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Del Bosque, el gran estratega

Viernes, 28 Junio 2013

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A Del Bosque le tomaron por loco cuando, en el Real Madrid, sacrificó el talento trequartista de Guti para rebautizarlo de delantero centro o, mejor dicho, ya entonces de ‘falso nueve’. Con Morientes a menudo entre algodones, Guti se convirtió en estilete de la noche a la mañana y muy a pesar de las críticas de la opinión pública. El ‘catorce’, lejos de molestarse, espabiló rápido y fue marcando goles, así hasta dieciocho en aquella primera Liga de Figo. El Madrid se proclamó campeón y Del Bosque, ese ‘suicida táctico’, fue coronado como estratega mayor del reino. Trece años después,  Del Bosque miraba de reojo al banquillo del estadio de Fortaleza sin encontrarle a Fernando Torres un sustituto de garantías: Cesc y Soldado habían estado tocados durante toda la semana y Villa hacía demasiado tiempo que no afrontaba situaciones críticas. Y como debía tomar una decisión, el salmantino pensó en la ‘opción Guti’, personificada anoche en Javi Martínez. Su ex compañero Ander Herrera cazó a la primera la intención de Del Bosque en el twitter: “De central a delantero centro en año y medio, éste es bueno donde lo pongas”. Loren, aquel delantero del Athletic que pasó a adueñarse de la zaga de la Real Sociedad, ha dejado de ser el único y genuino rara avis.

No fue el único experimento volátil que intentó Del Bosque. Sin ir más lejos, eligió a Busquets para lanzar uno de los siete penaltis; nada extraño de no ser porque era el segundo penalti que lanzaba…¡en toda su carrera! Como anécdota, el primero lo falló, así que máximo riesgo, aunque el barcelonista no se lo confesó al seleccionador en el césped, tal como aclaró en COPE. Pero la madre de todas las apuestas era Iker Casillas. Con él nos jugábamos el primer momento decisivo de la Confederaciones y con él sufrimos hasta el final. Sus dos paradas de la primera parte fueron detenidas por todo el país, incluida la afición culé, ansiosa porque Mourinho y todas sus consecuencias vayan cayendo como un castillo de naipes. Pero ayer el espectro de Mourinho no pintaba nada; bueno, quizá algo cuando el portero no tuvo la flor de siempre en la tanda final. No obstante, a Casillas le vienen de maravilla estos partidos sobre el alambre para recuperar la confianza perdida.

España volvió a demostrarse a sí misma que sabe ganar con el mismo oficio que Italia, Alemania o la misma Brasil. Ya no se trata de esforzarse en maravillar para ganar, sino que en circunstancias atascadas La Roja maneja tan bien los tempos como antaño lo hizo el Madrid de Del Bosque en las Champions. Sin embargo, Prandelli se reveló como un fabuloso ajedrecista intuyendo cada jugada por delante de su colega español. Fue entonces cuando llegó el cambio de Torres por Javi Martínez y la regeneración milagrosa de la prórroga. Quizá cinco minutos más y la selección española no habría necesitado penaltis: Buffon era el único de sus compañeros que se mantenía erguido sobre el tapete, el resto ya había prestado un servicio impagable a su patria azzurra. Los italianos tienen que sentirse contentos.

Y en el horizonte Brasil, aunque ésta que parece extraterrestre en el mundo del jogo bonito. Por eso, cada vez que Neymar intenta una gambeta o un caño sin éxito, no supone ningún fraude en un combinado más musculoso que ingenioso. Así lo prefiere el cuadriculado Scolari y también nuestra selección, que ha patentado y modernizado aquel fútbol marciano del Brasil del setenta. Por fin llega un sueño quimérico: Brasil-España en el sagrado (y remozado) Maracaná, pero con los papales cambiados. España es la número uno del mundo, Brasil sólo un aspirante más.  

Una misión mesiánica

Jueves, 17 Enero 2013

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La cervecería más grande de Europa, la Hofbräuhaus de Munich, no tardará en acicalarse para recibir al que será su huésped más ilustre en la próxima Oktoberfest. En la pasada fiesta de la cerveza, que se celebra en septiembre aunque se llame así, al neófito Javi Martínez tan sólo se le ocurrió chapurrear ich bin schön (estoy guapo) cuando las cámaras le inmortalizaron vestido con el típico traje bávaro. ¿Se atreverá a ponerse el próximo entrenador del Bayern camisa a cuadros rojos y blancos, pantalones cortos de cuero y medias de lana hasta las rodillas? Desde luego, a Guardiola le han sugestionado bien para que se haya decidido por la plácida vida alemana. Seguramente, su amigo íntimo Raúl le haya contado las comodidades cotidianas para los extranjeros adinerados que residen en Alemania. El ex madridista y su familia quedaron prendados de Düsseldorf, donde vivían en un chalet pegado al río Rin, y no es de extrañar que Guardiola, quien también es de costumbres tranquilas, se adapte rápido a Baviera. Quizá le cueste el contraste entre el ritmo vertiginoso de Manhattan y la calma chicha del sur de Munich. Pero si el ex técnico azulgrana ha elegido la Bundesliga por delante del puñado de ofertas que ha escuchado desde Nueva York, significa que la decisión está más que meditada; no en vano, se trata de un futuro a largo plazo.

