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Y Cesc se lo está creyendo

Mircoles, 29 Diciembre 2010

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“Tengo muchas dudas que vayamos a ganar algo, Chelsea y Manchester siguen muy fuertes”. Así de taxativo se confesaba Cesc Fábregas a la COPE fuera de antena en una noche otoñal londinense. Entonces, hace más de dos meses, él daba una impresión poco alentadora: no hablaba con pasión de la nueva temporada; es más, su frustración por no haber acabado en el Barça era más que descarada. Intuía que le tocaría otro año de transición, otro más resignado a los experimentos fútiles de su mentor, así nos lo contó en aquella cena de octubre.

Desde luego, nadie de los que estuvimos presentes en esa cita le desmintió o discutió sus conjeturas: sí, era obvio que la Premier pintaba para un nuevo pulso Chelsea-United con los figurantes de siempre. Pero Cesc nos habló con mucha franqueza, pues no nos recibió para soltar la perorata de cualquier futbolista; en eso ya le vi especial. Fábregas  siempre ha crecido más rápido que los de su quinta, y no hablo de su prematuro traslado a Londres con sus consecuentes dificultades idiomáticas, culturales, etc. Si bien maduró a la vera de Patrick Vieira y quedó prendado del halo majestuoso de Henry, pronto le tocó a él también tutelar esa ingente cantidad de niños imberbes a los que Wenger mete por ley en el equipo de los mayores. Quizá sea eso lo que ha frenado la ambición del catalán por alcanzar éxitos más jugosos en clubes con más solera; Wenger supo en su día inocularle ese sentimiento paternalista que se le debe presuponer al ‘profe’ de la escuela gunner. Y Cesc lleva dos años siendo el modelo de la cantera o, por lo menos, intenta interpretar su rol.

Quizá una liga en los últimos tiempos hubiese cambiado el estigma del Arsenal, al que todos los folclóricos admiran pero del que nadie se fía. Cesc está harto de escuchar a aduladores que homenajean su estilo, pero que luego van diciendo que nunca gana nada. Y para mayor escarnio, las estadísticas de los últimos años manifiestan que su equipo está hecho nada más que para primeras vueltas, sin fuelle cuando entra la primavera. Eso es evidente, son los números. Pero esta Premier sabe distinta.

Alexander Song, uno de los discípulos más adelantados de Cesc y peón indiscutible en el once titular, se molesta cuando oye susurros sobre una posible salida de su capitán. Su fe en el español roza la creencia religiosa. Este joven camerunés de 23 añitos es un entusiasta más de la doctrina de Wenger y la puesta en escena encomendada a Fábregas. Prueba de ello fueron sus declaraciones el pasado verano en las que espetó sin titubeos que sólo con su capitán lucharían por el título a finales de temporada. Parecía otro infantilismo más de otro ingenuo más absorto por las quimeras de su entrenador.

Pues bien, la primera vuelta ya ha concluido y el Arsenal ha cumplido con lo estimado: se ha marcado una primera vuelta sobresaliente y está a rebufo del líder, el Manchester. Hasta ahí lo previsto. Pero, insisto, esta edición es diferente, porque el Arsenal ha aprendido a codearse con los aspirantes; sabe a lo que juega y sus ‘peques’ tienen instructores experimentados. El primero es Cesc, pero luego están Van Persie, que jugó precisamente ante su compañero la final de Sudáfrica, y Theo Walcott, quien deslumbró siendo un muchachito por su extraordinaria rapidez, y eso que sólo tiene 21. Después, aparecen secundarios de lujo como Clichy (Barça y Madrid se le han insinuado), Wilshere (una fotocopia cuasi perfecta de Cesc) y Nasri, la ultimísima esperanza de la selección francesa. Todos estos actores se han unido en una causa común: acabar con los tópicos y no sólo aparentando fútbol circense, sino también con esa flema británica que respiran United y Chelsea.  

Y vaya si se lo ha tomado en serio el ‘equipito’ de Cesc. Al Chelsea le dieron antes de ayer un meneo tan antológico, que Abramovich ya ha advertido a Ancelotti a modo de ultimátum. En el campo del City rindieron tributo al fútbol y reivindicaron que los petrodólares aún no se canjean por victorias, y al United no le ganaron de milagro. En resumen, Cesc ha sabido zafarse de quienes le consideraban el  tuerto en el país de los ciegos. Cierto es que la ha tocado la china con el Barça en octavos de Champions, pero el duelo valdrá para calibrar si este Arsenal no va de farol. De momento, en Inglaterra se han dado cuenta de que vaciles, los justos. Y Cesc se lo está creyendo…a pesar de sus palabras en aquella noche londinense.

