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Isco rebate a Iniesta

Lunes, 23 Febrero 2015

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Michael Laudrup salió ovacionado de San Mamés en la noche que Raúl agradeció a Valdano la oportunidad de su vida. El danés resolvió dos mano a mano y puso otro par de esas asistencias sin mirar a Zamorano y al entonces joven canterano. El 0-5 provocó en la grada un cabreo monumental que mutó en aplausos justo en el minuto que Laudrup fue sustituido por Juan Eduardo Esnáider. Las hostilidades históricas del Athletic fueron ignoradas por un público que reconoció la delicatessen danesa con un estruendoso aplauso. Menos imponente pero sí más impactante (de hecho dio la vuelta al mundo) fue ver cómo el Santiago Bernabéu hincaba la rodilla ante la genialidad de Ronaldinho. Él solo empequeñeció al Real Madrid como un gigante entre liliputienses, y aquel socio con bigote canoso y su hijo no tuvieron ningún reparo en aplaudir de pie al astro brasileño. Andrés Iniesta también recibió interminables tributos por su gol eterno en Sudáfrica y, por qué no reconocerlo,  por su plasticidad exclusiva. Si algún aficionado piensa en un jugador español parecido a Oliver y Benji, desde que luego que siempre sale Iniesta. O salía, porque le ha surgido un competidor demasiado precoz para ganarse el favor de aficiones ajenas.

La grada del Martínez Valero estaba esperando su cambio. La compilación de fintas, regates, amagos y pases versión Laudrup que dejó a modo de greatest hits se habría vendido en Elche tanto como el partido del ascenso a Primera del equipo ilicitano. Isco calentó demasiado banquillo la temporada pasada porque “su cabeza no estaba bien amueblada”, o eso dicen desde la planta noble del Bernabéu. Necesitaba macerar su talento, dejarlo campar a sus anchas sin soltarle la correa. Y parece que la tutela de Ancelotti ha funcionado. El malagueño dejó de ser banquillero de lujo la semana que Modric se rompió durante un Italia-Croacia. Pero lejos de recrear un panorama tremendista, Carletto charló con Isco y le sugirió que perdiese el miedo escénico, que se imaginara flirteando con el balón delante de varios anfiteatros como lo hacía en los arrabales de Benalmádena, su municipio natal. Isco entendió que el Bernabéu no aplaudía a los tímidos; al revés, les incordiaba con su murmullo característico. Fue entonces cuando tomó la decisión de separar el grano de la paja, de ser simple y llanamente útil, pero con arte, claro.

Fernando Hierro, asistente de Ancelotti, le ha servido de improvisado consigliere: “A veces dos regates salen mejor que tres y una bicicleta resuelve la jugada mejor que dos”. El madridista sigue siendo una esponja en plena absorción, aprobando doctorados cada domingo y cursando un máster acelerado detrás de otro. El equipo se ha tomado tan en serio su papel de niño prodigio, que apenas le importa lo que se dice en las barras de los bares: el Madrid divierte (y se divierte) con Isco sobre el tapete. Cualquier otra lectura sería mentir al aficionado. “Será el jugador más importante de España”. Palabra de su capitán, Iker Casillas, al que no le cuesta reconocer una realidad cada vez más indiscutible. Con Iniesta en horas bajas, el casting de ilusionistas lo domina el Isco que buscaba Florentino Pérez. En su ansia por comprar Balones de Oro, el presidente, aconsejado por la dirección deportiva, decidió darse un antojo: un talento español que, con la presión adecuada, podría rebatir a sus admirados Iniesta y Xavi Hernández en algunas discusiones. Y lo está consiguiendo. 

“Nacho siempre cumple”

Viernes, 6 Febrero 2015

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“Te vamos a bautizar muy pronto”. Fue el consejo de Arsenio Iglesias a un jovencísimo García Calvo en vísperas de un crucial Real Madrid-Juventus de Champions League. El ‘Bruixo de Arteixo’ había sustituido al dúo Valdano-Cappa de manera interina en el conjunto blanco y decidió apostar por la fábrica de la antigua Ciudad Deportiva de La Castellana. Mucha pasión y nula experiencia para atar en corto a Alessandro Del Piero, la gran figura de la vecchia signora, y a su colega de diabluras, el canoso Fabrizio Ravanelli. “Nunca olvidaré el discurso de Hierro en el túnel de vestuarios: que no le diera la espalda a Del Piero, que asegurara el pase corto, que si pasaba apuros me deshiciese del balón con un patadón…”. Consejos de un veterano de guerra que el canterano asimiló mientras el Bernabéu tronaba desde las gradas. Y lo cierto que es García Calvo no desentonó ni un ápice: la Juve apenas chutó a Buyo y los blancos se marcaron el mejor partido de una temporada catastrófica. ‘Sanchís ha encontrado  digno heredero por mucho tiempo’, publicó el diario AS al día siguiente en el análisis personalizado de cada jugador. “Sabía que esas oportunidades llegaban una de mil, y si la cagaba, se acabaría mi carrera en el Madrid”. Curiosamente, el destino caprichoso mandó a García Calvo años después a la acera contraria, convirtiéndole en uno de los líderes de aquel Atlético que regresó miedoso de los ‘dos añitos en el infierno’.

