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Jesé sí nació para jugar en el Bernabéu

Lunes, 17 Febrero 2014

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Suma y sigue. Manolo Sanchís dijo en Tiempo de Juego que el Madrid se jugaba la Liga un domingo cualquiera en Getafe, y sin Cristiano Ronaldo. Pero los blancos cuentan los partidos sin su ‘bicho’ igual que el preso que traza palitos en su celda: uno menos y ya sólo les queda el Elche antes del gran regreso. Paco González comentó una vez que el debate sobre si el Madrid fichaba o no buenos futbolistas se solucionaba de un plumazo: “El Madrid siempre ficha gol”. Era su manera de justificar a Gareth Bale. No obstante, la explicación vale para el saco entero de delanteros: Benzema se está marcando su mejor temporada y, sin embargo, nunca se sacudirá la sospecha de que suele vivir en el limbo. Hasta Jesé, el talentoso novato a quien desde la prensa queremos convertir en un Raúl en potencia, se ha unido a la orgía goleadora de su equipo. Su primer gol le valió la comparativa con José Luis Morales, aquel diminuto delantero que marcó in extremis a Depor y Atleti, y desapareció del mapa; unos cuantos goles más le recordaron a Javier Portillo, cuyo principal (y único) mérito fue evitar la eliminación europea del Madrid galáctico en una noche fría de Dortmund. Y un puñado de partidos después, Jesé sigue provocando muchas noticias, todas buenísimas. Por eso, lejos de tanta hipérbole periodística, el canario dejó de ser un Morales o Portillo de la vida y aún le quedan un montón de galaxias para merecer la mínima comparación el eterno ‘siete’. Simplemente, Jesé anda por buen camino.

El pasado verano Florentino Pérez rechazó todas las ofertas por Jesé haciendo caso a los entrenadores de Valdebebas. “Si se le cuida y mantiene la cabeza bien amueblada, este chico llegará”, suele comentar el presidente en petit comité. Y no le falta razón. Es su canterano de moda, protagonista de varias portadas de Marca, y Ancelotti le mima con tal cariño, que ha entendido a la perfección el mensaje de su jefe. Jesé ha cursado un máster acelerado del buen madridista: pelea y busca goles como un rottweiller y si el balón no entra, aprieta los dientes y a currarse otra jugada. Como buen goleador, no necesita ubicar la portería, tiene las medidas bien aprendidas. Y como buen fajador, apenas le importa si tiene que romper un bloque de hormigón como el de Simeone o defensas de cartón piedra, que las hay y muchas en esta Liga. Quizá sea pronto insinuarlo, pero Jesé es de los que se encienden con el “¡Illa, illa, illa, Juanito, maravilla!”, y eso excita al Bernabéu. Pero la sensación que más regusto da al público merengue es que siempre puede pasar algo en las botas del canario: un regate, un pase de gol o la pelota dentro de la red. Sea o no titular, Jesé lo tiene claro: juega tan rápido como canta en su grupo de rap-reggaeton, Big Flow. Le va la marcha y en el vestuario blanco saben y quieren proteger a la gente valiente. Él lo está demostrando.

La pregunta del millón es qué le sucederá cuando vuelva el santo y seña del grupo. Ancelotti es “entrenador y no un administrador”, como aseguró en Getafe. Bale en forma jugará por decreto, de lo contrario, correrán riadas de tinta sobre el fichaje de los cien (o 91) millones. Y, por supuesto, Carletto, que va conociendo el periodismo español, sabe que una suplencia inopinada de Benzema le asegurará la misma pregunta en cada rueda de prensa. La decisión comodona es dejar a Jesé en el banquillo, y puede que ahora la más inteligente, porque si el canario vuelve al banquillo, clamará por revertir la injusticia de la única forma que le han enseñado en Valdebebas: dejándose eso que tanto aprecia el madridismo y no rajando delante de un micrófono. Precisamente, eso ya lo hizo el año pasado en una concentración de la sub’21 y con la guadaña permanente de José Mourinho sobre todo los estratos del club. Una y no más, aseguró Jesé. Su periodo de aprendizaje sigue su curso.

 

 

 

 

El Barça tiene a su Conrad Brean

Mircoles, 29 Enero 2014

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La prensa española busca al Conrad Brean del escándalo Neymar. Quienes no hayan visto la intrigante película La Cortina de Humo, Brean (interpretado por Robert de Niro) es un asesor político que acude a la llamada urgente de la Casa Blanca en un momento crítico: el presidente de los Estados Unidos es acusado formalmente de abuso sexual. Es, entonces cuando entra en escena Conrad Brean, quien posee la extraña habilidad de manipular la política, la prensa y lo que es más importante: al pueblo americano. Anticipándose a la reacción de la prensa, Brean desvía la atención creando una historia más grande y mejor: declarar la guerra a un país remoto y desconocido por la ciudadanía, Albania, con la ayuda de un productor de Hollywood. El día de la dimisión de Sandro Rosell y posterior nombramiento de Josep María Bartomeu, una de las ventajas que se destacó del presidente entrante fue su buena relación con Florentino Pérez. Pero eso sucedió la semana pasada, antes de que Bartomeu utilizase RAC1 para montar su propia cortina de humo. Consciente de que desde Brasil se anunciaría una catarata de sospechas contra el padre de Neymar; que el juez Pablo Ruz insistiría en la investigación del contrato del brasileño aun sin la querella del socio Jordi Cases, y que tarde o temprano, podría llegar a ser un presidente imputado, Bartomeu pergeñó su plan victimista.