Europa sólo es una quimera

Jueves, 11 Marzo 2010

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Pues no, Florentino, el Madrid ya no lleva la palabra ‘Europa’ en su ADN. Éste era el año elegido, en el que el Madrid debía ser infalible y saciar de una vez por todas sus ansias de Champions. Al segundo proyecto faraónico, en su versión mejorada respecto al anterior, sólo le apremiaba una conquista: la final del Bernabeu del 22 de mayo. Y sí, allí acudirán el presidente blanco, Valdano y Butragueño, pero como cálidos anfitriones. La ‘orejuda’ vuelve a convertirse en un escollo insalvable para un equipo que en Liga atiza a todos menos al Barça, pero que en el sitio donde se mide la grandeza, está exento de espíritu competitivo.

No hace mucho (siete años), el Madrid manejaba como nadie los ‘tempos’ de la Champions: se gustaba cuando la ocasión lo exigía; remontaba lo que le hiciese falta y se templaba en partidos poco apetecibles para engrandecerse en citas más atractivas. Así ganó tres Champions y así le dio más pedigrí a este torneo. Aquel dominio se apagó después del voléon de Zidane y el par de paradas milagrosas de Casillas en Glasgow. Desde entonces, todo ha sido una debacle permanente; una engañifa que ha sacado los colores al Madrid a las primeras de cambio y con rivales de mucha o poca enjundia. Porque Monaco, Roma o mismamente este Olympique deberían ser esparrings de un asalto para un Madrid al que se tilda de fracasado si no levanta la copa de las copas.

La Champions desnuda las vergüenzas de los clubes más celebres de Europa, y al Madrid ya le han dejado integral porque ha demostrado unas carencias bárbaras temporada a temporada. Le han abatido con remontadas (Monaco), por goleada (Liverpool), por impotencia (Arsenal, Bayer y Juventus) y lo peor, por prepotencia (Roma y anoche). Antes del ‘galacticidio’ (el primero), el Madrid ganaba porque infundía temor y jugaba con amor propio. Las gestas ya muy lejanas en Old Trafford, Munich y Amsterdam fueron las hazañas de un equipo que no tenía a los mejores  jugadores del mundo, pero que sabía de qué iba la Champions. A esa actitud debe agarrarse el Madrid que construyan sus jefes para la próxima edición.

Hoy no es plan de sacar culpables al impotente juego del equipo. Pellegrini, muy en su papel de asumir todas las responsabilidades, aceptó la furibunda descarga de críticas, pero esgrimió que el apogeo de este proyecto estaba calculado para dos o tres años vista. Éste es uno de los grandes contratiempos de alguien que no entiende qué es el Real Madrid. Aquí hay que ganar sí o sí, es lo único válido. Te puedes permitir ganar un año sin jugar un pimiento (Capello o Heynckes), pero al segundo la exigencia es completa. El Madrid de Pellegrini ni gana ni convence, falla todo. Por tanto, lo más cómodo y probable es que termine la temporada, con o sin Liga, y abandone la empresa.

El drama estalló anoche, pero se ha ido alimentado con sólidos argumentos durante toda la temporada. Está demostrado que el campeonato español no es suficiente baremo para medir la capacidad del equipo. En España hay dieciséis o diecisiete equipos que jamás toserán a Madrid y Barça, mientras que en Europa, ya lo habéis visto, hasta el Lyon más sim plón de la última década humilla a quien más obligación tenía de ganar este año.

Claro, luego ves como el Manchester golea al Milan sin hacer nada del otro mundo, cuando el Madrid fue incapaz de vencer a los italianos en dos partidos. Puede que los chicos de Sir Ferguson caigan en cuartos, pero nadie dudará de su competitividad. Ellos sí que están hechos para la  Champions. Tienen a Rooney, que en la Premier puede pasarse cinco partidos sin marcar y a la hora de la verdad casi nunca falla. Lo mismo sucede en el Chelsea e incluso en el Arsenal, en el que chavales primerizos debutan todos los años en Champions y suelen meter al equipo en cuartos como mínimo.

