Blogs

Entradas con etiqueta ‘cristiano’

¿Otra vez el “monstruo”?

Mircoles, 22 Julio 2015

galacticos.jpg

“Me ha devorado el monstruo que he creado”. Florentino Pérez anunció su hartazgo en febrero de 2006, cansado del vedetismo de esos galácticos que él había creado para su proyecto faraónico. La sorprendente dimisión esparció un reguero de leyendas populares (unas ciertas y otras no tanto) que sobredimensionó la pelea de egos que acabó calcinando el vestuario. Entre ellas, el recelo de Luis Figo, ojito derecho del presidente hasta la llegada de Zidane, primero, y Ronaldo un año después. Cuenta la leyenda que el portugués llegó a llamar personalmente por teléfono a Florentino expresándole su malestar por una supuesta falta de cariño o, mejor dicho, su predilección por el astro francés y el brasileño. Figo siempre creyó que la efervescencia de su fichaje bomba nunca se agotaría; ni siquiera intuyó que la intención de la planta noble era llenar la plantilla de estrellas de rock verano a verano.

En sus círculos privados, Florentino juró no volver a cantar nanas a sus nuevos galácticos. A Cristiano se lo demostró esquivándole las primeras veces que le sugirió la renovación de contrato (aquel antológico “estoy triste”). El derrotismo de Kaká le ayudó a no congeniar demasiado salvo por intereses marketinianos: una suculenta venta de camisetas. Por eso, y aunque la opinión pública no supiera o quisiera explicarlo, el fichaje de Kaká sí fue rentable, como espetó Florentino. En términos de multinacional, por supuesto. En cambio, la relación con Benzema sí tiene las dosis de paternalismo que recuerda  a la de Figo. Con éste consiguió el eslogan perfecto: “Si no viene Figo, pago todas las cuotas de socio de la temporada 2000-2001”; a Benzema no le movieron intereses electorales ni comerciales, simplemente una ilusión por moldear un futuro Balón de Oro desde la base. Por eso, se fue expresamente a buscarle a su casa en un arrabal de Lyon.

El nuevo Real Madrid todavía no genera noticias porque aún no ha salido de la fábrica y no se atisban fichajes de alfombra roja. Quizá, por el mero hecho de distraer al aficionado, ha surgido por inventiva periodística o algún indicio oculto en un jeroglífico el repentino mosqueo de Cristiano Ronaldo con Gareth Bale. Y más cuando el galés gozó de patente de corso en el primer amistoso contra la Roma. En la sección amarillista del club (no es una crítica, en Europa vende diarios a toneladas), Rafa Benítez debe mimar al galés para evitar otro juguete roto como Kaká. Y si ello implica ser negligente con Cristiano, al míster no se le reprochará desde los despachos. La ‘Quinta del Ferrari’ de Lorenzo Sanz sazonó el papel cuché de la época; la era ‘galáctica’ definió a los futbolistas como celebrities; y que CR7 mantenga un cabreo de proporciones bíblicas desde el despido de Ancelotti afila cualquier pluma con ganas de rajar.

Una lucha de egos Cristiano-Bale tiene su morbo en Telecinco, pero que Benítez sepa entender al galés y recuperar en el campo su P.V.P de 100 millones (si es que alguna vez los valió) supera ese morbo al cuadrado o al cubo. El presidente apenas presta atención a la columna de chismorreo porque insiste entre su gente que Cristiano es el líder único e intransferible (esto es información y no opinión). Sin embargo y por si acaso, no baja la guardia, añadiéndose su enésima preocupación de su mandato; no vaya a ser que le suene el teléfono móvil y una voz responda: ‘Presi, soy Cristiano’

Cristiano se sacude la kryptonita

Domingo, 3 Mayo 2015

real-madrids-cristiano-ro-007.jpg

Le habían martilleado el oído con el nombre de Messi a todas horas: que si el argentino le iba a dar caza en el pichichi, que si la carrera por el próximo Balón de Oro tenía color albiceleste, que si el grito simiesco había sido el preludio de una racha espantosa. El paseo militar del Barça (y Messi) en Córdoba dejaban al Madrid al borde del abismo: ganar o suicidarse. Sin término medio. Y el Cristiano Ronaldo más atormentado de los últimos tiempos no parecía el héroe indicado para espolear al Madrid; al contrario, el superman portugués llevaba todo el año sin levantar el vuelo, asfixiado por la kryptonita que le obligaba a arrastrarse. Con la ‘BBC’ descuajeringada, el equipo le pedía a gritos un puñetazo, una advertencia a todos los enemigos de que Cristiano, exultante o tristón, siempre es el ‘bicho’. Fue entonces cuando pisó el Pizjuán y se cobró la cabellera del Sevilla más puñetero que se recuerda. Su descaro con el balón fue el presagio de la tormenta que se avecinaba: la tarde era en ese momento de Messi y la estrella lusa sabía que otra mala actuación pondría al Madrid en defcon 2, sobre todo con la inminencia del partido perro de Turín.

