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Cesc quiere volver

Mircoles, 10 Febrero 2010

Cesc quiere venir a España, eso está claro. Su meteórica progresión ha tocado techo en su club fetiche, el que le ha metido en la jet set del fútbol y en el que ha madurado para dar continuidad a su talento con otra aventura. La tutela de Wenger sobre el geniecillo barcelonés toca a su fin, al no ser que el Arsenal traicione su estilo y se ponga a fichar estrellas al estilo Abramovich. Tal metamorfosis no va con el estilo Wenger y, por ende, del club. Pero Cesc está sopesando una disyuntiva palmaria: o le montan un equipo que se codee con Chelsea y Manchester, o atenderá a sus pretendientes, empezando por Barça y Real Madrid.

Barcelona es su equipo de forofo y ahí le encantaría volver ya hecho un hombre. Salió de La Masía en 2003, aunque su patente la conservan en Highbury, donde Wenger le descubrió sus virtudes. Pero Cesc, capitan ‘gunner’ y centrocampista inimitable, se las tendría tiesas con Iniesta y Xavi para usurparles un puesto. Precisamente, los dos azulgranas son los mejores del mundo en su demarcación. Después viene un grupillo de ‘gestores de balón’ en el que, quizás, Cesc sea el abanderado. Por tanto, la elección del Barça podría no ser la más adecuada.

El overbooking de centrocampistas en Barcelona le sugeriría fichar por el enemigo. En el Madrid no encontraría trabas. Si acaso, Xabi Alonso sería su competencia natural, aunque la misión del donostiarra es afanarse más en tareas defensivas. También Cesc ha aprendido a defender en su equipo. No en vano, el ritmo tan vertiginoso de juego en la Premier obliga a los equipos a defender en bloque, nada de delanteros por un lado y zagueros por otro.

De todos modos, Cesc vendría al Madrid para marcar el compás y hacer danzar a Cristiano y Kaká. Hace tiempo que no vemos un director de orquesta reputado en el Bernabeu, el último se llamaba Zinedine Zidane. Obviamente, a Cesc le costaría mejorar la partitura del astro francés, pero quién sabe. Lo que es seguro es que las aptitudes del chaval urgen en este Madrid que no cesa en buscar su estilo. El de Cesc (made in Wenger) es elegante y, por tanto, del gusto de Florentino. O sea, que está claro.     

¡ Qué razón tenía Ramón Calderón!

Martes, 9 Junio 2009

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“Kaká, si yo soy presidente, va a jugar en el Madrid esta próxima temporada, no le quepa ninguna duda. Yo siempre me he caracterizado por cumplir mis compromisos y eso los socios lo saben. Y no lo digo como una cortina de humo”. Palabras de Ramón Calderón el 1 de junio de 2006 durante una entrevista en la COPE. Pues bien, el entonces candidato sí que tuvo parte de razón en su atrevimiento: Kaká acabaría siendo jugador del Real Madrid y hoy por contrato, no por palabrería barata. Lo que el infausto ex presidente no consiguió en tres temporadas, Florentino lo ha resuelto con un par de reuniones. Quizá si le diesen otro puñado de semanas, también cerraría el fichaje de Cesc Fábregas para mayor vergüenza del antecesor. Pero el capitán del Arsenal no está entre la pléyade mágica.

Kaká ha insuflado la ilusión que el madridismo había olvidado. Desde Ronaldo en 2002 el Madrid no había traído a un ‘megacrack’ mundial, alguien que por su sola presencia hiciese temblar al resto del mundo. No sé si el Barça se habrá puesto nervioso con la última adquisición de ‘FP’ pero seguro que habría preferido una nueva caterva de ‘Robbenes’, ‘Drenthes’ y ‘ Van der Vaartes” para su eterno rival. El Madrid acaba de dar el primer paso para recuperar el respeto mundial que tan alegremente se han encargado de dilapidar Calderón y sus adláteres.

