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Iker Casillas, la batalla del tenista

Domingo, 3 Agosto 2014

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“El portero está descentrado. Tiene que volver a coger las distancias”. John Benjamin Toshack todavía presume de ser el entrenador que dio la oportunidad de su vida a aquel chaval imberbe que se “comió el marrón de San Mamés”. El técnico galés aprovecha estos días una de sus últimas aventuras en un banquillo del fútbol marroquí, pero nunca pierde de vista a Iker Casillas, el novato que le solucionó (a medias) los problemas de la portería. Quizá el capitán del Madrid necesita que el viejo Toshack le recuerde cómo fueron sus primeros partidos para que vuelve a apretar los dientes como un perro rabioso: “En San Mamés pudo hacer algo más en el gol de falta de Julen Guerrero; en Grecia, también pudo haber salido mejor en un gol de córner de Olympiakos y contra el Depor en el Bernabéu no pudo atajar el disparo con efecto de Djalminha”. Anoche en Michigan el Manchester United no marcó de falta ni con efecto endiablado, pero seguro que Iker se tomó el amistoso como el punto de inflexión para su despegue. Acostumbrado a jugar a la ruleta rusa del Bernabéu durante década y media, en la que una cantada mataba un sinfín de paradas imposibles, Casillas afronta la batalla psicológica más dura de su vida (perdón, la primera fue la que acabó con las tres paradas de Glasgow 2002); es decir, o la para él o es gol, no hay compañeros para hacer las coberturas. Y el Iker de ahora no es el Iker del madridismo, ése que, según Florentino Pérez, “es más amado que el propio presidente”, tal como publicó ayer Diego Torres en El País.

Casillas meditó irse a la Premier League u a otra liga a probar nuevas experiencias. Destinos sí tenía (uno en Londres, por cierto) a pesar de la rotundidad con la que lo niega cierta prensa. Pero su militancia merengue ha pesado demasiado, sobre todo porque la ‘Décima’ no podía provocar la salida de un mito. Si él le hubiera dicho al presidente que se quería ir, entonces habrían pactado una salida en la planta noble del Bernabéu, pero no gratis, claro. Entró en barrena desde la pasada final de Lisboa y todavía no ha conseguido alzar el vuelo, para eso está la pretemporada. De momento, su mala actuación de anoche ha dado la suficiente carnaza para mordisquear el debate de la portería por cualquier costado. Es lógico: un análisis táctico del equipo probeta no interesa a casi nadie a estas alturas, sino el morbo del portero. Discutir si Casillas aguantará la presión de una próxima cantada o qué habría hecho Diego López contra el United entretiene los cenáculos periodísticos y las reuniones vecinales. Antes se trataba de que Raúl vivía del aire (‘el que no hace nada’ de Manolo Lama), continuó con que Fernando Alonso ya no era tan bueno porque no ganaba con un Ferrari y ahora apuramos si Casillas debe o no largarse.

Y como la memoria es tan frágil y las redes sociales han encendido una furibunda corriente de opinión que tacha a Casillas de portero de cartón piedra, el guardameta asistirá a su segundo juicio público en Cardiff, en la Supercopa europea contra el Sevilla. Pep Guardiola advirtió a la prensa que no era justo acribillar a su equipo si no jugaba ese fútbol de salón catalogado ya en las hemerotecas; Casillas de momento no ha visto cómo la grada del coliseo blanco baja su pulgar. Es la apasionante batalla mental que se le plantea al capitán, sólo ante el peligro, como el tenista que tiene que remontar el set. “Ahora la ha cagado otra vez, por eso, siendo Iker Casillas, todo volverá a la normalidad. Merece una despedida como la de Eric Cantona en Old Trafford”. Palabra de Toshack.