A Nacho Fernández le ha llegado su hora. La afición le aplaudió hace unas semanas ante el Espanyol, cuando salió desde el banquillo para ocupar el lateral del expulsado Coentrao. Seguro con el balón y omnipresente en su banda, no sólo actúo de clásico lateral que sube la pelota hasta la medular; también entendió que su Madrid necesita carrileros con motor diesel; por eso, su atrevimiento le premió con un gol. “Es un com-pa-ñe-ro de los pies a la cabeza”, dijo Iker Casillas en una entrevista. El capitán siempre ha sentido devoción por la gente de la casa y Nacho es el último ejemplo silencioso del producto final que sale de Valdebebas. “Nacho siempre cumple”, palabra de José Mourinho. No en vano, celebró su debut en Mestalla hace casi cuatro años a la vera del portugués. Jugó de titular en la banda izquierda y recibió un golpe de Pablo Hernández. Pero lejos de amilanarse, siguió trotando magullado y sin mirar al banquillo ni siquiera de reojo por miedo a que Mou le sustituyera. Así es Nacho, tímido pero muy observador. Demasiado. Cada entrenamiento es un máster acelerado con los profesores más reputados: Pepe y Ramos le aleccionan de central, mientras Arbeloa le enseña los secretos del lateral polivalente. Consejos que va procesando como si fuera una CPU.

De momento, Nacho entrena en calidad de cuarto central. Pero tarde o temprano, y con una temporada tan pesada, los imprevistos debían llegar. Él garantiza un principio muy ‘cholista’: el esfuerzo no se negocia. Nunca se ha quejado por su eterna suplencia ni ha insinuado otra vida lejos del capital. Y Ancelotti premia esa LEALTAD en mayúsculas. Mañana hay derbi en el Calderón y Nacho se comerá el bendito o maldito marrón de frenar las embestidas del bisonte más temido, el ‘mariscal’ Godín. El doctorado de Nacho promete: las cabezas más privilegiadas de la Liga (copyright del Atleti) contra los próximos cimientos del Madrid, Varane y el canterano (con permiso de Sergio Ramos, claro).  J.A. García Calvo supo que su futuro dependía de mantener a raya a Del Piero. Y Nacho, como los quarterback de fútbol americano, se ha preparado una buena chuleta con todas y cada una de las jugadas del laboratorio Simeone. La reputación de Valdebebas está en juego. 

Alma de chupón

Domingo, 11 Enero 2015

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“Maldito rumano de los demonios”. Fue el grito de desesperación de Fernando Hierro cada vez que se refería a su compañero Gica Hagi. Su individualismo llegó a exasperar a toda la plantilla, hasta el punto que el holandés Leo Beenhakker, entrenador del Real Madrid en la temporada 91-92, amenazó a Hagi en el vestuario de Mestalla con quitarle la titularidad los siguientes partidos por un egoísmo de proporciones bíblicas. Genio y figura, el ‘Maradona de los Cárpatos’ era un futbolista demasiado especial: “no había término medio: o le aceptabas con todas las consecuencias o mejor mandarle a freír espárragos”, comentó Míchel en una entrevista a la desaparecida revista Don Balón. El colmo del cabreo de Hierro sucedió la noche de la vuelta de cuartos coperos en Mestalla; el Madrid había ganado 2-1 en su casa y el Valencia salió en tromba a por un solo gol que le clasificara. El malagueño, entonces centrocampista goleador aún no reconvertido en central, compartía palmos de césped con Hagi cuando a éste no se le cruzaban los claves y probaba un disparo de cuarenta metros o sobaba el balón en toda su superficie con compañeros desmarcados por todos lados. Hagi quería demostrar que podía ser la estrella de un Madrid que, a esas alturas, combatía en la temporada contra el naciente Dream Team de Johan Cruyff. “El Real fue el escaparate que me dio la fama”, suele comentar Hagi cuando le preguntan por su etapa merengue. Y, claro, no podía menospreciar el apodo que le habían acuñado sus compatriotas sintiéndose un amago de Maradona o, por lo menos, jugar con esas ínfulas.

