Blogs

Entradas con etiqueta ‘Cristiano Ronaldo’

El Terror del Garden

Domingo, 27 Noviembre 2016

realmadridcfvrealsportingdegijonlaliga1_o.jpg

Regresó el ‘Terror del Garden’ al Bernabéu. Mientras medio país le estaba animando a un plan de jubilación demasiado adelantado, su pegada confirmó que sin él todo huele a tierra quemada. Es el derecho divino que sólo se le puede atribuir al digno sucesor de Alfredo Di Stéfano. Las coartadas de los ingratos caen como castillos de naipes: 1) que si no marcaba goles decisivos. El de Lisboa valió una Champions, el hat trick del derbi enterró al sector cafre de twitter; 2) que si su físico se oxida. Quizás, pero mientras Benzema, Bale y medio vestuario visita a menudo la enfermería, los médicos tienen que convencerle para dosificar sus ansias. Cristiano Ronaldo ya no tiene la explosividad de Bale, de acuerdo, pero su instinto depredador sigue intacto. Ancelotti le sugirió amablemente probar de delantero centro y el portugués lo rechazó sin titubeos. Prefiere seguir cabalgando a treinta metros de la portería y no perder el oficio de francotirador. Con los años Leo Messi ha retrocedido su posición (acabará en la baldosa desde donde se manejaba Xavi Hernández) y Cristiano ahora es más decisivo rematando hasta un microondas desde el punto de penalti.

A Cristiano le suelen preguntar en zona mixta por qué nunca descansa. “Estoy bien, no hay motivo para parar”. Lo dice el mejor profesional de su oficio; entregado al culto de su cuerpo mañana, tarde y noche; obsesionado con romper la barrera del sonido y sacudirse las habladurías de segundón. En sus primeros años Rafa Nadal descansaba entre punto y punto lanzando bolas a los recogepelotas; era su manera de mantener el ritmo. Para CR7, cada jugada requiere su presencia porque él siempre está dispuesto a pedir el balón: un salto imposible, un paso atrás para cargar el tomahawk…Un ex peso pesado del vestuario cuenta que, durante las dos primeras temporadas de Mourinho, su fijación con ser el número uno llegaba a límites insospechados. Por ejemplo, cenar durante una concentración viendo al Barça en televisión, y tirar la servilleta al suelo instantes después de un gol de Messi. Y aunque su egolatría le ha causado odios por muchos campos, las ansias de superación mantienen su voracidad de tiburón blanco, sin que ningún Jefe Brody lo haya arponado todavía. A partir de hoy calibrará sus fusiles para la cacería del Camp Nou, y anoche le demostró a Florentino Pérez una teoría peligrosa para un club de casi 600 millones: el Madrid es Cristiano por tierra, mar y aire. Sin él, se asoma al Apocalipsis. Aunque lo misma dirán los merengues del Barça sin Messi. Sólo la estrella lusa puede evitar un cataclismo en el club y las supuestas terribles consecuencias en la planta noble del Bernabéu.

Rompe récords a la misma velocidad que agita pasiones y odios. Cristiano superó a Raúl con un promedio brutal y todavía arrastrará grilletes. Las plumas más afiladas le recriminan que trescientos y pico goles sólo han regalado una liga en siete años; su guardia pretoriana justifica la existencia de su antihéroe, Leo Messi, como Sebatian Coe necesitó a Steve Ovett para agigantar su grandeza. Le han llamado “goleador de partidos pequeños”: la memoria a corto plazo ignora su salto de gimnasta en aquella final de Copa de Mestalla o el último gol que enmudeció al Camp Nou y metió al Madrid en una liga inimaginable. Hay gente para todo. Llegará a cuatrocientos goles y aún sonará ese runrún ensordecedor y casposo de que juega para sí mismo. Es el tendido siete del Bernabéu que llegó a sospechar del mito Di Stéfano. Ya lo repite Manolo Sanchís hasta la saciedad: “Si han pitado a ‘La Saeta’, quién se puede librar”.

