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‘Wembley Tor’ (gol de Wembley)

Sbado, 29 Enero 2011

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Fue el 30 de julio de 1966. Entonces, el fútbol ya agitaba a las masas y las rivalidades históricas se batían en un terreno de juego. Wembley se había acicalado para reclamar al mundo la excelencia que Las Islas también debían tener en el deporte. Inglaterra y Alemania se citaron en una de las finales más populares en los anales del fútbol (las reminiscencias de la Segunda Guerra Mundial estaban a flor de piel) y tuvo que ser allí, en aquel momento y con los ojos del mundo pendientes del fair play de las dos superpotencias, cuando el fenómeno del  ‘Wembley Tor’ (gol de Wembley) entró en la posteridad.

Geoffrey Hurst reventó el larguero con un disparo al borde del área pequeña y la pelota botó hacia fuera. Alemanes e ingleses alzaron los brazos, los primeros en señal de que no había entrado y los británicos para celebrarlo; todos nerviosos menos el propio Hurst, que se inclinó para apoyarse sobre las rodillas a la espera del fallo final del árbitro suizo Dienst, quien confió tamaña decisión al linier soviético Bakhramov. Éste le susurró al suizo que era gol y en consecuencia, la nación alemana bramó contra la que hoy todavía consideran como una de las injusticias deportivas jamás perpetradas. Tanto es así que los estadios alemanes siguen bautizando cada gol fantasma como ‘Wembley Tor’.

Pero lo extraordinario del gol de Inglaterra fue la movilización de la ciencia para determinar quién debió tener razón. Estudios de Física y análisis posteriores de eminencias de Oxford concluyeron que el balón de Hurst nunca entró. Obviamente, los expertos se desenvolvieron en un marco tecnológico muy precario: las televisiones retransmitían con una sola cámara en la que, a la vez, ralentizaban la imagen para ofrecer jugadas de moviola. Aparte, se servían de un puñado de fotogramas como pruebas para refutar decisiones. Roger Hunt, el futbolista inglés más próximo al bote del balón, siempre comentó que él levantó los brazos porque vio gol; no obstante y a tenor de más estudios de Oxford, las palabras de Hunt nunca fueron una certeza, ni siquiera un testimonio a tener en cuenta. La prestigiosa universidad británica cerró el caso que un ‘no’ rotundo: el balón nunca entró en su circunferencia total.

Aquel gol fantasma dejó de ser una incógnita memorable porque hace años Hurst reconoció de una vez por todas que su gol no debió valer. Casi cuatro décadas después, la confesión no tuvo mucha repercusión, aunque la reputación de Oxford y sus teorías de la uniformidad del bote del balón quedaron inmaculadas. Recordaréis que la final del 66 volvió a primera plana en el mundial de Sudáfrica del pasado verano. Pero el disparo de Lampard sí fue captado a la perfección por una cámara cenital. La FIFA demostró que los goles fantasmas ya no regatearían a la tecnología…o al menos así lo creímos hasta el pasado miércoles.

Y eso que los Sevilla-Real Madrid guardan antecedente con otro gol dudoso: en 1975 durante un partido entre ambos equipos también en el Pizjuán, otro alemán, Paul Breitner, se sacó un misil que entró por el lateral de la red de la portería del sevillista ‘Superpaco’. El gol fue validado pero nunca entró entre los tres palos. Desde luego, estaba claro que la red cedió por el costado por el que se coló el balón, porque ni siquiera los madridistas lo celebraron. Buscando por internet no he encontrado ningún vídeo de aquel partido, tan sólo la foto del delito, y es bastante clara. Además, las crónicas y los testimonios de la época coincidieron por unanimidad en que fue ilegal.

El de Luis Fabiano con Albiol tardará en esclarecerse. Pero antes de valorarlo, habría que reverenciar la realización modélica de las cámaras de Canal Plus que, como casi siempre, rayan la perfección. Después de cuatro o cinco tomas dudosas, hubo otra que supuestamente capturó el balón detrás de la línea en su totalidad. Fermín, ‘el del banderín’ no lo vio cristalino y como dijo Valdano, “el gol nunca admite dudas y éste siempre las tendrá”. Pero el portero Palop aseveró que el “noventa y nueve por ciento de los linieres habrían pitado gol”, razón no le falta. El caso es que nadie puede asegurar científicamente que fue o no fue gol. Así que ya puede la FIFA volver a probar los dichosos microchips o fijar definitivamente, y por la cuenta que le trae, el ‘ojo de halcón’. Mientras tanto, el departamento de Física de la Universidad de Oxford tiene trabajo. Estaremos pendientes de su resolución.

Un país enamorado

Jueves, 12 Febrero 2009

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Paso a la mejor selección, ¿del mundo? Ningún equipo sabe jugar al fútbol como España, así de claro. Ni siquiera la temible Argentina de Maradona,  con Messi de arcabuz, lee el juego de forma tan nítida como la ‘Roja’. No me cansaré de agradecer a Luis Aragonés su inolvidable gesta. Y no me refiero a la consecución de la Eurocopa, bueno eso también, sino a ese estilo tan perfecto que inculcó a los jugadores en Austria. Por fin sabemos a lo que jugamos; tenemos alternativas para contrarrestar cualquier táctica rival, sea de toque, patadón, contragolpe o de simple derroche físico. Así da gusto contemplar un partido de fútbol.