Al Madrid sólo lo puede curtir Cristiano, porque Raúl ya ha ofrecido lo mejor de sí mismo en las noches mágicas; Guti nunca ha entendido esto de la Champions; Higuaín (pobre Higuaín) no se quita ni con aguarrás esa pátina de delantero fallón; Kaká viene a ser el timo del siglo y el resto hacen lo poquito que pueden en Champions, que se ha visto que no suficiente.

En consecuencia, los de arriba tienen que adelantar los deberes para montar un Madrid más Real Madrid el año que viene y los de abajo sacar fuerzas (si es que las hay) para no perder el pulso con el Barcelona en la Liga. Si al final resulta que el Madrid gana en España, ¡enhorabuena, otra más! Ramón Calderón se llevó dos consecutivas y nadie ha sacado pecho por ellas. La Champions es de otro planeta y el Madrid dejó de estar en órbita hace siglos.

Quédese el cambio, Sir Ferguson

Viernes, 12 Junio 2009

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Quédese el cambio, Sir Ferguson. Ya puestos, Florentino Pérez habrá extendido al Manchester un cheque de cien millones de euros (las cifras cuanto más redondas, más atractivas) por la joya de la corona. Los seis kilitos restantes podrían haber ido al manager del United en concepto de compensación moral. Cristiano abandona las Islas no en loor de multitud, como muchos británicos hubieran pensado, sino de manera fría, insípida y acorde a ese carácter tan hosco, propio de los ingleses. Desde que Ronaldo comenzó a flirtear con el Real, Old Trafford dejó de ser el ‘teatro de los sueños’ del portugués. Madrid le espera con los brazos abiertos pero no a cualquier precio.

Mucho no habrá tenido que negociar Florentino. Soltar esa barbaridad de dinero ha marcado un nuevo enfoque en la ley de la oferta y la demanda: el presidente merengue ha hecho un flaco favor a sus homólogos más influyentes porque ha acabado de un plumazo con las intensas y pesadas reuniones por contratar futbolistas. A partir de ahora, los precios se desorbitan y las adquisiciones se efectuarán con pagos de cláusulas en España y de cifras mareantes en Europa. Si Cristiano vale 94 millones, nadie atreverá a insinuarse a Messi o Iniesta, por ejemplo.

Pero Florentino, celebérrimo gestos donde los haya, no ha dejado nada a la improvisación. Si no le ha molestado pagar los casi dieciséis mil millones de pesetas (es que se dice pronto) en vez de setenta u ochenta millones en euros es porque habrá evaluado la rentabilidad del futbolista al milímetro. La mitad del porcentaje de los derechos de imagen de Cristiano ya son un filón apoteósico. Ahora que el Madrid volverá a las giras asiáticas, las camisetas del jugador colapsarán el mercado de ropa deportiva. Si, incluso, la marca ‘CR7’ vende por sí sola. Total, que mientras la nueva estrella no se averíe con una lesión inoportuna o se desmadre fuera del campo, la inversión está garantizada y Florentino nos habrá convencido de que no era tan caro.

No es de extrañar que en el futuro alguien ose a traspasar la barrera de los cien millones. Casi todas las papeletas las tiene Florentino aunque en el panorama europeo no se vislumbra otro ‘megacrack’ que reviente el mercado. Quizá cuando surja algún brasileño al estilo de Ronaldo aunque, con Kaka y CR, tampoco es que hagan falta muchos más en el Bernabeu.  Eso sí, las exigencias con este Madrid cósmico han subido un doscientos por cien. Si el Barça del ‘tritranquilo’ Laporta ha culminado la temporada en todo su esplendor, al Madrid le pediremos que pulverice los récords del eterno rival, si es que eso se puede hacer.

Por cierto, Ramón Calderón no ha tardado ni un minuto en salir a la palestra para atribuirse el mérito del fichaje. Otra gansada más de un personaje al que vamos a tener hasta en la sopa.

 

Y ahora…Florentino

Domingo, 17 Mayo 2009

Ahora sí que el Barça es campeón. Sin embargo, esto es noticia porque se sabía desde diciembre. Con Liga y Copa conquistada y a la espera de la finalísima del siglo contra el Manchester, el protagonismo mediático ha virado hacia Florentino Pérez. Da la sensación de que ya no importa si Guardiola ha inculcado el fútbol más vistoso del mundo o si el aclamado ‘triplete’ encumbrará al mejor equipo de la historia. Él ha regresado para devolver el equilibrio a la sede de la extinta galaxia blanca. Aunque Florentino nunca se ha ido. Su largo silencio se ha interpretado de mil maneras: con escepticismo, lisonjería y hasta pedantería. Lo último lo digo por aquellos que se jactan de haber anticipado su vuelta incluso antes de su espantada de hace tres años.