El triunfo de la supervivencia

Lunes, 11 Julio 2016

78e8d_636037845325543168w.jpg

Eder Antonio Macedo Lopes es un delantero que en Vallecas podría ser confundido con Manucho. Desconocido para el gran público, incluso los periodistas portugueses creen que Fernando Santos le convocó porque el casting de goleadores lusos era demasiado reducido. En Swansea se parten de risa porque su fichaje de los 5 millones (los que pagó el club galés al Braga) no olió ni un gol en catorce partidos. La presión de los socios fue tan brutal que el Swansea le pasó el marrón al Lille. Allí, en Francia, sí vio puerta, ganándose el reclutamiento nacional. Es la biografía más reciente del héroe anónimo de la Eurocopa, que provocó el segundo lloro de Cristiano Ronaldo y grabó su nombre para la posteridad, quizá por delante de un tal Eusebio, Ruo Costa o Luis Figo.  El espigado Eder ya es ídolo de masas en su país y las generaciones futuras recordarán que él (y sólo él) reventó Saint-Denis y calló de un derechazo a la multitud de la Torre Eiffel.  La gesta sin Cristiano es hercúlea porque la campeona ha llegado a la final con el cuerpo lleno de cicatrices de guerra: Hungría le tuvo noqueado tres veces y entró como mejor tercera por el formato somnífero de la UEFA. Y cuando el día D iba a coronar el Balón de Oro de CR7, se lesiona y su vestuario apeló A las armas, en honor a su himno.

Portugal emuló a Grecia en 2004 porque sin fútbol tumbó a quien se puso por delante. No perdió ningún partido gracias a las intervenciones divinas de Rui Patricio y su fútbol mediocre enmarañó a una tosca Francia en la que el mejor no fue Griezmann sino esa proeza genética llamada Sissoko que jamás firmó un partido así en tres temporadas en el Newcastle. Santiago Segurola tituló en El País la victoria de Italia en el Mundial de Alemania 2006 como El triunfo de la nada; los portugueses han superado un ejercicio de supervivencia tan gratificante como el alpinista que holla cima en el Everest. Sin embargo, dentro de un puñado de años nadie hablará de esta Eurocopa, si acaso del tropezón de España y el milagro islandés. Demasiada racanería y un descarado miedo a perder que contagió a selecciones tan alegres como Croacia. Habría que proponer un consejo de sabios que dirima si conviene anteponer el negocio a los castigos físicos de los jugadores: la mitad han llegado reventados y el resto apenas descansará antes de las pretemporadas. Entre ellos, un Cristiano extasiado al que le iba media vida en la final.

Ni siquiera en los bares lisboetas se hablará de Fernando Santos. Discreto, siempre en segundo plano, cogió un equipo destrozado en el último Mundial. Las casas de apuestas tampoco se habían congraciado con su Portugal y mañana seguirá festejando el título entre bambalinas; los protagonistas son otros. Bueno, el sorprendente Eder y el Pepe más imperial de los últimos tiempos. Todo el vestuario, incluida la gran estrella del Real Madrid, han obedecido las órdenes de Santos con disciplina espartana. Ni una voz estridente, ni una queja convulsa. Cuando Fernando Santos entrenaba a Grecia, ordenó un entrenamiento en Atenas a las 8 de la mañana. Los jugadores helenos se quejaron de que no llegarían puntuales por el caótico tráfico de la ciudad, a lo que el entrenador portugués contraprogramó la sesión a las 07. Finalmente, la plantilla acabó accediendo a las 08. Ése es el nuevo campeón de la Eurocopa, de carácter firme pero calmado. Aunque el fútbol nunca se lo agradecerá, Que piense en Otto Rehhagel.

Plan Renove

Lunes, 29 Febrero 2016

1456598526_549495_1456598609_doscolumnas_normal.jpg

Plan renove. Fue la expresión que utilizó Lorenzo Sanz cuando le preguntaron por la caótica temporada que borró de un plumazo a la pareja Valdano&Cappa. Aquel Real Madrid necesitaba fumigar el vestuario y nombrar a un general con puño de hierro. El elegido fue Fabio Capello, que entonces exigió sus fichajes uno por uno y, de paso, cobrar una peseta más que el futbolista mejor pagado de la plantilla. A Florentino Pérez no le gusta ser tan contundente delante de las cámaras porque, como presidente de una multinacional del Ibex 35, conoce el terremoto que origina cualquier decisión drástica. Mejor actuar entre bambalinas, preparando la lista negra mientras el Kalashnikov de Zidane guarda la última bala en la recamara: un disparo sólo apto para el mejor de los francotiradores. Y no parece que Zizou esté bien adiestrado para la misión. Varios ex jugadores merengues suelen comentar las lagunas tácticas del entrenador y deslizan en los cenáculos periodísticos vía Mesón Txistu y Asador Donostiarra que ahora mismo el técnico con más vocación es Luis Miguel Ramis, sucesor de Zidane en el Castilla.  Pero tampoco tiene experiencia, ni siquiera un nombre marketiniano que ayude a vender portadas. Su única oportunidad de entrenar al primer equipo empieza y acaba por ser un mero apagafuegos, como un desconocido llamado Vicente Del Bosque, coordinador de la cantera de la Ciudad Deportiva de La Castellana, durante la década de los noventa.

