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¿Qué tienen en común el Sevilla e IKEA?

Jueves, 19 Mayo 2016

Gameiro goal“Hay que estar preparado para ir ganando, para ir perdiendo (…) Pero el mensaje que siempre repito es aguantar de pie hasta encontrar tu oportunidad”. Unai Emery radiografió la final de Basilea en Bein Sports sin haberla jugado. Sólo él se había preparado contra el heavy metal incial de Klopp, y sólo él intuyó la cabalgada imposible de Mariano, esquivando piernas como si fueran conos de entrenamiento. Dicen que nunca se rinden porque el Sevilla quizá sea el primer club en el que su himno cambió la historia; Javier Lavandón ‘El arrebato’ cantó y el sevillismo cambió su adn. De campar por tierra de nadie a saltar de final en final; de sufrir un año en el infierno a ensanchar la vitrina de títulos. Joaquín Caparrós maceró la cantera; Juande Ramos cuadró aquel primer proyecto inolvidable y Emery ha especializado al Sevilla en torneos de pim, pam, pum. Catedrático de moda, su obsesión por el fútbol vende menos que la del ‘Loco’ Bielsa’ pero genera estrellas, trofeos y dinero. Carlos Bacca llegó como un delantero del montón de la liga belga (7 millones) y se marchó al Milan con P.V.P de estrella (30 millones): Kevin Gameiro, repudiado por el Paris Saint Germain, costó 7,5 ‘kilos’ y a Monchi ya la están taladrando el teléfono con ofertas de media Europa. Es el método Moneyball del Sevilla: jugadores a coste cero cuya rentabilidad es apoteósica. Porque el día que en Nervión firmen un cheque de un puñado de ceros y salga cualquier Lopera de turno presumiendo de un Denilson (5000 millones de las antiguas pesetas), Monchi cambiará de oficina.

Los cursos de entrenadores tienen su lírica en la charla de Rafa Benítez al Liverpool de Estambul y, desde anoche, la de Emery a un vestuario que estaba siendo aplastado. Una parte tardó el Sevilla en enterarse de que había que poner corazón y cabeza. De lo primero no hubo ningún amago, de lo segundo abusó Ever Banega, la extensión del entrenador en el campo; su híbrido de Makelele y Xavi Fernández. Toda la locura que demuestra el argentino en su vida personal la compensa con creces sobre el césped. Cortocircuita jugadas y detiene el tiempo cuando su equipo se asfixia. Con razón el Inter de Milan le ha atrapado para el Calcio: es un Gattuso con estilo. Sucede lo mismo con Coke, media punta espabilado donde los haya. Su astucia la aprendió en Vallecas y al Sevilla le viene de vicio tener una hormiga puñetera correteando por todo el campo. De repente apareció en la jugada de Vitolo y de repente él estaba colocado en el metro cuadrado adonde llegó el rebote del Liverpool en el último gol.

Suena a chiste que el Sevilla no haya ganado ni un solo partido a domicilio en toda la Liga. En el diván de un psicólogo se llama falta de competitividad. Pero el presidente Pepe Castro no engaña a nadie: “Ganamos la Europa League porque somos quienes más apostamos por ella”. En ganas desde luego, porque la historia reciente ha demostrado que los equipos repudiados en la primera fase de la Champions, sufren la mítica Copa de la UEFA como un castigo. No en vano, esta competición es un maratón de liguillas y eliminatorias que deja castrado a cualquier club con aspiraciones serias en su liga. En cambio, los hispalenses saben que el jueves es su día grande. En pocas semanas la secretaría de Monchi abrirá también en domingo: hay demasiados jugadores apetecibles para el mercado. Y el Sevilla, a pesar de esa permanente inyección financiera vía títulos o ventas, seguirá actuando como Ingvar Kamprad, el desconocido dueño de IKEA, al que su infinita fortuna no le impide comprar ropa de segunda mano y yogures caducados. En el Pizjuán han demostrado que el fútbol no sólo se compra con billeteras: políticas de ahorra al poder.

