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Entradas con etiqueta ‘Kroos’

Un golfista en el Bernabéu

Viernes, 14 Octubre 2016

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De repente, un golfista en el Bernabéu que se llama Toni Kroos.  Su putt es una de las pocas maravillas que le faltaba por ver al público merengue; su dirección asistida no desmerece la de Xabi Alonso. Llegó en plena efervescencia mundialista del 2014 y, sin apenas trote de pretemporada,  se comió la pizarra de Ancelotti en aquella Supercopa de Cardiff contra el Sevilla. Jupp Heynckes le definió como una “proeza genética”, no del perfil velocista de Cristiano sino de un panzer que cubre cualquier palmo del césped. “Te pone un centro orientado de cuarenta metros al pie”, dijo Bernd Schuster; a lo que otro todoterreno alemán como Uli Stielike añade que “es un discípulo adelantado de Xabi Alonso, pero más atrevido en ataque. Te monta él solo las jugadas”. Una hoja de recomendación completa a la que sólo le falta la firma de Pep Guardiola. Precisamente, el técnico del Bayern intentó retenerle hasta que Uli Hoeness y Rummenigge le disuadieron de su idea. Guardiola estaba enamorado de un Kroos que no quiso ignorar la llamada del Madrid; desgraciadamente para el Bayern, sus dueños no pensaron lo mismo.

Minuto 15 de la vuelta de semifinales de Champions entre Madrid y Bayern en 2012. Cristiano marca el 2-0, resultado que metía a los blancos en la final de Munich. En medio del estruendo del Bernabéu, Heynckes llama a un imberbe Toni Kroos para que se acerque a la banda. “Dile a Basti (Schweinsteiger) que cojáis el balón y entre los dos os pongáis a mover al equipo”. Dicho y hecho, Kroos se montó a la espalda toda una mole como el Bayern y repartió el balón de norte a sur y de este a oeste. Poco a poco, los bávaros se sacudieron la estampida inicial del Madrid y Kroos se doctoró en master de liderazgo y motivación en uno de los estadios con más solera. Lejos de arrasar en ventas de la tienda oficial del club, Kroos ha confirmado que es tan “esencial” como reclamaba el legendario Effenberg cuando el Manchester United ofreció 40 millones por su fichaje. Si James Rodríguez fue consecuencia del éxtasis mundialista por un golazo estratosférico a Uruguay, Kroos ya estaba cerrado antes de Brasil: con o sin Xabi Alonso, el presidente Florentino y José Ángel Sánchez habían elegido a dedo a su futuro arquitecto.

“Kroos no se anda por las ramas, coge el balón y lo pasa cortito y al pie, o cambiando el juego de un lado a otro”. Es la descripción del ex portero y campeón mundial Bodo Illgner, hoy comentarista de Bein Sport para Liga española y Bundesliga. Todos los grandes futbolistas coinciden en su gran prestación: el Bernabéu le rinde pleitesía cada vez que suelta un pase cruzado de banda a banda, o un centro milimétrico de treinta metros al pecho de un compañero. Su simbiosis con Modric es cuasi perfecta porque desde hace tiempo el madridismo soñaba con una pareja versión 2.0 de la que formaron Seedorf y Fernando Redondo. Y eso ya no son palabras mayores. Dice Schuster con su habitual tono medio vacilón medio bromista que Kroos será su “alter ego cuando pierda toda la vergüenza”. Quizá lo diga en serio, con Bernd nunca se sabe. Sin embargo, Alemania sigue buscando a su nuevo Lothar Matthäus y el madridista es el primero de la lista. 

Löw, el entrenador menos alemán

Domingo, 3 Julio 2016

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Es el Real Madrid de Eurocopas y Mundiales. Cambia sus generaciones, pero siempre está ahí sin personajes mediáticos que alboroten a la prensa. Alemania no tiene un Vengador que salve al mundo, como Cristiano a Portugal, o Bale a Gales, pero sus panzer avanzan rondas sin freno. Si no hubiese sido por la mejor España jamás vista, la última década de los germanos habría sido escandalosamente inolvidable. Hay que otear un horizonte muy lejano para divisar su último fracaso: la Eurocopa de Portugal (2004) donde el seleccionador Rudi Völler construyó la última Alemania de pelotazos y cabezas cuadradas. A partir de entonces, la federación eligió al carismático Jürgen Klinsmann para introducir una ingeniera alemana más sofisticada. Constructores como Michael Ballack sacudirían el bloque de hormigón que tuvo su momento álgido con aquella mítica frase de Gary Lineker, “El fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre ganan los alemanes”. Preguntado por la célebre cita, Joachim Löw sugirió una vez en una rueda de prensa honrar a Lineker. Y así ha sido.