El club más rico de la lista Forbes ejecuta un plan económico anual digno de estudio en universidades como Harvard o Stanford, y toma decisiones deportivas como si las charlara en una barra de bar. Zidane no estaba preparado antes de Navidades, pero el hartazgo del vestuario con Rafa Benítez precipitó su ascenso. Él, por supuesto, anunció que estaba preparado; el gremio de entrenadores todavía le veía en un póster voleando el gol de la Novena. Y ha sido Simeone el que ha acabado por incendiar las discusiones de salita y redes sociales. De repente, el equipo siderúrgico de estilo plomizo maniató al fino estilista hasta ponerle una camisa de fuerza. Acorralado en un callejón sin salida, sin intercambio de posiciones o cambio de pizarra, el Zidane más impulsivo confió en Borja Mayoral para conjurar la primera gran noche de Raúl González o, a escala inferior, de aquel José Luis Morales que levantó al Bernabéu en un derbi. Cualquier acto de fe que comulgara con la grada. La conclusión es que este Madrid presume de una  alfombra roja de Hollywood en la que los actores se quieren lucir en su photocall más personal. Manolo Sanchís resumió el debate futbolístico en una declaración: “El equipo que más media puntas tiene no juega con ningún media punta”. Isco y, sobre todo, James quedaron señalados porque, hablando en plata, es complicado jugar andando. No hay más preguntas, señoría.

El Bernabéu se cansó de buscar muñecos de pim, pam y pum, y se giró al palco. Ya no había un Ancelotti o Benítez de turno en los que descargar la bilis, y Zidane tampoco merece la guillotina en tan poco tiempo. El presidente ha repetido innumerables veces que sólo convocará elecciones si los socios se lo reclaman; la advertencia en el derbi fue el primer aviso. Con o sin elecciones,  y con o sin otros candidatos. la reestructuración se intuye absoluta. Por ejemplo, una dirección deportiva que detecte por qué no hay un lateral izquierdo que sustituya a Marcelo; o un delantero centro a la vieja usanza que resuelva un plan ‘B’ o ‘C’. Sin profesionales que se dediquen a rastrear el mercado y olfatear futuras promesas, no suena tan descabellado que Cristiano Ronaldo pegue esos fogonazos de proporciones bíblicas. No le falta razón en lo políticamente incorrecto: “Faltan los mejores y la pretemporada está mal planificada”. Radiografía perfecta de un enfermo. El Madrid, no Cristiano.

Disparen al pianista

Lunes, 1 Febrero 2016

1454275355_036681_1454275429_doscolumnas_normal.jpg

Alfombra roja para el Real Madrid. La orgía perfecta para saciarse con un Espanyol hermano, tullido sin Caicedo y Asensio, y demasiado sedoso para dar patadas. Si el antiguo Sarriá fue considerado un ‘Mini Bernabéu’, el coliseo merengue fue un colegio mayor donde el hermano pequeño sufrió la novata anunciada; recibió collejas hasta que el Madrid lo consideró abusivo. Mérito merengue por no vacilar delante de la portería y culpa de Galca por no mentalizar a su vestuario como si no hubiera mañana. El miedo de los socios es que estas goleadas no amortizan la entrada, al menos las segundas partes, porque cualquier resultado que no sea un saco de goles suena tremendista. Y con la distancia tan abismal que ha puesto el Barça por medio, a los blancos sólo le quedan dos salidas: aferrarse a la nueva campaña del ‘Clavo Ardiendo’ del diario AS o utilizar la Liga como banco de pruebas para pelear la Champions. Es el destino del funambulista: un Madrid inseguro sobre el alambre que sólo dispone de un torneo para evitar el abismo. Una bala en la recámara que sí ha sabido utilizar en su historia contemporánea. No en vano, todas las Copas de Europa a color llegaron sin salvavidas.

Y otra semana más dando la barrila con Cristiano Ronaldo. Los mentideros merengues dicen que su obsesión por esculpir su cuerpo de culturista le ha mermado en agilidad y velocidad. Él responde abofeteando todos los argumentos menos uno: hace tiempo que no decide en grandes veladas. Roma y Atleti aclararán si Cristiano es digno de una venta millonaria este verano o merece seguir en la comparación con Leo Messi. Al fin y al cabo, ya hay demasiados madridistas que aplauden sus goles desde la grada y despotrican de él los lunes en la oficina. Es el maniqueísmo que persigue al Madrid: ganar o fracasar; la ‘Undécima’ o el famoso plan renove que acuñó Lorenzo Sanz para dar boleto a Jorge Valdano y comprarle a Fabio Capello una plantilla a su medida. Con los blancos el futuro inmediato es más imprevisible que el de Marty McFly: de repente se puede encontrar en la final de San Siro o escuchando una incesante catarata de entradas y salidas, unas reales y la mayoría inventadas, que para algo es el negocio más rentable del periodismo de este país.