La directiva del Bayern, encabezada por el presidente Uli Hoeness y su mano derecha, Karl-Heinz Rummenigge, tenían clara la única condición del contrato: nada de firmar año a año, tal como transigieron Laporta y Sandro Rosell. Para eso, se habrían quedado con el viejo pero fiable Heynckes, a quien, precisamente, la directiva había ofrecido la renovación. El actual entrenador les había comunicado que todavía era pronto para el papeleo: la Bundesliga encara su segunda vuelta después del parón invernal y todavía queda un mes para que la Champions abra fuego en sus octavos de final. Heynckes tiene claro que el Bayern será el último equipo de su carrera a sus 67 años y sólo haría una excepción si se trata de la selección alemana, pero la federación tiene el compromiso de Joachim Löw hasta el Mundial de Brasil. O sea que el club germano ha resuelto el “grave problema” que acuciaba sus planes, como reconoció anoche en la COPE el legendario Paul Breitner, ahora director de relaciones institucionales del Bayern.

Guardiola tendrá tres años para presentar su obra, es el margen prudente que le dan los mandamases del club con la aquiescencia del tótem y actual presidente de honor, Franz Beckenbauer. En marzo de 2007, meses antes de coger las riendas del filial del Barcelona, Pep publicó una artículo en El País a propósito de la eliminatoria de Champions que el Barça iba a jugar contra el Liverpool; el texto era una oda a la esencia del club, el estilo que debía distinguirle del resto de equipos. “Mañana el Barça perderá. O pasado. A todos nos pasa. Pero nadie puede discutir que hace ya mucho tiempo que el Barça es un equipo reconocible. Único”. Queda clara cuál es la aspiración deportiva del Bayern con Guardiola al frente: puede que moldear un émulo de su Barça sea un propósito quimérico porque, simplemente, en Munich no juegan Iniestas y Messis, claro que ni allí ni en ningún lado. Pero la carta continúa: “En Barcelona se entiende que se puede ganar de mil maneras. Todas válidas. Todas sirven. Faltaría más. Pero en Barcelona también se entiende que jamás se puede ganar de una forma que no se sienta. Que no la sientan los jefes, los técnicos, sus jugadores, los amigos de la prensa y la gente que va cada semana a verlos”. La imagen pública del Bayern es la de equipo que saca el rodillo en su rancho alemán y que a veces se cuela entre los favoritos para levantar la Champions (Drogba se lo privó por dos minutos en la última final), pero si bien el Barça contemporáneo o el United de Ferguson tienen su estigma, al Bayern le sucede como al Real Madrid: tiene que elegir un estilo y defenderlo a muerte. De lo contrario, los alemanes no habrían optado por Guardiola ni éste se habría decantado por ellos.

Instantes después de que el Bayern anunciara el fichaje, una interpretación simplona corrió como la pólvora. Salvador Sostres lo llamó La Cobardía en su columna de El Mundo. Habla del conformismo de Guardiola por haberse dejado seducir por una liga menor. Sostres no se ha parado a pensar qué campeonato es más fácil de ganar: si la Bundesliga o la Liga. Le habría bastado con echar un vistazo a las rotundas estadísticas: en los últimos seis años, Borussia Dortmund por dos veces, Stuttgart y Wolfsburgo han conquistado el torneo; en España, la era Guardiola sólo fue sacudida por el Madrid de la temporada pasada. Es decir, que los paseos militares del Barça han sido más descarados que los del Bayern. La exigencia para su próximo entrenador no se limita a arramblar con más títulos nacionales, eso lo puede hacer el propio Heynckes, ni siquiera a conquistar Champions (Otmar Hitzfeld ganó una y perdió otra contra el United en un abrir y cerrar de ojos). No, el Bayern se ha modernizado y con él la Bundesliga, que poco a poco se está convirtiendo en una liga modélica en todos los sentidos: el del buen fútbol y la mercadotecnia. Guardiola viene a implantar un modelo que aplauda el público y, sobre todo, identifique consigo mismo. Se acabaron los tópicos de ese fútbol alemán intenso pero más simple que un cubo. Al Bayern le apetece ganar y gustarse.

Pep sólo tendrá que preocuparse por crear una marca propia con sus futbolistas, el dinero está más que garantizado. Los grandes patrocinadores Audi, Adidas, Telekom, Coca Cola y la aerolínea Lufthansa, por enumerar los más destacados, le han dado al Bayern una solvencia económica inigualable en el mundo. En junio de 2012 obtuvo casi cuatrocientos millones de ingresos, récord absoluto en su historia, y su prudencia en el gasto, típica de los alemanes, le confieren una balanza de pago envidiable. Respecto al patrimonio, el Allianz Arena es una joya arquitectónica en la que Guardiola se sentirá tan a gusto como en el Camp Nou, y la ciudad deportiva de Säbener, al sur de Munich, ha sido concebida como un centro de alto rendimiento donde podrá entrenar y convivir con su vestuario las siete u ocho horas laborables que acostumbran a trabajar los clubes alemanes, al estilo de los ingleses. Beckenbauer sólo espera que al término de la temporada 2015-16 Guardiola matice las primeras declaraciones que hizo Javi Martínez el pasado septiembre: “Estoy casi como en casa porque la gente es muy amable”. Las mismas pero sin el casi.