Löw ama el fútbol tanto como el buen vino. Dicen que la vinoteca de su casa merecería turismo enológico por su ultramodernismo; tanto como sus métodos de entrenamiento. El seleccionador de la Mannschäft no puede vivir sin un ipad que le acompaña en la mesilla de noche. Es la libreta de Van Gaal. Mediante un software a la vanguardia alemana, nunca mejor dicho, chequea cualquier dato imaginable de cualquier futbolista, sea del equipo nacional o un juvenil de las seis ligas regionales del país. No en vano, uno de los objetivos capitales de Löw cuando era asistente de Klinsmann fue implantar una metodología única en las academias de fútbol. Una especie de Masía o escuela del Ajax en todos los landerDe repente, el fútbol siderúrgico cambió por la precisión geométrica; prohibido regalar balones sin sentido. Prueba irrefutable de esta evolución es que Alemania cada vez es menos peligrosa en el juego aéreo y más en ese fútbol escurridizo de Kroos, Özil y Müller.

Löw entendió que el atajo más rápido para tumbar a Italia era reaccionar ante la pasividad de Del Bosque. A Conte sólo le ganaría desde el banquillo porque la selección azzurra depende del cerebro  de su entrenador. La solución al sudoku planteado fue tejer una telaraña que enmarañase el partido. Si Italia salía con tres centrales, los germanos no le andarían a la zaga. Pocos países tienen una columna vertebral tan erguida como la alemana, ni siquiera la destartalada Francia. Desde ahí maniobró el jaque un Löw que tampoco se atreve a traicionar del todo las costumbres teutones. La grada de Munich se cansó de Guardiola porque no asimilaban que la pelota tuviese que entrar hasta la cocina. Joggi (así apodan al seleccionador alemán) experimentó con falsos nueves al principio de la Eurocopa, y pronto se dio cuenta que necesitaba un boya (Mario Gómez) en el punto de penalti. Muy alemana la idea. Khedira era el titular innegociable del entrenador durante muchos años; hoy también, pero no tanto. Esta Alemania está funcionando porque Toni Kroos ha recuperado la esencia de sus primeros meses en el Bernabéu. Está siendo el mejor del torneo y su vestuario lo sabe, incluida la azotea privilegiada de Thomas Müller, el Raúl González de este equipo.

 

Alemania vintage

Martes, 21 Junio 2016

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Thomas Müller no es el mejor futbolista del mundo, pero sí es el mejor del mundo en lo suyo”. Jupp Heynckes habla en muy contadas ocasiones y cada discurso suyo llena auditorios. Van Gaal brindó a Muller su primera oportunidad y fue Heynckes quien disparó su meteórica carrera. Salvando las distancias, el media punta de la Mannschaft tiene cierto aire a Raúl González: su carrera es antiestética, su disparo no intimida y el regate es poco escurridizo. Pero siempre está ahí: rematando centros imposibles, abriendo en canal defensas de hormigón e inventando pases en medio metro cuadrado. Müller es el perfecto ‘falso nueve’, lo supo Guardiola y le imitó hábilmente Joachim Löw desde el pasado Mundial de Brasil. Las míticas selecciones del ‘Torpedo’ Müller, Klinsmann, Bierhoff o Klose han evolucionado hacia una coctelera en la que el propio Thomas Müller, Özil y Kroos han desengrasado un estilo tan mecanizado.