El secreto mejor guardado del Bernabéu

Domingo, 25 Mayo 2014

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Fernando Hierro confesó a Mijatovic en Lisboa que intuía un “papelón” de Sergio Ramos en la final. “Tiene adn madridista porque jamás hinca la rodilla”, le dijo al montenegrino. Y Ramos cumplió la profecía más de lo que Hierro habría imaginado. Él nunca marcó en una final de Champions, tampoco le hizo falta. Pero estaba escrito que el Madrid de esta Champions se tenía que agarrar al espíritu de Juanito, hoy reencarnado por el sevillano. Y al estilo de Hierro, entrando como una exhalación en el área, condenó al Atleti a un final cruel, merecido pero al fin y al cabo cruel. Ramos no es el capitán pero casi, lo sabe Iker Casillas, al que le bastaron tres segundos para susurrarle al oído que era el “puto amo”. También lo tiene presente Cristiano Ronaldo, amigo del camero y que suele comentar a sus amigos futbolistas portugueses que es el mejor defensa con el que se ha juntado. La Champions le debía una, o dos, o tres, o cuatro, o quizá una década de decepciones y mofas populares como el penalti que tiró al limbo delante de Neuer. El hundimiento fue tan brutal que Ramos tomó el ejemplo motivacional de Iniesta (“Te caes, te jodes, lloras y te levantas”) para emprender una carrera desenfrenada hasta la Décima.

El madridismo sospechoso de Ramos aclaró sus dudas durante la noche fatídica del Dortmund, en la no remontada del Bernabéu. Marcó el segundo gol, jaleó a su equipo, levantó a la grada y lloró desconsolado cuando el Madrid quedó oficialmente noqueado por undécimo año. Demasiados accidentes, demasiadas desgracias, la obsesión permanecía incrustada como una astilla puñetera. En el estadio Da Luz faltaron noventa segundos para que el club volviera a incendiarse con napalm; el enésimo Apocalipsis iba a ser insoportable, sobre todo por haber estado a punto de morder el polvo contra un Atlético grande, que ha recuperado respeto y prestigio después de un par de décadas sufriendo como el hermano pequeño al que el mayor daba collejas cuando le apetecía. Y en ese minuto 93 Ramos, que llevaba rato de delantero centro, se levantó en suspensión a lo Air Jordan y ejecutó un remate de escuela, de los que gustaban a Fernando Morientes. En la colección de héroes de nuestro tiempo, la Séptima tuvo a Mijatovic con su único gol de aquella edición; la Octava a Anelka y su redención ante Oliver Kahn; la Novena a Zidane con una volea antológica y la Décima los huevos de Ramos, tal como a él le gusta repetir.

Ramos tiene un aire a Raúl González en arrojo, bemoles y verónicas con el capote. Siempre da la cara ante la prensa cuando toca comerse el marrón y, gane o pierda, nunca suspende en actitud. Llegó del Sevilla en plena maceración y Monchi, director deportivo sevillista y maestro cazatalentos, no se equivocó cuando insinuó allá por 2005 que “Ramos sería el futuro de España”. Desde luego, la ‘Roja’ se desvive por él tal como lo hizo por el eterno ‘siete’; y el Madrid también le ha encontrado sitio en el pedestal de los intocables. Hablar de leyenda todavía es una locura, pero es cierto que un Sergio Ramos campeón mundial y de Eurocopa chirriaba sin una Champions en el palmarés. Pero al club no le importa tanto su talento como su docencia del decálogo madridista: aprendió la génesis del Madrid y las pautas de comportamiento que exige vestir esa camiseta. Así se lo hizo saber a Mourinho y, por eso, le costó más de una bronca pública con el portugués. Ramós no es ídolo del Bernabéu porque agite la mercadotecnia o entre en quinielas de Balón de Oro. No, él sabe que rebañar un balón en carrera o rematar un cabezazo imposible es lo que arranca el aplauso de la grada. Ahí se oculta el secreto mejor guardado del Bernabéu que gente como Raúl, Casillas y Ramos conocen.