Hierro nunca lo tomó como un asunto personal: la advertencia de Beenhakker a Hagi delante de sus compañeros continuó con unas declaraciones lapidarias del presidente Ramón Mendoza, “el equipo juega con un balón y Hagi, que es muy bueno, necesita otro para él solo”. Decenas de veces, Butragueño arqueó los brazos en señal de desaprobación a Hagi. Sus golazos de falta solventaban partidos, pero su talento chupón también estropeó algunos, como la decisiva derrota liguera en Oviedo por culpa de un control estúpido e innecesario. Ayer Cristiano sacó toda la rabia contenida justo en el dramático momento en que Bale decidió jugársela a jugarla. La ocasión delante de Kiko Casilla era propicia para el segundo gol del galés, pero CR7 se había pegado un sprint de treinta metros para sólo tener que empujar un envío que nunca llegó. Ejerciendo por un momento de abogado del diablo, quizás este mano a mano del galés era más fácil que el de Mestalla, pero tanto Benzema allí como el portugués en el Bernabéu habían preparado el gatillo para dos goles demasiado placenteros. Bale ha recibido muchos palos y ninguna zanahoria tras la derrota de Mestalla; “si se la llega dejar a Benzema, hubiéramos ganado a Valencia”, dijo un peso pesado del vestuario. Tal fue su egoísmo que incluso un defensor acérrimo del galés como J.B. Toshack analiza su golazo en la última final de Mestalla y suspira de alivio. “Menos mal que batió a Pinto porque también podía haberla pasado….”.

La grada se mosqueó con Bale no por mandarla fuera de la portería sino por los aspavientos de Cristiano. El galés viene acostumbrado de la Premier a golopar con el balón y su punto máximo de velocidad es inalcanzable para el resto del mundo. “Él fabrica jugadas y él las ejecuta”, fue el mensaje que difundió el representante de Bale, Jonathan Barnett, entre los periodistas el día que el Madrid anunció su fichaje. Ayer fue héroe y villano, capaz de calibrar dos centros perfectos de banda a banda (el primero a CR7 acabó en gol de James) y también de fallar un gol imposible. El propio Cristiano fue generoso cediéndole una falta al borde del área que acabó en un trallazo a la red, pero Bale necesita más; primero, para reivindicar su P.V.P. de 100 millones (o 91 según a quien se pregunte) y, segundo, porque inventando goles con ínfulas ‘maradonianas’, como Gica Hagi, quizás él también pueda competir en el futuro por algún Balón de Oro. Y no se trata de un conflicto de egos porque Cristiano y Bale se han hecho amigos. La invitación personal del portugués a su fiesta privada del pasado Balón de Oro es la prueba del algodón. Pero es evidente que en la cabeza de Bale está controlar esa relación o no deteriorarla con su alma de chupón.

 

 

El hombre que nunca traicionó su camiseta

Sbado, 12 Julio 2014

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A Florentino Pérez le entusiasmó que Fernando Hierro, Raúl y Mijatovic viajasen a la final de Lisboa como emblemas del Real Madrid. No sólo eran historia viva, tampoco simples motivadores de un vestuario que se jugaba el éxito o el fracaso en un solo partido. No, el presidente por fin entendió que a las grandes figuras había que cuidarlas y que en su mano estaba reparar el prestigio dañado en el pasado. De Florentino siempre se ha dicho que no tuvo ningún tacto para despedir a futbolistas convertidos en mito por el madridismo: con Hierro protagonizó la noche de los cuchillos largos instantes después de ganar la Liga del 2003 al Athletic en el Bernabéu. Al capitán todavía le escocía el trato de la directiva a su amigo y compañero Fernando Morientes, quien se mantuvo en la plantilla por petición expresa del propio Hierro y Raúl durante una conversación con Florentino en Mónaco en agosto de 2002. La maldita noche empezó con una bronca entre el malagueño y Jorge Valdano, entonces director deportivo, dentro del vestuario del coliseo merengue. El argentino les obligó a salir al césped a celebrar la Liga con la grada y Hierro poco menos que le mandó a esparragar. Horas después, las caras largas en el Mesón Txistu provocaron la chispa que hizo saltar todo por los aires: Hierro y Del Bosque despedidos, y Morientes cedido al Mónaco días después.

Tampoco Raúl tuvo la despedida de sus sueños. Dieciséis años de servicio blanco quedaron reducidos a una fría despedida durante una mañana de julio, y una rueda de prensa seca y sin apoyo institucional. Mourinho le pidió que se quedara para exprimirle sus dotes de liderazgo y eterna comunión con la afición, pero Raúl sabía que las heridas de guerra tardarían demasiado en cicatrizar. Guti, capaz de lo mejor y lo peor, tampoco se marchó en loor de multitud; casi siempre en el alambre, la prensa le había anunciado fuera del Madrid casi todos los años. Fue su talento lo que siempre le salvó. Claro que si con Raúl apenas se acicaló la sala de prensa, a Guti no se le iba a agasajar con la menor intención desde el club. En cambio, Zidane, uno de los hombres del presidente, sí tuvo su partido de homenaje: no fue ningún amistoso, ni siquiera un trofeo Santiago Bernabéu. El club aprovechó su anunciada despedida para rendirle tributo en el último partido liguero del 2006 en casa contra el Villarreal. El estadio se llenó y Zizou fue sustituido sobreexcitado por la fiesta. Por último, Manolo Sanchís, capitán de capitanes, declinó la oferta a un homenaje en 2001. Él fue el primer mito que se retiraba en tiempos de Florentino y fue Butragueño, ya directivo blanco, quien le llamó de parte del presidente para sugerirle una fiesta por todo lo alto. Sanchís, poco dado a fastos multitudinarios, no quiso su partido y el Madrid le brindó un pequeño gesto sobre el césped al término del último partido contra el Valladolid de la temporada 2000-2001.