Alemania no juega al ritmo de Iniesta, pero de vez en cuando saca a pasear aquella apisonadora que destripó a Brasil en la mayor humillación del fútbol contemporáneo. Su fútbol suena muy vintage, con delantero centro, y no necesita galimatías tácticos para despistar al rival. El juego alemán del pim, pam, pum perdura por los siglos de los siglos. Dice Bernd Schuster, cuya renuncia a la selección todavía es considerada un sacrilegio en el país, que “Alemania es el Real Madrid de Eurocopas y Mundiales”. Quizá tenga razón, porque manejan el tempo de las competiciones como nadie y callan a su prensa crítica cuando se acaba el fogueo. Se sobreexcitan con pesos pesados y, como Muhammad Ali, eligen al boxeador del momento para decir ‘aquí estoy yo’. A pegada es imposible ganarle porque Löw confía ciegamente en la estructura metálica que empieza por Neuer y sostiene Khedira, el pivote innegociable del seleccionador. El ex madridista mantiene el don de la apariencia, paquete para España y un ídolo en su país. Es la diferencia entre ensayar con alevines una genialidad de David Silva, y la querencia germana por los trotones en las escuelas.

El efecto dominó de la infantería alemana provoca que Toni Kroos juegue sin corsé. En la Mannschaft Khedira desatasca cañerías y Krooos copia a Xabi Alonso. Sin mirar de reojo a su defensa, el madridista coloca pases de cuarenta metros y luce ese putt tan tan característico en su pierna derecha. Löw no traicionó la costumbre patria por tercera vez: del falso nueve contra Ucrania y Polonia, hoy hizo caso a la opinión pública colocando un boya en el área, Mario Gómez. Cualquier club de la Bundesliga construye su plantilla a partir de un delantero centro y un francotirador. Por eso, Guardiola fue un genio incomprendido. Alemania volvió a ser Alemania. 

Pegada, siempre la pegada

Domingo, 27 Septiembre 2015

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La nulidad del Real Madrid delante de Kameni recordó la famosa escena de Pulp Fiction en la que sólo una “intervención divina” salva a John Travolta y Samuel L.Jackson de un tiroteo a quemarropa. Por tierra, mar y aire, el pupilo de Tommy N’Kono desquició a Cristiano Ronaldo hasta el punto de palmear un balón decisivo que Varane pudo haber aprovechado. “Partidos así sólo suceden una vez”, se justificó Marcelo después del partido. De repente, el Bernabéu es un templo presumible de ser profanado: el Granada estuvo a punto de reventar la fiesta y el Málaga, lejos de blindar su Fort Knox, intentó morder la yugular a la zaga. Sin una idea nítida, y con Modric y Kroos estorbándose en un galimatías táctico (razón: Rafa Benítez), el Madrid es un funambulista que busca el equilibrio entre la inspiración desesperada de Isco&Benzema y los balones a la cazuela que tanto pregonaba Javier Clemente. Treinta disparos sin pólvora no son un domingo cualquiera, tampoco lo es que CR7 calibre mal su Kalashnikov. Y el pícaro Kameni, que de parar a Messi sabe un rato, acabó consolando al portugués, obsesionado con el récord de Raúl y, sobre todo, consigo mismo. De su afán de superación depende el destino de esta temporada. Suena exageradamente crudo, pero se reduce a eso.

“De 1000 partidos, el Madrid habría ganado 999”. Es la tranquilidad de un directivo de la planta noble. Que no hayan ganado en dos jornadas, sólo preocupa a los estadistas que profetizan otra liga de cien puntos. De Ancelotti a Benítez ya ha transcurrido un verano y dos contrastes: el equipo se ha tomado en serio defender con hormigón, pero el ataque ya no es esa juerga alocada que tanto gustaba a la grada. El empate de anoche deja a los blancos sin margen de error en el próximo derbi: tumbar a Simeone es la coartada perfecta que necesita Mister Rafa para aplacar a la prensa carnívora; cualquier otro resultado arrojaría demasiada carnaza. Las rotaciones están espabilando a todo el vestuario, incluido Toni Kroos, al que se le critica un presunto agotamiento y, sin embargo, ayer corrió casi doce kilómetros. Y no se trata de la distancia sino de que su entrenador le ordena que defienda por detrás de Modric y le priva de soltar pases milimetrados o putts como el que se inventó el año pasado en su gol contra el Rayo.

Criticar por criticar es malgastar papel. Si el Madrid no ganó al Sporting y Málaga fue porque le traicionó ese punch de peso pesado que tantos puntos le ha dado durante décadas. No importaba que racanease de fútbol, “el concepto era el concepto”, en Airbag y en el Bernabéu, en Liga o en Champions, con o sin delantero centro. El hombre que sabía demasiado de eso era Hugo Sánchez, quien resumió sus 38 goles a un solo toque en un titular mítico: “Pegada, siempre la pegada”.

