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Dani Alves, Samuel Eto’o….gente imprescindible

Viernes, 3 Junio 2016

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“Si Guardiola me dice que suba al tercer anfiteatro y me tire, pensaría que algo bueno debe haber ahí abajo”. Dani Alves es un tipo agradecido a quien le ha dado la fama; “que la gente mire lo que hago dentro del campo, no fuera, que es mi vida. Y si bailo, así soy yo”. Dani Alves es tan sincero como Samuel Eto’o, el primer culé que puso patas arriba el Camp Nou al son de correré como un negro para vivir como un blanco; “Hay mucho racismo en el fútbol. En España se venden como un país del primer mundo, pero en algunas cosas están muy atrasados”. Dani Alves es tan gráfico, que es capaz de comerse un plátano tirado desde la grada y servir de inspiración a media humanidad; “Ser del Barça es recomendable para la salud”. Dani Alves no necesita haber jugado en La Masía para presumir de ADN azulgrana; “A mí me pone cachondo mi chica, no un partido en el que te golpean”. Y Dani Alves se siente futbolista, pero sobre todo un privilegiado de la vida. Genio y figura hasta la sepultura, los periodistas esperamos las ruedas de prensa de Alves como un rottweiler con espuma en la boca en busca del mordisco. Armamos la metralleta y a la primera que suelta un titular demoledor vaciamos el cargador. Es brasileño pero entiende que la rivalidad hay que calentarla a la antigua usanza, como Stoichkov y Míchel, Gaspart y Mendoza. Con él se va uno de los personajes de nuestro fútbol y eso que todavía tenemos nostalgia de Eto’o, Guti, Schuster…Aborrecidos de tanta sota, caballo y rey en las salas de prensa, siempre nos quedarán Piqué y Cristiano Ronaldo cuando se alinean los planetas.

Dani Alves había firmado su defunción azulgrana un año antes, cuando retó en público a la directiva y renovó en plena efervescencia del triplete. Digno sucesor de Cafú, ha sido, de lejos, el mejor lateral derecho de la última década. Sus cabalgadas por la banda convencieron a Guardiola para inventarse un carrilero con esencia de extremo; tan pronto defendía su área como se inventaba centros con escuadra y cartabón. Monchi le descubrió donde ningún otro ojeador buscó, en un modesto club llamado Esporte Clube Bahía que lo vendió al Sevilla por menos de un millón de euros. Cuatro temporadas después y con un buen zurrón de títulos, el Barça le compró por 35 millones, hasta entonces el segundo fichaje más caro de la historia azulgrana, sólo superado por el del holandés Overmars. El Real Madrid se quedó con la miel en los labios, a pesar de que el propio Alves inmortalizó una de esas frases que tanto gustan a Florentino Pérez, “¿a quién no le hace ilusión jugar en el Madrid?”. La única verdad indiscutible es que el Barça no despilfarró el dinero porque al brasileño le bastó un puñado de partidos para agenciarse la línea de cal. Proeza de la genética, Guardiola llegó a preguntarse públicamente que para qué necesitaba un jugador delante de Dani si valía para todo. La estadística es sobrecogedora: cierra su ciclo firmando más asistencias que ¡¡Xavi Hernández!! Pongámonos en pie.

Nunca engañó a nadie ni dentro ni fuera del césped. Jugaba cada partido como si no hubiese mañana, y las redes sociales delataron su vida alegre, con ese eterno vacile que no pretende ser hiriente. Logró tanto en tan poco tiempo que bajó las revoluciones en el campo: en el último año de Pep, a Dani se le había nublado la mirada del tigre. Sus centros se quedaban cortos o largos por milímetros, y el lateral a veces se convertía en un coladero delante de un media punta escurridizo. No en vano, el propio Guardiola recomendó su traspaso porque se había desgastado demasiado. Pero Alves es un luchador que sólo se motiva con retos gigantescos (“si no me enfrentara a los mejores, estaría en el equipo de mi pueblo”); se acercó a su versión más exagerada con Tito Vilanova para amortiguar todas esos chismorreos que le escaneaban con lupa,  y acto seguido volvió a dejarse llevar. En los últimos años ya no era esa tanqueta que recorría la banda de fondo a fondo con un motor diesel; jugaba como si estuviese agotado, distraído en jugadas absurdas. Como a cualquiera, le ha llegado su fecha de caducidad: ocho años en el Barça y el suculento honor de ser el tercer futbolista con más títulos de la historia…¡del fútbol mundial! Sólo detrás de Ryan Giggs y Vitor Baia. Quédense con el legado de Dani Alves, una trituradora de trofeos y la mejor rotativa que podría tener cualquier medio de comunicación. Que siga la fiesta en Turín.

 

“¡Madrid, cabrón, saluda al campeón!”

Jueves, 10 Septiembre 2015

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“¡Madrid, cabrón, saluda al campeón!”. Samuel Eto’o, genio y figura que sacó toda su bilis contra el club que le repudió. Una década después aún no se ha retractado de aquel éxtasis en el Camp Nou. Y jamás lo hará. “Yo soy como soy, que lo aceptes o no es tu problema”, dijo el camerunés en una entrevista íntima con L’Equipe en 2011. “Vete tú al Atleti, ¡qué pesado!”, soltó Guti a Roberto Carlos en medio de una rueda de prensa durante una pretemporada merengue en Shanghai. Hubo un verano en el que a Guti se relacionó con el rival vecino y, harto de tanto rumor infundado, no aguantó la broma del brasileño. Gerard Piqué rompe la aburrida ortodoxia de las salas de prensa: partido complicado, nunca se sabe qué puede pasar, en el fútbol cualquiera puede sorprenderte. El ‘fútbol es fútbol’ de Vujadin Boskov en versión moderna. Piqué es un personaje imprescindible en el periodismo deportivo: cualquier barrabasada que se le ocurra, cualquier rajada que escupa es bienvenida en nuestro mundillo. Al fin y al cabo, hablar de fútbol da pureza a un medio, pero inyectar dosis de morbo atrae audiencia. El negocio es el negocio.