Habría sido mejor fichar bien pero caro, que fardar ante el Madrid y mentir en el intento. Florentino ya anunció antes de verano que el interés merengue por Neymar estaba tasado en unos 150 millones de euros. Como quiera que ninguna hemeroteca ha llegado a publicar una foto del jugador posando de niño con camiseta azulgrana, la confirmación de los 57,1 millones arrastró una duda seria: ¿acaso el Santos intuía que el Madrid era el triple de rico que su archienemigo? La publicación de los documentos del contrato por El Mundo, una vez interpuesta la querella del socio, tambalearon la planta noble del Camp Nou. Rosell y su familia habían recibido amenazas, confirmado, pero la asfixia del cargo no se habría precipitado sin los papeles del sabueso Eduardo Inda. El barcelonismo ha olido demasiado merengue en el tinglado Neymar, tanto que algún Conrad Brean aconsejó a Bartomeu un diagnóstico único y sin segundas opiniones médicas: ‘madriditis’. La cortina de humo no apuntó a Albania, ni siquiera a Olesa de Montserrat. Ni el productor más ingenioso de Hollywwod habría imaginado un tsunami provocado por un boticario socio del Barça.

De todos los cañonazos lanzados por Bartomeu en RAC1 el pasado lunes, los de pique deportivo no dejan de ser pura folclore de los Madrid-Barça. Frases como ”quieren ganar en los despachos lo que no ganan en el campo” o “parece que al Madrid le cuesta digerir que tengamos jugadores como Messi o Neymar” son más propias de las guerrillas verbales con las que José Luis Núñez, Mendoza, Gaspart y Lorenzo Sanz nos deleitaron los noventa. La madre de todos los despropósitos señala a los juzgados: “En Madrid hay un fiscal que NO conocemos, no es uno de los NUESTROS”. De repente, la teoría de la separación de poderes de Montesquieu se redujo a cenizas. Ya no se trataba de una cuestión deportiva, ni institucional, el pataleo de ‘madriditis’ chocaba contra la constitución española como un tráiler contra un tren. Y no contentos con la hecatombe causada, un contertulio de la misma emisora, Xavi Bosch, acusó directamente al presidente del Real Madrid, inconsciente de que sin pruebas, Florentino como particular y no como presidente le amenazaría con su jauría de abogados, y con razón. Pero lo más grave no es la versión del Xavi Bosch, sino que Carles Vilarrubí, vicepresidente del Barça, no aprovechó la ocasión pública de desmarcar al club de la acusación. A esta hora, ni Bosch no ha tumbado su versión, ni el Barça se resiste a desmontar su cortina de humo. Así que la demanda aguarda y la ‘madriditis’ sigue infectada.  

El Madrid pende de un hilo: Xabi Alonso

Lunes, 23 Diciembre 2013

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Algunos directivos del Real Madrid temen que Xabi Alonso firme su último gran contrato en Londres. Mourinho le sugirió una última aventura en el Chelsea y el club merengue está en vilo, tanto como para pasar unas navidades angustiosas. Alonso sostiene al equipo y lo saben desde los alevines hasta la planta noble del Bernabéu. En condiciones óptimas es insustituible, algo así como Busquets para el Barça, y por eso Illarramendi se encuentra en pleno máster acelerado del centrocampista perfecto. Xabi es fútbol puro con balón y, a la vez, inteligente sin la pelota; vital para que el Madrid no se parta la espina dorsal. Y eso es demasiado arriesgado para un vestuario exigido de títulos y que necesita como el aire la mejor versión física del donostiarra. Su lección de Mestalla sólo demuestra que los blancos maduran y son creíbles cuando él se coloca en la galleta del centro del campo. Con Xabi el algodón no engaña: el Madrid es un señor equipo. Y como él es consciente de su importancia en pecunia, la directiva también se lo ha hecho saber. Quizá suene tremendista, pero una hipotética salida de Xabi sin copia de seguridad podría causar los daños irreparables que hizo la marcha de Makelele, salvando las distancias entre ambos futbolistas.

Otra salida, la de Özil, también pintaba apocalíptica. Pero, de momento, su ausencia se subsana entre los destellos de Bale y el empuje de Di María. Este último comenzó como una moto la pretemporada, se ganó el favor de Ancelotti, y desde que el hombre de los cien millones apareció en escena, el argentino quedó difuminado sin ninguna razón convincente. Casualidades o no del fútbol, las quejas de uno de sus representantes en Argentina coincidieron con un bajonazo del jugador sobre el césped. Sin embargo, ha espabilado desde su mirada desafiante de Xátiva; las críticas de la opinión pública a veces sirven de revitalizante para jugadores que viven al margen del bien y del mal. No es el caso de Sergio Ramos, aunque anoche patinara en Valencia diciendo que las críticas “le entran por un oído y le salen por otro”.

Ramos ha recibido mil y un tantarantanes de la prensa; a bote pronto, uno de los más agresivos fue cuando Thierry Henry le bailó de todas las maneras posibles en aquel Madrid 2 – Barça 6. Pero siempre se ha repuesto con eso que tanto valora el Bernabéu: huevos. Igual de cierto es eso que sus despistes monumentales desde la pasada Copa Confederaciones. Ramos no es el defensa que terminó llorando por todo el madridismo la noche del Dortmund; ahora se le nota vulnerable, sin ideas claras sacando balón y ‘enmarronando’ a sus compañeros con alguna que otra locura. Pero si de algo presume el sevillano es de sinceridad, y si alega que mejorará, no es difícil creerle. Quien no lo haga, es que le guarda cierto rencor ‘mourinhista’.

