Blogs

Entradas con etiqueta ‘España’

Italia le ha hecho un hombre

Sbado, 18 Junio 2016

morata-celebra_926920376_107738132_667x375.jpg

Le ponen nervioso las entrevistas de televisión y, por eso, sus asesores de comunicación le aconsejan cómo hablar delante de la cámara. Quizá Álvaro Morata nunca habría imaginado una avalancha de peticiones para que hable por toda Europa. Tímido de nacimiento, sigiloso en su vida personal, el delantero de la Juventus e inminente fichaje del Real Madrid, entendió hace dos años que el único atajo para ser correspondido por el club de sus amores era olvidarlo durante un tiempo. En su última temporada en España, Jürgen Klopp habló con él después del Madrid-Dortmund del Bernabéu y le dijo sin contemplaciones que intentaría ficharle ese verano. El Borussia no era mala opción, pero cuando la Juve telefoneó a su padre, Alfonso, se decantó por el Calcio para cursar un máster acelerado. El niño que tuvo que buscarse la vida ha madurado a base de collejas, las de Allegri, y los consejos eternos de Andrea Pirlo y Buffon, sus tutores en el vestuario. El fútbol siderúrgico de los italianos ha potenciado el talento atlético de Morata hasta tal punto que el propio jugador se sorprendió de los entrenamientos militarizados del Calcio. “Aquí practico el salto, el remate de cabeza, los movimientos de espaldas a portería y el ‘trabajo sucio”, confesó Álvaro a su familia a los pocos días de su estancia transalpina. Nada que ver con la intensidad diaria de Valdebebas, donde se sentía un marciano a las órdenes de Ancelotti.

La razón de la titularidad de Morata en esta Eurocopa resulta casi imposible de rebatir. Su espectacular contragolpe en el Allianz Arena de la pasada Champions terminó por convencer a Del Bosque: no sólo dispondría de un ariete clásico, rematador de microondas en el área, sino también a un Ronaldo Nazario de marca blanca. Dribló a tres jugadores del Bayern con una zancada que recordó a esa manada de búfalos con la que Jorge Valdano describió al ‘Fenómeno’. Sí, suena muy exagerado, pero la explosividad de Morata la tienen muy pocos delanteros en el mercado. Y, por supuesto, su empeño en el ‘trabajo sucio’ o, dicho en cristiano, darse de codazos con las defensas y despistar con desmarques para que otro se lleve la gloria. Ese trabajo de alcantarilla lo ha resuelto con matrícula de honor, porque así se forjan los capocannoniere en el campeonato mas puñetero del continente. Y el ex madridista sabe que, a pesar de no fardar de una estadística made in Cristiano, ya presume de cicatrices de guerra para afrontar la Eurocopa. Le acusaron de novato y en sus credenciales figura un gol en una final de Champions; le acusaron de que esta selección no tiene gol y en dos jornadas ha subido su P.V.P. Lo saben sus representantes y también en la planta noble del Bernabéu, donde están preparando una reventa de proporciones bíblicas. Arsenal, Manchester United y otra oferta desconocida también de la Premier aguardan al final de París, y Morata tiene claro ahora mismo que necesita minutos para continuar su meteórica carrera. Todavía no ha hablado con Zidane, pero ni el consejo más sabio de una leyenda, la leyenda, le perturbará su idea. No quiere ser fiel escudero de Benzema e intentar motivarse para jugar los minutos de la basura. Álvaro ha subido el escalón y es delantero titular. Volver al banquillo del Madrid es un lujo que él no se puede permitir. “Y eso que decían que no teníamos gol”, dijo Morata en la zona mixta de Niza, Parece que también le ha dado caña a eso de perder la timidez.

Recibe Iniesta y et voilà!

Martes, 14 Junio 2016

 Iniesta República Checa

Yo odio el tiquitaca, no sirve para nada”. La confesión de Pep Guardiola a Martí Perarnau en su biografía Herr Pep nunca pasó inadvertida para Del Bosque. “Hacemos lo que podemos con lo que tenemos, y eso es jugar con balón. Llámenlo como quieran”, dijo el seleccionador en un foro universitario la pasada temporada. A punto de firmar su epílogo con La Roja, a Del Bosque no le molesta que le acusen de plagio, bien de Luis Aragonés bien de Guardiola. Podrán desfilar por delante varias generaciones, que el estilo del salmantino jamás cambiaría: marear el balón hasta colarlo en la cocina. Desesperante para el rival y a ratos para el espectador, que agradece un francotirador por equipo. Y España no los tiene. El gol sólo podía llegar de una manera: fusilar a Cech a quemarropa o después de una esas carambolas de billar que con tanta maestría dominan Iniesta y Silva, de largo los más espabilados en la victoria. El barcelonista volvió a inmortalizarse en otra foto de Oliver y Benji rodeado de un ejército de piernas; su Circo del Sol no actúa tan rápido como en otros tiempos, pero recibe el balón y et voilà!, saca un conejo de la chistera. O el centro perfecto a su amigo ‘Geri’. El Balón de Oro perdió una oportunidad inolvidable para rendir pleitesía a uno de los más grandes, quizá al nivel del mejor Zinedine Zidane. Y no es una exageración.