Suena curioso que en noches tan plácidas Rafa Benítez siga siendo el muñeco del pim, pam, pum. Da la sensación de que el vestuario necesita hacerle vudú delante de las cámaras. El último fue, precisamente, Cristiano en MoviStar Plus: “Nos hacía falta trabajar más: la pretemporada no fue buena con muchos viajes”. Tomahawk inteligente al ex entrenador y a la planta noble del Bernabéu, donde se cierran las giras mundiales del clin, clin, caja. Es una rajada a mitad de camino entre la esperpéntica relación de Benítez y sus jugadores, y la eterna ansiedad del presidente por proteger el primer puesto de la Lista Forbes. Mola que Cristiano haya empatizado con nosotros, los periodistas, y suelte recados para apañarnos las tertulias y las conjeturas. Porque, al final, cada español, sea o no merengue, opina de su Real Madrid, con sus culpables y salvadores. Y echar todo el estiércol encima de Rafa (todavía Mister Rafa en Anfield) es la coartada fácil. Disparen al pianista.

El show de Truman

Jueves, 28 Enero 2016

florentino-perez-neymar-dis-38558.jpg

El Real Madrid quiso fichar a Leo Messi hasta en tres ocasiones. Lo desveló anoche El Partido de las 12 en plena efervescencia del ¿caso? Neymar. Noticias del pasado cuyo morbo nunca caduca. En los cenáculos madridistas siempre se ha comentado que el Florentino Pérez le dijo a Cristiano Ronaldo en su despacho que si estaba “triste” (¿recuerdan?) y quería irse, pusiera el dinero en tesorería para traer a D10S. Leyendas quizá no tan ficticias. El mejor jugador del mundo nunca deslizó una mirada cómplice al Madrid; una negativa tan tajante que reafirma su compromiso con el Barça. El de Neymar espera su fumata blanca, pero no merengue. La estrategia de Wagner Ribeiro, agente del futbolista, huele a guión de Alfred Hitchcock: enciende el ventilador, esparce el estiércol, no niega la mayor y espera que el Barça acepte un buen estacazo por la renovación. El entorno del brasileño negocia el futuro del próximo Balón de Oro y con ese caché comenzaron las gestiones. En la planta noble del Bernabéu disfrutan con palomitas los cuentos asombrosos de Spielberg y el miedo que pueda provocar la sombra alargada de Luis Figo. Y entre la guardia pretoriana de Pérez nunca dirán de Neymar otro never, never, never. Y menos cuando creía tenerlo atado en Brasil con reconocimiento médico incluido meses antes de dar el sí quiero a Sandro Rosell.

Y mientras Neymar calla, esperando firmar un cheque en blanco en Can Barça, la página web del Madrid no publicará comunicados oficiales hasta que Cristiano Ronaldo reaccione. Un golpe de billar a tres bandas donde Ribeiro simpatiza con Florentino desde el fichaje de Robinho y pretende hurgar en la tesorería culé. Si fuese por el representante, Neymar sería blanco; si fuera por el padre de Neymar, su hijo sería blanco; pero los jugadores casi siempre acaban donde quieran, excepto Falcao. Tratándose de intermediarios brasileños, las partidos de póker suelen alargarse demasiado por faroles que no van a ninguna parte. El mejor ejemplo sigue siendo Roberto de Assis, hermano y agente de Ronaldinho, quien en el verano 2012 convenció a tres clubes diferentes para fichar a Dinho. Y al igual que el ex azulgrana en el Camp Nou, Roberto sacó la magia y tuvo engañados a dos clubes que creían haber fichado al crack. El tercero en discordia fue el Atlético Mineiro, que realmente le contrató.

Entre el Real Madrid y Neymar no hay contacto, ni por vía oficial ni de barra de bar. Porque antes de acometer la macro operación de la historia, 190 millones + I.V.A (no se olviden), Cristiano tiene que ser declarado transferible y ceder todos los honores al brasileño. Primer problema. El segundo tiene origen galés, también está en el club de los tres dígitos y oposita para ser la Isabel Preysler de la jet set.  Sólo hay una, como sólo un líder en el Madrid. Un despilfarro de tales proporciones obligaría al club blanco a montar un Show de Truman en torno a Neymar. Él sería el protagonista permanente de la taquicárdica actualidad blanca, desde que se cepilla los dientes por la mañana hasta que se pone las pantunflas y el pijama. Pagar por O’ Rei Neymar a toca teja el presupuesto entero del Atlético de Madrid no suena a bendita locura; servidor sí lo habría hecho, si los tuviese, por aquel Ronaldo Nazario que se salió del firmamento en el Barça de Bobby Robson. Pero es sólo una opinión. Neymar ha madurado en el Barça y no cometerá alta traición. Eligió jugar allí y allí ganará su Balón de Oro. O no.

