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Entradas con etiqueta ‘Isco’

Pegamento en la bota

Martes, 22 Noviembre 2016

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“La próxima vez no hagas tantos malabares con el balón y centra al área más rápido”. Fue el consejo de Fabio Capello a un imberbe Víctor Sánchez del Amo después de un Real Madrid-Depor del 97. El equipo blanco se había volcado al ataque con empate a dos, quedaba media hora de partido y en una contra Víctor intentó driblar defensas usando el comodín de las famosas bicicletas que Robinho patentó posteriormente. De repente, Mijatovic y Suker levantaron los brazos en el área esperando ese balón inteligente que nunca llegó. La reacción del entrenador merengue fue volcánica: saltó del banquillo como un resorte y sus aspavientos hacia Víctor se vieron hasta en la antigua grada del ‘gallinero’. Preguntado en la rueda de prensa, Capello aplaudió la actuación del canterano pero aprovechó la ocasión para darle una colleja: “Me gusta el fútbol práctico y Víctor tiene que aprender a serlo”.

Isco se reencontró con su ‘yo’ más apoteósico del Málaga de Pellegrini. Sin caer en ese barroquismo que desespera al Bernabéu, como cuando Fernando Redondo pasaba el balón en horizontal, las expectativas del malagueño han subido como la espuma hasta el punto de reducir a James a una versión liliputiense. Convirtió el derbi en un Circo del Sol cada vez que cogía la pelota. Sí, parece que la lleva “pegada con pegamento”, como suele insistir Morata, pero Zidane le pide que a ratos que la suelte más rápido para leer la jugada. Cuando lo consiga un puñado de partidos, hasta Zizou sentirá nostalgia del pasado, aunque suene a palabras mayores. Si Isco amaga rápido y traza pases con escuadra y cartabón, quizá entonces la BBC no sea tan innegociable. Lopetegui siente predilección por su canterano porque ama el tráfico ordenado de balón. Cuanta más movilidad, mejor; la práctica habitual de Iniesta. Y si entre medias corren los “velocistas” (Guardiola dixit), el malagueño inaugura autopistas. No es su estilo, pero entiende este arma de destrucción masiva que tan bien usa el Madrid. Si fuese delantero, tendría dejes de Butragueño: finta, cambio de velocidad y el balón escondido detrás del talón. Fútbol en extinción.

“Isco regatea en un metro cuadrado como Paul Gascoigne”. Es una cita de Antonio Fernández, director deportivo que le convenció para trasladarse de la cantera de Paterna al Málaga. Como en otros casos sonados, Unai Emery ignoró los kilates que tenía en la cantera y nunca le dio la oportunidad de sacar ese joystick de Playstation que colapsó al Atleti. Y para mayor escarnio che, el propio Isco pidió renovar al entonces presidente Manuel LLorente, pero éste no aceptó unas condiciones calificadas por él mismo como “inasumibles”. Fue en ese preciso momento cuando Antonio Fernández convenció a la familia Alarcón de que  en Málaga su hijo comenzaría la carrera por ser un Von Karajan del fútbol. Lo sabía Pellegrini, que le llamó personalmente por teléfono para ficharle para el City, y también Del Bosque, que le dio galones de jefe aunque delante de las cámaras le tratara como becario.

 

Dos regates mejor que tres

Mircoles, 5 Octubre 2016

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“A veces dos regates salen mejor que tres, y una bicicleta resuelve la jugada mejor que dos”. Carlo Ancelotti insistió a Isco en que perdiese el miedo escénico del Bernabéu, que se imaginara flirteando con el balón delante de varios anfiteatros como lo hacía en los arrabales de Benalmádena, su municipio natal. El malagueño entendió que su público no aplaudía a los tímidos; al contrario les incordiaba con su murmullo ruidoso. Fue entonces cuando tomó la decisión de separar el grano de la paja, de ser simple y llanamente útil, pero con arte. Poco duró su convencimiento porque, en una entrevista para El Partidazo de COPE, el madridista ha confesado una autocrítica demasiado cruda: “Zidane no está siendo injusto conmigo. Si viene Ancelotti y no soy titular indiscutible; luego vienen Benítez y Zidane y tampoco, el responsable soy yo”. Cristalino y sin aristas, como si estuviese tumbado en el diván de un psicólogo, Isco necesita entrenarse como si no hubiera mañana para superar el temido casting: James, Marco Asensio y, en tercer lugar y a distancia sideral, él. Todos se esfuerzan entre bambalinas por si un día falla la innegociable BBC, y si Modric está KO, aparece un hueco en el que nadie de la calle pondría a Isco. Hagan la encuesta.

