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Entradas con etiqueta ‘Florentino Pérez’

Sin galácticos

Domingo, 14 Agosto 2016

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La web del Real Madrid no anuncia ninguna presentación faraónica. No quedan galácticos en el mercado y la noticia es que Florentino Pérez no ha leído ningún ‘sí’ en forma de garabato pintarrajeado en una servilleta. Eso lo estrenó Zidane para darle brillo al casting de Hollywood que empezó Luis Figo. Sonó Paul Pogba como si fuese a cambiar el fútbol para siempre; su P.V.P. ponía muy cachondo al madridismo, su talento apenas excita a los propios franceses. El Manchester United necesitaba un golpe de efecto para encender al ‘mourinhismo’ y su fichaje de tronío era necesario para olvidar la época ominosa de Van Gaal. El Madrid vio el movimiento desde la barrera, sin volverse loco ni atender las mastodónticas condiciones del agente Mino Raiola. Su representado habría sido una bomba en los despachos y un petardo sobre el césped. Generoso en el esfuerzo, no demostró ninguna condición sobrehumana durante la Eurocopa; no en vano, fue cuestionado en la primera fase por su sospechosa apatía hasta que dejó de estar en el limbo. La nueva cresta de oro (sucesora de la de Neymar) jugará en la Premier con grilletes pesados, y esos 120 millones (o 110 según versiones) no los levanta ni Lidia Valentín. A Gareth Bale le sigue costando; James es una causa perdida.

Tic, tac, tic, tac. Al mercado le quedan dos semanas y en la planta noble del Bernabéu no suenan llamadas interesantes. Ni siquiera la de Moussa Sissoko, un trotón de marca blanca que ha suplicado su fichaje a la BBC (“Estoy esperando la llamada del Real Madrid”).  Humo, es otro de los cien mil jugadores que creyeron nacer para jugar en el Real Madrid. Bernd Schuster dijo una vez que “las portadas del MARCA en verano tenían más morbo que Falcon Crest”. Y no le falta razón porque hubo una época en la que una exclusiva podía alterar el sistema nervioso de la gente. Por ejemplo, una en la que aparecía Figo bajo el titular ‘Es feliz’ después de una supuesta discusión con Florentino, u otra en la que Ronaldo Nazario se descubría ante el público español vestido con traje de astronauta al son de ‘Fichaje galáctico’. Venía al Barcelona, no al Madrid. Recuerdos de la infancia, Ramón Mendoza revolucionó el verano de 1994 con Valdano en el banquillo, y Laudrup y Fernando Redondo como figuras mediáticas (sólo faltó Eric Cantona, petición de Ángel Cappa); y al año siguiente un verano desértico en las oficinas del club. Como que ese Madrid ya no ilusionaba sin caras nuevas. Incluso, el Barça más perfecto de Guardiola compró cromos para seguir alimentando la orgía culé: Ibrahimovic, David Villa, Alexis Sánchez…Pero el mérito se lo llevó el difunto Jesús Gil con innumerables proyectos y sus ansias de fumigar el vestuario cada mes.

Por una vez el Madrid no ha sido Billy El Niño desenfundando. Ningún representante, ni siquiera Jorge Mendes, ha salido de Concha Espina con un billete dorado (éste es el verano de Riola). El presidente susurró públicamente a Zidane que estaban “enredando”: ¿Pogba, el tal Gabriel Jesús? Basta que se descubra la talegada que se ha llevado al agente de Pogba para responder. No hay plan renove (Lorenzo Sanz dixit) porque la plantilla sólo necesita chapa y pintura en el banquillo. Casemiro es una proeza de la genética, pero a nadie le dura el diesel cincuenta partidos; la solución se miraba abajo, en Valdebebas, y se llamaba Marcos Llorente. Se fue al Alavés. Sin recambio de ‘5’ y con overbooking de media puntas: Marco Asensio suena como una taladradora, Isco aún no ha sacado el último conejo de la chistera, pero James aburre y se aburre a sí mismo. Depende de su volátil cabeza y eso en el Madrid no tiene futuro. En las charlas de sobremesa ponían David Alaba, hasta que Marcelo se espabiló este verano, y Julian Draxler porque es otro artista aseado que no le importa inventar caños y bicicletas con la osadía de Denilson. Pero no es lo que busca el entrenador. Ni el presidente. Los equipos están rastrillados y las cláusulas blindadas, no queda tiempo para que nadie se rebele. Alguien que merezca la pena, claro.

