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Xavi, Giggs…mitos que se sacrifican

Lunes, 29 Septiembre 2014

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Ryan Giggs pidió consejo a Sir Alex Ferguson sobre una oferta millonaria de Estados Unidos. El Cosmos de Nueva York quería relanzar la fama que le dio Pelé en la década de los setenta y propuso a Giggs, de entonces 36 años, finiquitar su carrera en una liga de fogueo. En el verano de 2010 Giggs ya no era titular indiscutible para Ferguson, pero seguía ejerciendo de consejero espiritual en el vestuario de Old Trafford. “Eres como un mito en este club y la decisión es tuya. Pero si te quedas, seguirás siendo referente”; ésa fue la respuesta textual del técnico escocés, según el Daily Mail.  Giggs ya era todo un veterano de guerra y su frescura no era la misma que la del pipiolo que reclutó Fergie para su bautismo de fuego contra el Everton en marzo de 1991. Aceptara o no la oferta del Cosmos, la afición le seguiría rindiendo pleitesía por sus casi veinte años de incombustible servicio. Su competidor natural, el coreano Park, tenía más velocidad y, sobre todo, rapidez de piernas en aquel inolvidable zigzag que patentó Giggs en la banda de Old Trafford; sin embargo, Ferguson apostilló su charla con el galés  (siempre según el Mail) recordándole que “cerebros como el suyo no los tenía en la plantilla”.

Nunca hemos sabido si aquella conversación motivó a Giggs para seguir renovando año a año con el club de sus amores. Lo que sí comprobó todo el mundo fue la conversión del extremo galés en centrocampista organizador: velocidad por cerebro, la nueva virtud del casi cuarentón. Xavi Hernández ha reconocido delante del micrófono que le bastó una conversación con Luis Enrique para pensárselo dos veces. Catar le había  seducido con petrodólares y Estados Unidos con una liga de genios medio retirados. Incluso, él había mandado sms a su gente anunciando su despedida, pero ofertas insuficientes o la persuasión definitiva de Luis Enrique le retuvieron en Can Barça. En una entrevista reciente con Fiebre Maldini, Xavi reconoció que su nuevo entrenador le da el mismo feeling que Guardiola al principio de su primer año. Callado sin armar follón, Xavi siente que su segunda juventud pasa por competir tanto como decida el técnico. Esta temporada no sentirá las piernas pesadas como si arrastrara grilletes ni se le nublarán las ideas porque, a priori, va a jugar con cuentagotas. De momento, el mito calienta banquillo sin rechistar y, por eso, el barcelonismo le aplaude su sacrificio a la mínima que Luis Enrique le ha colocado en el expositor.

El Barça echó de menos a Xavi en Málaga a pesar de la tozudez de Luis Enrique, del que huelga decir que morirá con sus ideas. Y ese mismo equipo bailó al Granada al son del que ha sido (y lo será por décadas) mejor centrocampista de nuestra historia. Quizá vuelva al banquillo en Paris para ejercer de revulsivo o como mera comparsa, pero el lujo de tenerle en la banda esperando rascar minutos como cualquier canterano se sale del estereotipo de estrella mimada. Bien por Xavi, al que algunos seguidores de ‘La Roja’ le tomen ya por una reliquia. Juegue o no, el cerebro del gran Barça sigue maquinando jugadas por amor propio o al servicio de su majestad: el Barça, su club. “Jugar otra vez noventa minutos. Me quedo con eso”, parece que el capitán se exige a sí mismo muy poco: error. Es el punto de partida de una leyenda reciclada que pelea a contrarreloj contra el mismísimo tiempo. Y al igual que la afición del Manchester United, la azulgrana también entiende de mitos que se sacrifican y no sacrificados con permanentes juicios públicos. Pero eso es otra historia.

A Van Gaal le falta libreta

Lunes, 18 Agosto 2014

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Otoño de 1996. El Fútbol Club Barcelona firma un precontrato con Louis Van Gaal para que sea su próximo entrenador que marque época. Cruyff fue despedido ese año y el presidente José Luis Núñez y su brazo ejecutor Joan Gaspart encargaron a sir Bobby Robson una transición sin jaleos. Fue el gran año de Ronaldo, aún lejos de ser recordado como el ‘gordito’, y Van Gaal habló personalmente con Gaspart para exigirle que el delantero brasileño sería la piedra angular de su proyecto. Necesitaba un equipo con el jovencísimo crack para que el Camp Nou entendiese que había vida más allá del ‘cruyffismo’. Sin embargo y dado el éxito sobrecogedor de la manada de búfalos (así describió Jorge Valdano a Ronaldo), los agentes del brasileño llamaron a la puerta del despacho de Núñez para pedir una renovación: había un club italiano que no tenía reparos en poner en un nuevo contrato tantos ceros como se le antojaran al futbolista. Gaspart fue cediendo a las pretensiones de Alexandre Martins, el poli malo de las negociaciones de Ronaldo, pero la jugada había sido pergeñada con premeditación: Ronaldo sí o sí jugaría en el Inter de Milan. Como un producto de marca, se trataba de exportarle a la entonces mejor liga de mundo.

