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“Al Levante le queda tan bien el zapatito de cristal”

Lunes, 24 Octubre 2011

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“Me encanta que al Levante le quede tan bien el zapatito de cristal”. Paco González recurrió en El Partido de las doce al cuento de hadas que los ‘JIM’ se han inventado esta temporada. Cada fin de semana se intuía el último del Levante…pasó ante un Betis que venía disparado; después, el Málaga debía ser quien acabase con el hechizo y, por último, sonaba a cachondeo que el Villarreal más necesitado de los últimos tiempos hincase la rodilla en su estadio. Pero no, ahí anda en la cima de la clasificación, proponiendo cada partido como una guerra de trincheras en las que el oficio cuenta más que el talento. Prueba de ello fueron dos lances puntuales que descubren la hoja de ruta de este equipo: primero, Munua cometió un penalti clarísimo sobre Marco Ruben (con 0-3 en el marcador) y rápidamente Ballesteros se dirigió como una exhalación hacia el delantero para reprocharle el ‘piscinazo. Consecuencia: amarilla para Ruben. Minutos después, planchazo de Rossi a Juanfran y, de nuevo, Ballesteros junto a Nano rodean al italiano como si la falta hubiera sido intencionadísima. Otra vez amarilla para el Villarreal. El caso es que responda o no a un plan pergeñado en los entrenamientos, el Levante exprime todos los recursos que contempla el reglamento; no es atractivo, pero sí muy útil. No obstante, Juan Ignacio Martínez exige un fútbol sobrio y sin florituras; vamos, de librillo. Si Juanfran cabalga la banda izquierda, Iborra le hace la cobertura; si Javi Venta pide ayuda en su flanco, Xavi Torres acude apremiante; que Valdo no encuentra hueco desde el interior derecho, siempre puede devolvérsela a Barkero y empezar de nuevo. Cada futbolista demuestra los conceptos asimilados en el fútbol base…por algo, JIM es el único entrenador de Primera que ha tocado todas las categorías: alevines, infantiles, cadetes, juveniles, regional, Tercera, Segunda B, Segunda y ahora su gran oportunidad en la Liga.

Sin embargo, se antoja quimérico que no lleguen pronto las doce de la medianoche para esta cenicienta…”Nosotros volveremos a nuestro sitio, a pelear por evitar el descenso. Pero esto no se olvidará nunca”, matizó Juanlu en COPE. Desde luego, la consigna del vestuario es irrebatible: trasciende la permanencia. A partir de ahí, cualquier premio será bienvenido. Todas las temporadas saltan a la palestra equipos revelación que incordian en la parte noble de la clasificación, aunque hace años, y sobre todo desde que nació el duopolio en el campeonato,  que no aparecía un actor tan perseverante en su cometido. A bote pronto y salvando las distancias, este Levante me recuerda a aquella Real Sociedad de Raynald Denoueix que en el 2002 compitió a lo bestia cada domingo y atisbó el título a falta de dos jornadas. Obviamente, el liderato del Levante es anecdótico, pero no se trata del típico equipo al que la suerte le sonríe y se pregunta ‘a ver dónde llegamos’…JIM plantea cada duelo a cara de perro, porque esté delante el Madrid o el Granada, la cuestión matemática es capital para la permanencia y, por ende, la supervivencia de un club con una tesorería tan vacía.  

Juan Ignacio Martínez…¿os suena?

Martes, 4 Octubre 2011

Es habitual verle recoger conos, balones, porterías móviles, incluso hace de aguador improvisado durante entrenamientos extenuantes. Aunque semejantes detalles pasan desapercibidos en un vestuario como el del Levante. Juan Ignacio Martínez ha llegado al Levante sin ‘enchufes’; sus méritos en el Cartagena, con el que llegó a rozar el ascenso, le han dado fiabilidad en un proyecto que Luis García Plaza engrasó la temporada pasada bajo la vera del presidente Quico Catalán, el más joven de los veinte de Primera y que en apenas seis jornadas ha reclamado la atención de los 102 años de historia del club. “Recibí muchísimos sms con la foto adjunta de la clasificación en el teletexto”, soltó Catalán anoche en El Partido de las Doce de COPE. Lógico que presuman de hazaña, pues jamás el Levante había compartido liderato alguno…y encima, como convidado de piedra entre Barça y Madrid en estos tiempos de desfases económico-televisivos.