El Lobo de Wall Street

Sbado, 23 Julio 2016

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31 de agosto de 2015. Quedan doce horas para el cierre de los fichajes. Jorge Mendes cuelga una llamada en uno de sus tres o cuatro teléfonos móviles desde una terraza de Montecarlo y dice a la gente que le rodea en ese instante: “Acabo de hacer el negocio del verano”. Instantes después, el Manchester United anuncia el fichaje del delantero del Mónaco, Anthony Martial, por 50 millones de euros…¡más otros 30 en variables!  Mendes no es el representante del jugador francés pero su intermediación fue vital para gestionar el capricho de Van Gaal. Quizás sea el único representante, junto a Mino Raiola (Pogba e Ibrahimovic), que puede desfilar por la alfombra roja de Hollywood con las ínfulas de Cristiano Ronaldo o Leo Messi. Se siente una estrella del celuloide porque su ego sí extiende cheques que su bolsillo puede pagar. Pero durante este verano apenas teníamos noticias de su universo, donde la gente trajeada nada en billetes verdes, hasta que el Barcelona soltó la bomba el pasado jueves. André Gomes jugará de azulgrana y no de merengue porque, primero, James Rodríguez, también de la factoría Mendes, se ha declarado intransferible y, segundo, Luis Enrique pidió a su directiva un sustituto para Iniesta que también simule a Rakitic.

Las mentes más retorcidas, las que están en primero de Jorge Mendes y repitiendo, están convencidas de que el Madrid nunca quiso a Gomes; fue una estrategia pergeñada por el agente para inflar el P.V.P. del media punta. La ecuación era demasiada simple: el Valencia necesitaba liquidez y, consciente de que ningún club pagaría a toca teja los 65 millones de la cláusula de Gomes, accedió a cobrar 35 millones + 20 en cláusulas de colegio + 15 en objetivos más importantes. Maquillaje perfecto para un Barcelona que evita el efecto de otro tsunami Neymar. Mendes sabe de boca de Florentino Pérez que el Madrid nunca ofertaría 40 o 50 millones. Y esto es información, no opinión. El nuevo fichaje culé nunca ha estado ni frío ni caliente en la planta noble del Bernabéu porque ese “estamos enredando” que ayer confesó FP a Zidane en Canadá alude al pez gordo de Raiola. Es un secreto a voces que irrita al amigo y casi hermano de Cristiano.

Mendes es un vendedor nato, así de simple. Su pose ejecutiva recuerda a la de Jordan Belfort, el insaciable broker interpretado por Leonardo Di Caprio en El Lobo de Wall Street. Es de esos comerciales que te ofrece un bolígrafo, te habla de sus ventajas, y acaba vendiéndote el estuche entero. Esa virtud la lleva explotando desde que empezó con vallas publicitarias de un equipo de la segunda ‘B’ portuguesa al mismo tiempo que gestionaba un videoclub. Y en una discoteca de su propiedad conoció a Nuno, un portero que pasó sin pena ni gloria por Depor y Osasuna, pero que como entrenador clasificó al Valencia en la Champions antes de que dimitiese por clamor popular. Sus gestiones se han estudiado en la Universidad de Boston, tarde o temprano llegarán a Harvard y miles de yuppies de Wall Street pagarían barbaridades por un máster suyo de negocios deportivos. Es un vanguardista del mercado capaz de montar una oficina itinerante en Valdebebas con toda una corte de representados, poner patas arriba al Monaco con un puñado de llamadas telefónicas desde una terminal de aeropuerto o convencer por pesadez a Joan Laporta dentro de un coche para fichar a la entonces promesa del fútbol portugués, Ricardo Quaresma. Tal es su influencia que Florentino Pérez se negó a fichar a Falcao en el verano de 2014  porque de lo contrario, “tendría que dejar la presidencia a Mendes”. Literal.

Zidane, gestor de egos

Lunes, 30 Mayo 2016

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“Asegúrate que el Real Madrid esté bien metido en el ataúd con los clavos bien clavados. Y, después, húndelo en el fondo del mar rodeado de una cadena con varios candados, porque si no….”. No es poesía de Manuel Jabois o David Gistau, dos de las plumas más brillantes del cáustico panorama periodístico, sino de Emilio Butragueño, cuyo arte de soltar párrafos cuadriculados y de manual a veces es rompedor. Por supuesto, no lo dijo delante de ninguna cámara, era el sentimiento unánime en el aeropuerto de Milán de los madridistas de pura cepa, los que vivieron un tiempo en el que el Atleti tenía instinto depredador. Recuerdo que durante mi primer año de universidad, en pleno éxtasis merengue en Europa (‘Octava’ y ‘Novena’), el maestro Santi Segurola sugirió una frase inmortal: “Gane o pierda, el Madrid maneja como nadie los tempos de la Champions”. Y salvo la época ominosa de la crucifixión en octavos, Segurola no mintió. Es el torneo que redime cualquier pecado, y el Madrid suele cometer un buen puñado cada temporada; es las sala previa a la morgue o la salida del hospital. El Elíseo o el Apocalipsis, sin término medio.