Van Gaal miró con perspectiva el tira y afloja entre Ronaldo y la directiva, y calló hasta que la rescisión se hizo oficial. Quería esperar el momento decisivo para explicar al club que sin un crack el Barça seguiría vagando en esa transición posterior a su compatriota y a la vez archienemigo. Núñez y Gaspart tuvieron que aflojarse la corbata de la presión asfixiante del entorno de Ronaldo y, con el fin de evitar otra discusión eterna, atendieron a la primera queja del flamante entrenador holandés: en una maniobra relámpago depositaron los 4000 millones de pesetas de la cláusula de Rivaldo. El Depor se quedaba compuesto y sin novia, y, ahora sí, Van Gaal podía trabajar a gusto con su libreta.

Ed Woodward es el vicepresidente ejecutivo del Manchester United y quien atiende las peticiones de su nuevo técnico. Los reporteros del United cuentan que es un teléfono pegado a un hombre y “que se vaya preparando después de la derrota ante el Swansea”. El relevo de Sir Alex Ferguson se encareció con el despido de David Moyes y, como medida de choque, el segundo sucesor tampoco quiere ser devorado por el mito. Su United asombró contra el Real Madrid en la gira estadounidense pero se ha estampado en el debut en Old Trafford. Las imágenes de televisión del pasado sábado fueron demasiado elocuentes: Van Gaal no hacía más que escribir con saña en su libreta secreta, como si estuviera pintarrajeando el batacazo contra el Swansea. Un garabato por aquí, otro por allá; si hubiera un periodista que publicase las páginas de la libreta del sábado, sería digno del Pulitzer. Sin embargo, no hizo falta intuir cómo dibuja sus perturbaciones sobre el papel: “Sí, podríamos hacer más fichajes”, anunció tajantemente en rueda de prensa.

Al Manchester le urge ese Rivaldo que no pueden asumir ni Rooney, al que hay que motivar a cucharaditas, ni Van Persie, que todavía busca el partido de su vida. No obstante, Van Gaal tampoco pide un Eric Cantona que ponga a cien al vestuario, su lista de peticiones no es tan exagerada: Ángel Di María por delante de cualquiera, un central con empaque como el alemán Hummels, el polivalente centrocampista Kevin Strootman y, por si cae, el capricho de Edinson Cavani. Woodward le prometió cien millones para gastar, pero de momento el United se está construyendo en formato ahorro. Todavía no ha llegado ninguno de estos candidatos y puede que se les espere toda la temporada, pero Van Gaal sabe que los cambios de ciclo requieren cambios drásticos: “A Mister Robson le cambiaron el Barcelona en apenas unas semanas sabiendo que entrenaría un año”, suele contar Van Gaal a su gente de confianza. Lo lleva diciendo desde que pidió a Rivaldo en aquel verano de 1997. Él no es uno más, pero tampoco sueña con la inmortalidad de Ferguson: simplemente necesita un par de sus elegidos para que no traspapelar la libreta.

Ryan leyenda Giggs

Mircoles, 7 Mayo 2014

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‘’La derrota de hoy ha sido una lección de aprendizaje para esta temporada. Intentaremos ganarles el próximo año’’. Acababan de perder la final de la Champions y en medio de la amalgama de abatimiento, desconsuelo y cierta resignación, Ryan Joseph Willson Giggs espetó lo que a nadie se le pasaba por la cabeza en ese preciso momento. La fotografía era brutal : Rooney pululaba cabizbajo, el coreano Park casi se ahogaba en su propia llorera y Cristiano Ronaldo oteaba la grada quizá en busca de respuestas a la mala noche. El Barça había tumbado al estratega Ferguson con un jaque mate intachable y de ello se percató el gran capitán. Todavía ahí, plantado en el césped a la espera del galardón de subcampeón, Giggs se exigía un reto para un tío de mentalidad pétrea: replicar al campeón. El mensaje no sorprendió a un hombre, precisamente su tutor, el entrenador que le había dado rienda suelta para que escupiese su desparpajo por la banda izquierda dieciocho años antes.