A Morata le preguntaron este verano qué compañero le había sorprendido en los entrenamientos y no lo dudó: “Isco conduce el balón como si lo llevara pegado en la bota con pegamento”. En un partido de fútbol-sala, su talento ganaría; en una cabina de teléfono, encontraría un resquicio para  sacar el balón,; en un rondo de Cruyff, nunca estaría en el medio, pero en este Madrid de pim, pam, pum, en el que el contraataque se explica en un puñado de pases, Isco no cuenta. Su sitio aparece en un plan B o C, cuando la BBC se oxida y Zidane necesita descerrajar defensas con un pase imposible o esos disparos curvos de Isco que, de vez en cuando, acaban en la escuadra. Es la opción más lejana para un plantilla que tiene suficiente artillería pesada como para asaltar el Fort Nox. James merece segundas oportunidades porque el pueblo ha hablado y aún no ha bajado el pulgar; Asensio de repente entusiasmó en verano y todavía es un proyecto en construcción; Isco quema cartuchos demasiado rápido sin sacar conejos de la chistera, mientras la grada silva (deseando a Silva) por hartazgo. Recuerda al primer Fernando Redondo, anterior a su eclosión con Fabio Capello y la Séptima, que agarraba el balón y le costaba horrores soltarlo sin sentido, en horizontal para cabreo de la grada.

Un ex futbolista de renombre del Madrid, ahora técnico de la cantera de Valdebebas, cree ciegamente que Isco habría encajado de maravilla en la ‘Quinta del Buitre’ en el papel de Martín Vázquez. Sabe dar esas pinceladas circenses que arranca aplausos en el Bernabéu y, francamente, los blancos tampoco están dando muchos motivos para la excitación del pueblo. En su primera temporada (2013/2014) Isco pasó de recluta a general en un escuadrón nulo de ideas sin él. Ése es su estilo innato y Ancelotti lo sabía para su fútbol control.. Sin embargo, “ese grupo de atletas” (Guardiola dixit) se sigue enchufando con mil voltios y velocistas que tengan pista libre. En cambio, el media punta requiere el ralentí que tanto gustaban a Xavi e Iniesta; cocinar a fuego lento hasta encontrar el gusto adecuado. Isco sería titular en cualquier parte del mundo. El Madrid no tiene nada que ver.

 

Pegarle al saco como si no hubiera mañana

Domingo, 17 Enero 2016

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Vuelve el Circo del Sol. Pero lejos de ser galáctico por temor a otro galacticidio, Zidane no quiere cerca aduladores que le calienten la oreja. Y como en el Real Madrid se sube del infierno al cielo a la velocidad de la luz (y viceversa), al entrenador no le lloverán palos o zanahorias hasta que empiecen las grandes veladas de Las Vegas. Por el momento, esparrin a esparrin, entrenando los mejores golpes y pegándole al saco como si no hubiese mañana. Eso fue el Sporting, un fardo que cayó al suelo mientras el speaker jaleaba la alineación merengue por los altavoces. Abelardo insistió durante la semana en que un fallo en el coliseo merengue “te mata para el resto del partido”; sus defensas no escucharon la rueda de prensa porque en menos de lo que se chasquean los dedos los centrales habían perdido dos balones en su área. Y ni una sola falta en veinticuatro minutos, aunque fuese para hacer acto de presencia. La defensa del ‘Pitu’ sacó el cartón piedra y la BBC se aflojó el cinturón para la bacanal romana que se avecinaba: vomitar a posta para seguir engullendo con todo el descaro del mundo. El fútbol es un estado de ánimo (Valdano dixit), pero, ¿tanto han cambiado los mismos once cabrones de siempre (ahora Toshack) de repente? De empatar a cero con el Málaga a clavar sendas manitas a Depor y Sporting. Saquen sus propias conclusiones, aunque hay alcantarillas que aún no se han destapado.

“Ahora entendemos un poco más lo que quiere el míster”. Tarde o temprano Isco tenía que romper su silencio. Defenestrado por Rafa Benítez y sus galimatías tácticos, Zizou le ha entendido de jugón a jugón. Su asistencia made in Laudrup a Benzema fue aplaudido por el entrenador, que le sugiere guante de seda arriba y disciplina espartana campo atrás. El Madrid necesitaba el pegamento de la bota de Isco, una chistera de la que nadie sepa cuándo va a salir el conejo. Y, desde luego, que sin él ni la mejor versión de James Rodríguez (ahora en una galaxia muy lejana) nunca habrá efecto sorpresa. Quien sí sorprendió fue Cristiano, que vuelve a exhibir esa sonrisa Profident oculta en la anterior etapa. Dice que tiene más empatía con Zidane que con Benítez, una manera modosa de aclarar que no aguantaba al técnico español. Así que un mensaje para el sector cafre de twitter: quizá la prensa no pequemos tanto de salsa rosa. Si ninguna cámara capta un guiño entre Rafa y Cristiano, si cualquier imagen es pasotismo absoluto entre ambos, puede que suceda algo. Y no se trata de encabronar al madridismo.