Pegarle al saco como si no hubiera mañana

Domingo, 17 Enero 2016

timthumb-1.jpg

Vuelve el Circo del Sol. Pero lejos de ser galáctico por temor a otro galacticidio, Zidane no quiere cerca aduladores que le calienten la oreja. Y como en el Real Madrid se sube del infierno al cielo a la velocidad de la luz (y viceversa), al entrenador no le lloverán palos o zanahorias hasta que empiecen las grandes veladas de Las Vegas. Por el momento, esparrin a esparrin, entrenando los mejores golpes y pegándole al saco como si no hubiese mañana. Eso fue el Sporting, un fardo que cayó al suelo mientras el speaker jaleaba la alineación merengue por los altavoces. Abelardo insistió durante la semana en que un fallo en el coliseo merengue “te mata para el resto del partido”; sus defensas no escucharon la rueda de prensa porque en menos de lo que se chasquean los dedos los centrales habían perdido dos balones en su área. Y ni una sola falta en veinticuatro minutos, aunque fuese para hacer acto de presencia. La defensa del ‘Pitu’ sacó el cartón piedra y la BBC se aflojó el cinturón para la bacanal romana que se avecinaba: vomitar a posta para seguir engullendo con todo el descaro del mundo. El fútbol es un estado de ánimo (Valdano dixit), pero, ¿tanto han cambiado los mismos once cabrones de siempre (ahora Toshack) de repente? De empatar a cero con el Málaga a clavar sendas manitas a Depor y Sporting. Saquen sus propias conclusiones, aunque hay alcantarillas que aún no se han destapado.

“Ahora entendemos un poco más lo que quiere el míster”. Tarde o temprano Isco tenía que romper su silencio. Defenestrado por Rafa Benítez y sus galimatías tácticos, Zizou le ha entendido de jugón a jugón. Su asistencia made in Laudrup a Benzema fue aplaudido por el entrenador, que le sugiere guante de seda arriba y disciplina espartana campo atrás. El Madrid necesitaba el pegamento de la bota de Isco, una chistera de la que nadie sepa cuándo va a salir el conejo. Y, desde luego, que sin él ni la mejor versión de James Rodríguez (ahora en una galaxia muy lejana) nunca habrá efecto sorpresa. Quien sí sorprendió fue Cristiano, que vuelve a exhibir esa sonrisa Profident oculta en la anterior etapa. Dice que tiene más empatía con Zidane que con Benítez, una manera modosa de aclarar que no aguantaba al técnico español. Así que un mensaje para el sector cafre de twitter: quizá la prensa no pequemos tanto de salsa rosa. Si ninguna cámara capta un guiño entre Rafa y Cristiano, si cualquier imagen es pasotismo absoluto entre ambos, puede que suceda algo. Y no se trata de encabronar al madridismo.

Todo es felicidad en el mundo de Pocoyó. Palmadas en la espalda, pulgares arriba y mil perdones entre jugadores cuando el balón no entra o el pase falla. “Con un vestuario cabreado no vas a ninguna parte”, soltó Fabio Capello después de abandonar el Madrid por segunda vez en la era Ramón Calderón. Él mismo lo sufrió en sus carnes, cuando tuvo que ceder a la presión de los capitanes Raúl y Guti, y volver a convocar al repudiado David Beckham. Capello entendió al vestuario, hincó la rodilla, y el Madrid remontó aquella Liga. Por acabar la disección del cadáver, Benítez nunca supo interpretar a Clint Eastwood en El Sargento de hierro; Zidane no lo necesita. Los mitos pesan demasiado, aunque alguno se empeñe en seguir viéndole como un póster voleando la Novena.    

 

 

 

El pasado siempre fue mejor

Lunes, 14 Diciembre 2015

villarreal1-763x330.jpg

Cristiano Ronaldo utilizó la ESPN de consultorio matrimonial: “Ancelotti era como un gran oso. Un tipo genial, muy sensible”. Obús directo a la planta noble del Bernabéu. La entrevista se grabó antes del panorama apocalíptico que asola al Real Madrid este lunes; no obstante, cualquier otro resultado en Villarreal no habría manipulado sentimientos. La plantilla no cree en Rafa Benítez, ni éste en el proyecto faraónico que impone a la BBC. Si el entrenador no se traicionara a sí mismo, su equipo prescindiría de ese tridente tan ‘marketiniano’, de alfombra roja de Hollywood. Hasta que llegó al Bernabéu, su predilección por el fútbol siderúrgico era innegociable; ahora paga el tributo por vestir traje de Armani. La temeraria alineación del clásico contentó al palco y a la gente, pero desquició las tácticas informatizadas del entrenador. En El Madrigal optó por Casemiro, su bíceps en el campo, y la pizarra acabó emborronada de rayajos. La solución es jeroglífica, un sudoku que nadie en el club se va a molestar en completar. Al menos, con Benítez.