Con todo, Sergio Ramos en mal o peor momento y Xabi Alonso en estado de gracia no impiden que el Madrid pase las de Caín por todos los campos de España. Sucedió en Granada, Elche, Villarreal, Pamplona y las dos visitas a Valencia. Un argumento peregrino que sólo usan los madridistas es que estos rivales salen a matar en esa especie de visita de Bienvenido, Mister Marshall; otro menos pasional es que Ancelotti aún no se ha decidido por el fútbol control o el contraataque letal, y esa nebulosa embota su cabeza, Porque ésa es una realidad muy comentada: suma puntos pero no deja una sensación de poderío, es decir, de golear casi a cualquiera cuando le dé la gana. Y sin esa fiabilidad, el Madrid puede estamparse más veces que Barça…y Atlético. Sorprendente, pero cierto.

El martirio de los médicos merengues

Domingo, 13 Octubre 2013

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Agosto de 2002. A dos días del cierre de mercado, el Madrid trabajaba a contrarreloj para fichar a Ronaldo. El presidente, Florentino Pérez, le había perseguido durante todo el verano, obsesionado con proseguir su genuina idea de galácticos y nadie más. La prensa intentaba informar de cada movimiento en la gestión y la ilusión entre la afición era inversamente proporcional a la preocupación de un solo hombre que, lejos de querer torpedear el fichaje, se ciñó a su criterio médico para explicarle al presidente la cruda realidad. “Tiene la rodilla destrozada”, diagnosticó el doctor Alfonso Del Corral a Florentino. Lo sabía él, los galenos de la selección brasileña y, por supuesto, los servicios médicos del Inter de Milan, que habían sido testigos de la última operación del ‘Fenómeno’. Su rodilla casi biónica no pintaba bien para Del Corral, pero la decisión, costase lo que costase, estaba tomada: Ronaldo sí o sí. Era el fichaje. Firmó por el Madrid en el último suspiro y pidió un mes para su puesta a punto. Cada día que pasaba en la piscina o en el gimnasio era un martirio para Del Corral, consciente de que una recaída de su rodilla pondría su trabajo en el ojo del huracán. Por suerte, Ronaldo se entrenó con disciplina espartana y su maldita rodilla aguantó los galopes de toda esa manada de búfalos, tal como le describió Jorge Valdano.

Una temporada después y prevenido por lo que podría haber sido una negligencia médica con Ronaldo, Del Corral fue más tajante con el fichaje que quería acometer el club: el central Gabi Milito. El argentino apuntaba alto y Valdano, entonces director general, fue quien recomendó traerlo. Pero el reconocimiento no dejó ninguna duda para los médicos: “Milito no puede fichar por el Real Madrid porque esa rodilla no va a aguantar tres partidos por semana”. Valdano, cariacontecido por la opinión de los expertos, declinó ficharle. El Madrid no se la quería jugar y las consecuencias fueron desastrosas: sin Hierro en el equipo, Helguera y Pavón se las apañaron para dirigir la defensa en Liga, Champions y Copa. Ellos, más un Raúl bravo improvisado y un jovencísimo Rubén González que sufrió los peores quince minutos de su vida en Sevilla. El desastre de los centrales durante el año del galacticidio de Queiroz forzó al Madrid a remover rápido el mercado; el elegido fue el inglés Jonathan Woodgate, a quien el Newcastle no puso ningún impedimento para salir de Las Islas. Los ingleses sabían que Woody tenía fecha de caducidad o, por lo menos, no colmaría las exigencias de un club de Premier con partidos de liga, Copa y Carling Cup. Los médicos del Madrid también supieron que la rotura fibrilar de Woodgate se curaría pronto; evidentemente, jamás imaginaron una recaída tan lastimosa. Woody fichó lesionado y así continuó un año entero. Su muslo izquierdo dio demasiados problemas para un central de veinte millones de euros.

Nuri Sahin es otro caso espectacular de negligencia médica. Se lesionó con el Borussia Dortmund en la primavera de 2011 y fichó por el Madrid en mayo de ese mismo año. Los informes de los médicos alemanes sobre su rodilla derecha eran halagüeños: Sahin no tendría problema alguno para exportar su inmenso talento a la Liga española. Sin embargo, la fatalidad volvió a cebarse con los merengues: en su segundo entrenamiento de pretemporada se hizo un esguince en la rodilla buena y ahí acabó su aventura en España; porque el esguince recayó en rotura parcial de ligamento y Mourinho no auguró ninguna esperanza en recuperar a quien había sido elegido mejor futbolista de la Bundesliga.

El ‘Pipita’ Higuaín jugó con lumbalgia los primeros meses de la era Mourinho, hasta que aguantó lo imposible en un Madrid-Athletic. Los dolores de espalda le impidieron jugar el fatídico 5-0 del Camp Nou y su imagen andando por el aeropuerto de El Prat presagiaba que estaría KO un puñado de meses. Los médicos le diagnosticaron hernia de disco lumbar y recomendaron un tratamiento conservador, como en el 90% de estos casos; tan sólo se opera en casos de extrema urgencia. El delantero blanco quiso evitar el quirófano, con la autorización de los servicios médicos, pero al final hincó la rodilla y fue operado en Estados Unidos. Naturalmente, el cabreo de Mourinho fue monumental porque consideró que Higuaín había perdido un tiempo precioso de recuperación.

