Blogs

Entradas con etiqueta ‘chelsea’

Lord Sith Mourinho

Jueves, 17 Diciembre 2015

crjp3niwsae14gy.jpg

“Antes de hacer preguntas estúpidas, usa Google”. La respuesta de Jose Mourinho a un periodista británico que cuestionó sus terceras temporadas provocó la carcajada general en la sala de prensa de Stamford Bridge. “En mi tercera temporada en el Chelsea, ganamos la FA Cup, la Copa de la Liga y semifinales de la Champions. Y en el Real Madrid, ganamos la Supercopa, semifinales de Champions y final de Copa. Por tanto, es una pregunta estúpida”. De repente, el gesto del entrenador se volvió desafiante ante el silencio sepulcral de los reporteros. Mou no permitió turno de réplica. Asunto zanjado. Sucedió en septiembre, cuando el Chelsea ya había recibido dos sopapos en el inicio de la Premier. Agotado, sin ideas y con estrellas desconectadas de su causa, los tabloides británicos acusaron a Hazard de “silueta ensanchada”, a Diego Costa de “bronco”, y a Cesc Fábregas de “demasiado despistado”. Después de cuatro meses y un buen puñado de críticas ácidas, el campeón sigue en la UVI y pendiente de recibir una descarga de electroshock. Quizá ya no sea con Mourinho, que se ha atrincherado contra el vestuario, y esta vez sin guardia pretoriana a su alrededor.

El primer misil impactó en una leyenda. El intocable John Terry fue sacrificado como toque de atención al resto de la plantilla. Para ridículo público del central, le sustituyó al descanso del clásico del Etihad, retratándole como culpable del desastre. Quién imaginaría que en poco tiempo la ira de Mourinho atacaría a Frank Lampard y Terry, guardaespaldas del portugués y gente de su máxima confianza. Hace apenas unos meses Mourinho borró de un plumazo cualquier tentación millonaria por Hazard: “Vale 125 millones…en cada pierna”. El diario The Guardian (de sensacionalismo poco exagerado) publicó el lunes por la noche que Mourinho no quiso dejar entrar a su estrella belga en el autobús del equipo después de la derrota contra el Leicester. Hazard se lesionó y pidió el cambio sin consulta médica. ”Han traicionado mi trabajo”, fue la respuesta de The Special One para justificar el caos que hunde al Chelsea. Del Inter salió a tiempo, con la corona de César que consiguió en el Santiago Bernabéu aquella noche de Champions que acabó con el portugués metido en el coche de Florentino Pérez. “Me fui del Inter en la gloria, como hizo Eric Cantona en el United”, espetó en una de sus primeras entrevistas como técnico del Real Madrid. Por desgracia para él y sus acólitos, no ha podido repetir la cita tras su paso por España.

A un solo punto del abismo, el Chelsea está sumido en una guerra civil en la que Abramovich ya no concibe a Mou como el Santo Grial. El fuego cruzado entre los jugadores, todos y sin excepciones, y él, ha torcido el gesto del magnate ruso. Despedirle oxigenaría el ambiente, no así la tesorería, de donde tendría extraer una buena morterada; pero ni por asomo los 40 millones de finiquito que anuncia la prensa inglesa (esto es información y no opinión). La lista de ejecutados da la vuelta a la manzana: Diego Costa, Terry, Hazard, Cesc, Cahill, Oscar. Se salva Thibaut Courtois por una ¿inoportuna? lesión; de lo contrario, también le alcanzaría la metralla. El portugués negó hasta tres veces una rebelión a bordo y, para dejar claro que su personaje teatral le preocupa aún más que su continuidad, dejó un dardo para la posteridad de la arrogancia: “A lo mejor el año pasado estos mismos jugadores alcanzaron un nivel que ni ellos mismos tienen”. Puro mourinhismo de quien actúa como un Lord Sith de Star Wars, “Si no estás conmigo, eres mi enemigo” (Anakin Skywalker tras pasarse al Lado Oscuro).

Digno sucesor de Romario

Lunes, 17 Agosto 2015

aguero-chelsea-620x264.jpg

“Es el mejor delantero en un metro cuadrado y punto”. El maestro César Menotti le regaló el verso perfecto. En plena efervescencia popular (Argentina había ganado a Uruguay en la última Copa América), el amigo de Leo Messi le había robado el caché más esperado: el éxtasis de aparecer en los informativos del país entero. D10S había jugado bien, sin arrebatos estratosféricos; pero fue Sergio Kun Agüero quien cabeceó el delirio de la nación, reivindicándose como el delantero del momento. Con un mercado congelado por el fair play financiero, la afición del Manchester City suspiró aliviada sin temor a la llamada de Florentino Pérez. Si Kun es el delantero que revienta transfermarket, la biblia de los P.V.P. de los futbolistas, su traspaso debía ser sencillamente galáctico; si el club de los petrodólares puso 63 desorbitantes millones para fichar a Raheem Sterling, a su estrella argentina había que tasarla en tres cifras. El runrún de una salida furtiva siempre ha mosqueado al Etihad porque el Real Madrid no le perdió de vista. En la recámara debía ser el siguiente Ronaldo (Cristiano o el ‘gordito’, a su libre elección), pero su renovación el verano pasado zanjó por un tiempo las sospechas. Kun seguiría siendo el aguijón de Pellegrini si las lesiones musculares se lo permitían. Lastrado durante varios años con esa bola con grilletes, su mala alimentación de base (la pizza y la Coca-Cola fueron su perdición en el Atleti) tampoco le ayudó demasiado en el extenuante fútbol inglés.