El Madrid disfruta jugándosela sin red, asomado a un precipicio del que siempre sabe recomponerse. Y la abismal diferencia entre dos años en blanco y dos Champions en tres temporadas sólo sucede en el club más ajusticiado de la historia. La lectura más merengona de este lunes es que llevan las mismas Champions que el Barça en su ciclo más triunfal, el que empezó con el Dream Team de Cruyff. Las odiosas comparaciones son el único barómetro que tiene el fútbol para aplaudir o atizar a alguien. Por ejemplo, a Zinedine Zidane, al que su presidente rescató de un insípido empate en La Roda con el Castilla para sofocar el conato de rebeldía contra Rafa Benítez. Decían en Valdebebas que el francés no era buen estratega, que no tenía suficientes cicatrices de guerra para dirigir el Acorazado Potemkin de Mister Rafa; los buenos en La Fábrica se llamaban Luis Miguel Ramis y Santi Solari. Quizá sí delante de una pizarra, pero Fabio Capello, un sabio, descubrió la esencia del banquillo más parecido a la silla eléctrica: “Entrenar al Madrid es gestionar a sus estrellas. Es lo primero y casi único”. Y eso que el italiano domaba los egos aplicando tácticas siderúrgicas en las que un destello improvisado causaba una bronca de proporciones bíblicas. El caso más laxo siempre ha sido el de Vicente Del Bosque, quien olvidaba la mano dura y las peroratas al son de ‘A jugar como vosotros sabéis’. Zidane se ha movido por instinto, pero no olvida sus influencias de Turín. Es el único argumento que explica su acertadísima predilección por Casemiro y la arriesgada decisión de retrasar líneas el pasado sábado, cuando pudo reventar la final antes del descanso.

Zidane merece su continuidad porque la plantilla todavía le ve en un póster voleando la ‘Novena’ de Glasgow. Y porque a Cristiano le trata como un divo, a Bale le permite sentirse velocista de 100 metros, y Benzema es el alumno aventajado que Aristóteles vio siempre en Alejandro Magno. Ni una rajada en la sala de prensa, ni un incendio gratuito; Zizou no suelta carnaza a la prensa porque no le interesa ni tampoco sabe ejercer como el personaje más teatral de Mourinho. No obstante, le recomendaron esbozar media sonrisa y enterrar el gesto arisco con el que hacía roulettes en el césped y hablaba fuera del campo. Ahora es un tipo simpático que no se altera, ni siquiera cuando Piqué cabecea a la basura otra Liga para el Madrid. En enero reseteó el vestuario y preparó una pretemporada de invierno para desentumecer músculos, como las que acostumbran los equipos nórdicos y rusos en La Manga. Fue el físico lo que mantuvo con vida al Madrid en San Siro, ese último reprís que acobardó a Simeone en la prórroga. Bale se había exprimido como nunca; Modric acabó jadeando como un maratoniano en meta y Casemiro todavía buscaba más tralla, ¡qué proeza de la genética! Queda Zidane para rato porque no molesta en la planta noble, ni sufre ataques de entrenador. Pero, sobre todo, el entrenador sigue siendo el galáctico del presidente que escribió ‘Sí, quiero’ en una servilleta.

Plan Renove

Lunes, 29 Febrero 2016

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Plan renove. Fue la expresión que utilizó Lorenzo Sanz cuando le preguntaron por la caótica temporada que borró de un plumazo a la pareja Valdano&Cappa. Aquel Real Madrid necesitaba fumigar el vestuario y nombrar a un general con puño de hierro. El elegido fue Fabio Capello, que entonces exigió sus fichajes uno por uno y, de paso, cobrar una peseta más que el futbolista mejor pagado de la plantilla. A Florentino Pérez no le gusta ser tan contundente delante de las cámaras porque, como presidente de una multinacional del Ibex 35, conoce el terremoto que origina cualquier decisión drástica. Mejor actuar entre bambalinas, preparando la lista negra mientras el Kalashnikov de Zidane guarda la última bala en la recamara: un disparo sólo apto para el mejor de los francotiradores. Y no parece que Zizou esté bien adiestrado para la misión. Varios ex jugadores merengues suelen comentar las lagunas tácticas del entrenador y deslizan en los cenáculos periodísticos vía Mesón Txistu y Asador Donostiarra que ahora mismo el técnico con más vocación es Luis Miguel Ramis, sucesor de Zidane en el Castilla.  Pero tampoco tiene experiencia, ni siquiera un nombre marketiniano que ayude a vender portadas. Su única oportunidad de entrenar al primer equipo empieza y acaba por ser un mero apagafuegos, como un desconocido llamado Vicente Del Bosque, coordinador de la cantera de la Ciudad Deportiva de La Castellana, durante la década de los noventa.