Sir Alex Ferguson se enteró que el Manchester City tenía un extremo ‘rara avis’ de catorce añitos para el fútbol británico,  ya que Giggs presentaba un currículum cuyas credenciales de cabecera eran  rapidez y gusto por el balón.  Le llegó su oportunidad el día que cumplió diecisiete, allá por 1990, y en la siguiente temporada su físico atlético, derivado de entrenamientos extenuantes, le mantuvo de titular para toda una época. Había desbancado a Lee Sharpe, hasta entonces dueño del ala izquierda, pero al que unas cuantas lesiones y una meningitis le apartarían de tal demarcación para siempre. Inopinadamente, Ferguson había concedido a Old Trafford un regateador cumplidor que siempre dejaba sorpresas descritas en formas de quiebros, fintas, autopases y centros milimétricos. Giggs reunía las condiciones perfectas para hacer funambulismos en la línea de cal y ésa ha sido su virtud más reconocida hasta el día de ayer. Lástima que el entonces seleccionador sub’21 de Inglaterra, Lawrie Mcmenemy, no pudiera persuadirle para renunciar a su querido Gales. Todo lo contrario.

Fue Giggs quien no quiso jugar con Inglaterra. De pequeño vivió en Gales (de allí es su familia materna) hasta que su padre, un jugador de rugby de origen africano, fichó por un equipo de Manchester. Su vida en Inglaterra no fue fácil porque sus compañeros de colegio no aceptaron a un niño casi mulato y con acento galés. Además, la separación de sus padres hizo que Ryan se enfadara con su padre, hasta el punto que renunció a su apellido y tomó el de su madre. Eso le impulsó a jugar con la selección galesa, la de su madre.

Empezó una carrera meteórica cuajada en el inolvidable Manchester de la década de los noventa. Por supuesto fue decisivo en la primera etapa esplendorosa (1993-96) en la que le tocó lidiar en un vestuario muy temperamental con Cantona y Roy Keane de maestros de ceremonia. El propio galés reconoce que ese grupo triunfó por compromiso y que los desmanes del genio francés de solapas levantadas nunca le fueron reprochados, al menos de su parte. Fiel a su carácter prudente y a los exigentes desafíos deportivos, Giggs se centró en lo suyo : agrietar defensas y poner pases de gol a los arietes de turno que le brindó Ferguson. Una buena ristra de goleadores pueden jactarse de haber recogido sus geniales asistencias: desde su compatriota Mark Hugues, pasando por Andy Cole, Dwight Yorke,Teddy Sheringham o el oportunista Solskjaer, hasta Van Nistelrooy, Rooney o el mismo Cristiano Ronaldo. Pero su excelencia en el campo también caló en chavales de la cantera que deseaban emularle: es el caso de Beckham, quien siendo sólo dos años más joven, siempre ha venerado la virtud aristotélica de su ex compañero. Es una pena que el ‘Chicharito’ Hernández se subiese tarde al carro. La edad ha envejecido las cualidades que distinguieron a Giggs y, por eso, Ferguson en los últimos tiempos y David Moyes esta temporada,  le aprovecharon de centrocampista más reservado. Y al igual que le sucedió a Raúl en el Schalke, la astucia del galés ha sido su arma más preciada. Más de novecientos partidos y vivencias infinitas lo corroboran.

Ryan nunca ha traicionado el sentido del United, ni con caprichos de futbolista endiosado o irreverente, ni ambiciones allende el Reino Unido, que podrían ser entendibles. Desde que conoció a Ferguson, entendió  la solemnidad del fútbol inglés y se amoldó a ella. Ha ganado todo lo inimaginable y también ha perdido títulos, como la Champions de Roma contra el Barça. Y ya veis en qué quedó su reflexión: ningún lamento, todo susceptible de ser mejorado. Por eso, a nadie le ha sorprendido que haya dado guerra hasta los cuarenta años….¡si hasta aparecía en los primeros PC Fútbol!

El Apocalipsis tendrá que esperar

Mircoles, 6 Marzo 2013

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Sir Alex Ferguson mascaba chicle cada vez más enrabietado mientras su dedo apuntaba con total descaro al turco Cüneyt Çakir. Y de repente, el vjejo John Benjamin Toshack, colaborador de COPE Deportes, llama a la redacción y dice que el arbitraje no le sorprende porque él ya le sufrió durante su etapa en el Besiktas. “Este Çakir viene a ser el Ansuátegui Roca de Turquía”, dice con su habitual sorna el galés; “lo que es inaceptable es que un Manchester – Real Madrid en Old Trafford no sea arbitrado por alguien de las grandes ligas, un alemán o italiano”. Razón no le falta a Toshack ni empatía a Mourinho, quien entendió a la perfección el cabreo de proporciones bíblicas de su amigo Ferguson. Justo después del partido, la sala de prensa del United se abarrotó, más que por la siempre morbosa comparecencia pública de Mourinho, por la ristra de barbaridades que podía escupir el técnico escocés; el comité sancionador de la UEFA ya se estaba frotando las manos por el trabajo que le esperaba. Pero Fergie anduvo listo no saliendo a la palestra y el árbitro Çakir salió ileso, mal que le pese a los periodistas que esperaban una rajada similar a aquella antológica de “¿Por qué Ovrebo?, ¿por qué Busacca?, ¿por qué De Bleeckere?, ¿por qué Stark?”.