El detalle que diferenció al Cristiano de siempre con el desesperado y notas de los últimos meses fue su gesto hierático. Esta vez la ocasión fallida, el disparo torcido, venía acompañada del típico gesto de Rafa Nadal que no se lamenta por fallar una bola sino que espera mejorarla en el siguiente punto. El madridista dejó en el vestuario los aspavientos de su versión protestona y reivindicó su modelo CR7, el terminator programada para aniquilar defensas. Sus cabezazos de killer reabren un debate sano, futbolero de pura cepa: ¿quién rinde más: el Cristiano escorado en la izquierda sin reprís o el delantero centro que revienta el balón por tierra, mar y aire? Ancelotti lo tenía claro hasta ayer: el Madrid no necesita comprar un ‘9’ porque tiene al capo de los todos a sueldo. Ya sólo falta que Gareth Bale deje su posición invertida para jugar en la izquierda y la artillería pesada estará calibrada para un ataque total. Sin embargo, el galés sirvió a Cristiano el tercer gol desde su posición amorfa y Carletto tiene la coartada perfecta para mantenerle enjaulado.

Sergio Ramos también se ha reconvertido de la noche a la mañana. Se ha comido el marrón de Modric con disciplina espartana; su presencia en el centro del campo rellena de cemento armado una zona que sin el croata se resquebrajaba como el cartón piedra. La deducción del técnico es más simplona que dos más dos: con tanta lesión dejar a Pepe o Varane en el banquillo era un privilegio que no se podía permitir. Y lejos de arriesgar el esquema con tres centrales, lo que supone extenuantes jornadas de entrenamiento, el método Ramos ha aliviado los quebraderos de cabeza del cuerpo técnico. Todavía no se le ve cómodo sondeando dónde colocar el balón (él no es Xabi Alonso), pero tenerle enfrente, a cuarenta metros de Casillas, es un muro demasiado alto para cualquier media punta que no tenga la habilidad innata de José Antonio Reyes. Desde luego, la Juventus no tiene un malabarista de su talento, lo suyo son más picapedreros acostumbrados al intercambio de metralla. Y en cruce de mamporros (así se intuye la semifinal), Ramos está preparado de central o centrocampista. Si tiene dudas, que le pregunte a Fernando Hierro, todoterreno goleador a principios de los noventa y retrasado con los años en un serio aspirante a Beckenbauer.

“Cristiano es como Allen Iverson, ¡se tira hasta las zapatillas!”

Domingo, 5 Abril 2015

cris-granada.jpg

Si el Bernabéu hubiese presenciado un combate de boxeo, el árbitro lo habría detenido al comienzo del segundo asalto, ni siquiera habría permitido terminar los tres minutos. El gigante anestesiado despertó sin efectos secundarios del virus ‘FIFA’ y abusó del Granada hasta dejarle la cara como un mapa. El Madrid perdió en campos como Mestalla o San Mamés sencillamente porque nunca disparó. Pero con la artillería que compra cada año, las ocasiones deberían llegar por inercia. Los blancos aprovecharon el parón de selecciones para resetearse y empezar de cero. El primer combate vale el mismo que los siguientes, aunque haya sido contra un sparring amateur. Abel Resino comentó en la víspera que esperaba un Madrid “constipado” y aún así rotó a su equipo porque no esperaba ningún sorpresón de quiniela. Tampoco la grada soñaba con una goleada histórica para fidelizar a los niños aún más en su madridismo y presumir de que ellos vieron cómo Cristiano Ronaldo ahuyentaba todos sus demonios: los de Irina, alguno de Kevin Roldán y, más importante, esa odiosa comparación mediática con su némesis Leo Messi que tanto le molesta.  

De repente, la ‘BBC’ se solidarizó consigo misma y recuperó sus emisiones, tal como nos gusta titular a la prensa. Bale marcó el primero y dio otro a Cristiano; Benzema enchufó dos y Cristiano se llevó el balón a casa para meterlo en una vitrina. No obstante, después de su primer gol el portugués susurró a Benzema que el siguiente sería para él. Todo un buen rollo que no se veía desde que los blancos apabullaron en el Mundialito de Marruecos allá por diciembre. ¿Ha resucitado un nuevo Madrid? Estas orgías goleadoras dan que pensar: las diferencias entre los grandes y el montón son demasiado abismales en esa ‘liga de mierda’ (Del Nido dixit) que ya no lo es tanto por cortesía del ‘Cholo’ Simeone y el Valencia de Peter Lim. Y, por otra parte, destrozar a un equipo de Primera División hasta amputarle las extremidades (suena violento pero es que son nueve goles) es una hazaña homérica al alcance de casi nadie; los Dream Team de Cruyff y Guardiola nunca lo lograron. Sin embargo y para asombro de quien haya visto la goleada de reojo o el resumen de televisión, el Madrid habría clavado la docena si la hubiese necesitado como la selección española en la legendaria noche de Malta. Cristiano celebró su repóker porque chutó ¡trece veces!; “es como aquel Allen Iverson de los Sixers, que se tiraba hasta las zapatillas”, comenta un ex futbolista del Real Madrid poco amigo de que el ‘bicho’ avasalle tanto.