Todo es felicidad en el mundo de Pocoyó. Palmadas en la espalda, pulgares arriba y mil perdones entre jugadores cuando el balón no entra o el pase falla. “Con un vestuario cabreado no vas a ninguna parte”, soltó Fabio Capello después de abandonar el Madrid por segunda vez en la era Ramón Calderón. Él mismo lo sufrió en sus carnes, cuando tuvo que ceder a la presión de los capitanes Raúl y Guti, y volver a convocar al repudiado David Beckham. Capello entendió al vestuario, hincó la rodilla, y el Madrid remontó aquella Liga. Por acabar la disección del cadáver, Benítez nunca supo interpretar a Clint Eastwood en El Sargento de hierro; Zidane no lo necesita. Los mitos pesan demasiado, aunque alguno se empeñe en seguir viéndole como un póster voleando la Novena.    

 

 

 

Isco rebate a Iniesta

Lunes, 23 Febrero 2015

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Michael Laudrup salió ovacionado de San Mamés en la noche que Raúl agradeció a Valdano la oportunidad de su vida. El danés resolvió dos mano a mano y puso otro par de esas asistencias sin mirar a Zamorano y al entonces joven canterano. El 0-5 provocó en la grada un cabreo monumental que mutó en aplausos justo en el minuto que Laudrup fue sustituido por Juan Eduardo Esnáider. Las hostilidades históricas del Athletic fueron ignoradas por un público que reconoció la delicatessen danesa con un estruendoso aplauso. Menos imponente pero sí más impactante (de hecho dio la vuelta al mundo) fue ver cómo el Santiago Bernabéu hincaba la rodilla ante la genialidad de Ronaldinho. Él solo empequeñeció al Real Madrid como un gigante entre liliputienses, y aquel socio con bigote canoso y su hijo no tuvieron ningún reparo en aplaudir de pie al astro brasileño. Andrés Iniesta también recibió interminables tributos por su gol eterno en Sudáfrica y, por qué no reconocerlo,  por su plasticidad exclusiva. Si algún aficionado piensa en un jugador español parecido a Oliver y Benji, desde que luego que siempre sale Iniesta. O salía, porque le ha surgido un competidor demasiado precoz para ganarse el favor de aficiones ajenas.

La grada del Martínez Valero estaba esperando su cambio. La compilación de fintas, regates, amagos y pases versión Laudrup que dejó a modo de greatest hits se habría vendido en Elche tanto como el partido del ascenso a Primera del equipo ilicitano. Isco calentó demasiado banquillo la temporada pasada porque “su cabeza no estaba bien amueblada”, o eso dicen desde la planta noble del Bernabéu. Necesitaba macerar su talento, dejarlo campar a sus anchas sin soltarle la correa. Y parece que la tutela de Ancelotti ha funcionado. El malagueño dejó de ser banquillero de lujo la semana que Modric se rompió durante un Italia-Croacia. Pero lejos de recrear un panorama tremendista, Carletto charló con Isco y le sugirió que perdiese el miedo escénico, que se imaginara flirteando con el balón delante de varios anfiteatros como lo hacía en los arrabales de Benalmádena, su municipio natal. Isco entendió que el Bernabéu no aplaudía a los tímidos; al revés, les incordiaba con su murmullo característico. Fue entonces cuando tomó la decisión de separar el grano de la paja, de ser simple y llanamente útil, pero con arte, claro.

Fernando Hierro, asistente de Ancelotti, le ha servido de improvisado consigliere: “A veces dos regates salen mejor que tres y una bicicleta resuelve la jugada mejor que dos”. El madridista sigue siendo una esponja en plena absorción, aprobando doctorados cada domingo y cursando un máster acelerado detrás de otro. El equipo se ha tomado tan en serio su papel de niño prodigio, que apenas le importa lo que se dice en las barras de los bares: el Madrid divierte (y se divierte) con Isco sobre el tapete. Cualquier otra lectura sería mentir al aficionado. “Será el jugador más importante de España”. Palabra de su capitán, Iker Casillas, al que no le cuesta reconocer una realidad cada vez más indiscutible. Con Iniesta en horas bajas, el casting de ilusionistas lo domina el Isco que buscaba Florentino Pérez. En su ansia por comprar Balones de Oro, el presidente, aconsejado por la dirección deportiva, decidió darse un antojo: un talento español que, con la presión adecuada, podría rebatir a sus admirados Iniesta y Xavi Hernández en algunas discusiones. Y lo está consiguiendo. 