Dice Florentino que lo más importante no son los títulos sino perseverar en mantener el hueco que se ha hecho el club en la historia. Sí, pero no: el socio merengue aún recuerda los tres años de descomposición que culminaron con la huida de ‘FP’ y los posteriores comicios presidenciales. Sin duda, fue una etapa oscura, o por lo menos negruzca, en la que hasta cinco entrenadores se dieron el relevo en el banquillo. No hubo éxitos pero la mercadotecnia, garantizada por Beckham, continuó fabricando dinero. Sin embargo, el poso que quedó fue un equipo envejecido sin ánimo de renovarse y ningún torneo ganado.  Porque a la afición lo que más le gusta es presumir de Copas de Europa y Ligas, por encima de valores universales y gestos solemnes. El Barça lo está saboreando y Florentino debería seguir la pauta a su estilo, o mejor dicho al del Madrid: ganar, ganar y ganar.

El mastodonte inglés

Jueves, 16 Abril 2009

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Solo ante el peligro. El Barcelona es el único que puede conquistar el Imperio Británico, ese mastodonte que año tras año arrasa en Europa. De nuevo veremos a un equipo inglés en la final de la Champions. Inglaterra vive su momento más placentero, sabe que es su década al igual que la de los noventa fue italiana.  Manchester, Chelsea y Arsenal, por ese orden, ya han presentado credenciales suficientes para asaltar Roma. Sin embargo, el Barça  es el favorito, se lo ha ganado por méritos propios.

Los azulgranas van sobrados allá donde juegan. Pisaron Munich con el propósito de hacer correr el reloj y al final acabaron jugando a su antojo. Da la sensación de que este equipo se divierte por naturaleza. El fútbol le sale sin querer. La única incógnita es averiguar si Guardiola no se amilana por la presión, por aquello de que sigue siendo un neófito del banquillo. Porque ya se sabe que a un partido, y más si es de Champions, puede pasar de todo.  Y si no, que se lo recuerden al Milan en la final del 2005 contra el Liverpool.

El Arsenal anda a rebufo del Barça por espectacularidad. Wenger ha vuelto a reunir una remesa de jóvenes prodigiosos que aplica lo aprendido en la escuela. Es maravilloso ver a un equipo que apenas sobrepasa la veintena de edad y que sonríe cada vez que maneja la pelota. Su referencia es Cesc, quien pone en el atril la pauta de cada partido. Pero es que Van Persie atesora la calidad propia de un talento holandés; Adebayor es un émulo de aquel majestuoso Kanu; Walcott es un correcaminos que irrumpe a cuarenta metros de la portería contraria y luego aparecen Nasri, Diaby y Carlos Vela, que asombraron cuando eran alevines y que están respondiendo prematuramente. El Arsenal es el ejemplo modélico de que con poco dinero y mucha paciencia se puede engendrar algo virtuoso.

Por su parte, el Manchester se ha despistado en los últimos meses. Su fútbol eficaz e incontestable ha desaparecido sin razón alguna y tiene que recurrir a la experiencia para solventar sus partidos. Anoche en Oporto hizo lo justito y sólo por un zurriagazo de Cristiano Ronaldo se metió en semifinales. Parece que los reproches de Ferguson a su niño mimado han causado efecto.

Por último, el Chelsea. Hiddink ha desabrochado la camisa de fuerza que puso Mourinho a un equipo con vasto potencial. Abramovich se ha cansado de despilfarrar millones de euros y si vuelve a sufrir una temporada aciaga, a nadie le extrañaría que vendiese el club. En el césped, el auténtico peligro del Chelsea es Drogba, que ha recuperado su mejor versión. No obstante, si el Barça contiene al gigantón marfileño, la eliminatoria será suya. Pero ojo con este equipo, que, tal como ocurrió con el Bayer, vendrá de víctima. Aunque si el resultado es el mismo, bienvenido sea.  

 

La Liga se acabó

Domingo, 30 Noviembre 2008

Comprobado: no es que los rivales hagan bueno al Barça sino que el Barça hace malos a sus contrincantes. Se podrá permitir algún resbalón (Numancia y Getafe) pero el partido de Sevilla, primero de los grandes desafíos azulgranas antes de navidad, disipó cualquier duda sobre la capacidad del líder de la Liga, si es que había alguna. Hacía tiempo que no se veía a un equipo tan superior, dominante en defensa, avasallador en la media y aniquilador arriba. Ya está claro que el tempo del campeonato lo marca el Barcelona. Hace y deshace a su antojo, y anoche la víctima fue el Sevilla en el Pizjuán. Casi nada. Cuarenta goles en trece partidos son la mejor credencial de Guardiola pero si le añadimos los nueve tantos que ha encajado Valdés, la impresión es que el Barça sólo tendrá que esforzarse para ganar la Champions. 