Piqué ha aclarado que no es un santo ni tampoco un diablo. Es bromista (cuestión de gustos) pero entiende y siente la rivalidad Barça-Real Madrid. Por eso, se puso una camiseta de Buffon en su casa para ver la semifinal Madrid-Juve y, por supuesto, mentó a Kevin Roldán para sobreexcitar a las masas. Ése es el puente aéreo que reclamamos todos aquellos periodistas (me atrevo a decir que la mayoría) nostálgicos de aquel teatrillo que montaba José María García en sus noches radiofónicas, con héroes y villanos, con Mendoza y Núñez, con Jesús Gil y Caneda, con Stoichkov y Hugo Sánchez. Hoy es todo tan políticamente correcto que el espectáculo necesita más ‘Piqués’ para que no decaiga. Durante la noche en la que agradeció a Kevin Roldán sus servicios prestados a la causa, hay una imagen que capta a un grupillo de compañeros en el centro del campo susurrándose a los oídos “lo va a decir, lo va a decir”. Y el central no falló. Piqué se ríe de las portadas apocalípticas de la prensa; se ríe del incendio de Sergio Ramos porque simplemente pertenece al show. La sensación en las tertulias de los bares es que el barcelonista pasa de todo, le piten, insulten o cabreé al madridismo con sus provocaciones.

Piqué es un muñeco de pim, pam, pum al que la prensa hace vudú y suplicando en bajo que salga delante de las cámaras en cada zona mixta. Su sinceridad molesta en un fútbol impostado, en el que los clubes rezan para que las declaraciones sean sota, caballo y rey. Así, menos líos para los departamentos de comunicación. Pero, precisamente, tipos como Piqué que agitan la opinión pública, son quienes mejor explican a la gente esa realidad paralela y casi siempre estratosférica de deportistas tan elitistas. “La noche anterior a Macedonia nos reunimos 10 jugadores en la habitación de Iker Casillas, y allí estuve hablando con Ramos de muchos temas, no sobre la selección”. Con confesiones de este tipo, uno imagina a Ramos y Piqué descojonarse juntos por ese miedo mediático a que ‘La Roja’ se volatilice o vuelva la guerra de trincheras Madrid-Barça de la época mourinhista. Precisamente Mourinho otro personaje extremo en el odio y el amor que asquea mundos hipócritas. Al menos, los que él ve.

¿Pero son justos los pitos a Piqué? Ni en León ni en Oviedo. Reivindica su compromiso nacional sin alardear de españolismo ni catalanismo. Nunca besará el escudo pero lo sudará; nunca gritará un ‘¡Viva España!’ pero se peleará por un balón desde algún suelo de Macedonia o Letonia. Y como es un futbolista inteligente en el sentido literal de la palabra (se dice que es superdotado), él es quien mejor ha justificado las sospechas de la plataforma Guanyarem: ¿qué mejor publicidad que agradecer toda la ayuda que le prestó el deporte catalán desde pequeño? Y no se trata de sacar la vena nacionalista. Simple sentido común. Y como diría Guti, “a quien no le guste, amapolas”. 

¡Beckham, feo, feo!

Domingo, 7 Diciembre 2014

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Luis Enrique no pudo ocultar su sonrisa irónica cuando le preguntaron por los diecisiete aficionados expulsados del Bernabéu. “¿Sólo diecisiete? Si se echa por insultar nos quedamos solos”, espetó el técnico asturiano. Lo dice el enemigo público numero uno del madridismo, que ha aguantado insultos, mofas y broncas en todos los idiomas cada vez que pisaba la capital. Él no se tapó los oídos como Luis Figo la noche que el Camp Nou le reventó los tímpanos al grito de ‘Judas’. Entonces, la sensibilidad con la homofobia y el racismo no era la misma: los ultras también se zurraban entre ellos y las aficiones más animosas nunca se cansaban de hacer vudú verbal a determinados jugadores. Por ejemplo, Mijatovic, ídolo de Mestalla que encendió a toda Valencia cuando pasó a ser proscrito. En cambio, Eto’o casi se larga antes de tiempo de un Zaragoza-Barça porque se cansó que parte de La Romareda le cantara “yo soy aquel negrito del África tropical…”. A Míchel no le gritaron ‘negro’ pero su tocamiento de genitales a Valderrama se hizo demasiado famoso en Primera División. Y, como ahora, también Liga y Federación se reunían a todas horas para fingir intolerancia. Presumían con los brazos cruzados mientras la UEFA se hinchaba a multar a diestro y siniestro por emular gritos simiescos o, simplemente, llamar stupid a alguien.