¿Síntomas de ‘galacticidio’?

Domingo, 15 Febrero 2015

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Arjen Robben suele arrancar desde la banda derecha y tiende a driblar hacia dentro, paralelo a la portería, hasta encontrar el ángulo perfecto para su rosca característica. A Leo Messi le gusta regatear piernas en el balcón del área y soltar un putt preciso al lado de la cepa del poste. Isco también ha aprendido a fotocopiar sus goles pero él prefiere pegarse la pelota con pegamento desde el vértice izquierdo del área, amagar cuantas veces requiera el defensa y conectar un disparo curvo a media altura. Y no suele fallar en su ejecución porque, como mínimo, el balón se estampa contra el palo. Ayer repitió ese latigazo liftado para sacar al Madrid de un serio apuro; la pelota cogió altura y sólo bajo para besar la red. El Bernabéu suspiró aliviado con su nuevo ídolo de masas porque el sopor que brindan los merengues promete las mismas sensaciones que jugar a la ruleta rusa. La probabilidad es que el Madrid gane casi siempre, pero ahora mismo le puede salir el partido tonto en cualquier momento. Mientras Cristiano Ronaldo actúe como el nuevo monsieur l’empané, Isco tendrá que muscular la espalda para aguantar el peso de un transatlántico de 500 millones.

Los plebiscitos del coliseo blanco dieron tanto morbo al partido, que este domingo los pseudo-informativos de deportes se han viciado a meter audímetros de las pitadas. Cualquier otra afición se habría conjurado en un estruendoso aplauso antes del pitido inicial, pero el Bernabéu (como el Camp Nou) es el tendido ‘siete’ de Las Ventas y no soporta ridículos históricos (derbi) ni carnaza periodística regada con salsa rosa (cumpleaños de Cristiano).  En el ojo del huracán Casillas, Ronaldo y Ancelotti. La letanía con el portero vuelve a debate: en cualquier otro país el respeto a los ídolos es innegociable, en España lo único innegociable es el rencor. De algunos, sin generalizar. Por si acaso y para redimirse del gol de Tiago, el capitán sacó un balón en pose argentina y otro en acto reflejo. Con Cristiano el murmullo aumentó demasiado los decibelios: sigue siendo el líder en horas bajas, aunque su exagerada ambición tiene la oportunidad de resarcirse porque casi ha tocado fondo. Y a Ancelotti le suplican a gritos la fórmula Luis Enrique, tan abominable a principio de temporada como aplaudida en estos momentos: rotaciones. Paco González no lo pudo expresar mejor en Tiempo de Juego: “Bale y Kroos beben agua como si fueran Lawrence de Arabia. Parecen muertos”. Ser agorero huele a ventajista, pero sólo hace falta echar un vistazo a las redes sociales para encontrar el término ‘galacticidio’ con una facilidad pasmosa. El Madrid sobrado de Carletto, el galáctico de Queiroz, ¿se acuerdan?

En aquella época megalomaniaca del Madrid, Zidane confesó a Ludovic Giuly, entonces jugador del Monaco, que estaban literalmente “agotados” durante el descanso que precedió a la catástrofe merengue en los cuartos de final de Champions en el estadio Luis II. La plantilla de pasarela Cibeles resultó ser los mismos “once cabrones de siempre” (copyright de JB Toshack) más Santi Solari, el banquillero de lujo. Ancelotti mira de reojo a su banquillo de circunstancias y sólo encuentra potable a Jesé. No habría sido mal día sacarle ayer para dejar al potro galés en la cuadra. El fútbol anterior a Navidad se ha ralentizado tanto como el Ferrari que no puede adelantar al Mercedes en recta ni con el DRS enchufado. Y la mejor noticia es que fue el Depor quien pisó el Bernabéu, la suerte del bombo europeo no ha querido meter por medio al Paris Saint Germain o la Juve. Ibrahimovic o Pogba no iban a ser tan condescendientes. 

Isco o James, debate inminente

Domingo, 1 Febrero 2015

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Ancelotti hincó la rodilla y aparcó su cabezonería. Sin Cristiano Ronaldo para armar a la ‘BBC’, la pizarra  del mister ensanchó su cintura con cuatro centrocampistas, y de veras le funcionó. El Madrid ha encontrado la solución universal en caso de que alguno de sus cracks falte a la cita: Toni Kroos de maestro de ceremonias, Modric como enganche cuando se recupere, Isco y James. Cuanto más empaque tenga la medular, mayores son las posibilidades de desplegar la alfombra mágica de regates, paredes y cualquier combinación imaginable. Sin embargo, a Modric le falta un mes para regresar de cabeza al once titular y, si la ‘BBC’ no sufre fisuras, surgirá un debate incipiente: Isco o James Rodríguez. Hoy juegan de la mano, mañana se venderán a Carletto en pos de un hueco.

