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Fernando Llorente y el caso ‘Julen Guerrero’

Jueves, 9 Agosto 2012

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Jorge Valdano comenzó a planificar el asalto a la Champions como entrenador del Real Madrid cuando el equipo que entonces dirigía él todavía no había ganado la Liga. En marzo de 1995, con un Madrid embalado a por el título que rompiese la hegemonía del Dream Team de Cruyff, el técnico argentino dio la vara a Ramón Mendoza para que fichase a Julen Guerrero el siguiente verano; consideraba que la estrella del Athletic era el último requerimiento básico para montar un proyecto serio no sólo en España sino a nivel internacional. Ante tanta insistencia, Mendoza se puso a gestionar el fichaje del jugador español más importante del momento; entonces la mercadotecnia apenas se estaba gestando en el mundo del fútbol, pero Julen Guerrero rompía las barreras del futbolista convencional: era muy bueno, guapo y, sobre todo, no era un mercenario, tal como demostró ese año.

En junio del 95, con el Madrid proclamado campeón de Liga, Mendoza quiso culminar a todo trapo el capricho de Valdano: se reunió con Julián Guerrero, el padre de Julen, para persuadirle de las bulas papales que dispondría en caso de firmar por el club blanco. El presidente del Athletic, José María Arrate, no se complicó con la negociación; directamente remitió a su homólogo merengue a la cláusula de 1.200 millones. El problema del Madrid fue la pobre tesorería; no había dinero para un dispendio de tal calibre, y menos después de que el Atlético de Jesús Gil no comprase ni a Cañizares ni Prosinecki. Por tanto, la oferta del Madrid debía ser a la baja, tal como Mendoza le explicó al padre de Guerrero.

Finalmente, Julen meditó la oferta pero prefirió la fidelidad a un club al que debía estar eternamente agradecido. “Que Guerrero se quede en Bilbao habla mucho de su integridad”, comentó Arrate después de que el jugador comunicase su negativa al Madrid. Lo más sorprendente es que Guerrero no pidió al club de sus amores ningún aumento salarial; pesó más el sentimiento. No obstante, el Athletic sí premió a su jugador más talentoso con un contrato vitalicio (hasta 2007) y bastante lucrativo (1000 millones de pesetas durante ese periodo).

Casi un año después de ese gesto de lealtad, el Athletic hospedaba en Lezama a un chaval rubio espigado de once años que vivía en Rincón de Soto (La Rioja). Su mentor, José María Amorrortu le convenció para que residiese en Bilbao con la promesa de que si trabajaba a destajo, sus condiciones futbolísticas no le traicionarían ni a él ni a su nuevo club. ¡Y vaya si la promesa ha tenido recorrido! Tanto que el Athletic se ha visto envuelto en otro caso Guerrero, sólo que el capítulo de la ‘vinculación afectiva’ pasó a mejor historia. Después de conquistar Old Trafford y haber dejado boquiabierta a media Europa, Llorente cree que ha alcanzado el techo en el Athletic. Sus guiños a Liga de Campeones vienen de lejos y, quizás, sea el único reto que le seduce. “Sueño con llegar a lo más alto en un equipo grande y jugar la Champions”, comentó el delantero a la revista Telva el 19 de enero de 2011.

Pero sus mensajes han sido contradictorios y así lo ha entendido la afición de San Mamés, harta de tanta incertidumbre. “Me sigo viendo en Bilbao”, espetó Llorente durante la concentración de un amistoso España-Colombia el 07 de febrero de 2011. Entonces, la maquinaria de la renovación se había puesto en marcha, y también entonces ya se intuía que la firma del nuevo contrato dependía exclusivamente de dinero. Llorente pide un escalón salarial jamás imaginado en Bilbao (5,5 millones limpios) y el club ha hecho un esfuerzo proponiéndole un poco menos (4,5). A este tira y afloja se han unido ofertas tentadores de equipos que sí jugarán Champions: Juventus, Real Madrid,…Y al igual que en 1995, Urrutia actúa como lo hizo Arrate: 36 millones de euros + IVA, ése es el talante del Athletic ante cualquier oferta…una cuchilla de doble filo que el club puede clavarse el próximo verano.    