El ex presidente se ha ocultado en la sombra hasta que la situación se ha vuelto insostenible. Ha aprovechado la rendición del equipo para redimir pecados pretéritos. No es muy corriente que un candidato reaparezca en la escena mediática reconociendo algún craso error. Florentino sí lo ha hecho, eso le honra. Quizá sea el primer paso para no cometer las mismas meteduras de pata. Si aquella acepción de ‘galácticos’ empezó a desmoronar el proyecto faraónico de Florentino, el también manido ‘galacticidio’ culminó con la monumental debacle.

A expensas de las elecciones, no es el madridismo el que ha brindado una segunda oportunidad a Florentino, sino que ha sido éste quien la ha creado y se la ha impuesto cuando lo ha considerado pertinente. La escandalosa presidencia de Ramón Calderón y el suicidio deportivo de esta temporada han dado forma a la ocasión pintiparada para el retorno de quien nunca debió abandonar, no tal como lo hizo. La primera comparecencia pública ha sido un pequeño esbozo de lo que se trae entre manos Florentino. El segundo acto, dentro de una semana, aumentará a cien mil decibelios el runrún mediático y a partir del tercero, Florentino empezará a destapar sus cartas. Pero no todas de un plumazo, conviene alimentar la ansiedad durante todo el verano.

Lo que sí parece claro es la llegada de Kaká, la gran penitencia de Calderón, y el inminente aterrizaje de Ribery, Xabi Alonso y Villa. La Bolsa del fútbol europeo va a experimentar subidones y desplomes por doquier. No es para menos, los fichajes a golpe de talonarios volverán a estar a la orden del día. Hasta Laporta no se atreve a mentar la bicha, por si acaso. Nunca se sabe cuando puede reaparecer otro ‘Luis Figo’.

El mastodonte inglés

Jueves, 16 Abril 2009

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Solo ante el peligro. El Barcelona es el único que puede conquistar el Imperio Británico, ese mastodonte que año tras año arrasa en Europa. De nuevo veremos a un equipo inglés en la final de la Champions. Inglaterra vive su momento más placentero, sabe que es su década al igual que la de los noventa fue italiana.  Manchester, Chelsea y Arsenal, por ese orden, ya han presentado credenciales suficientes para asaltar Roma. Sin embargo, el Barça  es el favorito, se lo ha ganado por méritos propios.

Los azulgranas van sobrados allá donde juegan. Pisaron Munich con el propósito de hacer correr el reloj y al final acabaron jugando a su antojo. Da la sensación de que este equipo se divierte por naturaleza. El fútbol le sale sin querer. La única incógnita es averiguar si Guardiola no se amilana por la presión, por aquello de que sigue siendo un neófito del banquillo. Porque ya se sabe que a un partido, y más si es de Champions, puede pasar de todo.  Y si no, que se lo recuerden al Milan en la final del 2005 contra el Liverpool.

El Arsenal anda a rebufo del Barça por espectacularidad. Wenger ha vuelto a reunir una remesa de jóvenes prodigiosos que aplica lo aprendido en la escuela. Es maravilloso ver a un equipo que apenas sobrepasa la veintena de edad y que sonríe cada vez que maneja la pelota. Su referencia es Cesc, quien pone en el atril la pauta de cada partido. Pero es que Van Persie atesora la calidad propia de un talento holandés; Adebayor es un émulo de aquel majestuoso Kanu; Walcott es un correcaminos que irrumpe a cuarenta metros de la portería contraria y luego aparecen Nasri, Diaby y Carlos Vela, que asombraron cuando eran alevines y que están respondiendo prematuramente. El Arsenal es el ejemplo modélico de que con poco dinero y mucha paciencia se puede engendrar algo virtuoso.

Por su parte, el Manchester se ha despistado en los últimos meses. Su fútbol eficaz e incontestable ha desaparecido sin razón alguna y tiene que recurrir a la experiencia para solventar sus partidos. Anoche en Oporto hizo lo justito y sólo por un zurriagazo de Cristiano Ronaldo se metió en semifinales. Parece que los reproches de Ferguson a su niño mimado han causado efecto.