Paco González, en su enésimo alarde de ‘nostrapacus’, barruntó a los veinte minutos que el Granada podía ser un hueso duro de roer. Sus dotes de adivino volvieron a quedar a la altura del betún pero dejaron una lectura entre preocupante e inquietante por parecer quisquilloso: la cabezonería de Ancelotti por los tres centrocampistas supone que el Madrid se fracture con una facilidad pasmosa. Y hasta el 1-0, la víctima de la mañana había merodeado el área de Casillas sin saltar vallas por medio. Pero eso es un debate imposible, al menos para el técnico italiano. Y, por supuesto, para el presidente, a quien lo que más le entusiasma es que sus nuevos galácticos diviertan al Bernabéu como los niños que se ponen de ‘chupagoles’ en el patio de colegio. 

Piquenbauer

Lunes, 23 Marzo 2015

pique.jpg

Él es ‘Piquenbauer’. El mismo que juega al póker disfrazado; que se distrae con su vida de papel cuché y que se atreve a juguetear con su teléfono móvil en un banquillo. Le cayeron palos por tierra, mar y aire sin entrar al trapo; entrenaba y, gracias a esa inspiración divina llamada Carles Puyol, se reencontró con su mejor versión, aquella que durante la era Guardiola le metió de golpe en el club de los más grandes: Beckenbauer, Hierro, Baresi, etc. Piqué estuvo descomunal y evitó que el Madrid destripara su defensa de arriba abajo; colocado como un mariscal de campo, su cuerpo fue un muro de contención que rebotó cualquier balón. Si su cabeza está centrada, Luis Enrique sólo tendrá que preocuparse por rotar a Mascherano y Mathieu. Del resto ya se ocupa Messi, quien sin explosividad se pone el casco de capataz para dirigir al equipo como un arquitecto. Así desquició al Madrid, repartiendo cloroformo a los madridistas desde que Luis Suárez reivindicó que su Bota de Oro no cayó del cielo. Cuando el Madrid cocía el clásico a fuego lento, el uruguayo se desmarcó de la espalda de Sergio Ramos, pinchó un centro largo de Dani Alves, ¡sorpresa!, y cruzó el balón a un Casillas que cayó a plomo. “Por eso pagamos lo que pagamos por Luis Suárez”, justificó Luis Enrique cuando le preguntaron por la actuación sublime de su goleador.

El Barça se asegura media Liga porque puede pinchar dos veces en diez partidos. Y quizá suceda, pero en estos momentos los azulgranas siempre serán más fiable que un Madrid valiente y generoso en el esfuerzo. Los blancos tardaron en soltar el primer directo, pero desde que Cristiano reventó el larguero de Bravo, atacó como una víbora que observa a su presa hasta que lanza el mordisco. Le faltó veneno, el recurso habitual que soluciona la mayoría de sus partidos, Y es muy raro que el Madrid no sepulte a un rival cuando le tiene grogui entre las cuerdas, pero los puñetazos no fueron certeros y la moraleja del fútbol nunca falla en estos casos. Suárez mandó al Madrid al diván del psicólogo y parece que Ancelotti no sabe gestionar las semanas largas. Cristiano comentó una vez en una entrevista que necesita jugar cincuenta partidos por temporada para mantener los músculos tensos; el técnico italiano no sólo desperdicia el fondo de armario sino que tiene a los jugadores fatigados, arrastrándose en las segundas partes con grilletes en los pies. Es el caso de Isco, una liebre de lujo para desfondar contrarios en los primeros minutos, pero que transcurrido un rato se convierte en historia dramática.