La Liga, o sea Javier Tebas, ha decidido denunciar al Madrid porque varios seguidores cantaron desde la grada “Messi subnormal”. No hace demasiado tiempo el viejo Atocha recibía al Real Madrid con todo el ‘cariño’ del mundo, cuando los equipos visitantes saltaban al campo en fila de a uno. Así se empezaban a calentar los partidos. Y el encargo no sólo partía de las aficiones más radicales. El Bayern de Munich, en concreto Effenberg y Oliver Kahn, provocó la ira de varios anfiteatros del coliseo blanco durante aquellas guerras europeas entre madridistas y bávaros. Y en los derbis sevillanos, el cruce de ‘piropos’ juraba odios y muertes. “La salsa del fútbol”, solían decir muchos directivos como coartada para suavizar cualquier investigación que propusiera el Comité Antiviolencia. Quién no recuerda aquella pancarta gigante en Anoeta que rezaba ‘Atlético, Gil y Bastión, asesinos’ en respuesta al asesinato del aficionado donostiarra, Aitor Zabaleta. En aquel partido Jesús Gil no estuvo presente pero sí su vicepresidente Lázaro Albarracín, que fue advertido de la pancarta una vez empezado el juego. Antiviolencia propuso una multa a la Real y la sanción económica fue irrisoria. Quizá esta semana, con los nervios a flor de piel, las denuncias por insultos habrían empapelado toda la fachada de un estadio. El efecto acción-reacción ya se ha producido: la LFP denunciará al Madrid por los gritos contra Messi y  el propio club ha localizado y expulsado a los que motivaron los cánticos.

Tebas necesitaba extirpar el cáncer y ha abierto al enfermo en canal. El baremo es muy sencillo: cualquier agresión verbal será punible. Y a la espera de que los jefes del tinglado organicen el enésimo cónclave, supongo que la próxima reunión servirá para crear el código de conducta. Habrá demasiada letra pequeña, porque hay tribuneros sobreexcitados desde el pitido inicial y otros más tranquilos que, de vez en cuando, pierden la compostura soltando ‘burros’; ¿también las caerá un paquete? Habría que preguntar a la afición del Cádiz hasta dónde puede llegar su guasa porque, con su habitual gracejo, cantaron a David Beckham en 2003 un desternillante ‘feo, feo’. Estos días, en pleno clima marcial, el Madrid ha actuado rápido en aras del compromiso contra los aguafiestas del fútbol. Pero no olvidemos que fue Joan Laporta quien conquistó la presidencia del Barça prometiendo cargarse a los Boixos Nois. Dicho y hecho. Ni siquiera las amenazas de muerte amedrentaron al ex presidente. Les invito a ver en youtube las imágenes de los incidentes de las bengalas de los Boixos en el derbi catalán de Montjuic de 2008; la cara de Laporta era todo un poema y sus palabras a Dani Sánchez Llibre (en catalán) no tuvieron desperdicio mientras las bengalas caían como proyectiles desde la grada superior: “Por esto me he cargado a esta gentuza”.

Samuel Eto’o, pretoriano de Mourinho

Martes, 21 Enero 2014

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Samuel Eto’o ya vivía como un blanco en el Anzhi cuando Mourinho le llamó personalmente para emprender su segunda aventura con él. Mejor dicho, vivía mejor que el Sultan de Brunei; no en vano, hasta el pasado verano era el futbolista mejor pagado del planeta. Pero una llamada de teléfono del entrenador portugués le incitó sin contemplaciones a cambiar un contrato de veinte millones anuales por otro de ocho. Eto’o aprovechó las nefastas circunstancias del momento: el dueño del Anzhi, Suleyman Kerimov, se hartó del club y puso toda la plantilla a la venta. Con semejante caos, el camerunés entendió que el Chelsea podía devolverle las tardes de gloria en las que puso patas arriba al Camp Nou y San Siro. “Es un año de transición, el nuestro es el próximo”, comentó en la Cadena COPE con su sonrisa picarona. La ‘pantera negra’ había asimilado rápidamente el discurso de Mourinho; por algo, él siempre perteneció a su guardia pretoria en el Inter. Es de ese grupo de futbolistas que echa pétalos de rosa por donde pisa el técnico; de lo contrario, quién imaginaría que un rebelde como Eto’o se plegara a sacrificios tan exagerados como defender descaradamente de lateral derecho en aquella semifinal de los aspersores del Camp Nou. “Mou no necesita un rato para convencerte”. Palabra del camerunés.

Su mítica frase de “no soy un chico de cincuenta goles, lo que puedo prometer es correr como un negro para mañana vivir como un blanco” impresionó tanto al barcelonismo, que tardó poco en comprender el leit motiv de su nuevo ídolo. Veían a un delantero de alta escuela cabreado con su pasado, el merengue, y con ganas de agitar el establishment de Florentino Pérez. Lo que no supo Frank Rijkaard y, por supuesto, ni se molestó en entender Guardiola es que a Eto’o había que atarle en corto dándole cariño. En esa encrucijada y con el vestuario del Barça chamuscado por el fuego cruzado de egos (Ronaldinho, Deco y Eto’o), Mourinho metió mano en el saco de despojos de Guardiola. La jugada no pudo ser más perfecta: se despidió de Guardiola con un gol en la final de Roma y abrazó a Mou con la Champions del Bernabéu. Eto’o se había reciclado: sin perder el instinto depredador, volvió a sentirse futbolista de equipo. Sólo dos hombres lo consiguieron: Luis Aragonés y el entrenador del Chelsea. Sabido es que el ‘zapatones’ necesitó un buen puñado de broncas para espabilarle, como aquella antológica dentro de banquillo de La Romareda.