Pero Juan Ignacio puede alardear de clasificación y, sobre todo, de la tralla que se ha metido en un mundillo donde la suerte y el talento (no sé en qué orden) ponen y deponen entrenadores. Él puede jactarse de ser el único de Primera que ha tocado cualquier categoría imaginable: alevines, infantiles, cadetes, juveniles, Preferente, Regional, Tercera, Segunda B, Segunda y desde hace meses la de Mourinho y Guardiola. Precisamente, el técnico portugués felicitó la gesta granota después de la goleada en Cornellá. Juan Ignacio lo agradece pero si debe elegir estilos, a él le fascina la doctrina Cruyff y alguna vez ha confesado que le tira más su colega del Barcelona. Sin embargo, son sólo gustos, él enseña su propio método, por algo se considera autodidacta. Y esa filosofía no es sino el sentido común: entrenar, examinar al rival y corregir…siempre corrigiendo: “cuando llegué de Sevilla el domingo (Betis 0-Levante 1), lo primero que hice fue ver el vídeo y apuntar los fallos que habíamos cometido”. El lema no debe sonar a disciplina castrense; también le gusta meter alguna cachondada cuando visiona al rival de turno con sus chicos. Ahí no hay ni disensiones internas ni barbacoas de concordia…son una piña y, como tal, es su único modo de supervivencia.

Quizá la intrahistoria de la proeza tenga gracia, ahora que el Levante sigue con el casillero de derrotas a cero; por eso, este novato de Primera pasa de palmadas en la espalda y alguna que otra adulación. Y, por supuesto, ni se para a pensar en los arrebatos de envidia de las víctimas que ya ha dejado por el camino: el propio Mourinho también ‘alabó’ el otro fútbol del Levante (“Les tengo que felicitar. Saben provocar y perder tiempo” -18/09/11-) y el entrenador del Rayo, Sandoval, fue más contundente justificando que “no vale ganar a cualquier precio”. De momento, se sabe el argumento de carrerilla…”muchísimo esfuerzo, sacrificio y trabajo”. Se le da bien el discurso lacónico: breve y conciso; por algo, fue vendedor de libros de texto de primaria. Y antes trabajó en una correduría de seguros. Hoy vende ilusión…por el trabajo.

El presidente también se explica sin rodeos ni resquicios para la polémica…”hasta verano el mejor entrenador era Luis García, ahora es Juan Ignacio”. Su elección fue muy meditada en el consejo de administración porque Catalán intentó retener a su antiguo técnico: había comenzado un proyecto demasiado crucial y su salida podía ocasionar un cataclismo. Y es que Catalán prometió en verano de 2010  un proyecto económico de cuatro años que satisfaga a los acreedores: la deuda asciende a sesenta millones de euros y la permanencia en Primera es vital para la subsistencia del Levante. Por eso, el sueño de una noche de verano es el de esta semana, el que importa de verdad va a velocidad de crucero: catorce puntos sobre dieciocho, un tercio de los que dan la salvación. No obstante, cada partido de este equipo es una batalla de trincheras, donde el orden táctico es capital para mantenerse vivo. Así piensa Juan Ignacio Martínez, porque si le sueltas la palabra ‘relajación’, él contraataca con gracia…”Mírame a mí bien mirado. Yo todavía estoy jugando en Vallecas y les digo a mis jugadores que nos estamos duchando y aún tenemos que estar atentos por si nos llama el árbitro”.

Tíos honrados

Sbado, 21 Mayo 2011

El central del Levante, Nano, espetó una de las declaraciones más honestas y agradecidas de la historia de las ruedas de prensa…”Pase lo que pase en el Levante-Zaragoza, la gente nos va a mirar mal. Hace cuatro o cinco semanas tuve la desgracia de marcarme un gol en propia puerta, no quiero ni imaginar si vuelve a suceder algo así este domingo. Como gente que lleva semanas sin jugar y no tienen cogido el ritmo líe alguna, ¡menudo marrón! Les van a tachar de todo porque en España somos así”. Al Levante le han mirado mal toda la semana porque el calendario lo ha convertido en el pim, pam, pum de todas las suspicacias; al menos, de los seis equipos que se juegan el cuello. Pero Nano, sus compañeros y, sobre todo, el presidente Quico Catalán se han hartado que se dude de su profesionalidad. Quizá, por ello, tanta rumorología ha enrabietado al equipo valenciano para mayor escarnio del Zaragoza. Pero la historia de los descensos nos ha dejado retales muy curiosos y, mentando la profesionalidad de los futbolistas, hay uno que destaca no por el partido en sí sino por cómo le ocurrió a uno de sus protagonistas.

Frode Olsen jamás pensó que su honradez iba a quedar tan marcada en la historia del Sevilla. Noruego de nacimiento, el club hispalense le fichó en el mercado invernal de la temporada 99/00 para tratar de enmendar un curso de trazas muy pesimistas. Y la verdad es que el portero no lo hizo mal, dada la docilidad de la defensa que tenía delante. Entonces, sucedió aquel último domingo de abril del 2000: el Sevilla recibía al Oviedo con una oportunidad remotísima de salvarse (era colista), mientras que el Betis jugaba en Mallorca con la obligación de ganar y, dicho sea de paso, esperar el favor del vecino, porque el Oviedo también estaba metido en la quema del descenso.