El club más rico de la lista Forbes ejecuta un plan económico anual digno de estudio en universidades como Harvard o Stanford, y toma decisiones deportivas como si las charlara en una barra de bar. Zidane no estaba preparado antes de Navidades, pero el hartazgo del vestuario con Rafa Benítez precipitó su ascenso. Él, por supuesto, anunció que estaba preparado; el gremio de entrenadores todavía le veía en un póster voleando el gol de la Novena. Y ha sido Simeone el que ha acabado por incendiar las discusiones de salita y redes sociales. De repente, el equipo siderúrgico de estilo plomizo maniató al fino estilista hasta ponerle una camisa de fuerza. Acorralado en un callejón sin salida, sin intercambio de posiciones o cambio de pizarra, el Zidane más impulsivo confió en Borja Mayoral para conjurar la primera gran noche de Raúl González o, a escala inferior, de aquel José Luis Morales que levantó al Bernabéu en un derbi. Cualquier acto de fe que comulgara con la grada. La conclusión es que este Madrid presume de una  alfombra roja de Hollywood en la que los actores se quieren lucir en su photocall más personal. Manolo Sanchís resumió el debate futbolístico en una declaración: “El equipo que más media puntas tiene no juega con ningún media punta”. Isco y, sobre todo, James quedaron señalados porque, hablando en plata, es complicado jugar andando. No hay más preguntas, señoría.

El Bernabéu se cansó de buscar muñecos de pim, pam y pum, y se giró al palco. Ya no había un Ancelotti o Benítez de turno en los que descargar la bilis, y Zidane tampoco merece la guillotina en tan poco tiempo. El presidente ha repetido innumerables veces que sólo convocará elecciones si los socios se lo reclaman; la advertencia en el derbi fue el primer aviso. Con o sin elecciones,  y con o sin otros candidatos. la reestructuración se intuye absoluta. Por ejemplo, una dirección deportiva que detecte por qué no hay un lateral izquierdo que sustituya a Marcelo; o un delantero centro a la vieja usanza que resuelva un plan ‘B’ o ‘C’. Sin profesionales que se dediquen a rastrear el mercado y olfatear futuras promesas, no suena tan descabellado que Cristiano Ronaldo pegue esos fogonazos de proporciones bíblicas. No le falta razón en lo políticamente incorrecto: “Faltan los mejores y la pretemporada está mal planificada”. Radiografía perfecta de un enfermo. El Madrid, no Cristiano.

El show de Truman

Jueves, 28 Enero 2016

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El Real Madrid quiso fichar a Leo Messi hasta en tres ocasiones. Lo desveló anoche El Partido de las 12 en plena efervescencia del ¿caso? Neymar. Noticias del pasado cuyo morbo nunca caduca. En los cenáculos madridistas siempre se ha comentado que el Florentino Pérez le dijo a Cristiano Ronaldo en su despacho que si estaba “triste” (¿recuerdan?) y quería irse, pusiera el dinero en tesorería para traer a D10S. Leyendas quizá no tan ficticias. El mejor jugador del mundo nunca deslizó una mirada cómplice al Madrid; una negativa tan tajante que reafirma su compromiso con el Barça. El de Neymar espera su fumata blanca, pero no merengue. La estrategia de Wagner Ribeiro, agente del futbolista, huele a guión de Alfred Hitchcock: enciende el ventilador, esparce el estiércol, no niega la mayor y espera que el Barça acepte un buen estacazo por la renovación. El entorno del brasileño negocia el futuro del próximo Balón de Oro y con ese caché comenzaron las gestiones. En la planta noble del Bernabéu disfrutan con palomitas los cuentos asombrosos de Spielberg y el miedo que pueda provocar la sombra alargada de Luis Figo. Y entre la guardia pretoriana de Pérez nunca dirán de Neymar otro never, never, never. Y menos cuando creía tenerlo atado en Brasil con reconocimiento médico incluido meses antes de dar el sí quiero a Sandro Rosell.

Y mientras Neymar calla, esperando firmar un cheque en blanco en Can Barça, la página web del Madrid no publicará comunicados oficiales hasta que Cristiano Ronaldo reaccione. Un golpe de billar a tres bandas donde Ribeiro simpatiza con Florentino desde el fichaje de Robinho y pretende hurgar en la tesorería culé. Si fuese por el representante, Neymar sería blanco; si fuera por el padre de Neymar, su hijo sería blanco; pero los jugadores casi siempre acaban donde quieran, excepto Falcao. Tratándose de intermediarios brasileños, las partidos de póker suelen alargarse demasiado por faroles que no van a ninguna parte. El mejor ejemplo sigue siendo Roberto de Assis, hermano y agente de Ronaldinho, quien en el verano 2012 convenció a tres clubes diferentes para fichar a Dinho. Y al igual que el ex azulgrana en el Camp Nou, Roberto sacó la magia y tuvo engañados a dos clubes que creían haber fichado al crack. El tercero en discordia fue el Atlético Mineiro, que realmente le contrató.