La etapa rusa de lujo y opulencia no terminó de convencerle. Ganaba demasiada pasta pero jugaba al fútbol sin ningún incentivo, sin codearse con los grandes de Europa. Por eso, el Chelsea ha sido su salvación y, dentro de esa mole de hormigón que ha construido Mou, Eto’o ha encontrado su sitio: correr hasta la saciedad como un rottweiler y moverse en el área por intuición. Así goleó al Manchester United y sólo así acabó cojo y extenuado la tarde del Liverpool. Sin embargo, no olvida sus raíces futbolísticas, “mi hijo quiere que acabe mi carrera en Mallorca”. Ama la isla, al club que le dio la oportunidad y, aunque no lo dijo el domingo en COPE, también a Aragonés. Razones no le faltan.

Eto’o cuenta en una autobiografía que un buen día de abril de 2004 el ‘sabio de Hortaleza’ le sacó de un corrillo de entrenamiento y le espetó: “Negro (así le interpelaba cariñosamente el míster), creo que hay un club perfecto para tu carrera. Tal como está ahora mismo, te necesita y creo que ganará mucho con tu fichaje. Te estoy hablando del Barcelona”. Eto’o no pudo contener la sorpresa y le replicó: “¿qué estás diciendo?”. “Sí, pero primero tienes que marcar quince goles aquí, en el Mallorca, y yo me encargaré del resto”, concluyó Luis. Una semana después, Miguel Ángel Nadal, entonces compañero del camerunés, le desveló que Txiki Beguiristain, director deportivo azulgrana, le había llamado interesando por él, pero que el Barça también barajaba otros candidatos y el delantero de la Juventus, Trezeguet, era el prioritario. ¡Qué mejor asesor que Luis Aragonés!, debió preguntarse Eto’o, su fichaje venía con una de las mejores cartas de recomendación posibles. Ahora también: José Mourinho. 

P.D: David Beckham presenció en el palco el Chelsea-United y Eto’o lanzó una mirada furtiva a esa zona en uno de sus tres goles; quizás se acordaba cuando le dijo hace año que “él (Samuel) era más feo, pero mucho mejor futbolista”.

 

Una media hora diferente

Jueves, 30 Agosto 2012

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Samuel Eto’o nunca pensó en hacer el pasillo al Madrid campeón del 2008. El resquemor que el camerunés tenía metido en vena contra Florentino Pérez y aquellos que nunca le consideraron apto para el equipo merengue no podía acabar en reconocimiento al ganador de aquella Liga. Rendir pleitesía al enemigo al que había reivindicado su talento de estrella era una vergüenza demasiado exagerada como para aguantarla en el Bernabeu. Aquel Madrid-Barça, del que también se borró Deco forzando una quinta amarilla, se recuerda como la última vez que los blancos maniataron a su eterno rival en fútbol, ocasiones y posesión de balón.

Curiosamente, la secuencia del clásico de anoche fue calcada a la del 2008…hasta el minuto 30. El Madrid no se acogió a ese puñado de minutos en los que volatiliza cualquier duelo, sino que su propósito inicial fue sacarle las entrañas al Barça; no sólo hizo de vampiro, viviendo de chuparle la sangre a Mascherano y Piqué, sino que decidió a dar a los azulgranas su propia medicina: circular el balón por todo el césped hasta atontarles. Funcionó hasta que el Madrid se quedó sin fuelle; Mourinho preparó la vuelta de la Supercopa igual que Apollo Creed preparó a Rocky Balboa e  su combate de revancha contra Clubber Lang. En aquella película, Rocky había sido entrenado para noquear al entonces campeón en siete u ocho asaltos, de lo contrario, la pelea se habría convertido en un calvario.

Y eso que el guión de la Supercopa no podía resultar más victorioso para los blancos: iban 2-0 y Adriano en la ducha. Pero el Barça desangrado todavía se reserva una última escena en la que intenta apuñalar al ‘bueno’ por la espalda. No fue el gol de Messi lo que espabiló a su equipo sino el orgullo propio de reclamar que ellos, el Barça, tienen la patente de jugar al toque y dominar la posesión. No obstante, también ayudó la orden lanzada desde la trinchera para que los madridistas, incluidos Cristiano e Higuaín defendiesen desde su propio campo. Y, claro, cuando el Barça alarga su dominio del balón durante un rato, el Bernabeu se impacienta y el murmullo corre por los anfiteatros como la pólvora.

A Mourinho le salió la jugada hasta que se le aparecieron viejos fantasmas. Parecía ficticio que su equipo se hubiese dedicado a vacilar al Barça con el balón, claro que la broma no podía llegar más lejos. La pizarra táctica del portugués en la segunda parte fue la que siempre lleva a los clásicos: once tíos replegados a la espera de robar un balón para contraatacar con tres o cuatro pases, no más. Y en ese procedimiento, Khedira estuvo cuasi perfecto (si le llega a entrar la que se inventó) e Higuaín negado casi hasta la desesperación, sólo le salvó el gol. El argentino recuerda al Kluivert del Barcelona, generoso en el esfuerzo, gran fajador entre defensas contrarias, pero que fallaba casi tanto como una escopeta de feria.  En cambio, el panzer alemán volvió a convencer a Mourinho , si es que no lo estaba del todo, en la necesidad de colocar siempre músculo junto a Xabi Alonso. Quiere decir que o Modric u Özil, ésa va a ser la clara disyuntiva.