Es innegociable que la expulsión de Nani cambió el panorama del partido. El Madrid buscaba un resorte que le espabilase y lo encontró por accidente; a partir de ahí, le quedaba media hora de acoso y derribo, justo lo que no había hecho la primera hora de partido, ni siquiera con el gol en propia puerta de Sergio Ramos. Hasta entonces, Ferguson había convencido al mundo de que, verdaderamente, sí tenía un plan de choque contra los blancos: Cristiano apenas podía avanzar metros sin el incordio de tres pivotes rojos y sin su galope el resto del equipo se oxida. Entonces, al césar lo que es del césar: a Mourinho se le ocurrió conceder a Modric la oportunidad de su vida (ésa que tantas veces ha tenido Kaká) y callar a los bocazas que no dejan de incordiarle por su PVP. Sí, pocos futbolistas justifican cuarenta millones de euros, y casi ninguno lo hace de un plumazo. Sin mediar palabra y sólo con un latizago que reventó el palo de De Gea, Modric le hizo saber a su entrenador que en el Tottenham era el mejor por sus méritos de mediapunta, no de centrocampista, tal como le ordenó jugar Croacia en la pasada Eurocopa. Por fin, Davor Suker no será tomado por un loco, harto de repetir que su compatriota también había nacido para jugar en el Real Madrid.

Todavía faltaba el momento CR7. El sublime homenaje que le rindió Old Trafford en los prolegómenos del partido podía reblandecer su instinto asesino, así lo advirtió Mourinho. Pero si de algo le ha valido esta temporada es de aprovechar su inmenso ego al servicio del equipo. Y como el Madrid no puede alimentarse constantemente de sus tomahawks , también aparecen en escena figurantes como Modric. Sin embargo, la nueva y mejorada versión portuguesa aún conserva su ‘yo’ más íntimo e intransferible: debía acabar siendo el protagonista sí o sí. Y así lo entendió el público inglés cuando su ex ídolo finiquitó los octavos de final: en cualquier otro estadio el nivel de decibelios de los silbidos habría sido ensordecedor, pero en Inglaterra sí pueden fardar de lo que el Barça llama valors . El fútbol británico respeta a sus mitos, hayan o no cometido alta traición.

O sea que el Madrid ha actuado como el mejor funámbulo del Circo del Sol. Si hace un mes, la prensa le dibujaba un destino apocalíptico: desahuciado en Liga, retado en Copa por el Barça de las mejores estadísticas y con un supuesto fin de trayecto en el suntuoso Old Trafford; hoy resurge un equipo que ha recuperado su mística de la única forma posible: callando a gente de su talla. Hay directivos en el club satisfechos con que Mourinho desquicie al Barcelona, pero el presidente Florentino soñaba con desempolvar el traje de las noches legendarias. Y lo mejor es que los tintes épicos no han llegado por una reverencia a su fútbol, al revés, dejó mucho que desear, sino porque, al estilo de Brad Pitt en Malditos bastardos, el Madrid necesitaba cortar la cabellera de un general con galones, para infundir miedo, y el United desde luego lo ha propiciado. En definitiva, para los agoreros, el Apocalipsis tendrá que esperar.

El miedo de Ferguson

Martes, 12 Febrero 2013

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Fernando Redondo nunca olvidará el primer Real Madrid-Manchester United de la era moderna. Sucedió en el Bernabeu en la primavera del 2000, cuando un Madrid acribillado por el Bayern en la fase de grupos se medía al claro favorito de esos cuartos de final. Y tal como esta temporada, los merengues lo habían apostado todo a una carta y, para más inri, los malos resultados cosechados en Liga habían desalentado al madridismo. “Para este partido nos colgaron el papel de víctimas, casi nos desahuciaron y hemos demostrado que se equivocaron”, dijo Redondo después de aquel empate a cero. No en vano, el United era el vigente campeón de Europa y, por qué no reconocerlo, la opinión pública no daba ni un duro por el Madrid, quizá porque la última gran noche europea estaba guardada como una vieja reliquia en las videotecas. El contraste era tremebundo: se enfrentaba el equipo de moda en el continente, con un centro del campo majestuoso acompasado por Scholes y unas bandas perfectamente pertrechadas con las internadas diabólicas de Ryan Giggs por la izquierda y los centros calibrados al milímetros de Beckham, sin olvidar la pillería de la pareja goleadora Cole-Yorke. Por contra, los blancos contemplaban el ocaso de la generación de ‘la Séptima’ con un entrenador, Del Bosque, más interino que consolidado y la enorme frustración de haberse gastado 5.000 millones de pesetas en Anelka, indisciplinado hasta la médula que se había mofado del club entero. Los pronósticos eran palmarios.

