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Bale cuesta un “ojo de la cara”

Domingo, 12 Junio 2016

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Este tío va a ganar un puñado de Balones de Oro”. A John Benjamin Toshack le sobró medio partido para anunciar al mundo su creación. La prensa galesa que cubría a la selección nacional ya estaba curada de espanto de la socarronería y fanfarronería de J.B. Demasiado circo en unas ruedas de prensa que, al menos, anestesiaban los cabreos de las plumas más afiladas. Gales siempre había sido un sparring ‘facilote’ y no había razones para intuir lo contrario, ¿o sí? Los británicos acababan de ganar a Trinidad y Tobago por un pírrico dos a uno en el antiguo estadio Arnold Schwarzenegger de Graz (Austria), y a tenor del bodrio y la aburrida interpretación que pudiese hacer Toshack delante de las cámaras, un periodista le preguntó por el debut de ese lateral izquierdo de 17 años del Southampton que prometía como tantos otros. Su respuesta alivió las soporíferas crónicas, más si cabe, cuando el propio seleccionador advirtió que no se trataba de otra vacilada más. El ex entrenador del Madrid profetizó que algún día el chaval costaría a pretty penny; es decir, un ojo de la cara. Fue entonces cuando algunos reporteros se dieron cuenta que quien hablaba era el ‘viejo John’, el bromista que tenía ocurrencias para todo. La siguiente pregunta vino a colación de la primera: “¿Cree que un defensa como Gareth Bale podría valer tanto?”. La respuesta no la habría acertado ni una médium: “¿Quién dice que va a acabar como defensa?”.

Zidane nunca quiso hacer pruebas de laboratorio con el galés: le intentó acorralar en la izquierda para que armara sus tomahawks de manera natural, donde el disparo puede coger más ángulo endiablado. La obsesión de Florentino Pérez por que su fichaje de 91 millones (reconocidos por Football Leaks), deje de arrastrar su P.V.P con grilletes puede acabar en la Eurocopa. Por de pronto, dejó su marca ante Eslovaquia. Bale puede soltar un zurriagazo en estático (el balón al palo de Vallecas), en contraataque y, sin campos minados, revienta cualquier candado. Y, además, su salto de manual le deja como un gran cabeceador, marcando los tres tiempos como lo hacía Morientes. Quizá Guardiola se refería a Bale cuando dijo que el Madrid era un “grupo de atletas”; desde luego, ningún velocista del Bayern supo pararle en aquel escandaloso 0-4 de Munich. El mejor Bale todavía es un enigma porque sus músculos se tensan y destensan como un chicle; siempre al filo de la lesión, necesita las condiciones perfectas de Usain Bolt para romper la barrera del sonido.

Cristiano suele comentar en público que Benzema es su socio preferido y no se esfuerza en tirarle flores. Bale aún se siente en el Madrid un ente extraño que, como dice su representante Jonathan Barnett, “él se fabrica las jugadas y él las ejecuta”.Y como las grandes estrellas, necesita sus ratos de ego, ahora con su selección, para reivindicarse como una estrella que merece posar en la alfombra roja de Hollywood. Ayer contra Eslovaquia jugó de media punta, donde a él le gusta, aunque su talento de correcaminos luzca más en las autopistas de las bandas. Bale busca inmortalizarse en un póster como Zidane con su volea; al fin y al cabo, su esprint en la cara de Bartra en la Copa de Mestalla no tuvo las proporciones bíblicas del cabezazo de Sergio Ramos en Lisboa. Quizá Saint-Denis espere al hombre de las finales.