La imagen

Jueves, 4 Septiembre 2014

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A Juan José Millás le gusta desentrañar el lado oculto de las cosas escudriñando fotografías en El País Semanal.  Con su pluma ácida, intenta (o no) convencer al lector de cuál sería, a su modo, un mundo mejor. Por eso, en homenaje a su estilo a veces irónico y siempre agresivo, la imagen del selecto cónclave de entrenadores reunido en Nyon esta semana delata por sí mismo a cada personaje. Al más enrollado se le detecta a la legua: Jurgen Klopp nunca oculta esa sonrisa picarona de Joker, medio sarcástica medio vacilona. Disfruta del balón desde la banda del Westfalenstadion tanto como lo hacía con la pizarra magnética de la televisión alemana explicando tácticas que ningún telespectador veía en el Mundial de Sudáfrica. Debajo de él se sienta el padrino del tinglado, Sir Alex Ferguson, que seguirá acudiendo a estas reuniones para justificar su jubilación. Quizá Klopp se pregunte por qué no fue el elegido para el banquillo con más solera de Europa, aunque es más probable (sólo por la rumorología mentirosa del mercado) que mire de reojo al novato que está pegado a Guardiola.

Klopp sonó en las quinielas del Barça, que no de Zubizarreta, pero Luis Enrique es un tipo de la casa, no de La Masía sino proscrito del madridismo. Su resquemor hacia la falta de palabra de Lorenzo Sanz le ayudó a amar rápido a su nuevo club; era de cajón que tarde o temprano lo acabaría entrenando. Y como buen conocedor de la idiosincrasia culé, debía rendir pleitesía al tótem 2.0 de Can Barça; el indiscutible es Cruyff, por supuesto. Luis Enrique se acaba de sentar en la mesa de los aristócratas, aunque deja caer por sus zapatillas que su estereotipo runner y triatleta nada tiene que ver con las siluetas ensanchadas de colegas como Ancelotti o Rafa Benítez. Como los grandes generales norteamericanos, Carletto y Mister Rafa apenas tienen espacio en la solapa para más medallas; han pisado los estadios de toda Europa y el gremio les habla desde un respeto reverencial. Pueden hablar de vinos gran reserva porque ellos los han creado; Luis Enrique, en cambio, todavía no ha pasado la fase de la vendimia. Por lo visto, Herr Pep le ha servido de consigliere. Sigue siendo único y genuino por su éxito meteórico y esas ideas vanguardistas que otros de la foto aún no entienden. Descubrir una conversación táctica entre Guardiola y los otros invitados sería digno del Pulitzer; no obstante, lean Herr Pep (de ahí el apodo) de Martí Perarnau y entenderán su obsesión tremebunda por el estilo.

Míchel también es de los últimos invitados y por eso se coloca en un extremo, para no molestar. Conociéndole, seguro que ha ido más de oyente que de ponente. Emigró a Atenas para encontrar el reconocimiento que le negó España y cada año construye un Olympiacos nuevo con un puñado de euros. Su meta se parece a la original de Simeone, el gran ausente: incordiar a las grandes moles de Europa como una mosca cojonera. Y cuanto más dé la vara en la Champions, mayor será el botín en un banquillo futuro. En el otro extremo, un zorro viejo en este foro. Wenger prefiere aproximarse a Guardiola que a Ancelotti porque lo suyo es mimar el balón hasta descoserlo y fabricar promesas en cadena. El fútbol base es la génesis del Arsenal y, por eso, no habrá perdido la ocasión de susurrar a Platini que más cantera y menos cartera (a pesar de que los gunners presuman de talonario).

Unai Emery tiene pinta de vendedor en la foto; de vendedor de ideas, precisamente. Su gesto es el de un tipo agradecido por la invitación para que le tomen en serio. Y aunque la Europa League no es ninguna broma, los jerifaltes sólo piensan en  modo Champions. Emery huele a revelación, como lo fue André Villas-Boas en el Oporto. No obstante, al ex amigo de Mourinho le quedó demasiado grande el Chelsea y ésa es la sensación que planea sobre Emery. Revelación también lo fue Manuel Pellegrini cuando Riquelme estuvo a punto de meter al Villarreal en la final de las finales. Su carácter discreto le aleja de las bullas, de ahí que no lo moleste en la pose. Quizá si respondiera a la permanente guerra dialéctica de Mourinho, los periodistas ávidos de morbo dejarían de llamarle el ingeniero de caminos.

