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La advertencia de Mickey Goldmill

Sbado, 24 Enero 2015

Real Madrid 2-1 Córdoba: Cristiano se arrepiente y pide perdón a Edimar 

Al valencianista  Rodrigo de Paul le cayeron cuatro partidos por dar un puñetazo en el pómulo a Aleix Vidal en el Sevilla-Valencia de la primera jornada. Entonces, el acta arbitral contempló el cruce de cables del argentino como una agresión. Cristiano Ronaldo podrá agradecer al colegiado Hernández Hernández que haya omitido su agresión aludiendo a una simple “patada”. Ese pequeño matiz supone que la sanción al portugués sea más morbosa que los cuartos de Copa. Si le caen dos partidos, Real Sociedad y Sevilla, la maquinaria mediática antimadridista se activará para recordar en fascículos diarios las bulas papales que el Comité de Competición ha dispensado al Real Madrid a lo largo de la historia; pero si el Comité considera que la reacción de Cristiano fue infantiloide (no admite duda), el paquete puede llegar a cuatro partidos, incluido el derbi del Calderón. Será entonces cuando la caverna (Laporta dixit) repita la palabra ‘villarato’ como un loco atado con un chaleco de fuerza y que habla solo en un manicomio. Y, por supuesto, el Madrid pondrá en liza su lobby institucional para evitar daños y perjurios que pueda devolver en efecto bumerán al son de ‘con el Madrid no se mete nadie’.

Cristiano se desquició así mismo por desquiciamiento colectivo, valga la redundancia. De repente, sus misiles tomahawk se han averiado y su zancada no anda. “Las mujeres debilitan las piernas”, advierte Mickey Goldmill a su púpilo Rocky Balboa en la obra maestra de Stallone. Lo mismo le sucede a CR7 a modo de aduladores, premios y el ‘Sálvame Deluxe’’ que va a inundar su vida a raíz de su reciente ruptura sentimental. Da la sensación que Cristiano, lejos de reposar su cuerpo hercúleo, necesita caña para no cortocircuitarse. Su desborde ha perdido el reprís que hacía volar por los aires cualquier defensa acorazada. Pero no es un diagnóstico aislado: el rock and roll del equipo ha desaparecido de las guitarras eléctricas; más bien son acordes de música clásica, previsibles, relajados, sin poder de intimidación. Las jugadas han perdido su ritmo vertiginoso y las combinaciones perfectas de la ‘BBC’ que antes destripaban a los contrarios apenas alcanzan el balcón del área. Vale, no jugó Isco y el Madrid estuvo a punto de chocar con el iceberg. Pero ésa es la historieta que se contarán los niños en el recreo el lunes. Quién lo diría en verano, cuando en la planta noble del Bernabéu temían que el malagueño repitiera otro caso Özil.

Las crónicas sobarán en el Córdoba el tópico de jugaron como nunca y perdieron como siempre. Ocurre cuando el equipo liliputiense tiene que tirar de la palanca de la guillotina; el miedo a perderle el respeto al señor feudal les mata. Claro que todo habría acabado en palabrería si Bebé, ese émulo de Ronaldo Nazario, hubiera culminado su jugada de sello ‘maradoniano’. Bebé y el larguero que evidencia que Casillas tiene más flor que la selva amazónica fueron el preámbulo de la estocada merengue. Un penalti claro que Bale cocinó y se comió para mantener a raya a un meteórico Barcelona. El fútbol marchito del Madrid es inversamente proporcional a los bailes de Fred Astaire reencarnados por Messi y Neymar, los Balones de Oro del hoy y del mañana. Pero, como dice Manolo Sanchís, los equipos “obedecen a picos de rendimiento” y el de los blancos casi ha tocado el suelo. Al final, uno no sabe si es mejor descansar durante la semana o darse de bofetadas en otra competición, como están haciendo Barça y Atleti. 

 

Una bendita pesadilla

Martes, 26 Agosto 2014

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Problemas en la sala de máquinas. Ancelotti ha pintarrajeado toda su pizarra y la única conclusión es que necesita tiempo para solucionar el galimatías táctico que atasca al Madrid. En vez de rodar el balón, el tráfico del centro del campo parecía la escena final del show de Benny Hill en la que todos corrían detrás de todos. Modric y James no se enteraron de la película y si el Bernabéu quiere ver a ese colombiano que se puso de moda en Brasil, tiene que engancharse con la ‘BBC’. Recuerdo que Fabio Capello, en su primer año de 1996, colocó a Raúl González en la izquierda, lejos del punto de penalti donde olfateaba el gol; claro que Raúl era Raúl y habría funcionado hasta de lateral. Después de muchos años criticando que el Madrid no mimaba las bandas, quizás desde que se retiró Roberto Carlos, anoche no encontró soluciones en el mogollón, donde suele diseccionar al rival.

Un caos táctico aderezado con una falta de ganas exagerada. El Córdoba presentó ilusión y una hoja de ruta muy trabajada, pero seguramente no esperaba que la mole merengue tuviera las vértebras fracturadas. Al ‘Chapi’ Ferrer le gusta tocar la pelota y evitar rifarla si es necesario, se nota que mamó la escuela cruyffista. Curiosamente, al primer toque (como le gustaba jugar a Cruyff) Benzema marcó un gol que fastidia al representante Jorge Mendes, quien ya se frotaba las manos con un negocio exprés por Falcao. El francés salió del limbo un instante decisivo y volvió a sumirse en un estado melancólico que irrita a la grada. Benzema es un delantero especial que, lejos de intentar clavar la bandera en el área, prefiere arrimarse a una banda para construir jugadas: le grada le aceptará o no, pero no exigirle que cambie. Y más, después de cinco años.

El público ve a la legua que su Madrid se divierte más contraatacando. No en vano, una de las zanahorias que se llevó Mourinho durante todo su serial de palos fueron esos ciento y pico goles de la segunda Liga. Bale y Cristiano suspiran aliviados cuando tienen delante autovías de cincuenta o sesenta metros. Su condición de velociraptores no termina de cuajar en esa idea de fútbol-control de Ancelotti. Tampoco lo habría conseguido el jugador que últimamente metía a los partidos cien vatios extras, pero eso ya es un imposible porque Di María estuvo pasando el reconocimiento médico en Manchester a las dos de la pasada madrugada. Si la propuesta del técnico es usar a Toni Kroos como mando de control remoto, a Modric tiene que programarle para una misión específica: o airear la pelota o contener atrás. De momento, se ha diluido demasiado respecto al final de temporada. “Es una bendita pesadilla”, dijo Manolo Lama durante la retransmisión del pestiño que anestesió al Bernabéu. Aclarar el dibujo de la medular hará de Ancelotti un entrenador más fiable o más sospechoso porque todos le mirarán a él. Quizá si Zidane se volviese a vestir de corto….