Cada vez que España juega una Eurocopa, rememoramos la charla de Luis Aragonés en el hotel de Viena horas antes de la final contra Alemania de 2008. El agradecimiento nunca será suficiente por haber cambiado para siempre y de una tacada las décadas del peor ‘pupas’, como el Atleti. Cada vez que juega España, el patapum p’arriba del guiñol de Javier Clemente queda más enterrado. Afortunadamente, aquel fenómeno todavía inexplicable pertenece a la época paleolítica. El prodigio que Aragonés creo en torno a la figura de Xavi Hernández es patrimonio de la humanidad y sólo necesita de otros filántropos que lo cuiden: el primero, Iniesta, que ya no tiene a Xavi y Xabi a su espalda, pero sí a Busquets, la viga maestra del proyecto de Del Bosque. Esta selección aún no ha provocado la efervescencia de sus anteriores, ni siquiera el sano debate en las barras de los bares de quién gusta más. Hasta ayer todo era De Gea o Casillas, y el repentino estiércol del caso Torbe. Hoy la gente ha cambiado el discurso, recordando que por algo David Silva es, de lejos, el mejor media punta de la Premier League, y que a nadie le extrañe. Su zurda es la más talentosa del vestuario y de su cabeza dependerá que ponga asistencias sin mirar (versión Michael Laudrup). Y si Morata, generoso en el esfuerzo, puede cazar una de esas pelotas inteligentes, al de enfrente no le valdrá blindar un Fort Knox como Chequia. Hará falta una flota de autobuses para desesperar a estos pequeños diablillos.

“¡Madrid, cabrón, saluda al campeón!”

Jueves, 10 Septiembre 2015

gerard-pique_tinima20140616_0615_5.jpg

“¡Madrid, cabrón, saluda al campeón!”. Samuel Eto’o, genio y figura que sacó toda su bilis contra el club que le repudió. Una década después aún no se ha retractado de aquel éxtasis en el Camp Nou. Y jamás lo hará. “Yo soy como soy, que lo aceptes o no es tu problema”, dijo el camerunés en una entrevista íntima con L’Equipe en 2011. “Vete tú al Atleti, ¡qué pesado!”, soltó Guti a Roberto Carlos en medio de una rueda de prensa durante una pretemporada merengue en Shanghai. Hubo un verano en el que a Guti se relacionó con el rival vecino y, harto de tanto rumor infundado, no aguantó la broma del brasileño. Gerard Piqué rompe la aburrida ortodoxia de las salas de prensa: partido complicado, nunca se sabe qué puede pasar, en el fútbol cualquiera puede sorprenderte. El ‘fútbol es fútbol’ de Vujadin Boskov en versión moderna. Piqué es un personaje imprescindible en el periodismo deportivo: cualquier barrabasada que se le ocurra, cualquier rajada que escupa es bienvenida en nuestro mundillo. Al fin y al cabo, hablar de fútbol da pureza a un medio, pero inyectar dosis de morbo atrae audiencia. El negocio es el negocio.

Piqué ha aclarado que no es un santo ni tampoco un diablo. Es bromista (cuestión de gustos) pero entiende y siente la rivalidad Barça-Real Madrid. Por eso, se puso una camiseta de Buffon en su casa para ver la semifinal Madrid-Juve y, por supuesto, mentó a Kevin Roldán para sobreexcitar a las masas. Ése es el puente aéreo que reclamamos todos aquellos periodistas (me atrevo a decir que la mayoría) nostálgicos de aquel teatrillo que montaba José María García en sus noches radiofónicas, con héroes y villanos, con Mendoza y Núñez, con Jesús Gil y Caneda, con Stoichkov y Hugo Sánchez. Hoy es todo tan políticamente correcto que el espectáculo necesita más ‘Piqués’ para que no decaiga. Durante la noche en la que agradeció a Kevin Roldán sus servicios prestados a la causa, hay una imagen que capta a un grupillo de compañeros en el centro del campo susurrándose a los oídos “lo va a decir, lo va a decir”. Y el central no falló. Piqué se ríe de las portadas apocalípticas de la prensa; se ríe del incendio de Sergio Ramos porque simplemente pertenece al show. La sensación en las tertulias de los bares es que el barcelonista pasa de todo, le piten, insulten o cabreé al madridismo con sus provocaciones.