Estos jugadores habrían merecido sendos amistosos, como sí los tuvieron Hugo Sánchez y ‘el Buitre’. Quizá por ello, Florentino con los años se ha dado cuenta que a los protagonistas de la historia centenaria del club hay que mimarles. Raúl recibió su homenaje el verano pasado, tarde pero muy cuidado. Incluso, el Rey Juan Carlos acudió al palco de honor a abrazar al ‘7’. Y Hierro no se vestirá de corto pero podrá disfrutar de una vuelta más emotiva: dirigir al equipo a las órdenes de Carlo Ancelotti. Experiencia en el banquillo apenas tiene, por eso viene como aprendiz. No obstante, sus pinitos después de colgar las botas han sido casi perfectos: como director deportivo de la Federación manejó extraordinariamente bien la transición entre Luis Aragonés y Del Bosque (fue Hierro quién eligió al actual seleccionador). Y en un Málaga arruinado convenció al jeque Al-Thani para que pusiera al frente del despacho deportivo a su amigo Antonio Fernández, quien construyó las bases del ‘EuroMálaga’ con Van Nistelrooy, Baptista, Isco, Joaquín, Toulalan, etc.

Hierro es puro madridismo porque nunca traicionó su camiseta. Su jerarquía en el vestuario pudo gustar (Raúl) o irritar (Iván Campo), pero siempre fue indiscutible. Cuando prensa y afición murmuraron que sus días de gloria tocaban a su fin, dejó su cuerpo en manos del mejor fisioterapeuta, Pedro Chueca, para que se lo devolviera con un motor diesel. Y funcionó. Su astucia le ha permitido cuidar su imagen pública, la de no delatarse como un hombre vengativo y rencoroso por el pasado. Jamás habló mal del Madrid, directamente lo ignoró. Sin embargo, no ha querido cortar de cuajo ese cordón umbilical: junto a Sanchís ha presidido en estos años la asociación de veteranos, con partidos por medio mundo y los Classic Match del Bernabéu. Ancelotti le ha pedido como sustituto de Zidane porque es un tipo que entiende los vestuarios donde se amontonan tantos egos. Y con el añadido extra de que Sergio Ramos, Pepe y, sobre todo, Varane, tendrán en unos días al profesor más laureado de su asignatura. “Con Hierro se puede hacer un máster acelerado de cualquiera cosa, pero los centrales se van a frotar las manos”. Palabra de Manolo Sanchís.

El fútbol echa de menos a Pedro Chueca

Jueves, 22 Mayo 2014

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“En un día me lo curas o te mato. Eres un fenómeno y me tienes que recuperar”. Pedja Mijatovic sintió un pinchazo en el gemelo durante el penúltimo entrenamiento previo a la final de Amsterdam, pero Pedro Chueca, recuperador por excelencia del Madrid durante muchos años, advirtió al montenegrino que, en condiciones normales, tardaría tres o cuatro días en obrar el milagro. El club ocultó a la opinión pública las molestias de Mijatovic; habría sido un golpe anímico para un madridismo que,  aún sobreexcitado por la final, temía el poderío de esa mole llamada Juve. Un buen puñado de masajes y varias cajas de antiinflamatorios anestesiaron el intenso dolor del gemelo del jugador. Pedja llegó a agobiarse por la cura a contrarreloj; sabía que el Madrid le había fichado para “algo grande” y un maldito dolor muscular no le iba a noquear.

Fernando Hierro también se tumbó en la camilla de Pedro Chueca. Con mil y una cicatrices de guerra, el fisioterapeuta merengue cuidó el chasis del capitán hasta sus últimos coletazos en el Madrid. Machacado por las lesiones, Chueca puso a tono todos sus músculos y le afinó tanto, que Hierro jugó una Copa de Europa imperial en 2002, la de la inolvidable volea de Zidane. Por eso, uno de los primeros agradecimientos de Hierro sobre el césped de Glasgow fue hacia su inseparable Chueca. Su trabajo entre bambalinas ha sido tan decisivo que los pesos pesados siempre le guardarán cariño. Por ejemplo, Raúl González, al que una rotura de menisco en 2005 le obligo a modificar su condición física de base, tal como le gustaba decir a Luis Aragonés. Pedro Chueca sufrió por y con Raúl: intensas jornadas de trote, ejercicios de fuerza y masajes intensos sobre la camilla resetearon el cuerpo triturado del ‘eterno siete’, que fue precoz hasta para quedarse sin gasolina en el cuerpo. Chueca y la famosa cámara de hipoxia marcaron un antes y después en la carrera profesional de Raúl.