Paradojas de este deporte, el casi adiós a la Liga descubre a Ancelotti una lectura demasiado evidente. Su Madrid se gustó cuando jugó en efecto acordeón, atacando y defendiendo en bloque, con Gareth Bale remangándose la impoluta camisa en marrones defensivos. El Bale centrocampista da empaque al equipo, el Bale delantero descuajeringa toda la pizarra táctica. A Carletto le susurran al oído la idea del 4-4-2, extravagante en el club porque el galés no puede ir al banquillo y Benzema no lo merece, menos anoche. Pero el italiano porfía en mantener ese 4-3-3 que se inmoló con estrépito en Mestalla, Vicente Calderón, San Mamés…casi nada. Y un dato espeluznante para Ancelotti: en dos campeonatos sólo ha conseguido una victoria y un empate en todos sus derbis contra Barça y Atlético de Madrid. La ‘Decima’ le salvó de un verano convulso y sólo la ‘Undécima’ le puede mantener en el cargo. La imagen del Camp Nou fue atrevida pero las derrotas pesan demasiado en Chamartín. No le queda otra que apelar a la historia reciente y fiarlo todo a una carta, la Champions. Su preferida. Y cuando se trata de situaciones al borde del abismo, el Madrid camina por el cable como el más experto funambulista. Ocurrió con la ‘Séptima’, la ‘Octava’, la ‘Novena’ y nunca falló. ¿Por qué debe ser diferente este año? La primera parte invita a pensar que no. 

Un fondo de cartón piedra

Lunes, 2 Marzo 2015

article-2554847-1b4f2d2d00000578-385_634x390.jpg

El Bernabéu esperaba el arreón final. Ese puñado de minutos que el Madrid convierte en vendaval, sobreexcitando a la grada y a puñetazo limpio con el rival de turno. Faltaba ese Raúl González que provocase una ocasión imposible, un córner forzado, cualquier resorte que enardeciera a las masas. Cristiano intentó imitar al eterno ‘siete’ en estímulo y la copia le salió barata. El talento del portugués es extraterrestre, pero no pega con los mitos de las remontadas. Y, precisamente, el equipo necesitaba morir matando, golpeando hasta la extenuación como el boxeador que busca desesperado el ko. No lo encontró porque el Villarreal ama el buen fútbol y no se avergüenza de tutear al Madrid (o al Barça) en sus casas: si necesita el balón, lo mueve de banda a banda; si encuentra un contraataque, sale con el cuchillo entre los dientes. El equipo de ese señor entrenador llamado Marcelino es un Real Madrid diminuto, con varios cientos de millones menos pero una propuesta grandiosa. Otros como el Manchester City o el Paris Saint Germain se construyen a golpe de talonario y se quedan en marca blanca de Mercadona. Marcelino dijo hace unos meses que estaba “harto de jugar como nunca y perder como siempre”. Ningún cronista podrá reprocharle que intentase asaltar la banca, como hizo en el Vicente Calderón.

“Si el Bernabéu no entendió el cambio de Isco, lo siento”. La pedrada de Ancelotti le retrató ante la prensa. Isco deambuló por el césped desaparecido en combate pero su chistera invita a soñar con una jugada repentina en el descuento. Illarramendi es buen centrocampista del montón con ínfulas de Xabi Alonso, y se ha quedado por el camino. El 1-1 obliga a pensar que Illarra no debió sustituir al malagueño sino a Kroos, fundido como un maratoniano en el kilómetro 42. Su gasolina diesel se ha agotado y Ancelotti no se fía de nadie cuando mira de reojo al banquillo. El italiano no para de mirar el reloj, esperando el regreso de Modric ‘el deseado’. Desde que se proclamó campeón en Marruecos, el Madrid ha ido sacando adelante sus partidos contra rivales poco puñeteros, demasiado escaparate para un fondo de cartón piedra: el Atleti le pinto la cara en Copa, el Sevilla le dio un susto de mal gusto y ante el Villarreal Casillas evitó el 1-2 en un cabezazo prodigioso de Vietto. Y la coartada de que Asenjo sacó mil y un tentáculos no es apta para los blancos. La cena de la ‘conjura’ (así lo hemos vendido desde los medios) ha quedado en anécdota de programa de Telecinco no por desgana merengue sino porque pocos osados se atreven a lucirse en el coliseo madridista.

La carrera por el clásico se ha estrechado y el Barça ya depende de sí mismo para ganar la Liga. El desplome ante el Málaga lo subsanó rápido en el Etihad; en cambio, el Madrid tiene toda la semana para hacer terapia antes de visitar San Mamés, leones heridos, pero al fin y al cabo, leones. Quizá el empate de anoche sea pasajero (también lo fue el 0-1 del Málaga en el Camp Nou), pero la única lectura indiscutible es que la Liga sufrirá más sobresaltos. De uno u otro lado. Y eso es apasionante. Como el próximo Barça-Madrid, del que muchos madridistas se contentarán con un empate y otros lo verían milagroso. Adivinar un ganador del clásico no es precisamente lanzar una moneda al aire ahora mismo.