Piqué es un muñeco de pim, pam, pum al que la prensa hace vudú y suplicando en bajo que salga delante de las cámaras en cada zona mixta. Su sinceridad molesta en un fútbol impostado, en el que los clubes rezan para que las declaraciones sean sota, caballo y rey. Así, menos líos para los departamentos de comunicación. Pero, precisamente, tipos como Piqué que agitan la opinión pública, son quienes mejor explican a la gente esa realidad paralela y casi siempre estratosférica de deportistas tan elitistas. “La noche anterior a Macedonia nos reunimos 10 jugadores en la habitación de Iker Casillas, y allí estuve hablando con Ramos de muchos temas, no sobre la selección”. Con confesiones de este tipo, uno imagina a Ramos y Piqué descojonarse juntos por ese miedo mediático a que ‘La Roja’ se volatilice o vuelva la guerra de trincheras Madrid-Barça de la época mourinhista. Precisamente Mourinho otro personaje extremo en el odio y el amor que asquea mundos hipócritas. Al menos, los que él ve.

¿Pero son justos los pitos a Piqué? Ni en León ni en Oviedo. Reivindica su compromiso nacional sin alardear de españolismo ni catalanismo. Nunca besará el escudo pero lo sudará; nunca gritará un ‘¡Viva España!’ pero se peleará por un balón desde algún suelo de Macedonia o Letonia. Y como es un futbolista inteligente en el sentido literal de la palabra (se dice que es superdotado), él es quien mejor ha justificado las sospechas de la plataforma Guanyarem: ¿qué mejor publicidad que agradecer toda la ayuda que le prestó el deporte catalán desde pequeño? Y no se trata de sacar la vena nacionalista. Simple sentido común. Y como diría Guti, “a quien no le guste, amapolas”. 

El niño probeta

Lunes, 15 Junio 2015

213364.jpg

La travesía por el desierto está siendo dura. Las heridas del Mundial todavía no han suturado porque, sencillamente, no ha empezado la Eurocopa. Entre el lifting  poco convincente de España y la ternura del grupo de clasificación, la gente ha dado la espalda a ‘La Roja’; así lo certifican las audiencias de televisión. Ha tenido que hablar Piqué y responder la afición de León para encender (e incendiar) con napalm la convocatoria nacional. Quizá fuera la única forma de prestarle atención: Costa Rica y Bielorrusia apenas han ocupado un breve en los periódicos, salvo el morbo de Keylor Navas en la portería. Desaparecido el tiqui-taca, la selección es un niño probeta con un futuro sospechoso: nadie se atreve a asegurar que crecerá fuerte y sano.  A la generación de Luis Aragonés le ha sucedido otra promoción de locos bajitos que antes de triunfar tiene que meter la pata. Así sucedió en el Mundial de Alemania., pero entonces el ‘Sabio de Hortaleza’ había encontrado en Xavi la solución al eterno sudoku de España y peleó con esa idea. Del Bosque tampoco se olvida del balón, la verdadera génesis de tanta borrachera de éxito: Iniesta, ausente por lesión, todavía amaga con instantáneas de Oliver Atom que superan la ficción; Isco es el quinto elemento que está por llegar. De su imán en la bota de derecha depende la circulación sanguínea del ‘enfermo’.

Bielorrusia eligió el estadio del Bate Borisov para pergeñar una encerrona. Su particular Ipurúa amenazaba con cortocircuitar el juego de España y convulsionar aún más el incierto establishment de la selección. Pero, de repente, los nuestros salieron de la trinchera y buscaron la yugular del metalizado bloque bielorruso. Morata es un delantero centro que descompone defensas con red de arrastre; su pureza en el área facilita el fútbol en tres dimensiones del resto, entre ellos, un Jordi Alba que desgasta la banda como el correcaminos y ahora sólo tiene que alzar la cabeza para poner el balón en la olla. De la fábrica de laterales en serie que ha generado el Valencia, Alba es el que mejor imita la explosividad del ex madridista Roberto Carlos.; de su estado físico en Francia dependerá la viveza de la selección.  Y cómo no David Silva, considerado un duende en Manchester y que con la camiseta roja tan pronto saca el diablillo como se queda alelado en el limbo. El canario es creatividad pura, un Michael Laudrup en chico que nunca sabes cómo te va a sorprender; su espontaneidad atrajo al Real Madrid, que preguntó por él hace seis años. Y para romper muros de hormigón como el de anoche, mejor sortearlos que pegarlos de frente.

Y cómo no el efecto Casillas. Concentrado en la importancia de no complicar la clasificación, sacó un  mano a mano decisivo e inspiró confianza. Detuvo las tres ocasiones de los bielorrusos recordando aquella frase de Fernando Hierro cuando espetó que el Madrid necesitaba un portero que parase los dos balones que le llegaban al área. Casillas siempre superó esa expectativa, falseando además la reflexión de Hierro. Porque la estadística no miente y al Madrid del gran Iker le solían acribillar a disparos. Quizá sea tarde, pero un Casillas mentalizado, ajeno al ruido ensordecedor del entorno, puede competir contra De Gea sin ninguna sospecha. 