“No es normal que nos piten porque el Manchester nos haya dominado cinco minutos. Por favor, que tomen nota de otra afición cuyo equipo está al borde del abismo y no para de animar un instante”. Las declaraciones de Iván Helguera gustaron poco a la directiva de Lorenzo Sanz por su clara alusión al Atlético de Madrid; pero el central santanderino lejos de echar más gasolina al fuego que se había propagado desde principio de temporada, tan sólo había pedido un mínimo margen de confianza. Precisamente, la que se había ganado el Madrid con su exhibición colosal ente Alex Ferguson y a la que sólo le faltó el gol. La prensa española intuía una eliminatoria fatídica y Redondo se encargó de aplacar la fatalidad: “Si lo hacemos en Old Trafford como aquí, es obvio que tenemos que pasar a semifinales”. Para el vestuario la suerte estaba echada: se creían mejores que los ingleses y sólo el milagro de Bosnich (el portero australiano que jugó aquella noche en el Bernabeu) evitó que el resultado no acabase en “4-1, 4-2 o 5-2”, como reconoció Del Bosque.

Tanto ha cambiado la historia que, entonces, Raúl, Redondo y compañía se lamentaron de haber dejado escapar vivo al Manchester. Incluso, Ferguson acabó con un cabreo monumental porque sus ‘diablos rojos’ habían fallado la misión de perforar la portería del novato Iker Casillas; sin duda, el entrenador escocés no se fiaba del Madrid visitante porque, jugara bien o mal, la premisa de que el Madrid siempre marca nunca fallaba. Y así fue, a tenor de los acontecimientos posteriores. Las sensaciones fueron parecidas a las de mañana, salvo que eclipsados por el efecto Mourinho de la actualidad, periodistas y aficionados no verían con malos ojos un empate a cero. Primero y fundamental, no encajar ni un solo gol, ése es el objetivo indiscutible del portugués; después, si el Madrid marca, bienvenido sea. Lo que es obvio es que el Madrid siempre va a marcar un gol en campo ajeno…lo supo Ferguson en aquella noche del 2000 y le aterra seguir pensándolo.

Europa sólo es una quimera

Jueves, 11 Marzo 2010

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Pues no, Florentino, el Madrid ya no lleva la palabra ‘Europa’ en su ADN. Éste era el año elegido, en el que el Madrid debía ser infalible y saciar de una vez por todas sus ansias de Champions. Al segundo proyecto faraónico, en su versión mejorada respecto al anterior, sólo le apremiaba una conquista: la final del Bernabeu del 22 de mayo. Y sí, allí acudirán el presidente blanco, Valdano y Butragueño, pero como cálidos anfitriones. La ‘orejuda’ vuelve a convertirse en un escollo insalvable para un equipo que en Liga atiza a todos menos al Barça, pero que en el sitio donde se mide la grandeza, está exento de espíritu competitivo.

No hace mucho (siete años), el Madrid manejaba como nadie los ‘tempos’ de la Champions: se gustaba cuando la ocasión lo exigía; remontaba lo que le hiciese falta y se templaba en partidos poco apetecibles para engrandecerse en citas más atractivas. Así ganó tres Champions y así le dio más pedigrí a este torneo. Aquel dominio se apagó después del voléon de Zidane y el par de paradas milagrosas de Casillas en Glasgow. Desde entonces, todo ha sido una debacle permanente; una engañifa que ha sacado los colores al Madrid a las primeras de cambio y con rivales de mucha o poca enjundia. Porque Monaco, Roma o mismamente este Olympique deberían ser esparrings de un asalto para un Madrid al que se tilda de fracasado si no levanta la copa de las copas.

La Champions desnuda las vergüenzas de los clubes más celebres de Europa, y al Madrid ya le han dejado integral porque ha demostrado unas carencias bárbaras temporada a temporada. Le han abatido con remontadas (Monaco), por goleada (Liverpool), por impotencia (Arsenal, Bayer y Juventus) y lo peor, por prepotencia (Roma y anoche). Antes del ‘galacticidio’ (el primero), el Madrid ganaba porque infundía temor y jugaba con amor propio. Las gestas ya muy lejanas en Old Trafford, Munich y Amsterdam fueron las hazañas de un equipo que no tenía a los mejores  jugadores del mundo, pero que sabía de qué iba la Champions. A esa actitud debe agarrarse el Madrid que construyan sus jefes para la próxima edición.

Hoy no es plan de sacar culpables al impotente juego del equipo. Pellegrini, muy en su papel de asumir todas las responsabilidades, aceptó la furibunda descarga de críticas, pero esgrimió que el apogeo de este proyecto estaba calculado para dos o tres años vista. Éste es uno de los grandes contratiempos de alguien que no entiende qué es el Real Madrid. Aquí hay que ganar sí o sí, es lo único válido. Te puedes permitir ganar un año sin jugar un pimiento (Capello o Heynckes), pero al segundo la exigencia es completa. El Madrid de Pellegrini ni gana ni convence, falla todo. Por tanto, lo más cómodo y probable es que termine la temporada, con o sin Liga, y abandone la empresa.

