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Las axilas del Madrid

Lunes, 3 Marzo 2014

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‘Peleas como el mejor’. Simeone se ha tomado al pie de la letra el himno del Atlético, razón esencial de la pleitesía que le rinde el Calderón. El preocupante diagnóstico de las últimas fechas había evidenciado dos síntomas claro: falta de alto voltaje y, dicho soezmente, pocos huevos o, al menos, no los exigidos por el ‘Cholo’. Y como el Madrid es un gato con más de siete vidas, el fallo en el mano a mano de Diego Costa con 2-1 le sirvió de electroshock. Y eso que pocos equipos pueden presumir de haber apagado analógicamente la ‘BBC’; los rojiblancos lo lograron durante una hora, el rato que Benzema gateó por el césped, Cristiano se desesperó por la quietud de su gente y Bale se acomodó en ese limbo en el que solía estar su colega francés. Sin que sirva de precedente, las crónicas post partido no aborrecen el nombre de CR7, porque el héroe no fue él sino ese Diego Costa puñetero (en sentido cariñoso) que disfruta pegándose con cuatro a la vez. Le motivan los tipos duros como Pepe o Sergio Ramos; sabe que es el epicentro de las broncas al mismo tiempo que el delantero peligroso que la lía por una banda (penalti de Ramos) o en un contraataque. Los duelos de Costa con la zaga blanca recuerdan a la escena final de Sin Perdón en la que William Munny (Clint Eastwood) entra en el saloon encolerizado y dispara a todo bicho viviente, incluido el sheriff, sin miedo a la muerte.

Si hace una semana la prensa atizó al ‘Tata’ Martino como una esterilla por su locura de entrenador en San Sebastián, el derbi fue causa de otra excentricidad, ésta de Ancelotti. En su columna No me gustan los lunes en MARCA, Roberto Palomar explica la táctica del ‘cagazo’. “Poner a Coentrao y Arbeloa es tenerle miedo al partido…colocar a Marcelo y Carvajal es ir a ganar”. Desde luego, Carletto quedó retratado con la sustitución de los dos laterales; seguro que entre el final del derbi y el día de hoy, algún colega italiano le ha recordado cómo se gestó la Italia campeona del Mundial 82, que ganó a Brasil y Alemania con carrileros desplegados por toda la banda. Aquella innovación planetaria del seleccionador Enzo Bearzot chocó de bruces con el rito por antonomasia del catenaccio. Bearzot supo jugar sus partidas de ajedrez y los italianos conquistaron el mundo en España. Ancelotti lo tenía todo a su favor para pegar el primer gran guantazo a la Liga; su Madrid iba lanzado como un cohete sputnik y, más importante, por fin se había aclarado en sus intenciones: ganar machacando con la artillería pesada. Y, paradójicamente, en ese engranaje no cuadraban ni Arbeloa ni mucho menos Coentrao.

“Carvajal y Marcelo son puro desodorante para las axilas del Madrid. Los otros dos son como ponerse un jersey de lana gorda sin camiseta debajo”. Es un comentario demasiado gráfico de un ex futbolista merengue, pero explica con nitidez la diferencia entre dos laterales ‘jugones’ y otros que no lo son tanto en este Madrid. Quizá a partir del derbi Ancelotti se ha frotado los ojos y sabe dónde no tiene que experimentar. Arbeloa es un soldado cumplidor al que se le exige cubrir su zona y llevar el balón hasta la medular; Coentrao tiene más arranque pero también más despiste. La llegada de Carvajal supone para el Madrid contar con un émulo diestro de Jordi Alba con menos velocidad pero mismo toque de balón. Mientras, Marcelo suele entrar y salir del club elitista de mejores laterales. Si su silueta no le traiciona, desde luego es la daga que necesita Ancelotti.

 

 

 

 

 

“Si no ganas, parece que es un fracaso”

Lunes, 20 Agosto 2012

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Roger Federer silenció las críticas que le habían incordiado durante toda la temporada cuando batió a Andy Murray en la final del pasado Wimbledon… “Parece que todo lo que no sea ganar, es un fracaso; y eso es bastante duro”, sentenció el suizo después de levantar su decimoséptimo Grand Slam. Ésa es la impresión que va a arrastrar el Madrid de Mourinho, más si cabe, después de haber reventado todos los récords ligueros imaginables. “Jugamos para ganar, pero pudimos jugar mejor”; fue el titular claro (y de perogrullo) del entrenador para explicar el primer revés de Liga. Cierto, el Madrid se vació atacando en la misma versión que el año pasado: gasolina de altísimo octanaje y velocidades demasiado exageradas. Faltó cabeza. Pero, como a Federer, al campeón no sólo se le exige ganar, sino golear sin piedad; y aunque el Valencia no era ni mucho menos un comparsa, el Bernabeu acabó ansiando ese puñado de minutos que transforma al equipo a imagen y semejanza del ‘superguerrero Son Goku’ de Bola de Dragón.

El Madrid propuso al Valencia el mismo guión del último campeonato: fuego a discreción, aunque esta vez la ametralladora blanca se encasquilló más de la cuenta. No estuvo el ‘paralotodo’ Guaita pero sí Diego Alves, quien detuvo los tres o cuatro momentos de inspiración blanca. Quizás el empate de la pasada Liga fuese más espectacular por la decena de paradas del portero valencianista y, sobretodo, por la insistencia de Cristiano Ronaldo. Entonces, el portugués acabó desesperado con Guaita; ayer anduvo abúlico y lo peor, desaparecido en combate. Ni siquiera sacó su egoísmo a veces recurrente para arreglar casos imposibles. A Cristiano, o le  desenchufaron o su mirada depredadora se la ha guardado para la noche de fastos del próximo jueves en el Camp Nou. Pero extraña que la megaestrella portuguesa se haya dosificado cuando, precisamente, él es el único de toda la Liga que tiene fuelle para correr sin jadear las 38 jornadas.