Entre el Real Madrid y Neymar no hay contacto, ni por vía oficial ni de barra de bar. Porque antes de acometer la macro operación de la historia, 190 millones + I.V.A (no se olviden), Cristiano tiene que ser declarado transferible y ceder todos los honores al brasileño. Primer problema. El segundo tiene origen galés, también está en el club de los tres dígitos y oposita para ser la Isabel Preysler de la jet set.  Sólo hay una, como sólo un líder en el Madrid. Un despilfarro de tales proporciones obligaría al club blanco a montar un Show de Truman en torno a Neymar. Él sería el protagonista permanente de la taquicárdica actualidad blanca, desde que se cepilla los dientes por la mañana hasta que se pone las pantunflas y el pijama. Pagar por O’ Rei Neymar a toca teja el presupuesto entero del Atlético de Madrid no suena a bendita locura; servidor sí lo habría hecho, si los tuviese, por aquel Ronaldo Nazario que se salió del firmamento en el Barça de Bobby Robson. Pero es sólo una opinión. Neymar ha madurado en el Barça y no cometerá alta traición. Eligió jugar allí y allí ganará su Balón de Oro. O no.

Real Madrid: Economía de guerra

Sbado, 4 Julio 2015

Economía de guerra en el Real Madrid. La escasez galáctica del mercado y el convencimiento en la planta noble del Bernabéu de que la plantilla diseñada para Ancelotti todavía está preparada para emular al último Barcelona han borrado la obsesión ‘marketiniana’ del presidente. Apenas queda un puñado de futbolistas que pueda abarrotar las gradas en una puesta de largo veraniega. Ni siquiera Rafa Benítez se ha visto con galones para exigir un capricho, simplemente porque el vestuario no lo necesita; y aunque el caso Sergio Ramos acabase explotando como una bomba de neutrones (bastante improbable), el sustituto no tendría ese caché que sólo Florentino Pérez otorga eligiendo a dedo. “No hace falta maquillar la plantilla temporada tras temporada”, dice un actual directivo blanco. A fecha de hoy y sin garantizar la despedida de Iker Casillas, sólo el fichaje de De Gea preocupa en los despachos. Y si Van Gaal le sigue tasando con un P.V.P. descerebrado para cualquier portero, Danilo será el único posible titular que se haga la tradicional foto de caras nuevas con el presidente.

Florentino Pérez es amante de las encuestas entre sus socios y, a propósito de sus respuestas habituales, suele tener claro que la masa social necesita comprar ilusión. Desde que asumió la presidencia en 2000, la política de galáctico por verano se agotó cuando no quedaba ninguna bestia parda por comprar. Fue entonces cuando triunfó en el mercado la clase media con los Diogo, Pablo García, Gravesen, etc. Durante su segundo mandato, tan sólo aplicó la economía de guerra en la última temporada de Mourinho, en la que el portugués solicitó a Luka Modric como si se tratase del quinto elemento. Ángel Cappa recuerda que en su segundo año con Jorge Valdano al  frente del banquillo, pidieron a Ramón Mendoza una intentona “suicida·” por Eric Cantona. Entonces contaban con el pichichi Bam Bam Zamorano y un imberbe Raúl González Blanco, pero la respuesta del difunto presidente fue: “Vamos a por Juan Eduardo Esnáider porque ésta es su casa”. Aquel Madrid campeón de la Liga del 95 acabó en el desguace meses después por “oxidación”, como define Cappa.

El nuevo Madrid suena poco ‘florentinista’, al menos de fachada. El presidente ha aplacado sus ansias empresariales por las nuevas inversiones en una decisión fría y calculadora. El diagnóstico no es el de paciente muerto sino paciente enfermo. Las lesiones musculares han tumbado el castillo de naipes con el que Modric sostenía a un equipo mil millonario (¿se acuerdan de Makelele?). Y al margen del affaire de la portería, en la que un Casillas concentrado y ajeno al runrún de la grada podría competir perfectamente con De Gea, la necesidad primaria es sellar el centro del campo, no tanto con locos creativos (ya están James e Isco) como con picapedreros. A vuela pluma, los nombres que copan los primeros puestos del Ibex del fútbol son Paul Pogba y Arturo Vidal. Pero el francés de cresta histriónica ya ha acordado con la Juve que saldrá en un año hacia Can Barça, con una cláusula de bloqueo por si a Florentino le tienta reventar el mercado a finales de agosto. Vidal también fue sondeado el año pasado, pero su vida disoluta mancharía aquel ‘libro blanco’ de buena conducta que una vez existió. ¿Y quién cubrirá las espaldas a Benzema? El Madrid lo tiene claro: “Si Jesé se pone las pilas…”.  