 

 

 

A muerte con Ancelotti

Jueves, 19 Febrero 2015

eb8f06fcd073d2007c2e48cb3bbcf05d9ef5003d.jpg

El Madrid se tomó un valium en Alemania. Lo necesitaba. La depresión había sido demasiado angustiosa: la vergüenza del derbi, los pitos del Bernabéu…demasiado histerismo para la calma que exige el típico equipo alemán. La suerte del campeón fue cruzarse con un Schalke anodino, simplón y que no empató porque Iker Casillas tiene esa flor con la que cualquier portero sueña. Los palos de media Europa están bendecidos por el capitán; en concreto, cuarenta postes en toda su carrera de Champions que, lejos de brindarle una flor, le regalan toda la selva amazónica.  Pero hasta el latigazo de Marcelo, los blancos no sabían si soltar un par de directos y enemigo a la lona, o lanzar continuos jabs para juguetear sobre el ring. Al final, ni lo uno ni lo otro. Este Madrid nebuloso todavía no se ha aclarado porque su entrenador sigue garabateando la pizarra: que si 4-3-3, 4-2-2…da la sensación que jugando ancho de caderas tiene más empaque que en esa fisonomía afilada que impone la ‘BBC’. La conclusión es peligrosa: los blancos tienen un calendario muy resultón para fingir tranquilidad pero, si se esfuerzan en leer entre líneas, son trámites que no ocultan la verdadera preocupación del equipo: el clásico del Camp Nou del 22 de marzo. Entonces, se verá si han actuado en clave sofista de la Grecia Clásica o, de verdad, consiguen recuperar el juego que aduló sus oídos con titulares tan exagerados como ‘la mejor plantilla de la historia’.

La espesura del campeón parecía programada desde el vestuario. Viendo el primer cuarto de hora, a nadie le habría sorprendido que Ancelotti hubiese ordenado salir a ver qué pasaba, y que resolviese el azar. Y caprichos del fútbol, lo hizo quien más lo necesitaba: un Cristiano Ronaldo vapuleado por sus deslices de papel cuché y sometido a una pesadilla propia de diván de psicólogo. Su impresionante salto de gimnasta no le traicionó, pero los aspavientos y esa costumbre reciente de jurar en arameo cuando el chupón es otro le distraen demasiado. En cambio, si busca desmarques y mueve el balón como un Globetrotter, el ataque del equipo incorpora de una tacada infantería, ejército del aire y hasta el naval. Cristiano es medio Madrid pero, analizando su estado emocional, puede que siga siendo las tres patas del banco, a pesar de aquellas exageraciones mediáticas de principio de temporada. Sin embargo, como siempre una imagen vale más que mil palabras: Marcelo sacó un derechazo que recordó a los zurdazos de Roberto Carlos y se fue a celebrarlo en piña con Ancelotti metido casi en una melé. Preparado o no, el vestuario quiso lanzar un mensaje contundente: el equipo pelea a muerte por su entrenador y no tolera rumores ni chismorreos baratos sobre el futuro del banquillo. La charla de Carletto en el entrenamiento de la previa pretendía ‘resetear’ el devastado ánimo. Si servirá o no como inspiración, lo comprobaremos en Berlín. O no. Porque el Madrid tiene que mejorar demasiado.

Dos buenas noticias para el madridismo: la primera es el ansiado regreso de Pepe. El portugués hace bueno a cualquiera de su alrededor, por de pronto Varane, y su influencia es de gran capitán, casi con la magnitud de Fernando Hierro. Paco González contó anoche en El Partido de las 12 que el club le ofrecerá un año más de renovación por su excelente hoja de servicios. Florentino Pérez le considera madridista de pura cepa y le ofrecerá un digno retiro en el Bernabéu. Y, segundo, Toni Kroos volvió a dirigir el tráfico con ese joystick que tiene en los pies. Los ojeadores de otros clubes deben disfrutar elaborando sus vídeos: pases cortos con sentido, pases largos y calibrados por un francotirador, coberturas inteligentes y robos cruciales al estilo de Makelele en la era galáctica. Pequeños detalles que permiten sobrevivir a un Madrid al que le sigue rondando la misma pregunta de este 2015: ¿Cuándo volverá?

La advertencia de Mickey Goldmill

Sbado, 24 Enero 2015

Real Madrid 2-1 Córdoba: Cristiano se arrepiente y pide perdón a Edimar 

Al valencianista  Rodrigo de Paul le cayeron cuatro partidos por dar un puñetazo en el pómulo a Aleix Vidal en el Sevilla-Valencia de la primera jornada. Entonces, el acta arbitral contempló el cruce de cables del argentino como una agresión. Cristiano Ronaldo podrá agradecer al colegiado Hernández Hernández que haya omitido su agresión aludiendo a una simple “patada”. Ese pequeño matiz supone que la sanción al portugués sea más morbosa que los cuartos de Copa. Si le caen dos partidos, Real Sociedad y Sevilla, la maquinaria mediática antimadridista se activará para recordar en fascículos diarios las bulas papales que el Comité de Competición ha dispensado al Real Madrid a lo largo de la historia; pero si el Comité considera que la reacción de Cristiano fue infantiloide (no admite duda), el paquete puede llegar a cuatro partidos, incluido el derbi del Calderón. Será entonces cuando la caverna (Laporta dixit) repita la palabra ‘villarato’ como un loco atado con un chaleco de fuerza y que habla solo en un manicomio. Y, por supuesto, el Madrid pondrá en liza su lobby institucional para evitar daños y perjurios que pueda devolver en efecto bumerán al son de ‘con el Madrid no se mete nadie’.