 

 

 

Iker Casillas detiene la avalancha

Mircoles, 9 Abril 2014

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La grada vertical del Signal Iduna Park cayó como una avalancha contra el Madrid. Los viejos fantasmas de Dortmund reaparecieron de un plumazo, sólo que esta vez el Borussia recurrió a medio equipo de secundarios porque la mitad de los titulares vieron el partido en la enfermería. Pero, incluso con media plantilla desguazada, un único futbolista tomó el mando del partido como si estuviese jugando a la Playstation. El año pasado Lewandowski pasó del montón al estrellato en un rato, lo que tardó en clavar cuatro goles; anoche Marco Reus pidió a gritos un contrato de crack en un club que se lo pueda ofrecer. Este rubio de peinado muy alemán está llamado a liderar la Mannschaft del futuro siendo una versión muy mejorada de Özil, no tanto en talento como sí en regularidad. Reus sonará para el Bernabéu la próxima temporada, también para el Barcelona si la FIFA le levanta el castigo, y desde luego es un gustazo verle en la competición de los mayores. Es justo empezar esta crónica rindiéndole pleitesía porque el Madrid se quedó sencillamente en blanco, quizá asustado por la presión de la mítica olla del Westfalenstadion o impotente ante la ausencia de su gurú portugués. Cristiano actuó de motivador desde la banda, comiéndose las uñas por desesperación y pensando en la que le estaban liando sus compañeros; ni siquiera él habría imaginado el sacrificio que implicó su lesión.

Hacía tiempo que los blancos no se inmolaban de una forma tan descarada. En pocos minutos Jürgen Klopp desnudó al Madrid de la cabeza a los pies. Cada jugada era más caótica que la anterior: Benzema volvió al limbo; Bale se dejó en el vestuario la capa de superhéroe; Pepe se hacía el harakiri y, mientras tanto, Xabi Alonso y Sergio Ramos se tiraban los trastos a la cabeza. Nadie funcionaba, ni siquiera Di María, el que nunca fallaba cuando el resto sí lo hacía. Ancelotti mascaba por inercia y no se tragó el chicle de milagro: los alemanes habían aplastado con sus panzers la columna vertebral blanca y, con Alonso fuera de combate, a su aprendiz le vino grande la semifinal. Los palos a Illarramendi le espabilarán rápido, pero aún no puede asumir el timón del transatlántico merengue. Por poco no presenció el hundimiento de su Titanic.

El baño del Dortmund fue cogiendo tintes antológicos hasta que el Madrid se encomendó a su santo. La imagen de juguete roto apenas importaba porque sólo los rezos a Casillas podían salvar la eliminatoria. Y el capitán no defraudó a sus feligreses: dos paradas milagrosas evitaron la avalancha de la grada y reabren el absurdo debate de la portería, una polémica que empezó Ancelotti con una cerilla y un bidón de gasolina. Casillas tiene que jugar sí o sí, y no por decreto sino porque él ha patentado las paradas imposibles. “Tendría que jugar hasta con el brazo en cabestrillo”, piensa una leyenda blanca. Y no es el único. A Florentino Pérez también le extrañó aquella decisión de la primera jornada contra el Betis. Iker se comió el marrón de Dortmund y, por eso, sigue siendo santo y seña del madridismo, el verdadero, no el pseudo.

Kalashnikov encasquillado

Jueves, 27 Marzo 2014

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“Pedimos perdón a la afición”. Buscando en hemeroteca, la última disculpa pública salió de boca de Iker Casillas aquella noche fatídica de la manita en el Camp Nou, el primer clásico de la era Mourinho. Entonces, el capitán salió a la palestra y, resignado, sólo pudo articular un ‘perdón’. La vergüenza del 5-0 había chocado como un tren de mercancías contra el estado de felicidad que habían generado los primeros momentos del entrenador elegido a dedo por Florentino Pérez. Casillas tuvo que dar la cara ante los periodistas para consolar a todo el madridismo, que vio cómo el Barça le giraba la cara de un tortazo. Anoche Marcelo se apresuró a pedir perdón sobre el propio césped en la entrevista de Canal Plus; consciente de las desastrosas consecuencias que ya estaba originando el batacazo de Sevilla, el brasileño quiso adelantarse a la jugada e hincar la rodilla en nombre del equipo. Porque el Sánchez Pizjuán volvió a ser un campo maldito donde el Madrid perdió media Liga por arte de magia. La que inventaron Rakitic con la batuta de un director de orquesta y el despiadado Carlos Bacca, sustituto natural de Falcao en Colombia y que cuajaría bien en el contraataque merengue. Bacca se reivindicó como una revelación de nuestro fútbol, la estrella que necesitan equipos de clase media para excitar a su público y, sobre todo, darle cierto caché mediático a nuestra mejor liga del mundo (lo decimos nosotros). No tardará en fichar por un grande, tal como lo hicieron Bam Bam Zamorano, Suker o la ‘bestia’ Baptista.