El viejo John Benjamin Toshack comentó en COPE hace unos meses que el fichaje de Gareth Bale tenía “ciertos inconvenientes”. El galés había sufrido dos lesiones muy importantes en el Tottenham: una en los ligamentos del tobillo derecho que le mantuvo fuera de juego más de medio año y, meses más tarde, un desgarro en la rodilla izquierda. “Los clavos en el tobillo debieron dolerle mucho tiempo”, dijo Toshack. Pero parecía agua pasada, a tenor de las extraordinarias tres temporadas que le han colocado en el estrellato. Gracias al diario MARCA, este fin de semana los servicios médicos del club han tenido que confesar que el fichaje de los 91 o 100 millones, según la versión del comprador o vendedor, sufre una “protrusión discal”, pero nunca una hernia. Es decir, que podría o no sufrir una hernia discal, aunque así jugó en Inglaterra. Médicamente y como ha dicho Del Corral en Tiempo de Juego, no es alarmante; el problema es que Bale ha costado una millonada y si la “protrusión” la sufriese Illarramendi, apenas ocuparía un breve en la página doce de los periódicos deportivos. Por eso, el club, temeroso de que esa supuesta hernia inunde los informativos, se apresuró el sábado a sacar a la palestra a su jefe médico, Carlos Díez, para calmar al público. Maniobra hábil pero chirriante, porque el Madrid nunca ha dejado hablar a sus doctores. La incertidumbre deportiva del equipo y el ansia por acoplar al galés en el once titular desde luego que no ayudan. Pero pensar que Bale es un juguete roto por una contractura de la que se está recuperando huele a sensacionalismo. Demasiado.

Valdano, pegar con guante de seda

Mircoles, 9 Octubre 2013

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Siempre es un placer escucharle porque pega con guante de seda, y, aunque ha tragado quina en los últimos tiempos de poder omnímodo en la Casa Blanca, nunca lanza misiles tomahawks. Prefiere una retórica bien adornada para defenderse. Jorge Valdano habló anoche en El partido de las 12 de su nuevo libro ‘Los once poderes del líder’ y, claro, sin buscarlo el morbo estaba servido: ¿reunía Mourinho esas virtudes? “Él no es ejemplo de este libro porque su liderato consiste en acumular poder”. Pero al público le gustan los hechos y, quizá porque se ha diluido con el tiempo, Valdano confesó que el clímax de su desencuentro fue la bronca que el ex director general echó a Pepe en el vestuario del Bernabeu después de que el portugués hubiese menospreciado a Soldado durante un Madrid-Valencia. Entonces, Pepe se lo chivó a su entrenador y Mourinho estalló de ira vetando a Valdano incluso del centro de entrenamiento de Valdebebas. Su calidad maestra de portavoz, tan aliviante para el presidente desde que entró en este mundillo allá por el año 2000, chocó de frente con las estrategias de comunicación que Mourinho pergeñaba y con las que trataba de persuadir a su plantilla. Aquella frase demoledora diciendo en Almería que “Mourinho tenía un delantero en el banquillo llamado Benzema” le sentenció para siempre.

Paradojas de la vida, el mismo que justificó el despido de Del Bosque animando a un “cambio de estilo de libro”, es hoy un defensor más en la trinchera del seleccionador nacional. Iker Casillas ha motivado una guerra entre yihadistas y ‘antiyihadistas’ en la que Valdano expone sus colores sin tapujos: “Si Casillas cometió un error, sería fuera de la cancha. Dentro no lo hubo”. Y el Madrid siempre ha sido una bomba de relojería en la que guardar secretos es un reto imposible; al fin y al cabo, para la audiencia española el morbo no es que el Madrid gane o esté en crisis, sino los trapos sucios del vestuario. “No me pareció digna la acusación a Iker”, dijo Valdano. Nadie del club, ni siquiera Mourinho, señaló al portero en público, pero, por supuesto, el argentino se sabe todos los secretos de alcoba desde el despacho presidencial hasta los trasteros de Valdebebas. Obligado por protocolo periodístico a contestar del pasado, Valdano tenía más ganas de hablar del incierto Madrid de ahora. Lejos de sus intensos circunloquios, explicó en un puñado de palabras el problema de Ancelotti: “Está buscando y se le nota mucho, En cada partido hace un cambio táctico sustancial”. La solución, blanca y en botella: su “oráculo” Xabi Alonso. Es el centro neurálgico del equipo y la afición le estima demasiado, sobre todo en un momento en el que Khedira ni defiende ni ataca e Illarramendi busca su sitio metafísico en el campo.

Mirando con perspectiva los achaques del Madrid, Valdano sabe vender sus palabras como nadie, sobre todo, cuando recurre a sus nociones de marketing: “La frase de ‘Zidanes y Pavones’ todavía no ha sido sustituida”. Y es verdad. De traer a los cuatro galácticos, se maquilló la llamada ‘clase media’ con gente incompetente como Pablo García, Gravesen o Diogo. Urge un nuevo eslogan, algo así como ‘Cartera y Cantera’ o ‘Cristiano y diez más’, uno que defina con precisión el leit motiv del club. Valdano es de esos entrenadores que aprecia el tiempo para macerar ideas, algo imposible de introducir en el club más impaciente del mundo. Por eso, fuera de antena, revela que le gusta mucho un técnico muy de moda, Jürgen Klopp. Pero no por haber inventado un equipo con pocos millones, sino por su concepto existencialista del fútbol. Diego Torres cuenta en su último libro que Klopp, durante el último parón invernal de la Bundesliga, se llevó al Dortmund a España y allí, en una conversación relajada, dijo que le encantaba el Borussia porque su trabajo duraría unos cuantos años, los suficientes para contar en la primera plantilla con chavales que ahora tienen trece o catorce años. Sin embargo, en Dortmund, al contrario que en el Madrid, no ganar no es fracasar. Uno de los grandes motivos de la grandeza blanca: esa exigencia asfixiante.

