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Dios salve a la Reina

Jueves, 22 Mayo 2008

No fue la final de Cristiano Ronaldo. Anoche, el portugués se transformó  de héroe a casi villano y la instantánea de sus lloros, que hoy es mundial, tumbado boca abajo en el centro del campo justo en el instante en que el Manchester se proclamó campeón de Europa delata dos cosas: la presión inaguantable que debió soportar antes, durante y aún (todavía no ha confirmado públicamente su futuro) y su inmadurez, propia de su edad.

A la megaestrella del United todavía le quedan muchas batallas por librar. Tampoco fue la final de Roman Abramovich. El multimillonario dueño del Chelsea desapareció cuando Anelka falló el penalti para fatalidad de los londinenses. Por entonces, a las cámaras de televisión se les había escapado la otra gran foto del partido. Quién no deseaba haber visto el semblante del obseso, que por empecinarse en ganar la Champions, ha despilfarrado casi seiscientos millones de euros en cinco temporadas. Bueno, supongo que el magnate ruso no lo llamaría ‘despilfarrar’, dinero tiene por castigo y como dijo Woody Allen, ‘el dinero no da la felicidad pero procura una sensación parecida’. El caso es que el Chelsea rozó la gloria y sólo la peor de las casualidades le privó de la conquista.

Porque tuvo que ser John Terry, el símbolo de este club, educado en la cantera de Stamford Bridge y ahora capo del vestuario, quien se resbalase en el momento que pegó al balón. De todos modos, nadie osará reprochar el fallo  al gran capitán de los ‘blues’  y de la selección inglesa. Los penaltis están hechos para eso: para desesperar a unos y aliviar a otros, como en el caso de Ronaldo. Siempre he creído que la pena máxima, aún convirtiéndose en el gran aderezo de este espectáculo, siempre serán una injusticia supina. Por cierto, ya que he hablado de Cristiano, que reflexione y medite su técnica para tirar penaltis, porque si su fallo contra el Barça en semifinales fue poco ortodoxo, ayer nadie entendió lo que el luso pretendió hacer con ese símil de “paradinha”, que ni fue tal ni se pareció por asomo. Menos mal que el gol del partido fue suyo porque su revalorización habría caído en picado. 

No fue la final de ningún personaje, anoche se jugó la final de Inglaterra. Dos equipos físicamente poderosos, más el Chelsea, que nunca tantearon con el marcador y buscaron al rival con atrevimiento y determinación. Así es el fútbol inglés, así se las gastan en las islas. Con esa filosofía, aprenden, juegan y por ende, se exhiben. Y es que  el partido fue una demostración de por qué Inglaterra está a la vanguardia de este deporte. Incluso, pudimos apreciar el señorío inglés en la celebración: los ganadores hicieron el ‘pasillo’ a los perdedores cuando estos últimos iban a recoger el premio de consolación. Lo nunca visto. Y para más galantería británica, los campeones del United tuvieron el detalle de dejar que el mítico Bobby Charlton subiera el primero a la tribuna para recibir las felicitaciones de la UEFA, y después, lo más entrañable de todo el festejo: el capitán Ferdinand acordó con Ryan Giggs, el jugador que ha disputado más partidos en la historia de los ‘diablos rojos’, que levantaran la copa al alimón. Si la memoria no me falla, yo no recuerdo al Real Madrid de la séptima, octava o  novena, conceder protagonismo alguno a Don Alfredo Di Stefano. En fin, son los gestos que diferencian a los caballeros ingleses del resto. Ahora sólo toca felicitar al campeón de Europa, que también lo ha sido de su país este año. Una temporada mágica del Manchester, que el próximo curso partirá como favorito en todas las competiciones con o sin Cristiano Ronaldo. El portugués manifestó después de la final que la semana que viene aclarará su destino pero lanzó un guiño, ‘el club (Manchester) y yo quedaremos contentos’. Haced apuestas: ¿rojo o blanco?

Champions y UEFA: El gran circo europeo

Domingo, 13 Abril 2008

La semana europea nos ha deparado gratas sorpresas. La primera, que el auge del fútbol inglés no es casualidad. Y si no, recordad el espectáculo del  Liverpool – Arsenal, dos equipos que se lanzaron a la portería rival sin especular lo más mínimo. De vez en cuando se agradece que los entrenadores arriesguen en sus tácticas, aunque sea en unos cuartos de final de Champions. Además, si en un duelo de tal magnitud, participan hasta cinco españoles con Fernando Torres de estrella, es para que estemos orgullosos.

La segunda sorpresa es que la Copa de la UEFA no es una milonga barata, como muchos entendidos quieren creer. Ahí hemos tenido un Getafe –Bayer de Munich, que nos ha ofrecido el suspense de las grandes eliminatorias continentales: goles en los últimos minutos, prórroga de infarto, expulsiones, fallos garrafales. Vamos, con lo que el espectador sueña cada partido. Sólo le digo al Geta que, para ganar un título, hay que perder unos cuantos. Otra vez será azulones. Por cierto, debo citar también al Zénit de San Petesburgo, la revelación de este torneo.  Ojo al fútbol ruso de la próxima década, que a golpe de talonario de los gigantes gasísticos y petrolíferos, está levantando una liga que ya supera el nivel medio de otros campeonatos como el holandés o el portugués.

Y volviendo a la Champions, entre tantas alabanzas británicas, aún podemos henchir el pecho. El Barcelona es nuestro único superviviente. Y a pesar de que su fútbol contra el Schalke fue medroso y aburrido, el simple hecho de que sea el Barça quien vaya a jugar las semifinales, significa que la crisis del fútbol español no está tan acentuada como la del italiano, por ejemplo. El único inconveniente es que ni los azulgranas están para hacer alardes, ni el rival es el más propicio para levantar el vuelo. Etoo, Messi y Bojan (Ronaldinho seguro que no) se las tendrán que ver con el equipo de moda en el continente, los ‘diablos rojos’ del Manchester United. Y nunca, un apelativo había sido tan acertado para un grupo que impresiona y arrolla allá donde juega: Cristiano Ronaldo, Rooney, Tévez y los sempiternos Ryan Giggs y Paul Scholes, para echarse a temblar.

En fin, como se dice en estos casos, en unas semifinales puede suceder cualquier cosa, y en cuestión de jugadores, los culés no se quedan cortos, ni mucho menos. No es ninguna osadía augurar que el Barça será el próximo campeón de Europa. Y si no, recordad al Real Madrid, ganador de la séptima. Aquel equipazo estuvo dando tumbos durante toda la Liga y en cambio, su órdago a la Champions le salió a lo grande. Aunque no creo que los azulgranas quieran imitar ni en lo más mínimo al eterno rival.