El Sevilla no jugó mejor que el Madrid. Al contrario, se disfrazó de merengue y precisó de dos dosis letales: un gol en cada disparo. Fueron los madridistas quienes usaron un Kalashnikov encasquillado, y acabaron tan desesperados que al final sacaron revólveres para tirar a larga distancia, por si sonaba la flauta. En la liga de las sensaciones el Madrid es colista: en tres días la caverna mediática (Joan Laporta dixit) ha pasado de barruntar un torneo de dos con el Barça noqueado a echar la Liga por un sumidero y declarar el terror absoluto. Porque las victorias blancas son una cuestión de tirar una moneda al aire: la siguiente visita es Anoeta, donde se puede ganar pero también se puede palmar con creces. Ancelotti cobra por construir un fórmula uno en el que debe probar piezas; su problema es que intenta reparar averías cuando el motor ya no carbura. Quién iba a imaginar que Di María sería ahora capitán general, cuando hace unos meses desafió al Bernabéu acomodándose sus partes,. Su ausencia dejó sin reprís a un bólido que anoche habría ganado la carrera con velocidad punta. Pero como el Madrid estuvo lento, con jugadores como Bale o Benzema que, en vez de botas de fibra de carbono, parecían arrastrar grilletes con una bola de preso, el Sevilla ganó esprintando.

La ‘BBC’ ha sufrido el apagón analógico antes de concluir la temporada. Bale, a pesar de sus esmeradas estadísticas, sigue siendo un ovni en los momentos decisivos; Benzema entra y sale de su limbo con una facilidad pasmosa y Cristiano sólo revienta a los rivales cuando invoca a Hércules. Al flamante Balón de Oro hay que exigirle contraprestaciones a su recompensa, claro que como él sólo es medio equipo. O tres cuartos. La otra porción corresponde a Xabi Alonso, pero el donostiarra ha perdido el soldador que unía las dos facciones del equipo, la de la ‘BBC’ con esa defensa de hormigón la semana pasada y cartón piedra ésta. Pero Xabi no está a gusto en campo porque su socio Modric no es el mismo que tomó el relevo del lesionado Khedira. Viendo el embotamiento que sufrió la medular cuando merodeaba el área sevillista, cualquier folclórico echaría de menos a Michael Laudrup. Porque desde que el danés se jubiló, el fútbol español, ni siquiera el mundial, ha disfrutado de un clon suyo. A falta de alto voltaje, el Madrid habría necesitado anoche un Laudrup que descerrajara la defensa con un pase sin mirar. Lástima que ninguna cantera haya fabricado uno igual.

Y, por último, una oda a la ingenuidad. Escribir sobre el Madrid sin mentar la crisis pasajera de Diego López es de pardillos. Las siete plagas bíblicas que azotan al equipo no son culpa del portero de la Liga, pero cualquiera madridista siempre se acuerda de una parada imposible del ‘santo’. Quizá Casillas también hubiese encajado seis goles de siete ocasiones, nunca lo sabremos, pero cualquier mano a mano con Iker delante trae a la memoria su pie milagroso ante Robben. Manolo Lama sondeó en El partido de las 12 la posibilidad del break: si Casillas es portero para Champions y Copa, no sería inoportuno que se entrenara en Liga. Nada es descartable.