La sexta velocidad de este equipo se la dan el recuperado Eto’o y el siempre diabólico Leo Messi. Si el Barça no la llega a pifiar el año pasado, Messi habría sido el próximo Balón de Oro. Da igual, con el tiempo lo será y seguramente más de una vez. Dijo Guardiola en la previa del encuentro de anoche que Sevilla era el cruce que más le preocupaba del carrusel que se le avecina a los suyos. Hoy, con una goleada escandalosa y una imagen que atemoriza al resto de Primera División, el Barça sólo tiene que continuar así tres meses más. Para Semana Santa, la Liga estará finiquitada. Los demás no poseen ni talento ni jugadores para hacer frente a los azulgranas.

Justamente, entre el puñado de perseguidores, se puede caer el Real Madrid. Cada semana asola un problema nuevo. Ayer, aparte de su penoso paso por Getafe, el partido dejó otra lectura: la sospechosa gestión médica del club. No es normal que después de trece jornadas, haya diez futbolistas en la enfermería. En el Coliseum se lesionaron Pepe, Sneijder y Miguel Torres. Tanto el portugués como el holandés tendrán complicado llegar al próximo calvario merengue: el Sevilla. Schuster acepta la situación crítica con resignación porque es consciente que una palabra de más en público le costaría la destitución. Ahora bien, ¿Por qué alardea el Madrid de tener a los mejores preparadores físicos y fisioterapeutas? Sería demasiada mala suerte tener a casi la mitad de la plantilla inactiva. El club debe depurar responsabilidades puesto que el problema responde a la incompetencia de alguien, no al mal fario.

Y del fútbol del Madrid, nada nuevo. Simplemente no hay ni fútbol ni ganas. La pena es que tampoco se vislumbran remedios en el horizonte. Bueno sí, el ansiado fichaje de diciembre. Ramón Calderón anunció esta semana que vendrán dos jugadores jóvenes. Sus consejeros le habrán advertido esta vez no desvelar sus nombres por aquello del encarecimiento de los fichajes. Pero los aficionados ya no creen al presidente. Ni está Kaká para arreglar el desaguisado; ni Cesc para ilusionar con proyectos futuros; ni Villa para marcar goles ni Cazorla para darle lustre al banquillo. Quienes vengan, tendrán que amoldarse al caos del Madrid porque esta vorágine de desaciertos y patochadas únicamente la pueden parar los capitanes.   

¿Balón de Oro? No caerá esa breva

Sbado, 25 Octubre 2008

Si Gabriel Hanot , periodista que ideó el Balón de Oro, hubiese tenido que elegir al ganador de su trofeo de esta temporada, habría sospechado que le tomaban por cabeza de turco. La decisión final se las trae: en el escaparate de France Football relucen un buen puñado de aspirantes, cada uno de ellos con méritos suficientes para proclamarse ganador. La grata noticia es que la Eurocopa ha espoleado nuestro fútbol hasta el punto de tener a siete españoles en la carrera final al prestigioso galardón. Naturalmente todos ellos brillaron  con la selección española, fueron titulares indiscutibles y sus aportaciones en sus clubes han sido determinantes para los objetivos de éstos. El adalid patrio es Iker Casillas. Sus paradas milagrosas han sido reconocidas de una vez por todas. Sus actuaciones de este año no han sido mejores que en otras campañas pero ganar una Eurocopa y eliminar a Italia, campeona del mundo, por penaltis resplandece su currículo. Sin embargo,  el lastre del portero del Real Madrid es precisamente eso: saber detener balones y no marcarlos. La esencia del fútbol son los goles y los guardametas, por muy buenos que sean, siempre están al margen del espectáculo. Al fin y al cabo, los aficionados recuerdan golazos y cuántos tantos marcaron Ronaldo o Romario, pero no cuántos paradones hicieron Casillas o Buffon. Para más inri, la estadística es demoledora: en cincuenta y dos ediciones sólo una vez ha sido recompensado un portero. Fue el ruso Lev Yashin, la legendaria ‘Araña negra’, en 1963.