Y Mou siguió empecinado en Coentrao, sugerido por la buena actuación del lateral en la Eurocopa. A ver si a partir de ahora el rubio teñido da más que hablar por actuaciones en el césped que por pilladas in fraganti; por el momento, simplemente es un buen lateral como otros tantos que juegan en Europa y no valen treinta millones. Quien sí los cotiza e incluso, va en alza, es Higuaín. Por fin sus méritos goleadores le han colocado en primera fila, así lo ha entendido su míster. Marcó, mandó otro balón al larguero y a poco que mantenga el nivel, se hinchará a goles esta temporada; suya ha sido la primera titularidad, pero no significa que sea permanente: Mou avisa que Benzema y el ‘Pipa’ son igual de necesarios.

Pero, al margen del lánguido Cristiano de ayer, los achaques del Madrid se intuyen en su columna vertebral. Y ahí es donde Xabi Alonso asume funciones plenipotenciarias: cubre espacios, corta balones y debe ponerlos…demasiadas tareas para alguien que va a meterse cincuenta partidos como mínimo hasta el próximo verano. Ya conocemos al incombustible Lass, pero la prensa alemana estará que trina en sus crónicas de este lunes: Khedira es un bien muy preciado como para rechazarlo. Si Coentrao evidenció en Polonia que no es tan paquete como el madridismo creía, el centrocampista alemán demostró que Mou no se equivocaba en su fe ciega hacia el titularísimo de la Mannschaft. Su suplencia ante el Valencia desorientó a Xabi y, por ende, al ordenador central del equipo. Al menos, el Madrid no traicionó su estilo, sencillamente falló en puntería (su mejor asignatura); pero ya sabe que cuando no gane, la prensa no será piadosa. Le sucedió a Federer y ha sobrevivido.

‘Si Coentrao costó treinta millones, Cristiano no resultó nada caro’

Mircoles, 18 Abril 2012

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‘Si Coentrao costó treinta millones, Cristiano no resultó nada caro’. Fue la frase más repetida en la redacción de COPE deportes. Y es una pena porque, como dice Roberto Palomar, al portugués “se le ve el cartón”…de tabaco. Pero el Madrid de anoche no fueron diez menos Coentrao; desde el principio, la actitud respetuosa del equipo dio la sensación de que le recordaba viejos fantasmas del Olympiastadion. No en vano, el botín que han sacado los merengues de Munich en toda la historia se reduce a un mísero empate a uno de diez visitas. Y, precisamente, este Bayern no es el que más acojona de la historia pero aplica el código Heynckes con perfección alemana: se trataba de anular a Xabi Alonso y mantener a Cristiano lejos, muy lejos del meta Neuer, tanto que ni pudiese activar misiles tierra-aire. Por ello, tuvo que aparecer Benzema, el mejor de los suyos, aunque su elegancia e inteligencia cada vez que cogía un balón quedó muy huérfana. El caso es que el Madrid perdió por oficio pero sobrevivió también por él: aprovechó el bajonazo teutón de la segunda parte para marcar el empate y, entonces, inexplicablemente se diluyó cuando la tendencia del partido intuía que Cristiano dispondría de más contraataques.

Pero Mourinho echó por tierra su propio plan con la entrada de Marcelo por Özil. Al equipo se le nubló la vista y en ese momento de incertidumbre el Bayern se aprovechó de sus extremos Robben y Ribery para cobrar ventaja. Quizás el francés estuvo más valiente y atinado que Robben, quien apenas pudo hacer un puñado de amagos con ese regate tan característico de fuera hacia dentro. El peligro vendrá en el Bernabéu, cuando el holandés disponga de una autopista hasta la eternidad en medio del ímpetu blanco. Casualidad o no, dos de los mejores alas de Europa han coincido con un pésimo estado físico de los laterales madridistas, porque Coentrao fue de los peores pero Arbeloa no le anduvo a la zaga, pues apenas se enteró de las incorporaciones del escurridizo Alaba por su flanco derecho.

Un 2-1 a domicilio suele ser buen resultado, más cuando el Madrid le va a pedir un esfuerzo al Bernabeu no sólo en asistencia sino también en animosidad hacia el Bayern. De hecho, la última remontada europea tuvo como víctima a los alemanes: en los cuartos de final de la Champions 2001/02 el Madrid cayó 2-1 en Munich con una actuación sublime del portero César y un gol ‘guarrindongo’ del camerunés Geremi. Entonces, a Raúl, Zidane y compañía no les hizo falta invocar el ‘espíritu Juanito’, bastó otra fanfarronada de Oliver Kahn…”En Madrid no me marcan dos goles ni loco”. Al Madrid le valía un tanto pero el gustazo de cerrarle la boca al portero alemán era casi más deseable que la propia ‘Novena’, que también llegó en aquella edición.

Hoy es diferente. A expensas de las provocaciones del gurú Beckenbauer mentando al Barcelona (“el Madrid es un equipo normal sin la genialidad del Barça”) y del presidente del club bávaro, Uli Hoeness, diciendo al diario AS que “el Madrid nos tiene más respeto que nosotros a ellos”, la urgencia de cobrarse al fin una cabellera de un general obliga al Bernabeu a empujar el primer gol. No sólo hay en juego una final de Champions, sino las ansias de confirmar que el Madrid ha vuelto al viejo continente después de una década ominosa….y contra la bestia negra que le suele hacer llorar.