Pedro Chueca lleva más de veinte años recuperando futbolistas del Real Madrid. La confianza entre jugador y recuperador es la génesis de una buena puesta a punto, lo dice Chueca y cualquier fisioterapeuta de élite. Por eso, en el fútbol de hoy llama la atención la sospechosa relación entre servicios médicos y jugadores. Chueca no es médico, al igual que Juanjo Brau, el otro gran gurú de los recuperadores en el Barça. Brau ha sido el hombre de confianza de Leo Messi varios años hasta el punto de no dejarle ni a sol ni a sombra, ni siquiera en vacaciones. Debido a la fragilidad muscular que sufrió Messi desde su infancia, el Barça quiso que Brau acompañara a su estrella hasta en las concentraciones de la selección argentina; su trabajo era simplemente imprescindible. Nadie más sabía cuidar a Messi hasta que éste se hartó. Las razones todavía no se han aclarado: la excusa oficial es que Brau ascendió de cargo y sus responsabilidades, por consiguiente, aumentaron; la versión más morbosa apunta a que el crack argentino se hartó del régimen espartano del recuperador, severo pero siempre exitoso.

La semana de la final de Lisboa se está manchando con demasiadas noticias médicas. Ayer se filtró que Diego Costa hizo un viaje relámpago a Belgrado para someterse al tratamiento enigmático de Marijana Kovacevic, una farmacéutica, que no médica, llamada ‘doctora milagro’. Se da por hecho que los servicios médicos del Atlético de Madrid han autorizado a Costa para que la doctora serbia le regenere el tejido muscular con placenta de caballo; de no ser así, habemus lío..y padre, además. Y para rizar el rizo, Arda Turan se ha traído de Turquía a un médico del Fenerbahce para curar su pubalgia, una lesión que no debería precisar de ayudas médicas especiales. Pero ni Diego Costa ni Arda tienen a su disposición un Pedro Chueca o Juanjo Brau de turno, un recuperador de confianza que arriesgue el todo o nada con un futbolista.

Tampoco Cristiano Ronaldo tiene fisio de confianza. Sí dispone de Pedro Chueca, pero esa relación está a una distancia sideral de la que Mijatovic, Hierro y Raúl mantuvieron con el prestigioso recuperador. Cristiano prefiere curar sus lesiones con el médico de confianza de Jorge Mendes, el doctor Noronha de Oporto, a someterse al examen de los galenos del Madrid. El cabreo de CR7 tiene su explicación: los médicos del Madrid no detectaron unas dolencias en el bíceps femoral que sufrió en la víspera de la vuelta contra el Borussia Dortmund y, además, le pasaron la patata caliente en la semifinal contra el Bayern. Jugar (y posiblemente romperse) dependería del futbolista, de ahí que Cristiano se molestara con esa indecisión. Con este panorama, está claro que faltan más ‘Pedros Chuecas’ en el fútbol.

Del Bosque, el buen estratega

Sbado, 30 Marzo 2013

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Confiesa que le ha cogido el tranquillo a ser personaje público, sobre todo después de recibir mil y una distinciones por haber ganado el Mundial, título de marqués incluido. Pero Vicente Del Bosque nunca ha usado su rol público para inflamar asuntos de estado, salvo cuando le tocan la fibra con su despido improcedente del Real Madrid. Sin embargo, en el primer deporte nacional de este país (el segundo es el fútbol) su nombre sigue siendo fusilado por criticones obnubilados por teorías conspirativas. La más famosa y persistente, que durará por los siglos de los siglos, dice que Del Bosque es sólo un continuista de Luis Aragonés y que cualquiera podía haber ganado títulos en el Madrid con el mensaje simplón de ‘salid y jugar como sabéis’, sin olvidar, claro, su sambenito de mal estratega. Quizás estos teóricos ignoren que el seleccionador algo hizo para lidiar con los numerosos marrones que le aparecieron desde que una tumultuosa noche de noviembre de 1999 John  Benjamin Toshack estalló contra la directiva de Lorenzo Sanz y confesó sin titubeos al MARCA que era más fácil ver un cerdo volando sobre el Bernabeu que rectificar algunas declaraciones.