Por último, el Chelsea. Hiddink ha desabrochado la camisa de fuerza que puso Mourinho a un equipo con vasto potencial. Abramovich se ha cansado de despilfarrar millones de euros y si vuelve a sufrir una temporada aciaga, a nadie le extrañaría que vendiese el club. En el césped, el auténtico peligro del Chelsea es Drogba, que ha recuperado su mejor versión. No obstante, si el Barça contiene al gigantón marfileño, la eliminatoria será suya. Pero ojo con este equipo, que, tal como ocurrió con el Bayer, vendrá de víctima. Aunque si el resultado es el mismo, bienvenido sea.  

 

La gran mentira de las rotaciones

Sbado, 27 Septiembre 2008

Johan Cruyff endiosó al Barça de los noventa con una alineación que pasará a la historia; Arrigo Sacchi y después Fabio Capello dirigieron una auténtica apisonadora con el Milan de Van Basten, Gullit y Rijkaard; Florentino Pérez fascinó al planeta con sus cuatro maravillas (Zidane, Figo, Ronaldo y Beckham) y Sir Alex Ferguson ha coronado al Manchester campeón de la mejor liga del mundo con un grupo  liderado por Cristiano Ronaldo. Todos estos equipos serán recordados por sus onces iniciales con sus once titulares, los que agrandaron las leyendas de sus clubes. Pero el fútbol moderno avanza vertiginosamente y la exigencia de los calendarios mina la condición física de los futbolistas, o eso es lo que aducen algunos entrenadores.

Los grandes clubes se afanan cada vez más en apuntalar sus plantillas con dos jugadores competitivos por puesto. Les gusta presumir de ello aunque la realidad no se ajuste a su presunción. Y la evidencia demuestra que Real Madrid, Barcelona, Milan, Inter, Manchester, Chelsea, etc, utilizan sus onces titulares para sus ligas y la Champions, los torneos que verdaderamente importan. Las famosas rotaciones son una engañifa que los entrenadores han querido endilgar a sus directivos. Usan a los suplentes para echar el resto en las copas  y supercopas. Si pierden estos títulos, los técnicos tienen preparada la excusa en la recámara: “Perdimos porque jugamos con suplentes”. Así que lo que se presuponía una rotación ecuánime, es decir, dar descanso a los titulares en partidos de campeonato o Liga de Campeones, se traduce en que dichos futbolistas juegan todos los encuentros importantes amén de sanciones, lesiones o convocatorias internacionales.

Desde siempre, los buenos equipos tenían una jerarquía con once que jugaban y tres o cuatro que oscilaban entre el banquillo y la titularidad en partidos menores. Ocurrió con el gran Milan de Sacchi en el que siempre jugaba la terna mágica de holandeses y los Baresi, Maldini y Costacurta; del Barça del ‘Dream Team’, Laudrup, Koeman y Stoitchkov eran los pilares junto al maestro de ceremonias Guardiola. En ese equipo, los suplentes de lujo eran Salinas, Beguiristain y Amor; en el Madrid de los ‘galácticos’, aparte de los predilectos de Florentino, los demás con Raúl al frente siempre estaban ahí, tan sólo Solari y Guti eran aprovechables del resto de la plantilla; en el Chelsea de Mourinho, Terry, Lampard, Makelele, Drogba y Essien han sido intocables. Abramovich se encaprichó con Ballack y Shevchenko y ninguno de los dos ha jugado desde el principio, ni siquiera como primeros recambios. A Mourinho le gustaban sus once pupilos desde septiembre a junio. Ni uno más ni uno menos. Y por último, a Ferguson le costó un par de años encontrar una alineación casi infalible. Con Cristiano, Rooney, el sempiterno Scholes, la revelación Nani y Rio Ferdinand, se ha acostumbrado a ganar.

Estos ejemplos refutan que la teoría de las rotaciones no es el mejor método para llegar al éxito. Que yo recuerde sólo Lotina con el Deportivo de la Coruña abusó de cambiar continuamente jugadores de campo y no le fue mal; también lo hace Caparrós con el Athletic pero este equipo está a años luz de hacer algo llamativo en nuestro fútbol. Y el colmo fue lo que hizo Manolo Jiménez en el Betis-Sevilla de la semana pasada,  cuando se atrevió a deja en el banco a Navas, Capel y Maresca. Tampoco digo que no haya que reservar jugadores pero aún no hemos entrado en octubre y los futbolistas están muy frescos. Un poco de sentido común, señores.