Entre Del Bosque y Queiroz

Domingo, 8 Marzo 2015

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La mano blanda de Del Bosque y el galacticidio de Carlos Queiroz se cruzan como misiles en las tertulias periodísticas de estos días. Ambas teorías agitadas en una coctelera explican el declive de un Real Madrid obligado a resetearse, a empezar de cero en juego y actitud o, dicho con un eufemismo, intensidad. “Si Fabio Capello no hubiese sido tan tozudo con su estilo, habría sido el entrenador perfecto”, lo dice un directivo de la planta noble del Bernabéu que no coincidió con el entrenador italiano. El caos táctico tiene un responsable y los periodistas, expertos en el arte del tremendismo, ya estamos haciéndole vudú a Ancelotti. También Del Bosque tuvo la cabeza debajo de la guillotina en dos ocasiones, y acabó compensando sendos desastres ligueros con la ‘octava’ y la ‘novena’. En la primera Champions le salvó una actuación antológica en Old Trafford, y en la segunda, la volea de Zidane estaba predestinada. O eso creyeron en el club hasta que admitieron que las órdenes del salmantino en el vestuario se resumían en ’salgan y hagan lo que saben’. El Barça-Madrid decidirá si Ancelotti tiene que salvar la temporada con la competición fetiche de los blancos.

La otra teoría tan manoseada desde hace semanas evoca al “monstruo” que acabó devorando a Florentino Pérez. De infausto recuerdo, el equipo más ‘hollywoodiense’ de la historia del fútbol hizo enloquecer al madridismo tanto como los Backstreet Boys a las quinceañeras de todo el mundo. El problema de aquel Madrid de Queiroz es que era un Apollo Creed que boxeaba con estilo refinado pero le faltaba fuelle en las costillas. Zidane se lo contó a su compatriota y rival, Ludovic Giuly, en el descanso del dramático Mónaco – Real Madrid de Champions: “Estamos agotados”. El robot cuasi perfecto de Ancelotti se ha cortocircuitado: juega cansado, sin ritmo y con grilletes en los pies, y además, se ha olvidado de golear. De repente, esa pegada que ha justificado tantos y tantos partidos, ha desaparecido. Peter Pan se hizo mayor y se olvidó de volar en el país de Nunca Jamás; no sabemos cuál es la kriptonita que está debilitando al Madrid, si la falta de veneno en el aguijón o que, de verdad, tienen las piernas mustias. Quizás sea una crisis mental porque el equipo no tiene la azotea privilegiada que ha salvado a Rafa Nadal en un buen puñado de aprietos en los que le falló el físico.

Dicen los cenáculos de la capital que el presidente podría presentarse otra vez en Valdebebas esta semana. Otra charla al estilo de Santiago Bernabéu para que cada futbolista sienta el peso del escudo. Sin embargo, disipado el efecto de la primera reunión con Florentino, el vestuario necesita organizar un brainstorming (‘tormenta de ideas’ que dicen los gurús del marketing) y aclarar a qué quiere jugar. La solución comodona y desesperante en estos momentos es seguir envidando todas las cartas a la pegada. Pero San Mamés delató que es un error, diagnosticado públicamente por Ancelotti. La otra alternativa es borrar de la pizarra el garabato del 4-3-3 que se va difuminando a pasos agigantados y volver al fútbol folclórico. A Modric se le espera como el maná, será entonces cuando Carletto ponga a prueba su talento para reciclar a Gareth Bale. Él se siente delantero, aunque su equipo preferiría su zancada de velociraptor en la banda izquierda, donde pueda centrar sin escorzos. De ese modo, la fábula de la ‘BBC’ reanudaría sus emisiones en otro formato, no tan atractivo para la prensa deportiva, pero muy práctico para compararlo con los tres goleadores del Barça. Al fin y al cabo, “el problema está arriba” (Ancelotti dixit), literal…o no. 