Por de pronto, Del Bosque fue declarado entrenador interino del Madrid tras el despido de Toshack y con la papeleta de conjuntar a una plantilla desguazada por una lucha intestina de egos, con el de Anelka como el más flagrante. “Creo que Nicolás esta confundido, en su mundo”, espetó el entonces técnico merengue cuando le preguntaron por qué no convocó al delantero francés para un Madrid-Sevilla. Y esgrimió su razón: “Anelka no se corresponde con lo que debe ser un deportista, o sea una persona altruista que se dé a los demás. Lo que nunca puede pretender un jugador es entrenar y jugar a la carta; el fútbol es universal: se juega en corto o largo, sea en Francia o en Vallecas”. Así zanjó Del Bosque la cruzada que el fichaje más caro de la historia del club había emprendido contra directiva, entrenador y sus propios compañeros. Meses después y con el equipo pensando en el limbo en cada partido liguero, el técnico salmantino convenció a Anelka de que necesitaba su talento para tumbar al Bayern de Munich en las semifinales de Champions. Se habían llevado dos rapapolvos gordos en la fase de grupos: cuatro goles en el Bernabeu y otros tantos en Alemania. Finalmente, el efecto Anelka funcionó, pues él, y sólo él, se convirtió en la pesadilla del desafiante Kahn.

Pero durante aquella temporada Anelka no fue el único quebradero de cabeza. Con la Liga casi perdida, el Madrid afrontaba los cruces decisivos de la Champions como única salvación de la temporada. Y para más inri, el líder de la defensa, Fernando Hierro, quedaba fuera de combate por lesión. El central había eclipsado a todos y cada uno de los escuderos que le habían alineado cada domingo: Karanka, Helguera e Iván Campo ni por asomo alcanzaban el carisma de Hierro. Así que Del Bosque contempló otra solución: en vez de hacer casting de centrales, cambió el dibujo táctico colocando juntos precisamente a los tres teloneros. El experimento de los tres centrales funcionó en Old Trafford la noche del taconazo de Redondo, prosiguió contra el Bayern y alcanzó su cénit en la final de París. Entonces, Del Bosque fue declarado ‘marqués de la estrategia’. No obstante, después de una década el técnico todavía recuerda el riesgo que asumió: “Nos la jugamos con los tres centrales, si nos sale mal nos matan”, confesó a MARCA hace pocos días.

El siguiente episodio de meritocracia no tardó en llegar. Del Bosque se había ganado su continuidad, así lo entendió y anunció Florentino Pérez a su llegada a la presidencia, incluso antes de ganar las elecciones con el as de Figo en la manga. Y eso que los primeros meses fueron demasiado convulsos: una sorprendente eliminación copera ante el liliputiense Toledo, unido a la derrota en la Supercopa Europea contra Galatasaray y otro bofetón en la Intercontinental de Japón ante Boca Juniors hizo dudar al Bernabeu. Del Bosque tenía una plantilla demasiado buena como para desperdiciar tantas competiciones y, encima, el arranque liguero no había sido el esperado. A ese Madrid le faltaba gol y el remedio no lo iba a encontrar con una billetera: Guti era el elegido para jugar de delantero centro, quizá más de ‘falso nueve’ que de ariete rematador en el punto de penalti. El caso es que el madrileño llegó a quitarle la titularidad a Morientes y clavó ni más ni menos que catorce goles. Del Bosque había sacrificado los pases inverosímiles de Guti por su desconocida capacidad goleadora. Funcionó.

Los capítulos galácticos de Zidane y Ronaldo no supusieron grandes comeduras de coco para Del Bosque. Si acaso, el desliz que se le recordará al salmantino será el de haber sacrificado momentáneamente la carrera meteórica de Iker Casillas por un puñado de malos partidos. No obstante, su suplente César cuajó buenas actuaciones y, quizá, de no ser por su lesión en la final de Champions contra el Leverkusen, Casillas no habría encontrado ese punto de inflexión que relanzó su vida para siempre.

Por último, y después de un mal trago en el Besiktas, donde no detectó ni la más mínima simbiosis  con gente que entendiera el fútbol alrededor de un balón (tampoco Del Bosque se aclimató), llegó la oportunidad envenenada de sustituir a Luis Aragonés. Éste consiguió el ansiado sueño de superar todos los clichés de la selección española, ¡por fin volvíamos a ser importantes en Europa!, pero su ciclo había caducado. El legado del sucesor quedaba claro: aprovechar la mejor generación jamás habida en España. Y así lo hizo Del Bosque, no sin las presiones de la prensa. Ocurrió en Sudáfrica, después del batacazo inicial contra Suiza. El tiqui-taca murió en la defensa helvética y la opinión pública no entendió la necesidad de jugar con Busquets por detrás de Xabi Alonso. Pero el seleccionador se mantuvo firme a su convicción y siguió confiando en el azulgrana, hasta tal punto que llegó a decir que si fuera jugador le habría gustado parecerse a Busquets. De ahí a ganar el Mundial, y de Sudáfrica a la última Eurocopa, en la que sorteó la discusión del ‘falso nueve’ experimentado tácticas hasta la final, en la que España demostró que hoy día está por delante de cualquiera. Gracias, en parte, a Del Bosque.