Cristiano se desquició así mismo por desquiciamiento colectivo, valga la redundancia. De repente, sus misiles tomahawk se han averiado y su zancada no anda. “Las mujeres debilitan las piernas”, advierte Mickey Goldmill a su púpilo Rocky Balboa en la obra maestra de Stallone. Lo mismo le sucede a CR7 a modo de aduladores, premios y el ‘Sálvame Deluxe’’ que va a inundar su vida a raíz de su reciente ruptura sentimental. Da la sensación que Cristiano, lejos de reposar su cuerpo hercúleo, necesita caña para no cortocircuitarse. Su desborde ha perdido el reprís que hacía volar por los aires cualquier defensa acorazada. Pero no es un diagnóstico aislado: el rock and roll del equipo ha desaparecido de las guitarras eléctricas; más bien son acordes de música clásica, previsibles, relajados, sin poder de intimidación. Las jugadas han perdido su ritmo vertiginoso y las combinaciones perfectas de la ‘BBC’ que antes destripaban a los contrarios apenas alcanzan el balcón del área. Vale, no jugó Isco y el Madrid estuvo a punto de chocar con el iceberg. Pero ésa es la historieta que se contarán los niños en el recreo el lunes. Quién lo diría en verano, cuando en la planta noble del Bernabéu temían que el malagueño repitiera otro caso Özil.

Las crónicas sobarán en el Córdoba el tópico de jugaron como nunca y perdieron como siempre. Ocurre cuando el equipo liliputiense tiene que tirar de la palanca de la guillotina; el miedo a perderle el respeto al señor feudal les mata. Claro que todo habría acabado en palabrería si Bebé, ese émulo de Ronaldo Nazario, hubiera culminado su jugada de sello ‘maradoniano’. Bebé y el larguero que evidencia que Casillas tiene más flor que la selva amazónica fueron el preámbulo de la estocada merengue. Un penalti claro que Bale cocinó y se comió para mantener a raya a un meteórico Barcelona. El fútbol marchito del Madrid es inversamente proporcional a los bailes de Fred Astaire reencarnados por Messi y Neymar, los Balones de Oro del hoy y del mañana. Pero, como dice Manolo Sanchís, los equipos “obedecen a picos de rendimiento” y el de los blancos casi ha tocado el suelo. Al final, uno no sabe si es mejor descansar durante la semana o darse de bofetadas en otra competición, como están haciendo Barça y Atleti. 

 

El ‘Buitre’ en Getafe

Domingo, 18 Enero 2015

4-tuvo-el-debut-sonado.jpg

Butragueño coge el balón de espaldas y se inventa un caño antológico que deja al defensa Linares clavado. A continuación, saca de su chistera el regate de la ‘cuerda’ para esquivar a Generelo sobre la línea de fondo y en otro instante, también sobre la cal, regatea la salida del portero Jaro con otra ‘cuerda’ para marcar a puerta vacío. Aquel gol antológico del ‘7’ al  Cádiz levantó a un Bernabéu que sacó los pañuelos al grito de ‘¡Buitre, buitre, buitre! La nostalgia emocionó a Butragueño en Getafe viendo cómo Benzema casi calcaba uno de sus goles más legendarios. Así es Karim, un genio todavía incomprendido que, como el Doctor Jekyll, tiene dos caras: la que persuadió a Florentino Pérez para ficharle personalmente en su barriada de Lyon, y la de monsieur l’empané, ese ángel de brazos caídos (no en sentido literal como Butragueño) que se olvida del limbo con ciertos destellos. Él fue lo único potable en otro partido turbio del Madrid, porque el Getafe copió los deberes del Atlético colocando a todo su ejército en medio. Así que la única solución blanca fue abrir las bandas y mandar centros a la olla, casi todos defectuosos, por cierto.