Gary Lineker se quedó boquiabierto en el instante que el Kun Agüero volatilizó a la defensa del Chelsea en un palmo. Valdano no exageró cuando dijo que Messi te regateaba en una cabina de teléfono; le faltó añadir al Kun.  Lineker, comentarista estrella de la BBC, comentó en el post partido que Agüero le recordaba a “Paul Gascoigne en un baldosa”. Un Billy Elliot que cuando se calza los zapatos adecuados hipnotiza al público en dos movimientos. Ésa es la versión perfecta del ex yerno de Maradona, capaz de inventarse una especie de cola de vaca y devolver a Romario a la memoria histórica. Su quiebro de cintura al pétreo Cahill desmontó el cordón sanitario de Mourinho. Silva simplemente se la entregó a su compañero en el balcón del área como el que entrega un paquete para quitarse el marrón de encima. De repente, la grada del Etihad murmuró cada vez más alto aquel grito de guerra ¡Kun, Kun, Kun, Kun! patentado en el Vicente Calderón. La genialidad suponía su quinto intento delante del portero Begovic, salvador de la goleada más escandalosa que pudo haber sufrido Mou en su carrera. Y como cualquier mago, repitió el truco hasta que le acabó saliendo. Sólo él se lo podía permitir.

Agüero deja al Chelsea en la U.V.I, pero sin los cuidados de su doctora Eva Carneiro. Suena exagerado en dos jornadas, pero la estadística es demoledora: desde hacía 16 años los blues no ganaban ninguna de las dos primeras jornadas. El club de Abramovich no ha despilfarrado y el pobre bagaje del equipo quizá le caliente la cartera. Cesc no está entonado y todas las posibilidades pasan por la inspiración de Eden Hazard, que sucumbió en ese duelo de ‘Houdinis’ con el Kun. Al líder de la Premier le sucede casi lo mismo: su estado de júbilo no oculta que Agüero es medio equipo, porque el otro medio es un cóctel batido entre Yaya Touré, Sterling y Silva. Y aunque la afición esté cansada de la incesante y molesta rumorología de cada verano que imprime páginas y páginas en los tabloides británicos, Kun es ídolo de masas en Manchester. Dure lo que dure. 

Eden Hazard, talento de madre

Domingo, 26 Abril 2015

image1.jpg

“Hazard es el crack del futuro; es muy bueno y va a serlo aún más. Lo llevaría al Madrid con los ojos cerrados”. Apología de Zinedine Zidane en el diario L’Équipe en diciembre de 2010. El entonces asesor del Real Madrid comentó a Florentino Pérez que llegaría a levantar un Balón de Oro. Todavía no era ídolo de masas en Stamford Bridge, pero su meteórica eclosión en el modesto Lille llamó la atención de media Europa. Su mentor, Rudi García, siempre le convenció de que su sitio no estaba en la liga francesa porque “le iba a quedar pequeña”. Y la sugerencia fue tomada al pie de la letra por Roberto Di Matteo, técnico del Chelsea en su año más glorioso, el de la Champions contra el Bayern de Munich en Munich. Abramovich ni siquiera pidió una auditoría para detallar si Eden Hazard valía 40 millones; simplemente aceptó el ‘capricho’ de su entrenador.

“Yo estaba en el estómago de mi madre cuando ella todavía jugaba. Tenía tres meses de embarazo cuando dejó de jugar profesionalmente”. El talento de Hazard se explica desde su genética futbolera: el padre, Thierry, jugó en la liga belga sin pena ni gloria, y su madre, Carine, compitió en la máxima categoría femenina. Ella mimaba el balón con el mismo tacto que a Eden, su primer niño. Y por las historias de cuna que la madre le contaba a su bebé, éste fue enamorándose del oficio. Hoy Hazard descerraja defensas demostrando a su madre que supo asimilar los conceptos desde que crecía en su vientre. De la misma escuela que Isco, conduce la pelota pegada a la bota con super glue. “No es rápido, pero sus cambios de velocidad sí lo son”, suele describir Frank Lampard. De mito a casi mito. Hazard fue un genio incomprendido en su primer año en el Chelsea, desquiciándose cuando Fernando Torres no leía sus intenciones o Ramires pegaba un patapum parriba sin sentido (como decía el guiño de Javi Clemente). Entonces llegó Jose Mourinho, y en una de sus primeras charlas de entrenador a jugador, le explicó sin titubeos que su talento necesitaba un trabajo plomizo detrás. De repente, el mismo Hazard que perdía un balón y se lamentaba con aspavientos, empezó a mirar de reojo a su espalda. Sus regates en un metro cuadrado al estilo Paul Gascoigne venían condimentados con un puñado de carreras imposibles. El Chelsea defiende en un bloque de cemento armado y eso incluye al fino estilista belga. El ataque es otra historia, porque la creatividad de Hazard pesa demasiado.