El inversor millonario John W. Henry compró los Red Sox de Boston, histórica franquicia de béisbol, en 2002 con el único objetivo de volver a ganar las Series Mundiales que se le resistían desde 1918. Su proyecto fue claro: lejos de comprar a los grandes jugadores del mercado, su secreto sería copiar al milímetro el método de Billi Beane, el gerente de los modestos Oaklands Athletics, interpretado por Brad Pitt en la fantástica película Moneyball.  “No me interesan lo que me digan los entendidos. De béisbol habla todo el mundo. Beane ha demostrado que las estadísticas están ahí por algo y hay que saber leerlas”. La fe ciega del dueño de los Red Sox por este sistema revolucionario dio resultado porque en 2004 consiguieron el título. Sucede lo mismo con el fútbol, porque siempre se ha dicho que España tiene tantos entrenadores como aficionados, cada uno opinando y defendiendo su alineación favorita. Y entre Isco o James, quien apueste por James levantará sospechas entre el resto, salvo para un Ancelotti que siente más predilección por los datos que las sensaciones. Mientras Isco levanta al Bernabéu con un quiebro de Circo del Sol, James da la razón a los amantes de las estadísticas. Sin duda, el método Moneyball no le sentaría en el banquillo. Y los entrenadores se fían mucho de los números y no tanto del runrún popular.

Los datos están ahí: Isco ha marcado dos goles y el colombiano siete. En asistencias también gana James, siete por cuatro. Y en recuperaciones de balón (quizá la cifra que más aprecia Ancelotti por su vena italiana), James también resulta ganador: 67 por 59. Son números de Liga, porque en Champions Isco tampoco le iguala. “La prensa deportiva pesa mucho, no porque influyan en las decisiones de un club, sino porque incordian demasiado”. John Henry sabía que se enemistaba con la prensa de los Red Sox desde que ignorara al primero de sus clásicos ojeadores. Sea cual sea la elección de Ancelotti, tampoco le faltarán críticas: si pone a James, la grada más pasional le pondrá de vuelta y media. No en vano, en los últimas semanas ha surgido otra discusión que alimenta las barras de bar de todo el país: ¿quién es mejor ahora: Isco o Iniesta?

Pero si Isco no pierde la titularidad, más de un directivo de la planta noble jurará en arameo: ¡qué habrá hecho mal el fichaje de los 80 millones con esos números tan evidentes! Al menos, Carletto siempre tendrá la coartada del Moneyball. Las cifras nunca fallan.  

La advertencia de Mickey Goldmill

Sbado, 24 Enero 2015

Real Madrid 2-1 Córdoba: Cristiano se arrepiente y pide perdón a Edimar 

Al valencianista  Rodrigo de Paul le cayeron cuatro partidos por dar un puñetazo en el pómulo a Aleix Vidal en el Sevilla-Valencia de la primera jornada. Entonces, el acta arbitral contempló el cruce de cables del argentino como una agresión. Cristiano Ronaldo podrá agradecer al colegiado Hernández Hernández que haya omitido su agresión aludiendo a una simple “patada”. Ese pequeño matiz supone que la sanción al portugués sea más morbosa que los cuartos de Copa. Si le caen dos partidos, Real Sociedad y Sevilla, la maquinaria mediática antimadridista se activará para recordar en fascículos diarios las bulas papales que el Comité de Competición ha dispensado al Real Madrid a lo largo de la historia; pero si el Comité considera que la reacción de Cristiano fue infantiloide (no admite duda), el paquete puede llegar a cuatro partidos, incluido el derbi del Calderón. Será entonces cuando la caverna (Laporta dixit) repita la palabra ‘villarato’ como un loco atado con un chaleco de fuerza y que habla solo en un manicomio. Y, por supuesto, el Madrid pondrá en liza su lobby institucional para evitar daños y perjurios que pueda devolver en efecto bumerán al son de ‘con el Madrid no se mete nadie’.