 

 

 

El Madrid se agiganta por momentos

Mircoles, 12 Febrero 2014

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“Hace meses decían que nuestra defensa era mala”. Sergio Ramos tenía ganas de callar bocas de cierta prensa, la de quienes antes de Navidad incidieron demasiado en los despistes del central sevillano (me incluyo también). Entonces decíamos que desde la Copa Confederaciones Ramos había pegado un bajonazo físico (su gran fuerte) y cometía errores de novato. Su tonta expulsión contra el Galatasaray con el consecuente cabreo de Ancelotti (“tenías que cubrir la espalda”) fue la prueba concluyente de la versión más negruzca del madridista. Incluso, en algunos mentideros periodísticos se insinuó que la pareja fetiche del entrenador en la zaga iba a ser Pepe y Varane. Pero el francés comenzó un vía crucis por la maldita rodilla y Ramos entendió que era el momento de recuperar los galones que le había otorgado el público del Bernabéu, sobre todo, en la vuelta contra el Borussia Dortmund, cuando él solo se echó al equipo sobre la espalda a punto de obrar el milagro. Desde hace un puñado de partidos, Ramos (y Pepe) se ha vuelto a entonar hasta el punto que el Madrid recibe ocasiones con cuentagotas matiz que rompe con el viejo cliché de que a Casillas siempre le han llegado por tierra, mar y aire. Hoy, Diego López en Liga y el capitán en Copa apenas son protagonistas salvo por algún mano a mano puntual. Los agradecimientos, en la ventanilla de los centrales.

Casillas está a un partido de enmarcar una Copa simplemente perfecta, pero su aparente estado inerte en la semifinal ha quitado de raíz toda la emoción de los derbis. Simeone reconoció que le había fallado su planteamiento de anoche, le faltó añadir que también el de la ida. El Atlético apenas disparó a puerta en toda la eliminatoria y, desde luego, así es casi imposible tumbar al Madrid. El trámite del Calderón duró pocos minutos, los que tardó el ingenuo Manquillo en repetir el penalti de Vallecas de hace unas jornadas. ¿Por qué no jugó Juanfran? El ‘Cholo’ no engañó a las masas: un hombre de fútbol sensato como él jamás intentaría imitar a Houdini; el 3-0 del Bernabéu había borrado de un plumazo cualquier conato de remontada. Por eso, y aunque suene ventajista, esta Copa quedaría más aseada para el prime time televisivo si fuese a partido único: un pim, pam, pum continuo hasta la final. Y, quizá suene raro, pero a este Atleti le convenía quitarse tanto ajetreo de oficina; más que nada, porque cada vez hay más gente que le ve jugando con el gancho. La lesión de Filipe Luis ha dañado la maquinaria industrial fabricada por Simeone, y la baja de Tiago puede averiar más su funcionamiento. A estas alturas, los rojiblancos se han desmarcado de cualquier debate estético: importa ganar y punto. Los resultados pírricos serán tan venerados como una buena goleada.

El Madrid sí que ha dado un vuelco a la temporada y no al revés. De parecer ignorado y menospreciado en aquella pelea entre Barça y Atlético, ha chupado la sangre dejada por los dos como un vampiro para meterse en la bulla liguera. El calendario le ha dado un respiro porque Getafe y Elche no deberían ser obstáculo en la ausencia de Cristiano antes de viajar a Alemania para jugar contra el Schalke, que no es ni primero, ni segundo, ni tercero de la Bundesliga. CR7 se ha encontrado con un descanso repentino por la gracia de los árbitros, pero en su caso, enfriarse en la nevera quizá no sea el mejor remedio. Al contrario que Messi, el cometido del portugués no es tocar techo en mayo, sino hacerlo cada fin de semana porque él necesita jugar todo para no perder su hercúlea forma. Y como en los últimos años de Mourinho, este Madrid apunta sus bazucas a todos los títulos, pero con una pequeña gran diferencia: el fútbol de Barça siembra sospechas, el del Atlético se diluye y el de los blancos se expande como un imperio sin otear el horizonte. Cuestión de Modric y del sentido común que siempre debe tener este club.