 

El cortador de césped

Jueves, 30 Julio 2015

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El Madrid ha fabricado una nueva cortadora de césped. El fantasma de Makelele se ha alargado demasiado porque el casting de sucesores fracasó estrepitosamente: Pablo García, Gravesen, Emerson, los Diarra, Gago, Khedira, Toni Kroos en versión atrofiada…ninguno de ellos, ni siquiera Kroos, entendió la importancia que un día asumió aquel escudero de Zidane que vertebraba y aplacaba el ímpetu desatado de los galácticos. Fue irse Makelele por falta de ‘cariño’ y comenzar el galacticidio del primer proyecto faraónico de Florentino Pérez. El propio Zizou llegó a reconocer en una entrevista en L’Equipe la trascendencia de su compatriota: “La salida de Claude partió por la mitad al equipo. Sin él no sabíamos jugar en bloque”. Precisamente, un bloque de ladrillo cementado es la obsesión de Rafa Benítez. Y si del Bosque juró una vez que el doble pivote era “innegociable” y en su dni le hubiera gustado identificarse con Sergio Busquets, a mister Rafa (apodo eterno en Liverpool) también le va el juego de los destructores. Él es Casemiro, construido en Sao Paulo, adaptado en Valdebebas y fogueado en Oporto, donde Lopetegui llora su pérdida por temor a que se le caiga el castillo de naipes (esto es información, no opinión). Su regreso era una prioridad en primavera para el director general José Ángel Sánchez, quien sabía de antemano que el nuevo entrenador le enrolaría en su ejército sí o sí.

Si han visto los amistosos contra Inter y Milan, y han notado que el dorsal 14 no paraba de correr desde su área hasta el centro del campo como si llevara una pila Duracell, no se sorprendan: Case (así le llama el vestuario) sacrificó una semana de sus vacaciones y contrató un preparador físico para entonarse desde Brasil. Se ha tomado tan en serio la oportunidad del club, que la fase experimental del equipo deja dudas de la titularidad indiscutible de Toni Kroos. Sí, el alemán jugará en el estreno liguero junto a Modric, pero no es un secreto que el campeón del mundo preferiría repartir balones sin chaleco antibalas, liberado del marrón que hace un bulldozer como Casemiro. Al Oporto le extrañó que su centrocampista no fuese titular en la pasada Copa América, sobre todo en una selección brasileña tan metálica como la de Dunga. Con Benítez no habrá sospechas: sus rotaciones son sagradas para evitar la oxidación de esos “mismos once cabrones de siempre” (Toshack dixit). Y en esa tesitura, Casemiro entrará como un carromato.

El empate a cero ante el Milan habría sido una ofensa al espectáculo en cualquier momento de la temporada. Hoy no es más que otro tubo de ensayo para que Benítez reivindique su fútbol de hormigón, muy del gusto de los entrenadores y poco de los espectadores. Porque este Madrid no pretende invocar los contraataques tan letales como alocados que excitaban al Bernabéu; ahora toca un control más riguroso y disciplinado que el de Ancelotti, en el que una pérdida de balón no altere las matemáticas del equipo. Jugar por inercia, ése es el aprendizaje de esta pretemporada. Y en apenas dos semanas, Casemiro ha cumplido los deberes que le han hecho un “hombre” en Oporto.

Un fondo de cartón piedra

Lunes, 2 Marzo 2015

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El Bernabéu esperaba el arreón final. Ese puñado de minutos que el Madrid convierte en vendaval, sobreexcitando a la grada y a puñetazo limpio con el rival de turno. Faltaba ese Raúl González que provocase una ocasión imposible, un córner forzado, cualquier resorte que enardeciera a las masas. Cristiano intentó imitar al eterno ‘siete’ en estímulo y la copia le salió barata. El talento del portugués es extraterrestre, pero no pega con los mitos de las remontadas. Y, precisamente, el equipo necesitaba morir matando, golpeando hasta la extenuación como el boxeador que busca desesperado el ko. No lo encontró porque el Villarreal ama el buen fútbol y no se avergüenza de tutear al Madrid (o al Barça) en sus casas: si necesita el balón, lo mueve de banda a banda; si encuentra un contraataque, sale con el cuchillo entre los dientes. El equipo de ese señor entrenador llamado Marcelino es un Real Madrid diminuto, con varios cientos de millones menos pero una propuesta grandiosa. Otros como el Manchester City o el Paris Saint Germain se construyen a golpe de talonario y se quedan en marca blanca de Mercadona. Marcelino dijo hace unos meses que estaba “harto de jugar como nunca y perder como siempre”. Ningún cronista podrá reprocharle que intentase asaltar la banca, como hizo en el Vicente Calderón.