Por último, Özil. Valdano entendió su salida: “Ancelotti debió aceptar, o elegir entre Bale y Özil”. Lo compara con el fichaje de Cristiano en 2009, “nos pasó lo mismo con él y Robben”. La leve diferencia es que CR7 va camino de ser el jugador más importante de la historia merengue, con permiso de Di Stefano, y Robben estremecía a la grada con su rodilla de cristal. Quizá Valdano no atinara con la comparación. No obstante, se agradece su plática de vez en cuando.

Inversiones Florentino Pérez S.A.

Lunes, 9 Septiembre 2013

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“Me van a quitar un peso de encima muy grande, porque afortunadamente, van a pagar más dinero por Cristiano que por mí. El Real Madrid está dispuesto a pagar más dinero que lo que pagaron por mí”. Fue la primera vez que Zinedine Zidane descubría la angustia que le había martirizado desde que hizo un garabato en forma de ‘sí’ en una servilleta a la famosa pregunta de Florentino Pérez. El Madrid, convertido entonces en una multinacional con aspiraciones tan hegemónicas como ACS, exhibió su músculo financiero por segundo verano consecutivo; 73 millones y medio golpearon a un mercado todavía asombrado por los 60 ‘kilos’ que costó el transfuguismo de Luis Figo. Y en esa cruzada contra el nuevo mecenas del fútbol, el Bayern encabezó la resistance incordiando a la UEFA cada vez que el Madrid removía los cimientos del fútbol europeo. “El fichaje de Zidane es un insulto”, dijo un enrabietado Ottmar Hitzfeld, que ya había vivido varias peleas entre Bayern y Real desde el banquillo muniqués. Florentino no tardó en recoger el guante: “Zidane, aparte de una figura mundial, es una inversión”. La Champions con Zizou era el objetivo a corto plazo, amortizar la morterada de su fichaje una obligación para sentar la base de un nuevo modelo de negocio.

El Madrid siempre ha buscado la excelencia financiera. Viene de lejos. En concreto, de 1935, cuando un interior izquierdo muy habilidoso del Betis asombró tanto en Chamartín, que el Real Madrid no dudó en pagar la cifra récórd de 50.000 pesetas. El Betis había logrado su única liga de la historia gracias a las asistencias del vasco Simón Lecue, y fue entonces, cuando los blancos decidieron tirar de chequera. En aquella época el sueldo medio de un futbolista era de mil pesetas mensuales; desde el verano de 1935, el Madrid fue mirado con recelo y en Sevilla apodaron a Lecue ‘el niño de oro’ por el altísimo coste del traspaso. Tuvieron que pasar casi seis décadas para que el club merengue volviera a colocarse en el epicentro de los derroches. “Noté que flotaba sobre la hierba”, comentó Roberto Prosinecki la tarde de su presentación en el Bernabeu. El fichaje del croata se alargó demasiado porque el Estrella Roja se mostró reticente a enviar su transfer; los yugoslavos no se fiaban de las garantías de pago de Ramón Mendoza. Al final, cedieron previo pago de mil millones redondos (de pesetas) más 300 a la Federación yugoslava. Entonces, la voz discordante no salió de Munich sino de Milan, donde a Arrigo Sacchi se le ocurrió decir que “pagar mil millones por Maradona se entiende, pero por Prosinecki…”. Casualidad o no, el Milan también quiso fichar al centrocampista del Estrella Roja, así que las declaraciones dejaron cierto poso de resquemor.

El propio Bayern no tardó en volver a la carga contra el imperialismo financiero de Florentino. Las presentaciones cósmicas de Cristiano Ronaldo y Kaká cabrearon al presidente del Bayern, Rummenigge, hasta el punto que éste llamó al máximo mandatario de la UEFA, Michel Platini, para decirle que las maniobras del Madrid eran un “absurdo” y le pidió escrupulosamente el ansiado juego limpio financiero. A Florentino le molestó que el entonces entrenador del Bayern, Hitzfeld, rajara otra vez contra su club: “Ese tipo de inversiones deberían pagarse con lo que se tiene. Pero es muy cuestionable si el club está endeudado. El Real Madrid se está endeudando cada vez más y eso es algo que me parece poco serio”, despotricó en un diario bávaro. A medida que FP cumplía años de su mandato, el club subía como la espuma en el ranking de Forbes de los clubes más adinerados. “Cada fichaje que traemos es una inversión”, insistía siempre Florentino. Afortunadamente, las declaraciones no coincidieron en el tiempo con tíos menos galácticos como Gravesen, Diogo, Pablo García, etc.

“Kaká es un activo amortizado”, justificó el año pasado Florentino ante la inquisición popular que se avecinaba contra el brasileño. Ayer, Zidane discutió el precio de Gareth Bale, algo que no habrá gustado al presidente y que, por supuesto, no coincidirá en la estrategia de explotación comercial del crack galés. Pero, al menos, resulta sensato que sea el propio astro francés quien sospechara de su PVP y ahora del de Bale. Aunque da lo mismo: juegue bien o mal, el Madrid puede gastarse 91 o 100 millones (según lo cuente el Madrid o Daniel Levy). La inversión siempre está calculada.