El Chelsea está a punto de ganar la Premier y Hazard será nombrado, casi con total seguridad, mejor jugador del campeonato. Dice Gary Lineker, el gurú de la prensa inglesa, que “después de Messi y Cristiano, viene la era de Hazard”. Suena a blasfemia, aunque de momento no ha salido a la palestra ningún crítico para rebatirle. Y como hablar de la estrella del Chelsea supone describirle con un aura galáctica, la fábrica de rumores no ha tardado en desparramar el más morboso de todos: ¿A Florentino le gusta Hazard? Por si acaso, Mourinho avisa: “Vale 125 millones de euros…en cada pierna”.  

¡Fernando Torres, Atletico’s number nine!

Jueves, 25 Diciembre 2014

fernando-torres.jpg

El ‘profe’ Ortega acabó confesando su nombre tras hacerse el remolón durante unos instantes. “Vale, les puedo decir que el futbolista mejor dotado físicamente que he entrenado ha sido Fernando Torres”, dijo en El partido de las 12. No se trataba de una entrevista mamporrera para sacarle morbo a la actualidad sino una plática (como le gusta decir al preparador físico del Atlético) sobre sus métodos de trabajo con Simeone. “Torres no corre, se desliza sobre el césped casi como si levitase”; no es la primera vez (ni la última) que al ‘Niño’ le caen metáforas sobre su elegante carrera de guepardo que recuerda a la de Nicolas Anelka en sus años prometedores del Arsenal. El ‘profe’ lo explicaba con una sonrisa picarona, como si intuyese ya en octubre que volvería a pulir esa figura del Discóbolo de Mirón que tanto admira. Si era un mensaje encriptado, ninguno de los periodistas presentes en el estudio se percató; pero si era un vaticinio, habrá que dar más la vara a Ortega. El caso es que Fernando Torres regresa con su hinchada, la que nunca le desmitificó, ni siquiera cuando decidió apearse de una experiencia ruinosa la noche que el Barcelona desangró al Atleti en el Calderón (0-6). Entonces, el delantero fuenlabreño decidió poner su talento al servicio de un proyecto seductor, no en España sino en el Spanish Liverpool que Rafa Benítez había puesto tan de moda.

El cambio no admitió sitio para el arrepentimiento. El fútbol vertiginoso y directo de la Premier le dio a Torres borbotones de tinta para dibujar filigranas y goles inimaginables. Al compás de Steve Gerrard y con la batuta reposada de Xabi Alonso, el ‘niño’ se volvió ‘beatlemaniaco’. El contraataque red parecía fabricado a su medida y su galope, al contrario que en el Calderón, sí encontraba delante balones calibrados con escuadra y cartabón. Su dimensión se agigantó tanto que pasó de ser un ídolo de barro en Madrid (aunque en el Atlético nunca lo reconozcan) a uno de carne y hueso; la prueba de que el algodón no engaña se la dio Anfield con ese tributo musical del Fernando Torres Liverpool’s Number Nine. Sí, su club podía presumir de misticismo y rituales únicos, pero no de la fuerza del dinero. La prensa inglesa murmuraba que Torres necesitaba retos y no ritos en clubes más competitivos. Y el Chelsea de Abramovich abría las arcas del tío Gilito cada año para intentar asaltar la Champions. Fue en el mercado invernal de la temporada 2010/2011 cuando, tras un tira y afloja de regateos, el Chelsea puso sobre la mesa una oferta definitiva de cincuenta millones de libras. “Demasiada pasta como para dejarla escapar”, aseguró el legendario Ian Rush, tercer máximo goleador en la historia red. De Merseyside a la opulenta ciudad de entrenamiento de Cobham en el helicóptero privado de Abramovich. Así pisó Torres por primera vez su nuevo club para pasar el pertinente reconocimiento médico.

El desorbitante traspaso le pasó factura o, al menos, pesó en su responsabilidad. De repente, el goleador sufrió una de esas crisis pasajeras de los ‘nueves’ que se alargó en el tiempo. La confianza de los aficionados blues  iba desapareciendo a la misma velocidad que se incrementaban las sospechas de la prensa que cubría el Chelsea. Un solo gol en tres meses sirvió de carnaza para los mordaces tabloides británicos. Y unas declaraciones a la web de la Liga Española en las que dio a entender que su equipo jugaba con tíos muy lentos corrieron como la pólvora en Stamford Bridge. Estuvieses o no malinterpretadas sus palabras, Fernando Torres necesitaba cada gol para reivindicar cada uno de los cincuenta millones invertidos en él. Pero el ‘niño’ siempre ha tenido esa flor que tanto se alaba en Iker Casillas: su segunda temporada con el Chelsea se saldó con la Champions y un gol suyo en el Camp Nou para finiquitar las semifinales. Sus actuaciones eran de banquillero porque Roberto Di Matteo contaba con la presencia intimidante del gigantón Drogba. Un año después y otra vez con Benítez, aunque de forma transitoria, el Chelsea repitió éxito en la Europa League con gol incluido de Torres en la final. Ya no era aquel delantero estilizado y grácil que corría treinta o cuarenta metros como un velocista jamaicano; había ganado corpulencia y se había adaptado forzosamente al fútbol romo y pesado de su equipo. Mourinho no fue la excepción; al revés, sus minutos en el campo escasearon en beneficio de un Samuel Eto’o trabajador y sacrificado.