“Si el Bernabéu no entendió el cambio de Isco, lo siento”. La pedrada de Ancelotti le retrató ante la prensa. Isco deambuló por el césped desaparecido en combate pero su chistera invita a soñar con una jugada repentina en el descuento. Illarramendi es buen centrocampista del montón con ínfulas de Xabi Alonso, y se ha quedado por el camino. El 1-1 obliga a pensar que Illarra no debió sustituir al malagueño sino a Kroos, fundido como un maratoniano en el kilómetro 42. Su gasolina diesel se ha agotado y Ancelotti no se fía de nadie cuando mira de reojo al banquillo. El italiano no para de mirar el reloj, esperando el regreso de Modric ‘el deseado’. Desde que se proclamó campeón en Marruecos, el Madrid ha ido sacando adelante sus partidos contra rivales poco puñeteros, demasiado escaparate para un fondo de cartón piedra: el Atleti le pinto la cara en Copa, el Sevilla le dio un susto de mal gusto y ante el Villarreal Casillas evitó el 1-2 en un cabezazo prodigioso de Vietto. Y la coartada de que Asenjo sacó mil y un tentáculos no es apta para los blancos. La cena de la ‘conjura’ (así lo hemos vendido desde los medios) ha quedado en anécdota de programa de Telecinco no por desgana merengue sino porque pocos osados se atreven a lucirse en el coliseo madridista.

La carrera por el clásico se ha estrechado y el Barça ya depende de sí mismo para ganar la Liga. El desplome ante el Málaga lo subsanó rápido en el Etihad; en cambio, el Madrid tiene toda la semana para hacer terapia antes de visitar San Mamés, leones heridos, pero al fin y al cabo, leones. Quizá el empate de anoche sea pasajero (también lo fue el 0-1 del Málaga en el Camp Nou), pero la única lectura indiscutible es que la Liga sufrirá más sobresaltos. De uno u otro lado. Y eso es apasionante. Como el próximo Barça-Madrid, del que muchos madridistas se contentarán con un empate y otros lo verían milagroso. Adivinar un ganador del clásico no es precisamente lanzar una moneda al aire ahora mismo.

 

 

 

A muerte con Ancelotti

Jueves, 19 Febrero 2015

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El Madrid se tomó un valium en Alemania. Lo necesitaba. La depresión había sido demasiado angustiosa: la vergüenza del derbi, los pitos del Bernabéu…demasiado histerismo para la calma que exige el típico equipo alemán. La suerte del campeón fue cruzarse con un Schalke anodino, simplón y que no empató porque Iker Casillas tiene esa flor con la que cualquier portero sueña. Los palos de media Europa están bendecidos por el capitán; en concreto, cuarenta postes en toda su carrera de Champions que, lejos de brindarle una flor, le regalan toda la selva amazónica.  Pero hasta el latigazo de Marcelo, los blancos no sabían si soltar un par de directos y enemigo a la lona, o lanzar continuos jabs para juguetear sobre el ring. Al final, ni lo uno ni lo otro. Este Madrid nebuloso todavía no se ha aclarado porque su entrenador sigue garabateando la pizarra: que si 4-3-3, 4-2-2…da la sensación que jugando ancho de caderas tiene más empaque que en esa fisonomía afilada que impone la ‘BBC’. La conclusión es peligrosa: los blancos tienen un calendario muy resultón para fingir tranquilidad pero, si se esfuerzan en leer entre líneas, son trámites que no ocultan la verdadera preocupación del equipo: el clásico del Camp Nou del 22 de marzo. Entonces, se verá si han actuado en clave sofista de la Grecia Clásica o, de verdad, consiguen recuperar el juego que aduló sus oídos con titulares tan exagerados como ‘la mejor plantilla de la historia’.