Inglaterra vino a cortarnos las alas. Capello tapó las bandas con futbolistas rápidos para ahogar a los extremos españoles, éstos se percataron de inmediato de la pillería británica y entonces, ahí surgieron Iniesta, Xavi y Xabi Alonso para agujerear la columna vertebral de los pross. La sola presencia de Iniesta es un tributo al fútbol. Su encargo no consiste en hacer quiebros, asistencias o disparos, pues semejante espectáculo circense corresponde a Villa o a Torres. El centrocampista del Barça vela porque el juego nunca cese. Posee el don de la ubicuidad y de ello se aprovechan sus compañeros. Que hace falta ayudar por delante de la defensa, ahí está Iniesta; que hay que echar una mano a Xavi si éste se atora, el manchego es la solución. Si Capdevilla o Ramos se incorporan por las bandas, Iniesta ya sabe su intención segundos antes. Así es él, el ‘termostato’ de esta selección. Cuando lo hace bien, como sucede casi siempre, España se gusta. De lo contrario, surge un pequeño problema, pero nada que no pueda solucionar Xavi o Senna.

Porque España es una idea clara y divertida que se plasma por inercia en cada partido. Hay unos titulares, sí, pero también recambios de calidad. Fernando Llorente ya ha marcado tras haber jugado sólo dos partidos y apunta a banquillero de lujo; a Arbeloa le está viniendo de maravilla curtirse en el Liverpool y otros que aún no han venido como Arteta, del Everton, quieren compartir este sueño hecho realidad.

Del Bosque, en su papel, mantiene la serenidad. No en vano, es dificilísimo atenuar la euforia que viven los jugadores, el fútbol español y por qué no la nación. Ahora tocan las comparaciones: Argentina, Brasil, etc. Pero no se trata de ser mejores que otros hoy o mañana. Obviamente, llegará el día en que perdamos. Pero mientras persista esa gran idea, los españoles estaremos orgullos de nuestro combinado. Se trata de pasar un rato entretenido en frente de la televisión.

 

Sir Fabio Capello

Domingo, 12 Octubre 2008

Vuelve Inglaterra y lo hace como siempre, soportando críticas, invectivas y habladurías. Pero la Reina Madre puede suspirar tranquila, su nación está en buenas manos, quizá en las mejores. El batacazo nacional que sufrieron los ingleses en noviembre del año pasado aún colea en el costumbrismo inglés del té con pastas y fútbol. En aquel fatídico partido, Croacia desnudó las vergüenzas de un combinado que todavía alardea de sus rentas históricas, aunque sólo haya ganado un mundial. La trágica ausencia en la pasada Eurocopa supuso el fin de un plan erróneo, un fracaso granjeado por la Federación Inglesa. Ya eran demasiados años dando palos de ciego, presionando teclas incorrectas. Glenn Hoddle, Sven-Goran Ericsson y Steve McClaren no fueron los seleccionadores idóneos para un equipo que nunca ha sabido batirse el cobre con las grandes potencias.

A Hoddle le sentenciaron por unas declaraciones a The Times en las que consideraba a los minusválidos reencarnación de pecadores. La desafortunada afirmación no cayó en saco roto y Hoddle se fue. Con el sueco Ericsson, la federación inglesa tampoco estuvo exenta de escándalos. Los voraces rotativos del Imperio se afanaron en desempolvar la tumultuosa vida mujeriega del seleccionador. El resorte que agravó la inestable posición de Ericsson fue un lío de faldas con una secretaria de la propia federación. Y para más bochorno, el sueco fue engañado como un pardillo por un periodista de The News of the World que se hizo pasar por un jeque de Dubai y que le agasajó en un viaje al emirato árabe. Allí y con una cámara secreta, Ericsson no dudo en sonsacar algunas confidencias de futbolistas ingleses. De David Beckham dijo que el madridista estaba harto del Real Madrid; Owen le había confesado que quería marcharse del Newcastle  y sobre Wayne Rooney y Rio Ferdinand, el opulento entrenador de Inglaterra cuestionó sus actitudes díscolas. Total, que Ericsson se marchó tarifando de las Islas.

La única solución que la federación vislumbró debía ser interna, nacional, producto propio. Y ésa fue la oportunidad de McClaren, a quien se le recordará por sus continuos rifi-rafes con Beckham. Sin embargo, McClaren no se vio desbordado por los affaires extradeportivos que tanto gustan al sensacionalismo de sus compatriotas y sí por la deshonra de no meter a Inglaterra en la cita europea del pasado verano

La Federación inglesa se encontró en un callejón sin salida. Bueno, sí, había una vía de escape. Las casualidades quisieron que Fabio Capello no cumpliese su segundo año de contrato con el Real Madrid y aceptara la proposición de dirigir un vestuario derrotista. Pero el laureado entrenador italiano es, ante todo, un ganador nato y su mano de hierro ya ha empezado a sacudir a Inglaterra para espabilarla. De momento, los pross siguen en el ojo del huracán. No es para menos tratándose de un equipo de Capello, paradigma del resultadismo. Pero Fabio ya ha conseguido meterse en el bolsillo a la afición británica con la goleada que los suyos infligieron a Croacia en Zagreb con motivo de la clasificación para el próximo Mundial y que sirvió de vendetta para toda la nación. Cuando Capello consume la militarización de su bloque, sir Bobby Charlton volverá a evocar aquel Mundial de 1966 en la que Inglaterra se enorgulleció de haber inventado el fútbol. Las casas de apuestas han incluido a los ingleses entre los favoritos y no sin razón. Capello siempre cumple su cometido porque  su fin siempre justifica los medios. Así que no os extrañe que el italiano sea invitado a Buckingham Palace para ser envestido como ‘sir’. Un Mundial bien vale ese título.