Cristiano se desquició así mismo por desquiciamiento colectivo, valga la redundancia. De repente, sus misiles tomahawk se han averiado y su zancada no anda. “Las mujeres debilitan las piernas”, advierte Mickey Goldmill a su púpilo Rocky Balboa en la obra maestra de Stallone. Lo mismo le sucede a CR7 a modo de aduladores, premios y el ‘Sálvame Deluxe’’ que va a inundar su vida a raíz de su reciente ruptura sentimental. Da la sensación que Cristiano, lejos de reposar su cuerpo hercúleo, necesita caña para no cortocircuitarse. Su desborde ha perdido el reprís que hacía volar por los aires cualquier defensa acorazada. Pero no es un diagnóstico aislado: el rock and roll del equipo ha desaparecido de las guitarras eléctricas; más bien son acordes de música clásica, previsibles, relajados, sin poder de intimidación. Las jugadas han perdido su ritmo vertiginoso y las combinaciones perfectas de la ‘BBC’ que antes destripaban a los contrarios apenas alcanzan el balcón del área. Vale, no jugó Isco y el Madrid estuvo a punto de chocar con el iceberg. Pero ésa es la historieta que se contarán los niños en el recreo el lunes. Quién lo diría en verano, cuando en la planta noble del Bernabéu temían que el malagueño repitiera otro caso Özil.

Las crónicas sobarán en el Córdoba el tópico de jugaron como nunca y perdieron como siempre. Ocurre cuando el equipo liliputiense tiene que tirar de la palanca de la guillotina; el miedo a perderle el respeto al señor feudal les mata. Claro que todo habría acabado en palabrería si Bebé, ese émulo de Ronaldo Nazario, hubiera culminado su jugada de sello ‘maradoniano’. Bebé y el larguero que evidencia que Casillas tiene más flor que la selva amazónica fueron el preámbulo de la estocada merengue. Un penalti claro que Bale cocinó y se comió para mantener a raya a un meteórico Barcelona. El fútbol marchito del Madrid es inversamente proporcional a los bailes de Fred Astaire reencarnados por Messi y Neymar, los Balones de Oro del hoy y del mañana. Pero, como dice Manolo Sanchís, los equipos “obedecen a picos de rendimiento” y el de los blancos casi ha tocado el suelo. Al final, uno no sabe si es mejor descansar durante la semana o darse de bofetadas en otra competición, como están haciendo Barça y Atleti. 

 

El ‘Buitre’ en Getafe

Domingo, 18 Enero 2015

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Butragueño coge el balón de espaldas y se inventa un caño antológico que deja al defensa Linares clavado. A continuación, saca de su chistera el regate de la ‘cuerda’ para esquivar a Generelo sobre la línea de fondo y en otro instante, también sobre la cal, regatea la salida del portero Jaro con otra ‘cuerda’ para marcar a puerta vacío. Aquel gol antológico del ‘7’ al  Cádiz levantó a un Bernabéu que sacó los pañuelos al grito de ‘¡Buitre, buitre, buitre! La nostalgia emocionó a Butragueño en Getafe viendo cómo Benzema casi calcaba uno de sus goles más legendarios. Así es Karim, un genio todavía incomprendido que, como el Doctor Jekyll, tiene dos caras: la que persuadió a Florentino Pérez para ficharle personalmente en su barriada de Lyon, y la de monsieur l’empané, ese ángel de brazos caídos (no en sentido literal como Butragueño) que se olvida del limbo con ciertos destellos. Él fue lo único potable en otro partido turbio del Madrid, porque el Getafe copió los deberes del Atlético colocando a todo su ejército en medio. Así que la única solución blanca fue abrir las bandas y mandar centros a la olla, casi todos defectuosos, por cierto.

Bale tiene un guante de seda del que Cristiano y Benzema disfrutarían más si jugase en su banda natural y no en la derecha, donde el galés tiene que colocarse en posición amorfa para colgar pelotas. Es una lástima que en el fútbol moderno de interiores ya no haya un Míchel de turno que se arrime a un lado y ponga balones en la cabeza de cualquier delantero centro. También lo añorará Butragueño. En cambio, a Benzema apenas le importa porque a él lo que le gusta es montarse la jugada y esperar que salga la magia. Ese talento siempre se lo agradecerá el portugués, quien le ha dicho al club por activa y por pasiva que no quiere otro socio que no sea el francés. Cristiano necesita los goles, no por su bestial estadística (28) sino para sacudirse las coñas pesadas de su grito simiesco en la Gala del Balón de Oro. El público quisquilloso se quejará de que al Getafe sí pero al Atleti no: lógico, viene en la letra pequeña del contrato de cualquier estrella. Pero CR7 quiere engullir todos los récords de Liga posibles para dejarla sentenciada cuanto antes. No vaya a ser que el Barça se acerque demasiado y la temporada de la supuesta mejor plantilla del mundo acaba en otro ‘galacticidio’, como el de Carlos Queiroz.