Torres había vuelto a tomar otra decisión el pasado verano como en 2007: su futuro en el barracón de Mourinho pintaba demasiado grisáceo y un Milan de Mercadona llamó a su puerta. El Calcio exige tiempo para amoldarse a su estruendo físico y el delantero madrileño apenas había entrado en la fase de cortejo. Ni a él le gustaba ni el Milan tampoco ha encontrado el revulsivo exprés que buscaba. Pero la suerte no le ha dado la espalda totalmente: Simeone pidió precio por él en verano y, como adelantó Antonio Ruiz en COPE el pasado 12 de diciembre, el Atlético ha acelerado las gestiones para contratarle este verano. El italiano Cerci ni siquiera ha sido una anécdota, por lo que el todavía mito rojiblanco se batirá el cobre con la tanqueta croata Mandzukic. Dos estilos antagónicos que darán soluciones diferentes al ‘Cholo’. Porque a Koke le da lo mismo poner pases en carrera que centros inteligentes al área. En ambos casos siempre habrá respuesta. El Calderón prepara la alfombra roja para recibir a su ‘niño’ que no llegó a forjarse en un hombre con la misma camiseta. Hace siete años y medio el Atleti le suplicó a él recuperar su dañada historia. Fue una responsabilidad demasiado violenta. Hoy es diferente: Torres vuelve para encontrarse a sí mismo, mirar a los ojos al club de su vida y explicarle por qué se fue y por qué iba a regresar algún día.

Atleti, vender y retener

Lunes, 21 Julio 2014

koke-bernabeu.jpg

“Somos un club comprador, no vendedor”. Enrique Cerezo nunca ha desaprovechado cualquier ocasión delante de las cámaras para sacar pecho de su gestión. Harto de por vida de que a su Atlético lo tomaran como el club graciosete de España, siempre se empeña en compararlo con las dos grandes potencias que controlan la Liga. El ‘cholismo’ ha roto el pesado duopolio deportivo pero la misma directiva, que desde hace tiempo se sacudió el apodo de ‘gilifato’ con fichajes acertados a coste razonable, ha asumido que en este mercado y con sus capacidades salariales el Atleti campeón está siendo el mejor escaparate de la Quinta Avenida del fútbol. Desde el momento que la Federación Española y la Confederación Brasileña casi provocan un conflicto diplomático por Diego Costa, Miguel Ángel Gil entendió que su delantero sería top en ventas. Y como a Mourinho le encantan los futbolistas top, agradeció a su querido colega Simeone (literal) que le diera el pienso adecuado para alimentar a esa mole ricachona llamada Chelsea y que él describió como “pequeño poni”. Costa ha emigrado y Filipe Luis se ha encontrado de bruces con la oportunidad de su vida: mejorar su cuenta bancaria. Porque en lo deportivo será complicado que en Stamford Bridge arramble con tantas copas como en el Atleti. El eterno problema es que gane la Liga o se quede a un minuto de levantar la Champions, siempre habrá un puñado de clubes que dupliquen o tripliquen la guita que pueden ofrecer los rojiblancos. Y eso, en este negocio, no es de equipo grande.

La afición necesita un santo y seña que no encontró en Fernando Torres (“Me voy para ganar títulos”), Kun Agüero (los petrodólares le atrajeron demasiado después del desplante de Florentino) ni en Falcao (jugar en el Real Madrid aunque le esté costando el marrón de vivir en Mónaco). Por eso, el capitán Gabi defendió desde la concentración de San Rafael a los comprometidos, los que se han estudiado la historia de aquel equipo que se codeaba con el Madrid en los auténticos derbis, luego cayó en la odisea del ‘pupas’ y ha logrado levantarse, primero con Quique Sánchez Flores (sería injusto omitirle) y sobre todo a la vera guerrera del ‘Cholo’. Ellos, empezando por Koke, podían haber firmado los contratos de sus vidas pero decidieron no dejar en la estacada a un vestuario que se reía maliciosamente con aquella verdad absoluta (me incluyo yo) del ‘Ya caerán’. Rubén Uría, compañero de profesión, que no de camiseta, lo recordó socarronamente durante 38 episodios, y lo ha dejado en el tintero para la próxima temporada. Ésa en la que Koke, nuevo ídolo del Calderón, podría haber vestido la camiseta del Barça; Godín la del Bayern de Guardiola en el proyecto más ambicioso que recuerda la Bundesliga, y Miranda haber concluido el desembarco de Normandía en el Chelsea: el central brasileño se dejó persuadir por Simeone cuando dijo durante el Mundial a la ESPN que tenía ofertas y su cláusula era “negociable”. Sin embargo, se han quedado en Madrid y suya es la responsabilidad de seguir peleando en las grandes veladas y no en combates de teloneros. Quizá sea el único atajo para hacer realidad la cínica declaración de intenciones del presidente Cerezo.

Gil Marín está negociando por Fernando Torres, le tiene en la recámara como su ‘galáctico’ particular y a pesar de que sea Koke el reclamo para vender camisetas. No en vano, Mourinho no confía en él, aunque Abramovich no le soltará por pocos ceros en el cheque. Antes del Mundial, el plan A era Lukaku y Negredo, mientras que el plan B contempló a Roberto Soldado si Negredo no salía de Manchester (esto es información, no opinión). Pero de repente a Simeone no le convenció la tanqueta belga; el City pedía los mismos millones o más de lo que le costó Negredo, y Soldado fue repudiado por la grada colchonera. Del plan A de equipo grande se pasó a un ‘C’ improvisado pero no peor: Mandzukic. El croata se cansó del galimatías táctico de Guardiola y se decantó por un equipo de ideas sencillas: centros al área y balones el delantero centro. Falta un compañero de gol y, a expensas de Torres, el italiano Alessio Cerci del Torino es una moneda al aire: igual gusta o no.