El ‘trabajo sucio’ de Khedira

Jueves, 5 Septiembre 2013

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“No conozco a nadie mejor que Khedira en su posición”. La declaración de intenciones de José Mourinho chirrió demasiado en España pero no en Alemania, donde criticar a Sami es casi blasfemia. Durante la última Eurocopa, el seleccionador alemán, Joachim Löw, se extrañó por la consideración tosca que nuestro país tenía (y sigue teniendo) de un internacional imprescindible en su selección y de los más valorados por la opinión pública alemana. Löw no entendía las críticas del Bernabeu contra un jugador que “evita que el contrario te parta la columna vertebral”. Sin duda, en Polonia y Ucrania el centrocampista madridista sorprendió a la afición española desinhibiéndose de sus funciones primarias; era obvio que si Mou quería la mejor versión de él, debió aflojarle el corsé que le ha mantenido a espaldas de Xabi Alonso. Con su país, se anima mucho en el área contraria y hasta se atreve con remates de puro ‘nueve’, como su golazo contra Grecia en los cuartos de la Eurocopa. El problema para Khedira es que la afición merengue sólo ha amado a un trotón, Makelele (y porque actuaba de fiel escudero de un genio llamado Zinedine Zidane), y se hartó de copias tan baratas como Pablo García o el histriónico Gravesen.

“No imagino a este equipo sin Khedira porque representa al fútbol alemán: potencia y actitud”, ha dicho en repetidas ocasiones el legendario Oliver Bierhoff, manager deportivo de la Mannschaft. Parece que Florentino Pérez ha tomado nota de todas estas cartas de recomendación para decir ‘no’ a una oferta más que mareante, unos 50 millones de euros, del Manchester United. Primero fue Mourinho quien se partió la cara por el alemán, “Khedira es jugador top”, y en este principio de temporada Ancelotti se ha dado cuenta que es imprescindible para mantener erguida la columna vertebral del equipo.  Cualquier equipo se precia de tener ‘desatascadores’, jugadores que se pringuen las manos con el trabajo sucio, y en eso Sami es de los mejores. Extraña que el propio Mourinho no le haya pedido para el Chelsea; más si cabe, porque siempre ha sido uno de sus favoritos. No en vano, en la pasada Eurocopa el técnico portugués juró amor eterno a Khedira después del debut alemán contra Portugal. Mesut Özil fue nombrado jugador del partido con una actuación discutible y, cuando Khedira atendía a los medios de su país, Mourinho, que presenció en el palco el partido, pasó por detrás de su jugador, le dio una palmada en la espalda y le preguntó: “¿A quién le han dado el man of the match?”; “A Mesut”, respondió Khedira. Entonces, el portugués, en uno de sus arrebatos geniales e inesperados, le espetó: “Mal hecho, tú has sido el hombre del partido”.

La respuesta que recibió esta semana el United fue muy contundente: “Khedira es imprescindible”, dijeron en la planta noble del Bernabeu. Parece que el club aprendió de aquel craso error de Makelele. Entonces, el francés era un engranaje sin recambio de la plantilla galáctica y, consciente de ello, llamó al despacho de Florentino para pedir su merecido aumento. Lástima que el presidente le considerase uno más de la clase media, porque de haber intuido las nefastas consecuencias del galacticidio, le habría sugerido un cheque en blanco. Khedira quizá no se codee con el estatus que tuvo Makelele, pero ha pasado la prueba del algodón para continuar en el Madrid unos cuantos años más. Aunque a la prensa alemana sí le ha sorprendido que Florentino no le haya canjeado por cincuenta millones. Pasará bastante tiempo hasta que en el mundo del fútbol surja otra oferta tan redonda por un futbolista entre bambalinas. No obstante, es importante que en este mundillo de estrellas y cada vez más vedettes el trabajo sucio se pague bien.

Kaká y el síndrome del regate

Lunes, 2 Septiembre 2013

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“El Madrid ya tiene a su cerebro para los próximos cinco años”. No fue el sueño de una noche de verano, sino el convencimiento de un directivo del club, cuya reflexión en el día que Kaká disfrutó de una presentación interplanetaria era unánime en la planta noble del Bernabeu. Florentino había trazado su hoja de ruta: Cristiano acapararía el star system y Kaká sería el chip prodigiosos de un equipo construido para empezar una dinastía, aparte de vender camisetas y enriquecer al club con patrocinios a diestro y siniestro. El brasileño también había nacido para jugar en el Real Madrid, sólo que su mente nunca entendió qué demonios significaba el dichoso latiguillo de ‘postureo’ del presidente. Y como les sucede a todos esos monstruos que llegan a un club y les cuesta coger el tranquillo, el caso de Kaká requería paciencia….para marcar goles, darlos, inventar cabalgadas como la que asombró a Old Trafford y, en definitiva, poner patas arriba al Bernabeu. Las primeras alarmas se encendieron a los pocos partidos, cuando los resúmenes de televisión todavía no habían captado las mejores jugadas del Balón de Oro, exceptuando un golazo fuera del área al Atlético en un derbi del Calderón.

Salvando las distancias, que a la postre nunca existieron, Kaká sufrió el mismo ‘síndrome del regate’ que padeció Steve Mcmanaman. El extremo del Liverpool llegó gratis al Madrid con un buen saco de vídeos en el zurrón sobre sus espectaculares correcalles por la banda; uno, dos, tres y hasta cuatro peones era capaz de esquivar Macca en Anfield. Eso gustó tanto a Lorenzo Sanz, que no dudó en ponerle un sueldo estratosférico de 800 millones de pesetas limpios para hacer olvidar a Míchel, el último gran extremo natural de Chamartín. Pero Mcmanaman empezó a ver fantasmas en su debut en casa: el rival, el recién ascendido Numancia, regates y subidas totales por la banda: cero. Empezó a sonar el runrún de que el inglés no era el mismo, de que se la había olvidado regatear. Quizá ese miedo escénico que describió Valdano tenga carácter retroactivo para ciertos jugadores del Madrid y Kaká, por asombro que parezca, también se ha contagiado. Su caso es para estudiarlo desde el diván de un psicólogo: las piernas del brasileño no recibían la orden de la cabeza. El diagnóstico cada vez era más evidente: falta de autoestima y pocas ganas de creer en sí mismo. En cuatro años resulta incomprensible que, dicho simplonamente, a un Balón de Oro se le haya olvidado jugar el fútbol.