El Madrid carece de actitud y de fútbol. Un cuarto de hora no es la coartada perfecta para hacer de abogado del diablo, porque la primera parte contempló a un Villarreal espabilado y a otro en el limbo. El Depor había cantado bingo en el Camp Nou, y los blancos tenían la Liga en la mirilla del Kalashnikov, a medias entre un Barça dormido con cloroformo y una crisis a punto de extinguirse. El mundo al revés: el Madrid se vuelve a precipitar al abismo y el 2-2 de Barcelona acaba en un punto de oro y mirra. Lejos de las matemáticas, al vestuario merengue le preocupa la falta de ideas: no saben a lo que juegan y, peor, por qué juegan. “Últimamente no estamos a la altura de nuestro escudo ni de nuestra entidad”. Palabra de capitán Sergio Ramos. Y un aviso para navegantes. Por ejemplo, Gareth Bale, que a diferencia de Neymar en el Barça, aterrizó en Madrid con ínfulas de Balón de Oro. Es el último galáctico de Florentino Pérez y nadie le va a privar de esa obsesión. En cambio, a Neymar le dijo su representante Wagner Ribeiro que aprendiese de Messi a su vera. La prueba de que el algodón no engaña. Pero una historia es el misterio táctico del galés y otra más grave es su rebeldía delante de Benítez. Desobedeció la orden de cubrir el lateral del lesionado Marcelo y puso cara de ofendido cuando Jesé le comunicó las instrucciones del entrenador; duró medio minuto en la defensa y subió a por algún balón rifado. Cualquier Mourinho o Capello de la vida tomaría represalias.

La pitada contra el Rayo en la próxima jornada puede alcanzar proporciones bíblicas, Quizá sea cuando el presidente tome soluciones drásticas, porque por mucho menos la grada ha pedido decapitaciones. Y para seguir remando hace falta otra conjura: la ‘cofradía del clavo ardiendo de Roncero’ o, sin menos teatro, el sentido común: un Real Madrid al que le mueva el orgullo y, como señala Ramos, el peso de la historia. A la Quinta del Buitre nunca se le recriminó que no tumbara al PSV en aquella fatídica semifinal en Eindhoven. Al contrario, se le envolvió de épica. “Que mueran con las botas puestas. Y la camiseta sudada”. No lo dice uno de la calle, sino Paco Gento, historia viva de esa grandeza al que se le pide una visita a Valdebebas.

Un grupo de colegas

Domingo, 22 Noviembre 2015

madrid_0_barcelona_4.jpg

Gerard Piqué y Dani Alves podrán ser políticamente incorrectos, descarados en las redes sociales e incluso bromistas de mal gusto (que se lo pregunten al Getafe con su fiesta improvisada de Halloween), pero su permanente alarde de buen rollo y cualquier foto que cuelgan con el vestuario medio desnudo después de cada partido insinúan que los futbolistas del Barça son colegas. Esa camaradería la han utilizado tanto para levantar una crisis cáustica, cuando Luis Enrique no tenía buen feeling con la plantilla hace un año natural, como para irse junto al mismo cuerpo técnico a Port Aventura en un día de entrenamiento. Las numerosas comidas, cenas y asados de por medio delatan a un grupo de amigos que se diviertieron en el Santiago Bernabéu y sufrieron juntos en Balaídos. Luis Suárez reconoció que a menudo organizan reuniones familiares con Messi y Neymar; lejos de guerrear en una pelea de egos, las estrellas del Barça actúan como los juveniles que se han ganado una cerveza (o dos) después del partido matinal del domingo. Siempre sonriendo, la troupe azulgrana viaja a los estadios como una panda de amigos en las que Piqué es el alma fiestera y Messi una especie de jefe al que nadie se atreve a incordiar. Neymar desveló la esencia del buen rollo instantes después de ganar en el Vicente Calderón (1-2): “Messi es el líder y luego estamos el resto para ayudar”. Imposible que germine un ‘galacticidio’.