Fue una tarde soleada y en Sevilla era vox populi que el Oviedo de Luis Aragonés saldría como triunfador de la jornada. Además, los caprichos del calendario otorgaban al Sevilla la potestad de decidir si hundía al Betis o le daba vida para los últimos tres partidos. Por supuesto, la herida que le inflingió el eterno rival años antes todavía no había supurado: nadie en el Pizjuán había olvidado la penosa y descarada derrota del Betis contra el Sporting en la antepenúltima jornada de la 96/97, que mandó al Sevilla a Segunda e inmortalizó los vítores de la afición verdiblanca a Tcherisev, el autor del gol fatídico…para el Sevilla.  Las roles habían cambiado, sólo que el equipo de los Marchena, Tsartas, Jesuli, etc, habían asumido que no merecía la pena intentar el milagro de la salvación; más bien, apetecía devolver el bofetón al Betis. Pero Olsen no se enteró de la trama o su profesionalidad no se le permitió. Su técnico Juan Carlos Álvarez meditó si alinearle de principio a sabiendas que su jugador no sería cómplice o sacar al suplente Manuel Jesús, al que sí le ponía cachondo el descenso bético. Finalmente y para camuflar un poco el plan, Olsen salió desde el primer minuto.

Aquel Sevilla-Oviedo empezó como un vodevil y acabó en un despiporre padre: el equipo asturiano se quedó estupefacto cuando la zaga rival (Marchena, ‘Mami’ Quevedo, Nando y Héctor) decidió actuar como una defensa de futbolín. Aún así, el Oviedo falló como una escopeta de feria en la pachanga más descarada de los últimos tiempos…la primera parte fue una oda al cachondeo: Dely Valdés falló cuatro ocasiones clarísimas ante Olsen; Pompei otras tantas, Nadj,… nadie batía al portero noruego que no entendía por qué su propia afición le abucheaba después de cada palomita y mano a mano. Pero la guasa no acabo ahí: el desacierto del Oviedo era tan grotesco que el Pizjuán coreó al unísono ‘¡Oviedo, qué malo eres! Mi compañero de COPE, Vitorio Duque, estuvo sentado detrás de Aragonés, en la grada por sanción, y me ha confesado que el ‘Sabio de Hortaleza’ no insultó a los suyos por ‘maletas’ porque tenía una cámara de tele a tres palmos. El caso es que a la enésima Paulo Bento acertó o, mejor dicho, Olsen se resignó en otra jugada de dos contra uno; bastantes méritos había hecho el guardameta noruego para ser el mejor del partido en la primera parte. Pero llegó el descanso y Olsen, incapaz de sacarle una explicación a sus compañeros, prefirió quedarse en el banquillo por un ‘mareo repentino’. No quiso mancharse las manos y su míster lo entendió; apenas llevaba cinco meses en Sevilla como para enterarse del folclore Sevilla-Betis.

Quedaba toda la segunda parte y el Oviedo sólo ganaba por uno. Es decir, que las directrices a los jugadores del Sevilla debieron ser tan rotundas en el vestuario que en pocos minutos ya perdían por 0-3 para regocijo de su afición. Pero de repente a los de casa les dio un arrebato de orgullo y se pusieron a jugar al fútbol una hora después..llegó el 1-3, luego el 2-3 y los nervios de los visitantes intuían que la remontada estaba al caer. Entonces, un susurro empezó a correr como la pólvora en la grada y se amplificó en otro de esos cánticos de guasa sevillana: ¡Es suficiente!, ¡Sevilla, es suficiente!… ‘Oído cocina’ debieron pensar los jugadores.  Impepinablemente, el resultado tenía que ser el que fue: los enemigos se fueron de la mano a Segunda División, pero el Sevilla con la inmensa satisfacción de haberle devuelto la ‘broma’ al Betis. Sin embargo, Olsen nunca lo entendió. Él fichó por el Sevilla porque le habían hablado de los placeres de allí: entre ellos,  el ambiente de ópera que rezuma por toda la ciudad. Y es que después del fútbol, la opera era su vida y poder vivir en el lugar fetiche de obras como El Barbero de Sevilla, Carmen o Las bodas de Fígaro no tenía precio. Tampoco lo tuvo ni aquel partido, ni el Betis-Sporting de tres años antes; los maletines sobraban porque la desgracia del vecino era impagable.