Servicio de clipping para Mourinho

Mircoles, 3 Abril 2013

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Cada día a primera hora José Mourinho recibe en su despacho un informe detallado sobre lo que se ha dicho del equipo y, sobre todo, de su persona en periódicos, televisiones y radios. Quizá también en las webs. El departamento de prensa del Madrid hace batidas continuas en la opinión pública para detectar ‘anomalías’, es decir, opiniones que desagraden al club por su falta de veracidad o, simplemente, porque molestan. Y como en cualquier multinacional reputada que factura de cientos de millones, y el Real Madrid lo es, el llamado servicio de clipping es un instrumento necesario para el seguimiento de su imagen porque, tal como insisten los gurús del marketing, parte del valor de una marca proviene de la impresión general del gran público. Por eso, el clipping permite orientar a una empresa acerca de lo que se dice de ella, sean rumores o consecuencias de noticias oficiales. Gigantes como Apple, Banco Santander o Adidas, entre otros, elaboran dossieres pormenorizados en los que, por ejemplo, la creación de Steve Jobs sabe si su marca sigue siendo esa experiencia Apple de la que tanto hablan los adictos a sus dispositivos; Emilio Botín se despierta con el papel salmón encima de su mesa y la firma alemana escanea vía blogs marketinianos si la gente habla de su ropa igual de bien o mejor que la de Nike.

Analizar exhaustivamente a la prensa puede parecer un ‘trabajo de chinos’ pero en este Real Madrid, en el que Mourinho detenta un poder omnímodo, el clipping es vital para un entrenador que se toma sus órdagos a la prensa como un juego. Un directivo del club dijo resignado hace unos meses que “en ninguna empresa sucedía que un empleado tan laureado fuese tan menospreciado”, refiriéndose al trato que le damos al técnico portugués. Quizá tenga y no tenga razón: de acuerdo que se ha cuestionado su talento como entrenador del Madrid. Se le fichó para ganar la Décima y, por supuesto, acabar con la orgía ganadora del Barcelona. Su primer cometido todavía no lo ha conseguido, el segundo en parte sí. Con el escaso botín de una Liga y una Copa en dos temporadas, el Madrid ha encontrado el método para desesperar al eterno rival: los últimos siete u ocho clásicos son la prueba irrefutable. Pero este año su figura ha sido acribillada con un argumento sólido: ¿cómo es  posible que el equipo de los récords ligueros no haya ganado diez partidos? Los detractores de Mourinho también le achacan con razón que el Barça de las Champions siempre ganó la Liga y la plantilla merengue es tan competitiva como la azulgrana para batallar en todas las competiciones,, y no vender desde navidades el pobre armisticio de que el objetivo es quedar segundos.

El directivo sí entendía el mensaje conciliador de Florentino Pérez durante la última comida navideña con la prensa. Mourinho captó la sugerencia y se apartó de la escena pública después del sacrilegio de Málaga, el de quitar la titularidad a Casillas por castigo. Pero el portugués, fiel a su servicio de clipping, no deja de escudriñar quiénes le molestan con un micrófono delante. Fernando Burgos, de Onda Cero, se convirtió ayer en la segunda víctima del efecto clipping. Mourinho tenía preparado un papel con opiniones sueltas del reportero en los últimos años acerca de si la titularidad se merece o debe imponerse por decreto. En el trasfondo del asunto otra vez Iker Casillas o, al menos, así lo intuyó el entrenador. Hace un puñado de semanas, Antón Meana también fue detectado por el clipping como otra molestia impertinente para el establishment madridista. En este caso no hizo falta ningún papel, Meana fue abroncado por Mourinho y Silvino Louro en privado.