Como el portero Jan Oblak, un esfuerzo muy caro (16 históricos ‘kilos’) por evitar la nostalgia que deja Courtois. No obstante, y aunque Oblak acabase imbatido en los siguientes 38 episodios, siempre habrá otro club fardando de un fajo de billetes más grueso. Aún falta tiempo para que una estrella confiese que siempre soñó con jugar en el Atleti.

El portero que pronto será rey

Mircoles, 4 Junio 2014

courotis-chelsea-mourinho_560x280.jpg

Peter Cech tiene rango de eminencia por los túneles de Stamford Bridge. Su jerarquía en el vestuario del Chelsea sólo es comparable a la de John Terry o Frank Lampard. Lo saben el dueño Abramovich, su técnico Mourinho y, por supuesto, la estruendosa grada que rinde pleitesía a su portero con huevera. Tal es la autoridad del checo, que ni siquiera Mourinho ha podido meter con calzador a su polémico entrenador de porteros, Silvino Louro: Cech fichó por el Chelsea hace una década procedente del Stade Rennais francés y, al formar parte de la guardia pretoriana del portugués, entendió que podría imponer ciertas normas compatibles con la autoridad de Mourinho. La principal fue traer a Londres a su antiguo preparador de porteros del Rennais, Cristophe Lollichon. Ocho años después, el subordinado de Cech sigue siendo intocable y Silvino Louro ha pasado a ser primer asistente de Mourinho junto a Rui Faria. Pero tal como le acaba de suceder a su amigo Frank Lampard, su retirada del Chelsea se aproxima a causa de una lesión de hombro casi crónica y, razón más imponente, la llegada de un ferrari llamado Thibaut Courtois.

Mourinho sabe que a sus vacas sagradas se les acaba el tiempo y espera de ellos un último acto de servicio por la camiseta blue. Y como en la escena de Un domino cualquiera, Cech es el magullado quarterback Cap Rooney que se ha dejado la vida en el campo y entiende que el entrenador Tony D’Amato debe cambiarle por el joven y talentoso Willie Beamen. Courtois no esperaba actuar de Beamen tan pronto; al contrario, después de los cuartos de final contra el Barcelona, su intención pública fue la de renovar con el Chelsea para quedarse en el Atleti en calidad de cedido otra temporada. Sin embargo, las semifinales entre ambos equipos lo cambió todo: Mourinho no abrió la boca ante la titularidad del belga en los dos partidos y ha estado esperando su momento para cobrarse la ‘traición’. La UEFA permitió a ‘Tibito’ jugar la semifinal y el portugués no se atrevió a rechistar delante de la prensa, quizá temeroso de otra sanción como aquella que sacudió el rígido fair play de la organización con el famoso “Stark, Ovrebo, Bussaca, De Bleeckere..¿por qué?”. Sin duda, Mou supo desde el instante que Simeone anunció a Courtois en la portería que todo tenía un peaje, y más si es el Chelsea quien se encarga de las transferencias bancarias del belga.

“Mou me llamó antes de partido de Liga contra el Barça”, comentó Courtois a un periódico belga esta semana. No desveló la conversación pero, a raíz de la resignación del espigado portero, dista mucho de parecerse a la de justo hace un año. Entonces, Courtois confesó a Mourinho que le gustaba su vida en Madrid y había encontrado a una chica, su actual novia; le pidió que le dejara foguearse un año más en el Atlético y volvería a Londres para quedarse. Ese año ha pasado y, lejos de querer cumplir la promesa, el arraigo de Thibaut en la capital ha aumentado exponencialmente: es uno de los grandes ídolos del Calderón, si no el que más con la inminente salida de Diego Costa precisamente el Chelsea. Mourinho necesita un portero este verano y, caprichos del destino, se ha encontrado en nómina al mejor del momento. Y como dice un periodista portugués del entorno de Mourinho, “a estas alturas Cech entenderá la llegada de Courtois. Se trata de servir a un interés común”. El ‘poni’ que es este Chelsea, tal como lo calificó su entrenador, necesita comer del mejor pienso, y la construcción del nuevo imperio faraónico de Abramovich comienza con un hombre que pronto será rey.

‘Partido de picapedreros’

Martes, 22 Abril 2014

simeone-mourinho.jpg

‘Partido de picapedreros’ (‘Stonecutter struggle’). El ingenioso tabloide The Sun intuye en su titular una pelea en el barro del Calderón. Dos entrenadores que se respetan y entienden el fútbol en versión vampiresca, es decir, ganar a toda costa chupándole la sangre al enemigo, y dos bloques de hormigón, el rojiblanco irrompible hasta el momento y el londinense recién hecho trizas por el colista de la Premier. Pero la Champions es otra dimensión, donde gana quien mejor compite. Así se lo recordaba el periodista portugués Nuno Luz a Mourinho: su Oporto conquistó Europa en una edición hecha a medida para el Madrid del ‘galacticidio’. Aquella promoción orquestada por Mou desde el banquillo y Deco sobre el césped aclaró que la ‘Orejona’ no se gana sólo con un puñado de cracks, hay que saber competir o tener a alguien que lo meta en vena. Es el caso del entrenador del Chelsea, curtido en mil batallas europeas y que aparenta una fachada imperturbable ante ese fenómeno de moda creado por Simeone. Éste también lleva el mismo gen, con la salvedad de que si pierde, la rabia le corroe por dentro, no busca coartadas públicas.