Irritante, de momento

Jueves, 18 Septiembre 2008

Menuda tomadura de pelo. Los clubes deberían estructurar una comisión de ética profesional para advertir a los futbolistas que su deporte, aparte de lucrarles, es un espectáculo en el que el personal gasta dinero para entretenerse. Anoche, al Madrid se le brindó una ocasión única e irrepetible de golear y divertir en Champions, algo bastante inusual en este torneo. El BATE Borisov, que suena a equipo de béisbol, era y es una pantomima a la enésima potencia, y su cometido debía ser el de no encajar media docena de goles, por lo menos. Y vaya si los bielorrusos cumplieron con su objetivo: perder por dos a cero en el Bernabéu es una derrota prestigiosa para una pandilla  que vino a Madrid más interesada en visitar El Corte Inglés que en intentar molestar en el césped.

Alguno de los capitanes del Madrid, Raúl, Guti o Casillas, tuvo que haber comparecido ante los medios después del partido para pedir perdón a la afición sin justificaciones. Ya no vale lo de la poca tensión o motivación. Para eso, que jueguen en un estado vacío. Por lo menos, la hinchada no haría el pariolo yendo a animarles. La actuación del Madrid fue una broma de mal gusto y así lo entendió el respetable, que a los veinte minutos se cansó y comenzó a silbar. Ver al equipo blanco en este comienzo de temporada irrita a cualquiera. Sucedió en Coruña, continuó contra el Numancia y culminó anoche. A partir de ahora la cuestión es saber si esta pesadez se repetirá. Y para echar más leña al fuego, Schuster no se complicó cuando tuvo que dar explicaciones y escurrió el bulto: “Yo no he echado el freno de mano, han sido los jugadores. Preguntad a ellos”. Por una vez y espero que no sirva de precedente, estoy de acuerdo con él. Bastante hizo el alemán con alinear a los mejores. Son los futbolistas quienes deben asumir la responsabilidad de afrontar este tipo de envites con la mayor profesionalidad posible. Pero tristemente, no suele ser así.

Total, que este Madrid es un esperpento. Preocupa la nula capacidad para jugar a algo. No hay ni ideas fijas ni  buena inercia en ataque. Los extremos son intermitentes y los centrocampistas, Guti y Van der Vaart, abusan de pases en el centro del área, consecuencia de la ausencia de estilo; inquieta la defensa en jugadas a balón parado. De milagro no marcó un gol el BATE. Urge que Schuster ensaye continuamente esta faceta. De lo contrario, las averías pueden ser gravísimas. Y es sospechosa la condición física del equipo.  Al menos anoche, los madridistas ocultaron su cansancio por una abulia exasperante. Por lo visto hasta ahora, deduzco que la pretemporada no ha sido muy exigente. Si no, no se entiende que algunos fueran andando todo el partido.

Por cierto, no me quiero olvidar del Villarreal. Chapeau por el club castellonense, que agiganta su leyenda a un ritmo vertiginoso. Dar la cara ante el Manchester en Old Trafford implicaba ignorar el fútbol bonito por rigor, seriedad y sobriedad. Y un último apunte, Cristiano Ronaldo, que ha dejado entrever todo el verano su deseo de abandonar el United, fue ovacionado en su reencuentro con la afición. Un ejemplo más de por qué Inglaterra es la NBA del fútbol.

Más que una metedura de pata

Domingo, 13 Julio 2008

El presidente de la FIFA, Joseph Blatter, opinó el pasado jueves del vaivén de Manchester United y Real Madrid en el ‘asunto Cristiano Ronaldo’. Inopinadamente, o quizás de manera premeditada, Blatter espetó que el Manchester, todavía equipo de la estrella portuguesa, se estaba comportando con Ronaldo como si se tratara de un ejemplo de esclavitud moderna. Así es, tal como lo acabáis de leer, sin ninguna metáfora ni doble sentido. Ni corto ni perezoso, la máxima autoridad del fútbol mundial osó a utilizar tan abominable termino para describir la situación de ‘opresión’ que supuestamente sufre el luso quejica. Me extraña que setenta y dos horas después ninguna organización humanitaria haya lamentado o condenado esta penosa declaración.

No sé si el señor Blatter (desde ahora omitiré el apelativo de señor) es consciente de la magnificencia de su cargo. Deduzco que cualquier manifestación pública que haga el principal responsable institucional del fútbol tiene alcance mundial. Es por ello por lo que su puesto exige ciertas infalibilidades, entre ellas, no frivolizar con temas tan graves y serios como la esclavitud. Me pregunto qué pensaran los millones de personas que están sometidos a la explotación sexual y trabajos forzados en más de 130 países, según datos de la ONU. Ahora resulta que Cristiano Ronaldo, quien sólo cobra 6 millones de euros anuales por dar patadas a una pelota, está sometido por una organización, el United, que sólo le ha dado la oportunidad de su vida para triunfar en este deporte. Una de dos: o nos hemos vuelto locos o definitivamente vivimos en una realidad en la que aquello de ‘vale todo’ es axiomático. Y me temo lo segundo.