El drama estalló anoche, pero se ha ido alimentado con sólidos argumentos durante toda la temporada. Está demostrado que el campeonato español no es suficiente baremo para medir la capacidad del equipo. En España hay dieciséis o diecisiete equipos que jamás toserán a Madrid y Barça, mientras que en Europa, ya lo habéis visto, hasta el Lyon más sim plón de la última década humilla a quien más obligación tenía de ganar este año.

Claro, luego ves como el Manchester golea al Milan sin hacer nada del otro mundo, cuando el Madrid fue incapaz de vencer a los italianos en dos partidos. Puede que los chicos de Sir Ferguson caigan en cuartos, pero nadie dudará de su competitividad. Ellos sí que están hechos para la  Champions. Tienen a Rooney, que en la Premier puede pasarse cinco partidos sin marcar y a la hora de la verdad casi nunca falla. Lo mismo sucede en el Chelsea e incluso en el Arsenal, en el que chavales primerizos debutan todos los años en Champions y suelen meter al equipo en cuartos como mínimo.

Al Madrid sólo lo puede curtir Cristiano, porque Raúl ya ha ofrecido lo mejor de sí mismo en las noches mágicas; Guti nunca ha entendido esto de la Champions; Higuaín (pobre Higuaín) no se quita ni con aguarrás esa pátina de delantero fallón; Kaká viene a ser el timo del siglo y el resto hacen lo poquito que pueden en Champions, que se ha visto que no suficiente.

En consecuencia, los de arriba tienen que adelantar los deberes para montar un Madrid más Real Madrid el año que viene y los de abajo sacar fuerzas (si es que las hay) para no perder el pulso con el Barcelona en la Liga. Si al final resulta que el Madrid gana en España, ¡enhorabuena, otra más! Ramón Calderón se llevó dos consecutivas y nadie ha sacado pecho por ellas. La Champions es de otro planeta y el Madrid dejó de estar en órbita hace siglos.

La gratificación más graticante

Mircoles, 20 Enero 2010

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El fútbol se lo debía a ‘Pep’. Y también el Barça. El mejor equipo del mundo se merecía al mejor entrenador del mundo por un añito más. Parece poca recompensa para alguien que sólo ha tenido un fallo de siete posibles, pero ni Guardiola es un tío de compromisos sempiternos ni el caduco presidente  podía contentar a su público con un megacontrato. La explicación de Laporta ha sido meridiana: “el acuerdo es verbal hasta el 30 de junio, cuando llegue el nuevo presidente lo firmará el 01 de julio”. Así lo ha dicho y así se hará, si es que no se desata un totum revolutum de aquí a verano. Y eso, tratándose de este Barça, es lo menos probable que puede suceder en el fútbol actual.

La renovación de Guardiola reconforta a una afición que empezó desconfiando de un primerizo en el verano del 2008 y que ahora no le perdonaría su posible huida…al United, por ejemplo. En Inglaterra ya está cotizando la gran noticia deportiva de lo que va de siglo, el nombre del sucesor de sir Alex Ferguson. Y claro, el que más resuena es el de Guardiola, a quien el empacho de títulos quizá le haga soñar con nuevos retos.

A expensas de títulos o batacazos futuros, al menos el club se garantiza la cordura abajo, en el césped. Pero, paradójicamente, el sentido común es lo que menos se ha percibido arriba, en la zona noble, hasta hoy, día en que Laporta ha concedido la gratificación que más merecía Guardiola. Por fin el presidente ha salido a la palestra para ejercer precisamente de eso, de president del Barça;  en la sala de prensa del Camp Nou no han retumbado difamaciones antiespañolistas ni soflamas nacionalistas, sólo el devenir del club de fútbol. Más de un culé lo habrá agradecido.

Y aunque hoy la nación no ha perdido su tiempo con  Laporta, el Madrid sí ha mirado de reojo a Can Barça. Por enésima vez, y mira que le encanta, Laporta se ha regodeado del 2-6 del Bernabeu hasta el punto de que le ha otorgado rango de título, el ‘séptimo’ según el directivo. Su ocurrencia viene a demostrar que incluso el peor Madrid posible, el de la temporada pasada, impone un respeto demoledor para cualquier equipo por lo siglos de los siglos. Florentino debería congratularse.

 

Quédese el cambio, Sir Ferguson

Viernes, 12 Junio 2009

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Quédese el cambio, Sir Ferguson. Ya puestos, Florentino Pérez habrá extendido al Manchester un cheque de cien millones de euros (las cifras cuanto más redondas, más atractivas) por la joya de la corona. Los seis kilitos restantes podrían haber ido al manager del United en concepto de compensación moral. Cristiano abandona las Islas no en loor de multitud, como muchos británicos hubieran pensado, sino de manera fría, insípida y acorde a ese carácter tan hosco, propio de los ingleses. Desde que Ronaldo comenzó a flirtear con el Real, Old Trafford dejó de ser el ‘teatro de los sueños’ del portugués. Madrid le espera con los brazos abiertos pero no a cualquier precio.