“Por dinero no va a ser”

Martes, 23 Junio 2015

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La consultora Brand Finance  publicó la semana pasada el ranking de los clubes más ricos del mundo. El Manchester United sigue en cabeza y, además, se convierte en el único billonario del salón VIP (más de mil millones de dólares). Casualmente (o no), un directivo del Real Madrid comentó también la semana pasada que la vuelta de vacaciones del director general del United, Richard Arnold, “recalentaría el verano”. El mismo Richard Arnold que en un foro económico comentó que el fútbol “estaba dirigido por los representantes porque son ellos quienes mueven el dinero de este negocio”. Y cuando los ‘diablos rojos’ ya han preparado en su cámara del tío Gilito 300 millones líquidos para volatilizar el mercado, René Ramos les ha entreabierto la compuerta. Necesitaba Arnold que un Mino Raiola de la vida, en este caso el hermano del camero, filtrase el estancamiento de la renovación. Una medida anunciada con fuegos artificiales, porque si Raiola dirigiese la operación, Ramos acabaría en Old Trafford previo paso por algún equipo untado de petrodólares. No en vano, Raiola, agente de Paul Pogba e Ibrahimovic entre otros, suele comentar que si representase a Leo Messi, “le habría movido un puñado de veces”. Por aquello de la fiebre de las comisiones, suponemos.

En el affaire Ramos todos tienen razón. El futbolista lleva pidiendo meses el aumento que la ‘Décima’ le brindó y en la planta noble del Bernabéu siempre le han considerado el capitán, único y exclusivo por delante de Casillas. El Real Madrid aún no le ha ofertado un contrato nuevo, pero ni siquiera en el imaginario de Florentino Pérez aparecen esos diez millones que retumban en la mesa de negociación. Como dice el amigable abogado Denzel Washington en Philadelphia, “explíquemelo como si yo tuviera seis años”. Pues bien: Ramos cobra 6, quiere 10 y el club le pagará una cifra en tierra de nadie, 8 es la más diplomática. ¿Fin del asunto? Sí para el club, no tanto para el jugador, cuya ambición natural puede herir sensibilidades sociales. Y más tratándose de gente millonaria. Ramos necesita un estratega de comunicación, un Robert de Niro que cree la Cortina de humo que despiste al Bernabéu. Porque el fútbol es muy perro y a la mínima que el camero falle, se esparcirá por la grada la sospecha de pesetero. Quienes le conocen, saben que no es verdad, pero el fútbol no es justo. Que se lo digan al portero.

Viene el Manchester como un carretón a por Sergio Ramos y, como dijo el ex presidente del Real Madrid, Fernando Martín ‘Martinsa’, “por dinero no va a ser”. En la ecuación un nombre que tarde o temprano se ejecutará pero que se está volviendo puñetero: David De Gea. Piensa  Richard Arnold que si el Madrid busca a su portero, ellos tocarán al central. La lógica cartesiana se traduce en que De Gea acabará enfundándose los guantes en su nuevo club, mientras que Ramos, su hermano y Florentino pactarán una Entente Cordiale. Pero como “los agentes mueven el dinero de este negocio”, si el madridista alza la vista, verá unas cuantas novias al acecho, cualquiera de ellas macro operación. Lo hizo Di María, que llamó al despacho de Florentino pidiendo su barbaridad, y acabó en la Premier. Y aunque Ramos es madridista de corazón y cabeceó la Champions de Lisboa; también Pedja Mijatovic marcó el gol más importante de la historia contemporánea del Madrid en Amsterdam y apenas duró una temporada más.

 

 

Thank you, Mister Rafa

Mircoles, 3 Junio 2015

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“¡Gracias Mister Rafa, gracias de corazón!”. Palabras sentidas de Michael Robinson segundos después de que Jerzy Dudek detuviese el penalti decisivo a Shevchenko. La Champions del milagro, en la que el gigante Milan aplastaría al liliputiense Liverpool voló por los aires cuando once futbolistas apesadumbrados entraron en el vestuario con miedo de regresar a casa. “La afición no se lo merece, dad la cara por ellos”, arengó Benítez a sus jugadores. Sólo es un fragmento del secreto mejor guardado de la historia red: la charla textual que estimuló a un equipo hundido para remontar lo imposible. Aquella fue la final de la gratitud porque un grito al unísono recorrería la mítica grada The Kopp para siempre: cualquier aficionado que visite el templo de Anfield no tardará en descubrir una pancarta que rece Thank you, Mister Rafa. Por eso, Liverpool es el hogar familiar y profesional del entrenador madrileño. Y allí acabará cuando se agote en el Real Madrid o el Madrid se canse de él.