No hay excusas para el presidente de la FIFA. Pero es que ni siquiera se ha retractado de lo que ha dicho. La devoción confesa que Blatter siente por el Real Madrid le ha traicionado por completo. A saber qué opinarán en el Manchester después de oír a la cabeza visible del fútbol mundial, cuyo reto es el de proteger el bienestar institucional y deportivo de este negocio. Los Ferguson, Glazer, Queiroz y compañía se habrán quedado pasmados con la FIFA. No es para menos.

En más de una ocasión he escuchado a Blatter afirmar que los profesionales se deben a sus clubes. Entonces, ¿de qué estamos hablando? Cristiano Ronaldo tiene un contrato firmado con el club inglés y no expira este verano. Por tanto, si Blatter considera al portugués un profesional, lo que nunca debió hacer fue valorar la relación contractual entre el United y su jugador. Y en el remotísimo caso de que hubiese considerado opinar sobre este culebrón, que por otro lado, mantiene en vilo a todo el fútbol, nunca jamás debió compararlo con la esclavitud, ni siquiera con cualquier indicio de ésta. Porque el fútbol es un negocio cuyos gestores se lucran para entretener a los ciudadanos, y la esclavitud niega la vida humana. Menos mal que cierta gente, como el presidente de la UEFA, Michel Platini, han salido al paso para corregir a su superior y recordarnos que sí, que el fútbol es bonito, pero que evidentemente, hay cosas más importantes en la vida.

El ‘caso Ramón Calderón’

Mircoles, 28 Mayo 2008

Pasa el tiempo y Cristiano Ronaldo sigue mareando la perdiz. Desflora los pétalos de la rosa sin desvelar su futuro; la afición del Real Madrid espera ansiosa el sí o el no del portugués; el dueño del Manchester, el estadounidense Malcolm Glazer, se frota las manos viendo cómo su producto puede reventar el mercado futbolístico; Ferguson amenaza al club español con demandarlo ante la todopoderosa FIFA por ‘comportamiento inadecuado’ y Ramón Calderón nos dice ahora que el Madrid nunca ha molestado ni ha injerido entre el futbolista y su actual equipo. Esto me lleva a pensar que no hay ningún ‘caso Cristiano Ronaldo’, quien es un caso es el presidente del Real Madrid.

Ahora resulta que la reunión que el lunes pasado mantuvieron Calderón y sus adláteres a propósito del astro luso no era tal, sino una evaluación de lo que ha sido la temporada concluida y un análisis de la siguiente. Por las declaraciones que ha hecho hoy el presidente blanco, debemos deducir que en dicha cumbre el nombre de Cristiano ni siquiera fue pronunciado y en el remotísimo caso de que hubiese sido susurrado, habría sido para acordar que el Real Madrid jamás faltaría al respeto a un club ‘amigo’ como el británico. Lo cierto es que las palabras del presidente del Real Madrid me han desconcertado y mucho: una de dos, o Calderón quiere emular a Florentino Pérez con aquella hábil táctica del ‘never, never, never’ , que a la postre sirvió para fichar a David Beckham, o bien, el mandamás merengue se está riendo de su propia afición, del Manchester y del mismísimo Cristiano Ronaldo, a quien estas manifestaciones no le habrán hecho ninguna gracia.

Florentino fichaba casi siempre con disimulo y sólo exigía un requisito a sus estrellas: que reconocieran públicamente su deseo de venir al Real Madrid. De momento, y que sepamos, ése no es el estilo de Ramón Calderón. Este último es más directo, no le importa pregonar a los cuatro vientos que su club quiere fichar hoy a Ronaldo, como en su día fueron Gago e Higuaín. El resultado en el caso de los argentinos es que su cotización subió como la espuma y el Madrid tuvo que desembolsar lo que no está escrito por dos jugadores promesas.