 

 

 

 

 

Derbi de argamasa y amasijos de hierro

Mircoles, 20 Agosto 2014

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A Jürgen Klopp le desmontan su Borussia Dortmund cada año y sigue siendo un dolor de muelas. Su filosofía no es el partido a partido tan repetitivo de Simeone, cuyo segundo entrenador, el ‘mono’ Burgos, se encargó de recordar anoche a los telespectadores. No, Klopp cambia de peones (bastante baratos, por cierto) pero mantiene la idea de rodar el balón cuanto más rápido mejor. El ‘Cholo’ también ha asumido que el Atleti es una empresa de compraventa de futbolistas y, más importante, el casting más fiable del que se nutren las grandes moles europeas. Sin embargo, a pesar de la exportación de estrellas y como le pasa al Dortmund, los rojiblancos incordian allá donde juegan, sea en el trofeo Ramón de Carranza o en el mismísimo Bernabéu, al que le han pillado el gustillo. Simeone es cabezón: juega a morder la yugular, a chupar la sangre del contrario como un vampiro. Y para ello, cambian los personajes pero se mantiene el músculo. La esencia es innegociable, justo lo que debe buscar Ancelotti, todavía ahogado en un mar de incertidumbre: dominar el balón o machacar a mamporros.

El nuevo Madrid quiere controlar el fútbol, aunque le sigue tirando la inercia del contraataque made in Mourinho. Provoca relámpagos en ataque con apenas un puñado de pases, pero ahora el problema se ha detectado en la ‘sala de máquinas’, como le gusta decir al narrador Sixto Miguel Serrano. El ocurrente, que no elocuente, trivote formado por Kroos, Modric y Xabi Alonso se obturó por las tuberías de los dos últimos. Al alemán se le ve suelto y, por eso, el partido pedía que él siempre cogiese la pelota. En contraste, a Xabi se le ve cansado, sin la mente clara para interpretar su orquesta sinfónica, mientras que Modric sufre el mal de Sansón: no es el mismo desde que se cortó el pelo justo después de la final de Lisboa, ¿casualidad? Ancelotti tiene que aclararles su hoja de ruta porque desde la grada da la sensación que los tres centrocampistas traspapelan sus funciones: todos hacen lo mismo o lo que no deben.

Quienes lo tienen claro son los colchoneros. Mandzukic ha encajado como un molde en ese rol de delantero tanqueta o boya de waterpolo que se pelea con toda la defensa; en cuanto abra la lata, recibirá el guiño de su entrenador. Los que están en segundo curso de Simeone y repitiendo son su guardia pretoriana: Koke, Gabi, Mario Suárez y el novato Saúl han sido fabricados artesanalmente por su míster argentino. Se entienden, quizá por pertenecer a la misma escuela del Cerro del Espino (de la que habrá que investigar su génesis) y darán que hablar, vaya que si lo harán. Tienen buen pie y sudan como Raúl García, el soldado perfecto del ‘Cholo’. Paradójicamente, en 2005 el Real Madrid sondeó el fichaje del ex jugador de Osasuna, pero por aptitudes más estéticas y, a tenor de lo visto, menos eficientes de las que presta en el Atlético.

La velada continuará el viernes con un Madrid rabioso que lo último que necesita es otro regodeo del vecino, que no hace demasiado tiempo era el hermano pequeño e inocente que recibía collejas del blanco abusón. Y la estrategia de Simeone con la ventaja del empate a uno debería ser sencilla: meter argamasa en la defensa y hasta amasijos de hierro si hace falta. Porque ellos no necesitan un contraataque, les vale un solo corner en el que Godín remata con la cabeza hasta un microondas. Vamos, como Falcao antes de que le pudiera la codicia. Pero ¡cuidado!, que en esas de repente puede aparecer un obús de Bale o una jugada de tres rebotes de la que se aproveche el pícaro James Rodríguez a lo Raúl González. Claro que de un tipo de 75 millones se esperan zurdazos a la red como el del Mundial o recortes escurridizos en un metro cuadrado. No obstante, para esto último está Di María, no sabemos por cuánto tiempo aunque si fuera por la ovación del Bernabéu, un año más seguro. Venderle huele a cagada de proporciones bíblicas. Y si pide ocho millones en el contrato, Florentino debería ser flexible. El caso Makelele le jugó una mala pasada por las devastadoras consecuencias que arrastró. Y el presidente no quiere repetir aquel error de proporciones bíblicas.