Benítez llega a Madrid rebotado por la grandeza del Madrid. La que dicta que ganas o fracasas. Y Ancelotti ha sido la última víctima. El flamante entrenador merengue presenta un nuevo “librillo de estilo” (ocurrencia de Jorge Valdano) que debería mejorar el de Carletto. “Entrenamiento duro, éxito seguro” en el epígrafe 1 (tal como reveló en una entrevista al analista Marcos López); “Quedar segundos es lo mismo que quedar último” en el 2 (entrevista en La Reppublica) y rotaciones en el 3. Sus equipos son expertos en el cuerpo a cuerpo de las eliminatorias directas, aunque esta temporada Dnipro en Europa League y Lazio en Copa italiana hayan amargado su ciclo napolitano. Precisamente, el epígrafe 3 es en el que le ha insistido el club: el pavor a un tercer ‘galacticidio’ por falta de piernas preocupa tanto en la planta noble del Bernabéu, que el ‘entrenador del método’ (así le ha definido Florentino Pérez en su presentación) sabe cómo inyectar el óxido nitroso que una plantilla de tres competiciones necesita al final de temporada. La fama de Sargento de Hierro de Benítez versión Clint Eastwood es la gran incógnita en un vestuario escocido permanente por la lucha de egos. En los cenáculos de la capital ya se murmulla si será capaz de sentar a Gareth Bale cuando el rival sea más esparrin que peso pesado, o si mismamente le cambiará esa posición amorfa en la banda derecha que atasca su misil izquierdo. Quien no admite sospechas es Cristiano Ronaldo, porque la cúpula directiva ya ha advertido al nuevo mister que las rotaciones deben dejar al margen al astro portugués.

Acatadas las sugerencias, Mister Rafa se dedicará estas semanas a ver a sus jugadores, sobre todo los no aptos. Él decidirá si Lucas Silva tiene que foguearse en un equipo de serie B o si Illarramendi tiene talento para suceder a Xabi Alonso. Su predilección por el doble pivote delante de la defensa aumenta exponencialmente las posibilidades de Casemiro, que se fue a Oporto con cara de niño y regresa con cicatrices de guerra. Si algún tornillo no encaja en su maquinaria, no dudará en pedir fichajes sensatos, eso sí, porque en Valencia le trajeron a Canobbio y su respuesta sublime fue “he pedido un sofá y me han traído una lámpara”. Su primera rueda de prensa ha sido demasiado obvia, con respuestas manoseadas como “jugar bien y ganar”. Ancelotti fue más atrevido en el día de su estreno y prometió una “espectacularidad” que logró en momentos inoportunos, los menos útiles de esta temporada. Pero de repente se encuentra de sopetón con el quebradero de cabeza del ‘1’: viene De Gea e Iker tiene contrato. O sale del Madrid o Benítez tendrá que buscar una solución. Aunque sea cual sea, no le temblará la mano. Ni la conciencia. 

La trituradora

Martes, 26 Mayo 2015

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 “¿Ancelotti en el minuto 92 estaba más fuera que dentro del Madrid? No, ni yo, que algo también he leído. La temporada era objetivamente buena con un proyecto que acabamos de empezar, con un entrenador nuevo y siete futbolistas que han venido esta temporada. Vamos a seguir mejorándolo, pero necesitamos un poco de tiempo y, sobre todo, de estabilidad”. Florentino Pérez en El Partido de las 12 el pasado 26 de mayo de 2014. El éxtasis de la ‘Décima’ había hipnotizado al presidente que, por un instante, imaginó de veras que Carletto iba a ser el “Ferguson del Madrid”. El trasiego de entrenadores tocaba a su fin con el ‘pacificador’ que había acabado con el manicomio del vestuario. La imagen de Ancelotti en la sala de prensa de Lisboa empapado de champán y coreado por algunos jugadores parecía cambiar esa imagen de trituradora que tanto han temido los entrenadores que han pasado por la silla eléctrica a excepción de José Mourinho. La “estabilidad” proclamada era el comienzo del fin de una picadora de carne llamada Real Madrid. Sin embargo, al club blanco le sucede como al mejor Federer de todos los tiempos (el de hace cuatro o cinco años): cualquier resultado que no sean títulos es fracasar. Y gran parte del madridismo entiende que eso es el adn de la grandeza del Madrid.

Ancelotti ha cometido errores de bulto, de entrenador novato, quizá creyendo que su experiencia y la inercia goleadora del Madrid arrastraría algún título. Al fin y al cabo, en esta ‘Liga de mierda’ (Del Nido dixit) el premio menor es acabar segundo y es complicado que la  Champions te apee antes de cuartos de final. Pero en el informe sobre el técnico ha pesado demasiado la mala dosificación física del equipo, que recordó al desplome del ‘galacticidio’; ubicaciones indefinibles, como el puñetero ‘5’ de Toni Kroos que le ha obligado a jugar como un péndulo en vez de repartir cartas como un crupier; el galimatías táctico de Sergio Ramos en la semifinal contra la Juve y, lo más criticado en la planta noble del Bernabéu, las infinitas lesiones musculares que han lastrado el ritmo competitivo. Y en el trasfondo del escáner al italiano, el pensamiento eterno de Florentino, que no cree en proyectos de entrenadores. Por eso, en su Madrid nunca habrá un Barça de Cruyff o de Guardiola. Ni siquiera de Rijkaard.