Las reglas del ocio

Martes, 31 Marzo 2015

1403588782_extras_noticia_foton_7_1.jpg

La fin. El diario L’Equipe publicó su demoledor titular en letras capitales la tarde que Dinamarca bailó a la entonces campeona de todo en el Mundial de Japón y Corea. Aquella generación comandada por Zidane se había preparado para reventar la historia: su fútbol solidarizó odios raciales en su Mundial del 98, redujo al continente en la Eurocopa de los Países Bajos y la leyenda les esperaba en el Lejano Oriente. El fútbol contemporáneo no había visto un prodigio semejante desde el Brasil del setenta hasta que las tertulias periodísticas dieron un vuelco con el bombazo inaugural de Senegal. Pero aquel titular de L’Equipe y el tsunami de dramatismo de la opinión pública indignó al vestuario nacional. “Creo que no merecimos tanta leña”, comentó David Trezeguet años después de la debacle; “Palos y más palos. Parece que nunca hayamos logrado nada”, espetó Thierry Henry, uno de los jugadores más vapuleados por la prensa.  Sin embargo, la reflexión niquelada la pronunció Zidane en Le Monde durante la pretemporada de ese verano con el Real Madrid: “En Francia tan pronto te barren como te ponen la corona”.

La prensa española todavía no se ha atrevido a llevar a ‘La Roja’ al cadalso. La selección de todos ahora no lo es de nadie, al menos para la calle. La decepción de Brasil mantiene anestesiado a cierto público que se emborrachó de emoción durante cuatro años y hoy considera al equipo un marrón molesto que petardea entre Liga y Champions. Antes eran Madrid, Barça y España, la genuina de Luis y la continuista de Del Bosque; hoy la prensa rellena minutos de telebasura sobre la selección a golpe de mamporros. Casi todos al entrenador y al portero, por cierto. Juanma Castaño sacó el bisturí en el Tiempo de Juego del domingo y diseccionó al ¿cadáver? por donde a pocos ‘cirujanos’ se les había ocurrido: “El último partido que divirtió España fue en Saint Denis en la fase de clasificación para Brasil”. Tal cual. Fue la última vez que el combinado nacional fardó de tiqui-taca, aunque entonces España oliese a la misma colonia que Francia cuando aterrizó en Corea para comerse el mundo.

La travesía es demasiado dura porque, como asegura Del Bosque a su círculo privado, “cada partido es una reivindicación permanente”. O Globo, el periódico brasileño con más solera, condenó a sus once penitentes de por vida por la masacre de Alemania en las semifinales de su Mundial. ‘La Roja’ ha entrado en fase experimental y jugar con probetas hasta que vuelva a salir otro tiqui-taca aburre a la gente. O de repente España vuelve a orquestar fútbol en versión Von Karajan o el interés bajará al submundo, cuando la época de Javi Clemente. Es duro pero son las reglas del ocio en este país. Y la selección sabe (porque lo ha visto) que jugar un partido aseado de cada dos no vende. Quizá esos aficionados que ya no se atreven a desempolvar la camiseta de Sudáfrica, tengan que meterse en la mollera que Puyol ya no está; Xavi sólo hubo uno y Villa dejó de golear. Iniesta lo dejó caer hace unos días: “El mismo éxito será devolver la ilusión a la gente que haberlo ganado todo”. Puede, pero desde luego que esa gente, hoy amplia mayoría, no se lo reconocerán. Es la cultura de esta España. Por eso, Inglaterra, Argentina o Brasil siguen gozando de un privilegio casi exclusivo: en las buenas y en las malas, siempre la selección. Aquí Real Madrid y Barça se metieron entre bastidores cuando la selección gritó ‘¡fútbol’! al mundo. Sólo un instante, sólo un momento.  

Olor a napalm

Viernes, 10 Octubre 2014

eslovaquia-espana.jpg

Derrota con olor a napalm. Lejos de una simple lamentación, las redes sociales rescataron aquel 2-0 en Suecia posterior al Mundial de Alemania. Incluso, los más apocalípticos compararon la herida de anoche con el hundimiento de Chipre que le costó la cabeza a Javier Clemente. Brasil ha dejado una herida sangrienta y complicada de cicatrizar; las grandes victorias de los últimos años han legado una herencia demasiado pesada para cualquier España, porque el agravio comparativo es demoledor. La selección todavía sube al ring con miedo a recibir otro directo a la lona; está en plena cocción intentando descubrir el regusto exacto. Y en esa transición, se tiene que acostumbrar a recibir bofetones y el qué dirán: de los palos se aprende. Cuatro derrotas en seis partidos invitan o, mejor dicho, obligan a Del Bosque a ignorar por un instante sus actos de fe en el tiqui-taca y probar nuevas recetas. Gente de futuro como Koke, Thiago e Isco saben tocar y sobarla, por ahí el balón está asegurado; quizá falte ese músculo del que Alemania sabe presumir en los momentos pertinentes. Una estilo híbrido con el que ataquemos en un pim, pam, pum sin necesidad de escanear el césped palmo a palmo.