Una intrahistoria diferente

Mircoles, 13 Octubre 2010

Mola que a España se lo pongan difícil de vez en cuando. Más que nada porque, aunque nos gusta ahora la selección, sólo los frikis aguantan tostones tipo Liechtenstein o Islas Feroe. Es lo que tienen las fases de clasificación donde la justicia casi siempre es injusta, ¿por qué tienen que perder su tiempo potencias como Alemania, Italia o Inglaterra con combinados en los que ingenieros, técnicos o administrativos aprovechan su ocio para representar a su país? La solución es sencilla: que copien a la Euroliga de baloncesto, donde los equipos mediáticos tienen plaza fija. Es lo que vende.

Pero anoche la función no intuía un plácido paseo por Escocia. La selección británica buscaba reencontrarse con su orgullo patrio, ese que florece con el ensordecedor sonido de las gaitas de los falderos. Y necesitaba esa redención por el penoso agravio al buen gusto que cometió su entrenador en el anterior partido contra la República Checa. Entonces, al ingenioso Levin no se le ocurrió otra cosa que colocar un …¡1-4-6-0! Así, tal cual, seis centrocampistas y ni un delantero. Al menos, Levin no tuvo tapujos en reconocer que el empate a cero habría sido buen resultado, si lo hubiera conseguido. Naturalmente, la prensa le corrió a gorrazos y le advirtió que una y no más. Obviamente, Hampden Park no habría tolerado otro episodio tan dantesco.

Y los embates de la opinión pública parece que surtieron efecto. Escocia exprimió al máximo sus únicos recursos del contraataque y el balón aéreo, pero el resultado en una hora fueron dos bofetones que callaron a  las gaitas, coros y algún berrido de un aficionado pasado de pintas. La inercia del baño de España sólo dejaba un resquicio para la enmienda escocesa: su dichoso orgullo de morir matando, a lo William Wallace. Y así murieron.

Con todo, la intrahistoria de la victoria le confiere mayor regusto que si hubiese sido una goleada más. Los anales de la historia no recordarán que Llorente salvó a España o que fue un paseo más, sino que once escoceses, con un rival dadivoso en demasía, estuvieron a punto de remontar a la campeona del mundo. Ahora Levin sí que podrá hablar claro.   

Partidos que no consuelan

Lunes, 29 Junio 2009

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Maldita manía la de la FIFA en organizar partidos de consolación que, paradójicamente, no consuelan al vencedor. Los terceros puestos valen en las Olimpiadas por aquello de las medallas pero en ninguna otra competición. España se equivocó de hora, puesto que su cometido debió ser el de jugar a las ocho y media de la tarde, no durante el mediodía de un domingo veraniego. La honrilla ante Sudáfrica casi termina con otro despropósito porque, para la mayoría de los jugadores, alargar la estancia allí después del bofetón de los ‘yanquis’ era un suplicio mayúsculo. Pero no todos pensaron igual. Algunos como Güiza, Llorente o Diego López habían esperado su oportunidad para demostrar que no iban de comparsa y entonces,  menudo chasco se debieron llevar cuando supieron que no entrarían de inicio en la partida. Del Bosque les hizo un flaquísimo favor ignorándoles para una pachanga más propia de solteros contra casados. En consecuencia, el experimento híbrido que se inventó el seleccionador con titulares y otros menos habituales resultó nefasto.

El seleccionador debió prever antes del partido que Villa y Torres deambularían por el campo, obcecados en marcar para aspirar al pichichi del torneo. Xabi Alonso tampoco estaba para muchos guateques. Sus flirteos con el Madrid  priman entre sus inquietudes y por tanto, su participación de ayer fue más compromiso que deseo. Menos mal que Del Bosque se cercioró del embolado que había organizado y sacó a Güiza y Silva para solucionar el entuerto. El caso del delantero gaditano clama al cielo: su persistente eficacia goleadora le habría concedido oportunidades en cualquier país del mundo pero en ‘La Roja’ sigue siendo una bala en la recámara. Por lo menos, Del Bosque no duda en convocarle a pesar de que en la Federación no estén muy de acuerdo.