Pero juegue bien, mal o peor, la salsa de este Madrid se la sigue dando Isco. El ex futbolista Javier Casquero comentó en la retransmisión de Tiempo de Juego que el malagueño mejora al cuadrado o al cubo cuando arranca su ingenio desde la izquierda. Desde ahí se convirtió en el mejor jugador joven del mundo en el Málaga de Pellegrini. Escribiendo comparaciones odiosas (o no tanto), la finura de Laudrup eran los pases a vista cambiada y la de Isco son los mil y un amagos que genera en un metro cuadrado. A Morata, el delantero de la Juve, se le ocurrió la metáfora perfecta en la última concentración de la selección: “Isco tiene pegamento en la bota”. Ancelotti también lo piensa, la gracia es que actúe en consecuencia y no le sacrifique cuando regrese el añorado Modric.

Un Madrid de rock and roll

Sbado, 18 Octubre 2014

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“El Madrid es rock and roll y el Bayern es más como el jazz”. Con su exquisito tacto, Xabi Alonso es la primera voz autorizada que describe de un plumazo el estilo merengue. Cuestión de gustos, claro; sin embargo, hay una palabra innegociable para su ex equipo: ‘rodillo’. En esta enésima ‘liga de mierda’ (Del Nido dixit) el Madrid gana por aplastamiento a la mayoría, noquea al rival y lo remata moribundo sobre la lona. En la época de Mourinho la artillería pesada salía al contraataque; con Ancelotti lo mismo saca el cuchillo a la carrera que golea con todo el equipo metido en campo contrario. El mayor respeto que puede expresar el Madrid por estos campos es acribillar sin piedad, sin amagos de vacilar o chulear. Y la sensación es que, tarde o temprano, brindará a su público una docena de una sola tacada. Ancelotti presumió en verano de disponer de la mejor plantilla de su carrera; son palabras mayores de quien ha entrenado a astros como Zidane o Ibrahimovic. La más completa de la historia del club ya es más debatible. No obstante, hace dos meses (antes de la ‘minicrisis’ de Anoeta y el derbi) este Madrid tenía la pinta de un Iron Man al cincuenta por ciento de su energía. Pero después de un puñado de correctivos severos, el señor Toni Stark (o sea, Carletto) ha probado el traje a su máxima potencia. De momento, los rivales apenas han sido esbirros de poca monta, porque en el primer combate de superhéroes falló (Atlético) y el próximo sábado llega su mayor villano.

De Cristiano Ronaldo está todo escrito, salvó quién es su acompañante ideal, su Robin de batallas. El año pasado llegó a formar tormentas perfectas con Bale y durante esta temporada se están reivindicando otros aspirantes. Su preferido, Benzema, no jugó en el Ciudad de Valencia, pero sí James Rodríguez, que se está olvidando del lastre de su P.V.P (80 millones) y saca a pasear la zurda con mucho descaro. Los chismorreos de los cenáculos madridistas apuntan que Florentino Pérez quedó prendado de James por su golazo a Uruguay en el Mundial; incluso, le criticamos en sus inicios que no mejoraba su versión discreta del Mónaco. Quizás por eso, James se ha desinhibido como lo hace con la selección cafetera; el guante de su pierna recuerda a los mejores tiempos de Davor Suker. Sin ocupar la misma posición, le faltan los latigazos del croata. A Guardiola le gustaría un tipo como James por su continua movilidad, ya que tan pronto calibra un centro desde la banda derecha como se desliza entre las líneas del media punta. Y ahora el morbo: James no es Di María, vale. Pero Di María nunca llegó a su plenitud en su primera liga. Sin quererlo, su némesis va a seguir siendo el argentino hasta que levante títulos. Las comparaciones son odiosas pero son las mueven las críticas o los ejercicios de onanismo.

Ancelotti se mojó en El partido de las 12  y analizó a James como un sustituto de Di María de “diez kilos más de peso y motor diesel para todo el partido”. Para chispazos eléctricos ya están Cristiano y Bale, el colombiano prefiere levantar la cabeza y mirar a sus compañeros antes de emprender la galopada. Diferentes, pero igual de útiles para ese rock and roll del que habla Xabi Alonso. Por supuesto que Isco también sabe tocar la guitarra eléctrica, pero le sucede como a Benzema: necesita pensar menos en el limbo y centrarse más en el día a día. El francés lo ha superado, el malagueño está en camino. Un talento tan descomunal como el suyo necesita un educador como Ancelotti que le premie en pequeñas dosis. Sólo de ese modo, Isco se entrenará rabioso y a pecho descubierto, capaz de dejarse la vida por cada titularidad. Da gusto ver sus quiebros, amagos de balón y, sobre todo, el toque final de chef que pone de vez en cuando al borde del área. Él había asumido el rol de desatascador para los minutos decisivos y ha acabado entendiéndose a sí mismo: por fin se ha dado cuenta que también puede aparecer en primera plana. Al fin y al cabo, gente como Isco o Benzema espabilan con una buena colleja. La que sabe dar el técnico italiano, pero no delante de los focos sino en el vestuario, a puerta cerrada.