Quizá Ancelotti y su buen rollo con el vestuario (no todos, por cierto) merecían una segunda oportunidad, pero el miedo de Florentino a que la grada se hartase del césped y sacase los pañuelos al palco también habrá rondado por su cabeza. Ancelotti gustó hasta que perdió en Mestalla y el proyecto empezó a resquebrajarse. El repaso liguero-copero del Atleti y la decisiva derrota en el Camp Nou provocaron en la masa social ese murmullo del que el presidente suele estar atento a través de sus encuestas internas. Sí, el Madrid había conseguido 22 victorias consecutivas, pero sólo había tumbado al Barça en el Bernabéu. Hace pocas semanas hubo algún directivo que se atrevió a comentar en privado que Fabio Capello habría puesto firmes a unos jugadores extenuados por el kilometraje y la gestión de sus egos. De repente, Cristiano cabreado con el mundo; Isco decepcionado con su suplencia y Casillas pasmado por la furibunda reacción de un sector del Bernabéu. Las pistas que delatan al presidente con los sucesivos despidos del banquillo son claras: el Madrid no necesita un entrenador, sino un gestor de caprichos con guante de seda y que sepa sacar el martillo de vez en cuando. Por eso, Florentino otorgó poderes plenipotenciarios a Mourinho.

De la blandura de Pellegrini al desafiante Mourinho, cambiado éste por el bonachón de Ancelotti para acabar en el táctico y currante Rafa Benítez. Estilos antagónicos que encajan como un molde en este Real Madrid mientras caigan las copas. Alguna, por lo menos. Precisamente, Benítez fue la pedrada de José Ángel Sánchez, brazo ejecutivo y ejecutor de la directiva, en la rentrée de Florentino en 2009. Pesó más la opinión de Jorge Valdano. Y el presidente supo que se había equivocado. Seis temporadas después, ha hecho caso a su máximo hombre de confianza: Benítez entrenará al Madrid….un rato, al menos.

Eden Hazard, talento de madre

Domingo, 26 Abril 2015

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“Hazard es el crack del futuro; es muy bueno y va a serlo aún más. Lo llevaría al Madrid con los ojos cerrados”. Apología de Zinedine Zidane en el diario L’Équipe en diciembre de 2010. El entonces asesor del Real Madrid comentó a Florentino Pérez que llegaría a levantar un Balón de Oro. Todavía no era ídolo de masas en Stamford Bridge, pero su meteórica eclosión en el modesto Lille llamó la atención de media Europa. Su mentor, Rudi García, siempre le convenció de que su sitio no estaba en la liga francesa porque “le iba a quedar pequeña”. Y la sugerencia fue tomada al pie de la letra por Roberto Di Matteo, técnico del Chelsea en su año más glorioso, el de la Champions contra el Bayern de Munich en Munich. Abramovich ni siquiera pidió una auditoría para detallar si Eden Hazard valía 40 millones; simplemente aceptó el ‘capricho’ de su entrenador.

“Yo estaba en el estómago de mi madre cuando ella todavía jugaba. Tenía tres meses de embarazo cuando dejó de jugar profesionalmente”. El talento de Hazard se explica desde su genética futbolera: el padre, Thierry, jugó en la liga belga sin pena ni gloria, y su madre, Carine, compitió en la máxima categoría femenina. Ella mimaba el balón con el mismo tacto que a Eden, su primer niño. Y por las historias de cuna que la madre le contaba a su bebé, éste fue enamorándose del oficio. Hoy Hazard descerraja defensas demostrando a su madre que supo asimilar los conceptos desde que crecía en su vientre. De la misma escuela que Isco, conduce la pelota pegada a la bota con super glue. “No es rápido, pero sus cambios de velocidad sí lo son”, suele describir Frank Lampard. De mito a casi mito. Hazard fue un genio incomprendido en su primer año en el Chelsea, desquiciándose cuando Fernando Torres no leía sus intenciones o Ramires pegaba un patapum parriba sin sentido (como decía el guiño de Javi Clemente). Entonces llegó Jose Mourinho, y en una de sus primeras charlas de entrenador a jugador, le explicó sin titubeos que su talento necesitaba un trabajo plomizo detrás. De repente, el mismo Hazard que perdía un balón y se lamentaba con aspavientos, empezó a mirar de reojo a su espalda. Sus regates en un metro cuadrado al estilo Paul Gascoigne venían condimentados con un puñado de carreras imposibles. El Chelsea defiende en un bloque de cemento armado y eso incluye al fino estilista belga. El ataque es otra historia, porque la creatividad de Hazard pesa demasiado.

El Chelsea está a punto de ganar la Premier y Hazard será nombrado, casi con total seguridad, mejor jugador del campeonato. Dice Gary Lineker, el gurú de la prensa inglesa, que “después de Messi y Cristiano, viene la era de Hazard”. Suena a blasfemia, aunque de momento no ha salido a la palestra ningún crítico para rebatirle. Y como hablar de la estrella del Chelsea supone describirle con un aura galáctica, la fábrica de rumores no ha tardado en desparramar el más morboso de todos: ¿A Florentino le gusta Hazard? Por si acaso, Mourinho avisa: “Vale 125 millones de euros…en cada pierna”.