¿Y Fábregas? Cabreado, por supuesto. Pero debería ser natural porque Tito Vilanova le prefiere de sustituto de Xavi o, si acaso, Iniesta, y de momento la titularidad está muy cotizada. No cabe duda que tendrá sus oportunidades, pero habrá de ganárselas y en Pamplona no lo hizo. Que se fije en Pedro, quien ha reseteado la mala temporada pasada y ha vuelto de pretemporada con un físico exultante…si no, que se lo pregunten a un Marcelo algo pasado de kilos, que paradójicamente apenas ha disfrutado de vacaciones.

Lo que sigue siendo evidente es que la versión ganadora del Madrid se encomienda a una parada milagrosa de Casillas. En este caso dos: la del posible 4-1 del Camp Nou y la de Pedro de anoche. Quizás si Messi no hubiese jugado andando y tan alejado de la portería, el ‘santo’ habría sido menos santo.

 

 

 

 

 

Cartas de recomendación

Mircoles, 21 Septiembre 2011

Samuel Eto’o cuenta en una autobiografía, editada por el diario Sport, que un buen día de abril de 2004, su entrenador del Mallorca, Luis Aragonés, le sacó de un corrillo de entrenamiento y le espetó: “Negro (así le interpelaba cariñosamente el míster), creo que hay un club perfecto para tu carrera. Tal como está ahora mismo, te necesita y creo que ganará mucho con tu fichaje. Te estoy hablando del Barcelona”. Eto’o no pudo contener la sorpresa y le replicó: “¿qué estás diciendo?”. “Sí, pero primero tienes que marcar quince goles aquí, en el Mallorca, y yo me encargaré del resto”, concluyó Luis. Una semana después, Miguel Ángel Nadal, entonces compañero del camerunés, le desveló que Txiki Beguiristain le había llamado interesando por él, pero que el Barça también barajaba otros candidatos y el delantero de la Juventus, Trezeguet, era el prioritario. ¡Qué mejor asesor que el Sabio de Hortaleza!, debió preguntarse Eto’o; su fichaje venía con una de las mejores cartas de recomendación posibles.

Esta semana Neymar ha vuelto a primera plana; supuestamente (porque el Madrid no debe confirmarlo) pasó un reconocimiento médico secreto con un médico blanco, a pesar de que el presidente del Santos se obceque en publicar que continuará en Brasil después de los Juegos Olímpicos de Londres. Pero su elección ha sido concertada en fase embrionaria, pues el empeño de Florentino Pérez es pulir un estrella futura. El brasileño lo es en Sudamérica, pero le falta el rodaje que exige Europa. Los blancos se han dado prisa en garantizar un fichaje que ellos, precisamente, pusieron en órbita; quizás, para no reeditar otro Robinho con ínfulas de Balón de Oro, deberían probarlo en un campeonato de fogueo tipo Francia u Holanda. Allí se soltaron Ronaldinho y Ronaldo (Nazario): el primero necesitó dos temporadas en el Paris Saint Germain para demostrar que su talento aborrecía retos de baja alcurnia; Ronaldo, por su parte, aterrizó en Eindhoven como un ciclón, arrasó con treinta goles el primer año y, aunque una lesión le truncó el segundo, no necesitó reválida. En ambos casos y a pesar de sus credenciales ‘menores’, el Barcelona estaba dispuesto a darles camiseta; con Ronaldinho, hubo que esperar a que Florentino se obsesionara con Beckham y se desentendiera del brasileño.

El propio Neymar ha salido al paso de tanto deshoje de margarita (Madrid-Barça-Madrid-Barça….) con una sinceridad inopinada….”No sería titular en ninguno de los dos. En el Madrid todos son cracks, igual que en el Barcelona”. Un alarde de franqueza que habrá gustado a Mourinho, quien ha desviado todas las preguntas directas de Neymar y sólo ha esgrimido que ficharían en diciembre en caso de lesión importante. Pero los ‘elegidos’ del Madrid traen intrahistorias trufadas en comisiones (la que se va a llevar Ronaldo y su agencia de representación Ine ‘9 con su cliente Neymar’) y un casting de asesores que aprovechan la buena ola para intentar promocionarse con el Madrid o consigo mismo. Por ejemplo, Maradona, quien desde Qatar está divulgando todo el making-of del frustrado fichaje de Agüero. “Hace tiempo aconsejé a Mourinho el fichaje del Kun, pero el Madrid no siguió mi consejo y ahora el Barça tiene mucha ventaja”, soltó ayer ‘El Pelusa’. Días antes había comentado que recomendó a su yerno jugar en un equipo que le ayudase, donde pudiera jugar Champions. Le faltó sugerirle que escribiese el ‘sí, quiero’ en una servilleta como Zidane; hubiese pataleado como hizo Ronaldo con el presidente Moratti en el Inter o fichado sibilinamente, sin verborrea de por medio, al estilo de Figo. Lejos de esas intrahistorias, Neymar cumple las directrices de Madrid: pero si ha sido sincero una vez, podría serlo dos recomendando, por una parte, al comprador que le dejen coger fuelle en otra parte de Europa y, por otra, a su ‘tutor’ Ronaldo que el negocio puede ser más próspero si cuidan la mercancía. Tal vez, entonces, el Madrid sí estaría macerando un jugadorazo. Eto’o sabía que lo era pero confiesa que aquella reflexión de Luis Aragonés fue decisiva para su estrellato en Barcelona.