El ‘Cholo’ nunca pierde la ocasión de rendir pleitesía su enemigo de esta noche. “Admiro a Mourinho, es un ganador”, dijo en una entrevista al diario ABC; “Me quedo con Mourinho”, espetó el argentino cuando tuvo que elegir entre el portugués y Guardiola en un test sugerido por Los Manolos. Pero el colmo de la ¿adulación? lo provocó el míster colchonero ayer en TVE cuando soltó que Mourinho era mejor entrenador que él. Ni pizca de guasa e ironía en la declaración, Simeone se ve como un émulo de su colega del Chelsea con sus mismas virtudes (no sabemos si también los defectos). En una entrevista en su país el ‘Cholo’ explicó que ambos, Mou y él, conciben el fútbol como una facción espartana en la que un solo fallo descalabra al grupo. Los dos son amantes de la presión, quizá Mou más obsesionado en cumplirla a rajatabla y Simeone empeñado en usarla para sus pizarras tácticas. Ésas que le han dado goles a granel en estrategia. La buena noticia para el Atlético es que Diego Costa puede poner en jaque a toda una zaga, mientras que Mourinho lanza pullas a sus delanteros al tiempo que el Chelsea negocia en secreto con el propio Costa.

La prensa británica es unánime: la estrategia de Mourinho pasa por David Luiz, central titular de Brasil reconvertido a bulldozer de contención en su club. Si esta copia de actor secundario Bob de los Simpson se agiganta en el centro del campo con palos y zanahorias, el Chelsea habrá ganado una batalla. Justo la que teme perder Simeone. David Luiz representa el paradigma futbolístico de su entrenador, un John Terry versión brasileña con licencia para pegar donde otros no la tienen, el Sami Khedira que deseó llevarse del Madrid. El problema es que los prototipos de Mourinho se convierten rápidamente en ídolos de barro: David Luiz ha obtenido en el Chelsea una rentabilidad casi perfecta, propia del Zara de Amancio Ortega; en dos temporadas ha ganado Champions y Europa League dejándose por el camino mil y una cicatrices de guerra. Pero el próximo verano podrá irse si lo desea (el Barça llama a la puerta), cosas de Mou. Como también es capricho del portugués la eterna suplencia de Fernando Torres.

Vuelve el hijo pródigo al estadio del que decidió irse después de la noche de la vergüenza, la de aquel 0-6 del Barça. Torres presume de un P.V.P astronómico, 58 millones de euros, y de un currículum imperial en el que sólo falta una Premier…el problema es que es el delantero del ‘casi’, con un talento sublime que sólo Rafa Benítez supo poner en práctica. Mourinho defiende al ‘Niño’ pero le tiene de tercer delantero, detrás de Eto’o y Ba.  Incluso, sin la presencia del camerunés como sucedió en Paris, el técnico se decantó por el centrocampista Schurrle. Es un indicio evidente de que Torres tendría luz verde a una jugosa oferta veraniega. Al fin y al cabo, con unos cuantos ‘Terrys’, ‘Lampards’ e ‘Ivanovics’, Mou vería colmadas sus aspiraciones. ¿Para qué más? 

El portero de los mil tentáculos

Mircoles, 2 Abril 2014

1396385125_extras_portada_0.jpg

El Tata Martino tuvo olfato con la guerra de trincheras que se le avecinaba. Su mensaje a la plantilla fue contundente: “Si no vamos con todo, nos ganan”. Cristalino. El vestuario entendió la teoría pero tardó en ponerlo en práctica, el tiempo que don Andrés Iniesta se puso la camiseta del New Team de Oliver Atom. Porque hasta que llegó la inspiración manchega, el Atlético fue la pesadilla que Martino había definido con la habitual grandilocuencia argentina, “es el equipo que maniata a las individualidades”. Tal cual. Simeone jugó al despiste con Diego Costa en la previa pero no vaciló en su pizarra táctica: sacó su bloque de cemento armado para que Messi se pegara cabezazos contra el muro. El secreto estaba en la masa; no sólo se trataba resquebrajar la zaga rojiblanca, el Barça tenía que lograr una gesta todavía más homérica: batir al portero más en forma del mundo.