En definitiva, nos vamos con la sensación de haber perdido el tiempo durante tres semanas y recelosos por haber tenido que comprobar desde la barrera que, si nada cambia, Brasil será la favorita indiscutible para el Mundial. Dunga ha arrumbado el ‘jogo bonito’ para fabricar un combinado fortísimo. Los brasileños suelen ganar mundiales cuando mezclan músculo y fantasía, no cuando abusan de los bailes de salón. Pues bien, este grupo está protegido por sus tres indiscutibles guardaespaldas, Gilberto Silva, Felipe Melo y Ramires, que flanquean al tridente de ensueño formado por Kaká, Robinho y Luis Fabiano. De este último hay que tomar buena nota: veintidós goles en treinta y un partidos. Aunque para récord el de Dani Alves. El lateral del Barça está a dos pasos de alcanzar la marca por antonomasia: ganar todas las competiciones oficiales a nivel de clubes y selecciones. Ostenta en su palmarés Champions, Copa de la UEFA, Supercopa europea, Liga, Copa del Rey y Supercopa de España. Le falta el Mundialito o antigua Copa Intercontinental. Y en cuanto a torneos internacionales, a su Copa América y la flamante Copa Confederaciones sólo les falta el lustre de un Mundial. La vitrina de su casa debe ser espectacular.  

Casillas no es un tramposo

Lunes, 16 Marzo 2009

Confieso que aún doy vueltas a la teatralidad de Casillas. En San Mamés vimos al Iker más ‘humano’ y no me gustó, pese a que le entiendo. Por un momento, el portero madridista recurrió a la picardía futbolística para dar ventaja a su equipo. Es lícito que un jugador se aproveche de ciertos lances de un partido para beneficiarse, pero siempre hemos denunciado a aquéllos que simulan descaradamente e Iker lo hizo. Sorprende en el mostoleño porque siempre ha mantenido la vitola de deportista ejemplar, respetuoso con los rivales y con las reglas.

Hay jugadores, como los sevillistas Capel y Navas, que han hecho del teatro una artimaña muy útil. Lo que pasa es que las trampas valen una o dos veces. Después, quien las comete está muy calado. Evidentemente, Casillas no se ajusta para nada a este perfil pero, que el guardameta se echara las manos al rostro cuando Yeste le empujó en el pecho, es recriminable. Iker es un chico muy querido por la afición española debido a su carácter afable y sensato. Sus paradas son alabadas un domingo sí y otro también, pero si tíos modélicos fallan en las formas, debemos advertirlo.

Quizá Casillas no tuvo tiempo de actuar consecuentemente. El partido se encrespó demasiado; el graderío estaba sobreexcitado  y encima, el detonante de la expulsión de Yeste fue un gesto poco caballeroso del Athletic por no tirar el balón fuera cuando Sneijder estaba tumbado en el césped. Ahí los ‘leones’ estuvieron mal, al igual que Yeste, de quien todavía no se entiende cómo pudo enajenarse de ese modo. El magnífico jugador vasco nunca debió empujar a Casillas y menos, enervarse tanto. Su expulsión está bien ordenada a pesar del cabreo monumental de Caparrós, Llorente y compañía. El Madrid entró al trapo y salió victorioso a los puntos. La agresividad excesiva del Athletic fue su peor condena.

Precisamente, el cariz que tomó el partido desde el inicio fue lo que le pudo a Iker. Él es uno de los pocos jugadores conscientes de todo lo que se juega el equipo hasta final de temporada. Y si encima tiene que conservar la frialdad en un duelo a tumba abierta, normal que la vehemencia le sobrepase. No obstante, Casillas supo que se había equivocado a tenor de sus declaraciones posteriores. Incluso me atrevería a decir que su cantada en el gol de Llorente fue fruto de su remordimiento de conciencia. Iker nunca ha sido un tramposo y ahora tampoco.    

Athletic, Athletic, eup!

Jueves, 5 Marzo 2009

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Me encanta que el Athletic se desviva por la Copa. Es su trofeo, el que ha sublimado su historia centenaria. Pero veinticuatro años sin haber llegado a una final habían hecho dudar a la ciudad de ese modelo genuino a la par que atrevido y que confiere al Athletic, que no el Bilbao, un estatus único en el mundo. Además, hacía tiempo que el ‘bocho’ no se engalanaba para una fiesta. El club había sufrido un vía crucis de dos décadas y ni los más viejos del lugar recordaban cómo prepararse para una gran cita: la de anoche.

La euforia de las semifinales había estado candente desde hacía semanas. La afición sabía que era una oportunidad única que tardaría en volver a presentarse. La folclore del fútbol apuntaba a que debía ser la hinchada la que marcase el primer gol contra el Sevilla. Pues bien, más que pura retórica, pareció que el rugir de la grada intimidó a los sevillistas desde el pitido inicial. La Catedral se tornó en el Coliseo Romano y los actores cambiaron sus papeles: en el espectáculo de anoche, los leones acabarían con los gladiadores sin paliativos. Y para mayor regodeo de la afición rojiblanca, la función acabó pronto. Cinco minutos antes del descanso estaba todo sentenciado. Fue la diferencia entre un equipo que luchó para morir en el césped y otro que murió sin haber luchado.   