‘Simplemente gracias, Mister Rafa’ (Liverpool parte II)

Viernes, 4 Febrero 2011

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Cualquier final de Champions justifica una temporada y así lo entendió Rafa Benítez para escudarse en un buen año 2007. El Liverpool había copiado el guión del 2005 dejando al Chelsea en la cuneta otra vez para regodeo de su afición. Aquella semifinal mitificó a un español, Pepe Reina, que se creció en los penaltis y metió a su equipo en la final de Atenas. El saldo era inimaginable: dos finales, una de ellas ya ganada, en tres temporadas: la divinización de Mister Rafa era casi obvia.

Sin embargo, la revancha fácil del Milan evidenció definitivamente que había que sacar la chequera. La delantera de aquel 2006-07 no daba para más : el holandés Kuyt arreglaba un buen puñado de partidos, pero no era decisivo ; al gigantón Peter Crouch le venían grande las exigencias del entrenador. Un año antes se habían ido Morientes y el francés Cissé. Sopesándolo bien, Rafa reconoció que le faltaba talento para golear. La disyuntiva era clara : Eto’o o Fernando Torres.

A Benítez le tiraba mucho el camerunés, pero las credenciales del Liverpool no podían compararse con las del Barça. En España, Eto’o era venerado por el Camp Nou, a pesar de sus ‘lindezas’ verbales contra  Ronaldinho. La primavera del 2007, cuando Benítez ya había activada la búsqueda del ‘9’, fue dura en el vestuario azulgrana ; el polvorín que habían originado Eto’o y Ronaldinho debía reventar por algún lado, y ahí estaba el Liverpool a la caza. Pero Mister Rafa había creado un ‘Spanish Liverpool’ en el que la convivencia de los jugadores era, sencillamente, envidiable, y el temperamento volátil de Eto’o la podía inflamar. Ya no había dudas : Fernando Torres alcanzaría su madurez en Las Islas.

El periodista Miguel Ángel Méndez, entonces en Onda Madrid, desveló el interés del Liverpool por el ariete madrileño. El resto de la película es archiconocido : el Barcelona sonrojó la historia del Atlético de Madrid con un 0-6 en la penúltima jornada de Liga y la operación se agilizó. Torres quería jugar finales de Champions y el Liverpool le permitiría abanderar nuevos retos más suculentos. Su aclimatación no iba a costar mucho, obvio ; su salida sí: 32 millones de euros. Con Torres también vino Arbeloa, fogueado en el Depor y a la espera de una oportunidad en el Madrid. En consecuencia, Benítez había quedado satisfecho por el esfuerzo de los nuevos dueños, los norteamericanos Tom Hicks y Goerge Gillet.

La temporada del remozado ‘Spanish Liverpool’ no fue tan mala como indicaron los cero títulos. Torres encontró la horma de su zapato en Steve Gerrard y sus goles batieron récords personales : superó al queridísimo Michael Owen con más de treinta goles (en todos los torneos), optó al trofeo de mejor jugador del año (se lo llevó Cristiano) y lo más importante, estuvo a la altura en estadios como San Siro o Stamford Bridge. Aunque, memorable fue su actuación en cuartos de Champions ante el Arsenal con unas cuantas jugadas sublimes, golazo por la escuadra incluido.

Sin haberla ganado en 2008, The Kop se dio cuenta de que la Champions se había convertido en su torneo fetiche : las noches de los martes y miércoles desataron la locura de una afición que por fin reconoció las intenciones de su club : volvían a estar en primera línea, donde nunca debieron marcharse. Mister Rafa y sus ‘Beatles’ españoles habían entrado en una historia centenaria. Hasta Torres se ruboriza aún de su cántico al unísono, ‘Fernando Torres, Liverpool’s number nine’. Lástima que se haya borrado de un plumazo esta semana.

Pero el éxtasis popular escondía inquietudes : los dueños habían amagado con vender sus acciones a los pocos meses de comprarlas. Las habladurías habían trascendido tanto que el cabreo de Benítez fue monumental. Hicks y Gillet ansiaban resultados inminentes, tanto deportivos como en la balanza de pagos. Y la carencia de títulos disparó otro rumor : el del supuesto sustituto de Benítez, Jürgen Klinsmann. El alemán, que residía en Estados Unidos, tenía un perfil más mediático y marketiniano. En definitiva, un gancho muy apetecible para los dueños. Todo quedó en humo, a pesar de que la desavenencia fundamental entre los propietarios y el entrenador era la renovación de este último. Ciertamente, a Benítez lo único que le preocupaba era hacer competitivo al equipo y que los de arriba no se inmiscuyeran en su cometido.

La renovación llegó, al fin, en marzo del 2009. Benítez pasaría a cobrar salario de ‘top’ (como dice Mourinho) y el club se garantizaba un plan deportivo para un lustro más. Además, el segundo puesto en la Premier del 2009 intuía que también había fuelle para acometer un campeonato de regularidad, justo lo que se le había achacado al ‘Spanish Liverpool’. Pero el estatus quo cambió ese verano: a Xabi Alonso le sedujeron los cantos de sirena de Florentino Pérez y su salida descuajeringó la columna vertebral del Liverpool. Hubo otras fuga colateral: Arbeloa también acabó en el Madrid, como él siempre había querido. Y aunque a Benítez le estaban desmontando la plantilla, el problema es que los números rojos de la caja obligaban a un ahorro máximo. Por ello, Hicks y Gillet intentaron contentar al entrenador con Aquilani, un romano que dejaba muchas dudas. Había llegado el principio del fin.