Justificando su trabajo

Jueves, 7 Octubre 2010

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Al fin me pude enterar para qué sirve el director deportivo de una selección. Fernando Hierro compartió un día de España en la COPE y quiso resolver las poquitas dudas que planean en un combinado tan perfecto. Por ejemplo, fue directo y al grano para defender un puesto como el suyo: no es que sea un cargo decisivo, sino que es un simple intermediario entre Villar y candidatos al banquillo. Precisamente, el nombre que salió a la palestra cuando Luis Aragonés aireó su hartazgo con la directiva, fue el de Del Bosque. Y no me parece mal que Hierro dejase entrever que el fichaje estuviese medio apañado antes de la Eurocopa; Luis había repetido por activa y por pasiva que su ciclo había caducado.

Dice Hierro que la transición de míster a míster no levantó mucho revuelo. Hombre, un poco estruendoso sí fue, porque Luis se retiró en la gloria y dejó a la junta directiva con la sensación popular de que le habían hecho la faena. De esa ‘transición normal’ se encargó Del Bosque, quien con su temple habitual eludió cualquier insinuación de la prensa.

Quien ha estado poco templado ha sido el padre de Xavi Hernández. El agotamiento físico de su hijo ha sido la excusa perfecta para atacar a Hierro, Del Bosque y cualquiera que sugiera la ubicuidad del capitán del Barça. Xavi está relajándose desde hace días porque, simplemente, está cansado. Hasta ahí todo entendible. Pero si ya estaba extenuado desde que acabó el Mundial, podía habérselo revelado a Del Bosque antes de los periplos por Méjico y Buenos Aires. Claro, hay espectáculos a los que nadie quiere faltar, y estrenar la estrellita en el Monumental vale más que un cansancio de piernas. Sí, Xavi juega una barbaridad de partidos, pero su padre debería opinar en perspectiva e incluir en sus recaditos a Guardiola, que también lo usa para todo. Normal, yo le daría un balón hasta en las sesiones de recuperación.

¿Y qué pasó con Raúl? Quizá un amigo suyo como Hierro no fuera el más idóneo para airear sus desavenencias con Luis. Es obvio que no se llevaron bien y que el ex seleccionador ‘agilizó’ la salida del siete. Pero España le debe una a Raúl, una más por lo menos.

Pepe era quien hacía bueno a Cannavaro…

Martes, 15 Diciembre 2009

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¡Maldita coincidencia! Justo cuando el Madrid inquieta al Barça, va Pepe y se lesiona hasta la siguiente temporada. El mejor central del mundo (lo creo de verdad) está tristón, pero no tanto por no poder ayudar al Madrid, sino porque deja a Portugal coja para el Mundial, el caramelito más gustoso para cualquiera.

Ahora que el Madrid tiene mucho tiempo para echar de menos a su segundo gran portugués, es un buen momento para atribuir a Pepe todo el mérito que se merece, que no es poco. Su destino fue complicado de por sí: llegaba a un equipo deshecho después de la criba post-Capello. Su cometido inicial rayaba la osadía: hacer olvidar al mismísimo Fernando Hierro. Encima, a estos dos factores hay que añadir el dispendio de treinta millones que hizo el Madrid por él cuando Pepe era, sencillamente, un perfecto desconocido. El negocio de este mundillo se llevó las manos a la cabeza por semejante desembolso, pues era obvio que venía un defensa sin credenciales. Pero el entonces director deportivo, Pedja Mijatovic, apostó por este fichaje sin miramientos. Aquí sí que acertaron los ojeadores, el órdago del montenegrino salió de maravilla.

En consecuencia, a Pepe sólo le quedaba jugar como había aprendido y de aprendiz, valga la redundancia, junto a nada más ni nada menos que un Balón de Oro, Cannavaro. Sin embargo, pronto se vio que el chicarrón portugués ocultaba la lentitud del italiano una y otra vez. El veterano campeonísimo ya no estaba para muchos trotes, así que al novato le tocó el gran marrón del buen central: salir al corte. El Bernabeu comenzaba a mascullar que Pepe era quien hacía bueno a Cannavaro, y no al revés.

Han transcurrido tres temporadas y Pepe ha aguantado todos los embates mediáticos que han ennegrecido la historia de los centrales del Madrid. La lista de experimentos estrepitosos ha sido larga: Karanka, Iván Campo, Pavón, Mejía, Rubén González (el que lloró en un Sevilla-Madrid tras ser sustituido por Queiroz), Woodgate, Raúl Bravo (cuando fue reconvertido a central) y queráis o no, Cannavaro. Olvidados todos estos malos tragos, Pepe se ha erigido como el jefe de la zaga. Y si más triadas no lo impiden, así será hasta dentro de varios años.