Los jugadores del Real Madrid suelen ir por libre. Sólo en muy contadas ocasiones montan cenas de hermanamiento (así se llaman) y en las redes sociales no son tan alocados. Quizás porque el código interno del club se lo impide o, simplemente, porque no les interesa, cada uno se dedica en cuerpo y alma a sus patrocinadores. Iker Casillas dijo una vez que los jugadores “no tenían por qué tomarse una coca cola después de los entrenamientos”. Cierto. Pero unos amigos que bailan sobre el césped como Billy Elliot en un escenario, jamás morirán por falta de actitud. Y cuando alguien se desanime, el resto le motivará para no alejarse de la manada. Eso no sucede en el vestuario del Madrid. Primero, Benítez titubeó en su respuesta cuando le preguntaron en verano si Cristiano Ronaldo era líder absoluto del proyecto; segundo, la intromisión táctica y mediática de Gareth Bale provoca una colisión con CR7, quien nunca ha halagado en público a la otra mole millonaria del equipo.

Dani Alves tenía una oferta mareante del Paris Saint Germain, pero prefirió quedarse en Barcelona por “su felicidad y la de su familia”. Cristiano coquetea con el mismo club porque considera que su marca comercial necesita nuevos retos, o como estrategia para mejorar por segunda vez un contrato. Mal momento para visitar el despacho del presidente, aunque siempre podrá usar la coartada de que a Messi se lo ampliaron un puñado de veces. La temporada pasada Audi entregó sus coches oficiales a los jugadores de Madrid y Barça en sendos actos: los blancos se lo tomaron como un marrón que se alargó demasiado, mientras que Neymar y Piqué se picaron al volante como si entrenaran para el rally de Cataluña.

Esas sensaciones de colegueo llegan hasta la caseta del jefe. Por ejemplo, Rafa Benítez exprime a sus jugadores incluso en la forma de pegarle al balón (información, no opinión), y Luis Enrique tardó en entender que su Barça funcionaba si él mismo actuaba como otro futbolista pero con ciertos galones. La obsesión del entrenador merengue es ese “equilibrio” que anoche consiguió con ironía: tan desastroso arriba como abajo; Luis Enrique avisó que la lesión de Messi no iba a alterar su hoja de ruta, “¿Sobrevivir hasta enero? De eso nada”. Roberto Carlos solía contar en las entrevistas que un equipo jugaba bien cuando todos se divertían. Ése fue Andres Iniesta, tan soso en sus declaraciones como cachondo en sus botas. A él le ponía “como una moto” el clásico. Lo supimos porque salieron a rueda de prensa durante la semana a contar sus impresiones. En el Madrid todo fue (y es) hermetismo, un búnker para evitar filtraciones. Ninguna arenga para excitar a las masas en momentos tan inciertos. Demasiado bloque de hormigón entre el vestuario y afición.

‘Tú me completas’

Viernes, 20 Noviembre 2015

cristiano-ronaldo-messi.jpg

“Messi no sería tan bueno sin Cristiano Ronaldo”. Ni Ayrtor Senna habría forjado su leyenda sin aquellos encarnizados duelos contra Alain Prost a trescientos kilómetros por hora. Como tampoco Sebastian Coe tendría eco mundial sin su duelo mediofondista con Steve Ovett. El inolvidable Mickey Goldmill abofeteó a su pupilo Rocky Balboa para decirle, a continuación, que nunca sería un verdadero campeón si no tumbaba a Apollo Creed. Un peso pesado del vestuario del Real Madrid suele comentar que, durante la época de Mourinho, las rabietas de Cristiano llegaban al extremo de tirar la servilleta al suelo en plena cena de concentración, con Messi haciendo diabluras por televisión en ese instante. Su rivalidad no le permitía distracciones, porque si su némesis se marcaba un hat trick, el portugués se exigía a sí mismo otro saco de goles. Por orgullo propio o espacio en las portadas, quizá ambas. Xavi Hernández es la CPU del fútbol: administra datos y los interpreta. Siempre hay que escucharle. Y cuando dice que “Messi no sería tan bueno sin CR7”, le añade la dosis de épica que necesita ese duelo de pistoleros.

El último Balón de Oro inmortalizó el grito simiesco de Cristiano delante de un Messi ensimismado, preocupado por sus famosas arcadas y el bajonazo físico provocado por una lesión mal curada. El reto para D10S (entonces, no tanto) estaba en el horno. Muhammad Ali, denostado en Estados Unidos y con la licencia de boxea revocada,  encontró su Rumble in the jungle en el Zaire con 32 años. Enfrente, el mejor boxeador del momento, George Foreman, siete años más joven. La moraleja del combate fue que el veterano Ali volvió a subirse a un ring para retar al que más pegaba.Y ganó. Con Messi sucedió lo mismo esta temporada: del infierno al cielo, de la crisis casi apocalíptica de Anoeta a la final de Berlín para dejar claro que sólo había un numero uno. Y un numero dos, claro. Jorge Valdano dice que los estados de Madrid y Barça son cíclicos. Cuando uno sube, el otro baja. No hay pedestal suficiente para los dos. Es la esencia de Cristiano y Messi; cada uno se motiva a costa del otro. El portugués no esconde que juega para ser el mejor del mundo, y así se lo cree; Messi nunca deja titulares tan ególatras, pero siempre tiene a CR7 en la recámara. Al fin y al cabo, la posteridad discutirá si Messi fue mejor o no que Cristiano por títulos y récords pulverizados. Y ahí de momento va por delante.