Mucho no habrá tenido que negociar Florentino. Soltar esa barbaridad de dinero ha marcado un nuevo enfoque en la ley de la oferta y la demanda: el presidente merengue ha hecho un flaco favor a sus homólogos más influyentes porque ha acabado de un plumazo con las intensas y pesadas reuniones por contratar futbolistas. A partir de ahora, los precios se desorbitan y las adquisiciones se efectuarán con pagos de cláusulas en España y de cifras mareantes en Europa. Si Cristiano vale 94 millones, nadie atreverá a insinuarse a Messi o Iniesta, por ejemplo.

Pero Florentino, celebérrimo gestos donde los haya, no ha dejado nada a la improvisación. Si no le ha molestado pagar los casi dieciséis mil millones de pesetas (es que se dice pronto) en vez de setenta u ochenta millones en euros es porque habrá evaluado la rentabilidad del futbolista al milímetro. La mitad del porcentaje de los derechos de imagen de Cristiano ya son un filón apoteósico. Ahora que el Madrid volverá a las giras asiáticas, las camisetas del jugador colapsarán el mercado de ropa deportiva. Si, incluso, la marca ‘CR7’ vende por sí sola. Total, que mientras la nueva estrella no se averíe con una lesión inoportuna o se desmadre fuera del campo, la inversión está garantizada y Florentino nos habrá convencido de que no era tan caro.

No es de extrañar que en el futuro alguien ose a traspasar la barrera de los cien millones. Casi todas las papeletas las tiene Florentino aunque en el panorama europeo no se vislumbra otro ‘megacrack’ que reviente el mercado. Quizá cuando surja algún brasileño al estilo de Ronaldo aunque, con Kaka y CR, tampoco es que hagan falta muchos más en el Bernabeu.  Eso sí, las exigencias con este Madrid cósmico han subido un doscientos por cien. Si el Barça del ‘tritranquilo’ Laporta ha culminado la temporada en todo su esplendor, al Madrid le pediremos que pulverice los récords del eterno rival, si es que eso se puede hacer.

Por cierto, Ramón Calderón no ha tardado ni un minuto en salir a la palestra para atribuirse el mérito del fichaje. Otra gansada más de un personaje al que vamos a tener hasta en la sopa.

 

Roma espera a su emperador

Martes, 26 Mayo 2009

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Dos imperios concitarán la atención del mundo en la ciudad eterna por una noche. Ambos dominan el panorama futbolístico y la final de mañana servirá para coronar al rey de reyes. El Barcelona se quiere comer las estadísticas y convertirse en el primer equipo español en lograr el ‘triplete’. Ni el Madrid presume de tal gloria aun con sus nueve Copas de Europa. Guardiola ha inculcado a sus pupilos elegancia y explosión. Con la premisa del balón siempre al suelo, el Barça ha hecho y deshecho a su antojo en todas las competiciones. Sólo la asfixiante presión del Chelsea en semifinales hizo que los azulgranas tuviesen que remangarse la camiseta y sacar adelante la eliminatoria por fe.

Por su parte, el Manchester empezó la Premier con titubeos pero en el momento que supo enderezar la defensa, el grupo comenzó a funcionar como un motor diesel. Sus victorias son una mezcla de tenacidad y lucidez. A veces le ha valido noquear al rival con un golpe certero y otras ha apabullado de principio a fin. Sir Alex Ferguson tiene los condimentos suficientes para darle el sabor que quiera al partido. Aquí va un vis a vis de los protagonistas del mejor partido del momento:

Van der Sar /  Víctor Valdés

Ambos han saboreado las mieles de la Champions, por lo que la experiencia no será decisiva. Valdés ha mejorado sus mano a mano notablemente. El espigado Van der Sar intercepta todo lo que se mueve por el aire y es una garantía parando penaltis. Con todo, el holandés da más seguridad a sus defensas.

Evra /  Sylvinho

El senegalés es más incisivo por el lateral izquierdo. Ha suplido con creces la marcha de Heinze. Sylvinho jugará por la baja de Abidal. El único cometido del brasileño será tapar al escurridizo Park.

Vidic – Ferdinand  /  Piqué – Touré

La pareja de centrales del United es la más fiable del continente. Individualmente no son los mejores zagueros pero sí los que mejor se entienden. El dúo Piqué-Touré ha sido una improvisación de Guardiola ante la baja de Rafa Márquez y el consecuente desplazamiento de Puyol al lateral derecho.