Bale tiene un guante de seda del que Cristiano y Benzema disfrutarían más si jugase en su banda natural y no en la derecha, donde el galés tiene que colocarse en posición amorfa para colgar pelotas. Es una lástima que en el fútbol moderno de interiores ya no haya un Míchel de turno que se arrime a un lado y ponga balones en la cabeza de cualquier delantero centro. También lo añorará Butragueño. En cambio, a Benzema apenas le importa porque a él lo que le gusta es montarse la jugada y esperar que salga la magia. Ese talento siempre se lo agradecerá el portugués, quien le ha dicho al club por activa y por pasiva que no quiere otro socio que no sea el francés. Cristiano necesita los goles, no por su bestial estadística (28) sino para sacudirse las coñas pesadas de su grito simiesco en la Gala del Balón de Oro. El público quisquilloso se quejará de que al Getafe sí pero al Atleti no: lógico, viene en la letra pequeña del contrato de cualquier estrella. Pero CR7 quiere engullir todos los récords de Liga posibles para dejarla sentenciada cuanto antes. No vaya a ser que el Barça se acerque demasiado y la temporada de la supuesta mejor plantilla del mundo acaba en otro ‘galacticidio’, como el de Carlos Queiroz.

Pero juegue bien, mal o peor, la salsa de este Madrid se la sigue dando Isco. El ex futbolista Javier Casquero comentó en la retransmisión de Tiempo de Juego que el malagueño mejora al cuadrado o al cubo cuando arranca su ingenio desde la izquierda. Desde ahí se convirtió en el mejor jugador joven del mundo en el Málaga de Pellegrini. Escribiendo comparaciones odiosas (o no tanto), la finura de Laudrup eran los pases a vista cambiada y la de Isco son los mil y un amagos que genera en un metro cuadrado. A Morata, el delantero de la Juve, se le ocurrió la metáfora perfecta en la última concentración de la selección: “Isco tiene pegamento en la bota”. Ancelotti también lo piensa, la gracia es que actúe en consecuencia y no le sacrifique cuando regrese el añorado Modric.

La reverencia de Anfield

Jueves, 23 Octubre 2014

real_madrid_3.jpg

Anfield rindió su tributo a Cristiano Ronaldo. En señal de gratitud, el estadio aplaudió al unísono su cambio por la enésima actuación galáctica; lástima que todavía no haya encontrado en los campos de España esa reverencia. Culpa suya por unos cuantos años de chulería y también de esa corriente antimadridista que no aguanta el desfase abusivo entre los dos señores de la Liga y el resto de vasallos. De repente, el Madrid pintó un cuadro digno del museo del Prado, como el de Munich de la Champions pasada. Quizás sean sus dos obras maestras, las que el público guardará en la retina para presumir que el fútbol no es sólo pegada. También los blancos saben impartir su vertiente de tiqui-taca, con más velocidad y menos pases. La verticalidad de este equipo supera la de una pared de noventa grados: desde que Toni Kroos cede el balón a Modric la apisonadora se activa para triturar defensas, porteros y hasta los tres palos, si hace falta. A los mandos el de siempre, el Hércules portugués considerado por su vestuario como el mejor de todos los tiempos: “¿Homenaje a Messi? A Cristiano, que es el mejor”. Sin vacilar, Arbeloa daba carpetazo a una polémica surgida del pique motivado por el inoportuno Javier Tebas, presidente de la LFP. Y el propio CR7, consciente de que cualquier desliz cabe en portada, echó balones fuera: “No es un duelo Messi-Cristiano, es un Madrid-Barça”. Él sabe perfectamente cuándo debe empezar a venderse para el Balón de Oro.

Michel Platini lanzó el tomahawk esta semana: “El Balón de Oro lo debe ganar un alemán porque ha sido año de Mundial”. Cristiano se ha aplicado a sí mismo el silencia stampa pero está facilitando demasiado a los votantes su elección. Liverpool era hasta anoche territorio inexplorado por el Madrid y en poco más de media borró de un plumazo su leyenda negra con los reds. Anfield se quedó alelado, como hoy muestra el diario MARCA en portada, ante el portugués y el potencial devastador de un equipo construido para volatilizar todo lo que se le ponga por medio. Y mucha culpa de ello lo tienen los dos guardaespaldas que se han ganado la confianza del ‘bicho’. El primero e indiscutible sigue siendo Benzema. El ‘nueve’ que mejora a otros ‘nueves’ también golea como un killer del área, aunque le repateé ese rol. Al principio del partido falló dos pases porque James todavía no estaba donde debía, quizá porque el francés lee el fútbol más rápido que casi todo el mundo. Sólo Cristiano sabe compartir confidencias con el otrora monsieur empané. Ahora ya no está en el limbo; al contrario, también se ha contagiado de ese apetito voraz e insaciable del personal. Debió pensar que en este Madrid quien no corre, vuela y, por eso, no meter goles es de pardillo.