Bale cuesta un ‘pretty penny’

Martes, 30 Julio 2013

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“Este tío va a ganar un puñado de Balones de Oro”. A John Benjamin Toshack le bastó medio partido para anunciar al mundo su creación. La prensa galesa que cubría a la selección nacional ya estaba curada de espanto de la socarronería y, a veces, fanfarronadas de Toshack, convertido desde 2004 en el manager del país. Gales acababa de ganar a Trinidad y Tobago por un pírrico dos a uno en el antiguo estadio Arnold Schwarzenegger de Graz (Austria) en un amistoso de preparación de los caribeños para el Mundial de Alemania, y a tenor del bodrio de partido y la consiguiente aburrida interpretación que pudiese hacer JB, un periodista le preguntó por el debut del joven Gareth Bale, un lateral izquierdo de 17 años del Southampton que prometía como tantos otros. Su respuesta alivió las soporíferas crónicas de los reporteros, más si cabe, cuando el propio Toshack les comentó que no se trataba de otra vacilada más. Pero el ex entrenador del Madrid quiso ser más incisivo y profetizó que algún día el chaval costaría a pretty penny, es decir, un ojo de la cara; entonces, algunos periodistas se dieron cuenta que quien hablaba era el viejo John, el bromista, el que tenía ocurrencias para todo. Sin embargo, la apuesta estaba hecha y menos mal que al seleccionador no se le ocurrió jugarse los cuartos con el corrillo de enviados especiales. Porque siete años después, sin duda Toshack les habría recordado a todos y cada uno sus palabras en el Arnold Schwarzenegger. Alguno, incluso, sospechó que JB no había pretendido tomar el pelo a nadie cuando en su segundo partido con Galés, Bale marcó su primer gol de falta.

Toshack vive ahora en Azerbaiyán, donde entrena al Khazar Lankaran, un equipo de media tabla de la liga local. Y aún ejerciendo de técnico, director deportivo y casi de presidente del club, todavía sigue esperando la llamada de alguno de esos escépticos que se rieron de su profecía sobre Gareth Bale. El presidente del Tottenham, Daniel Levy, ha entendido lo del pretty penny a la enésima potencia: si el Madrid puede pagar cien millones de euros, por qué no casi ciento cincuenta, tal como hoy publica MARCA. El jefe de los Spurs está negociando dos retos: apurar al máximo la cantidad de ceros que puede añadir Florentino al cheque y desquitarse del rencor que le produjo soltar a Luka Modric el verano pasado, en aquel serial que obligó a Levy a sucumbir al deseo del croata sin poderle recriminar su mes y medio de rebeldía con el Tottenham. Al final, Modric salió por treinta millones, mucho menos de lo que hubiesen pretendido los ingleses; por eso, Levy no quiere repetir la cagada y, más que el dinero, quiere que le consideren un magnate (que no mangante) al nivel de Florentino, el jeque del Paris Saint Germain o el nuevo mecenas ruso del Mónaco. Pero el Madrid nunca pagaría 145 millones, a sabiendas de que cien redondos ya vuelven a poner patas arriba la pax romana que había imperado en el mercado hasta la entrada en escena del opulento PSG.

Levy ha puesto al Madrid en una encrucijada peligrosísima porque está tensando la soberbia de Florentino hasta límites imposibles. El dueño británico contempla a su oponente como al ricachón Richard Gere en Pretty Woman, en la escena en la que sugiere a Julia Roberts un precio para pasar con él una semana. La chica le asegura que no podría pagarlo y Gere responde con un altivo ‘¡prueba a intentarlo!’. La comparación con el Madrid es parecida: si Florentino tiene que pedir otro macro crédito para financiar el fichaje de Bale, por supuesto que lo hará en aras de no quedarse sin su habitual reclamo galáctico de cada año. Pero las consecuencias posteriores se intuyen devastadoras: el resto de clubes copiarán el método Levy cuando sientan cerca los tentáculos del presidente merengue: si Bale cuesta un ojo de la cara, el tope por cualquier otro que despunte en un equipo medio-alto será inimaginable. Y no todos los años va a aparecer un Nápoles al que no le importe pulirse de un plumazo la pasta gansa conseguida por Cavani.

P.D: Para que conste en acta. El viejo Toshack no sufría delirios de grandeza en su pregón por Bale. En 2006, llamó a un tal Txiki Beguiristain aconsejándole que el Barça fichase al chaval galés porque allí “cuajaría demasiado bien”. Es obvio que JB no estaba tan loco.