Aparte de Casillas, Fernando Torres y Xavi Hernández son las alternativas más fiables. El ‘niño’ ha explotado su talento en el mejor escenario posible, la Champions. Sus goles en Europa, su fulgurante racha en la Premier y el gol que marcó contra Alemania en la final de la Eurocopa le conceden cierta ventaja. El caso de Xavi es diferente: ensombrecido por la penosa temporada pasada del Barça, la ‘Roja’ le ha brindado la oportunidad de redimirse. Sus posibilidades aumentan por su exclusividad: centrocampistas creativos como el catalán escasean en el continente y tan efectivos como el azulgrana no hay ni uno.

Luego están Villa, Sergio Ramos, Marcos Senna y Cesc. Todos de relleno para la votación final del Balón de Oro. El asturiano del Valencia ha pasado un año calamitoso; Ramos lo hizo bien en la Liga pero falló en Austria y Suiza; Senna ha sido más revelación que consolidación y Cesc no cuajó con Luis Aragonés.

El problema es que a los candidatos españoles les alaban por su compromiso con la selección y el trofeo de France Football resalta el virtuosismo de un solo jugador. Y en este sentido, Cristiano Ronaldo tiene todas las de ganar. Líder indiscutible del Manchester United, el portugués ha fascinado por sus jugadas inverosímiles. La Champions, aderezada con la mejor liga inglesa de los últimos tiempos, pesa mucho y aunque Portugal no duró mucho en la Eurocopa, el marketing y el circo mediático de Cristiano son dos monedas muy valiosas en su balanza.

¿A quién le importa el fútbol olímpico?

Lunes, 11 Agosto 2008

Inmersos de lleno en las Olimpiadas de Pekín, resulta apropiado analizar por qué España vuelve a no tener representación en el fútbol. Es extraño, cuanto menos curioso, que el deporte rey de este país, tanto en seguimiento social como en práctica profesional y de aficionados, sea el gran ausente en la cita deportiva por antonomasia por segunda vez consecutiva.

Es paradójico que nuestra selección de fútbol, que ahora vive momentos gloriosos en todas sus categorías, no se haya clasificado para Pekín. Cierto es que la clasificación olímpica es muy selectiva puesto que todos los países europeos luchan por alcanzar una de las  cuatro plazas que oferta la FIFA y el Comité Olímpico Internacional. Pero los países participantes cuentan con jugadores inferiores a veintitrés años, y precisamente, la España campeona de la Eurocopa se ha nutrido de varios futbolistas que comprendían dicha orquilla de edad: Sergio Ramos, Cesc, Silva, etc. Imaginaos lo que éstos habrían liado contra Messi, Agüero, Ronaldinho y compañía.

Intuyo que tras el éxito de Austria y Viena, la Federación Española no se ha parado a pensar, o más bien, a reflexionar sobre el nuevo fracaso de no tener al balompié en unos Juegos Olímpicos. Podría argumentarse como mala suerte, pero España, que siempre ha sido puntera en categorías inferiores, no ha prestado la suficiente atención a este acontecimiento. “¡Qué más da!”, espetarán algunos, o “¿a quién le importan los Juegos si somos los reyes de Europa? insinuarán otros. Pues para muchos aficionados al deporte, es una verdadera lástima que durante estos días, la España de Gasol, la de Nadal, la del balonmano o la de waterpolo  sean protagonistas mundiales y el fútbol lo tengamos que centrar en las pretemporadas rutinarias y prolijas de los clubes.

En fin, como a la Federación sólo le importan las Eurocopas y los Mundiales, nadie levantará la voz en Londres 2012 en caso de otro batacazo, si para entonces somos campeones en Sudáfrica 2010. ¿El espíritu olímpico? Eso debe ser para  deportes menores, aunque, por otra parte, lo entiendo: las Olimpiadas son extraordinarias pero una final España-Alemania siempre será algo más.