 

Personajes que no pueden faltar en Champions

Jueves, 12 Diciembre 2013

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1.“El único objetivo era no ganar la Europa League y se ha cumplido”. Sea en Madrid o Londres, José Mourinho no ha perdido ni un ápice de su labia incisiva. El recado lo soltó anoche, después de la victoria del Chelsea y la eliminación del Nápoles de su viejo enemigo Rafa Benítez. Pero lejos de sus habituales discursos triunfalistas, Mourinho sorprendió a la prensa inglesa con una realidad demoledora: “el principal objetivo es asegurarse una plaza entre los cuatro primeros de la Premier”. Sin mentar posibles títulos futuros, emuló a su colega Simeone: del ‘partido a partido’ del Cholo al step by step de Mou. Él lo tiene claro: Bayer, Barça y Madrid son lo favoritos. Casualidad o no, los dijo en ese orden, aunque tratándose del portugués, suena a una lista premeditada. Quien no estará muy de acuerdo es su jefe Roman Abramovich, que cedió el testigo de millonario despilfarrador al jeque del Paris Saint Germain, pero que también ha extendido un puñado de cheques para que el Chelsea se esfuerce en hacer algo más que “quedar entre los cuatro primeros”.

2. El Chelsea juega rematadamente mal, pero también lo hizo con Di Matteo y un cabezazo furtivo de Drogba les dio la Champions en la casa de la gran mole de esta Chamnpions, el Bayern. Curiosamente, los alemanes son vigentes campeones por aplastamiento; con Heynckes, no necesitaron esos chispazos de suerte que deciden un campeón. Y parece que esta edición acabará irrevocablemente en unas semifinales con elllos, Madrid y Barça. El cuarto podría bailar entre PSG según se le antoje a Ibrahimovic, el Mark Lenders del equipo; el propio Chelsea de Mou del que todavía se venera en Madrid su gen competitivo o un Manchester City, que da la sensación de que es un chaval de 18 años al que su padre le acaba de comprar un porsche. Tan pronto toma una curva como si fueran raíles, como se estrella a 200 km por hora. Su plantilla barnizada de oro todavía no le ha cogido el tranquillo a combinar bien Premier y Europa.

3. La Champions vuelve a delatar al Calcio. Sigue siendo una liga desvencijada a pesar del comienzo fulgurante de la Roma y la frescura española del Nápoles de Benítez. La Juventus se quedó en el camino justo cuando Fernando Llorente comenzaba a ser algo más que bello; el Nápoles fue decapitado como un samurai, es decir, con todos los honores de guerra, y solo ante el peligro queda una pésima calcomanía de lo que fue el último gran Milan, no el de Sacchi sino el del Ancelotti. Sinceramente, da pena la eliminación de un Nápoles que había ilusionado a su ferviente afición con despojos de otros clubes: Reina, cedido por el Liverpool, y Callejón, Albiol e Higuaín sin más oportunidades en el Madrid. Sin embargo, se queda en la elite el descarado Dortmund de Jürgen Klopp,  genio y figura de este mundillo y cuyas ruedas de prensa son las preferidas por los periodistas. Las suyas, y las de Mourinho, por supuesto.

4.Huele a una Champions con semifinales muy españolas, pero basta mentarlo para que alguno se atragante antes. El Madrid está predestinado a llegar a Lisboa (la final), de lo contrario, volverán a azotar tormentas apocalípticas. Y en el empeño, Cristiano necesita de Xabi Alonso para cortocircuitar ese ordenador cuasi perfecto que ha programado Guardiola en Munich. Su sombra sigue incordiando en Barcelona: con Tito la prensa mantuvo un respeto solemne, pero al Tata le ven como un intruso que debe salir tan rápido como entró. Neymar podrá acaparar las portadas del momento, pero al final todo depende del de siempre, que andando o corriendo, revienta cualquier partido un palmo de césped. Por algo, Messi fue o es, cuestión de gustos, el mejor, el único.  Y el Atlético se ha ganado su dosis de credibilidad; ninguna sospecha para quien afronta ultimátum y partidos de padres e hijos como un rottweiler rabioso con espuma por la boca. Se deja los huevos y gana; no se los deja, y también. No sucedía antes, por eso, este Atleti también ha entrado en el juego de la silla y tiene muchísimas posibilidades de no quedarse sin asiento.