La hombrada de los chicos de Caparrós ha encontrado razones irrefutables para mantener la filosofía del club: a los chavales de Lezama se les inculca una apetencia desbordada por la Copa. Nunca veréis a un Athletic jugando desganado por su trofeo; partidos como el de ayer crean una simbiosis entre jugadores y afición difícil de igualar en otros clubes. Da igual que el equipo avance a trompicones en Liga sin una misión clara, una cita lo cambia todo para los seguidores; la cantera funciona sin cesar y cada cierto tiempo produce una hornada de futbolistas exultantes. Ocurrió con Julen Guerrero a principios de los noventa y ha vuelto a suceder con la explosión del fenómeno Fernando Llorente. El nuevo delantero ‘tanque’ del Athletic brotó con inmediatez, maduró con paciencia y se ha consolidado en un pispás merced a sus portentosas actuaciones. Y al igual que pasó con Guerrero, media Europa llamará a la puerta del Palacio de Ibaigane el próximo verano para comprar la flamante joya de la corona bilbaína. Entonces, averiguaremos si Llorente guarda lealtad al club de sus amores.

Pero lo que trasciende ahora es la final del 13 de mayo. Enfrente espera un Barcelona enigmático, con la incertidumbre de descubrir cómo andará en Liga y Champions por aquella fecha. De los vizcaínos sí sabremos que apostarán todo a esa carta, es la que les queda. Porque la leyenda secular del Athletic clama de nuevo por una Copa.

Un país enamorado

Jueves, 12 Febrero 2009

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Paso a la mejor selección, ¿del mundo? Ningún equipo sabe jugar al fútbol como España, así de claro. Ni siquiera la temible Argentina de Maradona,  con Messi de arcabuz, lee el juego de forma tan nítida como la ‘Roja’. No me cansaré de agradecer a Luis Aragonés su inolvidable gesta. Y no me refiero a la consecución de la Eurocopa, bueno eso también, sino a ese estilo tan perfecto que inculcó a los jugadores en Austria. Por fin sabemos a lo que jugamos; tenemos alternativas para contrarrestar cualquier táctica rival, sea de toque, patadón, contragolpe o de simple derroche físico. Así da gusto contemplar un partido de fútbol.

Inglaterra vino a cortarnos las alas. Capello tapó las bandas con futbolistas rápidos para ahogar a los extremos españoles, éstos se percataron de inmediato de la pillería británica y entonces, ahí surgieron Iniesta, Xavi y Xabi Alonso para agujerear la columna vertebral de los pross. La sola presencia de Iniesta es un tributo al fútbol. Su encargo no consiste en hacer quiebros, asistencias o disparos, pues semejante espectáculo circense corresponde a Villa o a Torres. El centrocampista del Barça vela porque el juego nunca cese. Posee el don de la ubicuidad y de ello se aprovechan sus compañeros. Que hace falta ayudar por delante de la defensa, ahí está Iniesta; que hay que echar una mano a Xavi si éste se atora, el manchego es la solución. Si Capdevilla o Ramos se incorporan por las bandas, Iniesta ya sabe su intención segundos antes. Así es él, el ‘termostato’ de esta selección. Cuando lo hace bien, como sucede casi siempre, España se gusta. De lo contrario, surge un pequeño problema, pero nada que no pueda solucionar Xavi o Senna.

Porque España es una idea clara y divertida que se plasma por inercia en cada partido. Hay unos titulares, sí, pero también recambios de calidad. Fernando Llorente ya ha marcado tras haber jugado sólo dos partidos y apunta a banquillero de lujo; a Arbeloa le está viniendo de maravilla curtirse en el Liverpool y otros que aún no han venido como Arteta, del Everton, quieren compartir este sueño hecho realidad.

Del Bosque, en su papel, mantiene la serenidad. No en vano, es dificilísimo atenuar la euforia que viven los jugadores, el fútbol español y por qué no la nación. Ahora tocan las comparaciones: Argentina, Brasil, etc. Pero no se trata de ser mejores que otros hoy o mañana. Obviamente, llegará el día en que perdamos. Pero mientras persista esa gran idea, los españoles estaremos orgullos de nuestro combinado. Se trata de pasar un rato entretenido en frente de la televisión.