales rescataron aquel 2-0 en Suecia posterior al Mundial de Alemania. Incluso, los más apocalípticos compararon la herida de anoche con el hundimiento de Chipre que le costó la cabeza a Javier Clemente. Brasil ha dejado una herida sangrienta y complicada de cicatrizar; las grandes victorias de los últimos años han legado una herencia demasiado pesada para cualquier España, porque el agravio comparativo es demoledor. La selección todavía sube al ring con miedo a recibir otro directo a la lona; está en plena cocción intentando descubrir el regusto exacto. Y en esa transición, se tiene que acostumbrar a recibir bofetones y el qué dirán: de los palos se aprende. Cuatro derrotas en seis partidos invitan o, mejor dicho, obligan a Del Bosque a ignorar por un instante sus actos de fe en el tiqui-taca y probar nuevas recetas. Gente de futuro como Koke, Thiago e Isco saben tocar y sobarla, por ahí el balón está asegurado; quizá falte ese músculo del que Alemania sabe presumir en los momentos pertinentes. Una estilo híbrido con el que ataquemos en un pim, pam, pum sin necesidad de escanear el césped palmo a palmo.

España perdió como podía haber goleado si el portero eslovaco Kozacik no hubiese sacado tentáculos por todos lados. Él fue el héroe del partido y en la portería contraria Casillas el villano. Su cantada entierra el paradón de reflejos a lo David Barrufet: es el tormento eterno de cualquier portero. Y en el caso de Iker, la lupa sobre él tiene más ópticas que con el resto. Es injusto, pero son los grilletes que debe arrastrar. Precisamente, cuando había encontrado tranquilidad con un puñado de partidos sobrios, el primer gol propone indirectamente otro debate latoso en la portería de España. Aunque no más molesto que el de la falta de líderes. Con permiso del guardameta blanco y tras las retiradas de Xavi y Xabi, urge un jugador que reclame protagonismo para el clímax de la película. España echó de menos anoche la discreción de Iniesta, porque sigue siendo el más talentoso y sin su antiguo compañero de diabluras (Xavi), tiene que pedir turno de liderazgo.

La noticia agradable vuelve a darla Paco Alcácer, cuya voracidad no acabará hasta que la remache con títulos. De repente, ha adelantado por la derecha a Fernando Llorente, que no pertenece a la guardia pretoriana de Del Bosque; Negredo, lesionado sin fecha límite y Soldado, hundido en el ostracismo en el Tottenham. Alcácer está de moda en Valencia y con España, y si Diego Costa no estuviese arrasando la Premier, ya sería el delantero referencia de ‘La Roja’. Pero el crédito del hispano-brasileño tiene más fondo que las tarjetas opacas de Bankia por sus sensaciones goles en el Chelsea y el lío diplomático que casi acaba a tiros entre la Federación y Scolari. Éste es otro debate, el enésimo, porque a medida que se agrava la sequía de Costa, los murmullos suben decibelios. La sensación general es que el público no será paciente con esta España. Pero intentar recuperar la estética del pasado inmediato es, sencillamente, una quimera, la misma que es incapaz de imaginar que este Barça evoque a Guardiola.

Porteros como antioxidantes

Mircoles, 1 Octubre 2014

“Siempre he creído que Claudio Bravo era el titular”. Palabra de un Hristo Stoichkov que siempre ha desconfiado de las rotaciones. La nueva moda de la portería traicionó al atlético Oblak, cuyo P.V.P de 16 millones le perseguirá en vida, y anoche dejó a Ter Stegen a la altura del betún. Las referencias del alemán eran casi exquisitas: dominio aéreo, aceptable juego de pies y, ante todo, la sobriedad del portero alemán. Sin embargo, sus credenciales se borraron de un plumazo por una salida a por uvas. Stoichkov se preguntaba en COPE por qué cambiar la portería; Diego López y Casillas tampoco lo entendieron la temporada pasada. Aquella decisión poco ortodoxa de Ancelotti ha sido copiada por Simeone y Luis Enrique, aunque dos noches aciagas de Champions han podido dar carpetazo al lío. Queda un Madrid mentiroso, en el que su entrenador aseguró en verano que Iker para Liga y Champions, y Keylor para la Copa. Éste ya se ha fogueado en el Bernabéu a la espera de que a un Segunda ‘B’ le toque el gordo por adelantado o que el capitán nunca más vuelva a recuperar el ‘santo’.