Puyol / O’ Shea o Gary Neville

Esta demarcación es, de lejos, la más débil de los ingleses. No hay un titular indiscutible: el capitán Neville y el irlandés O’Shea se limitan a subir hasta el centro del campo. Puyol gana por goleada en este puesto. La polivalencia es la mejor virtud del barcelonista.

Scholes / Iniesta

El manchego es el futbolista de moda. Sin él, a su equipo se le atora la computadora que programa los ataques. Scholes es, junto a Giggs, el alma mater del United. A sus treinta y cuatro años no le queda gasolina para aguantar noventa minutos pero seguro que sus compañeros agradecerán el ritmo infernal que imponga al juego.

Anderson / Busquets

Dos promesas que maduran a pasos agigantados. El brasileño es un portento físico y su cometido es bregar al contrario. Sergio ha sido el gran descubrimiento de Guardiola. Jugar la final sería el mayor de los reconocimientos que le pueden hacer.

Carrick / Xavi

Inasequible al desaliento, Carrick se ha afianzado en la columna vertebral del Manchester. Su arma secreta es el disparo lejano, letal. A Xavi no le vamos a descubrir a estas alturas. Es uno de los pocos que pueden decidir la final con un pase inverosímil o una jugada de ensueño.

Park / Henry

El surcoreano se ha asentado en la banda derecha gracias a su incontestable trabajo y a la sencillez con la que se desenvuelve por su zona. En ocasiones emula a los extremos puros de antaño que desbordaban y centraban desde la línea de fondo. Henry suele jugar escorado en la izquierda y tira más diagonales que Park por la derecha. Más resolutivo que el asiático de cara a puerta.

Rooney / Eto’o

Dos ‘cazagoles’ con el gatillo siempre preparado. Rooney da miedo de lejos y a Eto’o hay que atarle en corto. Quizá el camerunés asegure más definición. De hecho, esta temporada ha sido más efectivo que el británico.

Cristiano Ronaldo / Messi

El duelo por antonomasia. Los dos mejores jugadores del mundo frente a frente. Ronaldo es diabólico a balón parado, asiste bien y da la talla como rematador. Pero sin duda el talento del portugués es su liderazgo. Si su equipo necesita su magia, la sacará.Messi se la lía a cualquiera. No es tan completo como Ronaldo pero sólo él puede enmudecer un estadio con una jugada antológica. Quien gane, será coronado dueño y señor del fútbol mundial. Será el nuevo emperador.   

La vuelta de quien nunca debió irse

Jueves, 19 Marzo 2009

En tres semanas sabremos si el Madrid vuelve a estar en buenas manos después de tres años de negligencia. Florentino está esperando que el runrún mediático se acreciente para salir a la palestra y poner en guardia a la elite futbolística del continente. El actual club está desahuciado y sólo se vislumbra una solución para devolverle toda la grandeza que ha ido perdiendo a pasos agigantados durante este tiempo: la vuelta de quien no debió irse nunca.

Es bonito comprobar cómo ciertos proyectos maduran desde la cantera, con cautela y paciencia. Así pasó en el Barça con la eclosión de los Messi, Iniesta, Bojan etc. El Madrid de Florentino apostó por otra filosofía, quizá menos folclórica aunque más en consonancia con el mundo empresarial. Fichar a los mejores a golpe de talonario pareció descabellado pero incentivó la ilusión del madridismo y trajo resultados, en el césped y en el balance de cuentas. La solemne presencia de Florentino desquició al Barça de Gaspart; desesperó a la Juventus de Agnelli; enmudeció al Inter de Moratti y cabreó al Manchester de Sir Alex Ferguson. O sea que Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham quedaron rápidamente embriagados por los cantos de sirena del ahora ex presidente. Cada uno vino en su año correspondiente, para que ninguno de los cuatro perdiese protagonismo.

A tenor del lustro ominoso del Madrid en Europa, la Champions requiere de nuevo un proyecto faraónico. Y claro está, el elegido es un Florentino más experto todavía. Sabe que el mimo hacia sus predilectos no debe ser excesivo. Supongo que en la cabeza del señor Pérez aún resuena aquella frase que pasará a la posteridad: “He creado un monstruo que me ha devorado”. Pues bien, Florentino debería ceñirse al plan de contratar y renovar pertinentemente. Hasta ahí, punto.

Aparte de los preacuerdos secretos que haya suscrito con sus nuevos ‘Zidanes’, Florentino tendrá que resolver la ‘patata caliente’ de Cristiano Ronaldo, ése que chuleó al Real Madrid haciéndose de rogar y deshojando la margarita caprichosamente. Pero Florentino no es Ramón Calderón y si al portugués le apetece vestir de blanco, deberá confesárselo a su contratante o delante de las cámaras. Es condición sine qua non. Sin embargo, me da que a Florentino le motiva más Kaká y si no, al tiempo.