La espesura del campeón parecía programada desde el vestuario. Viendo el primer cuarto de hora, a nadie le habría sorprendido que Ancelotti hubiese ordenado salir a ver qué pasaba, y que resolviese el azar. Y caprichos del fútbol, lo hizo quien más lo necesitaba: un Cristiano Ronaldo vapuleado por sus deslices de papel cuché y sometido a una pesadilla propia de diván de psicólogo. Su impresionante salto de gimnasta no le traicionó, pero los aspavientos y esa costumbre reciente de jurar en arameo cuando el chupón es otro le distraen demasiado. En cambio, si busca desmarques y mueve el balón como un Globetrotter, el ataque del equipo incorpora de una tacada infantería, ejército del aire y hasta el naval. Cristiano es medio Madrid pero, analizando su estado emocional, puede que siga siendo las tres patas del banco, a pesar de aquellas exageraciones mediáticas de principio de temporada. Sin embargo, como siempre una imagen vale más que mil palabras: Marcelo sacó un derechazo que recordó a los zurdazos de Roberto Carlos y se fue a celebrarlo en piña con Ancelotti metido casi en una melé. Preparado o no, el vestuario quiso lanzar un mensaje contundente: el equipo pelea a muerte por su entrenador y no tolera rumores ni chismorreos baratos sobre el futuro del banquillo. La charla de Carletto en el entrenamiento de la previa pretendía ‘resetear’ el devastado ánimo. Si servirá o no como inspiración, lo comprobaremos en Berlín. O no. Porque el Madrid tiene que mejorar demasiado.

Dos buenas noticias para el madridismo: la primera es el ansiado regreso de Pepe. El portugués hace bueno a cualquiera de su alrededor, por de pronto Varane, y su influencia es de gran capitán, casi con la magnitud de Fernando Hierro. Paco González contó anoche en El Partido de las 12 que el club le ofrecerá un año más de renovación por su excelente hoja de servicios. Florentino Pérez le considera madridista de pura cepa y le ofrecerá un digno retiro en el Bernabéu. Y, segundo, Toni Kroos volvió a dirigir el tráfico con ese joystick que tiene en los pies. Los ojeadores de otros clubes deben disfrutar elaborando sus vídeos: pases cortos con sentido, pases largos y calibrados por un francotirador, coberturas inteligentes y robos cruciales al estilo de Makelele en la era galáctica. Pequeños detalles que permiten sobrevivir a un Madrid al que le sigue rondando la misma pregunta de este 2015: ¿Cuándo volverá?

El esfuerzo no se negocia

Domingo, 4 Enero 2015

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El valencianismo más cachondo pidió por redes sociales a Peter Lim una invitación permanente al Coritiba para el Trofeo Naranja. El club brasileño mantiene a salvo el récord histórico de victorias consecutivas porque el Real Madrid no supo meter mano a un partido ‘canchero’, el que propuso Nuno Espirito Santo y que recordó a Mestalla los tiempos gloriosos de Rafa Benítez. Quizá la efervescencia del Mundialito de clubes y la pachanga de Dubai despistaron demasiado a un Madrid falto de intensidad, la única herramienta válida para desatornillar a este Valencia. Desde el estropicio de Anoeta, los blancos no habían jugado tan cegados, sin mando en plaza a causa del fallón Kroos y con la pólvora mojada, tanto la del inoperante Cristiano como la de Gareth Bale que, viendo el caótico panorama, decidió lanzarse al abismo con galopadas suicidas. Cuando los blancos no salen a arrasar como El increíble Hulk, necesitan la picada letal que les dé la victoria. Bale falló un mano a mano claro y Benzema se asomó a aquella versión (en pasado) de Monsieur l’empané.

No fue la derrota del Madrid sino la remontada de un Valencia generoso en el compromiso. Ésa es la esencia en una plantilla que, copiando la fórmula de moda de Simeone (el esfuerzo no se negocia), juega quien pelea a tumba abierta. Por ejemplo, José Luis Gayá, otro correcaminos de la factoría ché. Primero fue Jordi Alba, luego Bernat; parece que el club les fabrica de serie con el mismo molde. Gayá descosió a Carvajal al tiempo que Barragán y Parejo se deshacían de Marcelo por el ala derecha. La arriesgada decisión de jugar con tres centrales encumbra a Nuno y demuestra que su equipo puede cambiar el dibujo táctico con una facilidad pasmosa. Hay muchas similitudes entre el Valencia de Lim y el que hace años se inventó de la nada Benítez. Entonces, las diferencias con los dos poderosos no eran tan abismales en tesorería, aunque la esencia es la misma. Otamendi revivió aquellos misiles que el ratón Ayala conectaba con la cabeza en el área. Centrales poco altos para su posición pero con una potencia de salto al estilo de Iván Zamorano o José Mari Baquero. Poco pudo hacer Casillas ante el tomahawk que se le vino encima; precisamente, Ayala marcó un cabezazo calcado en el Bernabéu la noche del Ushiro Nage.