Los 67 millones de su fichaje respetaron su caché entre la prensa y la afición durante los primeros años. Pellegrini le puso de titular porque, sencillamente, habría sido una blasfemia tirar por el váter todo ese montón de dinero. Los técnicos se escudaron en una paciencia estoica para esperar el renacimiento de ese Kaká cuya salida provocó el desconsuelo de miles de plañideras milanistas desconsoladas. Pero fue Mourinho quien se postuló como el mesías salvador del jugador; anunció que le recuperaría hasta que se dio cuenta que era una causa pérdida. Kaká había perdido su magia por ciencia infusa y la mofa de mayor pufo casi de la historia tenía ya un eco imparable. El club se resignó a malvenderlo, pero el pequeño gran inconveniente es que ningún equipo del mundo podía pagarle la morterada anual de diez kilos. Además, la maldición de Kaká provocó una reacción en cadena que ha implicado a su otro gran fichaje contemporáneo, Cristiano. El portugués pidió hace un año un aumento salarial; su excusa era justa porque cómo era posible que ambos cobraran aproximadamente lo mismo y sus méritos estuvieran a una distancia de miles de galaxias. Sin embargo, faltaba la explicación más buscada, la de el máximo responsable. “Kaká nos ha hecho ganar mucho dinero, es un activo amortizado”, dijo Florentino Pérez a principios de la pasada temporada. Era lógico que el único subterfugio del presidente fuese el empresarial, por algo el Madrid es una multinacional. Camisetas, todas las mundo; actos publicitarios, una lista interminable. Sólo falló el fútbol, un detalle que a veces no importa demasiado en este Madrid. Ayer el Milan no pagó ni un céntimo por él, así que la lectura lógica es que el Milan, ansioso por seguir ese modelo de glorias olvidadas, le debe un favor al Madrid…o un marrón.

Libreto de renglones torcidos

Lunes, 19 Agosto 2013

Carlos Queiroz pidió paciencia para imponer su “librillo” después del debut liguero del Madrid galáctico. Entonces, el Bernabeu se puso hasta los topes para jalear a una constelación de estrellas conjuntada para pegarse una orgía tras otra. Ésa era la intención de Florentino Pérez desde el día que cambió el modelo “anticuado” de Del Bosque y con esa ilusión acudió la gente en masa al estadio. La presa se antojaba sencilla, pues al Betis le había tocado el marrón de ser el primero que “visitaba al dentista”, descripción patentada por Caparrós desde ayer para explicar el suplicio de su Levante en el Camp Nou. Pero lejos de pegarse un festín goleador, los Zidane, Ronaldo, Figo y Beckham ganaron sin colmar las monstruosas expectativas que había creado el proyecto faraónico del presidente; demasiado toque personal y un caos táctico provocado por el ansia de cada uno de agradar por su cuenta. Y en el fondo o, mejor dicho, desde el lateral, un entrenador portugués aflojándose la corbata cada vez que a la grada se le escapaba un silbido.

Carlo Ancelotti también ha escuchado por primera vez el plebiscito de su nueva afición; su libreto necesita tiempo, pero el estreno ha quedado escrito con renglones torcidos. El italiano tenía una gran duda táctica: ¿muro de contención o rombo de creación? Quizá la primera opción habría sido demasiado mezquina en la noche de la ilusión, sobre todo, después de la goleada del Barça y de los magníficos indicios de la gira americana. Pero Carletto fue atrevido y apostó por Khedira como el Sansón que debía aguantar las columnas del equipo. Sin embargo, todo salió al revés desde el principio, razón: Pepe Mel. Para explicar su descaro, basta un tweet de mi colega José Luis Poblador: “Pepe Mel ha salido a ganar al Bernabeu, no a aplaudir al rival. Entrenador que sabe hasta el color de gayumbos de Ancelotti”. Tal cual actuó el entrenador verdiblanco, rompiendo el esqueleto del Madrid vértebra a vértebra, pero es una pena que en esta liga feudal el esfuerzo sobrehumano del vasallo no sea suficiente para eclipsar al señor. El caso es que el Betis partió en dos al Madrid e hizo trizas el centro de la zaga; el ejemplo más flagrante fue el 0-1, fruto de una carrera del escurridizo Cedric que parecía Usain Bolt delante de un Justin Gatlin interpretado por Sergio Ramos. Las conclusiones salen a bote pronto porque el nuevo proyecto necesita ajustar las piezas, en concreto la del centro del campo donde Xabi Alonso se intuye como primer jefe de máquinas. No obstante, Ancelotti arriesgó demasiado: el equipo ganó pero bien pudo perder, a lo mejor un cambio de pizarra con dos distribuidores por delante de la defensa habría amortiguado al Betis.