“El Barça se confundió fichando a dos porteros de nivel”. Obviamente, no lo dijo Zubizarreta, responsable de sus fichajes y que vivió una época dorada donde la Copa era el único premio del suplente. En su caso, su sustituto del Dream Team fue el extravagante Carles Busquets, más parecido a un David Barrufet de balonmano que a la sombra del peor Urruticoechea, si es que lo hubo. El testimonio es de Vitor Baia, paradójicamente estrella en su tiempo pero que acabó engullido por sus propios errores en el Camp Nou. Baia recuerda que lo jugó todo durante el año de Bobby Robson, apenas dejando minutos al propio Busquets: “En equipos grandes, el portero necesita partidos para hacerse al equipo. Pero si juegas dos veces y fallas, entonces no vales”. El legendario guardameta portugués tiene claro cómo funciona el negocio de las porterías de élite. Por eso, chirría que Simeone relevara a Moyá después de una exhibición colosal en el Bernabéu y, más desconcertante aún, que Claudio Bravo calentara banquillo sin haber encajado ni un solo gol. “Me hace gracia esta moda porque un portero puede jugar uno, dos o tres partidos por semana”. Conciso y claro, César Sánchez se delata también como cancerbero de otro tiempo. En el Valladolid fue héroe local hasta que el Real Madrid le llamó, pero se encontró la eclosión de un jovencísimo Casillas, que viajaba en cercanías a la antigua Ciudad Deportiva de La Castellana.

César saltó al césped del Bernabéu en el momento que Del Bosque decidió reemplazar a Casillas. Hasta entonces, la Copa le había dado media vida. Bueno, más bien al contrario porque el ‘Centenariazo’ del Depor y el ‘Galacticidio’ de Montjuic ante el Zaragoza se los comió él. Fabio Capello siempre ha sido un entrenador de ideas clásicas e innegociables: le gustan los porteros únicos, y si son altos y de buena envergadura, mejor. Llegó al Madrid por primera vez (1996) con dos  titulares en horas bajas, Buyo y Cañizares; tras unos entrenamientos y unos cuantos vídeos, exigió el fichaje de Bodo Illgner. Por supuesto, el alemán sólo alternó en amistosos. Una década después, Capello estuvo tentando de fichar a Buffon pero no se atrevió a tocar a un Casillas que sostenía medio Madrid.

La rotación de porteros choca con esa folclore que técnicos como Guardiola o Mourinho aún respetan. Pep exprimió al mejor Valdés en las competiciones que le importaban, y Pinto, motivador de vestuario y amigo de Messi, se ganó sus renovaciones tomándose muy en serio la Copa. El portugués siempre fue amante de un solo portero. “En las finales tienes que sacar a tu mejor portero”, respondió Mourinho cuando la prensa madrileña le preguntó si Adán tenía posibilidades de jugar la final de Copa de 2011, tal como iba a hacer Guardiola con Pinto. El puesto de portero, maldito y gratificante a la vez, necesita más rodaje que ninguno. No en vano, siempre es el primero que sale a calentar porque necesita tensar músculos en caso de un acto reflejo o un vuelo puntual de poste a poste. Antes creíamos que un cancerbero que jugaba veinte partidos la había cagado a media temporada, ahora se les intercambia como antioxidantes, o para satisfacer a la secretaria técnica o la grada. Las normas de siempre corrompidas, ¡qué pena!