Mourinho ha desafiado a la prensa en un juego en el que siempre saldrá victorioso. Porque si el Madrid se corona en Wembley, su entrenador podrá irse con ínfulas de conquistador, es más, así lo hará. De lo contrario, su paso por Madrid podrá considerarlo una pequeña mancha en su impecable currículum; al fin y al cabo, para él se trata de levantar cuantos más títulos mejor en la mayor cantidad de clubes. Desde luego, competitivos los ha hecho a todos, eso es innegable. Como también lo es la expectación que figura su personaje público que ha provocado el axioma de ‘conmigo o contra mí‘. De ahí ha nacido la famosa yihad mourinhista y su dogma de fe contra la prensa. Y a él le gusta porque se siente en el epicentro de la bronca, siendo para unos sátrapa y para los yihadistas víctima de una persecución a tumba abierta.

 

 

 

 

 

 

Hoy no es un lunes cualquiera

Lunes, 23 Junio 2008

Sueño cumplido. Por fin hemos roto la peor de las maldiciones. Veinticuatro años después, España vuelve a ser alguien en el panorama internacional, veinticuatro años después, España jugará las semifinales de una Eurocopa, este torneo que tanto nos gusta y que tanto nos ha hecho sufrir. Ahora ya da igual lo que suceda, nos hemos burlado del fantasma de los cuartos de final y encima hemos dejado en evidencia a Italia, campeona del mundo. Los transalpinos se escudaron en su competitividad y su oficio, pero anoche eso no bastó. Nuestra selección abofeteó al fútbol rácano, ramplón y simplón de Donadoni y demostró que con la suerte no siempre se gana. Y los italianos no ganaron, ni siquiera estuvieron cerca de ello. España fue a lo suyo, a mimar el balón y marearlo hasta encontrar opciones en el ataque. Magnífica la paciencia de los futbolistas españoles, colosal el planteamiento táctico e imperial la actitud de nuestros héroes.

Como en cualquier gesta que se precie, la historia sólo recordará a uno o dos protagonistas y anoche hubo dos: Marcos Senna durante el inicio y el nudo del partido, y Casillas en el desenlace, el acto más memorable. Iker paró dos penaltis y superó a Buffon en su particular duelo de porteros. El madridista ha pasado a los anales de nuestra exigua leyenda triunfal como el guardameta que nos ha subido al pedestal de los dioses. Esperemos que no la pifie como Arconada en Francia 84 en el caso de que lleguemos a la final. En cuanto a Marcos Senna, nunca agradeceremos tanto una nacionalización en la selección. El hispano-brasileño estuvo inconmensurable en su cometido: desbaratar las ofensivas italianas. Se hartó de cortar balones, contuvo con maestría a Aquilani y Perrota, lamentables anoche, y se animó al ataque con descaró para engatillar un par de disparos que inquietaron a la zaga ‘azzurra’. Luis, tú has apostado por Senna, la gloria es tuya.

No me olvido del resto: Villa batalló contra las torres italianas, Panucci y Chellini, hasta la extenuación; Silva no hacía más que driblar y driblar peones italianos por la banda izquierda y luego por la derecha; Xavi puso cordura en la medular y Marchena mantuvo a raya al temible Luca Toni, quien no pudo zafarse del central andaluz ni una sola vez. De lejos, el mejor partido que ha hecho el valencianista en toda su carrera. También Cesc Fábregas, cuestionado por su escasa aportación con la selección, entró en el olimpo cuando con pasmosa tranquilidad engañó a Buffon y certificó el hundimiento italiano.

Luis Aragonés se ha convertido en el mejor seleccionador de la historia patria. Supongo que esa distinción honorífica merecería una renovación, aunque la Federación y Luis hayan pactado el finiquito de este último. El seleccionador no ha estado exento de polémicas: la no convocatoria de Raúl, su enfado con Torres en el primer partido y su advertencia pública al comportamiento de Sergio Ramos. Pero en el fútbol, los guarismos esconden los trapos sucios y en este caso, han dado la razón a Luis. El ‘zapatones’ debe saber que hoy no es un lunes cualquiera. Los españoles nos sentimos orgullosos de nuestro deporte rey, ya no somos adalides en el fracaso. Para mí, el reto se ha conseguido, y más contra Italia. Esta selección no merece ningún reproche. Lo que pase el próximo jueves ante Rusia ya da igual.