“Si ganas vales y si no eres una mierda”

Jueves, 17 Abril 2014

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Vicente Del Bosque podría replantearse la fórmula de la Coca-cola de la selección española. Mestalla vio perecer un tiqui-taca demasiado manoseado y pizarras tácticas como la de Ancelotti o el estilo pétreo de Simeone también podrían conducir a Maracaná. Futbolistas hay para cualquier recurso. La Roja respira según las constantes vitales del Barcelona y, a dos meses vista del Mundial, el equipo que más nutre al combinado nacional es un enfermo que necesita un electroshock. El fin de ciclo vociferado por Frederic Hermel se ha infectado hasta el tuétano del club y, a la espera de que FIFA le permita o no fichar, urge una catarsis interna por mucho que ídolos de la Masía como Xavi todavía confíen en un equipo moribundo. Esta Copa dejó de ser un título menor por el cataclismo que se asomaba en Can Barça: ganar le habría dado cuartelillo ante un barcelonismo que anhela la era ‘guardiolista’ porque, siguiendo la reflexión de Dani Alves, “en el fútbol si ganas vales y si no eres una mierda”. Suena maniqueo pero Barça y Madrid o tocan el cielo o muerden el polvo. No existe termino medio.

Ganó quien lo buscó y peleó. Ancelotti, lejos de sufrir un ataque de entrenador italianizando al equipo, dio galones a Isco y le recomendó usar el balón para atacar. Así de simple. El Madrid no necesita marear la pelota para aclararse a sí mismo, le basta un puñado de pases rápidos y precisos para descerrajar defensas. Y la del Barça estuve verdaderamente horrorosa para regocijo orgiástico de Gareth Bale. Una sola cabalgada le bastó para guardar bajo llave los vídeos del Tottenham con los que había presumido de credenciales. El pobre Bartra, improvisado goleador y central rapidísimo al corte, vio pasar ante sí a un híbrido de Usain Bolt, Yohan Bake y Maurice Green. Da la sensación que al galés se le quedan pequeñas las dimensiones del campo porque su aceleración de cero a cien en escasos segundos se produce en el último tramo de la carrera. El Bernabéu merece un espectáculo de cuadrigas entre Bale y Cristiano Ronaldo al estilo de Ben Hur, sólo que los caballos son ellos mismos.

Si el Barça se jugaba quemar las últimas fichas acumuladas en años, los blancos querían evitar una pesadilla antes del terrorífico Bayern de Munich. Las casas de apuestas se habían inclinado levemente por los azulgranas, quizá porque el factor Cristiano pesaba toneladas de pesimismo, Por eso, el triunfo del Madrid ha cogido una trascendencia histórica; el portugués es medio equipo, pero la otra mitad también ha demostrado que sabe apañárselas sin su Terminator enchufado. Florentino Pérez sabe desde anoche que ha comprado un arma de destrucción masiva por valor de 100 millones que, aunque son 91, suena más ‘marketiniano’. Bale es el super héroe de la noche, con permiso de un generoso Di María, y parece que no le afecta la kryptonita de Messi. Ni siquiera Neymar, con quien le hemos comparado desde la prensa por haber compartido prime time de telediarios el pasado verano. El contraste fue simplemente brutal: Bale se montó en un cohete para llevar el balón hasta las redes de Pinto y Neymar se volvió loco delante de Pepe y Coentrao, los pájaros disparando a las escopetas.

El desquiciamiento de Neymar y la apatía de Messi, quien todavía no ha bajado de ese extraño limbo, son indicios inequívocos de la flagelación del Barça. La planta noble del Camp Nou espera que termine rápido la Liga para despedir a Martino por la puerta de atrás con un pasaje a Buenos Aires y encender otra vez la máquina de la ilusión. Sin embargo, esta vez no importa tanto La Masía como un personaje que venda periódicos. Y ése se llama Jürgen Klopp, devoto confeso del contraataque, por cierto. O sea, más entusiasta del ‘’corre, corre que te pillo’ del Madrid que del fuego lento que cocina el Barça. Porque no sólo de tiqui-taca azulgrana vive el fútbol. Que se lo pregunten a Ancelotti o, más complicado, que intenten convencer a Simeone. Al fin y al cabo, se trata de ganar y que no te recuerden como una “mierda”.