Thibaut Courtois sacó sus mil tentáculos delante de la portería sacando balones de todos los colores. Elástico por abajo y volador por arriba;  el meta belga se doctoró en un santuario más. Precisamente, en el Camp Nou tenían informes cum laude sobre Courtois, pero éste anunció anoche en COPE que su futuro inmediato se limita a Atlético y Chelsea. Es decir, que renovará su contrato con el club londinense pero le pedirá a Mourinho que le mantenga un año más en el Calderón. No en vano, el pasado verano ‘Tibito’ pidió al técnico portugués que le dejase continuar en Madrid para foguearse. Ésa fue la razón deportiva; había otra personal y era su novia. Mourinho fue flexible con él consciente de que aún podría disfrutar de los últimos coletazos del pétreo Peter Cech. Pero Courtois ya se ha hecho mayor y sólo una súplica con inmensas contraprestaciones le puede retener en España. En su decisión, que hará pública en unos días, pesa la continuidad del guardameta checo la próxima temporada. Tal es la jerarquía de Cech en el Chelsea que Mourinho aceptó que su asistente Silvino Louro dejase de ser entrenador de porteros para convertirse en primer ayudante del entrenador (así reza en la web del club); el francés Cristophe Lollichon se mantiene como entrenador de porteros desde que Cech fichó por el Chelsea.

Pero volviendo al partido, sólo Iniesta se puso el disfraz de superhéroe para poner balones imposibles, como la asistencia made in Laudrup en el gol de Neymar. La jugada fue tan espectacular como el misil tomahawk de Diego Ribas. El brasileño regresó a Madrid en loor de multitud y hasta anoche no devolvió los agradecimientos. Desde luego, su gol compensa su fichaje. Tal fue la barbaridad de su gol que más de un compañero lo comparó con la volea de Zidane en la ‘Novena’. Francamente, ambos fueron bestiales y con ejecuciones complicadísimas. El de Zizou ha quedado inmortalizado y el de Diego también es apto para un museo, siempre que el Atlético remate la faena en el Calderón. Tampoco sería una sorpresa porque los rojiblancos se han quitado la piel de cordero; son tan duros de pelar como los boinas verdes. Razón: portería de Simeone.

Cada partido agiganta el talante del argentino en el banquillo, porque sólo gracias a él su Atleti ha cambiado los decadentes derroteros que había tomado su centenaria historia. En las charlas de barra de bar siempre se ha comentado que cualquier ignorante podría entrenar a las plantillas millonarias de Madrid y Barça, más que nada porque juegan solos. En el Atlético es diferente: Simeone es un motivador nato y casi infalible en el ajedrez táctico que plantea cada rival. Anoche sólo falló en la sustitución de Villa por un ingenuo y tierno Sosa (al argentino le queda grande este Atlético). En la otra acera, la resaca del empate deja un fuerte aplauso a Martino por inyectar un buen chute de intensidad a sus jugadores, pero en el horizonte otea una verdad injusta e hiriente para el barcelonismo: el Barça de Guardiola y el de ahora son como la noche y el día. Nada tienen que ver en su fútbol. Es más, si Iniesta no hubiese actuado de mago improvisado, el partido se habría parecido a las peleas cancheras de la liga argentina. Así que, gracias, Iniesta de mi vida.

El portero de los mil tentáculos

Lunes, 27 Enero 2014

courtois.jpg

‘El Atleti es un ejército con artillería pesada contra un Rayo tribal con flechas y piedras. Los pintas a todos de azul y parece Avatar’. Lo tuiteó un periodista de Goal.com cada vez que los rojiblancos perforaron la portería rayista. La lectura es muy ocurrente, pero el equipo de Simeone comienza a entrar en una inercia demasiado peligrosa: sus últimas victorias recuerdan al Madrid galáctico que dependía de los goles de Ronaldo y las paradas imposibles de Casillas. Y aunque el debate es inevitable, el discurso exclusivo y tostón del ‘partido a partido’ funciona como un reloj suizo. En gran parte porque estamos asistiendo a la maceración de un portero de escala mundial. Hace tiempo que Courtois dejó de ser el enternecedor ‘Tibito’, ahora es Thibaut, un Benji ‘paralotodo’ en acto (que no en potencia) y, sobre todo, un muchacho sensato y serio si le preguntan por su futuro. A Mourinho le puede salir la jugada del siglo: contar en sus filas con uno de los mejores guardametas del mundo. Su dueño es el Chelsea y el viejo Petr Cech ya se ha hecho un plan de pensiones.

Courtois habló personalmente con Mourinho el pasado verano y le propuso quedarse un año más en el Atlético para madurar sus habilidades y a sabiendas que, con Cech, no jugaría mucho. El técnico accedió y ahora se frota las manos con el portero de los mil y un tentáculos. Y si el Atlético le quiere, clin clin caja: 26 millones más la decisión definitiva de Courtois. No obstante, acabe en Londres o Madrid, no habrá club que no quiera alguna copia del belga, porque cualquier versión mínimamente lograda salva medio partido. Desde luego, la trilogía de Diego Costa enchufado, Villa reencontrado consigo mismo y Courtois en plan bloque de hormigón, mantendrán el punch del Atlético.

Y en ese combate de grandes púgiles, el Barcelona gana sin enamorar pero sigue siendo el favorito. Y aquí entra la relatividad de Einstein: el Madrid va como un cohete Sputnik y a estas alturas por fin juega como debió hacerlo hace un puñado de meses (¡noticia!). No sólo eso, si no que un mes atrás estaba empatando en Mestalla a falta de diez minutos y a siete puntos virtuales de azulgranas y colchoneros. Sin embargo, el Barça también tiene argumentos para ver el vaso medio lleno: se mantiene en lo más alto habiendo sobrevivido a la lesión de su mejor jugador, vamos, del mejor con permiso de Cristiano, y con el KO del portero más en forma del continente, Víctor Valdés. Todo eso quedó atrás porque hoy blancos y culés cuentan con todas sus armas de destrucción masiva. Así que en esta Liga de gigantes y liliputienses, de incontables partidos de trámite, sólo esa ‘mini liguilla’ aclarará el campeonato. Ahí está la chicha del torneo, el resto es bacalá ; de lo contrario, ¿por qué anoche apenas fueron cincuenta mil socios al Camp Nou? 