La esencia del ‘Spanish Liverpool’ se desvanecía en los albores de la temporada 2009-10, a pesar de que Torres y Reina intentaron tirar de un carro en el que el líder fáctico, Steve Gerrard, estaba más pendiente de apañar su futuro que de sus propias responsabilidades ‘reds’. La liga fue un calvario y en la Champions el equipo no tuvo la chispa que le había devuelto al pedestal de los mejores. Las insinuaciones de compras accionariales eran tan descaradas, que Benítez se percató de que su renovación había sido un espejismo. Su ruptura con los directivos era irreversible, y la huida de Mourinho del Inter le valió de coartada para no enfurecer a la afición. Ahí acabó la grandiosa aventura de Benítez y de su inolvidable ‘Spanish Liverpool’. Meses después, la salida de Fernando Torres al Chelsea estaba cantada (el equipo no da para más) y en breve Reina también se despedirá de The Kop. Allí quedarán recuerdos sempiternos, allí nació y murió una leyenda. Y como los británicos son agradecidos, siempre repetirán lo que Michael Robinson dijo pasmado tras la proeza de Estambul 2005 : ‘’Simplemente gracias, Mister Rafa’’.

Mourinho tiene su coartada

Martes, 24 Agosto 2010

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Pues de momento Mourinho no parece ese orgulloso y testarudo Luke que tan magistralmente interpretó Paul Newman en la La Leyenda del indomable. Insiste en un delantero para apuntalar, de una vez por todas, la próxima plantilla campeona…no sé de qué, pero Valdano le insinúa que ya basta: los fichajes, unos inciertos y otros más creíbles, deben ser suficientes para zancadillear al Barcelona. Aunque, a tenor de lo visto en la supercopa, Mou va a tener que inventarse alguna perorata motivadora para cumplir con el recado. Es que este Barça sigue siendo buenísimo.

Pero, insisto, Mou todavía no ha emulado a ningún general Patton que comanda a sus tropas con obediencia ciega por la causa. A Benzema le ha tolerado su abulia casi toda la pretemporada, hasta que el otro día se hartó y le mandó espabilar ante el Hércules; tampoco ha montado un cirio a la directiva  por su laxismo con la marcha de Raúl. Éste confesó que Mou le quería de consigliere en el vestuario, pero la petición no ha sido secundada en las oficinas. Y, por último,  el capricho por Maicon pudo resolverse hace semanas con un jugoso cheque, pero el club dejó de insistir cuando el Inter se puso farruco.

En definitiva, a Mourinho le han traído los aperos que el club ha visto necesarios. De otro modo, pocos entendemos que el portugués se resigne a contar sólo con Marcelo y Arbeloa reconvertido para custodiar el lateral izquierdo (Drenthe está más fuera que dentro). Habida cuenta de que al técnico le obsesiona la seguridad, ese flanco podría ser un suplicio en caso de que otra plaga de lesiones asole a la plantilla. Si a estas alturas ya están fuera de combate Pepe, Garay y Albiol, a saber cuántos más visitarán al médico.

También es cierto que, reflexionándolo bien, Mou nunca ha sido un pedigüeño exasperante. El Inter, el suyo, arrasó la temporada pasada con despojos de otros clubes: Sneijder fue despedido del Madrid; Diego Milito venía casi de retiro desde Génova; el Barça se deshizo de Eto’o para evitar contagios y la defensa era una auténtica reliquia con Lucio, Walter Samuel y Zanetti. Vamos, que los más cotizados eran Julio César, el portero, y Maicon. Otra prueba palmaria fueron los antojos de Abramovich por Shevchenko y Ballack, cuando Mou no contó con ellos para casi nada. Él ya tenía su once fetiche que manejaba como quería

Bueno, por lo menos y en el caso casi inimaginable (siempre en tono irónico, claro)  de que el Madrid vuelva a pifiarla,  Mourinho tendrá una buena coartada: “Sólo me trajisteis a Carvalho”.

Uno de los suyos

Lunes, 17 Mayo 2010

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No hace falta que felicitemos al Barcelona, lo llevamos haciendo todo el año. Y la verdad es que se lo merece, tanto como el Madrid no haber ganado la Champions. Precisamente, el madridismo se había encomendado hipócritamente a ‘San Clemente’ por si sonaba la flauta, supongo. Pero, ¿de verdad alguien creía que el bueno de Javi aguaría la verbena del Camp Nou? Si ni siquiera el Madrid cumplió con sus deberes, aunque es entendible cuando Cristiano Ronaldo bajó los brazos tras echar varios vistazos al videomarcador de La Rosaleda. Por eso y por todo lo que ha sucedido en nueve meses,  esta Liga baja el telón con un Barça estratosférico en fútbol y puntos, y un Madrid que no lo ha hecho mal, pero tampoco bien.

Por el lado del campeón, la pena fue la estratagema que urdió Mourinho hace un mes y que privó a los azulgranas de jugar en el Bernabeu el próximo sábado. No obstante, la apuesta de Guardiola va para rato y, por tanto, tendrá un buen puñado de ocasiones para ganar más Champions. Amén de los títulos (doce se lleva Laporta consigo), el club sólo puede congratularse por haber encontrado una continuidad irrefrenable al estilo de Johan Cruyff. Claro, hay un matiz importante entre ambas tendencias: la de Pep la marca La Masía. Sólo había que ver a todos los chavales abrazándose a Guardiola y bromeando con él durante los fastos del césped. Es obvio: el míster es entrenador porque así lo ha elegido, pero sus alumnos le consideran uno de los suyos, otro más que ha sido diseñado maravillosamente en la cantera.