Cristiano aún no ha aclarado nada porque se está ciñendo al plan de Glazer. Si la estrella del Manchester deja entrever que su vinculación con los ingleses puede peligrar, el Madrid ofertará como nunca lo ha hecho con nadie. De hecho, ochenta millones no parecen ser el arma de seducción idónea para engatusar al multimillonario norteamericano. El United debe tener muchas preocupaciones pero una de ellas no es el dinero, eso seguro. Y para muestra, la primicia que el domingo pasado adelantó el director de Deportes de la Cadena COPE, José Antonio Abellán, en el programa Tiempo de Juego: los dueños del Manchester sólo venderían a Cristiano por Sergio Ramos, Robinho, Diarra y cincuenta millones de euros. O sea, una forma decorosa de decir que Cristiano Ronaldo no está en venta.

Dios salve a la Reina

Jueves, 22 Mayo 2008

No fue la final de Cristiano Ronaldo. Anoche, el portugués se transformó  de héroe a casi villano y la instantánea de sus lloros, que hoy es mundial, tumbado boca abajo en el centro del campo justo en el instante en que el Manchester se proclamó campeón de Europa delata dos cosas: la presión inaguantable que debió soportar antes, durante y aún (todavía no ha confirmado públicamente su futuro) y su inmadurez, propia de su edad.

A la megaestrella del United todavía le quedan muchas batallas por librar. Tampoco fue la final de Roman Abramovich. El multimillonario dueño del Chelsea desapareció cuando Anelka falló el penalti para fatalidad de los londinenses. Por entonces, a las cámaras de televisión se les había escapado la otra gran foto del partido. Quién no deseaba haber visto el semblante del obseso, que por empecinarse en ganar la Champions, ha despilfarrado casi seiscientos millones de euros en cinco temporadas. Bueno, supongo que el magnate ruso no lo llamaría ‘despilfarrar’, dinero tiene por castigo y como dijo Woody Allen, ‘el dinero no da la felicidad pero procura una sensación parecida’. El caso es que el Chelsea rozó la gloria y sólo la peor de las casualidades le privó de la conquista.

Porque tuvo que ser John Terry, el símbolo de este club, educado en la cantera de Stamford Bridge y ahora capo del vestuario, quien se resbalase en el momento que pegó al balón. De todos modos, nadie osará reprochar el fallo  al gran capitán de los ‘blues’  y de la selección inglesa. Los penaltis están hechos para eso: para desesperar a unos y aliviar a otros, como en el caso de Ronaldo. Siempre he creído que la pena máxima, aún convirtiéndose en el gran aderezo de este espectáculo, siempre serán una injusticia supina. Por cierto, ya que he hablado de Cristiano, que reflexione y medite su técnica para tirar penaltis, porque si su fallo contra el Barça en semifinales fue poco ortodoxo, ayer nadie entendió lo que el luso pretendió hacer con ese símil de “paradinha”, que ni fue tal ni se pareció por asomo. Menos mal que el gol del partido fue suyo porque su revalorización habría caído en picado. 

No fue la final de ningún personaje, anoche se jugó la final de Inglaterra. Dos equipos físicamente poderosos, más el Chelsea, que nunca tantearon con el marcador y buscaron al rival con atrevimiento y determinación. Así es el fútbol inglés, así se las gastan en las islas. Con esa filosofía, aprenden, juegan y por ende, se exhiben. Y es que  el partido fue una demostración de por qué Inglaterra está a la vanguardia de este deporte. Incluso, pudimos apreciar el señorío inglés en la celebración: los ganadores hicieron el ‘pasillo’ a los perdedores cuando estos últimos iban a recoger el premio de consolación. Lo nunca visto. Y para más galantería británica, los campeones del United tuvieron el detalle de dejar que el mítico Bobby Charlton subiera el primero a la tribuna para recibir las felicitaciones de la UEFA, y después, lo más entrañable de todo el festejo: el capitán Ferdinand acordó con Ryan Giggs, el jugador que ha disputado más partidos en la historia de los ‘diablos rojos’, que levantaran la copa al alimón. Si la memoria no me falla, yo no recuerdo al Real Madrid de la séptima, octava o  novena, conceder protagonismo alguno a Don Alfredo Di Stefano. En fin, son los gestos que diferencian a los caballeros ingleses del resto. Ahora sólo toca felicitar al campeón de Europa, que también lo ha sido de su país este año. Una temporada mágica del Manchester, que el próximo curso partirá como favorito en todas las competiciones con o sin Cristiano Ronaldo. El portugués manifestó después de la final que la semana que viene aclarará su destino pero lanzó un guiño, ‘el club (Manchester) y yo quedaremos contentos’. Haced apuestas: ¿rojo o blanco?