España perdió como podía haber goleado si el portero eslovaco Kozacik no hubiese sacado tentáculos por todos lados. Él fue el héroe del partido y en la portería contraria Casillas el villano. Su cantada entierra el paradón de reflejos a lo David Barrufet: es el tormento eterno de cualquier portero. Y en el caso de Iker, la lupa sobre él tiene más ópticas que con el resto. Es injusto, pero son los grilletes que debe arrastrar. Precisamente, cuando había encontrado tranquilidad con un puñado de partidos sobrios, el primer gol propone indirectamente otro debate latoso en la portería de España. Aunque no más molesto que el de la falta de líderes. Con permiso del guardameta blanco y tras las retiradas de Xavi y Xabi, urge un jugador que reclame protagonismo para el clímax de la película. España echó de menos anoche la discreción de Iniesta, porque sigue siendo el más talentoso y sin su antiguo compañero de diabluras (Xavi), tiene que pedir turno de liderazgo.

La noticia agradable vuelve a darla Paco Alcácer, cuya voracidad no acabará hasta que la remache con títulos. De repente, ha adelantado por la derecha a Fernando Llorente, que no pertenece a la guardia pretoriana de Del Bosque; Negredo, lesionado sin fecha límite y Soldado, hundido en el ostracismo en el Tottenham. Alcácer está de moda en Valencia y con España, y si Diego Costa no estuviese arrasando la Premier, ya sería el delantero referencia de ‘La Roja’. Pero el crédito del hispano-brasileño tiene más fondo que las tarjetas opacas de Bankia por sus sensaciones goles en el Chelsea y el lío diplomático que casi acaba a tiros entre la Federación y Scolari. Éste es otro debate, el enésimo, porque a medida que se agrava la sequía de Costa, los murmullos suben decibelios. La sensación general es que el público no será paciente con esta España. Pero intentar recuperar la estética del pasado inmediato es, sencillamente, una quimera, la misma que es incapaz de imaginar que este Barça evoque a Guardiola.

Los cafres del twitter

Lunes, 23 Junio 2014

casillas-del-bosque-xavi.jpg

‘El trofeo Carranza motiva más que este España-Australia’…’Pepe Reina para partidos de comparsa’…’Villa le hace a Del Bosque cagarla más’…’Casillas funciona mejor santificando el banquillo’. Son ‘tuits’ a vuela pluma sacados al azar después del festín orgiástico contra Australia, pero podrían rellenarse todos los periódicos de un día con las reflexiones anónimas (y por ende cobardes), irónicas, grotescas e hirientes sobre la selección española. Como dijo Paco González tras el 5-1 de Holanda, “enhorabuena a los que estaban esperando a España, Del Bosque y Casillas. Es su momento de gloria, que lo aprovechen para dar los palos reprimidos en estos años”. Los índices de popularidad dejaron de fabricarse con encuestas porque, hoy día, las redes sociales son la evidencia definitiva de la cantidad de bilis que se ha esparcido con la eliminación de España. Y como la memoria es muy frágil y los éxitos irrepetibles de esta generación no venden tanto como un fracaso antológico, nuestro país se ha puesto las botas esforzándose en su deporte por antonomasia, que no es precisamente fútbol, sino sacar la guadaña para rajar y descerrajar. 

En los universos de twitter y facebook Del Bosque, Casillas y Xavi copan el podio. Al seleccionador le hemos destripado sin piedad, sin meditar ni un instante que cualquier entrenador en su lugar habría continuado la obra prodigiosa de Luis Aragonés. Le llamaron copión por no alterar ni un ápice el tiqui-taca que Xavi Hernández patentó en Viena; incluso, hubo columnistas que cargaron furibundamente sus plumas cuando Suiza la lió en el debut de Sudáfrica. “Parece que molesta que gane la selección”, espetó el seleccionador en uno de los infinitos homenajes que ha recibido por todo el país durante este tiempo. Nunca deslizó nombres propios porque sus sensaciones eran más del “ruido de la calle”. Y no le falta razón: las charlas de barra de bar no son tan entretenidas sin poner a parir al personal. No sería made in Spain. Flaco favor le hemos hecho a Del Bosque entre todos: la crítica constructiva más acertada que escuché fue que Del Bosque debió comenzar a renovar a ‘La Roja’ después de la última Eurocopa. Fácil de decir, imposible de ejecutar, salvo para un entrenador tipo Mourinho que hace y deshace sin escuchar al vestuario.