La Liga acabó ayer para el Barcelona. Hoy toca pensar en la carrera electoral, aunque Laporta gestionará un par de fichajes antes de levantarse de la poltrona. David Villa está esperando la llamada definitiva de Beguiristain y a Cesc le traicionó el subconsciente la semana pasada con unas declaraciones que tuvo que contradecir. El capitán del Arsenal quiere volver a Can Barça, así lo ha confesado, y no le importaría que fuese este verano. Es evidente que los títulos nunca llegarán a Londres al no ser que Wenger se deje de pócimas y experimentos en busca del canterano perfecto y fiche a golpe de talonario.

Y si Villa o Cesc, o quizá los dos, se mueren por unirse al proyecto modélico de Guardiola, Henry sale por detrás sin haberlo entendido. Es una pena que el mejor jugador de lejos en la Premier durante varias temporada no haya disfrutado del festín de este Barça. Aunque, el fiasco de Ibrahimovic aterra más al barcelonismo, por aquello de su desorbitado precio. El sueco está pendiente de una reunión en los despachos para que le confirmen una segunda oportunidad o el destierro final. A Ibra le ha sucedido como a Kaká: vino con ínfulas de rey y se ha quedado en un vasallo inútil. Aún así, sus credenciales no merecen ir a la papelera por una mala aventura. Pep aguantó a Eto’o cuando le quería perder de vista, ¿por qué no iba a ser tan paciente con Ibrahimovic?

La trampa de Mourinho

Jueves, 29 Abril 2010

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Al final Mourinho perpetró la más maquiavélica de sus estrategias y con once tíos colgados del larguero reventó al Barcelona en un Camp Nou exasperado. Sí, volvió a posta el catenaccio para reafirmar que el antifútbol a veces puede marchitar el fútbol. El Inter demostró un aguante pétreo, aunque no sobrehumano. No hizo falta porque el Barcelona no sabe tirar de épica ni embriagar a su gente con halos de remontada. Seguramente, el barcelonismo echó de menos una quinta velocidad, un resorte que agotase todas y cada una de las vías para acabar con el Inter; el poso que deja el Barça es que podía haber intentado algo diferente al toque y más toque. Porque no siempre basta con querer la pelota, mimarla y cuidarla; Mourinho conminó a sus chicos a que se despreocuparan del balón y atosigaran a las cabezas pensantes del Barça. Xavi acabó con la vista cansada, harto de ver jugadores blancos multiplicados en los treinta metros decisivos. El planteamiento del Inter era aterrador: parecían once futbolistas mas once holografías de los mismos. Hasta Eto’o acabó achicando espacios en el lateral izquierdo.

No obstante, para quien no viese el partido (me da que muy poquitos), podría parecer que el Barcelona se conjuró en un acoso y derribo de la portería de Julio César. Pues nada más lejos de la realidad, porque Messi probó una vez al portero brasileño (¡Dios mío, qué parada!); Ibrahimovic lanzó desde lejos un obús que no iba mal encaminado, y Bojan tuvo en su cabecita media final. No sé si estaba escrito que el Barça perecería por su propio estilo, el de pegar puñetazos a una roca con la mano desnuda, pero a buen seguro que Mourinho intuía que un buen catenaccio culminaría su obra. Lo que me pregunto es qué habría pasado si el Barça hubiese salido vivo de San Siro. Quizá el Inter habría salido con el mismo diseño, pero le habría tocado el gordo. Hay quien nace suertudo y ‘Mou’ es de esos.

Quien no ha tenido demasiada fortuna y tampoco la ha buscado es Ibrahimovic. El gol de Piqué difícilmente lo habría firmado por él, por lo menos en el Barcelona. Su presencia ralentiza el ataque del equipo y al no ser que se encuentre con alguna ocasión, las defensas no tienen por qué cercarle. Y más los del Inter, que solventaron plácidamente la escasísima faena que les dio el sueco. Cuando acabe la Liga, Guardiola tendrá que resolver la preocupante disyuntiva: quedarse con Zlatan o elegir un ariete con más actitudes y aptitudes, o sea David Villa.

Y a quién no le mosqueó que Pep acabase con Bojan, Jeffren y Maxwell para solucionar en un rato lo que Xavi, Messi y Pedro no pudieron en un parte y media. Resulta que no era ninguna estupidez achacar al club la pobre gestión de fichajes del pasado verano. Pero Guardiola se emperró en que no necesitaba más vestuario y puede que un par de retoques de alto standing no hubieran molestado. Habrá varios en los próximos meses.

Por último, suena a coña el asunto de los aspersores con los ganadores celebrando su pase a la final en el césped. Da mala imagen del Barça, a pesar de que hubiera podido ser un resquemor de algún directivo o quién sabe si de un jardinero. Peor fue el arrebato que le dio a Valdés cuando quiso agarrar del cuello a Mourinho. Ese penoso gesto demuestra que el portero cayó en la trampa de ‘Mou’, la trampa que empezó a maquinar cuando el bombo de la Champions deparó el Barça-Inter. Es evidente que el ‘showman’ portugués le tiene pillado el truco al Barcelona y a lo mejor en un futuro le da más gustillo hacerle la puñeta desde Madrid.