De lo que no debe preocuparse el italiano es de esa inercia que nunca traiciona a ningún entrenador blanco: la terrible pegada. Da igual que lo haga bien o rematadamente mal como ayer: el Madrid siempre marca, es una máxima tan evidente como que al fútbol juegan once contra once. Porque si a las primeras de cambio Isco marca su único gol de cabeza de toda su carrera, significa que en este equipo hasta es posible que marque Diego Lopez desde su portería. Diego o Iker, quién sabe. Ancelotti ha tomado su primera decisión táctica y chirriaría descaradamente que pusiera al capitán en el próximo partido; a los porteros hay que darles minutos hasta que canten. Diego llevaba más tiempo entrenando durante el verano, es la razón más lógica. Pero el asunto de la portería no deja ser un debate etéreo a estas alturas; importa la misión con la que Ancelotti se presentó en sociedad: “ganar con espectacularidad”. Hasta que lo alcance, siempre habrá alguien que se lo repita hasta la saciedad, porque ganar en esta Liga es algo mecánico, sacar la magia es de obligado cumplimiento.

Mourinho: herencia clara, herencia oscura

Lunes, 5 Agosto 2013

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El ex gurú de Ferrari, Ross Brawn, reveló una vez el secreto del éxito de Schumacher después de que éste conquistara su quinto mundial de Fórmula Uno con el Cavallino Rampante. “Michael cambió para siempre los hábitos de trabajo: quitó la hora del bocata de los mecánicos para trabajar y trabajar en el coche”. José Mourinho nunca pasará de moda en el madridismo, al menos, para parte de la gran masa, y, desde luego, su permanente y a veces impertinente presencia recuerda que él también devolvió el colmillo a un Madrid yermo de títulos y acribillado por eliminaciones facilonas en la Champions. Durante su tournée por radios y televisiones, Florentino se encargó de vender la salida amistosa del portugués: “hemos dado un salto cualitativo”, repetía con razón el presidente delante de los periodistas. Era su manera de sugerir al madridismo un recuerdo bonito del portugués y, en el fondo, justificar sus tres años de absentismo presidencial; una ausencia que obedecía al control absoluto de Mou. Aún así, el equipo encontró un método, más o menos espectacular, pero con una idea fija de matar al rival en un pim, pam, pum; y aún así, los jugadores se pusieron las pilas para no defraudarle o, a lo mejor, evitar meterse en el epicentro de su ciclón mediático.

Mourinho juró el pasado 04 de mayo que nunca hablaría mal del Madrid. “Siempre he salido bien de los clubes. La misma salida del Chelsea, que pareció controvertida, no lo fue. De todos los clubes donde he salido no existen registros de palabras negativas y críticas. Lo contrario. El día que me vaya de aquí no va a ser diferente”, espetó el portugués cuando el club ya sabía desde navidades que no iba a continuar. Y es verdad que el técnico no ha criticado al Madrid en la gira estadounidense cuando se ha referido a la entidad; “el Madrid es política”, dijo a la ESPN. Puede sonar kamikaze, pero pocos personajes que han pasado por el club han dado esa definición tan contudente. La pena es que el periodista no quiso (o no supo) ser mordaz y repreguntarle qué insinuaba su entrevistado. Da igual, con esas cuatro palabras Mourinho sí ha comprendido qué es el madridismo. Sin embargo, sin atizarlo explícitamente,  Mou ha atacado al Madrid por una lectura simplona pero certera para mucho aficionado: meterse con Cristiano es meterse con el Madrid.

Para entenderlo, Alfredo Relaño atinó con precisión en su editorial del diario AS de ayer, domingo: “Cristiano es el mejor jugador que ha pasado por el Madrid desde Di Stefano”. Es demasiado subjetivo, pero algunos lo creemos. Y todavía más carnaza contra ese “yo entrené al verdadero Ronaldo”: su resquemor traiciona la imagen de su ex presidente y todavía amigo Florentino. En aquel porrón de entrevistas, FP no se cansó de repetir que sólo contempla el futuro con Cristiano como líder de su proyecto. ¿Qué habrá pensado el presidente sobre esta última lindeza? Quizás que “una más y punto”, tal como se le escapó delante de varios periodistas en la presentación de la pasada final de Copa, cuando Mourinho se negó a comparecer en la rueda de prensa oficial de la previa. Habría sido ingenuo intuir que el affaire con CR7 iba a quedar liquidado en el Madrid. A Mou le faltaba la puntilla, de lo contrario, habría engañado a su personaje mediático. Y la respuesta de refranero que se la ha ocurrido al jugador obedece a que no quiere enturbiar más el asunto. Ambos pertenecen al universo de Jorge Mendes y una guerra de trincheras no sería buena para el negocio del superagente.

“Mourinho es como Eto’o; suele tener razón aunque a la gente le moleste”. Schuster, otro ínclito miembro del club de rajadas por antonomasia, no se equivocó en la comparación, pero atacar a Cristiano ha sido un golpe bajo. La pena es que parte del nuevo madridismo ‘yihadista’ aplaude sus palabras; por algo, es el muñeco favorito para ser despedazado por la prensa. Algunos tuiteros se preguntan qué periodismo inventaremos sin el portugués. Ninguno, porque nunca se ha ido. Y no sólo eso, sino que unos irónicamente y otros porque lo creen de verdad (juzgad vosotros) se rinden al primer entrenador de la historia de este club político al cien por cien que ha conseguido fracturar a la masa social y poner a su portero talismán de incompetente y soplón para arriba. Sí, el mismo portero que se deja la vida por el Madrid y que (es mi opinión) ha sido el mejor jugador de la plantilla durante cinco, seis, siete o vete a saber cuántos años seguidos. Ésa es la herencia oscura.