Pero al Madrid nunca se le puede mandar a la morgue antes del pitido final. Como dijo muy acertadamente Iñako Díaz-Guerra, cronista del diario AS, en twitter, “al Madrid hay que reconocerle que como villano es terrorífico: pierde 2-1 en el minuto 90 y todos los que quieren que pierda, firmarían sin dudar el empate”. Sergio Ramos pudo revivir el milagro de Lisboa pero el balón no vio portería, mientras que Isco metió la cabeza pero mandó el balón al muñeco, es decir, a Diego Alves. Precisamente, Isco se echó todo el Madrid a su espalda durante el rato que le duró la gasolina; el resto fueron seres inertes que no entendieron el duelo como mejor lo hacía la Quinta del Buitre en las históricas noches del Bernabéu: con dos…

Una bendita pesadilla

Martes, 26 Agosto 2014

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Problemas en la sala de máquinas. Ancelotti ha pintarrajeado toda su pizarra y la única conclusión es que necesita tiempo para solucionar el galimatías táctico que atasca al Madrid. En vez de rodar el balón, el tráfico del centro del campo parecía la escena final del show de Benny Hill en la que todos corrían detrás de todos. Modric y James no se enteraron de la película y si el Bernabéu quiere ver a ese colombiano que se puso de moda en Brasil, tiene que engancharse con la ‘BBC’. Recuerdo que Fabio Capello, en su primer año de 1996, colocó a Raúl González en la izquierda, lejos del punto de penalti donde olfateaba el gol; claro que Raúl era Raúl y habría funcionado hasta de lateral. Después de muchos años criticando que el Madrid no mimaba las bandas, quizás desde que se retiró Roberto Carlos, anoche no encontró soluciones en el mogollón, donde suele diseccionar al rival.

Un caos táctico aderezado con una falta de ganas exagerada. El Córdoba presentó ilusión y una hoja de ruta muy trabajada, pero seguramente no esperaba que la mole merengue tuviera las vértebras fracturadas. Al ‘Chapi’ Ferrer le gusta tocar la pelota y evitar rifarla si es necesario, se nota que mamó la escuela cruyffista. Curiosamente, al primer toque (como le gustaba jugar a Cruyff) Benzema marcó un gol que fastidia al representante Jorge Mendes, quien ya se frotaba las manos con un negocio exprés por Falcao. El francés salió del limbo un instante decisivo y volvió a sumirse en un estado melancólico que irrita a la grada. Benzema es un delantero especial que, lejos de intentar clavar la bandera en el área, prefiere arrimarse a una banda para construir jugadas: le grada le aceptará o no, pero no exigirle que cambie. Y más, después de cinco años.

El público ve a la legua que su Madrid se divierte más contraatacando. No en vano, una de las zanahorias que se llevó Mourinho durante todo su serial de palos fueron esos ciento y pico goles de la segunda Liga. Bale y Cristiano suspiran aliviados cuando tienen delante autovías de cincuenta o sesenta metros. Su condición de velociraptores no termina de cuajar en esa idea de fútbol-control de Ancelotti. Tampoco lo habría conseguido el jugador que últimamente metía a los partidos cien vatios extras, pero eso ya es un imposible porque Di María estuvo pasando el reconocimiento médico en Manchester a las dos de la pasada madrugada. Si la propuesta del técnico es usar a Toni Kroos como mando de control remoto, a Modric tiene que programarle para una misión específica: o airear la pelota o contener atrás. De momento, se ha diluido demasiado respecto al final de temporada. “Es una bendita pesadilla”, dijo Manolo Lama durante la retransmisión del pestiño que anestesió al Bernabéu. Aclarar el dibujo de la medular hará de Ancelotti un entrenador más fiable o más sospechoso porque todos le mirarán a él. Quizá si Zidane se volviese a vestir de corto….