Los fantasmas de Lizarazu

Mircoles, 22 Agosto 2012

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Minutos previos a la vuelta de semifinales de la pasada Champions entre Real Madrid y Bayern. El técnico alemán Jupp Heynckes, meticuloso con las tácticas hasta la saciedad, necesitaba ultimar los detalles para acabar con el Madrid de Mourinho. Para ello, se reunió sobre el césped del Bernabeu con dos hombres de su confianza: Matthias Sammer, Balón de Oro y ex capitán de Alemania, y Bixente Lizarazu, ex jugador del equipo alemán y partícipe de los duelos antológicos entre blancos y bávaros de la pasada década, aquellos en los que Raúl se las tenía tiesas con Kahn y Effenberg. Heynckes les comentó cómo podían aguantar el 2-1 favorable de la ida y la contestación de Lizarazu fue “jugando al fútbol”. Así lo escuchó el míster y así se lo inculcó a sus jugadores.

Lizarazu siempre será recordado en el Bayern por su sacrificio, buen gusto de balón y los bemoles que ponía para las grandes ocasiones, por ejemplo, las del Madrid. Pero al Bayern no le salió nada barato el capricho de Giovanni Trapattoni en el verano del 97; el entonces entrenador del equipo alemán, de vuelta a Munich aquel año, necesitaba un lateral de largo recorrido, un rol casi inédito en aquella época, y aunque las credenciales de Lizarazu en el Athletic de Luis Fernández no habían resultado aconsejables (tan sólo 16 partidos de titular), al Bayern le urgía cubrir esa demarcación. Y si en 1995 el club bilbaíno hizo un master acelerado de negocios para retener a su estrella Julen Guerrero (obligó a Ramón Mendoza a pagar la cláusula de 1.000 millones, pero al final el jugador fue quien decidió jurar amor eterno a los ‘leones’), el presidente Jose María Arrate tuvo que remangarse la camisa para meter en cintura al Bayern de su homólogo Franz Beckenbauer.

El Athletic exigió al Bayern el pago íntegro de la cláusula de 600 millones de pesetas de Lizarazu más otros cien millones, justificando que el abono completo de la cláusula sólo obedecía entre clubes españoles. Por si acaso, el defensa había tomado la decisión de aceptar la suculenta oferta de los alemanes y tensó la cuerda ausentándose de los primeros entrenamientos de pretemporada. El enfado de Arrate alcanzó proporciones bíblicas…”Que Lizarazu pase por taquilla, que no intente darnos lecciones de ética y que no hable más de señoríos”. Al presidente vasco le olía todo a chamusquina: habían pagado 300 millones por Lizarazu al Girondins de Burdeos y ni mucho menos le soltarían por sólo el doble. El objetivo era negociar con el Bayern cerca de mil millones, una intención obviamente inaceptable para el club comprador.

El enredo llegó hasta la FIFA, que permitió al jugador entrenarse con su nuevo equipo, sin que ambos clubes hubieran llegado a un acuerdo. Fue entonces cuando Arrate disparó fuego a discreción…”Recuerdo que en un amistoso que jugó el Bayern en San Mamés, Benckenbauer, cuando todavía era jugador, se bajó los pantalones y enseñó el culo a la grada. Si no pagan los 1000 ‘kilos’ que pedimos, a lo mejor el precio sube a 1.500 millones”. Finalmente, la cifra se resolvió en 720; la cláusula más otros 120 en calidad de traspaso.

El Bayern tiene miedo de que el Athletic repita la ‘artimaña’ con Javi Martínez. Otro jugador histórico como Karl-Heinz Rummenigge, presidente del consejo de vigilancia que controla los fichajes y ventas del club bávaro, aceptó el montante económico la semana pasada, quizás sin percatarse que Josu Urrutia podría acogerse a la coartada de Arrate. Al menos, Javi sí se ha entrenado con sus compañeros y, de momento, no se ha declarado en rebeldía.

La hoja de ruta del Athletic es clara: torpedear el fichaje. Hasta hoy, Urrutia no le ha cogido el teléfono a Heynches (ambos tenían muy buen relación entrenador-jugador cuando el alemán dirigió al equipo). Si Javi Martínez quiere irse, él tendrá que depositar la cláusula más seis o siete millones que debería pagar ya que Hacienda los declararía como ingresos; la otra solución sería que el futbolista renunciase a parte de su sueldo por los cinco años que jugaría en el Bayern. El Athletic lo tiene tan claro como lo tuvo con Lizarazu.