No obstante, nada puede hacer el supercentral hasta después del verano. Por ello, Valdano ha reconocido que están batiendo el mercado invernal, pero los centrales fiables no salen así por así. El Madrid lo sabe bien. O sea que una apuesta creíble sería reconvertir definitivamente a Sergio Ramos, un cambio que le ayudaría a espabilar del todo;  recolocar a Arbeloa en su puesto natural de lateral derecho y, aquí viene la temeridad, arriesgar con Drenthe o Marcelo en la izquierda, o pensárselo dos veces y recuperar a Roberto Carlos sin su reprís de antaño. Sólo es una idea.  

 

¿Será peor el remedio que la enfermedad?

Sbado, 1 Noviembre 2008

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Patas arriba debe estar la selección argentina de fútbol para que la federación haya recurrido al entrenador Maradona, y no en última instancia. Al ‘pelusa’ le llega su oportunidad pero, a pesar de su más que probada popularidad social, la inexperiencia como técnico no ha sido obviada por quienes le siguen considerando no un ídolo, sino el ídolo. Los argentinos, que de fútbol se las saben todas, entienden lo que es jugar, que uno de los suyos haya sido el mejor de la historia, y también de entrenar. Ahí está esa pléyade de filósofos que empezó con César Menotti y quizá haya acabado con Diego Simeone. Todos ellos con su librillo de maestrillo y en el que el denominador común sentencia que el fútbol es la esencia de la vida. Maradona esta excluido de tal grupo. Primero, porque su trayectoria en los banquillos es casi nula y debía haberse fogueado como técnico antes de aceptar la propuesta de su federación. La sombra de Diego es muy alargada pero en el césped, no en el banco. Y segundo, porque Maradona no se expresa con pleonasmos ni metáforas para confesar lo que le gusta o detesta de este deporte.

Maradona se encuentra ahora en el otro frente. Ya no debe cumplir disciplina, tampoco lo ha hecho nunca, sino aplicarla. Ya lo dijo el ‘virrey’ Bianchi: “lo difícil desde el banco no es saber de fútbol, sino saber comunicarlo”. No dudo que el mejor jugador de todos los tiempos guarde conocimientos sublimes pero en su caso, hacérselos entender a sus pupilos será el verdadero reto. Maradona ha sido lo más grandioso que ha salido del fútbol y sus éxitos siempre han estado más motivados por su asombroso talento con el balón que por su forma de ver el juego. Es en este último aspecto en el que el nuevo míster de Argentina tendrá que dar la talla. El combinado albiceleste ha sido un ‘gigante anestesiado’ desde que el propio Maradona dejó boquiabierto al mundo en Méjico 86. El atrevimiento de la federación argentina va más allá de un experimento para calibrar la relevancia pública que pueda tener Maradona en el banquillo, su osadía tiene un fin: recuperar el trono mundial dos décadas después. Si Diego fracasa con estrépito, no es seguro que sus feligreses le concedan una segunda oportunidad.

Por el momento, Maradona ha actuado con sentido común. Ése debe ser su imperativo, nada de decisiones alocadas. Para los próximos amistosos no convocará a su yerno Agüero, a sabiendas de que debe cuidarlo físicamente para después exprimirle en los envites de peso, ni a Leo Messi, concebido por el propio Diego como su sucesor. En el caso del barcelonista, el flamante seleccionador ha sido habilidoso por respetar el pacto entre el Barça y Argentina para que Messi juegue con su país lo justo y necesario. A partir de esta semana, no será extraño ver a Maradona coger su particular puente aéreo Argentina-España para ojear potenciales ‘barriletes cósmicos’. En su equipo técnico, dispondrá de la inestimable ayuda de su amigo Carlos Bilardo, otrora entrenador suyo tanto con Argentina como en Sevilla. Bilardo asume la función de director deportivo, como Fernando Hierro con España. Pero sinceramente, dudo de la eficiencia de los directores deportivos de las federaciones. Para seguir futbolistas, ya se encargará Maradona en persona.

Finalmente, Diego deberá aprender rápido dos conceptos: paciencia  y decoro. El primero para saber aguantar las envestidas de sus detractores, que los habrá y muchos si las cosas vienen mal dadas. Antes de obsesionarse con un modelo de juego vistoso, Maradona deberá ser pragmático, afianzar una buena racha de resultados. Y por supuesto, su responsabilidad con su país es ahora mayor que la que asumió como jugador. De sobra es conocida la vehemencia del ‘pelusa’. La selección es una bonita ocasión para que sepamos si Maradona ha aprendido a actuar más con la cabeza que con el corazón, en sus manos está.