Decisión acertada de Juan Mata

Jueves, 23 Enero 2014

juan-mata.jpg

Durante la jornada del pasado Boxing Day Eden Hazard atendió a la televisión Sky Sports casi jadeando y con la lengua fuera. Su palizón físico en la victoria del Chelsea ante el Swansea (1-0) le había dejado para el desguace, “con Mourinho casi es más importante el fútbol sin balón que con balón”, dijo el mediapunta belga. Para nada se trataba de un cumplido; no en vano, Hazard ha espabilado muy rápido con la llegada del portugués. En apenas unos meses, su actitud ha pegado un cambio repentino: de deleitarse con florituras poco prácticas y quedarse en el limbo cada vez que no olía la pelota, ahora se pega buenas panzadas a correr e incordiar a los rivales. Es el lema táctico de su entrenador: presionar hasta morir. Hazard lo ha entendido, el brasileño Óscar también lo está asimilando y Willian, fichado del descompuesto Anzhi ruso antes del cierre de mercado veraniego, comienza a practicar la filosofía Mourinho. Quien se ha quedado atrás es Juan Mata, elegido por la afición blue y sus propios compañeros mejor jugador del equipo los dos últimos años.

Mata nunca imaginó que en su primera temporada en Londres la gloria fuera tan repentina. En un grupo que concebía el fútbol de manera vertiginosa, el ex valencianista llegó para dar ciertas pinceladas al fútbol de hormigón del Chelsea. Y la afición se lo agradeció nombrándole el mejor del año. La inesperada Champions de Munich y la Europa League con Rafa Benítez elevaron su caché hasta el punto que los seguidores británicos no entendían por qué Del Bosque le dejaba siempre en el banquillo de ‘La Roja’. Su visión panorámica del juego y, sobre todo, su sutileza preciosista con el balón destacaron demasiado en Stamford Bridge. “Es un fenómeno, no sólo por sus goles, también por sus asistencias. Es fantástico. Aporta mucho al equipo. Es un mago, tiene un primer toque genial y una fantástica visión de juego”. No lo dijo cualquiera sino el gran capitán John Terry. Eso fue hace poco, cuando Mata se declaraba en un estado de felicidad absoluta. El Chelsea había colmado todas sus expectativas, incluso sueños pueriles como fantasear qué habría sucedido si el Real Madrid le hubiera echado el anzuelo. Sin embargo, el regreso de Mourinho ha llenado de tempestades el edén de Mata.

El técnico del Chelsea percibió pronto que el mediapunta español chirriaba en su maquinaria pesada. Cualquier jugador de Mourinho debe acabar a doscientas pulsaciones después de noventa minutos, y Mata no estaba acostumbrado a defender hasta la extenuación. Lo suyo es más estilo Barça o, lo que es igual, estilo selección española. O sea, una concepción absolutamente antagónica a los mandamientos mourinhistas. Un puñado de partidos insípidos desembocó en una sustitución que agotó la paciencia del entrenador. Ocurrió en Navidades durante un Southampton-Chelsea. Mata jugó de titular, hasta que en el minuto siete de la reanudación Mourinho se hartó y le cambió por Óscar. La entrada del brasileño despertó a un Chelsea que rompió el marcado y acabó goleando 0-3. Las cámaras de televisión estuvieron pendientes del rostro cabreado de Mata, pero Mourinho no quiso incendiar la polémica y, simplemente, explicó en rueda de prensa que contaba con el español, pero que la puerta del club “siempre estaba abierta”. No era un recado, sino una advertencia. El dueño del Chelsea, Roman Abramovich, se había cansado del desfile de entrenadores de los últimos tiempos: Di Matteo, Villas-Boas, Benítez…la opción era Guardiola, pero al fichar por el Bayern, Mourinho aceptó la oferta. Eso sí, atendiendo a dos exigencias: su manera innegociable de jugar y la obediencia absoluta del vestuario.

El fichaje exprés de Mata por el Manchester United no suscitará mucha polémica porque contenta a todas las partes. ‘El fútbol es business’, dijo Mourinho en una de sus últimas ruedas de prensa. Quizá sonaba a una indirecta por los rumores de salida del jugador. Y el portugués niega que se trate de odio visceral hacia lo español; de hecho, Azpilicueta se está batiendo el cobre por el lateral derecho y Fernando Torres es una pieza muy valiosa para desnudar defensas a la contra, el arma de destrucción favorita de Mourinho. Al final, el business le ha salido redondo: no cuenta con Mata y lo vende por 45 millones de euros. Un P.V.P demasiado exagerado por el cuarto mediapunta del Chelsea. Pero el United tiene pasta gansa para gastar y cientos de problemas tácticos y técnicos (la tanda de penaltis de anoche contra el Sunderland fue escandalosa). A partir de hoy, Juan Mata sólo tiene que preocuparse por reencontrar su sitio en la Premier, ser fiel a su fútbol y esperar la llamada de Del Bosque.