Derbi de argamasa y amasijos de hierro

Mircoles, 20 Agosto 2014

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A Jürgen Klopp le desmontan su Borussia Dortmund cada año y sigue siendo un dolor de muelas. Su filosofía no es el partido a partido tan repetitivo de Simeone, cuyo segundo entrenador, el ‘mono’ Burgos, se encargó de recordar anoche a los telespectadores. No, Klopp cambia de peones (bastante baratos, por cierto) pero mantiene la idea de rodar el balón cuanto más rápido mejor. El ‘Cholo’ también ha asumido que el Atleti es una empresa de compraventa de futbolistas y, más importante, el casting más fiable del que se nutren las grandes moles europeas. Sin embargo, a pesar de la exportación de estrellas y como le pasa al Dortmund, los rojiblancos incordian allá donde juegan, sea en el trofeo Ramón de Carranza o en el mismísimo Bernabéu, al que le han pillado el gustillo. Simeone es cabezón: juega a morder la yugular, a chupar la sangre del contrario como un vampiro. Y para ello, cambian los personajes pero se mantiene el músculo. La esencia es innegociable, justo lo que debe buscar Ancelotti, todavía ahogado en un mar de incertidumbre: dominar el balón o machacar a mamporros.

El nuevo Madrid quiere controlar el fútbol, aunque le sigue tirando la inercia del contraataque made in Mourinho. Provoca relámpagos en ataque con apenas un puñado de pases, pero ahora el problema se ha detectado en la ‘sala de máquinas’, como le gusta decir al narrador Sixto Miguel Serrano. El ocurrente, que no elocuente, trivote formado por Kroos, Modric y Xabi Alonso se obturó por las tuberías de los dos últimos. Al alemán se le ve suelto y, por eso, el partido pedía que él siempre cogiese la pelota. En contraste, a Xabi se le ve cansado, sin la mente clara para interpretar su orquesta sinfónica, mientras que Modric sufre el mal de Sansón: no es el mismo desde que se cortó el pelo justo después de la final de Lisboa, ¿casualidad? Ancelotti tiene que aclararles su hoja de ruta porque desde la grada da la sensación que los tres centrocampistas traspapelan sus funciones: todos hacen lo mismo o lo que no deben.

Quienes lo tienen claro son los colchoneros. Mandzukic ha encajado como un molde en ese rol de delantero tanqueta o boya de waterpolo que se pelea con toda la defensa; en cuanto abra la lata, recibirá el guiño de su entrenador. Los que están en segundo curso de Simeone y repitiendo son su guardia pretoriana: Koke, Gabi, Mario Suárez y el novato Saúl han sido fabricados artesanalmente por su míster argentino. Se entienden, quizá por pertenecer a la misma escuela del Cerro del Espino (de la que habrá que investigar su génesis) y darán que hablar, vaya que si lo harán. Tienen buen pie y sudan como Raúl García, el soldado perfecto del ‘Cholo’. Paradójicamente, en 2005 el Real Madrid sondeó el fichaje del ex jugador de Osasuna, pero por aptitudes más estéticas y, a tenor de lo visto, menos eficientes de las que presta en el Atlético.

La velada continuará el viernes con un Madrid rabioso que lo último que necesita es otro regodeo del vecino, que no hace demasiado tiempo era el hermano pequeño e inocente que recibía collejas del blanco abusón. Y la estrategia de Simeone con la ventaja del empate a uno debería ser sencilla: meter argamasa en la defensa y hasta amasijos de hierro si hace falta. Porque ellos no necesitan un contraataque, les vale un solo corner en el que Godín remata con la cabeza hasta un microondas. Vamos, como Falcao antes de que le pudiera la codicia. Pero ¡cuidado!, que en esas de repente puede aparecer un obús de Bale o una jugada de tres rebotes de la que se aproveche el pícaro James Rodríguez a lo Raúl González. Claro que de un tipo de 75 millones se esperan zurdazos a la red como el del Mundial o recortes escurridizos en un metro cuadrado. No obstante, para esto último está Di María, no sabemos por cuánto tiempo aunque si fuera por la ovación del Bernabéu, un año más seguro. Venderle huele a cagada de proporciones bíblicas. Y si pide ocho millones en el contrato, Florentino debería ser flexible. El caso Makelele le jugó una mala pasada por las devastadoras consecuencias que arrastró. Y el presidente no quiere repetir aquel error de proporciones bíblicas.