El inmovilismo provocado por el amiguismo (reflexionen la expresión) impidió a Del Bosque remover el grupo. No habría sido políticamente correcto tocar a las vacas sagrada, y por ahí van los tomahawks contra Xavi. Vivir de las rentas es la crítica más manida contra el barcelonista, que ha sufrido esta temporada su inexorable oxidación. Es ley de vida. Pero Xavi es alma máter de esta selección junto a Casillas y haberle sacrificado habría exagerado todavía más los debates populares de ‘La Roja’. Holanda goleó a España y Xavi se convirtió en un muñeco de pim, pam, pum por su aparente estado inerte. Horas más tardes, el twitter dejó de bullir cuando la FIFA publicó la estadística de que el centrocampista de Terrasa fue el que más corrió de los españoles. Un dato delató que Xavi quizá no fue tan paquete en el debut mundialista. ¡Qué cosas!

Pero la verdadera discusión nacional capea con la efigie de Iker. Nadie rechistó cuando Del Bosque le incluyó en la convocatoria porque los méritos pesan mucho y, además, el portero ganó Champions y Copa, los torneos que le tocaban. Él sabe que Víctor Valdés apuntaba a titular del Mundial antes de su lesión (esto es información, no opinión) y mucha gente seguirá lamentado el infortunio del guardameta culé. Casillas no supo sacar el ‘santo’ porque su último año y medio ha sido un calvario. Y sin regularidad bajo los palos, incluso los mejores se marchitan. Decisivo en los anteriores torneos, España no pudo encomendarse a sus paradas imposibles. Falló, a veces con estrépito, y punto. Es el portero de España, como lo fue el ‘paralotodo’ Arconada. Pero el señor twitter no perdona: las legiones yihadistas han repartido estopa por internet a kilotones. Hoy, todavía es más proscrito para el sector cabreado del madridismo pro Mourinho, que son los mismos cafres que intentan hacer vudú con el capitán cada vez que bloca un balón. El banquete de tiburones ha empezado y tienen carnaza para rato. Con escribir su nombre en las redes, salta al instante una guerra de trincheras en la que no hay pacifistas. O atizas a Casillas o le defiendes. El respeto por los veteranos parece que es sólo cosa del ejército. Y España sigue siendo la vigente campeona del mundo, pero parece que en este país sólo podemos susurrarlo; si lo gritas, a lo mejor te llevas un bofetón.  

A Zidane también le “faltó apetito”

Viernes, 20 Junio 2014

busquets.jpg

Zinedine Zidane también habló de “falta de apetito” cuando los periodistas franceses le exigieron explicaciones a la sorprendente y ridícula eliminación de Francia en el Mundial de Corea. Entonces, la selección blue había dominado el mundo con un campeonato simplemente perfecto en su casa y reivindicó su fútbol de mil y un quilates en la Eurocopa de Bélgica y Holanda. Aquella Francia imponía cualquier baile al ritmo de Zidane, de largo el mejor jugador del momento. El Mundial del Oriente Lejano debía ser la constatación de una generación mítica, inolvidable para el fútbol galo, y que había puesto patas arriba a un país entero; no en vano, la Avenida de los Campos Elíseos se había engalanado con antelación para celebrar los fastos de lo que podía ser un récord bestial: Mundial, Eurocopa y Mundial. ¿Quién en su sano juicio pensaría que Senegal, Uruguay y Dinamarca serían un mínimo obstáculo para el estilo más versallesco y efectivo que existía en el planeta? De repente, los africanos se sublevaron por físico, los uruguayos por ímpetu y Dinamarca se encargó de decapitar a un equipo francés que, en apariencia, no escondía ni una sola debilidad palmo a palmo del césped.

“Creímos que con el gallo estampado en el pecho ganaríamos medio partido”, dijo Thierry Henry después del batacazo inicial contra Senegal; “nos ha faltado una charla de vestuario de nuestro gran capitán, Didier Deschamps”, comentó Emmanuel Petit como coartada del fracaso. En efecto, Deschamps fue el líder espiritual y de puertas adentro de la campeona del 98 y 2000, pero su tiempo se había extinguido y sus compañeros quedaron huérfanos sin su presencia en Corea. “Fui de los que más eché de menos a Didi”, comentó con nostalgia el todoterreno Patrick Vieira la tarde que Dinamarca les mandó para casa sin haber olido ni un solo gol a favor durante todo el torneo. “Tengo miedo del recibimiento en el Charles de Gaulle (aeropuerto de París)”, espetó medio en broma medio en serio el histriónico portero Barthez.