A Benzema le pone construir jugadas como si fueran mecanos y ahí encuentra la sana oposición de James Rodríguez, la revelación del equipo, Su pase de media vaselina a Cristiano en el primer gol recordó, salvando mucho las distancias, al de Laudrup a Romario en aquel fantástico gol a Osasuna. James se va a divertir mucho imaginando combinaciones imposibles con los de arriba: su zurda es un guante de seda para trazar centros con escuadra y cartabón, y disparar proyectiles inteligentes. Parecía que no (prejuicios absurdos de periodistas), pero el colombiano está dando que hablar. Y, paradojas tácticas, a James le viene mejor que a Bale jugar en su banda antinatural; desde la derecha templa el balón mientras que al galés le vendría mejor la izquierda como pista de atletismo. Está claro que mientras todos los males de Ancelotti sean pintarrajear su pizarra, Florentino no tiene de qué preocuparse.

Un Iron Man en construcción

Mircoles, 13 Agosto 2014

cristiano.jpg

Carlo Ancelotti confesó en una entrevista para Fiebre Maldini que la mejor plantilla que entrenó en su vida fue el Milan que sucumbió al milagro de Rafa Benítez y su Liverpool en la final de Estambul. “Kaká, Seedorf, Maldini, Shevchenko, Cafú…nunca tuve a gente tan buena”, comentó el técnico italiano al referirse a aquella Champions. Año y medio después de la entrevista, habría que compararle ese Milan con el Real Madrid que le ha construido el club. Del Madrid galáctico al de hoy, con cromos distintos pero no menos icónicos, porque si el Bernabéu rendía pleitesía a Zidane, Cristiano merece estatuas esculpidas en cada vomitorio del estadio; si Ronaldo volvía a correr como esa “manada de búfalos” que describió Valdano, Gareth Bale prefiere los acelerones de un fórmula uno; donde Beckham ponía camisetas, primero, y después balones al pie, Toni Kroos prefiere el arte de la escuadra y el cartabón sobre el césped, y cuando Figo lucía la chapa de galáctico I de Florentino, James Rodríguez ha exprimido un Mundial para convertirse en el chico de oro de los 80 millones de euros. El periodismo se alimenta de comparaciones odiosas pero inevitables, y las menciones entre la flor y nata de hace una década y la de esta temporada van a chorrear tinta. Y con un pequeño matiz: el Madrid estelar de Carlos Queiroz sólo tenía dos camisas de recambio: Solari y Guti, mientras con el banquillo de anoche se podía armar un equipo Champions. Con tanta opulencia, el entrenador se permitió el lujo de no convocar a un campeón mundialista como Khedira, cuya misión destructora apenas sabe ejercerla él.

El Madrid ha extendido la alfombra roja a los pies de Ancelotti para que vaya gestionando el orden del desfile. La Supercopa de anoche es una muestra insignificante de la mole que ha construido Florentino Pérez tirando de su mejor recurso: dinero. Eso y el ojo clínico de fichar al repudiado Kroos que, inexplicablemente, no tenía hueco garantizado en el galimatías táctico de Guardiola. Al alemán le bastó un puñado de minutos para reivindicar la nueva hoja de ruta de Carletto: fútbol control y, por si acaso, el contraataque como arma de destrucción masiva. Kroos juega como Xabi Alonso en su mejor versión: templa la pelota, la aguanta con pases cortos y tira diagonales cuando los velociraptores arrancan en carrera. Ésa es la opción con Cristiano y Bale, la otra es coquetear con Benzema, tan discutido por su apatía delante de la portería como aplaudido por su sentido de la creatividad. La prueba del algodón no engaña: el delantero del presidente insiste en que él no es delantero centro rematador, le gusta provocar las jugadas liando a defensas y quien se ponga por medio. Su movimiento sin balón en el segundo gol de CR7 es una acción para enseñar en el curso avanzado de entrenadores.

A James Rodríguez todavía le queda un rato para calibrar su zurda. Tiene pinta de ser el jugador tapado que irá agigantándose durante el transcurso de la temporada. Cubrir la banda de Cristiano tiene sus inconvenientes, por eso, no será extraño que su entrenador le alterne en ambos lados. Como debería hacer Bale, mucho mejor en su flanco natural por la facilidad con la que centra al milímetro. En definitiva, un sinfín de recursos que suponen que este flamante Madrid parezca de momento un Iron Man cargado al cincuenta por ciento. Imagíneselo en su pleno apogeo. Sin embargo, hasta que termine su acople, todavía tenderá a partirse en dos. El Sevilla sólo inquietó la vez que el taciturno Iker volvió a ser el convincente Casillas, pero quizá otro equipo con más empaque y veneno en la delantera habría traído de cabeza a la zaga blanca. Kroos es un pulmón en defensa, pero su talento ayuda más arriba que abajo. De ahí que el club no deba tensar tanto la cuerda con Khedira; vamos, para evitar otro caso Makelele. Con Di María y él, hacía demasiado tiempo en Chamartín que no se intuía no un equipazo, sino una plantilla faraónica, en la que hay muchas estrellas de rock pero el mismo jefe de siempre con licencia para perforar porterías.