Valdano, pegar con guante de seda

Mircoles, 9 Octubre 2013

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Siempre es un placer escucharle porque pega con guante de seda, y, aunque ha tragado quina en los últimos tiempos de poder omnímodo en la Casa Blanca, nunca lanza misiles tomahawks. Prefiere una retórica bien adornada para defenderse. Jorge Valdano habló anoche en El partido de las 12 de su nuevo libro ‘Los once poderes del líder’ y, claro, sin buscarlo el morbo estaba servido: ¿reunía Mourinho esas virtudes? “Él no es ejemplo de este libro porque su liderato consiste en acumular poder”. Pero al público le gustan los hechos y, quizá porque se ha diluido con el tiempo, Valdano confesó que el clímax de su desencuentro fue la bronca que el ex director general echó a Pepe en el vestuario del Bernabeu después de que el portugués hubiese menospreciado a Soldado durante un Madrid-Valencia. Entonces, Pepe se lo chivó a su entrenador y Mourinho estalló de ira vetando a Valdano incluso del centro de entrenamiento de Valdebebas. Su calidad maestra de portavoz, tan aliviante para el presidente desde que entró en este mundillo allá por el año 2000, chocó de frente con las estrategias de comunicación que Mourinho pergeñaba y con las que trataba de persuadir a su plantilla. Aquella frase demoledora diciendo en Almería que “Mourinho tenía un delantero en el banquillo llamado Benzema” le sentenció para siempre.

Paradojas de la vida, el mismo que justificó el despido de Del Bosque animando a un “cambio de estilo de libro”, es hoy un defensor más en la trinchera del seleccionador nacional. Iker Casillas ha motivado una guerra entre yihadistas y ‘antiyihadistas’ en la que Valdano expone sus colores sin tapujos: “Si Casillas cometió un error, sería fuera de la cancha. Dentro no lo hubo”. Y el Madrid siempre ha sido una bomba de relojería en la que guardar secretos es un reto imposible; al fin y al cabo, para la audiencia española el morbo no es que el Madrid gane o esté en crisis, sino los trapos sucios del vestuario. “No me pareció digna la acusación a Iker”, dijo Valdano. Nadie del club, ni siquiera Mourinho, señaló al portero en público, pero, por supuesto, el argentino se sabe todos los secretos de alcoba desde el despacho presidencial hasta los trasteros de Valdebebas. Obligado por protocolo periodístico a contestar del pasado, Valdano tenía más ganas de hablar del incierto Madrid de ahora. Lejos de sus intensos circunloquios, explicó en un puñado de palabras el problema de Ancelotti: “Está buscando y se le nota mucho, En cada partido hace un cambio táctico sustancial”. La solución, blanca y en botella: su “oráculo” Xabi Alonso. Es el centro neurálgico del equipo y la afición le estima demasiado, sobre todo en un momento en el que Khedira ni defiende ni ataca e Illarramendi busca su sitio metafísico en el campo.

Mirando con perspectiva los achaques del Madrid, Valdano sabe vender sus palabras como nadie, sobre todo, cuando recurre a sus nociones de marketing: “La frase de ‘Zidanes y Pavones’ todavía no ha sido sustituida”. Y es verdad. De traer a los cuatro galácticos, se maquilló la llamada ‘clase media’ con gente incompetente como Pablo García, Gravesen o Diogo. Urge un nuevo eslogan, algo así como ‘Cartera y Cantera’ o ‘Cristiano y diez más’, uno que defina con precisión el leit motiv del club. Valdano es de esos entrenadores que aprecia el tiempo para macerar ideas, algo imposible de introducir en el club más impaciente del mundo. Por eso, fuera de antena, revela que le gusta mucho un técnico muy de moda, Jürgen Klopp. Pero no por haber inventado un equipo con pocos millones, sino por su concepto existencialista del fútbol. Diego Torres cuenta en su último libro que Klopp, durante el último parón invernal de la Bundesliga, se llevó al Dortmund a España y allí, en una conversación relajada, dijo que le encantaba el Borussia porque su trabajo duraría unos cuantos años, los suficientes para contar en la primera plantilla con chavales que ahora tienen trece o catorce años. Sin embargo, en Dortmund, al contrario que en el Madrid, no ganar no es fracasar. Uno de los grandes motivos de la grandeza blanca: esa exigencia asfixiante.

Por último, Özil. Valdano entendió su salida: “Ancelotti debió aceptar, o elegir entre Bale y Özil”. Lo compara con el fichaje de Cristiano en 2009, “nos pasó lo mismo con él y Robben”. La leve diferencia es que CR7 va camino de ser el jugador más importante de la historia merengue, con permiso de Di Stefano, y Robben estremecía a la grada con su rodilla de cristal. Quizá Valdano no atinara con la comparación. No obstante, se agradece su plática de vez en cuando.