En la selección española nadie se ha atrevido todavía a romper el hielo con un chascarrillo: todo son arrepentimientos y perdones. Esa actitud la ha tomado, como es su deber, el capitán Iker Casillas; otros pesos pesados sí han explicado la debacle. Las declaraciones de Xabi Alonso, casi pasajeras minutos después del estropicio definitivo y hoy superlativas para toda la nación, son el marrón inevitable que debía comerse algún jugador. Al donostiarra se le suele acusar de excesivamente reservado, pero cuando habla jamás peca de hipocresía. Si Xabi habla de “falta de hambre” y “mala preparación física y mental”, las charlas de barra de bar ya no tienen que inventar teorías fantasiosas. Ésas son las razones del desastre nacional, a pesar del supuesto mosqueo del resto del vestuario, como publica MARCA este viernes.

España se quedó a la puertas de convertirse en dinastía pero deja un tributo al fútbol mundial sólo comparable a Pelé y su famoso ‘Brasil del 70’. Y a diferencia de la Francia faraónica de Zidane, donde él inundaba de elogios las crónicas periodísticas, la selección de Del Bosque y antes de Luis ha arrasado las hemerotecas durante cuatro años con un género inédito y casi irrepetible. Y como cualquier obra maestra, cuando la siguiente película apenas arranca buenas críticas, quienes estaban agazapados preparan ahora los morteros y los adoradores se tornan en aduladores. Sí, ‘La Roja’ merece ser atizada hasta que se rompa la esterilla, porque sus internaciones han demostrado ser esta vez más tipos de clubes que de selección. Quizás la Champions colmó el apetito de los madridistas y quizás los barcelonistas aún no hayan superado la pesadilla del año. Un Mundial requiere una pretemporada especial sin distracciones, y a la vigente campeona se le ha agasajado con infinitos actos publicitarios que le han privado de ratos de charlas tácticas. Claro que el business es business en el negocio, que no deporte, del fútbol. Por si acaso, Del Bosque lo advirtió el pasado noviembre en Guinea Ecuatorial: “sólo he visto hambre en los ojos de Koke”. Ni siquiera el seleccionador debió acordarse de sus propias palabras.

La libreta de Van Gaal

Sbado, 14 Junio 2014

foto-iker.jpg

La pizarra de Van Gaal sentenció el partido. Siempre con su libreta secreta bajo el brazo, el técnico imitó la táctica de Ancelotti que pulverizó a Guardiola en Munich. La prensa advirtió que Holanda se blindaría con cinco defensas y así pareció al principio de partido. Pero no, ilusiones ópticas: David Albelda avanzó en Tiempo de Juego que Van Gaal había colocado tres defensas y cinco centrocampistas; poblando la medular ahogaría la esencia del tiqui-taca español, el genuino que siempre propusieron Xavi e Iniesta. Nada que ver esta Holanda con el finalista macarra que cosió a patadas a los españoles en 2010. Ni siquiera De Jong, que ayer también sacó la trilladora pero que se esmeró en jugar de coche-escoba. El gran público no conocía a la zaga oranje, casi toda construido por Ronald Koeman en el Feyenoord, y a tenor de lo visto, son jóvenes pero sobradamente preparados. Los papeles de Van Gaal nunca se filtrarán, pero no hace falta ser entrenador para intuir un garabato que pusiera ‘Robben y Van Persie vs Piqué y Ramos’. Ésa fue la clave de la carnicería.

El penalti de España, lejos de garantizar la posesión de ‘La Roja’, sobreexcitó a los holandeses, con Sneijder como mente del plan a perpetrar, y Robben y Van Persie de ejecutores. El propio Arjen todavía se ríe del apodo que le puso el Bernabéu: ‘Rodilla de cristal Robben’; su cintura todavía gira mejor que la de una gimnasta del Circo del Sol. Desafortunadamente, la de Piqué necesita por ahora engrasarse con tres en uno. El problema de Ramos no fue tanto físico como de despiste: el cabezazo de Van Persie le cogió la espalda y en ningún momento exhibió esa proeza genética que le ha convertido en uno de los centrales más decisivos del mundo. Partido para olvidar del madridista y punto. Los enviados especiales a la concentración española habían resaltado el estado de forma del sevillano y también de Silva. El grancanario subió el voltaje del juego y compitió con Iniesta en un concurso de pases estéticos; la pena es que toda España hubiese preferido que fusilase a Cillesen en vez de adornarse con una vaselina sólo apta para cracks mundiales.

Hablando de porteros, Casillas no escapa de las crónicas periodísticas. Empezó siendo el ‘santo’ y acabó en la barca de Caronte como un difunto reciente. Sus fallos estrepitosos sirvieron de carnaza para el sector cafre de twitter, en especial los llamados ‘yihadistas’. La memoria es frágil y olvida rápido que el mismo capitán de España conjuró milagros en las pasadas Eurocopas y en Sudáfrica (que se lo digan a Robben, hoy resarcido de aquel ¡uy! De Johannesburgo). Un muy buen amigo de Casillas, Xavi Hernández, también nos recordó que sus mejores momentos ya han pasado. Asumió los galones de capitán general el tiempo que le duró el poco combustible diesel que le queda; “ha sido la derrota más dura de mi carrera”, confesó el barcelonista en rueda de prensa. Y lo dice un futbolista con un palmarés que no cabe en las vitrinas de casi ningún club del mundo. En un ejercicio de sinceridad, todos asumieron el mea culpa delante de la televisiones. “Es una cagada mayúscula”, como dijo Schuster en COPE, pero remediable. El problema no es la goleada, que afectará a las matemáticas del golaverage, ni siquiera que el siguiente perro de presa sea Chile, la alarma roja la anunció Piqué: “Lo peor son las sensaciones”. De cansancio físico y embotamiento mental. Y ahí entra de lleno Del Bosque, como ayer lo hizo Van Gaal, el gran vencedor del 5-1.