Tú me completas, le dice el majestuoso Joker de Heath Ledger a Batman. Las comparaciones siempre odiosas y que tanto nutren al periodismo, han colapsado las tertulias televisivas y radiofónicas, las charlas de barra de bar. Nadie habla de Messi sin mentar a Cristiano y viceversa. Y si, de repente, el hijo del madridista es fan confeso del archienemigo de su padre, la trama vale para una película. O dos, porque salió la de Messi, sin Messi, y poco tiempo después Cristiano, con Cristiano de superestrella. Dos rodajes diferentes para dos caracteres diferentes. Porque al público le gusta que Cristiano sea chulo y soberbio; de lo contrario, sería un CR7 de pega. Igual que ese Messi que apenas habla para el cuello de su camisa, revienta partidos a su antojo con un descaro que no se recordaba desde Maradona. Pero uno siempre con el otro.  

 

Sin miedo al “miedo escénico”

Mircoles, 4 Noviembre 2015

paris_saint-germain-real_madrid-liga_de_campeones_mdsima20151103_2841_21.jpg

Champions League 1995/1996. El Santiago Bernabéu hincó la rodilla en una de las mayores exhibiciones de los tiempos recientes. La última vez que el coliseo blanco aplaudió al enemigo, Ronaldinho se marcó todos los vises. La penúltima la motivó el Ajax de Amsterdam, artesanía de Louis Van Gaal con su ingeniería de cantera. El Madrid de Valdano&Cappa se cruzó en la fase de grupos con un fútbol robotizado, de memoria y sin margen de errores. De repente, la posesión del Ajax sube el porcentaje como la espuma: el balón rueda de Edgard Davids a Finidi; de Overmars a Kluivert y, a medio camino, Jari Litmanen. La grada empieza a impacientarse porque teme que su equipo muera por oxidación. A los pocos minutos, primer gol mal anulado a Kluivert; un rato después, golazo de falta de Litmanen que el árbitro vio fuera. La segunda parte se intuye como un funeral: Valdano no reaciona y el Ajax desborda cualquier línea merengue mareando la pelota. A Redondo y Sanchís les faltan cubos para achicar agua, Laudrup habría querido ser un tránsfuga aquella noche. Termina el partido, 0-2 y demasiadas gracias. 

Anoche el Bernabéu volvió a mosquearse. Entre silbidos y aspavientos, hubo minutos cronometrados en los que el Paris Saint Germain practicó rondos de entrenamiento. El balón escaneaba el césped palmo a palmo sin ninguna interrupción merengue. Y para un Madrid con pretensiones hegemónicas, la imagen es desagradable. Aquel tronco del Barça llamado Maxwell mutó por unos instantes en una especie de David Alaba o el mismo Marcelo. Sin embargo, el PSG no sacó el rodillo hasta que Verratti, eterna y sospechosa promesa, cedió su sitio a Rabiot, un jugador que agitará el futuro más inminente de la selección francesa. Como Anthony Martial. Y siempre quedará Di María, tan rápido de piernas como ágil de mente. Su fútbol es tan volátil que Ibrahimovic y Cavani no alcanzan a leerle entre líneas. Los nostálgicos de La Décima todavía le echan de menos; el grueso de la afición se ha quedado prendado de James. La predilección por el colombiano supera una catarsis de Cristiano Ronaldo.

El caso del portugués escapa de la demagogia, Sí, ha reventado récords  y sus ansias de superación personal merecen un hueco en la carrera de Psicología. Sin embargo, aún no ha sabido aprovecharse de la inexorable metamorfosis de cualquier futbolista. Ha perdido aceleración y no intenta remediarlo; su regate no escurre y él se empeña en amagar con bicicletas. No quiere ni oír la sugerencia de delantero centro, pero su último servicio al Madrid encajaría mejor desde el punto de penalti. Su oasis en la banda izquierda aún no preocupa a Rafa Benítez. Cuestión de tiempo. De momento, las estadísticas facilitan el trabajo del míster y disfrazan la coartada perfecta: el baño del PSG es un acontecimiento muy puntual, casi histórico que se repite con goteo durante décadas. No hay razón para la preocupación: Keylor Navas estuvo discreto, ¡noticia! Pero llama la atención que siga habiendo pesos pesados que no les pueda el “miedo escénico”. Y no se llamen Barcelona.