El hambre de un tigre enjaulado

Mircoles, 28 Mayo 2014

del-bosque.jpg

Mundial de Alemania 2006. Brasil debuta con una victoria pírrica ante Croacia por un gol a cero y su seleccionador, Carlos Alberto Parreira, lanza la primera advertencia a su vestuario: “No vamos a ganar el Mundial con las cinco estrellas de la camiseta”. Parreira quiso suturar la herida antes de que el batallón de periodistas brasileños enviados al Olímpico Berlín provocara la primera hemorragia. La constelación de estrellas invitaba a presenciar un espectáculo propio del Circo del Sol; Ronaldinho, Ronaldo, Kaká (entonces pletórico), Roberto Carlos y Robinho intuían una versión mejorada del Brasil campeón del 2002 contra la robotizada Alemania que no podía defraudar a toda una nación. Sin embargo, el seleccionador de la canarinha no compartía el entusiasmo popular: algo chirriaba y no era precisamente la mala puntería. “Insisto, ésta no es la manera de competir fuerte”, fue la segunda advertencia de Parreira en la rueda de prensa posterior a la segunda victoria amarga del torneo, contra la cenicienta Australia. Tuvo que ser el suplente Fred quien matara el partido con un segundo gol agónico, porque los australianos metieron el miedo en el cuerpo de Brasil hasta en tres córners. “Japón ha sido el mejor contrincante, pero no basta para jugar la final”. La prensa brasileña se sorprendió por la tercera advertencia del entrenador: Ronaldo, por fin, había perforado la portería y ésa era la coartada que necesitaba la torcida para creer en su equipo.

La goleada a Ghana en octavos provocó un estado de éxtasis engañoso. Aquel Brasil se parecía mucho al Real Madrid, con galácticos a granel que goleaban casi con desgana, por inercia. Y a Parreira no le hizo ninguna gracia. Sobre todo, cuando supieron que Francia se les cruzaba en cuartos de final.  Ellos habían liquidado a España tirando de oficio, Ghana sólo era un caramelo sin más aspiraciones que haber pasado la primera ronda. “A los franceses sólo se les puede ganar jugando en bloque, con la mirada del tigre”, aseguró Parreira en plan motivador. Rápidamente, los telediarios brasileños abrieron sus previas con escenas de Rocky, la frase del seleccionador había dado demasiado juego para cuentos épicos. ¿Quién estaba en lo cierto: el pesimista Parreira o la ruidosa afición brasileña que festejaba todos los goles aún sin su habitual ritmo de samba? La Francia de Zidane disiparía las dudas. Y vaya si lo hizo.

El Mundial de Alemania se recordará por ‘la victoria de la nada” (frase con la que Santi Segurola tituló en El País la conquista de Italia) y la gran última actuación de ‘Cinexin’ Zidane. Un puñado de controles davincianos, regates imposibles y pases estratosféricos tumbaron a una calcomanía muy barata de Brasil. El gol de Henry originado por el pasotismo de Roberto Carlos retrata la autocomplacencia que apabulló a la canarinha. Salir sin sudar la camiseta fue el viejo tópico que temió Parreira desde el principio en un vestuario que, sencillamente, no tenía que demostrar nada al mundo. Sólo presumir, sólo fardar. “Estuvimos desconectados, como si jugáramos un amistoso”, reflexionó el que fuera entrenador de la campeona del 94.

Vicente Del Bosque seguramente no pensará en los miedos de Parreira, pero su primera advertencia recuerda a la de su colega brasileño. “Los ojos de los jugadores no son los mismos que cuando empezaron”, alertó el seleccionador español contra la relajación. Dos Eurocopas, Sudáfrica y, lo más trascendental en el tiempo, el legado de la belleza estética, pueden anestesiar el apetito de otra selección que aspira a un récord inimaginable incluso a dos semanas de empezar el Mundial. Las habladurías de barra de bar dicen que los del Madrid ya han cumplido su misión; los colchoneros llegan baldados y hechos trizas, y los barcelonistas pendientes de sentirse importantes en el nuevo proyecto de Luis Enrique. Falta jugar, claro, pero esta vez no existe la sensación del hambre del tigre enjaulado de antaño.